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Los candidatos a la Casa Blanca: el republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton. Fotos: AFP. Saul Loeb (Trump) y Robyn Beck (Clinton)
Los candidatos a la Casa Blanca: el republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton. Fotos: AFP. Saul Loeb (Trump) y Robyn Beck (Clinton) AFP. Saul Loeb (Trump) y Robyn Beck (Clinton)
Elecciones EE.UU.

La carrera por la Casa Blanca: de la esperanza al odio y otras campañas sucias

  • El clima agresivo y los insultos han presidido esta campaña electoral en EE.UU.

  • En 2008 la campaña de Obama se apoyó en un mensaje más esperanzador

  • El uso de "trapos sucios" en la batalla electoral en EE.UU. se remonta a 1800

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“La corrupta de Hillary. Debería estar en la cárcel”. “Los Clinton son unos delincuentes”. “¡Que la encierren, que la encierren!”. “Habría que hacerle un test antidroga a Hillary”. "Mujer desagradable/asquerosa (nasty)”. “Podría meterse a la mitad de los votantes de Trump en la cesta de los deplorables: racistas, sexistas, homófobos, xenófobos, islamófobos…”.

Son algunas de las perlas que han dejado los dos candidatos a presidir el país más poderoso del planeta en esta campaña, que en el último mes se ha arrastrado por el terreno del acoso sexual salpicando a ambas partes.

Todas las campañas electorales en los Estados Unidos, todas, tienen un componente de “campaña negativa”, así lo llaman, consistente en destruir la imagen del rival y advertir de los cataclismos que traería su elección. Pero eso suele ir a cargo de los vídeos que elaboran grupos cercanos a la campaña y que al ensuciarse ellos las manos permiten al candidato/a mantener un poco la compostura en los actos públicos.

No es el caso esta vez. Y, con diferencia, quien menos incómodo se siente en ese lodazal, lo hace con todo desparpajo e incluso parece disfrutarlo, es Donald Trump.

Trump no se compromete a aceptar el resultado de unas 'elecciones amañadas'

Trump, el odio en campaña

El magnate lideró la teoría conspirativa de que el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos no había nacido en el país (y por lo tanto su presidencia era ilegítima) y lanzó su candidatura incluyendo en el discurso esta lindeza dedicada a México: “No nos mandan a los mejores. Nos mandan a gente que trae drogas, delitos, son violadores y, algunos, supongo, son buena gente”.

Trump no solo descalifica a la rival, descalifica también al propio sistema, la propia democracia de los Estados Unidos, diciendo que estas elecciones están “amañadas”, que hay una conspiración del sistema y los medios de comunicación para que gane Hillary Clinton y no él. Y, ya, la traca, que puede que si pierde no acepte los resultados electorales.

Algo inusitado y, cuando menos, paradójico porque el puesto al que aspira es el que en los Estados Unidos califican como “líder del mundo libre”. Recientemente CNN emitió una crónica ligera en la que subrayaba que Trump siempre está enfadado y agresivo y que sólo se le ha visto sonreír en un par de ocasiones.

Trump arremete contra los medios y el 'establishment' tras las acusaciones de acoso sexual

Obama, la esperanza en campaña

Parafraseando la canción, ¡cómo cambian las cosas en ocho añitos!En 2008 “Hope” (esperanza) fue mucho más que un slogan de campaña.

Combinación de imágenes: izquierda, imagen viral de la campaña de Barack Obama en 2008 y el lema Combinación de imágenes: izquierda, imagen viral de la campaña de Barack Obama en 2008 y el lema "Esperanza"; derecha, uno de los 'memes' de Internet con la imagen de Donald Trump y el lema "Sin esperanza"

El candidato Barack Obama logró capitalizar las ganas de cambio de un país frustrado por siete años de guerras (Afganistán e Irak) que no lograban ganar, por la conciencia, en algunos casos descubrimiento, de que medio mundo detestaba a los EE.UU. y por una crisis económica, la peor desde la Gran Depresión.

Y lo hizo con un discurso lleno de esperanza, exagerada, si se quiere, en general, pero muy concreta para una minoría de la población, los afroamericanos, que hasta noviembre de 2008 estaban convencidos de que no verían un presidente negro en su vida. El discurso de Obama era tan positivo, tan lleno de ilusión, que en las primarias su rival, Hillary Clinton, que no podía creerse que no fuera a ser ella la elegida, hizo esta parodia en un acto electoral.

Ocho años después Donald Trump ha sabido captar también la frustración, y la rabia, de una parte importante de la población que, según todas las encuestas publicadas, es mayoritariamente blanca, masculina, de clase media y con nivel educativo básico.

La noche del ganador

De la esperanza al odio

Pero, a diferencia de hace ocho años, a ese electorado frustrado porque se siente perdedor en la sociedad actual Trump le ofrece un discurso cargado de odio, que culpa de esa situación no sólo al gobierno, sino a toda la clase política, económica, mediática, intelectual… y al “otro”, a los inmigrantes (mexicanos en particular), a los musulmanes… A un establishment al que él, millonario, hijo de millonario, pretende no pertenecer.

Si hace ocho años el candidato revelación lideró una voluntad de cambio con ilusión, el de este año lo hace con rabia, odio incluso. Viendo el nivel, de contenido y forma, de esta campaña electoral la prensa estadounidense lleva meses preguntándose si estamos ante la peor, más sucia y mezquina campaña electoral de la historia.

Dos siglos de suciedad en campaña

Y la respuesta es que la competición está reñida, aquí van algunos hitos:

  • La campaña de 1800, hace más de doscientos años, se considera la que abrió el camino de las campañas negativas. Thomas Jefferson, sí, sí, el padre fundador, el autor de la poética "Declaración de Independencia", contrató a un escritor para que ingeniara insultos para su rival, John Adams. Por ejemplo: “Un odioso personaje hermafrodita, que no tiene ni la fuerza y firmeza de un hombre, ni la gentileza y sensibilidad de una mujer”. Por parte de la campaña de Adams: “Un hombre de mala fe, de una mala vida, hijo de una medio india y de un padre mulato (…) ¿Están preparados para ver sus propiedades en llamas, la castidad de las mujeres violada y a sus hijos retorciéndose en picas?”.
  • En 1828, la víctima de los insultos fue la esposa del candidato –y luego presidente- Andrew Jackson. Según la campaña de John Quincy Adams“Una sucia negra (empleando una palabra –wench- sinónimo de prostituta) y declarada adúltera de abierta y notable lascivia”. Y la campaña de Jackson acusó a Adams de haber vendido la sirvienta de su esposa al zar de Rusia como concubina.
  • En 1928 uno de los candidatos, Al Smith, era católico –el primer candidato católico, más de treinta años antes de que otro, Kennedy, fuese elegido presidente- y el rival, Herbert Hoover, explotó los prejuicios del electorado. Acusó a Smith de haber encargado en secreto un túnel de 5.000 Km que uniría Nueva York con el Vaticano y que consultaría sus decisiones como presidente al Papa de Roma. Algunos curas protestantes dijeron a sus feligreses que si Smith ganaba, anularía los matrimonios no católicos y los hijos de estos serían ilegítimos. Y que si votaban por él irían al infierno. Por si fuera poco, los republicanos acusaron a Smith de alcohólico y criticaron la poca clase de su esposa de origen humilde e irlandés.
  • En 1964, con el asesinato del presidente John F. Kennedy reciente, la lucha por los derechos de la población negra en uno de los momentos críticos y el miedo a una guerra nuclear con la URSS muy presente, el presidente Lindon B. Johnson se enfrentó a Barry Goldwater, conservador y furibundo anticomunista. La campaña de Johnson vinculó a Goldwater con el KKK, comparó la Convención Republicana con la Alemania de los años 30 y, sobre todo, creó y difundió el “anuncio de la margarita”, donde una victoria de Goldwater equivalía a una posible guerra nuclear. Ha quedado ya como el inicio de las campañas negativas en la era moderna, la era de las campañas audiovisuales.
  • La campaña de 2016 aún no ha terminado, pero tiene todos los números para sumarse a esta lista. “Esta es la campaña más sucia desde 1972*” escribió a principios de año, apenas iniciadas las primarias, Joseph Cummins en Politico, y terminaba así su artículo: “Es cierto que las campañas presidenciales han sido siempre sucias –excepto en 1789, cuando George Washington se presentó en solitario-, pero la última vez que una campaña fue así de asquerosa un presidente tuvo que dimitir para ayudarnos a sentirnos mejor”.

(*) Caso Watergate, dimisión de Richard Nixon.

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