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Zapatero, con la mente puesta en el día después

       
  • El presidente se enfrenta a la primera huelga general de su mandato 
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  • Defiende su reforma laboral pero muestra respeto a los sindicatos
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  • Zapatero tiende una mano al diálogo tras el paro del miércoles

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Comparecencia de Zapatero
Zapatero, durante una intervención en el Congreso de los Diputados. REUTERS REUTERS

29 de septiembre de 2010. Zapatero guardará en su memoria esta fecha como el día que se enfrentó a su primera huelga general como presidente del Gobierno. 

Su estrategia ante la convocatoria de paro nacional ha sido aguantar la marea sindical y esperar a que pase el temporal. 

Respeto es una de las palabras que más se ha oido estos últimos días entre los miembros de un Gobierno socialista que ve como su sindicato hermano, UGT, convoca, junto a CC.OO, la madre de todas las protestas. Una sufrió Adolfo Suárez; tres, Felipe González, otra más, Aznar y ahora le toca a Zapatero capear con una huelga general.

"Tienen derecho a la huelga. Sólo faltaría". Son palabras del propio presidente de este pasado domingo. No avivar el fuego ya encendido es la consigna adoptada por un PSOE al que los sindicatos han retirado una confianza de la ha gozado desde que llegó a La Moncloa.

Enfrentamiento entre PSOE y sindicatos, pero no radical 

Y lo hacen, precisamente, por lo que ellos consideran un "viraje" a la derecha del presidente del 'talante' tras los ajustes planteados por el Ejecutivo para salir del agujero de la crisis económica.

Esa pérdida de confianza originó en junio la convocatoria de huelga general. Ese mismo mes Zapatero ya vio como los sindicatos convocaban una huelga de funcionarios que tuvo un seguimiento en torno al 12%, según la Administración, y del 75%, según CC.OO y UGT.

La fractura entre Gobierno y sindicatos es evidente pero el enfrentamiento no es radical. Prueba de ello es que, por primera vez en la historia, se ha alcanzado un acuerdo de servicios mínimos de transporte entre el Gobierno y los sindicatos, considerado este sector como clave en una protesta de estas características.

Incluso en los últimos días y ante la polémica en torno a la reducción de los liberados sindicales planteada por la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, el Gobierno ha salido a defender el papel de los sindicatos

Eso sí, en La Moncloa tuvieron que oir los gritos de "Zapatero, dimisión" en el acto convocado en Madrid por UGT y CC.OO con miles de sindicalistas para llamar a secundar la huelga el pasado 9 de septiembre.

Mientras el Congreso daba el visto bueno a la reforma laboral, los sindicatos celebraban un multitudinario acto en contra en el que se han escuchado gritos de Zapatero dimisión.

El PP ha criticado a las centrales sindicales porque las considera "cómplices" de la política económica de Zapatero. En junio, la secretaria general de los 'populares'. María Dolores de Cospedal, expresó su malestar porque la protesta no se hubiera planteado al llegar a los 4 millones de parados.

Zapatero piensa en el día después

El presidente ya piensa en el día después y trata de reconstruir un puente de diálogo para volver a la paz social de la que ha presumido durante años y que quedó bombardeada tras lo que los sindicatos denominaron "tijeretazo social" (reducción de sueldo a los funcionarios y congelación de pensiones) y, sobre todo, tras la aprobación de la reforma laboral, que supuso para las centrales sindicales sobrepasar todas las líneas rojas permitidas.

Este mismo fin de semana el jefe del Ejecutivo ha tendido la mano a los sindicatos para que, después de la huelga, se abra un nuevo espacio de diálogo y concertación para lograr reducir el desempleo y para llegar a un acuerdo en la reforma de las pensiones. 

Al Gobierno sólo le cabe esperar que los efectos de la huelga no sean devastadores y que la movilización social para secundar el paro no sea alta. En esa tarea ha contado con el apoyo inesperado del PP, que no ve que el paro sea la solución a lo que sí consideran una política errática del Gobierno.  

El presidente, convencido de sus reformas

Zapatero se afana en defender la reforma laboral dentro y fuera de España. Hace unos días, ante la élite de Wall Street, se aferraba a su propuesta para relanzar el mercado de trabajo, convencido de que es la mejor fórmula para acabar con las alarmantes cifras del paro y conseguir una mayor estabilidad en el empleo.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha desayunado este martes con algunos de los grandes inversores de EEUU, a quienes ha explicado las decisiones "difíciles y complicadas" tomadas por su Ejecutivo como muestra de su "firme determinación" de hacer una economía competitiva.

Por otro lado, se enfrenta a la huelga con cierta tranquilidad en relación a otro de los escollos, el más importante, que tiene ahora el Gobierno: los Presupuestos Generales del Estado para 2011.

Tras el pacto alcanzado con PNV para la transferencia en las políticas activas de empleo, se allana el camino para sacar adelante unas cuentas que contarán con el rechazo o la abstención de una gran parte de la Cámara Baja.

Al margen de la todopoderosa economía, Zapatero tiene otros frentes abiertos y también otras alegrías, aunque contenidas. Respira en lo que a lucha antiterrorista se refiere por el total apoyo ofrecido por el PP y la debilidad de la banda hecha efectiva en la última tregua de ETA.

Y aunque en el PSOE nadie duda en público de su liderazgo en el partido, se empieza a preguntar insistentemente si él será el candidato en las elecciones generales de 2012. Se tomará el pulso al país en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011 pero antes, este miércoles, se conocerá el grado de enfado nacional con las políticas de Zapatero.

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