Contaminación 3.0: Cómo en la era digital se siguen anteponiendo los beneficios frente a la salud pública
- La producción industrial ha sido deslocalizada hace décadas y nuestras sociedades se dedican ahora a crear productos digitales
- Contaminación 3.0: ¿Es tóxico lo digital?
Barcelona, comarca del Vallès Occidental, una de las más pobladas e industrializadas de toda Catalunya. Aquí la herencia de la contaminación industrial ha condicionado el presente de las políticas públicas en un gran número de ayuntamientos.
Cerdanyola del Vallès es un municipio de 58 mil habitantes. Hace cuarenta años se enorgullecía de su potencia industrial. Una de sus grandes fábricas fue Uralita, la mayor fábrica de fibrocemento del Estado, y uno de los mayores focos de contaminación que pervive invisible pero que sigue provocando muertes por mesotelioma, un cáncer de pulmón específico de la gente expuesta a las fibras del amianto. Un paseo con el regidor de Medio Ambiente del ayuntamiento nos descubre un sinfín de focos enterrados pero que surgen en cuanto se acomete una obra pública y cualquier reforma urbanística.
Badía del Vallès, Barcelona
Sin embargo el ejemplo de Cerdanyola se queda corto comparado con el de la vecina Badía del Vallès, un proyecto de principios de los años 70 que pretendía dar solución a los problemas de vivienda generados por la emigración masiva para trabajar en las fábricas de la zona. Toda Badía fue construida a la vez. Se hicieron finalmente unas 5.300 viviendas de un proyecto inicial de 12.000. Y todas se hicieron con el material de moda: el fibrocemento. 50 años después este material ya ha cumplido su vida útil y está degradándose, con el problema para la salud que esto conlleva.
Juan José Díaz, Presidente de la Asociación de Vecinos de Badia del Vallès, explica la situación de las viviendas.
Badía ha firmado un convenio con la Generalitat de Catalunya para el desamiantado integral de la ciudad, pero su ejecución ya sufre retrasos. Un caso claro de discriminación de clase según declara la abogada Esther Costa del Colectivo Ronda y defensora de numerosos casos de afectados por el amianto entre la clase trabajadora: “si este problema hubiera estado en Sarriá o en alguno de los barrios pudientes de Barcelona, hace años que se hubiera solucionado”
Contaminación 3.0
Hasta aquí la contaminación que todos conocemos hasta ahora, la generada por un sistema industrial, económico y social, que era el imperante hasta hace unos años. Los años de la lluvia ácida, los humos tóxicos, los residuos vertidos en cualquier lado, etc. La producción industrial ha sido deslocalizada ya hace décadas y nuestras sociedades se dedican ahora a crear productos digitales. ¿Son estos menos tóxicos?
En una cascada regulatoria mundial, los gobiernos de Australia han limitado el acceso de los menores a las redes sociales e internet. La UE va por el mismo camino enfrentándose con fuertes medidas regulatorias a los magnates digitales. Estados Unidos convoca a los CEO de estas grandes empresas para dar explicaciones ante comisiones de investigación del Senado. El cerco se estrecha. El cúmulo de problemas psicológicos y adicciones derivados de los malos usos de las redes sociales han hecho poner el foco en el diseño de sus algoritmos.
Condenas judiciales
Y no es para menos. En el reportaje entrevistamos a un personaje anónimo. Anónimo porque ha interpuesto una demanda contra una empresa subcontratada por Meta para filtrar contenido violento o sexista en las redes. Como veremos en el reportaje, la exposición a estos contenidos ha derivado en enormes problemas psicológicos para muchos “moderadores” de contenido como él. Ya hay condenas firmes en otros países contra los gigantes como Meta o Google.
Una víctima de las redes sociales cuenta su testimonio en 'El escarabajo verde'.
La responsabilidad moral puede ser algo complejo y, en todo caso, hay que tener en cuenta que el modus operandi del capitalismo global es rendir beneficios para sus accionistas. La empresa que tiene éxito es la que diferencia entre gastos necesarios y los derivados de lo que podríamos llamar “obligaciones morales”. Esto era así antes y ahora también. En nuestro entorno abarrotados de pantallas seguimos expuestos a una contaminación 3.0.
EL ESCARABAJO VERDE