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El ébola puede cobrarse otra víctima: la incipiente economía africana

  • El enorme gasto sanitario y de prevención lastrará el crecimiento del PIB
  • La interrupción comercial y del transporte ha paralizado los países afectados
  • Los analistas advierten del riesgo energético si Nigeria sufre un foco importante

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Campaña de información callejera sobre el ébola en la capital de Sierra Leona, Freetown
Miembros de una organización apoyada por Unicef participan en una campaña de información sobre el ébola por las calles de la capital de sierra Leona, Freetown. REUTERS REUTERS/Issa Davies/UNICEF

El impacto económico causado por el virus del ébola amenaza con llegar más lejos que la epidemia en sí misma. Las consecuencias para la economía en la región afectada y en todo el continente africano por el que ya es el brote más letal de esta enfermedad no pueden calcularse todavía, porque la emergencia aún continúa.

Según los datos del Banco Mundial, el coste de epidemias infecciosas previas ha oscilado entre 500 y 50.000 millones de dólares, dependiendo de su extensión geográfica y su duración. La más costosa fue la del brote de 2003 del Síndrome de Insuficiencia Respiratoria (SARS, por sus siglas en inglés) que surgió en China y causó 800 muertos y 8.000 infectados.

Por eso, organismos internacionales, analistas, empresas y gobiernos ya empiezan a hacer números y alertan de la enorme factura humana y económica que la epidemia va a dejar en los cuatro países que han registrado casos (Liberia, Sierra Leona, Guinea Conakry y Nigeria). También advierten del golpe que supondrá para toda la región de África Occidental e, incluso, para el continente entero.

El inmenso aumento del gasto sanitario, unido a las interrupciones del transporte y el comercio presionarán sobre los ya raquíticos presupuestos de los países afectados, perjudicando su avance económico. Teneo Intelligence, un think-tank neoyorquino, ha adelantado que la bajada en la producción agrícola y el comercio puede recortar en hasta dos puntos porcentuales el crecimiento anual de Liberia, Guinea Conakry y Sierra Leona, que ya se encuentran entre los más pobres del mundo.

Parálisis económica y crisis humana

Como resume el ministro de Finanzas de Liberia, Amara Konneh, “la razón de que esa amenaza económica sea tan grande está en los controles que se necesitan para luchar contra la enfermedad. A excepción de los dos aeropuertos abiertos en Liberia, las fronteras del país están cerradas, las escuelas y los mercados clausurados, los movimientos de personas restringidos, muchas áreas afectadas bajo cuarentenas y el Ejército desplegado en las calles. Todo esto significa parálisis económica”.

Konneh ha cifrado en 12 millones de dólares el gasto de su país por esta crisis en el segundo trimestre, lo que supone el 2% de todo el presupuesto anual del país y el 0,6% de su PIB nacional.

Pero más allá de esas grandes cifras, el daño es directo e inmediato para las poblaciones implicadas, ya que la epidemia está obligando a mucha gente a abandonar sus hogares y sus cosechas, lo que afecta al suministro de alimentos. Esto, unido al bloqueo de las fronteras, ha dejado sin actividad a muchos vendedores callejeros y comerciantes y ha llevado a un aumento exponencial de los precios de productos básicos. Así, se abre un nuevo frente de emergencia: el hambre, ante el que la ONU ya ha anunciado un nuevo programa de urgencia para alimentar a un millón de personas.

Como ejemplo, en la capital de Nigeria, Abuja, y en el mayor centro económico de ese país, Lagos, los precios se han incrementado un 200%, los productos desinfectantes se han agotado y los rumores sobre productos-milagro que protegen del virus han disparado su demanda, distorsionando por completo el mercado.

El riesgo de un foco importante en Nigeria

Según avisa la agencia Moody’s, las ramificaciones económicas serían “considerables” si aparece “un brote significativo” en la capital económica nigeriana, Lagos, la ciudad más poblada de África (con 21 millones de habitantes) y centro vital de la industria de gas y petróleo del continente.

“Un brote importante afectaría a los trabajadores nigerianos y llevaría a las multinacionales petroleras a evacuar a su personal expatriado, lo que provocaría un recorte significativo de la producción”, avisa la agencia de calificación de riesgos.

Nigeria es el duodécimo mayor productor de petróleo del mundo y la mayor economía africana (con medio billón de dólares de PIB), por delante de Sudáfrica. Según el FMI, el 96% de sus exportaciones depende del crudo, que aporta también dos terceras partes de los ingresos estatales.

La Chatham’s House de Londres recuerda que una pequeña alteración económica en un país tan frágil como Nigeria –ya golpeado por la presencia del grupo terrorista Boko Haram- puede tener importantes impactos en los sectores de energía, agricultura y turismo. Así, una consultora financiera con sede en Lagos, Financial Derivatives Company - que gestiona 18 millones de dólares en activos-, ha estimado que el país podría perder 3.500 millones de dólares de su PIB.

Inmenso coste sanitario

El impacto económico más evidente llega por el gasto sanitario: el material utilizado en la lucha y prevención del Ébola es especializado, muy caro y hay que importarlo, según explica el responsable de logística en el Centro de Cooperación de Cruz Roja con África Occidental, Enrique Suárez.

“Todo el material fungible, los equipos de astronauta [para el aislamiento del personal sanitario]... Todo se destruye cada vez que se interviene”, señala este experto que acaba de llegar de Sierra Leona, donde –continúa- un hospital como el que tiene Cruz Roja necesita una plantilla de entre 200 y 300 personas para mantener solo 60 camas en aislamiento.

Estas exigencias apenas pueden atenderse con las débiles infraestructuras sanitarias públicas de los países afectados. El gasto sanitario anual per cápita se mueve entre los 32 dólares de Guinea Conakry a los 96 de Liberia, según los datos del Banco Mundial de 2012. Lo que contrasta con los 8.895 dólares de EE.UU. o los 2.808 dólares de España.

En esos países, además, es habitual el pago por parte de los pacientes que, según ha explicado Médicos Sin Fronteras, tienen que abonar los gastos médicos cuando acuden al hospital, por lo que muchos no van cuando están enfermos.

Tampoco ayudan a la lucha contra la infección las condiciones higiénicas de esas zonas, muchas de ellas rurales o en barrios muy poblados. Según los datos de Naciones Unidas, menos de uno de cada cinco habitantes de esos tres países puede utilizar una letrina o un váter con cisterna, una exigencia mínima vital para luchar contra una enfermedad que produce vómitos y diarreas, y se trasmite por el contacto con fluidos corporales.

Para ayudar a los gobiernos a pagar personal médico esencial y de seguridad, y redoblar las campañas de información a la población, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial han creado un fondo especial de 200 millones de dólares.

Restricción de vuelos y golpe al turismo

La OMS y la Organización Mundial del Turismo reiteran que el riesgo de que el ébola se extienda a través de los viajes en avión es bajo, ya que el virus no se propaga por el aire, sino que solo se transmite si han aparecido los primeros síntomas de la enfermedad y si se ha tenido contacto con los fluidos corporales u órganos de una persona infectada.

Ambas organizaciones participan en un grupo de trabajo creado con las organizaciones que representan a la aviación civil y el turismo en la región, con el que se pretende evitar la propagación de rumores y proporcionar información veraz y a tiempo.

Pese a esa insistencia, varias aerolíneas han suspendido sus operaciones con los países donde hay casos de ébola, entre ellas, British Airways (con Liberia y Sierra Leona) y Emirates Airlines (con Conakry).

Además, la suspensión de vuelos ha disparado el precio de los billetes de las aerolíneas que mantienen sus operaciones, y el dólar se cotiza en máximos en los bancos y en el mercado negro.

Korean Airlines ha anulado sus vuelos con Kenia -que no tiene ningún foco de la enfermedad, pero que es uno de los nudos principales de tráfico aéreo del continente-, después de que varios pasajeros denunciaran en medios de comunicación la deficiencia de los controles en un aeropuerto keniata.

También han cancelado sus conexiones con los afectados las aerolíneas regionales Arik y ASKY. Esta última compañía, en la que voló el liberiano que murió de ébola en Lagos -que llevó así el brote hasta Nigeria-, ha asegurado haber gastado “varios millones de dólares” en desinfectar aviones y equipajes, contratar expertos en prevención y poner en marcha controles sanitarios específicos en las rutas que mantiene abiertas.

En Nigeria sí se mantienen todos los vuelos, pero muchas compañías, como Rwanda Airlines, están poniendo en marcha cursos de formación para que su personal en el lugar conozca las medidas de seguridad y los protocolos de actuación. Un supervisor de seguridad en el Aeropuerto Internacional de Lagos ha asegurado a los medios locales que muchos de sus compañeros “no saben todavía qué es y qué significa el ébola”.

Sin embargo, la autoridad de aviación civil nigeriana ha advertido de que es muy probable que estas aerolíneas no tengan el músculo económico suficiente para mantener esas medidas. Hay que recordar que el brote de Síndrome de Insuficiencia Respiratoria registrado en China en 2003 costó 7.000 millones de dólares a las aerolíneas de Asia y América del Norte, regiones en las que se centró la epidemia.

Temor de las multinacionales

Al comenzar la cancelación de operaciones de las aerolíneas, muchas empresas han empezado a evacuar a parte de sus expatriados en los países de África Occidental y a restringir los movimientos del resto del personal. Otras han ralentizado o paralizado parte de sus actividades en la zona.

Multinacionales mineras como London Mining African Minerals –la mayor empresa privada de Sierra Leona- han prohibido los viajes que no sean esenciales y su personal extranjero ha abandonado África Occidental.

Las cotizaciones de las acciones de ambas compañías han caído un 60% desde enero, a pesar de que insisten en que sus operaciones no están en las zonas con focos de la epidemia y que su producción no se ha parado.

Río Tinto, el segundo mayor grupo minero mundial, ha restringido los movimientos de su personal en Guinea, mientras que China Union -que empezó a exportar este año el hierro extraído en Liberia- ha reducido sus operaciones y ha advertido que cerrará sus instalaciones si el brote no se controla pronto.

Liberia parece el país más afectado por el miedo de las multinacionales: Arcelor Mittal -el gigante del acero-, ha pospuesto el proyecto de expansión de su planta de extracción de hierro; Sime Darby -el mayor productor del mundo de aceite de palma- ha ralentizado su producción en el país; Sifca Group -una empresa agroalimentaria con sede en Costa de Marfil- ha suspendido sus exportaciones de caucho, y Caterpiller -el líder mundial de maquinaria de construcción- ha evacuado a sus expatriados en el país, lo mismo que ha hecho MTN Group, el mayor proveedor de telefonía de África subsahariana.

También el mayor grupo mediático de África, Naspers -con sede en Ciudad del Cabo-, ha anulado todos los viajes de su personal a la región afectada.

Pero el miedo a la epidemia no afecta solo a los países donde han aparecido hasta ahora focosGhana, la segunda mayor economía de África Occidental, ha cancelado todas las conferencias y reuniones internacionales de los próximos tres meses; Namibia –a decenas de miles de kilómetros de la zona afectada- ha visto como una delegación de Brasil cancelaba una visita de negocios y la Asociación Africana de Bancos Centrales ha anulado una reunión convocada este mes en Guinea Ecuatorial.

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