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Tres siglos del mejor dibujo español en una carpeta

  • El Prado expone la colección de dibujos españoles del Museo de Hamburgo
  • Podrá visitarse entre los días 30 de octubre y 8 de febrero
  • Contiene 85 láminas firmadas por Goya, Murillo y Valdés Leal entre otros
  • Su origen está en los dibujos que Murillo ofrecía a sus alumnos para ejercitarse
  • Es la mejor colección de dibujos españoles fuera de España

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Francisco de Goya, "Pareja con sombrilla en el paseo" (1795-1797)
Francisco de Goya, "Pareja con sombrilla en el paseo" (1795-1797)

Cuando en la Sevilla de 1660 los pintores Murillo, Herrera el Mozo y Valdés Leal decidieron crear su academia, facilitaron a sus alumnos una colección de dibujos hechos por ellos mismos para que sirvieran de modelo y referencia de aprendizaje. Pasarían los años y las décadas, y la mano de otros maestros engrosaron ese libro de texto exquisito.

Atravesando tres siglos, dos océanos y un continente, como un extraño arca de Noé fabricada en papel, la carpeta que guardaba esos dibujos ha llegado a nuestros ojos en perfecto estado. Firmados por los maestros más grandes de la pintura española, Goya, Murillo, Valdés Leal, Cano, podrán admirarse en el Museo del Prado entre los días 30 de octubre y 8 de febrero en la exposición Dibujos españoles en la Hamburger Kunsthalle: Cano, Murillo y Goya.

La muestra se ha presentado este miércoles y ofrece 85 láminas inmortalizadas con trazos a lápiz que, además de la huella genial de sus autores, contienen la confesión sencilla que implica la tarea de dibujar sobre un papel, “como una idea ocurrida en el momento, como aprendizaje, como parte del proceso preparatorio de una obra, o como simple autoafirmación del artista que plasma su yo libremente, como un copyright sobre el papel”, explica a RTVE.es José Manuel Matilla, comisario de la exposición y Jefe del Departamento de Dibujos del museo.

La huella de un maestro sobre otro

Los primeros beneficiados fueron los alumnos de Murillo. Asunción de la Virgen o Estudio de la Magdalena dormida sobre el sepulcro vacío de Cristo, revelan su originalidad al abordar temas tradicionales o el empleo del dibujo en "el proceso creativo, y también en el proceso mental", comenta el responsable.

Ángel con el velo de la Verónica o Ángel con la corona de espinas, muestran el eco de esos días de escuela, visible en las cuadrículas que los alumnos empleaban para transferir al papel las obras de sus mentores. Junto a los apuntes de Murillo, se suman los de los cofundadores Herrera el Mozo y Valdés Leal, dos de cuyas obras, La cabeza de San Juan Bautista y Estudio para Elías han sido relacionadas con el retablo del Carmen Calzado de Córdoba, contratado por Valdés en 1655.

El conjunto expone también obras de artistas académicos Pablo Pernicharo y Maella, así como dibujos del propio Echeverría, preparatorios para grabados como La Virgen de Covadonga y Estudios ornitológicos de cinco pájaros, fruto de su participación en expediciones científicas.

Y como bitácora de la formación, "los Goyas que conserva esta colección son las copias que el artista hace de los cuadros de Velázquez", detalla Matilla en referencia al período de aprendizaje en el que el maestro de Fuendetodos tomaba apuntes de esos lienzos. Son cuadros que ahora forman parte de la colección del Museo del Prado, "estableciéndose así una relación de hermandad entre nuestra exposición y esta exposición, que se complementan extraordinariamente para el visitante".

"Goya aprendió a dibujar y a grabar copiando a Velázquez", nos señala el comisario, obras como el aguador de Sevilla y El bufón de Vallecas. Y de la mano de Goya figuran ambos nombres en algunas láminas como la sanguina El príncipe Baltasar Carlos, cazador (1778-79).

Sevilla, Cádiz, Londres, Hamburgo... EE.UU.

Los dibujos de Goya no formaron parte originalmente de aquel álbum sevillano. Fueron incorporados en Londres en 1891 para convertirse en una de las piedras angulares de la colección. Pero este capítulo no es sino uno más en un periplo más propio de un relato de aventuras que del legado pictórico de un puñado de genios.

La odisea de la colección merece un libro aparte que nos resume José Manuel Matilla: "Fue reutilizada y heredada por la academia que tambien se crea en Sevilla en el Siglo XVIII, y desde ese punto sabemos que pasa en la primera mitad del XIX a un coleccionista. De la operación tenemos una referencia, un catálogo manuscrito en el que aparece el nombre de un tal Jose Atanasio Echeverría, un pintor mejicano especializado en reproducciones de la naturaleza. Luego pasó al vicecónsul británico en Sevilla John Benjamin William. De ahí pasa a un mercader de vinos jerezano de origen inglés, y desde ahí a Londres donde se subasta y la adquiere un librero que la venderá al Museo de Hamburgo en 1891, y ahí es donde ha permanecido hasta nuestros días."

Como una metáfora de singularidad, Matilla compara el viaje de la colección con "un camino que nos muestra el paso por los centros de poder, Sevilla, el gran puerto de Europa del siglo XVIII, y Hamburgo, el gran puerto de Europa del Siglo XIX". Ahora el álbum podrá lucir un sello más estampado al otro lado del Atlántico pues llega a Madrid no desde Hamburgo, sino desde el Meadows Museum de Dallas en Estados Unidos, donde ha estado expuesto recientemente.