Apostar por la resiliencia o cómo acabar con el ciclo del hambre en el Sahel

  • Las ONGs preparan a la población para encarar las crisis sin ayuda externa
  • La emergencia alimentaria impide que se refuercen este tipo de programas
Ampliar foto Tahada construye su choza en el campamento de refugiados malienses de Damba, en Burkina Faso.

Tahada construye su choza en el campamento de refugiados malienses de Damba, en Burkina Faso.

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RUBÉN VIDAL - MADRID 

"Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas". Así define el diccionario de la Real Academia Española (RAE) la palabra "resiliencia", muy utilizada en el ámbito de la psicología y que las ONGs han hecho suya para referirse a la necesidad de prevenir las crisis alimentarias en los países donde estas son frecuentes.

"Llevamos muchos años trabajando en el Sahel con programas de prevención que ahora llamamos 'de resiliencia' y cuyo objetivo es que las comunidades sean capaces de enfrentarse a las crisis alimentarias sin tener que depender de la ayuda externa", cuenta Lara Contreras, responsable de Acción Humanitaria en el oeste de África de Intermón Oxfam.

Lara, como la mayoría de los cooperantes, valora los fondos de ayuda humanitaria en situaciones de emergencia como la que en la actualidad viven 18 millones de personas en el Sahel, pero considera que estos se tienen que complementar con otros destinados a acabar con el "ciclo del hambre".

ONGs como Intermón Oxfam llevan a cabo sus propios programas de resiliencia, pero se sienten solas en la titánica tarea, sobre todo cuando existe una emergencia alimentaria. "Hemos intensificado muchísimo los programas de prevención en los últimos tiempos, pero dada a la envergadura de la crisis, tenemos que prestar más ayuda humanitaria", afirma la representante de Intermón.

Falta de financiación

A este problema se suman otros dos. En primer lugar, la necesidad de llevar a cabo programas de protección que eviten violaciones de mujeres, la explotación infantil y el reclutamiento de 'niños soldado' en los campos de refugiados y desplazados.

Luego está la falta de financiación. "Pedíamos 66 millones de dólares para enfrentar esta crisis y hoy en día nos faltan todavía 20 millones. Esto se traduce en que no tenemos la capacidad de respuesta a la crisis que teníamos prevista -explica Lara-. En este momento estamos atendiendo a 1,5 millones de personas, pero necesitamos más fondos para llegar a los 1,8 millones de personas a las que queremos ayudar".

El último en destacar la importancia de reforzar la resiliencia tanto en el Sahel como en el Cuerno de África ha sido el director de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jose Graziano da Silva, que cree que lo mejor que pueden hacer los países ricos no es repartir comida, sino hacer aportaciones económicas para que se compre en mercados y redes locales.

Además, el director de la FAO ha pedido a esos mismos países que no corten la ayuda humanitaria a las naciones pobres del continente africano. A estas horas se desconoce la postura de los aludidos.

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