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Pedro Sánchez y Susana Díaz se saludan en un acto del PSOE.
Pedro Sánchez y Susana Díaz se saludan en un acto del PSOE. EFE

El PSOE se enfrenta a sí mismo a un Comité Federal histórico que Sánchez quiere convertir en "político"

  • El partido vive la peor crisis de su historia más reciente

  • Sánchez anuncia que dimitirá si el comité aprueba la abstención a Rajoy

  • Ya no es reconocido como líder por el sector crítico liderado por Díaz

  • Trataron de forzar su marcha con la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva

  • La fecha del Congreso Federal y la posible gestora, principales escollos

  • Llaman a los militantes a no acudir a la sede y piden refuerzo policial

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La jornada de este 1 de octubre quedará marcada en la historia de un partido con 137 años de vida. El PSOE celebra un decisivo Comité Federal que cerrará, o no, una crisis de consecuencias difíciles de calcular y que, seguro, dejará abiertas muchas heridas que tardarán en cicatrizar.

Al borde del cisma y con la mayor división interna que se recuerda en el PSOE, los miembros del Comité Federal se encerrarán en Ferraz, sede nacional a la que llegará Pedro Sánchez sin ser reconocido por gran parte del partido como secretario general, tras la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva federal, que trataron de forzar su salida, sin éxito. Quien ha llevado las riendas del socialismo desde julio de 2014 se niega a darse por vencido y resiste, arropado por sus fieles. En frente tiene al sector que ya no le considera su líder, encabezado por la presidenta de Andalucía, Susana Díaz.

Aunque, por primera vez en esta crisis sin precedentes, Sánchez ha abierto la puerta a su salida y lo ha hecho horas antes de la celebración del principal órgano entre congresos. Ha comparecido precisamente en Ferraz y por la noche para dejar claro lo que pretende: convertir el comité en un debate "político" y no "reglamentario", y hacer que el sector crítico se retrate con respecto a la posible abstención del PSOE en la investidura de Mariano Rajoy.

En este sentido, ha dicho que no seguiría al frente del partido si el Comité Federal decide cambiar de postura, frente a la que adoptó en el anterior comité de votar en contra del PP, y opta ahora por apoyar, por la vía pasiva, que Rajoy siga en la Moncloa. "Yo no podría administrar una decisión que no comparto", ha añadido.

Sánchez pide que el Comité Federal decida si apoya la abstención para facilitar un gobierno de Rajoy

Los últimos días han sido frenéticos en un PSOE donde no sólo está en juego el liderazgo. El devenir de la formación, que quiere seguir siendo el referente de la izquierda, se escribirá estos días con puño y letra que viene del pasado- Felipe González-, del presente que se niega a ser pasado- Pedro Sánchez-, y del futuro- ¿Susana Díaz?-.

Es tal la tensión y la incertidumbre que desde ambos 'bandos' han llamado a la tranquilidad y la responsabilidad, y el sector de Sánchez ha hecho un llamamiento a la "serenidad" de los militantes, a los que pide que no se concentren en la sede durante el comité. Incluso, la Delegación del Gobierno, a petición del propio PSOE, reforzará la presencia policial en los alrededores de la sede para garantizar la seguridad de "militantes y ciudadanos".

¿Qué se decidirá en el Comité Federal?

Los sectores que han partido en dos al PSOE, que se arrogan la dirección y se niegan mutuamente la legitimidad, acudirán a un Comité Federal que unos, los afines a Sánchez, consideran legal; y otros, sus detractores, no.

La Ejecutiva, autodenominada "en funciones", no incorpora en su orden del día la intervención del que siguen considerando secretario general. Incluye dos puntos: dar cuenta de las dimisiones en la dirección y convocar el Congreso Federal Extraordinario.

Con diferentes interpretaciones de lo que dicen los Estatutos del partido, bajo guerras reglamentistas de que lo que es o no legal y en el marco de una discusión por los tiempos, ambos sectores sólo comparten el final de este camino sin retorno abierto en el partido: la celebración de un congreso. El problema aquí es el 'cuándo'.

La propuesta de la Ejecutiva "en funciones" es pisar el acelerador con la celebración de primarias el 23 de octubre y el congreso, el 12 y 13 de noviembre. Y la del sector crítico, pisar el freno, formar una gestora e ir a un congreso después de que se resuelva la gobernabilidad de España.

Pero Sánchez, a última hora, ha señalado que quiere hablar de política en ese cónclave y de las posiciones de cada uno frente al Gobierno de Rajoy, lo que pondrá en una posición más incómoda al sector contrario, que aboga por permitir que gobierne el PP pero tiene reticencias a decirlo con total claridad.

Este es el fondo de la guerra abierta en el PSOE, la abstención para investir a Mariano Rajoy presidente y la sombra de las terceras elecciones en España. El sector de Sánchez busca reducir el debate a establecer dos bandos: los que están en contra de permitir el Gobierno del PP y los que abogan por que el PSOE se abstenga.

Los 'sanchistas' buscan, en esta dicotomía, alinearse con gran parte de la militancia y los críticos piden separar las cuestiones orgánicas de la gobernabilidad.

En las últimas horas ambos sectores han tratado de acercar alguna postura para no llegar al comité tan enconados, pero las posiciones maximalistas complican el acuerdo.

Pedro Sánchez evita intervenir en el Comité Federal y quiere que solo se vote convocar el congreso

¿Quién manda en Ferraz?

El golpe en la mesa dado con las dimisiones, que llevan la firma real de 17 miembros de la Ejecutiva y la rúbrica simbólica de Susana Díaz, ha provocado una situación inédita en el partido que ni los estatutos (pdf.) han podido aclarar.

Con el articulado en la mano, los afínes a Sánchez se agarran a que él sigue siendo el líder porque no figura, de forma explícita, la creación de una gestora- sí lo hace en el caso del mismo conflicto a nivel regional-; mientras que el sector contrario da por extinguida la Ejecutiva actual con esas dimisiones y considera que la "máxima autoridad" en este momento en el PSOE es Verónica Pérez, presidenta del Comité Federal y mano derecha de Susana Díaz que, a su vez, no reconocen los afínes a Sánchez porque dicen que ese cargo no existe de forma orgánica.

Dando por disuelta la Ejecutiva, el bando contrario a Sánchez lo rebaja a "compañero", mientras que el entorno de Sánchez se considera en este momento el PSOE oficial y emite comunicados reconociéndose como Ejecutiva federal.

¿Qué papel juega la Comisión de Ética y Garantías?

Es el órgano que debería arrojar luz, entre otras cuestiones, sobre si la Ejecutiva está o no disuelta tras la dimisión de los 17 de sus miembros que, sumados a dos dimitidos hace meses por otros motivos y al fallecido Pedro Zerolo, suman 20, la mitad más uno de los 38 elegidos para este órgano en 2014.

La guerra de bandos en el PSOE ha llegado hasta este órgano arbitral, cuya presidenta, Isabel Celáa, afín a Sánchez, se ha negado a convocarlo para dirimir sobre la disolución de la Ejecutiva, frente a la opinión de otros tres miembros del mismo- María Jesús Montero, Inés Ayala y Wilfredo Jurado-, críticos con el secretario general.

Los tres han firmado un informe en el que dan por "disuelta" la Ejecutiva y abogan por la convocatoria de la Comisión de Garantías para designar una gestora que asuma la dirección del partido. El quinto miembro es Félix Bolaño, que ejerce de secretario y al que sitúan en torno al secretario general.

La presidenta de la Comisión de Etica y Garantías del PSOE solo ha convocado una reunión de este órgano este sábado, al término del Comité Federal, con el único punto en el orden del día de aprobar los modelos de recogida de avales del proceso de primarias, ante el congreso extraordinario que Ferraz quiere celebrar en noviembre.

¿Cómo ha llegado el PSOE hasta aquí?

Aunque en la última semana se ha desatado la gran rebelión de los detractores del secretario general, lo cierto es que la crisis que ha abierto un abismo en el PSOE se viene gestando desde hace tiempo y ha tenido varios puntos álgidos.

Durante el mandato de Pedro Sánchez el PSOE ha tocado su suelo electoral. En las elecciones generales del 20D se derrumbó hasta los 90 diputados- bajar de la barrera psicológica de los 100 escaños hizo saltar muchas alarmas- y en las del 26J todavía perdió más, para quedarse en 85. La amenaza del 'sorpasso' de Podemos, que Sanchez finalmente salvó, le hizo vender casi como un triunfo unos resultados objetivamente malos.

El deterioro de la relación con los 'barones' territoriales, el tira y afloja siempre constante con Susana Díaz, la investidura fallida de Sánchez y las discrepancias a la hora de encarar las negociaciones de Gobierno han ido llenando poco a poco un vaso que más que rebosar, ha reventado y se ha hecho añicos.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez

Lo que durante meses han sido mensajes velados, filtraciones a la prensa, insinuaciones, pullas y comentarios más o menos claros por parte del sector crítico a Sánchez a favor de la abstención a Mariano Rajoy, en las últimas semanas se han convertido en mensajes a voces. La cabeza visible del sector contra Sánchez, Susana Díaz, se lo dijo en plena campaña electoral de las elecciones vascas y gallegas: "No se puede gobernar con 85 diputados".

A partir de ahí, y tras la debacle en estos últimos comicios, los bandos tomaron fuerza e iniciaron la guerra. Las declaraciones de Felipe González, este miércoles, asegurando sentirse engañado por Sánchez que, supuestamente, le confesó que se abstendría en la segunda votación a Rajoy desencadenó una escalada de acontecimientos que han llevado al PSOE a la mayor crisis en su historia reciente.

Sánchez, lejos de amilanarse con las múltiples presiones, animó a los miembros de la Ejecutiva a dimitir en ese mismo momento si no estaban de acuerdo con su estrategia de decir 'no' a Rajoy y 'sí' a un Gobierno alternativo junto a Podemos y Ciudadanos. Dicho y hecho: el sector crítico 'obedeció' por última vez a su líder y horas después Sánchez se encontró con 17 dimisiones encima de la mesa. Daban por hecho que era su fin, pero erraban. Sigue desde el miércoles, día fatídico en el PSOE, en su despacho de la quinta planta de Ferraz.

¿Cómo son las relaciones entre Pedro Sánchez y Susana Díaz?

En el Congreso Extraordinario que proclamó a Pedro Sánchez secretario general del PSOE, el 26 de julio de 2014, fue difícil ver al nuevo líder sin Susana Díaz al lado, haciendo los paseíllos entre las bases casi de la mano. El brutal peso del PSOE andaluz, donde la presidenta de la Junta manda con fuerza, hace imposible que un candidato sea elegido sin su aquiescencia. Fueron los militantes los que, por primera vez en la historia del PSOE, eligieron a su líder y la militancia socialista, en este caso, fue decisiva.

Sánchez fue el elegido por Susana Díaz, frente a Eduardo Madina, una figura simbólica en el partido con mayor peso y trayectoria política que el madrileño.

Las relaciones entre el líder nacional y la andaluza han ido enfriándose poco a poco. Mucho tardó en apoyarle públicamente, cuando manifestó su intención de presentarse a las primarias del partido para ser el candidato a la Moncloa en 2015.

En la campaña de las elecciones en Andalucía celebradas en marzo del pasado año se evidenció que la relación no era la mejor. Sánchez solo participó en dos mítines y en uno fue noticia que llegaran a no saludarse antes de salir al ruedo donde, ahí sí, se abrazaron. 

Díaz, en primer plano, en un Comité Federal del PSOE. Díaz, en primer plano, en un Comité Federal del PSOE

Desde entonces, la propia dinámica de la política nacional ha hecho que Díaz apoye a Sánchez, pero sin grandes excesos, en los dos procesos electorales generales. Sus reticencias a que éste negocie con Podemos, partido con el que Díaz no mantiene buena relación en Andalucía, han ido en aumento.

El dardo envenenado que le lanzó el propio Sánchez este miércoles preguntándole directamente que en qué "bando" está, si en el que no quiere investir a Mariano Rajoy o en el que sí, tuvo respuesta clara este jueves: "En el PSOE no hay bandos, esto no es una banda".

Muchos vieron su postulación como 'lideresa' cuando esta misma semana dijo que estaría "dónde su partido le pidiese, a la cabeza o a la cola". Pero lo cierto es que tampoco da el paso al frente definitivo para ocupar la Secretaría General.

¿Quién apoya a Sánchez y quien no?

En frente de Pedro Sánchez hay verdaderos pesos pesados del partido, pasados y actuales. Los principales barones territoriales y presidentes autonómicos están contra él. Con Susana Díaz como cabeza visible en el flanco de los críticos, están Emiliano García Page (Castilla-La Mancha), Guillermo Fernández Vara (Extremadura), Ximo Puig (Valencia), Javier Fernández (Asturias) y Javier Lambán (Aragón).

Junto a ellos también se sitúan los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, el exsecretario general Alfredo Pérez Rubalcaba y otros socialistas con voz propia en el partido como Eduardo Madina (que disputó con Sánchez la Secretaría General) y la exministra Carme Chacón, que también luchó, en otro proceso, por encabezar el partido.

La única presidenta autonómica que apoya a Sánchez es la de Baleares, Francina Armengol. Las delegaciones territoriales socialistas de Madrid, Cataluña, Castilla y León, País Vasco y Galicia defienden que se mantenga como secretario general. Otras figuras importantes del socialismo como Josep Borrell y Patxi López se sitúan junto a Sánchez.

¿Cómo afecta esta crisis al grupo parlamentario y a la investidura?

Aunque por el momento la guerra se libra en el partido, ya salpica al grupo parlamentario socialista, cuya reunión del pasado martes evidenció la división existente.

Son 84 diputados socialistas los que tienen en su mano la posibilidad de desbloquear la investidura, junto con el de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, integrado en el grupo. En la actual coyuntura, se podría dar una escisión y que el voto no fuese unitario en el Congreso, aunque el reglamento del partido obliga a los diputados a cumplir disciplina de voto en las resoluciones y acuerdos adoptados por la dirección.

A falta de acuerdo, ahora mismo no hay dirección reconocida por todos en el PSOE, por lo que ¿quién establecería la disciplina? ¿Una gestora, si la hubiere, o una nueva Ejecutiva legitimada, o la existente ya rota?

Dos de los dimitidos- Micaela Navarro y Antonio Pradas, son diputados y las posibilidades de que estén dispuestos a abstenerse en la investidura del PP son altas. La federación andaluza cuenta con una veintena de diputados afines a Díaz, más que suficientes para que Rajoy salga proclamado presidente.

El reglamento interno del partido permite a la dirección expulsar a los diputados del grupo parlamentario socialista pero nunca hacer que renuncien a su escaño, por lo que irían al Grupo Mixto.

La mayoría de preguntas podrían tener respuesta este sábado tras la celebración del Comité Federal del PSOE, aunque se abre un escenario tan abierto que la idea de que 'cualquier cosa puede pasar' se ha instalado entre los socialistas.

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