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Amy Winehouse, a walk on the wildside

  • Muere a los 27 años, como grandes de la talla de Cobain, Morrison o Janis Joplin
  • Un juguete roto a destiempo, Amy vivió sus excesos expuesta a los ojos del público

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Los dioses del Averno del rock se han cobrado una nueva víctima, un bonito cadáver más en ese fúnebre paseo de la fama donde habitan Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, todos ellos muertos a los 27 años, la misma edad que contaba Amy Winehouse cuando su vida se truncó después de haberse paseado tanto tiempo por el camino peligroso.

Hoy y mañana, durante unos días, las páginas de los informativos se llenarán con los detalles más sórdidos de su existencia y las radios, las webs y las televisiones se afanarán en rendirle últimos honores como la malograda Reina del Nuevo Soul.

Cierto que su breve legado musical no alcanza la grandeza emocional de la obra de, por ejemplo, Janis Joplin, quizás la referencia más cercana por su garganta pintada de negro y su salvaje estilo de vida; pero Amy, habitante de la era de Internet, vivió mucho más expuesta a los ojos del público que los otros grandes difuntos del rock.

Un juguete roto a destiempo

Su fama, sus excesos, sus flaquezas trascendieron los márgenes del pop para enmarcarse en el corazón de un mundo globalizado donde se jaleaban y/o se lamentaban más sus devaneos con el alcohol y las drogas que su talento artístico.

Juguete roto a destiempo, en fin, Amy tuvo al final, como Michael Jackson, una muerte tristemente anunciada en directo, urbi et orbe.

Mientras escribo estas líneas, escucho una vez más "Rehab" y "Tears Dry On Their Own", hermosos destellos de la que fuera feroz aspirante al reinado del soul, la cantante blanca de la voz de madera que mejor supo acercarse en los últimos tiempos al canon del soul. God bless you, Amy, donde quiera que estés.

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