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BCE

Mario Draghi, el banquero que salvó al euro

  • Su frase en la que dijo que el BCE haría "todo lo que sea necesario" para proteger al euro marcó un punto de inflexión
  • El italiano ha puesto en marcha una política ultraexpansiva con bajadas de tipos, compra de deuda y liquidez masiva

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Imagen de archivo de Mario Draghi, presidente del BCE
Imagen de archivo de Mario Draghi, presidente del BCE.

"El BCE hará todo lo que sea necesario para proteger al euro. Y, créanme, eso será suficiente". Con esta frase de 20 palabras en inglés (The ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro) pronunciada en el verano de 2012, Mario Draghi (Roma, 1947) se erigió en el salvador del euro, la moneda única que zozobraba en un mar azotado por una crisis sin precedentes.

El whatever it takes y las decisiones tomadas por el Banco Central Europeo (BCE) contribuyeron a impulsar a la eurozona y a frenar los ataques especulativos de los mercados, pero su política de "dinero fácil" y tipos bajos deja profundas divisiones en el seno del organismo -entre el norte y el sur de Europa- y críticas procedentes de la banca, que ve cómo márgenes y rentabilidad se reducen en este escenario.

Me siento como alguien que trato de cumplir con el mandato de la mejor manera posible. Es parte de nuestro legado: nunca rendirse

Pese a las sombras, el propio Draghi defendió ese legado el pasado jueves, durante la rueda de prensa tras su último Consejo de Gobierno al frente de la institución. "Me siento como alguien que trato de cumplir con el mandato de la mejor manera posible", aseguraba, además de extender ese orgullo a toda la dirigencia del Banco central Europeo, por "la manera en que el Consejo de Gobierno y yo mismo hemos perseguido cumplir con el mandato. Este es parte de nuestro legado: nunca rendirse".

Los movimientos del BCE muestran que el banquero no se ha enfrentado a una situación fácil. Exvicepresidente de Goldman Sachs International -banco acusado de haber maquillado las cuentas de Grecia para entrar en el euro- y exgobernador del Banco de Italia, Draghi llegó a la presidencia del BCE el 1 de noviembre de 2011.

Tipos bajos y compra de deuda, sus recetas para impulsar la economía

El panorama por aquel entonces era muy complicado, con tres países del euro rescatados (Irlanda, Portugal y Grecia -a los que se sumaron Chipre y el sector financiero español-) y una Unión Europea (UE) que no daba respuesta a la crisis. En ese territorio, el BCE ha tenido que lidiar casi en solitario con los mercados. Ocho años después, Draghi se va sin haber subido nunca los tipos de interés y habiéndolos bajado en nueve ocasiones, desde el 1,5% hasta el mínimo histórico del 0%, lugar donde se mantienen desde marzo de 2016.

El organismo, bajo su batuta, ha tomado otras medidas que cuando, hace 20 años, la moneda única empezara a operar en los mercados, no se podían ni imaginar. Entre ellas, la de regar con dinero muy barato a los bancos desde 2012 -a través de las operaciones de financiación (la LTRO y las TLTRO I, II y III), las últimas ligadas a la concesión de crédito a la economía real- y la compra de deuda pública y privada desde 2014.

Todas esas acciones, más la tímida reacción de los gobiernos europeos con reformas nacionales -insuficientes a los ojos de Draghi, que una y otra vez ha hecho un llamamiento a las capitales a hacer más- y el movimiento de la zona euro con el impulso de una verdadera unión bancaria, con el BCE como supervisor de los grandes bancos de la eurozona, relajó las primas de riesgo de los países periféricos que, como España o Italia, habían superado los 600 puntos. Además, llevó a aumentar la inflación -hay que recordar que el control de los precios es el único mandato del BCE- y a estimular la economía de la zona euro, que ha creado unos once millones de empleos en los últimos años.

Pero estas decisiones, además, han llevado a multiplicar el balance del BCE, que ahora equivale al 40% del PIB de la eurozona, unos 4,7 billones de euros, y a provocar un exceso de liquidez en la eurozona, que corre el riesgo de entrar en una japonización (bajo crecimiento, intereses bajos o negativos y escasa inflación).

Las críticas a Draghi se disparan en los últimos tiempos

Sus detractores temen que se formen "burbujas especulativas", como con los precios del sector inmobiliario -que se han disparado en el centro y norte de Europa-. Además, lamentan los tipos de interés bajos (o directamente negativos) porque incentivan el gasto. Y acusan a Draghi de favorecer que los países con déficit no emprendan reformas, una crítica realizada sobre todo desde Alemania y su entorno.

De hecho, sus políticas han dejado heridas en el seno del Consejo de Gobierno, que se hicieron particularmente evidentes con la dimisión de la consejera alemana, Sabine Lautenschlaeger, tras la aprobación del último plan de estímulo en septiembre. "Todas las instituciones tienen desacuerdos sobre política monetaria; a veces se hacen públicas y otras no. Es parte del debate continuo", justificaba Draghi este jueves, antes de subrayar que las decisiones de su última reunión se habían adoptado por unanimidad y con "un llamamiento general a la unidad".

En cualquier caso, sus críticos también han puesto en duda su eficacia. Draghi se va en un momento en el que la zona euro se desacelera, con todos los organismos internacionales pronosticando un crecimiento de entre el 1,1 y el 1,4% para este año y el que viene, y con la inflación muy lejos de su objetivo (que es cerca, pero por debajo, del 2%).

El 31 de octubre, Draghi deja el BCE. Su puesto lo ocupará desde el 1 de noviembre la francesa Christine Lagarde, hasta hace pocos meses la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), y que podría seguir con la política ultraexpansiva de Super Mario.