Irán tiene tres grandes opciones para responder a un ataque de Estados Unidos y las tres implican la extensión de la guerra a la región.
La primera ya la ha utilizado: lanzar misiles contra Israel y las bases de Estados Unidos en la zona. Son una veintena. Las que más a tiro tiene Irán son las del Golfo Pérsico e Irak.
La segunda vía es activar a sus aliados, aunque estos han menguado o desaparecido en los últimos años. Al Asad ya no manda en Siria, ahora gobernada por antiguos yihadistas suníes que mantienen relaciones cordiales con Estados Unidos e Israel.
En el Líbano, Hizbulá está parcialmente descabezado y sufre cada día los bombardeos de Israel, que además no se ha retirado por completo del sur del país. Hamás, en Palestina, ha quedado severamente mermado en hombres, armamento e infraestructura después de que Israel arrasase la Franja de Gaza. Los hutíes de Yemen sí podrían ser activados de nuevo para lanzar cohetes contra Israel y, sobre todo, complicar el tránsito de buques por el golfo de Adén.
Esa, la del tráfico marítimo, es la tercera respuesta posible. Teherán puede recurrir al bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde circula a diario el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Sería un golpe brutal para la economía global, pero también para el propio Irán, porque cerraría su principal ruta de exportación de crudo. En 2025, durante la Guerra de los Doce días, amenazó con hacerlo, pero nunca llegó a cerrarlo.
Foto: Ohad Zwigenberg/AP Photo — Los sistemas de defensa de Israel interceptan misiles sobre el cielo de Tel Aviv