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Carta abierta al Telescopio Espacial Hubble

  • Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, felicita al telescopio

Ver además: Especial 20 años del Hubble / Las 20 mejores fotos del Hubble

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El telescopio Hubble, dos décadas fotografiando el Universo
El telescopio Hubble, dos décadas fotografiando el Universo NASA

Javier Armentia (Vitoria, 1962) es astrofísico y director del Planetario de Pamplona desde 1990. Además, colabora en medios audiovisuales y escritos. Este admirador de Einstein difunde sus conocimientos y opiniones a través de su blog, "Por la boca muere el pez" y del boletín "para el avance de la ciencia y el pensamiento crítico"," El escéptico digital" .

Salud Telescopio Espacial Hubble:

Puedo asegurarte que me siento incómodo escribiéndote así, sabiendo que al fin y al cabo eres una máquina. Quiero decir, estoy habituado a escribir EN máquinas, pero no me pongo (¿aún?) a charlar con el teclado.

Paradójicamente, y teniendo en cuenta además que estamos celebrando tu vigésimo cumpleaños, me cuesta menos hacerlo contigo, personalizarte, puesto que además de llevar el nombre de una persona que fue importantísima te has convertido con el tiempo en parte de mi vida. Y posiblemente de la vida de mucha gente, aunque no lo sepan.

Hace veinte años, puedo asegurártelo, vivimos tu nacimiento con intensidad, venías con mucho retraso y aunque todo el mundo comentaba que ibas a cambiar el mundo de la astronomía, el proyecto se demoraba, con los problemas derivados del desastre del Challenger. Hay que reconocerlo: los dos desastres de las lanzaderas Challenger y Columbia te han afectado directamente, primero aplazando tu lanzamiento y luego demorando las reparaciones necesarias.

Lanzamiento del telescopio espacial 'Hubble' (1990)

Te concibieron en un decenio dorado para la astrofísica espacial: telescopios como el International Ultraviolet Explorer, también un proyecto conjunto de NASA y ESA, estaban dando a conocer un nuevo Universo, y se comprobaba que la colaboración entre observatorios terrestres y espaciales iba a ser algo común en el futuro. Las misiones de altas energías, el IRAS en el infrarrojo, habían convertido el espacio en la nueva frontera de la astrofísica.

Cierto que, afortunadamente, en los observatorios a ras de suelo se ponían también las pilas, y en esos años se iban también creando los proyectos que nos han dotado de esos telescopios con espejos en torno a los 10 metros, con el Gran Telescopio Canarias como último y anticipo de otros que subirán un orden de magnitud en apertura, cientos de veces más capaces de ver más lejos, más oscuro, más temprano en la vida de un Universo que tú has ayudado a medir con detenimiento.

Cuando al poco de ponerte en órbita llegaron las primeras imágenes obtenidas a poco más de medio millas de km sobre la superficie de nuestro planeta, hubo una conmoción, con mucho de indignación. Estaba yo para entonces a punto de irme a Pamplona para montar un planetario, y recuerdo que escribí para la revista Conocer la sensación de enorme fracaso e incluso de timo que la comunidad astronómica sintió ese año de 1990, cuando se descubrió que tu espejo principal estaba mal tallado.

¡Aberración esférica! Algo que cualquier aficionado a la astronomía sabe medir con herramientas sencillísimas pasa asegurarse de que el espejo de su telescopio está bien era el problema que nadie había detectado en un espejo que, ahora, estaba inalcanzable, en órbita.

Para colmo, luego se supo que un gemelo que se te hizo estaba bien, pero ese se quedó en tierra. Era como un chiste macabro y te aseguro que muchos pensamos que era el fin de tu vida útil: tanta esperanza perdida con años de demora (que implicaron que tus tecnologías estaban casi obsoletas en el mismo momento de subir al espacio) y además una especie de miopía que, rápidamente, el mundo entero convirtió en chanza.

Por supuesto, vino esa primera misión de mantenimiento, qué menos. Y con las correcciones empezaron a llegar las imágenes maravillosas y sorprendentes. Es curioso, casi he tenido que tirar de hemeroteca para recordar ese primer año aciago. Ni que decir tiene que ahora nadie piensa en que naciste así, incapacitado.

Toda una generación de astrónomos hemos utilizado tus datos para entender la vida y muerte de las estrellas

Ahora tenemos la perspectiva de los descubrimientos obtenidos, de los miles de artículos científicos y tesis doctorales, de toda una generación de astrónomos que hemos utilizado tus datos para conocer mejor nuestro sistema solar, entender el nacimiento, la vida y la muerte de las estrellas, entender que en la vida de las galaxias hay muchos más fenómenos violentos de los que se pensaba, y en suma, descubrir cómo el Universo tiene una estructura esponjosa, donde la materia que vemos en forma de estrellas, nebulosas o galaxias no es sino una centésima parte del todo.

No quiero narrar tu vida entera, porque no quiero exagerar la longitud de esta carta imposible que me pide RTVE.es. Lo bueno es que gracias al trabajo de divulgación científica asociado a los dos institutos astrofísicos que gestionan tu ciencia, el estadounidense y el europeo, sabemos día a día de todo lo que haces, y participamos de las investigaciones que con los datos de tus detectores, renovados en las diferentes misiones de reparación, te han mantenido como uno de los más prolíficos instrumentos de observación del Universo de que disponemos.

Además, sería injusto, como darte por finiquitado: espero que aún tengamos casi cinco años más para disfrutar del conocimiento que nos seguirás proporcionando.

Los astronautas del Atlantis realizan el último paseo espacial para reparar el Hubble

Me quedo con unas cuantas imágenes como la que estos días vamos a exhibir en el Planetario de Pamplona y en otras cien instituciones europeas como velita de una tarta que celebra tu cumpleaños: nebulosas en las que están naciendo estrellas, o esas imágenes de un cielo profundo que nos muestran, como pequeños puntitos, que hay más galaxias de las que imaginábamos.

Carl Sagan, el astrónomo que ahora hace 30 años popularizó la astrofísica con su serie televisiva Cosmos, decía que el número de galaxias en el Universo conocido equivale al número de playas que existen en nuestro planeta.

Ahora sabemos, gracias a tí, que se quedó corto, porque harían falta al menos tres Tierras para dar cuenta de esa enorme proliferación de los -universos-isla- cuya distancia y disposición en un Universo en expansión ayudó a entender ahora hace casi un siglo gente como Henrieta Leavitt o Edwin Hubble, el astrónomo de quien recibiste el nombre.

Feliz cumpleaños, Hubble. Y largas miradas al Universo, que nos quedan contigo por disfrutar.


Javier Armentia
Planetario de Pamplona

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