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Historia de un 'pique' que puso al hombre en la Luna

  • El lanzamiento del 'Sputnik' desencadenó la creación de la NASA en 1958
  • En 11 años, EE.UU. invirtió más de 20.000 millones de dólares en llegar a la Luna
  • Wernher von Braun, científico del régimen nazi, fue clave en la llegada del hombre a la Luna
  • Ideó el Saturno V, la nave que llevó a Neir Armstrong al satélite en 1969
  • Especial 50 aniversario de la NASA

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El presidente Nixon, con los tres astronautas que pisaron la Luna.
El presidente Nixon, con los tres astronautas que pisaron la Luna.

El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong daba un pequeño paso para el hombre y un gigantesco paso para la Humanidad tras aterrizar en la Luna a bordo del cohete Saturno V. Veinticinco años antes, la artillería nazi bombardeaba Londres y Amberes con una nueva y terrible arma secreta, la bomba V2, capaz de llegar a su objetivo evitando los radares. Tras estos dos momentos, que representan lo mejor y lo peor realizado por el hombre en el siglo XX se encuentra un mismo responsable: Wernher von Braun, el `padre' de ambos artefactos.

Enamorado desde pequeño de la exploración espacial con las novelas de Julio Verne y H.G.Wells, fue el artífice del lanzamiento del primer cohete moderno, el A2, en los años 30. Captado por las SS en 1933, von Braun pronto destacó por su capacidad para la ingeniería espacial, convirtiéndose en uno de los investigadores punteros en los proyectos de armas secretas de Hitler. Tal era su fama que al acabar la guerra, soviéticos y americanos se pelearon por ficharle para sus programas militares.

Sin embargo, el sueño de von Braun seguía siendo el mismo: llevar al hombre al espacio. Por eso, tras trabajar en la puesta en marcha de nuevos misiles balísticos en un laboratorio estadounidense en Alabama, acabó creando los cohetes Redstone, los primeros que utilizaría la NASA en una misión tripulada, y, sobre todo, los Saturno, que llevarían a Armstrong y compañía a la Luna en las misiones Apolo.

Un vehículo para derrotar a los rusos

Científicos como von Braun dieron contenido real a la ley por la cual se creaba la Administración Nacional para la Espacio y la Aeronaútica (así se llama la NASA en castellano) el 1 de octubre de 1958. "Una ley para promover la investigación de los problemas de vuelo dentro y fuera de la atmósfera de la tierra y para otros propósitos", decía el texto firmado por el presidente Eisenhower el 29 de julio de ese mismo año.

Tras ese mandato, se ocultaba lisa y llanamente el afán por lograr objetivos en el espacio antes que la URSS, que ya se había adelantado a los americanos con el lanzamiento del Sputnik, el primer satélite artificial, el 4 de octubre de 1957.

El desasosiego que provocó en la opinión pública americana este hecho fue el verdadero impulso para crear la NASA y, sobre todo, invertir miles de millones de dólares en proyectos cuyo valor para el conjunto de la Humanidad no siempre han sido comprendidos por el contribuyente estadounidense.

Gracias a él, se pusieron en marcha primero el programa Mercury, que intentaba probar que el hombre podía sobrevivir a un vuelo espacial, y luego el Gemini, donde los astronautas pudieron salir por primera vez de su cápsula y realizar tareas en el espacio.

De esta forma, Alan B. Shepard logró en 1961 ser el primer americano en realizar un vuelo orbital, mientras que su compañero Edward H. White se dio el primer paseo espacial en 1965.

Rumbo a la Luna

Estos hallazgos no eran más que pasos intermedios para lograr la meta que puso el presidente Kennedy en 1961: "Creo que esta nación debería comprometerse con ella misma a lograr el objetivo, antes de que termine la década, de poner un hombre en la Luna y lograr que vuelva sano y salvo".

El resultado: una inversión en los siguientes 11 años de 25.400 millones de dólares en todo el programa Apolo, similar a lo que costó construir el canal de Panamá.

Propulsada por los caros misiles realizados por Von Braun, la NASA vive sus años de fama y de grandes presupuestos, pese al fracaso del Apolo 1, que sufrió un incendio en unas pruebas pre vuelo 1967 que acabó con la vida de tres astronautas.

Tras varias misiones no tripuladas, los astronautas volvieron a subirse a los cohetes Saturno V, que transportarán a Armstrong y compañía a la Luna en 1969.

Las misiones continuarán hasta 1972, cuando vuelve el Apolo 17 tras llevar al primer científico a la superficie lunar.

Tres años después el programa Apolo se clausurará oficialmente tras encontrarse la nave en pleno espacio con su equivalente ruso, la Soyuz, en la escenificación del fin de la carrera espacial.

El final de una era

Ese final fue también el de la generación de los pioneros, con Von Braun al frente. Tras el éxito de la llegada del hombre a la luna, el ingeniero alemán dejó el Centro Marshall de Vuelos Espaciales, desde el que había dirigido todo el programa Apolo, para tener un alto cargo en la NASA.

Duró apenas dos años, decepcionado por el desinterés del Gobierno por seguir con las misiones tripuladas en el espacio. Aquejado de un cáncer de colón, se retiró a la empresa privada y falleció en 1977.

Tras él dejaba una labor enorme: en apenas 11 años, la agencia había sido capaz de llegar a la Luna. Sin embargo, la nueva época ya no quería pioneros, sino científicos; no se movía por la fantasía de ver mundos desconocidos, sino por las limitaciones presupuestarias.

Y todo porque los estadounidenses habían vuelto a mirar a La Tierra tras una década soñando con las estrellas.

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