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Jane Hawking, autora del libro 'Hacia el infinito - Mi vida con Stephen Hawking'
Jane Hawking, en su casa de Cambridge Editorial Lumen

Jane Hawking: "Éramos cuatro en el matrimonio: Stephen, yo, la enfermedad y la diosa Física"

  • La primera esposa del astrofísico publica sus memorias Hacia el infinito

  • Asegura que su relación con el cientifíco es "muy buena" en la actualidad

  • RTVE.es entrevista a la autora del libro, llevado al cine como La teoría del todo

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Hay grandes historias de vida protagonizadas por personajes que son conocidos en todo el mundo. Y hay grandes historias protagonizadas por personajes aparentemente secundarios que rara vez llegan a conocerse. Es el caso de Jane Hawking, la mujer que compartió su vida durante más de 20 años con uno de los científicos más prestigiosos del siglo XX.

Jane, doctora en Filología Hispánica, presenta ahora en España sus memorias Hacia el infinito - Mi vida con Stephen Hawking (Lumen). Un libro en el que recorre con detalle y sin rencor los altibajos de su matrimonio y cómo afrontaron la enfermedad degenerativa que fue minando al astrofísico. 

Hacia el infinito es el retrato de una familia atípica, que se abrió a la llegada de un amor platónico para Jane y se rompió con la aparición de Elaine, la enfermera que se convertiría en segunda mujer de Stephen.

La historia de los Hawking acaba de ser llevada al cine en la película La teoría del todo, basada en las memorias de Jane y que es candidata, entre otros, al Oscar a Mejor Guion Adaptado.

PREGUNTA: ¿Le costó mucho poner por escrito la decepción que sufrió con Stephen Hawking?

RESPUESTA: Sí, ocurrió como aparece en la película. En el momento de la separación no entendía lo que pasaba y estaba rendida, agotada, cansadísima y no tenía fuerzas para luchar. Me llegaban acusaciones desde todas partes pero no tenía fuerzas para contestar. Fue el peor momento de mi vida.

P.: Su libro muestra a un Hawking más irascible según avanza la enfermedad y aumenta su fama. ¿Es incompatible la genialidad con la empatía?

R.: Ahora soy mucho más vieja y me doy cuenta de que los genios son egoístas. Einstein, por ejemplo. Todos. No se trata exactamente de que sean egoístas, pero están obsesionados con su materia de estudio. Había cuatro 'socios' en nuestro matrimonio: yo, Stephen, la enfermedad y la diosa de la Física. Stephen estaba obsesionado con la Física y con el tiempo cada vez estuvo más preocupado por su enfermedad.

P.: Retrasó su carrera por cuidar a Stephen y crear un hogar. ¿No pensó nunca en tirar la toalla ante la falta de ayuda pública?

R.: No podía, había jurado que iba a cuidar a Stephen, era mi marido. Por su parte él hacía lo que había prometido, proveer para la familia. El genio en quien yo confiaba cumplía su compromiso de hacerse un científico muy importante. Al conocerle cuando era joven, me impresionó y quería ayudarle a cumplir la promesa que veía en él para un futuro extraordinario. Y logró triunfar.

Además estaban mis tres hijos, ¿qué habría pasado con ellos si hubiera abandonado a Stephen?. Pero tengo que decir que llegué a estar tan agotada que pensé en suicidarme.

P.: El libro narra una relación nada convencional entre Stephen, usted y Jonathan, que acabaría siendo su marido. ¿Cree que ese triángulo se podría haber mantenido si no hubiera aparecido la enfermera Elaine Mason?

R.: Es una pregunta muy difícil, una pregunta que me hago a mí misma de vez en cuando. Si la intervención de Elaine, que provocó nuestra separación, fue algo bueno para mí. Creo que si ella hubiera tenido intenciones honestas y perseverancia, no habría sido tan cruel para mí.

P.: ¿Cómo es su relación con Stephen en la actualidad?

R.: Muy, muy, muy buena. Parece que le gusta verme porque voy a su casa cada dos semanas para ver cómo está, para poder contar a mis hijos si hay algo que no anda bien y mantener el contacto con él. Ahora que está divorciado de su segunda mujer es mucho más fácil comunicarse con él.

Cuando mi hijo mayor Robert, que vive en EE.UU., viene a Inglaterra con su mujer y sus hijos todos nos vemos para comer y festejar su llegada. Celebramos las Navidades juntos y cuando es posible, mi hija y yo cocinamos algo y lo llevamos a casa de Stephen.

No me hubiera gustado vivir en un estado de lucha con Stephen

Lo que me gusta es que envejecemos de una manera civilizada y hay cierta alegría, cierta satisfacción en ese estado. No me hubiera gustado vivir en un estado de lucha con Stephen. La vida es demasiado corta para seguir luchando.

P.: En el libro se muestra muy decepcionada con la televisión y el cine. ¿Ha cambiado su opinión ahora con La teoría del todo?

R.:Sí, ha sido mucho más fácil en esta ocasión. Antes cuando las televisiones venían a casa teníamos cables por todas partes y dejaban todas las habitaciones revueltas. Decían “solo serán 20 minutos” y tardaban horas y horas. Yo lo único que tenía que hacer era sentarme y contarles lo extraordinario que era Stephen. Al final ya no podía más, porque era una molestia muy grande en nuestras vidas. Teníamos por un lado a las cuidadoras, que ya eran una gran intrusión, y de vez en cuando a las televisiones. Pero no podía negarme, porque las enfermeras habrían dicho: “Qué desleal es Jane hacia su marido”.

P.: ¿Qué le parece el trabajo de Felicity Jones, la actriz que la interpreta?

R.: Hace un gran papel. La primera vez que la vi en la pantalla dije: “Qué cosa más extraordinaria, estoy ahí en la pantalla”. Las veces que vino a cenar a casa me estudió perfectamente. Hablamos mucho y captó mi manera de ser, mis gestos, mi forma de hablar. En definitiva, todo.

P.: ¿Ha sido invitada a la ceremonia de los Oscar?

R.: No. Pero no me importa mucho porque iremos a la entrega de los BAFTA en Londres en un par de semanas. Eso es más cómodo. Además, prefiero no darte mi opinión sobre los Oscar.

P.: La película elimina algunos personajes y situaciones para crear una historia más simple. ¿Echa algo en falta?

R.: Sí. En la película no tengo ninguna amiga, mi madre aparece dos minutos… Mi padre no aparece y es una lástima porque mis padres hicieron mucho. Eran mi apoyo, sin ellos no hubiera podido hacer lo que hice. Querían muchísimo a nuestros hijos y hacía con ellos cosas que yo no estaba en condiciones de hacer. Mi padre conocía Londres como la palma de la mano y mostró la ciudad a nuestros hijos.

Además, estaban siempre disponibles para mí. Cuando Stephen estaba gravemente enfermo y no quería ir al hospital mi madre venía para ayudarme durante la noche.
Mi padre hizo mucho por Stephen. En su primera beca de investigación en la Universidad de Cambridge parecía que ibamos a tener que trasladarnos a otra casa menos apropiada para su situación. Cambridge es totalmente llano, es fácil moverse con una silla de ruedas o con un bastón. Mi padre escribió a un científico muy importante contándole la situación y este catedrático escribió a los colleges diciéndoles que debían encontrar un sitio para Stephen en la universidad. Y se lo consiguieron, pero fue mi padre quien lo pensó y eso no aparece en la película.

P.: Como británica experta en literatura medieval española. ¿Qué obra recomendaría a un joven lector?

R.: La poesía medieval, claro. Es una pena que no tenga aquí mi bibliografía. Mi tesis trataba sobre las jarchas, las primeras líricas escritas bajo el dominio árabe. Son los primeros textos escritos en lengua mozárabe y son muy emocionantes. Yo me identificaba con las chicas que cantaban esas jarchas, porque son muy tristes. Y esos temas siguen floreciendo en las cantigas de amigo de Galicia, en el siglo XIII con Alfonso X el Sabio, que componía sus versos en lengua gallega. Esos mismos temas aparecen luego en los villancicos del siglo XV.

P.: Vivió en España en la década de los 60. ¿Cómo ve el país?¿Qué es lo que más ha cambiado?

R.: Ha cambiado mucho. Es un país muy limpio, muy avanzado, metido de lleno en la Unión Europea en el siglo XXI. La gente tiene una actitud mucho más relajada y es más abierta. Me encanta estar aquí.

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