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Razones a favor y en contra de la energía nuclear

  • El autor defiende como ventajas que la producción es continua y el combustible abundante
  • Afirma que los residuos, aunque peligrosos, tienen poco volumen y son fáciles de controlar
  • También destaca la seguridad de las centrales, con sólo dos accidentes graves

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Cualquier decisión tecnológica es un compromiso, y tiene un componente político. Porque en teoría se puede construir cualquier cosa, siempre que se disponga del adecuado presupuesto: el problema es ajustar la construcción y operación al dinero disponible. Y la asignación de dinero es, en última instancia, una cuestión política, de asignación de prioridades sociales. La tecnología de la producción de energía eléctrica por fisión nuclear no es, por tanto, buena ni mala en sí misma: es una opción, una posibilidad cuya elección depende de factores políticos. Porque desde la tecnología hay razones que pueden apoyar la fusión nuclear como opción energética. Al menos 5+1.

-1. Potencia y producción continua: Las centrales nucleares producen gran cantidad de electricidad de modo casi constante. Sucede que la electricidad no se puede embotellar, como el agua, y como consecuencia es necesario mantener todo el tiempo la producción ajustada al consumo, que es variable. Para conseguir esto son necesarias centrales de diferentes tipos que puedan conectarse y desconectarse en los momentos oportunos y que sean complementarias.

Un ejemplo: durante el día hay energía solar, pero no durante la noche; en momentos ventosos hay producción eólica, pero no en tiempos de calma; las centrales hidroeléctricas pueden reducir su producción cuando hay sequía, y la producción de las térmicas tiene que ajustarse a los precios del carbón, el gas natural y el fuel oil, y pronto a las emisiones de dióxido de carbono. La continua producción de las nucleares simplifica el proceso.

-2. Combustible: A diferencia de los derivados del petróleo, el mineral de uranio (principal combustible de las centrales actuales) es abundante y está disperso en diferentes áreas del planeta. En 2006 se produjeron casi 40.000 toneladas de mineral, y los principales productores son Canadá y Australia (casi el 45% del total), seguidos de Kazajstán, Níger, Rusia y Namibia.

Se estima que con el reprocesamiento del combustible usado las reservas existentes son suficientes para miles de años de uso, sin contar con nuevas técnicas de extracción. Además, nuevos diseños de plantas de producción, como los reactores 'rápidos', son capaces de utilizar como combustible los subproductos reprocesados del combustible usado, por ejemplo el plutonio. Aunque no existen aún reactores comerciales que utilicen este tipo de combustible sí que se han construido experimentales, por lo que parece viable reutilizar varias veces el material radiactivo ampliando así las reservas disponibles. 

-3. Contaminación: Las centrales nucleares producen como desechos de su operación residuos nucleares altamente radiactivos, y por tanto extremadamente peligrosos, que deben ser almacenados cuidadosamente durante muchos años (incluso miles de años). Frente a este claro inconveniente los desechos de las centrales nucleares tienen una ventaja: son muy reducidos en volumen y por lo tanto muy sencillos de controlar. Sobre todo en comparación con los contaminantes emitidos por alternativas como las térmicas, cuyas masivas emisiones de megatoneladas anuales de CO2 contribuyen significativamente al Cambio Climático al dispersarse en la atmósfera.

Todos los métodos de producción de energía producen contaminación, desde los destrozos ecológicos muy localizados de las presas y embalses a las emisiones de CO2 y productos de combustión de las térmicas o al impacto auditivo y paisajístico de los molinos eólicos. En comparación, los residuos nucleares son sencillos de gestionar de modo que no causen daños al medio ambiente; está muy avanzada la creación de almacenamientos seguros a largo plazo en depósitos geológicamente estables, que se ha visto demorada por cuestiones políticas. Según crece la necesidad de reducir las emisiones de CO2 las alternativas capaces de generar electricidad sin emitirlo se hacen más valiosas. La relación potencia/contaminantes de las nucleares es inigualable por ningún sistema actual de producción eléctrica.

-4. Seguridad: Ningún sistema fabricado por los humanos es 100% seguro. A pesar de lo cual hay industrias más seguras que otras. La historia de la industria de producción de energía eléctrica con plantas de fisión demuestra un muy elevado grado de seguridad, sobre todo en Occidente. En el mundo hay 440 plantas nucleares en actividad y más de 115 desactivadas tras acabar su vida operativa (sin contar centenares de plantas experimentales), y las primeras empezaron a funcionar en los años 50. Sin embargo sólo hay registrados una treintena de accidentes graves, de los cuales situaciones de liberación de radiactividad al ambiente y/o graves daños a la población ha habido dos: Three Mile Island y el desastre de Chernobyl.

En 1979 la central estadounidense de Three Mile Island sufrió una fusión parcial del núcleo del reactor 2, que al complicarse con errores de diseño y operación provocó la emisión de una cierta cantidad de radiactividad al ambiente. En 1986 la planta soviética (hoy ucraniana) de Chernobyl sufrió el peor accidente de la historia, al provocarse una fusión del núcleo e incendio del reactor 4 que emitió una masiva columna de humo altamente radiactivo. Este humo contaminó una buena parte de Bielorrusia y Ucrania, y afectó a media Europa, causando centenares de muertes directas y miles de indirectas (estimadas). Este resultado se debió a una imprudente decisión de diseño tomada por la ingeniería nuclear soviética: la ausencia de edificio de contención, con el fin de abaratar la construcción.

Hoy no se construyen reactores sin edificio de contención, y las plantas que no los tienen están siendo desguazadas. Las cifras, pues, demuestran que en medio siglo de operación casi 500 plantas nucleares han resultado muy seguras. Y la seguridad es mayor en los diseños más actuales y futuros, como veremos.

-5. Nuevos diseños: La mayoría de los diseños de plantas actuales provienen de los años 70 e incluso antes: su tecnología es compleja, y hacen poco uso de la informatización y de los nuevos materiales desarrollados posteriormente. Existen nuevos diseños de plantas nucleares de producción de electricidad que son más seguras, menos complejas y menos contaminantes que las actuales. Un ejemplo es el diseño 'Pebble Bed' (lecho de bolas), en el que la fusión de núcleo es imposible, y además simplifica los sistemas de refrigeración haciendo los fallos menos probables.

Su mayor temperatura de operación hace que la producción de electricidad sea más eficaz, los residuos son más sencillos de manejar y el sistema dificulta la proliferación nuclear al complicar el reciclado de residuos para fabricar armas nucleares. Por último los reactores de lecho de bolas pueden ser mucho más pequeños y económicos de construcción que los actuales. Existen varios reactores experimentales de este tipo, aunque todavía no hay modelos de producción.

Se trabaja en otros diseños teóricos de plantas nucleares de fisión (la llamada Generación IV) que comparten estas características de economía, simplicidad y seguridad inherente, aunque no se espera que entren en funcionamiento hasta la década de 2030.

-5+1. Geopolítica: Esta razón es más política que tecnológica, pero tiene que ver con las limitaciones que se ve obligada a superar la ingeniería. Según las sociedades se hacen más y más complejas y dependientes de la electricidad, asegurar el suministro con plena independencia se convierte en una prioridad estratégica de primer orden. La existencia en un país de plantas nucleares proporciona a naciones que carecen de otros recursos una importante medida de independencia energética.

La dispersión de la industria y de las minas asegura que ningún país o grupo de países puede dominar esta fuente de energía del mismo modo y con los mismos efectos desestabilizadores que, por ejemplo, ocurre con el petróleo; no puede haber un 'Oriente Medio' del Uranio. La combinación de independencia por autocontrol y amplio mercado internacional de tecnología y suministros proporciona a la energía nuclear un fuerte atractivo como elemento imprescindible en el 'mix' energético de una nación.

No es casualidad que sean los EE UU el país con mayor número absoluto de plantas nucleares, que Francia haya apostado con fuerza (y relativamente poca oposición social) por esta tecnología, o que China tenga un vigoroso programa de expansión de su industria nuclear. Las potencias en acto o en ascenso desean el margen de independencia que proporciona la industria nuclear. Además, la creciente amenaza del Cambio Climático fuerza a todos los países a rebajar sus emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2 que emiten las centrales térmicas.

Las energías renovables y la eficiencia energética tendrán que jugar un importante papel a la hora de asegurar los objetivos de independencia estratégica y reducción del daño medioambiental global. Pero la electricidad de origen nuclear puede, desde el estricto punto de vista de la ingeniería, ayudar mucho a cubrir estas necesidades.


Ahora lo que hace falta es una discusión social que lleve a una decisión política para saber si un país concreto apuesta por la producción nuclear de electricidad o no. Para lo cual conviene conocer las consecuencias de optar por todas las alternativas, incluyendo la nuclear. Porque en tecnología, como en cualquier género de compromiso, cualquier decisión tiene no sólo ventajas e inconvenientes, sino consecuencias con las que hay que vivir, y riesgos que hay que afrontar. Lo que supera al estricto campo de la ingeniería, para internarse en las procelosas aguas de la política.

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