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La ría de Bilbao respira, pero se mantiene alerta

  • La ría de Bilbao recupera la salud, pero todavía cuenta con repuntes de contaminación
  • Bajo lodos y vertederos se esconden aún componentes tóxicos difíciles de eliminar
La ría de Bilbao respira, pero se mantiene alerta
Virgina e Izaskun, en las aguas de Zorita.
Virginia Solà Díaz

¡Qué bonita es la ría de Bilbao! Pero no siempre fue así. Hace varias décadas, la industrialización caminó de la mano de la contaminación. Cuando no había poca o ninguna normativa medioambiental, las zonas ribereñas, eran las más deseadas por aquellas fábricas que requerían del agua, y que veían en su corriente, una suerte de tubería abierta donde deshacerse de residuos de todo tipo.

La cloaca a cielo abierto

Una ría como la de Bilbao, la del río Nervión, y por extensión, también las cuencas de sus afluentes, se convirtieron en reclamo para un gran número de empresas pesadas del sector del acero, de la química o del papel. El enorme aumento de población, atraída por el abundante trabajo en las fábricas, contribuyó a aumentar de forma exponencial la cantidad de desechos urbanos que acababan, en gran parte, evacuados también a la ría. Durante los años del desarrollismo, el descontrol en los vertidos industriales y humanos fue tal, que la zona llegó a sus niveles más bajos de oxígeno. Por eso se calificó el agua de la ría, como de estado azoico o de “vida 0”.

El cambio es posible

Hoy, se ha conseguido revertir la situación gracias a dos factores fundamentales: por un lado, el Plan Nacional de Saneamiento del Gran Bilbao, que ha conseguido vehicular los residuos mediante una red subterránea que sólo en ocasiones puntuales descarga parte de su contenido a la ría. Y por otro lado, la desindustrialización y la reconversión industrial, que apartó de los márgenes del Nervión las fábricas que más contribuyeron a la contaminación, jugó un papel importante. Hoy, la ría cuenta con unas aguas oxigenadas donde viven cerca de 60 especies de peces. Pero el pasado sigue ahí, y de vez en cuando, algunos repuntes de contaminación nos recuerdan que queda camino por recorrer.

Control sistemático de las aguas

Desde hace 30 años, AZTI realiza controles periódicos de las aguas de la ría. Un par de veces al año, analizan las especies animales que van repoblando las aguas. La investigadora Izaskun Zorita, Investigadora del área de gestión ambiental de mares y costas de AZTI, explica cómo controlan la calidad del agua: la transparencia, con el disco de Secchi, la temperatura, el porcentaje de oxígeno, la conductividad o la salinidad, con la sonda multiparamétrica, además de analizar la microbiota del agua. De este modo, son capaces de detectar cualquier parámetro que salga de los límites.

Desde la Agencia Vasca del Agua (URA), Alberto Manzanos, Técnico seguimiento de masas de agua URA, reconoce que actualmente no se cumplen los parámetros que marca la ley, por un lado porque el sistema de aguas residuales, a pesar de contar con una magnífica infraestructura, todavía de vez en cuando tiene que evacuar a la ría. Por otro lado, porque algunos contaminantes históricos siguen apareciendo en el agua, como es el caso del lindano. El lindano se producía en altas cantidades junto a la ría del Nervión. Con el tiempo se ha demostrado tóxico y cancerígeno, prohibiendo su uso en la Unión Europea. “Todo lo que se pudo retirar, se retiró en los años noventa, dos mil. Se controló. Quedan focos residuales, pero con el incremento de la exigencia normativa, sigue siendo un problema. Y la fase en la que estamos ahora es tratar de actuar sobre esos focos residuales para mejorar el estado”.

El Solar de Arkema.

El Solar de Arkema.

Suelos contaminados y control en vertederos

El Asúa es el afluente más contaminado del Nervión. Carlos Alonso, de Ekologistak Martxan, asegura que, aunque las industrias que quedan han disminuído la contaminación, no la han erradicado completamente. Y además, nos explica que, como consecuencia de antiguos vertidos de lindano en vertederos cercanos, el agua de lluvia arrastra, por escorrentías, el producto tóxico hasta llegar a la ría, y luego al mar. Por eso, nos dice, sigue habiendo lindano en la ría. Denuncia que no se actúa con suficiente diligencia para erradicar lo antes posible estos vertederos que contienen elementos tóxicos, acumulados durante años de descontrol medioambiental.

Desde IHOBE (Sociedad Pública de Gestión Ambiental del Gobierno Vasco), la técnica de residuos y suelos Leire Escolar nos explica cómo se gestionan los suelos con tierras contaminadas. Y lo hace en el espacio que hoy ocupa el vertedero de Argalario, y la celda de lindane. Aquí, junto a Baracaldo, se extrajeron los suelos contaminados por lindane. Y se creó un gran contenedor para guardarlos sine die, hasta que se descubra una forma de degradarlos sin peligro para la salud. Se hizo al lado de un antiguo vertedero, que, al mismo tiempo, se modificó para evitar movimientos de tierra y vehicular los líquidos que se filtraban por su interior, provocando lixiviados contaminados. Hoy, esos líquidos se tratan hasta que pueden ser volcados de nuevo al colector.

Pero más allá de tratar vertederos, el trabajo que queda por delante implica descontaminar los suelos que en su día contaminaron las empresas. Como el suelo de la ya trasladada Arkema. Una empresa química que se ubicó a los márgenes del Kadagua, en Alonsotegi, cuando todavía este era un barrio de Barakaldo. Allí se producían gases utilizados para aerosoles, aires acondicionados o frigoríficos, muy criticados por su impacto medioambiental. Cuando la empresa se retiró de la zona, los análisis del suelo alertaron de la presencia de focos contaminantes. Se retiró parte de ese suelo, pero aun así, años después, la contaminación aparece en otros puntos del solar. Algo que nos indica que no siempre se puede poner remedio al deterioro de un ecosistema. Lo mejor, sin duda, para mantener sano el medio ambiente, es no deteriorarlo.

“Misma ría, distintas aguas” es un reportaje que puedes ver en El Escarabajo Verde.