En el puerto de La Restinga, en El Hierro, empieza todo.
Omar cuenta que tardó en llegar cinco días. "Cogí la patera con 130 personas", explica este joven mauritano, que vive en esa localidad en el extremo sur de la isla donde se ubica la puerta de Europa para tantos inmigrantes que arriesgan su vida para lograr un futuro mejor.
"Cada persona que entra aquí tiene su historia detrás. Una de ellas me dijo que venia huyendo de los malos tratos de su marido. Otras de la guerra, otras de la penuria, del hambre", explica Juan Luis González, voluntario del proyecto solidario Corazón Naranja en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), donde los inmigrantes que recién llegan permanecen entre 48 y 72 horas.
La reciente visita del papa León XIV a las islas Canarias ha puesto el foco en el drama migratorio. El pontífice pidió hacer "examen de conciencia" convencido de que "la dignidad humana no tiene pasaporte". Pero visitó Gran Canaria y Tenerife y no El Hierro.
"El hecho de que el papa haya obviado su presencia en El Hierro es que no tiene un conocimiento real de cuál es el papel de la sociedad herreña en este fenómeno", cuenta Alpidio Armas, presidente del cabildo de El Hierro.
Foto: AP Photo/Maria Ximena