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Cuando cae el sol en Sinjil, la aparente calma se transforma en inquietud. Los colonos, esos israelíes que ocupan Palestina, van cercando el pueblo. Aquí algunas familias, más que vivir, lo que hacen es resistir en un clima de asfixia en aumento.

La de Jadra tiene un asentamiento judío y una base militar enfrente. El mes pasado los colonos los atacaron, así que cada noche alguien se queda despierto. Otros vecinos, en el ayuntamiento, debaten cómo parar la creciente ocupación. Ahora mismo solo les queda la autodefensa.

Informa: el corresponsal de TVE en Jerusalén, Marc Campdelacreu.

[Foto: AP/Ohad Zwigenberg].

Marina Vega de la Iglesia fue la única agente secreta que operó desde la España de Franco, durante la Segunda Guerra Mundial, al servicio de la Francia Libre de De Gaulle. Su labor principal se desarrolló en Base España, una red de resistencia con sede en Madrid. Comenzó siendo correo; transportó documentación, armamento y ayudó a cruzar la frontera a personas que escapaban de la Francia ocupada. Cuando sus actividades de espionaje fueron descubiertas ella misma cruzó los Pirineos, pero en sentido opuesto. El país vecino era terreno conocido, allí había pasado los últimos meses de la Guerra Civil como exiliada.

Tras la victoria aliada se instaló en París, donde uno de sus cometidos fue buscar en la prensa española el rastro de nazis y colaboradores protegidos por el régimen franquista. La República Francesa le acabaría concediendo numerosos reconocimientos e insignias; incluso estuvo propuesta para la Legión de Honor.

En este documental sonoro, con guion de Libertad Martínez y realización de Samuel Alarcón, participan Paula Reigada Vega de la Iglesia y Ernesto Vega de la Iglesia, hija y primo segundo de la espía cántabra. Además, intervienen Ignacio Uría, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá que realizó una importante investigación sobre la vida de Marina, y Diego Gaspar Celaya, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza experto en la participación de españoles y españolas en la Resistencia. Parte de esta apasionante biografía la escuchamos en voz de su protagonista, conservada en el Archivo RTVE y en The Spanish Civil War Memory Project / Archivo de la Guerra Civil y la Dictadura Franquista de la Universidad de California, San Diego (Estados Unidos), dirigido por el profesor Luis Martín-Cabrera.

Nunca antes se había consumido tanta cocaína, hay al menos 25 millones de consumidores en el mundo, según la ONU. Una cuarta parte en Europa, donde el mercado casi se ha duplicado en los últimos 20 años. España está entre los países donde más toneladas se incautan, pero la lista la encabeza Bélgica.

Casi toda la cocaína llega por vía marítima y mucha lo hace a través de un puerto cerca de Bruselas, el de Amberes. Se considera el principal punto de entrada de drogas en Europa. Su avanzada infraestructura y su localización estratégica lo han convertido en objetivo de las organizaciones criminales, señaló la secretaria de Seguridad estadounidense en una visita reciente al puerto.

Para el gobierno belga, el apoyo de Washington es crucial en la lucha contra el tráfico de estupefacientes. Han cambiado los métodos y también surgen nuevas rutas. Históricamente, EE. UU. ha sido el principal destino de la cocaína producida en Latinoamérica y distribuida por carteles mexicanos y colombianos.

Ahora Europa ocupa un lugar central en el tráfico de cocaína. Los motivos: la saturación del mercado estadounidense, el endurecimiento de los controles en América y la militarización de la lucha contra el narco en varios países latinos, mientras continúa aumentando la demanda en el viejo continente.

Según Europol, tan solo en las fronteras comunitarias operan más de 440 organizaciones dedicadas al narcotráfico.

Una Europa más fuerte y con mayor autonomía en Defensa. Es lo que proclaman en Múnich muchos líderes europeos, ante la evidencia de que ya no pueden contar con la protección de Estados Unidos.

El canciller alemán ha abierto un diálogo inédito con Emmanuel Macron. Exploran la posibilidad de extender el paraguas nuclear francés al resto del continente, un tabú hasta ahora en Alemania.

Si se quiere ser realmente autónomo, hay que contar con medios en toda la gama de posibles escaladas militares. Eso supone no solamente elementos convencionales, también los nucleares.

Múnich sella también el reacercamiento de Londres a la Unión Europea. El primer ministro británico desplegará en el Ártico su mayor portaaviones. Busca, junto a otros países europeos, exhibir firmeza ante el desafío de Donald Trump en Groenlandia. Empiezan a asumir que Estados Unidos ha pasado de guardián a amenaza y que tanto en Ucrania como en el resto del continente, los europeos deben hacerse cargo de su seguridad al margen de la OTAN. Pero la idea de un ejército europeo sigue dividiendo a los miembros de la Unión. Pasar de las palabras a los hechos será la gran tarea pendiente que deja Múnich.

Foto: EFE/EPA/Kay Nietfeld