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Testimonios I

Soad El Khammal: "Soy víctima del terrorismo y estoy en contra de la pena de muerte"

  • Perdió a su marido y a su hijo en los atentados de Casablanca de 2003

  • Preside la Asociación Marroquí de Víctimas del Terrorismo

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Soad El Khammal lleva diez años recordando el día en el que un atentado terrorista le arrancó de golpe a su familia."No solo me quitaron a mi marido y a mi hijo, también me robaron mi propia vida".Y todavía se le quiebra la voz al contarlo.

Fue el 16 de mayo de 2003. Ella se encontraba con su hija Safae en París. Su marido, el famoso abogado Abdelwahed El Khammal, y su otro hijo se habían quedado en Casablanca. Esa noche habían salido a cenar a la ‘Casa de España’. Sobre las 10 de la noche, dos kamikazes se inmolaron en el popular restaurante. En otros cuatro puntos de la ciudad marroquí se produjeron ataques suicidas. Murieron 40 personas murieron, entre ellas cuatro españoles, y un centenar resultaron heridas.

“A mi marido lo encontraron enseguida, pero mi hijo no apareció hasta horas más tarde”, recuerda, aún con angustia. "Taib estaba en el salón viendo la televisión y en lugar de huir cuando estalló la primera bomba, corrió a buscar a su padre. Cuando estaba cerca del cadáver, el otro terrorista pulsó el segundo botón y mi hijo cayó al suelo. No pudo ni siquiera llorar por su padre o despedirse”, explica a RTVE.es. El joven, de 17 años, resultó gravemente herido y falleció una semana después en el hospital. Fue la víctima más joven.

Soad, profesora de 56 años, estuvo mucho tiempo sin encontrar fuerzas para seguir adelante. Pero su hija fue el motor que la empujó a superar la pérdida. "Ella no quería una madre débil y me tuve que reponer", dice. Su familia y amigos han sido la mejor terapia porque, asegura, "Marruecos no estaba preparado para una drama de esas dimensiones". Las compensaciones, el tratamiento psicológico tardaron en llegar.

"¿Cómo perdonar a quién te lo ha quitado todo?"

Ella canalizó todo su dolor en un libro brutal titulado Demasiado pronto, y se involucró en la vida de su comunidad. Desde 2001, es presidenta de la Asociación Marroquí de Víctimas del Terrorismo (AMVT) y trabaja para educar a jóvenes y adultos en esta amenaza. Se dedica a visitar los barrios más deprimidos de Casablanca, caldo de cultivo del fanatismo religioso.

"Les digo que el Islam nada tiene que ver con la violencia. Y que desconfíen de quiénes les inculcan un Islam que incita a morir", afirma. "Me da fuerza trabajar con estos chicos. Veo crecer a mi hijo en ellos", asegura emocionada.

Veo crecer a mis hijo en otros jóvenes

Hace una semanas, coincidiendo con el décimo aniversario de los atentados, visitó por primera vez Sidi Moumen, la enorme barriada de chabolas de donde salieron los kamikazes. Hoy es un barrio popular y moderno. Allí, durante la proyección de un documental, se encontró con familiares de los terroristas. Fue el primer paso hacia una reconciliación para la que, reconoce, aún no está lista.

Soad, una mujer de apariencia frágil y entrañable, confiesa que ni olvida ni perdona. "¿Cómo se puede perdonar a quién te lo ha quitado todo?", reflexiona.

Al menos 3.000 integristas fueron detenidos por este atentado, 1.000 inculpados y de estos, tres siguen condenados a pena capital. Soad reconoce que en un primer momento les deseó la muerte. “Atravesaba un momento extremadamente doloroso y fue lo primero que pensé, pero con el tiempo encontré mis principios y a mí misma”, afirma.

"Hoy puedo decir que soy víctima, perdí a mi marido y a mi hijo, pero estoy en contra de la pena de muerte”, subraya Soad, que habla a título personal y no como presidenta de la AMVT. Y eso es lo que defenderá en el V Congreso Mundial contra la Pena de Muerte que comienza este jueves en Madrid.

Marruecos, abolicionista en la práctica

Marruecos es uno de los 34 países del mundo que Amnistía Internacional califica como abolicionista en la práctica. La legislación recoge la aplicación de este pena pero desde 1993 ningún reo ha sido ejecutado, aunque, en la actualidad, hay 115 condenados que languidecen en las prisiones del país. Lo sabe bien Ahmed Haou (ver su historia).

Los delitos castigados con la pena de muerte se refieren a crímenes terroristas, crímenes que afectan al derecho a la vida y a la integridad física de las personas, el recurso a los medios de tortura, así como los atentados contra la seguridad interior o exterior del país. No siempre ha sido así. Durante los años de plomo, un período caracterizado por el terror de Estado contra la disidencia, la mayoría de los ejecutados y condenados lo eran por motivos políticos.

El informe final de la Instancia de Equidad y Reconciliación, un organismo creado por el Estado marroquí para esclarecer la verdad sobre la violación de los derechos humanos durante el reinado de Hassan II, recomendó la abolición de la pena de muerte en 2005. Pero desde entonces, apenas se ha avanzado en este sentido y, de hecho, se han dado algunos pasos contradictorios ya que en 2007 Marruecos votó en contra de la moratoria internacional de este castigo extremo aprobada por el Tercer Comité de la Asamblea General de la ONU.

Soad cree que el castigo más justo para los asesinos de su familia es la cadena perpetua. “Si la pena de muerte se elimina, el Gobierno marroquí tiene que garantizar a las víctimas que los detenidos no van a ser liberados. Deben ser condenados de por vida para que lamenten lo que han hecho”, afirma, porque el dolor que sembraron es también una cadena perpetua.

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