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Ahmed, detenido en un centro de tortura del régimen sirio

"Me obligaron a escuchar los gritos de mi hermano mientras le torturaban"

  • Human Right Watch ha documentado la existencia de cámaras de tortura
  • Cinco exprisioneros relatan cómo les aplicaban descargas eléctrica

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No es fácil documentar las atrocidades que ocurren cada día en Siria. Pero el grupo Human Rights Watch asegurado haber conseguido comprobar la existencia de cámaras de tortura en centros de detención de las fuerzas del régimen sirio en la localidad de Raqa, en el norte del país.

"Se turnaban entre mi hermano y yo. Comenzaron torturando con descargas eléctricas a mi hermano durante tres o cuatro horas y luego lo dejaron en una celda de aislamiento. Ellos querían que yo les dijera quién participaba en las manifestaciones". El testimonio es de Ahmed, uno de cinco antiguos presos en la sede de la Inteligencia Militar, entrevistado por HRW.

"Me obligaban a oír los gritos de mi hermano", recuerda el joven de 24 años, para quien esto era peor que las torturas contra él mismo. Fue arrestado el 7 de abril junto a su hermano por oficiales de la Inteligencia Militar acusado de participar en manifestaciones pacíficas. Tras su liberación se unió a un grupo armado opositor.

Durante una visita a Raqa a finales de abril, después de que los opositores tomaran el control de la ciudad, los investigadores de HRW vieron las celdas y las salas de interrogatorio y de tortura en instalaciones que habían pertenecido a los órganos de la Seguridad del Estado y de la Inteligencia Militar.

Arrestados de forma arbitraria

En el centro de la Seguridad del Estado, el equipo de HRW descubrió en la planta baja y en el sótano habitaciones que parecían ser celdas de detención, donde encontraron un instrumento de tortura, denominado "bsat al reeh", que, según exprisioneros, era empleado para inmovilizarlos y estirar o doblar sus extremidades. El testimonio de varios exdetenidos en otros puntos del país revela que ese instrumento se usa en las prisiones de las fuerzas del régimen.

Los torturadores atan al prisionero a una tabla, a veces en forma de cruz, para que no pueda defenderse y, en ocasiones, tiran de sus extremidades o doblan la plancha a la mitad de tal manera que la cara del detenido toca los pies.

Los documentos descubiertos en los centros de Raqa sugieren que los detenidos eran arrestados de forma arbitraria y torturados cuando la ciudad estaba bajo el control del Gobierno, antes de que los opositores se lo arrebataran en la primera semana de marzo.

Durante su estancia, la organización entrevistó a cinco antiguos presos en la sede de la Inteligencia Militar, que declararon que las fuerzas de seguridad les interrogaron sobre actividades legales, como su participación en manifestaciones pacíficas, el suministro de ayuda a familias desplazadas y la defensa legal de detenidos.

"Utilizaron descargas eléctricas, palos..."

Cuatro de ellos afirmaron que fueron torturados por los responsables del centro e identificaron a uno de sus interrogadores y torturador, Mohamed al Ahmed, conocido como Abu Yasem, fallecido durante la batalla por el control de Raqa, según vecinos de la ciudad.

Ziad, de 49 años, también pasó por las manos de Abu Yasem. "Querían que confesara cosas que nada tienen que ver conmigo, como que yo conseguía dinero para armas, pero yo lo único que hice fue dar alivio a las familias desplazadas de Homs. (Durante el interrogatorio) Utilizaron una picana eléctrica, golpes, palos, silicona... A mi cuerpo le quedaron marcas durante mucho tiempo", afirma.

HRW ha hecho un llamamiento a los líderes de la oposición, a la Coalición Nacional Siria (CNFROS) y a expertos internacionales neutrales para que protejan las pruebas de torturas y detenciones arbitrarias en prisiones de las fuerzas del régimen localizadas en zonas tomadas por los opositores. La organización ya denunció el pasado mes de julio la existencia de 27 centros de detención y tortura en todo el país.

"Aquellos que tienen el control de Raqa (la oposición) necesitan salvaguardar el material de esas instalaciones para que la verdad pueda ser contada y los responsables rindan cuentas", apunta en la nota el subdirector de HRW para Oriente Medio, Nadim Houry.

Más de 70.000 personas han muerto desde que comenzó la guerra hace dos años. Las organizaciones opositoras elevan esta cifra hasta 94.000 y 120.000 víctimas mortales, según las fuentes. La ONU ha informado este viernes de que el número de refugiados en el extranjero supera ya el millón y medio.