Enlaces accesibilidad

La triste historia de Juan Arriaga, el Mozart español

La triste historia de Juan Arriaga, el Mozart español
Imagen de Juan Arriaga
Lorena Montón

La música clásica está llena de grandes nombres que suelen aparecer en las preguntas de ‘Saber y Ganar’. Por toda Europa hubo figuras destacadas en la composición y manejo de instrumentos, y España no fue una excepción. Uno de los más destacados es Juan Arriaga, el joven bilbaíno que acabó siendo apodado como el ‘Mozart español’ y que, desafortunadamente, se quedó como una prometedora estrella al fallecer prematuramente.

Un músico de talento precoz

Juan Crisóstomo Jacobo Antonio de Arriaga y Balzola nació el 27 de enero de 1806 en Bilbao, en la casa familiar. Hijo de Juan Simón de Arriaga, organista en la iglesia de Berriatua (Vizcaya) y de María Rosa Catalina de Balzola, fue el octavo de nueve hijos, de los cuales tan solo cinco llegaron a la edad adulta.

La situación acomodada de la familia permitió que Juan pudiese desarrollar su talento musical en academias, y ya hay documentos fechados en 1817, es decir, cuando tenía 11 años, en los que se refleja su destreza al violín o como compositor con la obra ‘Nada y mucho’.

Durante los años siguientes, llegarían la creación de otras obras como una marcha militar o himnos patrióticos, por ejemplo, aunque donde Juan Arriaga centró su atención fue en componer una ópera titulada ‘Los esclavos felices’, de cuyos más de 30 números tan solo se conservan cuatro. La prensa de la época ya reflejaba la calidad artística de este joven que aún no había cumplido los quince años de edad.

Etapa parisina

A los 15 años, el músico es enviado a París para continuar con sus estudios en el conservatorio donde estudiará contrapunto, fuga y violín. Era tal su virtuosismo, que dos años después, en el curso 1823-1824, pasó de ser alumno a profesor ayudante. El propio director del centro, Luigi Cherubini, le dijo, al escuchar una de sus composiciones, “Eres la misma personificación de la música”.

Además de las clases, Arriaga continuó con sus labores compositivas, como el arreglo para cuarteto de cuerda de las variaciones sobre el tema de “La Húngara” o “Thema de la Tirolesa”, o ‘Los tres cuartetos de cuerda’, obra dedicada a su padre fechada en 1823. También son destacadas otras piezas como una obertura pastoral, una misa y una sinfonía, además de diversas arias, quintetos, cantatas y dúos.

La triste historia de Juan Arriaga, el Mozart español

Primera página del manuscrito de 'Nada y mucho'

Una muerte inesperada

En sus cuatro años viviendo en París, Juan Arriaga tuvo una actividad frenética como profesor, compositor y ejecutante. El 17 de enero de 1826, cuando tan solo faltaban diez días para que cumpliese 20 años, falleció de una dolencia pulmonar, posiblemente tuberculosis. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común en el Cimetière du Nord, en Montmartre, y un baúl con sus pertenencias se envió a sus familiares. En él estaba, además de su violín, manuscritos con su obra que permanecieron olvidados en un desván hasta que un familiar los descubrió en 1869.

Desde entonces, el legado artístico de Juan Arriaga se ha promovido y ensalzado para que su figura saliese del olvido en el que estuvo tantos años y su talento quedase reconocido por todo el mundo. El que fuese apodado como ‘Mozart español’ contó con un museo en su Bilbao natal, el Museo Arriaga, y ahora los documentos en referencia al autor se conservan en la Biblioteca Municipal. Por no hablar del Teatro Arriaga, un enclave cultural situado en el centro de su ciudad natal.

La triste historia de Juan Arriaga, el Mozart español

Imagen del Teatro Arriaga en Bilbao

También se han escrito biografías sobre su historia, sus piezas siguen siendo interpretadas y se le han brindado infinidad de homenajes. No obstante, hay parte de su obra de la que se desconoce el paradero, y en la actualidad tan solo se cuenta con 27 piezas que se dividen en tres géneros: obra religiosa, obra dramática-vocal y obra sinfónica-instrumental. Su legado, aunque escaso, es de gran relevancia y ha sido muy preciado por críticos e historiadores musicales, sobre todo teniendo en cuenta la juventud de Arriaga cuando murió.