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'El arquitecto': la olvidada historia del creador del monumento "menos amado de París"

  • El cineasta Stéphane Demoustier recrea la construcción el Arco de la Défense en los años 80
  • Un proyecto de François Mitterrand cuyo concurso ganó Johan Otto von Spreckelsen, un desconocido arquitecto danés
'El arquitecto': la historia desconocida del monumento "menos amado de París"
Imagen de 'El arquitecto', de Stéphane Demoustier.
Esteban Ramón
Esteban Ramón

Desde la plaza de la Concordia se ve perfectamente mirando hacia los Campos Elíseos: al fondo, el Arco del Triunfo, y más allá, en perfecta alineación, otro: el Arco de la Défense. Una enorme estructura con forma de cubo blanco vacío reconocible en la ciudad más turística del mundo, pero a la que pocos visitantes se acercan y de la que incluso los empleados del distrito financiero de la Défense, que caminan a diario a su lado, desconocen la atípica historia de su arquitecto, el danés Johan Otto von Spreckelsen

El cineasta francés Stéphane Demoustier (La chica del brazalete) ha recreado la peculiar intrahistoria del edificio en El arquitecto, presentada el año pasado en Cannes y ganadora de dos premios Cesar (mejores efectos visuales y mejor dirección artística). Pese a pasar ya los 50 años, Von Spreckelsen era un completo desconocido cuando ganó un concurso internacional faraónico impulsado por el gobierno del socialista François Mitterrand (Michel Fau, en la película) al que se presentaron más de 400 propuestas anónimas. Su ‘cubo’ sedujo al jurado, pero la sorpresa fue mayúscula al descubrir que su arquitecto apenas había levantado una iglesia y su propia vivienda.

“El desconocimiento continúa. Todo el mundo sabe quién hizo la pirámide del Louvre o la Biblioteca François Mitterrand, pero nadie sabe quién hizo el cubo: lo que más me sorprendió es que tampoco lo saben en Dinamarca”, explica Demoustier, que subraya el edificio es un emblema menospreciado. “Es poco amado quizá porque el barrio, la Défense, tampoco es muy querido por los parisinos. Todo el mundo lo conoce porque se ve desde lejos, pero no hay lazos afectivos”.

Claes Bang (The square) da vida a Von Spreckelsen, Sidse Babett Knudsen (Borgen) a su mujer y el cineasta canadiense Xavier Dolan al urbanista gubernamental que supervisa la construcción (papel por el que también fue nominado al Cesar). El arquitecto es, en esencia un retrato de la integridad artística llevada sus límites. Von Spreckelsen no admite ninguna variación de un proyecto que considera la obra de su vida, pero al que, dado su simbología y presupuesto, muchos quieren meter mano. 

Demoustier, que admite que hay un paralelismo entre arquitecto y cineasta, opina que hay algo de contumacia en confundir integridad con intransigencia. “La película habla de cómo llevar la idea a la realidad. En mi opinión, la idea no debe ser un absoluto inmutable. Al contrario, la realidad aporta combustible y la hace crecer. Es un proceso”, opina. 

En su caso, fue el descubrimiento de las ingentes imágenes de archivo sobre la construcción. “Muchas se convirtieron en planos de la película y todo se volvió un proceso creativo colectivo”, explica sobre los efectos premiados en los Cesar. “Un colectivo que me ayudó a construir ‘mi gran arco’ y me permite parecer más inteligente de lo que soy”.

Imagen de 'El arquitecto'.

Imagen de 'El arquitecto'. AGAT FILMS, LE PACTE

"Si el estado no protege la cultura, ocurre lo que sucede hoy en EE.UU. con las plataformas"

El arquitecto muestra como, tras la victoria de la derecha en las legislativas de 1986, Jacques Chirac (que también era alcalde de París) fue nombrado primer ministro inaugurando el llamado período de cohabitación en el que un presidente socialista (Miterrand) lidiaba con un gobierno de derecha. Chirac, en ese momento entusiasta del laissez faire, fue directo con Otto von Spreckelsen: consideraba su cubo un despilfarro público. Incluso en el paraíso de la excepción cultural, el gasto tenía un límite.

“Sin un marco adecuado, no puede haber creación. Miguel Ángel no existiría sin los Médici, ni tantas cosas creadas en Francia en la época de Mitterrand, como la pirámide del Louvre, sin que él decidiese utilizar la cultura para cambiar la vida de los franceses”, explica el director. “Francia tiene un modelo único en el que el cine se autofinancia, de cada entrada vendida se destina un porcentaje a la producción, no es una subvención. Hubo una voluntad política porque en Francia se consideró que la cultura es un bien específico que había que regular. Si el estado no protege la cultura, ocurre lo que sucede hoy en EE.UU. con las plataformas”.

Aunque la relación entre arquitectura y cine no es excesiva, El arquitecto prácticamente coincide con The brutalist, estrenada en enero del año pasado, con la que comparte la figura de un artista que porfía por su arte (y hasta secuencias en las canteras de mármol italianas de Carraca), pero con tonos completamente distintos: El arquitecto es puro naturalismo francés.

“Puede que sea coincidencia. También me hace pensar que hay que ser humilde y que a veces crees que tienes una idea brillante y no, algo flota en el ambiente. Lo que sí creo es que la arquitectura es un tema extremadamente interesante que ha sido poco tratado. Tiene un gran interés político”, concluye.

Swann Arlaud, Xavier Dolan, y Claes Bang, en 'El arquitecto'.

Swann Arlaud, Xavier Dolan, y Claes Bang, en 'El arquitecto'. Julien Panie