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Mariano Ordaz tiene 67 años, los mismos que lleva viviendo en su casa en el barrio de Embajadores en Madrid. Le quieren desahuciar porque le subieron el alquiler hasta los 800 euros y no puede pagarlos: "Ojalá me den más tiempo para encontrar un lugar donde ir, ¿qué hago con mis cosas?". La vivienda además presenta graves problemas de habitabilidad, como la cocina que tiene el techo roto y que no han reparado. Mariano teme que en el momento en que saliera de su casa para que hicieras las obras ya no podría volver: "Es una treta, quieren que me vaya de aquí, restauran la finca y me dejan fuera". Lamenta que ahora mismo sobrevive gracias a la ayuda de los vecinos que le permiten asearse y que tiene que comer fuera de casa.

Explica que ha intentado negociar con la propiedad, pero la respuesta es que les debe 15.000 euros y no han querido negociar con él. Una de sus vecinas también tiene problemas en su casa que no han arreglado y está pagando un alquiler de 1.500 euros. Mariano recibe el apoyo del sindicado de inquilinas e inquilinos de Madrid, que lamenta que con la caída del decreto ómnibus en el Congreso de los Diputados, personas en situación como Mariano quedan desprotegidas.

Esto merece una explicación

Ferreteras

María, Pepa y Alicia, las hermanas Molina, hace años que pasaron la edad de jubilación. Llevan más de 70 años al frente de la ferretería Molina, la más antigua de Madrid, que fundó su padre para ellas en 1953. Cuando rondan los 80 años, buscan un comprador que mantenga el negocio tal cual. Pero el barrio está cambiando, los precios están por las nubes y el pequeño comercio está desapareciendo. ¿Conseguirán las hermanas Molina vender la ferretería? ¿Quién comprará el local? Las acompañamos durante tres años, atendiendo a tres generaciones de clientes, contando cómo han visto desde el mostrador cambiar los tiempos y el país.

Un trabajo de Sara Blanco con el apoyo y las revisiones de Aitor Sánchez y Marta Vicedo.

La Feria de internacional de Turismo (Fitur) ha inaugurado este miércoles su 46ª edición en el pabellón de Ifema, en Madrid. Este año cuenta con la participación de más de 10.000 empresas de 161 países, 111 de ellos con representación oficial, y en esta ocasión México es el país invitado. El evento se abrirá al público general este sábado y domingo.

Foto: EFE/ Fernando Villar

PLAY (del inglés play, sig. reproducir audio/video, juego, jugar, obra de teatro, interpretar, tocar música, acción, simulación) es una investigación escénica, creada e interpretada por Matías Umpierrez, sobre los discursos de odio, los modos de habitar el poder, el infierno y el paraíso de la conciencia.

Se pregunta acerca de la dificultad de no reconocer quién vive a nuestro lado en un mundo que arde por el calor de la selva, que se inunda por los remolinos del viento. Una orquesta de voces, amplificada por antiguos radiograbadores, ensaya modos de supervivencia mientras un ejército de marionetas se pierde en el archipiélago de la vanidad.

PLAY es una conferencia performance. Una instalación. El desmontaje de la sociedad teatral en la que vivimos. Casetes. Esculturas. Radios. Teléfonos. Personas. Rizoma de historias. Circo del abuso. Un atlas del resentimiento. El desgarro de un archivo sobre el odio.

Foto: Dominik Valvo/CONDEDUQUE