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La era de Trump

El cerco a Trump se cierra un poco más después de que su antiguo abogado le implique en financiación ilegal

  • Cohen declara ante un juez que el presidente le ordenó pagar a dos mujeres para que no dañaran su carrera a la Casa Blanca
  • El futuro de Trump dependerá del resultado que logren los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre

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El exabogado de Trump admite ante un tribunal que pagó a dos mujeres para evitar escándalos

La presión política sobre Donald Trump aumenta, después de que este martes se confirmaran dos fuertes golpes judiciales que ensombrecen aún más los caminos por los que llegó a la Casa Blanca y pueden complicar las posibilidades del Partido Republicano de mantener su mayoría en el Congreso en las elecciones legislativas de noviembre próximo. La pérdida del control de las Cámaras por parte de los republicanos multiplicaría además la posibilidad de abrir un proceso de destitución del presidente, el famoso impeachment.

El primer revés lo protagonizó el que fue jefe de su campaña electoral, Paul Manafort, encontrado culpable de ocho delitos de fraude que le imputaba el fiscal especial que investiga la trama rusa, Robert Mueller. Otros diez cargos apuntados por Mueller han sido desestimados después de que el jurado no lograse ponerse de acuerdo sobre ellos y, posiblemente, tendrán que volver a ser juzgados por otro tribunal.

El juicio a Manafort, un veterano republicano que estaba en prisión preventiva desde junio, es el primer proceso judicial resuelto de los vinculados con la trama rusa, ya que la Fiscalía le acusa de no pagar impuestos por los más de 17 millones de euros que cobró por asesorar a políticos prorrusos en Ucrania.

La clave está en los pagos a dos supuestas amantes de Trump

Pero el mayor golpe ha llegado por la autoinculpación del que fue abogado personal de Trump durante casi 10 años, Michael Cohen, quien -ante un tribunal federal y en un aparente pacto con el fiscal- se ha declarado culpable de ocho delitos (cinco de evasión fiscal, uno de fraude bancario, uno por contribuciones empresariales ilegales y otro por contribuciones excesivas a la campaña electoral), y ha señalado que el actual presidente le ordenó ocultar información que habría sido perjudicial para él y para su campaña a la Casa Blanca.

Cohen admitió ante el juez William Pauley III que "en coordinación con, y bajo la dirección de un candidato a la oficina federal”, realizó pagos a dos mujeres a cambio de su silencio "con el objetivo principal de influir en el resultado electoral”.

Según ha quedado probado, esos pagos se hicieron a la actriz porno 'Stormy' Daniels -quien recibió 130.000 dólares- y a la modelo de "Playboy" Karen McDougal -a quien pagó 150.000 dólares-, que aseguran que tuvieron una relación con Trump antes de ser candidato presidencial.

Trump ha negado siempre que mantuviera relaciones con esas mujeres y su actual abogado, Rudolf Guliani, ha destacado que los pagos que se hicieron sólo trataban de evitar la vergüenza a su familia y que no tuvieron nada que ver con la campaña electoral.

La ley electoral de EE.UU. establece que los candidatos tienen obligación de declarar todas las contribuciones a su campaña electoral, y define como contribución cualquier aportación de valor entregada para influir en el resultado de la elección. De este modo, explican los expertos, un pago que busque silenciar pruebas de una relación sexual justo antes de unos comicios podría entenderse como una contribución a la campaña, que en cualquier caso, está limitada a 2.700 dólares por persona y proceso electoral.

Con el pago a ambas mujeres se habría soprepasado de largo ese límite y se habría infringido la ley de financiación electoral, con lo que el señalamiento de Cohen a Trump se convierte en la primera vez desde el caso Watergate que un presidente estadounidense aparece mezclado en un presunto caso de financiación ilegal de su campaña.

Aunque Cohen no mencionó expresamente el nombre de Trump, sí lo dejó claro su abogado, Lanny Davis, quien en su cuenta de Twitter apuntó que su cliente "testificó bajo juramento que Donald Trump le dirigió para cometer un delito al realizar pagos a dos mujeres con el objetivo principal de influir en una elección. Si esos pagos fueran un delito para Michael Cohen, entonces ¿por qué no serían un delito para Donald Trump?".

Bajo la alargada sombra del "impeachment"

Aunque la mayoría de los juristas recuerdan que un presidente en ejercicio no puede ser inculpado por un delito, sí señalan que la Constitución estadounidense permite al Congreso recusarlo (lo que en inglés se denomina presentar un "impeachment") y destituirlo si se prueba que cometió “delitos graves o faltas menores".

Como ha explicado Ross Garber, un abogado que ha representado a cuatro gobernadores republicanos afectados por procesos de impeachment, la declaración de Cohen "incrementa enormemente las probabilidades de que, si los Demócratas toman el control de la Cámara de representantes en las elecciones de medio mandato [que se celebran el próximo noviembre], inicien el proceso para la recusación" del presidente. "Sin ninguna duda, las probabilidades de una investigación han crecido", concluye Garber.

De esta forma, el impacto a medio y largo plazo de la situación de Manafort y Cohen dependerá de cómo afecte al resultado de las elecciones legislativas de noviembre, donde se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, un tercio de los 100 senadores y una decena de puestos de gobernadores. Y, sobre eso, aún tiene mucho que decir el cómo enfoquen su campaña el Partido Republicano y el propio Trump.

Hasta ahora no se han escuchado voces críticas entre los republicanos, que ni siquiera barajan la posibilidad del impeachment, y la oficina del Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, ha contestado en un comunicado remitido a los periodistas que "necesitan más información de la que está disponible en este momento" para pronunciarse sobre el giro que marcan las declaraciones de Cohen.

Trump insiste en que todo es "una caza de brujas"

De momento, los analistas creen que Trump tratará de dar la vuelta a estos reveses y aprovecharlos en su favor, utilizándolos para reforzar entre sus partidarios la idea de que forman parte de un ataque contra él y el Partido Republicano.

"Normalmente, en las elecciones de medio mandato, los votantes del partido del presidente suelen estar menos interesados y tener menos motivación para votar. Pero una de las cosas que puede motivar a la gente a votar es que crean que su partido está siendo atacado injustamente", explica a Reuters Andrew Smith, director del Centro de Sondeos de la Universidad de New Hampshire.

Y, por el momento, esa parece ser la estrategia de Trump, que en su primer mitin después de lo sucedido este martes, ha evitado cualquier mención de Cohen y Manafort y se ha ridiculizado la investigación de Mueller sobre la presunta intromisión de Moscú en las elecciones presidenciales de 2016, a la que sigue calificando de "caza de brujas".

Esa actuación del presidente ha dado sus frutos por el momento, ya que -pese a las inculpaciones de varios miembros de su círculo más cercano ya sea por la trama rusa o por irregularidades en la campaña- un reciente sondeo de Ipsos para Reuters señala que en torno del 40% de los estadounidenses respalda el trabajo de Trump en la Casa Blanca.

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