Un dilema moral en 'Crímenes decentes', la nueva novela de Javier Melero
- El abogado y escritor Javier Melero propone al lector un nuevo thriller judicial trepidante
- Crímenes decentes plantea un juego peligroso entre poder, verdad, inocencia y astucia
Javier Melero tiene una doble vida ideal para la literatura: su profesión es el Derecho Penal, y su vocación es la escritura. Su conocimiento de la ley le ha dado una base muy sólida en la creación de sus novelas, como El encargo, Cambalache o Frágil virtud. Ahora presenta un nuevo thriller judicial, Crímenes decentes (Tusquets), cuyo título deja entrever la ambigüedad de la trama. Melero, profesor durante muchos años en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, ha sido socio de firmas legales que operan a escala mundial y que llevan casos similares al de la novela, que es ficción pero podría tener lugar en la realidad.
Los buenos y los malos serán muy relativos en Crímenes decentes. Los personajes que dibuja Melero se mueven siempre en terreno resbaladizo, con humor negro y cinismo. En la novela que nos ocupa, un caso penal aparentemente claro que se convierte en un juego peligroso. Un poderoso empresario, Miquel Royán, busca al mejor abogado para defender a su hijo Aleix, un joven problemático que ha sido acusado de asesinato y está en prisión preventiva.
Un abogado sin idealismo
La poderosa familia Royán quiere al mejor para la defensa del hijo descarriado, y el mejor parece ser Rovira, un ambicioso penalista que trabaja junto a su socio en un bufete situado en la mejor zona de Barcelona. Rovira visitará al joven Aleix en la cárcel, y querrá ver las cartas con las que juega la novia del joven, también entre rejas bajo la misma acusación. Conforme estudia los pormenores del caso y prepara la defensa, Rovira empieza a toparse con la fiscalía y con la dura jueza encargada del caso. Y también, de forma más inesperada, con la acaudalada familia Royán y todo su entorno. Y lo que ve ni le gusta ni le da buena espina.
“El abogado solo sirve para darle luz a tu versión“
La larga experiencia de Melero en el ejercicio del Derecho le da una perspectiva lúcida sobre la justicia, con una cierta prudencia a la hora de determinar el poder de la abogacía. Se afirma en el libro que el defensor o el fiscal se dedica, sobre todo, a revestir de argumentos la versión de su cliente, no a impartir justicia. «Y el que no lo entienda va muy mal», afirma Melero en la entrevista con Página Dos. «El que tiene que hacer justicia es el juez, sobre todo en un sistema como en el nuestro. El abogado solo sirve para darle luz a tu versión, y advertirte de si tu versión es mala. Al final ese trata de reunir las incoherencias y las autojustificaciones del cliente y convertirlas en una declaración de Macbeth», bromea Javier Melero.
Rovira, el abogado protagonista de Crímenes decentes, se enfrenta a sus propios dilemas morales, y deberá recurrir a su astucia.y sangre fría. Conoce el sistema y sabe de sus engranajes y errores, por eso está desencantado y mantiene una distancia emocional. No tiene, sin embargo, una posición hostil ante la vida, disfruta su profesión y tiene una gran vieja amistad con su compañero y consiglere Poch. Cuando en las entrevistas preguntan a Javier Melero por la necesidad de tener un abogado amigo siempre cerca, como aconseja la sabiduría popular, el escritor sugiere en cambio tener a mano a un cura o un psiquiatra.
Página Dos