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El Berlín que nunca murió, en el Thyssen

  • Una exposición de vanguardia alemana conmemora los 25 años del fin del Muro
  • La organiza el museo Thyssen en colaboración con la embajada alemana
  • Calles y Rostros de Berlín podrá visitarse del 28 de octubre al 25 de enero
  • Recorre las obras inspiradas en la eclosión berlinesa a principios del siglo XX

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George Grosz, "Metrópolis" (1916-1917)
George Grosz, "Metrópolis" (1916-1917) Museo Thyssen-Bornemisza

A principios del siglo XX, Berlín experimenta un veloz proceso de industrialización que convierte a la ciudad en protagonista. La comunidad de creadores vanguardistas que acude a la llamada de su atractivo dará a luz obras peculiares en las que se dan cita la intensidad de las nuevas formas de expresión artística y el reflejo de una humanidad que se rompe en pedazos y renace a la vez.

Hace 25 años caía el Muro de Berlín. Una cuchilla de hormigón que mutilaba la ciudad y a sus habitantes desde dentro, como una prolongación absurda de la devastación de dos guerras mundiales. Un cuarto de siglo después, Berlín no solo ha sobrevivido, sino que ha reconectado con una época dorada en la que fue crisol creativo y punto de encuentro. Su rostro íntimo sigue intacto y magnético.

En colaboración con la embajada Alemana en España y con motivo de este aniversario, el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ofrece en la exposición Calles y Rostros de Berlín18 obras que testifican cómo la urbe "fascinó tanto a sus artistas que se convirtió en motivo de sus obras”, explica a RTVE.es Marta Ruiz del Árbol, comisaria de la muestra.

Las obras podrán visitarse entre los días 28 de octubre y 25 de enero y están distribuidas en dos salas: Calles, que retratan la ciudad, y Rostros, que retratan a los habitantes que comparten la entidad berlinesa. Pero es Metrópolis (1916-17) el lienzo de referencia del conjunto. Pintado en plena Gran Guerra, su autor, George Grosz, toma “elementos vanguardistas y los pone al servicio del expresionismo para enseñarnos un Berlín que camina hacia su autodestrucción”. De este autor son también dos obras ejecutadas sobre papel que no se exponen habitualmente en el museo, Estudio para la figura central de Crepúsculo (1922) y Tertulia (1928).

Ideología, arte, vanguardia

La casa de la esquina de Meidner "representa una fachada de una casa deconstruida bajo la técnica del cubismo", nos muestra Ruiz del Árbol señalando la obra de un artista ya afincado en la capital. Meidner, o Lyonel Feininger (Arquitectura II, 1921), también cayeron bajo el influjo de sus calles en constante metamorfosis y adaptaron en sus obras elementos formales del cubismo, el futurismo o el orfismo.

La Europa de las primeras dos décadas del siglo XX era una vorágine ideológica a la cual no estaban ajenos estos artistas. La ciudad, su piel de ladrillo y el pulmón congestionado de sus calles atestadas fueron un marco en el que los lisiados de guerra y niños vagabundos resumían una denuncia desde los pinceles contra las clases acomodadas. Pero a medida que se adentraban en el aparentemente dulce período de entreguerras, sus intereses se trasladaron  en los propios berlineses.

"Grosz viaja a la URSS y llega a la convicción de que el arte no puede resolver los problemas sociales. Artistas como él y Dix, se vuelven hacia la Nueva Objetividad (Naue Sachlichkeit). En lugar de centrarse en las calles lo hacen en sus gentes, la bohemia, se vuelven a los rostros de Berlín". Así da paso la comisaria al segundo capítulo del recorrido, y aclara el añadido técnico que abordan los autores: "Grosz, Diz, Shad, recuperan técnicas de los maestros del pasado", refiriéndose a los grandes renacentistas alemanes.

Y cita un ejemplo: "Dix se inspira en Durero, no solo en el género del retrato, tan típicamente alemán, o en la manera de componer, sino en la ejecución minuciosa, sobre tabla, aplicación del temple, firma con un anagrama, tan propia de esa época". "Hombres y mujeres vestidos a la moda y fumando cigarrillos", describe la especialista, el destello de un mundo casi feliz ajeno a las sombras que se cernían.

Caída y despertar

En 1933, un año después del ascenso del nazismo al poder, "se inicia la persecución de estos artistas", repasa Ruiz del Árbol, detallando cómo Max Beckmann "modificó el retrato de su mujer, Quappi, empezado y terminado en 1932, antes de que llegaran los nazis, y en 1934 lo modifica y le quita la sonrisa".

Tras la caída del Muro, la ciudad ha renacido, porque, en palabras de la responsable: "La historia de Berlín es reconstruirse y rehacerse constantemente y eso ha imprmido un carácter especial a sus gentes que les hace más receptivos, quedando una tendencia hacia lo distinto, lo experimental y lo artístico".

Calles y Rostros de Berlín es un recorrido testimonial de otro tiempo que se reedita pasada la tormenta. Es cierto que el siglo XX sumió a Europa en las simas más oscuras del sufrimiento físico, pero también fue testigo de su elevación a las cumbres más altas de la creatividad y la innovación artística. Alemania es un nombre que resuena en ambas claves, y de entre lo alemán, Berlín: ciudad habitada y ciudad habitante.

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