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Arabia Saudí se pone al volante de la 'contrarrevuelta' árabe

  • Los saudíes usan la diplomacia y la represión contra los reformistas
  • Hoy salen a manifestarse mujeres en coche contra la prohibición de conducir
  • El Consejo de Cooperación del Golfo ha invitado a Jordania y Marruecos
  • Ni la UE ni EE.UU. han impulsado sanciones contra Baréin

Ver además: Especial sobre las revueltas árabes

Ver además: Especial sobre el precio del petróleo

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El ministro de Exteriores de Arabia Saudí, príncipe Saud al Faisal, en la reunión del Consejo de Cooperación del Golfo el 14 de junio
El ministro de Exteriores de Arabia Saudí, príncipe Saud al Faisal, en la reunión del Consejo de Cooperación del Golfo el 14 de junio. AFP AFP PHOTO/AMER HILABI

Un fantasma recorre Oriente Próximo: el fantasma de la revuelta. Pero mientras en Egipto y Túnez han caído los gobernantes y en Libia, Siria y Yemen, las protestas han degenerado en enfrentamientos armados, el Golfo Pérsico parece haber quedado, de momento, al margen del cambio.

Sus monarquías absolutas han hecho mínimas concesiones en forma de subsidios económicos y promesas de participación limitada, y la oposición ha optado, en la mayoría de los casos, por solicitar reformas menores.

Así ha ocurrido en Qatar (sede de la cadena de televisión Al Yazira) y los Emiratos Árabes. En Omán, las promesas de más participación calmaron un brote opositor. En Kuwait, el país más democrático de la zona, la familia Al Sabah cambió el gobierno y se enfrenta a quejas constantes de los diputados de la oposición.

Este mismo viernes en Arabia Saudí, las mujeres han protagonizado una protesta al volante de sus coches para pedir que se les permita conducir. Pero es precisamente este país el que encabeza el campo conservador que intenta protegerse del virus democrático.

Arabia Saudí, potencia conservadora

En el Golfo Pérsico está en juego el petróleo. Los países de la región, incluyendo a Irán e Irak, acumulan unas reservas probadas de crudo equivalentes a más del 60% del total mundial y más del 40% en el caso del gas natural. Y el principal productor del mundo es Arabia Saudí.

Arabia Saudí ha sido el polo del conservadurismo religioso, político y social y lleva décadas intentando trasladarlo al resto de las sociedades árabes”, explica Haizam Amirah Fernández, investigador principal para el Mediterráneo y el Mundo Árabe del Real Instituto Elcano.

“No le interesa que haya transformaciones que pongan en evidencia su versión del Islam”, basada en una interpretación estricta de la sharia.

Ante las peticiones reformistas, el rey Abdulá prometió millones de dólares en ayudas económicas. Los chiíes de la provincia oriental nutrieron las escasas manifestaciones que se han producido en un país en el que las críticas al poder se consideran contrarias a la ley islámica.

La única medida política a la que los Saud han accedido es a estudiar la introducción del voto femenino en las elecciones para los consejos consultivos municipales del próximo septiembre.

En el terreno exterior, la diplomacia saudí actúa “sigilosamente, pero siempre con el objetivo de proteger al régimen y a la familia gobernante”, subraya Amirah Fernández.

“No sorprende que Arabia Saudí a través de sus recursos económicos, de la Liga Árabe y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) esté intentando contener la ola de cambios antiautoritarios”, destaca.

El CCG, el club de las monarquías árabes

El 14 de marzo entraron en Baréin, bajo el paraguas del CCG, 1.000 soldados saudíes y 500 policías de los Emiratos Árabes Unidos (EUA) para acabar con el único experimento serio de revuelta en el área, iniciado un mes antes.

El Consejo de Cooperación del Golfo se creó como un órgano defensivo y de cooperación regional creado en 1981 para evitar el contagio de la revolución islámica en Irán. Ahora, este foro se perfila como una posible alianza conservadora que utiliza medidas económicas (como el anuncio de un “Plan Marshall” de 14.000 millones de euros en Bahréin y Omán) o represivas.

“Esto explica la invitación del CCG a formar parte del mismo a Jordania y Marruecos, cuando la geografía indica lo contrario”, continúa Amirah Fernández. “Este organismo se convertiría así en un club de las monarquías árabes”, subraya. 

En un momento en que la posición regional de EE.UU. se ve perjudicada por el desastre de la invasión de Irak y el apoyo a las políticas de Israel, la contestación interna “es percibida por las monarquías como un riesgo de máxima importancia. De ahí que busquen todas las alianzas posibles”, según el investigador del RIE.

El intento de Baréin

En Baréin, tras disolver a tiros a los manifestantes y decretar el estado de emergencia, el gobierno del emirato se ha lanzado a una campaña de represión denunciada incluso por la ONU, con desapariciones y juicios sumarios.

Ni la Unión Europea, ni Estados Unidos (cuya Quinta Flota está amarrada en Baréin) ni la Liga Árabe han puesto el grito en el cielo ni han promovido ningún tipo de sanciones.

Ya en febrero, Robert Fisk, corresponsal del diario británico The Independent y uno de los mejores conocedores de la realidad árabe, advertía: “el destino de este desfile de historia en Oriente Próximo que se está desarrollando puede decidirse en el reino del petróleo, los lugares sagrados y la corrupción”.

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