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Películas gratis y online: el mejor cine español

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Somos cine - No estás sola, Sara

No hace faltan suscripciones ni pagos. Disfruta de películas gratis y online en RTVE Digital. En Somos Cine tenemos el mejor catálogo de cine español. 

No estás sola, Sara

Conmemorando el día de la eliminación de la violencia contra la mujer, RTVE y Somos cine recuperan No estás sola Sara, una película dirigida por Carlos Sedes, con un fantástico reparto (Amaia Salamanca, Ricard Sales, Aida Folch, Yolanda Arestegui, Chusa Barbero, Chema León, Luz Valdenebro) y que echa luz sobre este tema que afecta a tantas familias en nuestro país.

Sara asiste a la última sesión de terapia psicológica organizada para un grupo de mujeres maltratadas física y psíquicamente. Por fin, tras años de terapia, consigue verbalizar su propia historia, sin que el miedo, las emociones y los recuerdos se lo impidan. Unos años antes, Sara era una chica feliz: estudiaba periodismo, le gustaba maquillarse, comprarse ropa, ir al cine, leer y divertirse. Una noche conoce a Javier, un chico de su edad, guapo, educado, tímido y lleno de encanto, que la enamora poco a poco, llenándola de atenciones. Pero llega un día en que Javier le aconseja que no vuelva a ponerse minifalda. Ese es el punto de partida de una pesadilla llena de violencia.

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El secreto del cofre de Midas

Somos Cine estrena para celebrar el día universal de la infancia una película de aventuras para mayores de 9 años y para toda la familia, dirigida por Jonathan Newman, basada en la novela de G.P. Taylor y con un excelente reparto: Lena Headey (Juego de tronos), Michael Sheen (Masters of sex, Buenos presagios) y muchos más. Ambientada en Londres, en plena época Victoriana.

El mundo de Mariah Mundi, un chico de 17 años, se viene abajo de repente cuando sus padres desaparecen dejándolos solos a él y a su hermano. Cuando unos desconocidos secuestran al chico, Mariah decide ir al hotel Prince Regent, donde sospecha que está retenido, a trabajar de botones para investigar su paradero. Allí descubre que bajo el edificio hay un submundo secreto y siniestro, lleno de túneles y magia.

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Infancia clandestina

Dirigida por Benjamín Ávila y nominada a los Goya a mejor película hispanoamericana, Infancia clandestina obtivo 10 premios sur incluyendo mejor película, mejor director, mejor actor (Ernesto Alterio) y mejor actriz (Natalia Oreiro). Después de vivir en el exilio, Juan, un niño de doce años, regresa con su familia a Argentina, donde todavía gobierna la Junta militar que les obligó a huir por ser montoneros.

Aunque Juan es testigo de la actitud combativa de sus padres, intenta llevar una vida normal, en la que el colegio, las fiestas, las acampadas, las bromas y las risas con mamá también tienen su lugar. El principal apoyo del niño es su querido tío Beto quien, al contrario que su padre, entiende que los ideales y la lucha no están reñidos con las ganas de vivir. El mundo de Juan se transforma cuando se enamora de una compañera de colegio.

No recomendado para menores de 12 años Somos cine - Infancia clandestina - Ver ahora
Transcripción completa

Juan.

Juan, despertate, que llegamos.

Dale, vamos, dale.

¿Qué pasa? Me hago pis.

Te dije que fueras al baño antes de salir.

¿Qué pasó, chango?

Ya llegamos, aguantá.

Se me terminaron los puchos.

Voy a comprar, ahora vuelvo.

¡Dale, má!

¡Apúrate!

¡Cristina!

(Disparos)

¡La concha de tu madre!

¡Hijo de puta!

¡Horacio!

(Disparos)

¡La concha de la lora, me dieron!

¡Horacio! ¿Qué te pasó?

¿Qué tienes? ¿Dónde te dieron?

Ok, sí, tranquila.

Tranquila, está bien.

Andá con el changuito, ¡andá con el changuito, carajo!

¡Horacio!

¡Oh, no! ¡La puta madre, Horacio, dale!

Tranquila, Cristina.

¿Hola? Hola, hola.

Uno, dos, tres, cuatro, probando.

Hola.

Hola, hola, hola.

Uno, dos, tres, cuatro, probando.

Hola.

(GRABACION) ¿Hola?

Hola, hola. Uno, dos tres...

Ya está, ¿vamos?

Dale.

Hola, hermosito.

Es raro que te grabe esto, en lugar de decírtelo.

Pero bueno, lo hacemos para que nos escuches

todas las veces que quieras hasta nuestro próximo encuentro.

Hoy emprendemos el regreso a la Argentina,

pero lo vamos a hacer por caminos diferentes,

y bueno, vamos a estar separados por un tiempo.

Aquí estamos con papá.

Dale.

Hola, changuito, aquí estoy también,

y ahora que vamos a estar separados un tiempito

me imagino que te voy a extrañar muchísimo,

pero lo bueno es que estamos volviendo.

Sí, y que esto lo estamos haciendo porque,

bueno, entendemos que es el momento para continuar

con nuestra lucha.

Vamos a entrar al país por separado.

Vos y Vicky van a viajar con Carmen y Gregorio,

ellos van a ser sus padres.

Van a ingresar por Brasil.

Cualquier persona que te pregunta algo decile

"eu no falo espanhol" Eu no falo espanhol.

Está bien.

Chango, ¿te acordás de todo aquello que te conté

de cuando el Che se fue de Cuba?

¿Eh?

Me habías hecho unos dibujos de eso, ¿te acuerdas?

Preciosos, todavía los tengo.

Bueno, ahora vas a hacer algo parecido a lo que hizo el Che.

¿Te acordás que cuando se fue al Congo se disfrazó

de hombre de negocios, con saco y corbata?

Y usó un pasaporte uruguayo, y se hacía llamar

Ramón Benítez Fernández, por eso que nadie lo reconoció.

Y cuando entró a Bolivia se hacía llamar

Adolfo Mena González, y también usaba traje.

Sí, y te causaba mucha gracia que el Che se afeitaba la cabeza

como si fuera pelado, y que usara lentes,

pero el detalle que más te gustaba que usara sombrero.

Por eso, hermosito, esta es tu misión y vos elegiste

tu nombre.

Ya no sos más Juan, a partir de ahora te vas a llamar...

Ernesto.

¿Y qué pasó con el mundial de fútbol, Ernesto?

(Hablan en portugués)

Campeones del mundo. No te queda otra, ¿no?

Bienvenidos al país.

Quédate aquí, ahora volvemos.

¿Qué hacés, changuito? ¡Tío!

¿Qué hacés tú aquí? Pero también no te emociones

tanto, no vamos a levantar

la perdiz, ¿no es cierto?

¿Qué tú haces aquí?

¿Cómo "qué tú haces aquí"?

...nos va a matar.

Pero hacé como que nos vimos ayer, ahora nos vamos

a levantar, vamos a ir caminando tranquilamente para allá

y seguimos el viaje, ¿ya? ¿Y Carmen y Gregorio?

Carmen y Gregorio ya se fueron, ahora siguen conmigo.

¿Qué tal la camionetita que nos armamos?

Oye, tremenda camioneta.

¿Cómo "oye, tremenda camioneta"? Acá se dice "oye".

Tú quédate tranquilo, Juan, no hablés.

Dejame hablar a mí.

Papeles. Buen día, oficial.

Eso, Juan, lo tenés que repetir muchas veces,

te lo tenés que aprender bien seguro, no te olvides, ¿eh?

Ya no sos más Juan, ahora sos Ernesto.

¡Hola! ¡Hola, hola, hola, hola!

¿Má? ¿Papá?

¡Mamá! ¡Papá!

Changuito, buen día, ¿qué?

Estás descalzo. Te vas a cagar de frío, boludo.

Buen día, hermosito, ¿se despertó?

¡Ay, cómo te extrañé!

Ya me voy a...

¡Vení! No me querés más, ¡bueno!

Qué frío, ¿no? -Sí.

Se extraña calorcito.

Sí, claro.

Sí, acá envasamos los maníes, guardamos nuestras cosas, todo.

No, no, no, no. Esto no, sabés que no.

Ah, están buenos.

Me dejaron abierta la heladera afuera.

Oye, te lo dije.

Pará, ¿quién vino acá?

Este, ¿Fidel Castro?

"Oye", meta "oye, oye".

Oye. Oye, oye.

No, paren, nosotros venimos de Córdoba.

¿No querés que hable en cordobés?

Es muy difícil, mejor que aprendan porteño, ¿no?

Sí, pero los papeles dicen que venimos de Córdoba.

Bueno, pero los changos no se van a dar cuenta.

No importa, deja, es más fácil para ellos.

A ver, practicá, cómo te sale. No.

Practicá. No, porfa...

Practicá, chango, meta. Vamos.

Está caliente.

Bueno, soy Ernesto Estrada.

Pará, pará, pará, te pongo los anteojos.

No, no hinches las bolas. Préstame los anteojos.

No, no, no, no hinches... Préstame los anteojos,

te pido por favor.

Qué rompebolas. Señor, ahora sí.

Con todo, con todo, ahí está.

(Risa)

Soy Ernesto, vengo de Córdoba, una provincia de Argentina...

Mirá, este es tu escondite.

Cualquier cosa que pasa, te venís para acá.

Se abre de acá, así. Vení, pasá.

¿Paso? Sí, sí.

Se abre de acá y se cierra de acá.

¡Es bárbaro!

Es impresionante.

(Cantan el himno nacional)

Buenos días, de pie.

(TODOS) Buenos días, señora directora.

Bien, pueden sentarse.

Chicos, hoy les quiero presentar a un nuevo compañerito

que se llama Ernesto.

El viene de Córdoba y vino a vivir a nuestro barrio.

Ernesto, ella es Zulma, tu nueva maestra.

Hola Ernesto, encantada y bienvenido.

Gracias.

¿Qué pasa? ¿No saludan?

Hola.

Bueno, andá a sentarte allá, al lado de Maxi.

Maxi, ¿le hacés un lugar?

Muy bien, buenos días, buenos días, Zulma.

(TODOS) Hasta luego, señora directora.

Pueden sentarse.

Sacá tus cosas, Ernesto.

Muy bien, entonces hablamos de Colón y su llegada a América.

Ahora, ¿qué fue para ustedes lo más importante

que trajeron los españoles? -Yo.

A ver, Esteban.

Eh, los españoles trajeron el español.

(Risas)

Bueno, no fue lo más importante, creo, eso, ¿qué más?

La cultura. -¡Muy bien!

La religión católica.

La cultura, la religión católica, la civilización.

Los españoles trajeron la civilización a América.

(Campana de recreo)

(Gritos)

Pasame aquello.

¿Y por qué nosotros tenemos una que no tiene un sol?

Porque nosotros usamos la original, la que quedó

Belgrano, que es solo celeste y blanca.

Dame aquella. ¿Belgrano?

Hum.

Chango, Belgrano es el que creó la bandera de Argentina, ¿hum?

Y para no usarla, se basó en la escarapela,

¿te acuerdas de la escarapela?

Aquella cosita celeste y blanca que usamos en el pecho

en las fiestas. Ah, sí.

¿Te acordás? Sí, sí.

Pasame el último.

Pero este, después se decidió que la bandera con el sol

fuera la bandera de guerra, y esa es la que se terminó

usando en definitiva,

¡epa! ¡Epa!

¿Qué hacés, chango?

No lo podés tocar, ya te dije.

(Claxon)

Pueden entrar.

Pasen.

¿Ya se pueden sacar la venda?

No, la persiana primero.

Ve tú. Sí, señor.

Ahora sí, se pueden quitar la venda.

(Risas)

Qué bueno verte. Sí, pasen por acá.

En fila, por favor.

Firmes.

Al compañero Daniel, lista.

Descanso.

Bueno, compañeros, a partir de este momento y hasta que

termine la reunión, la casa y el grupo...

En el día de la fecha quedan conformadas las tropas

especiales de gestación número 2, pelotón "unidos".

La compañía de Charly les va a entregar los elementos

de defensa, y próximamente les vamos a entregar también

los elementos de interferencia de señal.

Ya.

Compañero Pedro, le entrego arma,

cargador completo, sin municiones de recámara.

Compañera Lucía, entrego armas...

(Llanto de bebé)

(Chitón)

Tranquila, tranquila.

Bueno, antes de conocer la instrucción, bien,

vamos a recordar a los compañeros caídos

en la lucha revolucionaria.

Compañero Marcos.

(TODOS)¡Presente!

Compañero Gregorio.

(TODOS)¡Presente!

Hasta la victoria.

(Llanto de bebé)

Tranquila, tranquila.

(Chitón)

Tranquila, tranquila.

(CANTA) Sufres porque me aleja la sed de un mañana

Que busco afanoso tan solo por ti.

Y es un collar de estrellas que tibio desgrana

tus ojos hermosos llorándome así.

Sueños de juventud que muere en tu adiós

Y acá también, tarados.

(Risas)

(CANTA) Tímida remembranza que añoraré...

¡Bueno, salud!

(CANTA) Canto de una esperanza que ambicioné...

¡Cuidado, que esto no es agua!

(CANTA) Acariciando tu alma en mi soledad.

Mi pobre corazón no sabe pensar

Y al ver que lo alejan de ti

solo sabe llorar, solo sabe gemir.

Sangrando al morir en tu adiós.

Es de esas decisiones que parecen difíciles,

que parecen complejas. Bueno, son las decisiones

que nosotros tenemos que tomar, nosotros tenemos que hacer

un trabajo de profundización,

de concientización.

Justicia, justicia popular.

(CANTA) Sueños de juventud que muere en tu adiós.

Tímida remembranza que añoraré.

Canto de una esperanza que ambicioné.

Acariciando tu alma en mi soledad.

Mi pobre corazón no sabe pensar.

Y al ver que lo alejan de ti

Solo sabe llorar, solo sabe gemir.

Sangrando al morir en tu adiós.

Sueños de juventud que muere en tu adiós.

(TODOS CANTANDO) Tímida remembranza que añoraré.

Canto de una esperanza que ambicioné.

Acariciando tu alma

en mi soledad.

Mi pobre corazón no sabe pensar.

Y al ver que lo alejan de ti.

Solo sabe llorar, solo sabe gemir.

Sangrando al morir en tu adiós.

¡Sí, señor!

(Aplausos)

¡Buena, compañera! ¡Qué lindo!

(Aplausos)

A ver, a ver. -No, no se puede ver.

¿Por qué? -¡Todavía no, ya te dije!

(Todos hablan)

(Murmullo)

(Todos hablan)

Pero, además mirá, la que está buena es esa.

¿Cuál? -¡Esa no!

La de al lado, esa es feísima. -¿La de azul con rayas?

No, la de rojo.

No, esa, la de celeste, la que está estirando.

Ah sí, esa tiene una...

Sí, ey, no digas nada, no sabés, no sabés de piernas.

Ay, callate.

A mí por lo menos ya me salió leche.

(TODOS) ¡Uy!

¡Bien... bien!

(Aplausos)

(Todo hablan)

Pará, dale, pará.

Eh, Feña, mirá quién viene, tu hermana.

No saben lo que me hizo el otro día.

-¿En serio? Siempre te hace algo.

¿Y qué quieres que haga? Si es insoportable.

¡Si está buenísima tu hermana!

¿Qué te puede hacer?

Es horrible, ¿cómo te va a gustar?

¡Ay, tu hermana está para darle!

... vos, pedazo de estúpido.

(Aplausos)

Córdoba, ¿qué pasa?

Hum, me parece que a otro le gusta tu hermana.

¿Yo? Para nada.

Yo, córdoba.

(TODOS) Yo.

Hey, Córdoba. Saliste horrible, mirá.

A ver. -Mirá la cara, mirá la cara,

mirá la cara. -Podés sonreír, podés sonreír.

Dale, sonreí también, ¿no?

(Risas)

(Risa)

Má, tengo un campamento.

¿Cuándo? El 12 de octubre.

Es una noche nada más.

Supongo que no hay problema.

¿Qué pasa? ¿Van a hacer algo más?

Te quería preguntar algo.

¿Cómo supiste que papá era...?

No, no que era sino que te gustaba.

No sé, ¿Te pasa algo acá en la panza,

como algo diferente?

Qué raro. Sí, algo raro.

Me acuerdo cuando lo conocí a tu papá.

el vino a la fiesta que organizó un amigo en común.

Era en un sótano, pero cuando él apareció,

él me miró, se sonrió mucho

y yo me enamoré.

O sea que se vieron y se enamoraron.

Algo así.

Yo me enamoré enseguida, pero tu papá lo hizo difícil.

Muy difícil, me llevó como 2 meses conquistarlo.

Nos hicimos amigos, él me hablaba...

A mí me encantaba su mirada, su forma de hablar.

Su verdad.

Esos lentes que usaba.

¿Y a vos? ¿Qué?

¿Qué te pasa? ¿Con qué?

¡Dale, no te hagas! ¡No, dale!

No hay nadie, en serio.

Solo quería saber cómo...

Qué te pasaba.

¿Te gusta una compañerita? ¡No, dale!

Te gusta una compañerita. No, no.

¡Te gusta!

¡Yo que la mato, chinita de porquería, eh!

¡Vos sos mío, mío, mío! ¡No, no!

Mío, mío, mío, mío ¿Quién te gusta?

¿Quién te gusta?

Ven acá.

¡Nadie! ¡Nadie!

No hay nadie.

¿Qué pasó?

Está podrida...

De puta madre.

¿Y estás solo? Sí, estoy solo, sí.

¿Qué pasó? La cinta estaba cantada.

Ese desgraciado hijo de mil putas.

¿Qué te pasó?

A ver. No...

¿Qué tienes ahí? Bueno, dejame ver

¡Pará, pará! Dejame ver.

Contame todo, Beto. Contame todo, carajo.

Llego diez minutos antes, doy un par de vueltas

para chequear la zona, estaba todo bien.

Llega la hora, me mando.

Estoy llegando a la esquina, el tipo estaba sentado afuera.

Se levanta y hace la que se le cae la carterita.

¡Qué hijo de mil putas!

Se agacha para levantarla, mira por un costado,

yo miro para donde él miro, veo dos tipos,

le caen duro cuando lo veo.

¡Qué hijo de puta!

Empieza a correr...

de tres tiros.

Me metí en el subte, me escondí en un baño.

¿Qué está pasando, Daniel?

Están cantando, están cantando.

Qué mierda es eso.

La puta madre.

(Sirenas)

¡La puta madre!

(Todos gritan)

¡La puta madre!

Vos te quedas en esto.

Fijate.

(Llanto bebé)

Tranquila, tranquila. Tranquila, tranquila.

(Sirenas)

Tranquila, tranquila. Tranquila, por favor.

Venga, mi niña, ¡hola, hola, hola, hola!

¿Estás bien?

No pasa nada, no pasa nada.

Hola. -Hola.

Te vi ayer. -¿Sí?

Muy bueno lo que hacés. -Gracias.

(Risas)

Me llamo Ernesto. -Sí, ya sé.

Yo María. -Sí, yo sé.

Tomaos distancia.

Ernesto, como usted es nuevo, vas a tener el honor

de izar la bandera.

No, no puedo.

¿Cómo que no podés?

Es que no quiero.

Vamos, no seas tímido, vení. -Yo no voy.

Seño, ¿puedo ir yo?

-Vení.

(Cantan el himno nacional)

Cagón ¿No te enseñaron en tu provincia

a ser patriota?

Cagón.

(TODOS) ¡Pelea, pelea, pelea!

¡Pelea, pelea!

Es incomprensible, la verdad que es incomprensible pelearse

así delante de todo el mundo. Claro, no, no, no, no.

Y por no querer izar la bandera, la verdad es que es la primera

vez que me pasa. Sí, ¿vio?

Pero es que Ernesto es un chico muy tímido,

no le gusta pasar al frente.

Sí, bueno, pero en la escuela no se puede pelear.

Claro, no, no, no, no.

Igual está en un proceso de adaptación él, ¿no?

A ver, chicos, se paran, se paran.

Se paran y se dan la mano.

Vamos, se paran y se dan la mano.

Esto es una cosa de chicos, señora.

Se dan la mano, vamos, hay cosas que un hombre

debe saber perdonar.

Ahí está, dale, se dan la mano, ¿Qué hacés?

¿Te das la mano con tu amigo?

¡Dale!

Ahí está, y que no vuelva a pasar.

¿Me querés explicar qué tiene la bandera de la escuela?

¿Cómo qué tiene? ¿Qué tiene?

Tiene el sol. ¿Y?

¿Cómo "¿Y?"

Tiene el sol, es la bandera de guerra.

La que usan los milicos.

Todas las escuelas de la Argentina tienen

la bandera así.

Sí, pero tendrían que tener la que no es de guerra, la que es

solo celeste y blanca.

La que creó...

Belgrano. Ese.

Pero eso es algo que no va a cambiar,

por lo menos por ahora,

y es muy estúpido que te metas a una pelea por una cosa así.

Calma, pará, ¿vos cómo te llamas en la escuela?

Ernesto.

¿Entonces? Sí, tenés razón.

¿Cómo dijo? Sí, tenés razón.

¿Cómo dijo, soldado?

-¡Tiene razón, mi coronel!

Eso está mejor.

Y ahora a lustrar. No.

Plato, cuchillo...

¿Listos?

(TODOS) ¡No, no, no, no!

Bueno, bueno, terminen.

Mientras les voy diciendo, no se olviden de hacer firmar

el permiso para ir de campamento, ¿eh?

Si no, no van a poder ir.

Bueno, ¿podemos seguir entonces?

(TODOS CANTAN) Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz,

que los cumplas Ernesto, que los cumplas feliz.

(Aplausos)

¿Qué pasó?

Hoy es mi cumpleaños.

Claro, hoy es 7 de octubre ¿Te dijeron algo en la escuela?

¿Algo? Todos los chicos me cantaron

el feliz cumpleaños y hay fiesta el sábado.

¿Qué, qué fiesta? No entiendo.

Que todos los chicos me cantaron el feliz cumpleaños,

e incluso la maestra, y me preguntaban "¿Cuándo hay fiesta?

Fiesta, fiesta" y me salió.

¿Qué cosa? ¡Que hay fiesta el sábado!

¿No podías contestar otra cosa?

(RISA) ¡Hay fiesta!

Hay fiesta, fiesta, fiesta. Fiesta, fiesta.

Bueno, no es tan grave, es un cumpleaños de chicos.

Como si no tuviéramos cosas más importantes

que andar comprando regalos.

Má, igual yo no quiero nada.

No es eso, mi amor.

Es que no estamos para fiestas.

Bueno, no te preocupes, cuñadita, si quieres podemos

hacer una cosa, yo les armo la piñata.

La piñata. Hum.

Una piñata llena de mierda, ¿no?

Eh, no, ¿cómo llena de mierda?

Mejor le pongo chiches adentro.

¿Y la torta quién la hace?

Yo hago la torta.

Ay, ¿mejor por qué no te disfrazás de payaso?

¿Sabes a quién le podemos decir que haga de payaso?

Al policía de la esquina.

(Timbre)

Hola. -Hola.

¡Enano, te buscan! -No, no, no.

En realidad te venía a ver a vos.

¿A mí? -Sí, hoy es mi cumpleaños.

Sí, de eso me enteré.

¿Quién te dijo?

Este enano. -Callate, estúpida.

Andá a limpiarte.

¿Qué pasa? Dejame con mi amigo.

No, no, no, vení, vení, pará.

Vine a confirmar lo de mi cumpleaños.

Sí, igual lo confirmaste en el colegio, ¿no?

Pero la vine a invitar a ella.

¿A ella, para qué?

Si aparte dijo que no quería ir. -¡Callate!

Es una fiesta para nenitas y yo qué sé.

Ya, no le hagas caso. -¡Soltame!

¿Puedo invitar a una amiga?

Sí, claro.

Gracias, gracias por invitarme.

Chao, María.

"Chau, María" ¿Qué te pasa, Córdoba?

¡Vamos!

¿Dónde carajos se metió tu tío?

¡Ey! ¡Ey!

¡Despertate, che! ¿Dónde está tu tío?

Dijo que iba a buscar mi regalo y se fue con la camioneta.

Escuchame una cosa, chango, mirá, yo estoy de acuerdo

en hacer la fiesta, ¿eh?

Pero tenés que ayudarnos a controlar todo,

todo el tiempo, ¿está bien?

Sí, pá, no te preocupes.

Estas cajas van a ir en mi cuarto, lo voy a cerrar

con llave, pero tus amigos no pueden ni tocar la puerta.

Sí, pá. ¡Eh, eh, eh!

Esto es importante, esto es serio, ¿eh?

¡Ah, por fin, carajo!

(Claxon)

¿Dónde estabas, Beto? ¿Dónde mierda estabas?

Pará, pará, pará. ¿Dónde carajo estabas?

¡Pará! Les traje una sorpresa.

¿Qué trajiste, Beto? Una sorpresita.

Bueno, para vos capaz que no tanto...

¿Todo bien po ahí?

¿Pero qué es esto, Beto?

¡Abuela!

¡Pollito!

Guarda la cabeza, guarda.

Hacemos como antes, se sienta.

Perfecto, ahí está.

¿Pollito? Acá.

Muy bien, muy bien, abuelita.

Ahí está.

Ahora le voy a sacar la venda, le voy a sacar la venda, ¿eh?

Se levanta el telón.

¡Hola!

Pollito, mi querido...

¡Ay, qué grande que estás, mi vida!

¡Estás muy alto!

¡Hola, hola! ¿Qué tal?

¿Charo?

¡Charo!

¡Charo, vení!

¡Mamá!

¡Ay, mi vida!

(LLORANDO) ¡Mamá! ¿Qué hacés acá?

¡Nicky, mira la abuela!

Ya tiene casi un año. Ya, mi vida, sí, su abuela.

¿Qué te pareció el regalo que te traje?

¿Qué te parece el regalo que te traje?

Escuchame una cosa, pelotudo ¿Cómo se te ocurre traer a María

para acá? ¿Vos estás loco, eh?

Ya, relajate, relajate.

No te calentés, tomé todas las precauciones.

¡Me importa un carajo las precauciones que tomaste!

Esto va en contra de todas nuestras medidas de seguridad.

¿Vos entendés eso? Relajate, relajate,

no pasa nada, confía en mí. Tomé todas las precauciones.

Escuchame una cosa, boludo, ¿cuántas veces te tengo

que decir lo mismo, eh?

La vida no es una gran aventura, no sos un pendejo, no tenés

4 años.

Bueno, ya estuvo pensado y ejecutado, mi comandante.

No jodas, no jodas, y bajá la voz, bajá la voz.

Hermano, relajate un poco, ¿cuándo vas a disfrutar un poco

de lo que estamos haciendo? Disfrutar, disfrutar, Beto.

Sí. ¡No me hables de pelotudeces,

boludos! Disfrutar, disfrutar,

hermano, disfrutar.

Disfruta que estamos acá, que estamos juntos, disfrutar...

Tenés que estar feliz por lo que vamos a conseguir.

¡Pero no me hablés de felicidad, pelotudo!

¡No me hablés de felicidad!

¿Sabés de qué tiempo es ahora?

De compromiso, de poner los huevos arriba de la mesa

y bancarte la que te toca.

La puta que te parió.

Compromiso, pendejo, compromiso.

Vengo poniendo los huevos en esto desde que tengo uso

de razón, ¿y venís a hablar de compromiso?

Compromiso, sí. ¿Cómo que "ponelos bien"?

¡La puta que te parió! Y esto también

es necesario y es importante.

Si no, ¿qué sentido tiene todo lo que estamos haciendo, eh?

No, pero ahora no es tiempo de esto, no, ahora no, Beto,

ahora no. ¿Cómo no ahora?

Ahora, ahora, si algo aprendí tantos años en esta mierda

es que es ahora, ahora se construye, hoy, acá.

Acá, con esto, no tanto con esto.

Romántico de mierda que sos, ¿Qué hacés ahí, chango?

¿Qué hacés? ¿Qué hacés?

Vení, vení, vení.

Vení, escuchá esto, vení.

¿Por qué se pelean tanto?

Porque tu papá no entiende nada, por eso.

No, no, no no, porque tu tío es un pelotudo, por eso, chango.

Ah, sí, seré un pelotudo porque las tengo bien puestas, por eso.

Ah, ¿las tenés bien puesta?

¿Sos un macho argentino, eh?

Andá y hacele mimos a Mari ahora.

¡Ah, ah, ah! Andá, se vuelve...

Eso es lo que te jode, eso es lo que te jode.

Ahora entiendo, te jode que te traje la suegra.

Haberlo dicho antes y nos ahorramos este papelón.

¿Te jode tener suegra?

Qué sé yo, no haber tenido familia.

Mirame a mí, libre como un pájaro.

¡Sos un pelotudo, Beto!

¡Pelotudo! ¡Pelotudo!

¡Gran pija argentina!

¡Sí, pelotudazo!

(Todos hablan)

Bueno, atención, señoras y señores,

quiero recordar en esta noche al gran poeta,

del cual no me acuerdo el nombre, sus versos

que decían:

"Saco pongo, saco pongo,

aquí llegó el tío Beto

y se armó el bailongo".

(Música)

Miren qué cintura, miren qué cintura.

Bueno, ¿qué hacen ahí?

¿Y?

Usted, compañero Ernesto, ha sido el elegido

para inaugurar el baile.

Sí, señor, tiene la oportunidad de elegir

entre este bonito ramillete de niñas, ¿Quién será elegida?

(Gritos)

¡Eso!

¡Bravo! ¡Qué rapidez!

¿Quién es el siguiente? Usted, ¿no quiere?

mueva a discreción.

¿Dónde va la mano? ¿Dónde va la mano?

Una señorita que esté libre, acá tenemos a este caballero

que necesita atención urgente.

Esta noche es la noche del amor.

¡Vamos, todos chicos, vamos!

(Música lenta)

Amarita, ¿quiere tomar algo? Bueno.

¿Algo fuertón?

Fuertón. Muy bien.

Ahí está, creo que nunca voy a ser médico.

¿No?

Ya está... ¿no es muy linda? Es preciosa.

No sabés lo feliz que estoy de poder ver...

Sí, es tan raro verte acá, pero a mí también me pone

muy contenta que hayas venido, ¿hum?

Ay, mamá, ya sé que lo sabes, pero te lo tengo que repetir.

No puedes contarle a nadie que nos viste,

que estamos acá, nada.

Sí, yo sé que no puedo hablar con nadie.

Pero ustedes no pensarán quedarse, ¿no?

No te lo puedo decir, mamá.

Bueno, no me lo pueden decir, pero...

Amarita. ¿Sí?

Quédese tranquila.

Disfrutemos de la velada, ¿sí?

¡Salud, mamá! ¡Salud!

¡Salud! ¡Salud!

¡Salud! -¡Salud!

Mira, yo creo que...

Yo sé que no estoy en condiciones de discutir

con ustedes acerca de lo que ustedes hacen,

ustedes saben lo que hacen

perfectamente, pero el tema es que bueno,

que la situación del país, ¿no es cierto?

Que es tan... Eh...

Nada, yo no entiendo por qué volvieron

en este momento justamente al país.

¡Ay! ¡Te quiero mucho!

Cuéntame cómo está la tía, ¿sigue en la casa?

No quiero hablar de la tía.

Y yo no quiero hablar de lo que vos querés hablar,

mamá, ¿sí? No me lo hagas más difícil.

Chango, andá a acostarte.

Amalia, tranquila, nosotros y los chicos estamos bien.

Sí, yo sé que están bien, los veo que están bien.

Pero yo quería proponerles un acuerdo,

un trato, ¿no es cierto?

Bueno, yo me llevo a los chicos, y ustedes...

¿Estás loca, mamá? Son mis hijos.

Y son mis nietos. Sí, pero son mis hijos.

No te olvides nunca de eso.

Ya no insistas, Charo, ya sabés cómo piensa.

Bueno, pero entonces que no me diga

lo que tengo que hacer.

Chango, ¿qué hacés vos acá?

¿No te dije que fueras a tu cuarto?

¿Eh? Vamos, meta.

¿Qué pasó? ¿Me perdí algo?

Vamos, che, por favor. Esto es una fiesta.

...

Amalita, ¿no tomó nada?

Salud. Salud.

Horacito, tú sí podés entender lo que yo digo

con respecto a los chicos.

Sí, sí, Amalia, pero eso no va a pasar nunca, no insistas.

Toma, mamá.

Pero escuchame, Horacio, están en peligro.

Esta es una situación muy grave.

Amalita, nosotros estamos perfectos, los chicos están

perfectos, ya los vio, están haciendo una vida normal.

¿Normal?

¿A vos te parece normal que un chico tenga el nombre

de no sé quién, el cumpleaños de no sé qué fecha,

de no se sabe quién? ¡Pobre pollito!

¿A vos te parece que eso es normal?

¿Sabés lo que no soporto, mamá?

No soporto tu miedo, no aguanto tu pánico,

toda tu vida encerrada, cagada de miedo.

Lo que pasa es que ustedes se tienen que ir,

¡están en Teresa matando gente!

¡...mamá, papá tenía razón! ¡Cagona!

¡En su puta vida hiciste algo por los demás!

¡Ustedes se tienen que ir de acá!

¡No me conocés! ¡No me conocés!

No tenés idea como pienso.

Si a mí me pasa algo, prefiero que a mis hijos

los críen dos compañeros antes que entregártelos a vos.

Bueno, Charo.

¿Vos querés que tus hijos sean guerrilleros?

¿Cuál es el problema de ser guerrilleros?

¿Vos sabés cuál es el fin de ser guerrillero?

Sí. ¿Cuál?

Que te maten. ¡Hija de puta, hija de puta!

(Gritos)

¡Basta, basta, basta! ¡No griten más!

¡No griten más! ¡Acá no se puede gritar!

¡Basta las dos! ¡Basta!

¡Y vos sos un pelotudo, Beto! ¡Sos un pelotudo!

Ser un pelotudo, eso sí que es ser un pelotudo.

¿Por qué no se tranquilizan, eh?

Por favor.

Charo, Charo. Tranquilizate, ¿eh?

Amalita, vos ya la conocés a Cristina.

Y vos ya conocés a tu mamá, ¿por qué no se dejan de joder?

Amalia, yo entiendo tu punto de vista, y también

entiendo que nos hayas podido entender nunca, que no puedas

entendernos ahora, macanudo, macanudo, ¿eh?

Pero no digas que esto es una locura, porque no lo es.

Y en el fondo, vos lo sabés, vos lo sabés.

Horacio, vos tenés un gran corazón, nos conocemos

desde hace tanto tiempo.

Tengo miedo.

Está bien, Amalia, está bien.

Podés tener miedo, todos tenemos miedo.

Aquí, es muy peligroso estar acá dentro, nos tenemos que ir

cuanto antes.

Se está haciendo tarde, ¿eh?

Te queremos.

Ven.

Va a estar todo bien, mamá. Hijita.

Va a estar todo bien, te lo juro, mami, te lo juro.

Mi chiquita, mi chiquita, mi chiquita.

Yo te juro que va a estar todo bien, mamá.

Juan, despedite de la abuela.

Te juro que va a estar todo bien.

Ay, pollito. Pollito mío.

Me acuerdo el día que naciste, vino tu abuela a conocerte.

Estaba tan emocionada, fuiste su primer nieto.

Me acuerdo cuando le dije que te ibas a llamar Juan.

Ay, Dios, cómo se puso "¿Juan?" me decía "¿Juan?

Seguro que le pusiste Juan por ese Perón".

Sí, no fuimos muy originales, ¿no?

Claro que te pusimos Juan por Perón, ¿sabés que nunca

te dijo Juan?

Por eso te dice pollo.

Bueno, ella se justifica, dice que te dice pollo,

porque cuando naciste parecías un pollito mojado.

¿Cuántos días son? Dos, nada más.

¿Y va a ir la changuita? Y sí, claro.

¡Epa!

Parece que va a haber pesca en el campamento.

Dale, no empieces. ¿Cómo que no empieces?

Eso es lo mejor que hay.

No hay nada en el mundo mejor que las minas.

¿Minas?

Minas, las minas, minas, ¡Minas!

Mirá que María no es cualquier mina, ¿eh?

Mmm, perdón, perdón, perdón.

Eso se ve, no hace falta que me lo digas.

Yo lo puedo ver, ¿Querés que te cuente un secreto?

Dale. Eh, ¿cómo "dale"?

¿Te cuento o no te cuento?

Dale, contá.

Ven, sentate.

Las minas son como...

Como un maní con chocolate.

Estás diciendo cualquier cosa.

¿Cómo cualquier cosa?

Mira, este es un secreto que muy pocos sabemos.

Maní con chocolate hay que saber comer, ¿no?

La gente agarra, chupa todo el chocolate

y se queda con el maní duro adentro de la boca,

o lo muerden ni bien se lo mete, y eso es un pecado.

Esto es así, mirá.

Tomá.

Chango, pará, pará, pará.

Pará, ¿ves? Ahí te precipitaste.

Traga, traga ese.

Tomá, exactamente hacé lo que haga yo.

Respira, respira.

Y ahora lo ponés arriba de la lengua.

Y vas dejando que se ablande

el chocolate, ¿lo sentís?

Lindo, ¿no?

Y en ese momento lo ponés debajo de los dientes,

mordé, saboreando despacio,

y vas sintiendo que esos dos sabores pasan

a convertirse en otra cosa, no es maní ni es chocolate,

es maní con chocolate, ¿Entendés?

Sí, pero ¿qué tiene que ver

esto con María?

¿Cómo qué tiene que ver con María?

Todo, a las minas hay que ablandarlas, pero no demasiado,

y yo creo que usted está casi, casi, casi en el momento de

morderlo.

¿Estás seguro? Completamente.

¿Pero por qué?

Se le nota en la mirada, está a punto de caramelo.

Hágame caso, hágame caso, que le va a ir bien.

Gracias, tío.

(CANTA) Me limpio los pies. (TODOS CANTAN) Trepo, trepo

hasta la copa, vuelo, vuelo hasta la cima,

bajo, bajo hasta el sótano, nado, nado hasta el fondo.

Me limpio los ojos no veo bien.

Hasta la copa no veo no veo, hasta la cima no veo, no veo,

hasta el sótano veo, no veo hasta el fondo no veo, no veo.

¿Qué será, qué será, qué será?

¿Limpiamos bien?

Es que no puedo ver la cima si estoy en hasta el fondo,

no veo, no puedo, no veo, no puedo.

No puedo ver la copa si estoy en el sótano.

No veo, no veo, no veo, no veo.

No veo, no puedo,

si puedo, si veo.

No veo, no juego, si puedo,

si debo.

¿Entonces estaré ciego?

¡No!

Es que si hace falta lentes de gente decente,

de gente decente.

Si hace falta lentes de gente

decente, de gente decente.

A ver, me limpio los pies.

Trepo, trepo hasta la copa

Vuelo, vuelo hasta la cima,

Bajo, bajo hasta el sótano,

Ha rodado hasta el fondo.

No puedo ver la cima

si trepo hasta el fondo.

No veo no puedo, no veo,

no puedo.

¡Tierra a la vista!

Finalmente, hemos llegado a las Indias.

Lo que Colón no sabía era que había llegado

a una tierra desconocida: América.

¡Bienvenidos a América!

(TODOS) ¡Oh, Colón!

Les entregaremos ofrendas en señal de... fra...

Fraternidad.

Fraternidad.

(TODOS) ¡Oh, Colón!

Nuestras tierras son sus tierras.

(TODOS) ¡Oh, Colón!

Nuestras riquezas son sus riquezas.

(TODOS) ¡Oh, Colón!

Le damos gracias a Dios y a la reina de España

por el descubrimiento de estas maravillosas tierras,

y aceptaremos su misión en construir una gran nación

cristiana, por eso le daremos educación y lo que Dios manda,

para que sean seres civilizados.

(TODOS) ¡Oh, Colón!

¡Muy bien, muy bien!

(Aplausos)

¿Lo toco? -No.

¡Ah! -¿Estás bien?

Sí.

Vení, vení.

(Risas)

¿Querés?

No, gracias, no me gusta.

¿Cómo no te gusta?

No, no me gusta.

No sé cómo podés ser amigo de mi hermano, es un idiota.

¿Por qué? ¿Qué tiene?

No sé, vos sos diferente.

Sos más...

¿Más qué?

¡La puta!

Qué malhablado que sos.

¿Sabés adónde me gustaría ir? -¿Adónde?

A Brasil, ¿conocés?

No.

Dicen que las playas son hermosas, que la arena es blanca

y finita, como harina.

Es mi sueño ir ahí.

Mira mi carro.

¡Acelerá!

¡Más rápido, más rápido!

¡Mirá las palmeras!

¡Enano de mierda, te voy a matar!

¡Qué pésimo gusto que tenés, Córdoba!

¡Vení, enano! ¡Vení!

Tomen, tortolitos.

Salí linda, ¿no?

Más o menos. Medio fea.

¡Ernesto!

Me tengo que ir.

Me la quedo yo, ¿no?

Sí, si no mi viejo me va a matar.

¿Por una foto?

Chau.

Estamos en ese auto.

¿Y este coche?

Papá está adentro. Vení, subí.

¿Qué pasó?

Hola, pá.

Hola, chango.

¿Qué pasó?

Tenemos que irnos unos días de la casa, por seguridad.

¿Por qué? ¿Qué pasó?

El tío Beto.

¿Cómo?

Lo que escuchaste, mi amor.

El tío Beto.

Compañeros, a pesar de la tristeza, yo quiero

recordar a mi hermano con la dignidad que se merece.

Un día me dijo que para él la felicidad no era sonreír,

que era creer, tener fe.

Creer tanto que algo era posible que sí lo podías conseguir,

y así vivir.

el tenía esa característica

A pesar de disfrutar todo lo que hacía,

él nunca perdió sus

convicciones más profundas.

Hoy tengo la seguridad de que hasta el último segundo,

fuefeliz.

Por los huevos de mi hermano.

Al compañero Beto.

Presente.

¡Al compañero Beto, carajo!

Presente.

Perón o muerte. -Viva la patria.

¿Cómo fue?

Estas cosas pasan.

Yo sé, pero quiero la verdad.

Está bien, está bien.

Estábamos haciendo una entrega en el centro, queríamos todo

controlado.

Cuando salgo a hacer la entrega,

veo a tu tío con las manos alto contra la camioneta,

con un policía detrás.

No sé lo que pasó, no sé.

Debió ver algo, porque se puso como loco, empezó a gritar.

Tu tío le dijo que se quedara tranquilo, que no pasaba nada,

pero ahí llegaron los canas y se pudrió todo.

Beto hizo un movimiento, dijo "A mí no me agarran vivo",

destrabó una granada,

abrazó al policía y se tiró adentro de la camioneta.

Explotó todo, puta madre.

Al final, todo es cuestión de segundos.

Yo sí lo necesitaba vivo, ¿quién se cree que es?

Chango, me voy a ir unos días.

Voy a ver si podemos volver a la casa.

Yo también lo voy a extrañar.

No me lo voy a olvidar nunca.

Yo tampoco.

Tío.

¿Qué hacés, changuito?

¿Querés?

¿Y?

¿Cómo te fue?

No me digás, ¿en serio?

Yo sabía, sobrino de tigre, ¿Te dije o no te dije que estaba

a punto de caramelo?

Sí.

Y ahora, ¿qué vas a hacer?

No sé.

¿Cómo "no sé"?

Dale, ya sos grande.

Pero ¿con quién me decís? ¿Con María?

No, a esa ya la tenés cocinada.

De tu vida, digo.

Qué sé yo.

¿Cómo "qué sé yo"? ¿Vos qué me decís?

Y yo ya no te puedo ayudar.

Lo único que te digo

es que no te traiciones.

Pase lo que pase, no te traiciones.

¿Y a vos qué te pasó?

Nada.

A esos culiados los tengo controlados.

No te preocupes.

¡A mí no me agarran vivo!

¡Tío!

(Explosión)

(Tos)

Juan.

Juan, vení.

Estás volando, vení.

(Gritos)

(Llanto)

¿Por qué? ¡Pará!

¡Pará, pará!

¿Por qué? ¿Por qué?

(Tarareo)

(Balbuceos de bebé)

¿Hola?

Hola, ¿María?

Sí, ¿quién?

¿Ernesto?

Sí, sí, soy yo.

¿Hola? ¿Hola?

Sí, sí, estoy acá, estoy acá.

Hola, ¿cómo estás?

Qué pena lo de tu abuelo.

Sí, eso, muy mal.

Pobrecito, ¿Hola?

¿Estás ahí?

Hola, sí, estoy acá.

Te quería invitar a un lugar que te va a gustar mucho.

¿Y la escuela?

Hoy no vayamos.

¿Ahora? -¡Dale!

Por un día que no vayas, no va a pasar nada.

¿Qué estás haciendo?

¿Con quién hablabas?

¡Contestá, Juan! ¿Con quién hablabas?

¿Qué pasa?

Estaba hablando por teléfono, ¿con quién hablabas?

¿Por teléfono? ¡Contestame!

Con María.

¿María? ¿Quién mierda es María?

Mi novia. ¡La puta que lo parió!

Juan, qué novia ni qué novia.

¡Dejate de joder!

Lo que faltaba, Juan, lo que faltaba, ¿vos no sabés

lo peligroso que es hablar por teléfono?

Sí, yo sé.

Bueno, ¿y entonces qué mierda te pasa?

Juan, ya sabés que a la escuela no vas a ir más, ya está.

Ya terminó eso.

Sí, chango, ahora tenés que ayudar a mamá, ¿eh?

Y desarmar toda la casa.

Y aguantarte piola.

¿Y qué mierda quieres que haga acá?

¿Que me quede acá haciendo qué mierda?

¡Epa! Calmate un poco y bajá la voz.

Juan, esto no es fácil para nadie, ¿eh?

Así que no hay que enojarse, y tomar las cosas como lo que son.

Es fácil decirlo.

¿Cómo? Nada.

¡Dejate de boludear, Juan!

Ya sos grande.

Chau, Nicky.

¡María!

¿Cómo estás?

Bien.

¿Volviste?

No, todavía estoy allá, soy un fantasma.

¡Idiota!

¿Cómo fue el entierro?

Bien, bueno, ¿vamos?

Dale.

(Risa)

Dale, vení, ¡dale!

Te tengo que confesar algo.

Siento algo muy fuerte por vos, acá en la panza.

Yo también lo siento.

¿En serio?

Mirá, hay cosas que uno no entiende, y eso está bien,

y otras cosas que todavía no vas a entender, ¿entendés?

Sí, no sé explicarlo muy bien, pero lo que yo siento por vos

es de verdad.

Mira, ¿te acordás cuando me dijiste que yo era diferente

a los demás?

Bueno, es eso, que yo soy quien vos crees que soy,

pero diferente, ¿entendés?

No entiendo lo que decís, pero sos lindo igual.

Quiero estar con vos para siempre.

¿Me lo prometés?

Con toda mi alma.

Mirá, te tengo una sorpresa.

Tengo plata, mucha plata.

Ajá, ¿y?

Y que vamos a estar juntos, podemos estar juntos para

siempre. -Estamos juntos ahora.

Sí, pero vamos a poder ir a donde queramos.

¿Irnos?

¿Ahora?

Vamos a poder ir a Brasil.

¿A Brasil?

No entiendo.

¿No era lo que querías?

Pero mirá, nosotros vamos a poder ir con esta plata

a Brasil, yo me consigo un trabajo fácil,

yo sé hacer un montón de cosas.

¿Estás loco?

Cómo voy a dejar a mi familia, ¿y tu familia?

Los quiero mucho, pero ahora quiero estar con vos.

Chango, ¿sabés lo que hice anoche?

Estuve en tu habitación viéndote dormir, y me acordaba

cuando eras un bebito y tomabas la teta, y te veía ahora,

¿tan rápido pasaron estos años?

Estás enorme, chango, ya sos un hombre.

Bueno, casi un hombre.

Y pensaba cuál sería la próxima vez que me sorprenda

de verte tan grande.

Cuando tengas 20, 15, qué sé yo, pero quiero que sepas que me

encanta verte crecer, y estoy orgulloso de vos.

Te quiero mucho.

A un año de finalizado

el mundial del 78

en que argentina se coronara

campeón mundial.

El equipo integrado por...

(Suena el teléfono)

Se enfrentaron con varios

suversivos en la localidad...

El enfrentamiento se preodijo

en el momento en que las fuerzas

...quisieron detener un vehículo

que circulaba de modo sospechoso

y al no acatar la orden,

se abrió fuego...

con gran intensidad

por los suversivos.

En dicho enfrentamiento,

abatieron al peligroso subversivo

Horacio Carnevale,

quien ejercía un alto rango

dentro la organización

suversiva montoneros...

(Suena teléfono)

Pa.

(Jadea)

Al compañero Ernesto.

(TODOS) Presente.

Al compañero Ernesto.

(TODOS) Presente.

Al compañero Ernesto.

(TODOS) Presente.

Peron o muerte.

(TODOS) Viva la patria.

Por Ernesto, chicos.

(TODOS CANTAN) Me limpio los ojos.

No veo bien.

Hasta la copa no veo, no veo.

Hasta la cima no veo, no veo.

Hasta el sótano veo, no veo.

Hasta el fondo no veo, no veo.

¿Qué será?

¿Qué será?

¿Qué será?

Nos limpiamos bien.

No puedo ver la cima.

Si llego hasta el fondo.

No veo, no veo.

No veo, no veo.

No puedo ver la cima.

Si estoy en el fondo.

No veo, no veo.

No veo, no puedo.

No veo, no puedo.

No debo, no juego.

No veo, no puedo.

Si puedo, sí juego.

¿Entonces estaré ciego?

¡No!

Es que te hacen falta

lentes de gente decente,

lentes de gente decente.

Te hacen falta lentes De gente decente.

De gente decente.

Juan, Juan.

¡Juan!

¡¡Juan!!

(Llora)

(Bebe balbucea)

¡Juan!

¡Juan!

¡Juan, escóndete!

¡Apúrate, escóndete!

¡Escóndete!

(Disparos)

(Bebé llora)

tranquila.

¡Quieta ahí!

¡Quieta ahí!

Tranquilo, tranquilo.

¿Cómo te llamás?

Ernesto Estrada -¿Cómo te llamás?

Ernesto Estrada -¿Cómo te llamás?

Ernesto Estrada -Dale, pendejo...

Dale.

¿Cómo te llamás?

Ernesto Estrada.

¿Cómo te llamás?

Soy Ernesto Estrada.

Tengo once años.

Voy a quinto grado.

Vengo de Córdoba.

De Córdoba.

Y tu papá trabaja en la fábrica

de maneja en chocolate.

Ya me lo dijiste, pendejo.

Ya me lo dijiste.

¿Tu papá no se llama Horacio?

Se llamaba.

Y tu mamá Cristinita.

¿Eh, Juancito?

¿Eh, Juancito?

Nosotros sabemos todo.

Decime cómo te llamás.

¿Eh?

Sí, ¿cómo te llamás?

Dale, pendejo, no seas malito.

¿Eh?

¿Dónde está mi hermana?

Pendejo de mierda.

Sos un pendejo de mierda, ¿eh?

Eres guapito.

¡Un pendejo de mierda y la concha de tu hermana!

Buscá tu ropita ahí.

¡Buscá tu ropita!

¡Pelusa!

Ahora sí nos vamos.

Pelusa.

¿Esta es la casa de tu abuela?

No sé.

¿Cómo se llama tu abuela?

¿Tu abuela se llama Amalia?

Entonces bajá.

Dale, bajá.

¿Dónde está mi hermana?

La puta que te parió, pibe.

Bajá.

¿Quién es?

¿Hay alguien ahí?

Contésteme por favor.

¿Quién es?

Soy Juan.

Somos cine - Infancia clandestina - Ver ahora

Dolor y gloria

La película de Pedro Almodóvar que arrasó en los Goya narra una serie de reencuentros, algunos físicos y otros recordados después de décadas, de un director de cine en su ocaso. Primeros amores, segundos amores, la madre, la mortalidad, algún actor con el que el director trabajó, los sesenta, los ochenta y la actualidad. Y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. También habla del teatro como elemento que dinamita/dinamiza el pasado y lo arrastra hasta el presente. Habla de la creación, cinematográfica y teatral, y de la imposibilidad de separar la creación de la propia vida.

No recomendado para menores de 16 años Somos cine - Dolor y gloria - Ver ahora
Transcripción completa

(Trinos)

Me gustaría ser un hombre para bañarme en el río desnuda.

¡Uh! ¡Qué valor!

¡Qué cosas tienes, Rosita! -Di que sí.

Y que te dé bien el agua en todo el pepe.

¡Hija mía, qué gusto! -Pues sí, pues sí.

Oye, antes de echarte al agua,

quítame al niño de encima, que me tiene "deslomá".

A ver, Salvador, vente aquí.

(MURMURA)

A ver... Mira... Aquí tienes un palo para jugar.

Vale. Venga.

Ayúdame, Mari, con las sábanas. -Voy.

¡Los pececillos jaboneros!

¡Mira! ¡Ahí los tienes!

¡Los pececillos jaboneros!

(MARISOL) Cántanos algo, Rosita. Qué bonitos.

(ROSITA) # A tu vera...

Qué bonitos son.

(TODAS) # A tu vera, # siempre a la verita tuya.

# Siempre a la verita tuya # hasta que de pena muera.

# Que no mirase tus ojos,

# que no llamase a tu puerta. #

Salvita, no te muevas de ahí.

(TODAS) # Que no pisase de noche

# las piedras de tu calleja.

# A tu vera, # siempre a la verita tuya.

# Siempre a la verita tuya # hasta que de amor me muera.

# Mira que dicen y dicen,

# mira que la tarde aquella,

# mira que se fue y se vino

# de su casa a la alameda

# y así, mirando y mirando,

# así empezó

# mi ceguera. #

(ESPIRA)

(Murmullos)

(MUJER) ¡Salva!

¡Soy Zulema!

¡Qué sorpresa! ¡Zulema!

¡Ay, qué alegría!

¿Puedes tomarte un cafecito conmigo o andas con prisa?

(SUSPIRA)

Si no escribes ni ruedas, ¿qué vas a hacer?

Vivir, supongo. Yo no puedo vivir sin actuar.

Cada vez está más difícil, pero hago todo lo que me proponen.

¿Ves a Alberto?

Creo que estuvo en Argentina... No, no, en México.

Estuvo trabajando en culebrones, pero ya ha vuelto.

Eh...

Me lo encontré en un festival de cine latino en la Riviera Maya.

Estuvo encantador.

Pasado, pero fue un encuentro muy... muy lindo.

¿Tú le has visto? No, no.

Desde el estreno de "Sabor" no lo he vuelto a ver.

Pero eso fue hace...

¿30 años?

32.

¿Sabes? Volví a ver la película la semana pasada.

¿No la habías vuelto a ver?

No. Desde el estreno no.

Y está mal decirlo, pero... me conmovió.

A mí me ha encantado siempre.

La Filmoteca ha restaurado el negativo

y van a hacer varias proyecciones.

Quieren que la presente y pensé en hacerlo con Alberto.

Me alegra que ya no le guardes rencor.

El cabrón nunca hizo el personaje que yo había escrito.

Entonces quería matarlo.

Pero... realmente no le guardo rencor.

Vista ahora la película,

su interpretación está mejor que hace 30 años.

Son tus ojos los que han cambiado, cariño.

La película es la misma.

¿Sabes cómo localizarle?

Vive en El Escorial.

Sí, en casa de alguien.

Trabaja intermitentemente, pero está guapo.

Sin renunciar a... Bueno, a tú ya me entiendes...

Me sorprende que seas tú el que no trabaja.

Siempre pensé que eras de los que no se jubilan.

Yo también.

¿Sigues teniendo el mismo teléfono? Sí. Sí, sí.

Te paso su contacto y también te paso el mío...

por si alguna vez te aburres

y escribes algo que solo pueda hacer yo.

(TOCA EL PIANO)

(Piano sonando)

(CURA AGUSTÍN) Hasta aquí. Os dejo con el padre José María.

(CURA JOSÉ MARÍA) Buenos días, chicos.

Lo primero que vamos a hacer es elegir a quiénes formaréis el coro.

¿Alguno ha cantado en un coro antes? Que levante la mano.

Bueno, vamos a hacer una prueba.

Tú, ven aquí, tú mismo.

-¿Cómo te llamas? -Rodolfo.

Vamos a ver, Rodolfo, cómo andas de vocalización. Repite conmigo.

(ENTONANDO) Cu, cu, cu, cu, cu...

-(DESENTONANDO) Cu, cu, cu, cu, cu...

-A ver...

(ENTONANDO Y ACOMPAÑADO DEL PIANO) La, la, la, la, la, la...

-(DESENTONANDO) Tarararara...

-Tú, el de al lado. ¿Cómo te llamas?

Salvador.

Bonito nombre. ¿Te gusta cantar?

Eh... No sé.

Pero te gustará la música, ¿verdad?

Sí, me gustan los Beatles y el cine.

Pues aquí ampliaremos

y dirigiremos tus gustos hacia temas menos paganos.

Vamos a hacer una prueba de vocalización.

(ENTONANDO Y ACOMPAÑADO DEL PIANO) La, la, la, la, la...

(ENTONANDO CON VOZ ANGELICAL) La, la, la, la, la...

Ri, i, i, i, i...

Ri, i, i, i, i...

La, la, la, la, la...

La, la, la, la, la, la...

(ACOMPAÑADO DEL PIANO) La, larala, la, la, la...

La, larala, la, la, la...

Vamos a calentar esas voces, chicos.

"Así fue como me convertí en el solista del coro".

(CANTAN)

"Los curas decidieron que no asistiera

a las clases de Geografía e Historia,

ni a Ciencias e Historia del Arte".

"Durante los tres primeros años del bachillerato,

el tiempo de esas asignaturas yo me lo pasaba ensayando".

"Y siempre aprobaba".

"Hicieron de mí un absoluto ignorante,

que aprobaba todas las asignaturas sin presentarme a los exámenes".

"Con el tiempo, me hice director de cine

y empecé a aprender geografía española

viajando para promocionar las películas que dirigí".

"Viajaba porque tenía éxito".

"Mi conocimiento de la geografía

coincidía con mi expansión como cineasta".

"Empecé a conocer mi cuerpo a través del dolor y las enfermedades".

"Viví los 30 primeros años con relativa inconsciencia,

pero pronto descubrí que mi cabeza, y lo que había dentro de ella,

además de ser fuente de placer y conocimiento,

entrañaba infinitas posibilidades de dolor".

"Conocí pronto el insomnio, la faringitis crónica, la otitis,

el reflujo, la úlcera y el asma intrínseca".

"Los nervios, en general, y el ciático, en particular".

"Y todo tipo de dolores musculares:

lumbares, dorsales, tendinitis, ambas rodillas y hombros".

(Pitido de acúfeno)

"Esto es un tinnitus".

"También tengo".

"Estos son sibilancias o pitos".

"También los padezco".

(Pitido agudo)

"Además de los tinnitus y las sibilancias,

mi especialidad son los dolores de cabeza".

"Migrañas, cefaleas de tensión o en racimo y dolores de espalda".

"A partir de la operación de artrodesis lumbar,

que me inmovilizó más de la mitad de la espalda,

descubrí que mi vida giraría en torno a la columna vertebral".

"Tomé conciencia de cada una de las vértebras

y la cantidad de músculos y ligamentos

que componen la mitología de nuestro organismo,

y que, como con los dioses griegos,

nuestra única forma de relación es a través del sacrificio".

"Pero no todo es tan físico e ilustrable".

"También padezco penalidades abstractas".

"Dolores del alma, como el pánico y la ansiedad,

que añaden angustia y terror a mi vida".

"Y, naturalmente, alterno desde hace años con la depresión".

"Las noches que coinciden varios dolores,

esas noches creo en Dios y le rezo".

"Los días en que solo padezco un tipo de dolor...

soy ateo".

Es aquí. Es aquí.

Muy bien.

Quédese con la vuelta. (TAXISTA) Muchas gracias.

Adiós. Gracias. Adiós, buenas.

(Telefonillo)

"¿Quién es?".

Alberto, soy Salvador.

"¿Qué Salvador?".

Salvador Mallo.

(Se corta la comunicación)

(Ladridos)

(Pasos acercándose)

¿Qué haces aquí?

Tengo que hablar contigo. ¿De qué?

De "Sabor".

¿Me invitas a entrar?

¿Te apetece tomar algo?

Lo mismo que tú. Me estaba preparando un té.

Pues eso.

Anda, mira.

Me encanta que tengas aquí "Sabor".

¿Para qué has venido?

32 años me ha costado reconciliarme con esta película.

32 años...

¡Qué bonito! ¿Qué son esos árboles? ¿Abetos?

Pinos.

¿Me vas a explicar de una puta vez

para qué has venido a verme después de 32 años?

La Filmoteca ha restaurado "Sabor". Han decidido que es un clásico.

Y la han programado para un ciclo de cine rodado en Madrid.

Me llamaron para pedirme que la presentáramos juntos.

¿Y no saben que no nos hablamos desde el rodaje?

Bueno... Si lo saben, no me han dicho nada.

Alberto, los chismes envejecen, como las personas.

Oye, ¿te importa que nos sentemos? No, no... Siéntate.

Muchas gracias.

Pero ¿y por qué te da a ti ahora por que la presentemos juntos?

Porque no la presentaste en el estreno.

¡Porque tú me lo prohibiste, maricón!

Por eso creo que es justo

que la presentemos los dos en la Filmoteca.

¿Y quién te dio mi dirección?

Zulema. Oh... Hum.

Me la encontré por casualidad y hablamos de ti.

Oye, yo voy a fumarme un chino.

Si el espectáculo te repugna, puedes irte.

Y ya nos llamamos para lo de la Filmoteca.

¿Me invitas?

No te reconozco, Salvador.

¿Qué es, la primera vez? Sí.

¿Y para qué quieres probar la heroína a estas alturas?

Por curiosidad.

Seguro que tú te estás documentando para algo.

(CARRASPEA)

La gota, la gota, la gota, la gota...

(TOSE)

(A LO LEJOS) "¡Salvador!".

¡Salva! ¡Salva!

¡Ven a echarme una mano!

Mamá, me he encontrado una novela. Muy bien, déjala ahí. Agarra.

(Pólvora)

¿Qué coño iba a saber yo que aquí era fiesta?

¡Si en nuestro pueblo no es fiesta! Yo tampoco.

Pues vaya nochecita nos espera, hijo.

Qué vergüenza.

(Pólvora)

Abre el chocolate, Salvador.

Voy, mamá.

Mamá, hay dos cromos.

Ay, deja los cromos ahora, hijo. Vamos a comer.

Liz Taylor y Robert Taylor. ¿Tú crees que son hermanos?

Pues supongo.

(SUSPIRA)

Come.

Ay, qué pena, hijo.

Aquí tirados como gitanos.

A mí me gusta la estación.

Tú eres muy novelero.

Yo no sé a quién habrás salido.

Arrópate, no te vayas a poner malo encima.

¡Huy, por Dios, qué tomate!

No te lo había visto.

Trae para acá, que te lo coso.

Mira, con el huevo.

Uy. Échate para allá. Venga, a dormir.

¿Tú sabes que tu padre, en la mili,

aprendió a coser, y a zurcir y a planchar camisas?

Lo hacía muy bien.

¿Tú crees que voy a ir a la mili?

Pues me imagino que tendrás que ir, hijo.

Pues yo no quiero ir a la mili.

Ni yo que vayas. No sirve para nada.

Mamá... ¿Qué?

¿Tú crees que Liz Taylor le coserá los calcetines a Robert Taylor?

Pues no sé...

Hombre, yo en las fotos no le veo mucha pinta de que le guste zurcir.

¿Estás bien?

(OLFATEA)

No te olvides de respirar, ¿eh?

No.

(Tañidos a lo lejos)

¡Por Dios, qué noche más larga!

Creí que no llegábamos nunca.

Te dije que esperaras unos días hasta que estuviera instalado.

Tu madre ya estaba harta de nosotros.

No digas eso. Ah, ¿no?

¿Sabes lo que dijo hace tres días? ¿Qué?

"¡Hay que ver este mes cómo subió la cuenta del pan!". ¿Tú te crees?

No se lo tengas en cuenta. Ya sabes cómo es.

Yo no voy a ser una carga para nadie.

Ese mismo día hice las maletas, y aquí estamos.

¡Salva! Salva, ven aquí. ¿O es que prefieres estar solo?

Ay, Jacinta, no me digas esas cosas. Ya...

Lo que digo es que podías haber esperado unos días.

Oye, ¿falta mucho? No.

(AFILADOR) ¡El afilador!

-Ya hemos llegado.

¿Aquí está nuestra casa?

Estamos encima.

¿Cómo que encima?

Encima.

(Zumbido)

(ALARMADA) ¿Una cueva? Es lo mejor que he encontrado.

¡Por Dios, Venancio! ¿Una cueva? ¡Salva, tira! Vamos.

¡Pero cómo vamos a vivir en una cueva!

Hay más de 300 familias viviendo en cuevas.

Es algo típico de este pueblo. No es ninguna vergüenza.

¿Esta es nuestra casa, papá?

Esta es, hijo, esta es. Pasa.

¡Una cueva!

(DESCONSOLADA) Por Dios...

Fue idea tuya dejar el pueblo y venirnos aquí.

Qué dirían en el pueblo si nos vieran...

No he tenido tiempo de encalarlo,

por eso quería que esperarais un poco.

Está todo manga por hombro. Todavía hay que apañarlo.

¡Mamá, mira, el cielo!

Mira.

(Voces indistintas)

(SUSPIRA)

Lo he limpiado lo mejor que he podido.

¿Y estás contento de que hayamos venido?

Jacinta, quería otra cosa para vosotros.

¿Tú crees que estoy contento de traeros aquí, a una cueva?

Pero no había otra cosa. Que no pasa nada...

Yo la arreglo para que parezca una casa, venga.

Pero es que tu madre... De verdad.

Decirme lo del pan delante del niño...

Mira, si a él le ha encantado...

Venga, que no te quiero ver tan serio, que te pones muy feo.

Papá, ¿puedo ponerme a barrer?

(COLOCADO) Necesito un taxi que me recoja.

En... Un momento.

¿Cuál es la dirección? Calle Pontón, 89.

Ah... Calle Pontón, 89, en San Lorenzo de El Escorial, sí.

El destino es Paseo del Pintor Rosales, 108.

Eso es.

Sí, en Madrid, claro, claro.

Muy bien... Quince minutos... Vale, gracias.

Te ha quedado claro lo de la Filmoteca, ¿verdad?

Sí. El 18, dentro de tres semanas.

Ya estoy pensando hasta en el modelo.

Pero antes nos llamaremos, ¿no?

Bueno.

¿Qué me das?

Dos besos como viejas amigas. Si hasta nos hemos fumado

el chino de la paz. Vale.

Venga, venga.

(TAXISTA) Buenas.

(Móvil)

¿Hola? "Soy yo".

Salvador, ¿es verdad lo de la Filmoteca?

Sí, sí, sí.

"Tenme informada, hombre. No pases tanto de mí".

No... Pensaba decírtelo.

"No, si me encanta que proyecten 'Sabor' y que salgas,

pero ¿seguro que quieres un coloquio con gente?".

"Se va a llenar...". No es que quiera un coloquio.

Pero tengo curiosidad por ver si la película

ha sobrevivido estos 30 años. "No lo dudes".

Pero si decides no ir, me lo dices y lo arreglo.

Mejor cancelarlo ahora que en el último momento.

Muy bien. Adiós.

Me voy ya. ¿Necesita algo? No, gracias, Maya.

Hasta mañana. Hasta mañana.

"Era el hombre más solo que la muerte ha visto jamás".

"Entré en la habitación donde estaba Johannes".

"Se había dado la vuelta, haciéndose un ovillo,

así que no había sitio para mí".

"Al intentar hacerme un hueco, se despertó e hicimos el amor".

"Pero la soledad me acompañaba

y no lograba expulsarla de mi corazón".

"Estábamos todo lo cerca que dos personas pueden estar,

pero cada uno en su mundo".

(Timbre)

(Timbre)

(Timbre)

(RESOPLA)

Hola.

¿No pensabas abrirme?

No esperaba a nadie y me duele la cabeza.

Si quieres, me voy. No, no, entra. Ya que estás aquí...

¿Y vives así, a oscuras?

Cuando me duele la cabeza, sí. ¡Pobre!

Pero pedazo de casa tienes, tío.

¿Quieres tomar algo?

Cualquier licor.

Qué maravilla.

(Golpe)

(Tos aparatosa)

(TOSE CASI AHOGÁNDOSE)

¿Qué...? ¿Qué hago? ¿Qué...? ¿Qué...?

Respira por la nariz. Respira por la nariz. Por la nariz.

(TOSE) Espera, espera... Agua.

Tranquilo...

Espera. Respira.

(TOSE CON FUERZA)

Bebe.

Cuidado, bebe. Despacio, despacio, despacio. Despacio.

(TOSE)

¡Joder, me atraganto con nada!

(RECOBRA LA RESPIRACIÓN Y TOSE)

¡Qué susto, coño! Creía que te ahogabas.

Estoy bien.

Me pasa de vez en cuando, y es horrible.

(TV de fondo)

(ASPIRA)

(Mechero encendiéndose)

(Aspiración)

(Chicas canturreando en TV)

(Sirenas a lo lejos)

(LEE) "Mi idea del cine siempre estuvo ligada

a la brisa de las noches de verano".

"Solo veíamos cine en verano".

Las películas se proyectaban sobre un muro enorme,

encalado de blanco.

Recuerdo especialmente las películas donde había agua:

cataratas, playas,

el fondo del mar, ríos o manantiales.

Con solo escuchar el rumor del agua,

a los niños nos entraban unas ganas tremendas de orinar.

Y lo hacíamos ahí mismo, a ambos lados de la pantalla.

En el cine de mi infancia siempre huele a pis.

Y a jazmín.

Y a brisa de verano.

(CANTA "KISS")

(Doble clic)

(COLOCADO) ¿Qué haces ahí?

Leyéndote.

Acabo de leer "La adicción".

Pues no deberías.

Algo tenía que hacer.

Tú estabas grogui.

¿Puedo?

Sí, sí.

¡Uy, qué bueno!

Oye, me ha flipado el cuento, tío.

No es un cuento.

Bueno, pues lo que sea.

Podría llevarse al escenario tal cual.

Gracias, pero no es un texto dramático.

Da igual.

Yo podría interpretarlo.

Sé muy bien de lo que habla. ¿Tú?

Tú estás en el lado opuesto a ese texto.

Olvidas que soy actor...

y que sufro muy bien.

Salvador, necesito volver a actuar.

Yo hace tiempo que me bajé del pedestal, ¿eh?

Mira, estoy en contacto con la sala Mirador.

Sé que es una sala muy pequeñita, muy "off".

Para montar "El bello indiferente", de Cocteau.

Con hombres. Para darle un punto.

Pero, si te digo la verdad, prefiero con mucho tu texto.

Dame una copia para los de la Mirador.

¡Alberto, para!

Pero ¿para qué lo escribiste?

Lo escribí para olvidarme de su contenido,

pero no quiero hablar de ello.

¿Te importa pasarme lo que queda en la papelina?

Toma. No soy una camella, tío.

Toma. Te la regalo.

Pero adminístrala con discreción. Vale.

Que estos descubrimientos tardíos son los peores,

y te veo muy "killer". Vale.

Oye, piensa en lo que te he dicho de la sala Mirador.

Sí, sí, sí.

¿El dolor de cabeza se te ha quitado?

Totalmente.

¿Ves? Eso es.

("¿Cómo pudiste hacerme eso a mí?")

(Pasos acercándose)

¿Estará de camino? No sé.

Esta gestión la has llevado tú personalmente.

No lo entiendo. Se la enseñé restaurada y le encantó.

-¿El baño? -Ahí a la izquierda.

-Gracias.

¿Por qué no le llamas?

-Oye, perdona, ¿va a haber coloquio?

-Sí, sí, sí. El director está de camino.

-Vale.

(Sonido de móvil y vibración)

La Filmoteca.

Sí, trae, trae, trae.

¡Yo no doy crédito, tío!

¡Montas todo este numerazo para después no ir!

¡Con lo que me ha costado que me dejaran esta chupa!

Ve tú.

¿Eh?

¡Pero cómo voy a ir yo solo! No quiero que me vean así.

¿Que te vean cómo?

¡No vamos a un concurso de belleza, sino a un puto coloquio!

No quiero que me vean drogado y titubeante.

Cuando pises el escenario, te vienes arriba.

Con lo que tú has sido... Uy, eso era antes...

Y sin haber tomado heroína.

(Móvil)

Salvador, ¿dónde estás?

En casa. "¿Todavía?".

La película ha terminado, el público os está esperando.

"Ah, ¿sí?".

Estoy con Salvador Mallo.

Eh... Pensábamos ir los dos. Alberto Crespo está conmigo.

Y el protagonista, Alberto Crespo.

¿Os importaría repetir el aplauso para que lo oigan?

A ver si así se reaniman, ¿eh?

(Aplausos por el mano libres)

¿Me está escuchando todo el mundo?

"Sí, Salvador.

"Eh... Bueno...".

Quería pedir disculpas a los espectadores.

En el último momento... no me encontraba bien.

Eh...

"Estoy con Alberto Crespo. Él se ha quedado"

para acompañarme. "Salvador, disculpa,"

están levantado la mano, creo que te quieren preguntar algo.

-Es una preguntita para el director.

"Señor Mallo, ¿qué piensa usted

de la interpretación de Alberto Crespo en la película?".

"Hay gente que dice que no quedó contento

y que se distanciaron por eso".

(ESNIFA)

-Salvador, ¿has escuchado la pregunta?

Sí, sí, sí, la he escuchado.

-Yo he leído que, después de "Sabor", discutieron,

"que no se habían vuelto a ver".

Mira... El tiempo es misterioso.

Volví a ver la película hace un mes,

y me parece que la interpretación de Alberto ha ganado mucho

desde que la estrenamos.

(SORBE)

-¿Qué era lo que no le gustaba entonces?

Su pesadez.

Su ritmo letal.

Yo concebí un personaje dinámico, un cocainómano divertido y mordaz.

Alberto no tenía la ligereza que yo le pedía.

No porque fuera incapaz,

sino porque tomaba la droga opuesta al personaje.

Tomaba caballo.

El ritmo de su interpretación

"era más grave, el humor del texto desaparecía".

Pero tengo que ser justo.

Ahora creo que esa gravedad le va bien

al personaje, le da...

peso.

(Golpe a través del móvil)

¿Cómo te atreves?

No pensaba decirlo, pero dicho está.

Ten cuidado conmigo, ¿eh?

¡No voy a permitir que me humilles otra vez!

¿Tú quién coño te crees que eres? Solo he dicho la verdad.

Antes de rodar, me prometiste

que no tomarías caballo en el rodaje.

¡Te di el papel por eso y me mentiste!

¡Hiciste lo que te salió del rabo!

Y algún día tenía que decírtelo.

¡Estás como una puta cabra!

Yo le doy todos los recados.

Ya.

Últimamente me huye.

¿Seguro que está bien? Come poco. Y se atraganta muchísimo.

Tú prepara toda la comida en puré.

¿Sale a pasear?

Yo no lo veo.

Pero camina por aquí por la casa, por el pasillo.

Ya. He visto

unos mocasines en la entrada y nunca le han gustado.

Pues se los pone. Aunque tiene mil zapatillas muy bonitas.

Maya, dile que a ti no te importa

abrocharle los zapatos y las zapatillas.

Debe costarle muchísimo abrocharse los cordones. Pobre.

Sí, se lo digo, señora Mercedes, pero él no quiere.

Yo creo que le da vergüenza, y me da mucha pena.

No sé qué hacer.

Pues ponerle buena cara y cuidarle en todo.

Y si tú ves algo raro, me llamas.

Señora Mercedes, aquí todo es raro.

Ya.

(Murmullos)

(Murmullos y risas)

(Voces indistintas)

(ACENTO EXTRANJERO) ¿Puedo ayudarte en algo?

No sé.

¿Qué buscas?

Dos micras.

Diez euros.

Diez euros. Sí.

Pero no me vayas a traer una mierda.

Si es buena, volveré.

Dame la pasta.

No, no, no. Cuando traigas el material.

Al contado y ahora.

Espérame aquí.

(HOMBRE 1) ¡Vamos!

(Gritos)

¡Vamos! ¡Vamos!

(HOMBRE 2) ¿No tienes caca?

(HOMBRE 1) ¡Vamos!

¡Maricón! ¡Vamos! ¡Vamos, que te voy a matar!

-¡Ah! -Tranquilo, tío.

(HOMBRE 1) ¡Ah!

¡Ven aquí! ¡Ven aquí! ¡Dios!

(MURMURAN)

¡Maricón, ven aquí, ven!

(Sirenas)

(Tañidos a lo lejos)

Sí, sí.

-¡Mira el niño! Tan pequeño y mira cómo lee.

-¡Oye!

-¿Sabes también escribir? -Sí.

¿Y cuánto nos cobrarías

por escribirle una carta a una tía mía de Bilbao?

No lo sé.

¿Qué pasa?

Queríamos que su hijo nos escribiera una carta.

Porque mi novio es analfabeto.

-¿Cuándo voy a aprender? Si me paso todo el día trabajando.

-Si no perdieras el tiempo dibujando...

¿Tú eres albañil? -Y pintor.

Claro... Qué pena. Tan guapo, que seas analfabeto.

Pues mi Salvador puede enseñarte a leer y a escribir, ¿verdad?

Por las noches, cuando termines de trabajar.

A la hora que a ti te venga bien.

¿Y me podrías enseñar las cuatro reglas también?

Sí. Por supuesto.

Las cuatro reglas, para que nadie te engañe.

Si es que en este mundo en que vivimos,

ser analfabeto es un atraso.

Voy a por el papel y el lápiz para escribir la carta, ¿eh?

-¿Cuánto nos cobraría? Nada, mujer, nada.

Mira, como tú eres albañil,

podrías ayudarme a terminar la cocina

y a pintar un poco las paredes, ¿eh?

Cuando a ti te venga bien.

-Como no sean los domingos... -¡Los domingos, muy bien!

A cambio, mi Salvador

te enseña a leer, a escribir, las cuatro reglas.

Y la carta de hoy, gratis. -Gracias.

(Eduardo) "A, B, C, CH, D...".

Eduardo, ¿cuándo me vas a poner la pila?

Que tengo que lavar todo en estos baldes...

Antes quería terminar de jalbegar las paredes.

No, la pila, la pila es más urgente.

Ya me he acostumbrado a los desconchones.

Es que Salvador me pone muchos deberes y no tengo tiempo.

Salvador...

Si quiere aprender a leer y a escribir,

debe aprenderse el abecedario de memoria.

Venga, Eduardo, empieza otra vez.

"A, B, C,

CH, F,

J...". No, Eduardo.

Es: "F, G, H, I, J, K".

Antes lo habías dicho bien.

Es que son muchas letras.

No te quejes más. Son las que son.

(CONDESCENDIENTE) No, Eduardo, no se coge así. Dame el lápiz.

Mira, se coge así.

¿Vale? Ahora hazlo tú.

¿Así? Sí.

Así.

No, Eduardo, no hace falta apretar tanto.

Deja la mano suelta, yo te la llevo.

(AMBOS) "U".

Estoy un poco nervioso.

No pasa nada. Así está mucho mejor.

¿Te gusta dibujar? Mucho.

Entonces, aprenderás muy rápido a escribir

porque escribir es como dibujar pero con letras.

Ahora hazlo tú solo, venga.

"U, U".

Eso es.

Lee la frase.

(EDUARDO, LEYENDO CON DIFICULTAD) Una... santa...

ca-tó-li-ca...

apos...

tó-li-ca.

(EDUARDO, LEYENDO DE SEGUIDO) Una santa católica apostólica.

¿Y esta quién es?

¡España! ¿Quién va a ser sino?

Hum...

Escríbela toda seguida.

Muy bien, Eduardo, ahora lo haces mucho más seguido que antes.

Hay un montón de invitaciones.

No estaría mal que salieras a algún sitio.

Cecil Beaton... Yo te acompaño donde quieras.

Ya me gustaría a mí. Ha empezado la temporada de danza.

Vienen Dimitris Papaioannou y Jan Fabre a los Teatros del Canal.

Las butacas de los teatros públicos son las más incómodas para mí

y no quiero salirme a la mitad.

¿Has ido a ver al doctor Galindo?

No. Estoy harto de médicos.

¿Cómo consigues la Oxicodona?

Me la consigue un amigo, su madre es farmacéutica.

Ha llegado este libro para ti.

(LEE) "Cómo acabar con la contracultura".

Y yo qué sé...

Ah, del Guggenheim nos piden dos de los Pérez Villalta.

Le van a dedicar una antológica. No, no, di que no.

Esos cuadros son mi única compañía.

Yo vivo con esos cuadros, Mercedes.

(Móvil)

Perdona.

Hola.

Dime.

Sí.

Sí, sí, sí, te escucho.

Oye, tengo que dejarte. No... No puedo seguir hablando.

Oye, no es asunto tuyo dónde estoy.

(COLOCADO) ¿Pasa algo?

No.

Estoy separándome de Luis.

No sabía que tuvierais problemas.

No quería molestarte.

La cosa viene de lejos y...

Y ahora que tengo que pasar tanto tiempo en casa,

no podía seguir engañándome.

Lo siento.

Así que, si no te importa,

me gustaría seguir encargándome de tu correo.

A la gente le gusta que se le responda.

Pero siempre es que no.

Pues algo deberías hacer.

Tienes demasiado tiempo libre para pensar en tus dolencias.

Dale a tu cerebro algo para que se entretenga.

También me gustaría hacer más cosas, Mercedes, pero...

Podrías escribir.

Tienes un montón de documentos llenos de ideas para desarrollar.

Te hago una lista.

No quiero escribir si después no puedo rodarlo.

Y tú mejor que nadie sabes

que no me puedo enfrentar a un rodaje en estas condiciones.

Sin rodar, mi vida carece de sentido.

Pero así están las cosas.

Llámame, ¿eh? Llámame para lo que necesites.

Sí, sí.

Bueno...

Jacinta, has dejado la cueva preciosa.

Uy, y esa luz, Dios mío, qué maravilla.

A veces llueve.

Bueno, hija, pero no hay que ser tan egoísta, Jacinta.

La lluvia es necesaria. Piensa en el campo, en los agricultores...

Pues también es verdad. Claro.

Bueno, Salvador. A ver...

Desde que tu madre me dijo que, con nueve años,

eras todo un maestro, pensé: "Este niño debe ser para Dios".

Él ha ido siempre por delante de los de su edad.

¿Te gusta enseñar, Salvador? Sí.

¿Y te gustaría estudiar? Sí, mucho.

¿Por qué?

Para saber más y poder enseñar más cosas.

Muy bien.

Muy bien. A eso lo llamo yo vocación.

Hablaré con el padre José María, y él se encargará de todo.

Muchas gracias.

Salvador, el próximo curso ingresarás en un seminario

para estudiar el bachillerato, ¿eh?

A ver cómo te portas.

No a todo el mundo le dan una beca para estudiar.

¿Entonces lo de la beca ya es seguro?

Sí, mujer. Estate tranquila.

Y tú a ver cómo me dejas. Piensa que eres uno de los elegidos.

Bueno, me voy, que todavía tengo alguna visita que hacer.

¿No quiere un poco más de zumo?

No, muchas gracias. Estaba buenísimo. Adiós, Salvador.

Qué bonitas han quedado las paredes encaladas, está precioso.

Están mejor, sí.

Si te digo la verdad, te tengo mucha envidia.

¿A mí?

Vivís en unas catacumbas, igual que los antiguos cristianos.

Pues sí, así vivimos.

¿Voy a coser el domingo?

Sí, te espero el domingo en casa, hija.

Muchas gracias. De nada.

Mamá. ¿Qué, mi amor?

¿Un seminario es un sitio para ser cura?

Sí. ¿Te hago una tortilla de patatas de esas que te gustan a ti?

¡Guapo!

¡Yo no quiero ser cura!

No hace falta que lo seas.

¿Entonces por qué quieres que vaya?

¡Pues porque para los pobres no hay otro modo de estudiar!

Por eso.

¿Qué quieres que haga yo?

(SUSPIRA)

(Pasos corriendo)

¡Salvador!

¡Salvador!

¡Salvador!

¡Cuidado qué niño!

¡Salvador!

¡Baja de ahí!

¡Baja!

¡No quiero ir al seminario!

Cuando termines el bachillerato, te sales.

Ya se nos ocurrirá una manera de que hagas una carrera.

Que no te veas como tu padre...

¡No quiero ir al colegio! ¡Quiero quedarme aquí!

¿Y qué vas a hacer aquí, hijo?

¿Eh? ¿Qué vas a hacer aquí? ¿Matarte a trabajar en el campo o en la obra?

¿Es eso lo que quieres?

No quiero ser cura.

(LEE) "La vida me disgusta como una medicina inútil".

"Y es entonces cuando siento con visiones claras

lo fácil que sería alejarse de este tedio

si tuviese la simple fuerza de querer alejarlo de verdad".

(Telefonillo)

"¿Quién es?".

Soy yo.

"¡Vete!".

Ay...

(Telefonillo)

Si no te vas, llamaré a la policía. Alberto, vengo a negociar.

Te doy los derechos para interpretar "La adicción".

No te creo. Vete. Estoy ocupado. De verdad.

Aquí traigo una copia del texto. Por favor, ábreme.

Como sea una trampa, vas a salir de aquí

más contrahecho de lo que ya estás.

¿Qué pasa? ¿Estás en huelga de hambre?

¿Sigues con la idea de hacer Cocteau en la sala Mirador?

Sí, pero tengo muchas dudas.

El texto es muy bonito, pero se ha quedado antiguo.

Si de verdad me das "La adicción", me pongo a "full" con ello.

Tendría que informar a los de la Mirador, claro.

Aquí lo tienes.

¿A qué se debe este cambio?

Le he dado una vuelta al texto, como me dijiste, y...

Te sigo contando si me invitas a un té.

Claro.

¿Algo más?

Sí, no quiero firmarlo yo. Y no digas que es mío.

No quiero aparecer por ningún lado. Muy bien. ¿Me dirigirás tú?

No, no. Hombre, eso ayudaría.

No, no, no. Dásela a los del teatro,

que la lean y que juzguen si les interesa,

pero no des mi nombre.

¿Entonces quién es el autor? Tú.

O inventamos un seudónimo.

¡No, no, no! Yo lo firmo, yo lo firmo.

Pero no te entiendo...

Es un texto confesional.

No quiero que nadie me identifique. Ya.

Eh... Sobre la puesta en escena,

te sugiero un escenario vacío.

Una pantalla. Una silla,

si no sabes qué hacer con los brazos y las manos.

Sé perfectamente qué hacer con los brazos y con las manos.

Después de corregirlo,

reconozco que ha quedado un poco melodramático.

No te preocupes, también controlo el melodrama.

De algo me servirán mis años mexicanos.

Por eso te lo digo. Tienes que huir de sentimentalismos.

Controla la emoción.

No llores, los actores aprovecháis cualquier pretexto para llorar.

No es mejor actor el que llora,

sino el que lucha por contener las lágrimas.

Déjame que te dé un beso, maricón.

Oye, yo, si no te importa, voy a ponerme a trabajar ya.

Tú, si quieres quedarte, estás en tu casa.

Por cierto, tengo un montón de revistas de los 80.

Que en alguna sales tú, vestido de mujer.

Que muy pronto se te olvida a ti esa época.

Bueno, pero antes invítame, anda, y dame la dirección de tu "dealer".

Dile que yo mismo iré a recoger el material.

Que no hace falta. Si ahora te lo traen a casa, como Telepizza.

Mechero.

Toma.

No. Todavía no.

¿Y eso?

Estoy bajando la dosis, lo justo para poder trabajar.

¿Y puedes hacerlo?

¿Cómo crees que he llegado hasta aquí?

Entrando y saliendo.

Es una esclavitud.

Pero esta función es vital para mí.

Y tengo que hacerla lo más limpio que pueda.

No quiero perder ni un ápice de la emoción

que has puesto en estas páginas.

¿Vendrás a verme?

No sé. No, no creo.

Esta vez no hago a Shakespeare, ni a Chejov, ni a Lorca.

Te hago a ti.

Si lo haces mal, me sentiré fatal.

Y si lo haces bien, me sentiré mucho peor.

(RESOPLA CONMOVIDO)

(LEE) En el cine de mi infancia siempre huele a pis.

Y a jazmín.

Y a brisa de verano.

(Música instrumental)

(Se mueve al compás de la música)

(Para la música)

Conocí a Marcelo en un váter lleno de gente.

No era la primera vez que lo veía.

Pero fue esa noche,

después de rozarnos casualmente,

cuando descubrí que me gustaba aquel chico.

El fin de semana lo pasamos entero en la cama.

Y cuando quise darme cuenta,

había pasado un año y ya no podíamos vivir el uno sin el otro.

Estábamos en 1981...

y Madrid era nuestro.

Un día, encontré a Marcelo más pálido de lo habitual.

Últimamente había adelgazado...

y estaba muy ojeroso.

Le pregunté si no se sentía bien,

y él me confesó que había empezado a tontear con el caballo.

Me sorprendió porque yo no lo había tomado nunca.

Bebía y esnifaba cocaína, como todo el mundo.

Pero caballo nunca.

Intuí que aquello no era bueno y no me gustó.

Yo estaba en plena vorágine. Escribía crónica nocturna,

participaba en programas musicales,

cantaba en un grupo de punk paródico,

preparaba mi primera película.

La rodé, se estrenó, tuvo éxito.

Escribí la segunda, la rodé.

Yo hacía mil cosas, no dormía,

mientras Marcelo languidecía tirado en el sofá de casa

o encerrado en el cuarto de baño.

"O fuera de casa, en algún lugar que yo desconocía".

"Yo me pasaba la noche yendo y viniendo de la ventana a la cama,

pendiente de escuchar el ruido de la puerta".

Aquí tiene sus entradas. -Gracias.

Madrid se había convertido en una plaza difícil,

como dicen los taurinos.

Así que viajábamos continuamente,

cualquier cosa con tal de salir de Madrid.

Lo peor eran los primeros días.

Mientras Marcelo se recuperaba del mono, yo le cuidaba y escribía.

No sé cómo, pero escribía.

Marcelo era muy joven,

los monos le duraban poco. Tres, cuatro días...

Después nos tirábamos a la calle y disfrutábamos como niños.

(SUSPIRA)

Recuerdo la Costa de Marfil.

Decenas de jóvenes musculosos

lavando la ropa en el río sobre llantas de coche.

El malecón de La Habana, de día o de noche.

La Habana Vieja latiendo dulcemente

al ritmo de percusiones que no cesan.

Recuerdo México D. F.

Marcelo y yo, borrachos,

escuchando a Chavela Vargas cantando "La noche de mi amor".

(CHAVELA VARGAS) # Quiero

# la alegría de un barco volviendo,

# mil campanas de gloria tañendo. #

(Para la música)

Aquellos viajes, cuya única razón era huir de Madrid,

huir del caballo,

se convirtieron en mi mejor escuela.

En esos viajes encontré la inspiración

para escribir las historias que, años después, contaría

y los colores que las iluminarían.

Pero no podíamos pasarnos la vida viajando.

Tarde o temprano había que volver a Madrid.

Y Madrid era un campo de minas, un callejón sin salida.

Yo estaba desesperado, no sabía qué hacer.

Excepto repetirme.

Los dos... nos repetimos durante tres largos años.

Yo creía que la fuerza de mi amor

vencería su adicción, pero no fue así.

El amor no es suficiente.

El amor tal vez mueva montañas...

Pero no basta para salvar a la persona que quieres.

Bajo el muro encalado de blanco

donde se proyectaban las películas de mi infancia,

yo rezaba para que a las protagonistas

no les pasara nada.

Pero no lo conseguí.

Ni con Natalie Wood ni con Marilyn.

Después intenté salvar a Marcelo y salvarme yo.

Si Marcelo se salvó, fue lejos de mí.

Y en cuanto a mí, yo me quedé en Madrid...

y el cine me salvó.

(Llaman a la puerta)

Entra.

Hola.

(ACENTO ARGENTINO) Buenas noches.

Buenas noches.

Pasa, adelante.

¿Nos conocemos?

Sí.

No te recuerdo.

Hace tiempo, cuando preparabais "Sabor" con Salvador Mallo.

Lo siento, no lo recuerdo. Nos vimos dos o tres veces.

Soy Federico, el Marcelo de tu monólogo.

¿Te ha gustado la función?

No sé...

Gustar no es la palabra. Me ha impresionado mucho.

Tú eras el que llorabas, ¿verdad?

Sí, supongo.

Siéntate.

Imagino que tendrás algunas preguntas que hacerme.

¿Salvador vive?

(Móvil)

¿Qué tal ha ido la función hoy?

Muy bien. Llena.

Lástima que la sala sea pequeña.

Mejor, así ganas en intimidad.

Hoy ha venido un espectador muy íntimo.

"¿Quién?".

Te lo digo si prometes venir a verme al teatro.

"¿Quién es ese espectador tan íntimo?".

Federico.

¿Qué Federico? "Federico Delgado. Tu Marcelo".

"Ha venido a verme al camerino".

¿Ha reconocido el texto?

Cada palabra.

Me ha pedido tu teléfono y tu dirección.

"¿No le has dicho nada más?".

No.

De los chinos que te fumas no le he dicho nada.

"Gracias. Un día iré a verte".

Ya...

(Móvil)

(Móvil)

(FEDERICO) "¿Salvador?".

Sí.

"¿Eres tú? No te habría reconocido. Soy Federico".

Federico...

"Estoy en Madrid".

¿Y qué haces aquí?

"He venido a ver a unos abogados por una herencia".

"Me voy mañana por la noche. Me gustaría verte".

A mí también, pero estaba ya en la cama.

¿Te importa si nos vemos mañana? "¿Te va bien a mediodía?".

"Por la tarde es la reunión con el abogado".

Perfecto, sí.

"No te he preguntado cómo estás".

Viejo.

"Cinco años más que yo, ni uno más".

¿Y tú cómo estás?

Uf... Ahora mejor. Al salir del teatro estaba hecho polvo.

He ido a ver "La adicción".

¿Y cómo sabías que se representaba?

"Por casualidad".

Fui a caminar por Embajadores

para dar una vuelta por nuestra calle.

Estuve frente a nuestra casa.

Claro, el teatro está un poco más arriba.

"Sí".

Entré para hacer tiempo

y porque recordaba a Alberto Crespo por tu película.

"Y te encontraste de golpe con...".

Sí. De golpe.

No sé cómo pedirte perdón.

Yo no sabía cómo te sentías tú, todo lo que habías sufrido.

Fue una buena escuela.

"¿Cómo?".

No tienes por qué pedir perdón.

Yo no hice nada que no quisiera hacer, Federico.

Ah...

Intenté ayudarte hasta donde pude.

Y yo te lo agradezco y quisiera podértelo demostrar algún día.

Oye, mira, yo no creo que pueda dormirme después de esto.

¿Me das veinte minutos para ducharme y vestirme y nos vemos en mi casa?

Venga. Sí.

(Telefonillo)

¿Sí?

"Soy Federico. ¿Me abres?". Venga.

(Ascensor abriéndose)

¡Cuánto tiempo, cabrón! Ven aquí. Sí.

(RÍEN AMBOS)

Mucho.

¿Me habrías reconocido si me ves por la calle?

Tendría que haberme fijado, pero sí.

Los ojos son los mismos.

Perdona que te haya levantado. No... Pasa.

Parece un museo.

Todo lo que he ganado

lo he invertido en esta casa y en estos cuadros.

Después te hago un "tour". Sí...

¿Qué quieres tomar? Cualquier cosa.

¿Tequila?

Sí. Tequila. En honor a Chavela.

Cuando la mencionas en tu monólogo, no pude contener las lágrimas.

Bueno, pues venga.

Tequila por Chavela y para celebrar nuestro encuentro.

Sí.

Me encanta tu casa.

¿Tú dónde vives ahora?

En Buenos Aires.

En Buenos Aires tenías un tío...

Sí. Me fui allí en el 85.

¿Tan pronto?

Sí.

¿Te hago un resumen ahora o después de brindar?

Salud.

Salud.

Uh...

El resumen.

Después de separarnos, me quedé un año con mis padres.

En ese momento las rutas del caballo no pasaban por Argentina,

así que me fui allí con mi tío

y empecé a trabajar con él en su restaurante.

No podía tomar caballo porque no había,

así que fue el mejor modo de dejarlo.

Conocí a Lucrecia, mi mujer, nos casamos.

Ahora tengo dos hijos mayores, mi propio restaurante

y en todos estos años solo he vuelto a Galicia para ver a mis padres.

Esta es la primera vez que piso Madrid.

Como dices en tu monólogo, Madrid se había convertido

en una plaza difícil para mí, un campo minado.

Lástima que tú vivieras aquí...

Yo necesitaba Madrid.

También te necesitaba a ti, pero no en esas condiciones.

"El amor no basta para salvar a la persona que amas",

ya lo dices en tu monólogo.

No hablemos del monólogo, es un texto muy triste.

Me he quedado más tranquilo

cuando dices que, mientras me cuidabas,

seguías evolucionando como escritor y como cineasta.

¿De verdad te sentías así?

Tú no interrumpiste nada, Federico.

Al contrario.

Llenaste mi vida como nada ni nadie...

lo ha hecho hasta ahora.

Así que no habías vuelto a Madrid desde entonces...

No. Pero seguía todo lo que hacías.

Y... Y me alegraba

cuando reconocía alguna escena claramente inspirada en nosotros.

Cada película tuya era un acontecimiento en mi vida

y me llenaba de orgullo que tuvieras éxito en todo el mundo.

Eres el único director español que conoce mi familia.

Tu nueva familia...

Sí.

¿Saben algo más?

¿Te refieres a nosotros?

Lucrecia, mi mujer... Bah, mi exmujer, nos estamos separando.

Sí, se lo conté. No sabe que eres tú,

sabe que estuve con un tío en Madrid durante tres años.

Y también se lo he contado a uno de mis hijos para animarle.

Con el tiempo le contaré que eres tú.

Es muy cinéfilo

y no me lo perdonaría que no se lo dijera.

¿Tienes pareja ahora?

Sí.

¿Y tú?

No.

¿Hombre o mujer?

Mujer.

Mi experiencia con los hombres terminó contigo.

No sé cómo tomármelo.

Tómatelo como un halago.

Él es Mauro, es el más chiquito.

Y este es Federico. Ya tiene 22.

Se parece mucho a ti.

Sí. A este es al que ya se lo he contado.

Muy guapos los dos.

Tienes que venir a Buenos Aires.

La ciudad te va a encantar y seguro que te inspira también.

Quiero que conozcas a mi familia,

que vengas a comer al restaurante, que nos emborrachemos juntos.

Bien...

Por los viejos tiempos.

¿Quieres que me quede a dormir contigo?

Claro que quiero,

pero vamos a cerrar nuestra historia como Dios manda.

Nunca nos importó Dios

y nuestra historia la podemos cerrar igual de bien mañana por la mañana.

En cualquier caso, me alegra ver...

que todavía te excitas conmigo.

Lo mismo digo. Tú también te has excitado.

Sí, vete. Vete.

Vete. Sí, me voy.

Tienes razón, como siempre.

Bueno, recuerda que has prometido venir a visitarme a Buenos Aires.

(CHISTA)

Buen viaje.

Muchas gracias por venir. De verdad.

Te llamaré para recordártelo.

Sí... ¿Salvador?

"Mercedes, ¿te pillo bien?".

Sí, sí, dime.

Mira, me gustaría ir a ver al doctor Galindo cuanto antes.

¿Qué has tomado? "Nada".

Un simple ansiolítico, hace dos horas,

y unos chupitos de tequila.

Y voy a tomar mi ración legal de pastillas

"trituradas con yogur líquido".

¿Quieres que pida cita con el digestólogo?

Sí, cuanto antes.

"Muy bien".

Venga, adiós. Adiós. Besos.

(Puerta abriéndose)

¿Salvador Mallo?

Sí.

Pasen por aquí, por favor.

Gracias. De nada.

Buenos días, doctor. (GALINDO) Buenas, adelante.

Muchas gracias por hacernos un hueco, doctor.

No hay de qué. Cuéntame, Salvador.

Los dolores de espalda me están machacando.

La Oxicodona casi no me hace nada.

Pues habrá que cambiarte de analgésico.

¿Cómo no has venido antes?

Estaba muy bajo de ánimo. Sí. Ha estado muy deprimido.

¿Y qué has hecho para controlar el dolor?

He empezado a tomar heroína.

¿Y piensas seguir tomando? No. Por eso estoy aquí.

¿Con qué periodicidad estabas tomando?

Cada dos o tres días.

Al final, un día sí y otro no. Fumada en chinos.

¿Y cuándo has tomado por última vez? Antes de anoche.

¿Voy a tener síndrome de abstinencia?

Un poco, pero con una desintoxicación compasiva

y controlada no vas a sufrir.

¿"Compasiva y controlada"? Sí, así se llama.

¿Tienes a alguien que te asista? Sí, sí. Yo voy a estar con él.

¿Y cómo has controlado este día y medio que no has tomado?

Con ansiolíticos y una voluntad férrea.

Esa voluntad la vas a seguir necesitando.

Tu mente ya conoce el efecto de la heroína y eso no se olvida.

¿Sigues con el Paxtibi para la cabeza?

Sí, y con todo lo demás.

Para el asma, la tensión, el insomnio... Sí.

Pero sobre todo necesito que me ayude

con los dolores de espalda

y que ponga un poco de orden en todo lo que tomo.

También con las migrañas.

Los dolores de espalda y de cabeza me paralizan totalmente.

Entiendo.

¿Tienes algún proyecto, Salvador?

Sí, mejorar mi calidad de vida.

Me refiero al trabajo.

Te vendría bien estar ocupado.

¿No lo echas de menos?

No hay un solo día que no piense en ello.

Pero la cuestión no es si lo echo o no de menos.

El cine es un trabajo muy físico

y, desgraciadamente, yo no estoy en condiciones.

En realidad, ese es mi gran problema.

Hay gente que está peor que tú y sale adelante.

No, lo sé, lo sé.

Pero yo no he sido capaz.

Mi madre murió hace cuatro años.

Dos años después me operé de la espalda.

Creo que todavía no me he recuperado,

ni de una cosa ni de la otra.

Necesito ayuda, doctor.

Bien. Voy a cambiarte la Oxicodona por otro opiáceo.

La idea de la heroína se te pasará por la cabeza.

Debes estar atento.

Sí.

Te voy a extender las recetas y ahora te explico las pautas.

¿Os importa si salgo al pasillo y me muevo un poco?

No, no, sal. Sal.

Doctor, muchas gracias.

No hay de qué.

Bueno, vamos a ver... Hay algo más, doctor.

¿Algo más?

Salvador se atraganta con frecuencia.

Hace una hora, cuando veníamos al hospital,

por solo beber un poquito de agua creía que se ahogaba.

El digestólogo le ha hecho una endoscopia y...

Y han descubierto un bulto que le presiona el esófago.

Por eso se atraganta tan fácilmente y no... No sabemos qué es ese bulto.

¿Conoce él el resultado de la endoscopia?

No.

Le han mandado un TAC para estar más seguros.

Pero el digestólogo no... No descarta que sea un tumor.

¿Qué hago?

¿Se lo digo?

No, no, evítale al menos dos días de angustia

y, por favor, llámame con los resultados del TAC.

Claro.

Mercedes, ¿me alcanzas la caja esta, por favor?

Sí.

Gracias.

Salvador, me emociona mucho que me hayas instalado

en la habitación de tu madre.

Aquí está tu merienda.

Esas magdalenas renegridas ni pensarlo.

Son integrales.

Un día me traerás un plato de alfalfa para comérmelo

porque ahora dicen que es buena para el corazón.

¿No te vas a tomar la leche? Tienes que hacer por tomártela.

Después.

Siéntate.

Ay... ¿Qué estás haciendo?

Tratando de desenredar estos rosarios.

Venga, te ayudo.

No, tú no sabes.

¿Te acuerdas de cómo tienes que amortajarme?

Sí, mamá, sí.

Si estamos en el pueblo, llamas a la Petra, ella está acostumbrada.

Y si me muero aquí, que espero

que no, porque quiero morir en mi cama,

Maya y Mercedes te echarán una mano.

¿Tenemos que hablar de esto ahora? Sí.

En la cabeza...

media mantilla... porque soy viuda.

Déjame que te ayude. Ven, te ayudo.

Vamos a ver.

Así. Y el hábito de Jesús de Medinaceli, con su cordón...

Eso es, con su cordón.

Entre las manos, me pones un rosario.

Me pones este, el viejo.

El nuevo quiero que te lo quedes tú.

¿No prefieres que te ponga el nuevo? No.

Quiero ir descalza.

Si me atan los pies para enterrarme,

tú me los desatas y dices que te lo he pedido yo.

Al sitio donde voy... quiero entrar muy ligera.

¿Te acuerdas de esta pluma?

Claro. Me la regaló tu padre.

Con ella le escribí todas las cartas cuando éramos novios.

¿Y el huevo de madera, mamá?

¡Cuánto habré zurcido yo con este huevo!

De todas estas cosas, es lo que menos valor tiene.

Pues dámelo.

Toma, acabas de heredarlo.

Últimamente pienso mucho en ella.

Es la primera vez que te oigo decir

que todavía no has superado la muerte de tu madre.

También pienso mucho en mi infancia.

Cuando estoy en duermevela, que es la mayor parte del tiempo,

acabo siempre pensando en mi madre cuando yo era niño.

Pero nunca has hablado de ella ni de tu infancia en tus películas.

A mi madre no le gustaba.

¿Tú crees?

Me lo dijo una de las últimas veces que estuvo en el hospital.

Qué limpias tienes las piernas, mamá.

En eso he salido a mi familia.

En mi familia no hay varices.

Qué pena, hijo mío.

¿Por qué?

Tú no vas a tener una buena vejez.

¿Y eso?

Has salido a la familia de tu padre.

Desde luego, mamá, qué cosas tienes.

Anda, cuéntame cómo has pasado la noche.

Regular.

He estado toda la noche con mi vecina Lola.

¿Aquí, en la habitación?

No, hombre, no, en sueños.

He soñado toda la noche con ella.

Yo acababa de llegar al pueblo...

y oigo que la Lola me toca la puerta,

como siempre cuando me oía llegar de Madrid.

Aunque era un sueño, yo recordaba que Lola estaba muerta.

Pero le abrí la puerta... Y allí que la encuentro,

igualita que siempre,

solo que se trasparentaba un poco.

Pero yo no me asusté, ¿eh?, y le dije:

"Lola, supongo que no estás bien

y quieres que yo haga algo,

pero tienes que decirme qué y te prometo que lo haré".

"No, Jacinta, yo estoy bien", me responde ella.

"Pero cómo vas a estar bien", le decía yo.

"Si estuvieras bien, no te aparecerías".

"Me aparezco a ti... porque mis hijas se asustan muchísimo".

"Pero ¿y cómo vienes al pueblo con el frío que hace?".

"Yo ya no tengo ni frío ni calor",

me respondió,

"y en ningún sitio se está como en tu casa".

"En eso llevas toda la razón, hija mía", le dije.

¿Y qué más?

No pongas esa cara de narrador, ¿eh?

No, no, no quiero que pongas nada de esto en tus películas.

No me gusta que salgan mis vecinas, no me gusta la autoficción.

¡Y qué sabes tú de autoficción!

Te he oído explicarlo en una entrevista.

A mis vecinas no les gusta que las saques.

Piensan que las tratas como a unas catetas.

Ay, mamá, dice unas cosas...

Si no puedo tratarlas con más respeto ni más devoción...

Cada vez que tengo ocasión,

hablo de ti y digo que me he formado contigo y con las vecinas.

Todo... os lo debo a vosotras.

No les gusta.

Vamos a dar un paseo, que hoy no se ha movido aún.

No me he movido porque no tenía a donde ir.

Ahora si tiene a donde ir. Vamos. ¿Dónde?

Al pasillo.

Eso es.

No has sido un buen hijo, hijo mío.

¿No?

No.

No me perdonaste que te recomendara a la beata de Paterna.

Y creo que te vengaste por eso.

Yo tampoco quería que fueras al seminario, pero éramos pobres.

Es verdad que no quería ir,

pero de eso a que quisiera vengarme de ti... ¡Cómo puedes pensar eso!

Después del bachillerato, te faltó tiempo para irte a Madrid.

Y cuando murió tu padre,

te dije si querías que me fuera a vivir contigo.

Tú escurriste el bulto,

dijiste que llevabas una vida que... no era para poder compartir conmigo.

Y era verdad, pero no como tú lo entendiste.

Yo lo entendí perfectamente.

Estoy muy mal de los remos, pero la cabeza la tengo estupendamente.

Cuando no estaba viajando, estaba rodando.

Tú no hubieras soportado la soledad de un piso en Madrid,

aquello no era vida para ti.

Habría cuidado de ti.

Me habría adaptado como me he adaptado a tantas cosas.

Pero no quisiste... y aquello me dolió.

Mamá...

Siento mucho no haber sido nunca el hijo que tú deseabas.

Cuando decías: "¿A quién habrá salido este niño?",

no lo decías precisamente con orgullo.

Y yo me daba cuenta.

Te he fallado simplemente por ser como soy.

Lo siento mucho.

Pásame el San Antonio.

Toma.

Esta noche rezaré por ti.

Muchas gracias.

Salvador... Sí...

Yo te he traído a este mundo...

y me he desvivido por sacarte adelante.

Lo sé, mamá.

Llévame al pueblo.

Este es mi único y último deseo.

Muy bien.

Nos iremos al pueblo, tú y yo,

y Maya, para que haga las haciendas de la casa.

Te cuidaré día y noche.

Esta vez no te fallaré, mamá.

Pero no pude cumplir mi promesa.

Al día siguiente tuve que volver a ingresarla en el hospital.

Hiciste todo lo que pudiste.

Sí.

Pero ella quería morir en el pueblo...

Y yo le había prometido llevarla.

La pobre murió...

en la UCI de un hospital, sola.

Te invitan a dar una conferencia en Islandia. Bien pagada.

No entiendo cómo puedo gustar tanto en Islandia.

Yo tampoco.

Y esta es de una galería pequeña, pero no la he tirado.

Me parece bonito el dibujo.

(MUJER) ¿Salvador Mallo?

Sí. (MUJER) Puede pasar.

Siéntese por aquí despacito.

A la misma vez que yo le suba las piernas,

usted gire el cuerpo y vaya tumbándose.

Gracias.

(Golpes leves)

("Come sinfonia", Mina)

(Golpes leves)

Oye, ¿tu madre cuándo viene?

A la hora de comer.

Cuando se va a coser a la casa de la beata,

se queda ahí toda la mañana.

A ver.

A ver, Salvador, no te muevas. Quédate ahí.

¿Puedes coger el libro con las dos manos?

Así.

A ver, levanta la cabeza.

(RESOPLA)

¿Qué te parece?

Es muy bonito.

Todavía tengo que terminarlo. Me lo llevo a casa y lo acabo.

Sí.

Oye, ¿te importa que me lave un poco?

Es que mira cómo me he puesto.

Sí, voy a por la pastilla de jabón.

Toma. Gracias.

(Ruidos de agua)

(Ruidos de agua)

(Ruidos de agua)

(Ruido de chicharras)

¡Salvador! ¿Me traes una toalla?

Voy, Eduardo.

(Ruido de chicharras)

Estás ardiendo.

Has debido coger una insolación.

¡Salvador! ¿Qué ha pasado?

Que le ha dado mucho el sol.

Estaba leyendo.

¿Es que no te dabas cuenta de que te estaba dando el sol,

que estás ardiendo?

No me di cuenta. ¿Y tú qué?

He terminado de colocar los azulejos

y, como se desmayó, pues me lo traje aquí.

¿Que te has desmayado?

Un poco. Se me fue la cabeza.

Ay, Dios mío... Quédate aquí, voy a por un paño con vinagre.

¿Y tu padre qué, en el bar?

Sí.

(RESOPLA)

¡Pues me dijo que se quedaría en casa!

¿Y qué hace aquí este balde?

Me he lavado un poco.

Podías esperar a llegar a tu casa, ¿no?

Que me cuesta acarrear el agua hasta aquí, oye.

Es que estaba muy sucio. Le traigo un balde y le seco el suelo.

No, tráeme el agua. Yo lo seco.

¡Han quedado bonitos los azulejos!

Sí, muy bonito. Gracias.

Voy a por el agua.

Antes que nada, quiero tranquilizaros. No hay tumor.

Eso está totalmente descartado.

Bueno, pero algo me pasa, porque me atraganto hasta con los purés.

Sí, eso que te pasa, esa disfagia, se debe al síndrome de Forestier.

Aquí lo veréis más claro.

¿Veis esta parte blanca, junto a la vértebra?

Es un osteofito, una osificación.

Aquí podéis ver el esófago, desplazado por esa osificación.

No hay prácticamente espacio

para los alimentos, incluso los líquidos.

Por eso te atragantas.

¿Por qué ha crecido tanto ese hueso ahí?

El síndrome de Forestier es una enfermedad rara

y no se conocen las causas que la provocan.

Sabemos que afecta a tendones, ligamentos y cápsulas articulares,

que se calcifican sin que sepamos por qué.

En tu caso se ha calcificado

el ligamento anterior de la columna cervical.

¿Y se puede hacer algo? Una cirugía.

Hay que quitarte esa calcificación cuanto antes.

Pero, tranquilos, no es una operación de riesgo.

Os informarán mejor el digestólogo y el cirujano que te opere.

Muy bien. Gracias.

Buenas. Hola.

(ACENTO FRANCÉS) ¿Le interesa la acuarela?

Sí, me gustaría comprarla. ¿Quién es el autor?

Es anónimo, casi todas las obras están sin firmar.

¿Cómo ha llegado hasta aquí?

Lo compré en Els Encants de Barcelona.

Es una de mis obras favoritas.

¿Entonces no tiene ni idea de quién es el autor?

En la parte de atrás hay escrito algo.

Pero son todos artistas anónimos

que probablemente ni siquiera sepan que son artistas.

(EDUARDO) "Querido Salvador:

Te mando el dibujo a tu casa porque no tengo la dirección del colegio".

"Estoy contento de poder escribirte".

"Me enseñaste tú y te estoy muy agradecido".

"Ya estoy trabajando en la tienda del tío de Conchita

y se me dan bien los números".

"Todo gracias a ti".

"Aquí se vive bien, pero echo de menos la vida en las cuevas".

"Y a ti en especial".

"Cada vez que escribo, pienso en tu mano dirigiendo la mía".

"Seguro que estás aprendiendo mucho en el colegio,

que lees muchos libros y ves muchas películas".

"Te doy mi dirección de Bilbao. A ver si me escribes y me cuentas".

"Tu alumno. Eduardo".

(Tecleo)

("Come sinfonia", Mina)

(Tecleo)

(Canta "Come sinfonia")

(TECLEA)

(Tecleo)

Salvador, tendrías que empezar a vestirte en media hora.

Avísame un poco antes.

(TECLEA)

("Come sinfonia", Mina)

¿Qué crees que pasó con el dibujo?

Eduardo lo envió a Paterna, lo recibiría mi madre.

Yo ya estaba en el colegio de los curas

y no me lo mandó ni me habló de él.

¿Vas a intentar buscarlo?

¿A Eduardo?

Ahora es más fácil con Google o volviendo a Paterna y preguntando.

¿50 años después?

Es un buen argumento para una historia,

y tal vez la escriba, pero buscarlo sería una locura.

¿Cómo llegaría el dibujo al Rastro de Barcelona?

Ni idea. Por casualidad.

Lo importante es que el dibujo ha llegado a su destinatario.

(HOMBRE 1) Salvador... ¿Qué hay?

(HOMBRE 2) Nos vamos a cambiar de cama poquito a poco.

(HOMBRE 1) Despacito. Muy bien, la cabeza aquí.

Sí.

(MUJER) Le tengo que desabrochar aquí un poquito, ¿vale?

Muy bien. Y le voy a poner unas pegatinas.

(GALINDO) ¿Qué tal, Salvador?

Hola, doctor.

Ya me he enterado. Con razón no podías tragar.

Pero, tranquilo, eso te lo vamos a quitar enseguida.

Doctor...

Dime.

He vuelto a escribir.

Ah, ¿sí? Qué buena noticia.

Sí. Me alegro mucho, Salvador.

¿Y qué es, drama o comedia?

No lo sé.

Eso no se sabe.

(Pólvora)

Mamá...

¿Hum?

¿Tú crees que habrá un cine en Paterna?

Con que tengamos una casa me conformo, hijo mío.

(Pólvora)

Corta. (HOMBRE) Hemos cortado.

-38-5, primera. Claqueta final.

Somos cine - Dolor y gloria - Ver ahora

La librería

A finales de los años 50 Florence Green decide hacer realidad uno de sus mayores sueños: abandonar Londres y abrir una pequeña librería en un pueblo de la costa británica. Pero para su sorpresa, esta decisión desatará todo tipo de reacciones entre los habitantes de la localidad.

Para todos los públicos Somos cine - La librería - Ver ahora
Transcripción completa

(NARRADORA) "Me dijo una vez:

'Cuando leemos una historia, la habitamos'.

'Las tapas del libro son como un tejado y cuatro paredes,

una casa'".

"A ella, más que nada en el mundo,

le encantaba el momento en el que terminas un libro

y la historia sigue viva en tu cabeza

como un sueño muy real".

"Y después de eso, le encantaba dar largos paseos

para despejar la mente de todas las emociones y sensaciones

que el libro había despertado en ella".

"Aquella misma mañana,

después de años confusos de lectura, de paseos

y de duelo por la muerte de su marido,

Florence Green se despertó sabiendo con exactitud

lo que quería hacer:

iba a abrir una librería

en el pueblecito donde había acabado viviendo".

(HOMBRE) Estoy seguro

de que esta librería será todo lo que usted dice, señora Green,

pero no puedo ofrecerle un compromiso definitivo

en nombre del banco.

La decisión no depende de mí.

¿Y me asegura, con sinceridad,

que tiene amplia experiencia en el sector?

Conocí el negocio a fondo cuando era niña

y no creo que haya cambiado mucho desde entonces.

Y lo más importante es que...

me encanta leer.

Bueno, no estaría de más informarle de una o dos cosas.

Considérelas como consejos, si prefiere.

Se lo voy a plantear... -"Tenía un gran corazón".

"Y una enorme paciencia".

"Pero ni siquiera con esas dos virtudes,

bastaba para soportar el tono grandilocuente y paternalista

del señor Keble, el banquero de Hardborough,

a quien todo el mundo llamaba señor Cabeza de Patata a sus espaldas".

(KEBLE) "Debo comunicarle que ha personas que consideran"...

que existen otros usos posibles para Old House,

Aunque, claro, siempre se puede efectuar una reventa.

No tengo ninguna intención de revender, señor Keble,

ni mucho menos.

¿Para qué más quieren utilizar Old House?

No han hecho nada con ella en estos siete años.

Había pájaros anidando,

faltaban la mitad de las tejas y apestaba a rata.

¿No es mejor llenarla de libros para que los hojeen?

Yo leo antes de irme a dormir.

Y suelo caer redondo, sin remedio, a la tercera página más o menos.

¿Lo ve?

Está claro que los libros son útiles.

Buenos días.

"El tiempo en esta parte del mundo era totalmente... impredecible".

"A veces, las cuatro estaciones podían estar presentes

en una sola mañana".

"Aquel día soleado, salió del banco sintiéndose enfadada,

orgullosa, impaciente y tremendamente viva".

"Estaba decidida a perseguir su sueño,

y nadie, ni el señor Cabeza de Patata,

iba a detenerla".

¡Hola, señora Green! ¿Está ocupada?

¡Hola, señor Raven! Ahora mismo no, ¿por qué?

¿Puedo... lanzarle el cabo?

Sí, claro.

¡Cuidado!

Resbala mucho. Así se rompió la pierna Izan ayer.

Pero soy plenamente consciente

de que usted es una mujer que no... se asusta con facilidad.

¿Cómo sabe eso?

Corre el rumor de que está a punto de abrir una librería aquí.

¿Por qué le parece algo atrevido?

La única persona que lee aquí es el señor Brundish.

Y no creo que vaya a salir de su casa

para ser cliente suyo.

Creo que le vi ayer en la colina. Bueno, lo vi un poco de reojo.

Imagino que tuvo una larga conversación.

Sí, no paremos de hablar.

Sí, claro.

Buena suerte, señora Green.

¿Usted no lee, señor Raven?

Pues no.

Los libros me deja agotado.

(RÍE) Con la vida real, ya me basta.

"El señor Brundish vivía solo

en la casa más antigua de Hardborough".

"No le gustaba en particular su propia compañía,

pero tras largos años de lucha,

había llegado a una tregua duradera consigo mismo".

"Adoraba los libros con la misma pasión

con la que detestaba a sus semejantes".

"A menudo, atesoraba la fantasía

de que los volúmenes que devoraba de la mañana a la noche

no habían sido escritos por seres humanos,

sino que eran fruto de la generación espontánea".

"No había nada que le molestara más que los retratos de los escritores

que se incluían a menudo en determinadas ediciones".

(MUJER) No había nada antes de que lloviera, ¿no?

-No es rojo.

Es un teja muy oscuro o... herrumbre.

En fin, ¿cómo va Old House?

¿Cómo se las apaña?

Sam Wilkins fue y arregló el baño y el tejado...

y reparó la cisterna lo mejor que pudo.

Ese lugar es como un viejo fósil.

Incluso la paja tiene 500 años.

Bien, levanta los brazos. Ajá.

Ya está.

Sigue pensando en irse a vivir allí, ¿no?

Dormí por primera vez allí anoche. ¿Qué?

¿Tan pronto? Les dije a todos que ya verían.

Pero nadie creyó que fuese a mudarse a Old House

con la humedad que hay y todo. Ya sé que no lo creían,

pero no estuvo mal.

Un poco tétrico por la noche, pero es...

porque aún no estoy acostumbrada.

La madera de una casa vieja como esa crujirá por todas partes.

No creo que el rojo sea un color para mí.

Y no me queda muy bien por detrás, pero...

si me paso el tiempo allí pegada a la pared...

Demasiado rojo, ¿no cree? No es...

No es rojo.

Es un color teja muy oscuro. Sí.

Se acostumbrará a él con el tiempo.

Necesita alguna joya para que destaque.

¿Verdad? Sí, sí.

¿Está segura? Claro que lo estoy.

El general y la señora Gamart

no la invitan cada día a una fiesta. No.

Deje de angustiarse.

Está...

guapa.

Además, cuando llegue allí, olvide de su aspecto;

nadie se fijará.

Y ya conocerá a todos los invitados.

(Interior, música de época)

Disculpen, ¿para acceder? Por ahí.

Eso es, por ahí. Gracias.

Hola. Aquí tiene.

Gracias. A usted.

Soy Florence Green.

Soy la que va a abrir la librería.

(HOMBRE) (RÍE)

¡Eso es, claro!

Enseguida lo he sabido.

Por supuesto.

Violet estaba muy interesada en ese asunto.

Quería tener una de sus conversaciones de costumbre...

con usted, sobre la librería.

Está bastante ocupada ahora mismo.

Pero creo que desea hablar con usted después.

Y bien, ¿qué clase de cosas tendrá en la tienda?

Bueno, eh... (CARRASPEA)

Básicamente libros. Ajá.

No se publican muchos libros de poesía ya, ¿verdad?

No veo demasiados por ahí.

Tendré poesía, desde luego, pero...

no se vende tan bien como otras cosas,

como la novela y el ensayo...

Tardaré un tiempo en averiguar qué clase de libros traeré.

Desde luego. De momento,

he pedido, sobre todo, clásicos

Zucker, Dickens, Keats... Esas cosas.

Ah.

"Es fácil estar muerto".

"Decid solo esto: 'Están muertos'".

¿Sabe quién lo escribió? No.

Eh... Lo siento mucho, no lo sé.

Lo sé. Sí, claro.

Sé quién es usted.

Debe de ser la señora Green.

Sí.

Y yo sé quién es usted, por supuesto, señor North.

Nunca me habían invitado a venir a Desdet.

Supongo que usted vendrá a menudo. Oh, sí.

Sí que me invitan con frecuencia.

Oh, gracias. Es muy amable. ¡Uh! No mucho.

Aquí tiene.

Vive sola, ¿verdad?

Acaba de instalarse en Old House.

¿Usted sola?

Es viuda de guerra.

Lo sé.

¿No ha pensado en volver a casarse?

No.

No.

El problema es que fui muy feliz de casada.

Qué raro...

Siempre tuve la impresión

de que justo cuando una mujer se queda viuda,

es cuando empieza a ser feliz.

¿Está segura de que sabe lo necesario

para dirigir un negocio?

Nunca habíamos coincidido, señor North, pero

imaginaba que, debido a su trabajo,

usted agradecería que hubiera una librería en Hardborough.

Eh...

Seguro que conoce a escritores en la BBC

y a pensadores y gente así, y...

supongo que vendrán aquí de vez en cuando

para visitarle y respirar aire fresco.

Si vinieran...

uf, no sabría qué hacer con ellos.

Los escritores irán a cualquier sitio donde haya bebida gratis.

(RÍE)

De los pensadores no lo sé.

Sí. En fin, creo que Kattie, mi... supuesta novia,

los atendería.

En cualquier caso, los dos deben venir a mi tienda.

Cuento con usted.

En ningún caso.

¿Por qué se ha vestido de rojo?

El rojo solo es para las criadas cuando salen en su día libre.

No es rojo, es... teja oscuro.

Oh. Querida mía.

Oh. Florence, ¿verdad?

Oh.

Quería hablar con usted desde que ha llegado,

pero mis invitados insisten en apartarme de mis prioridades.

Muchas gracias por venir.

Gracias por invitarme. Es todo un placer.

Es una fiesta encantadora. Todo el mundo habla

de su nueva empresa.

Qué gran olfato tiene para los negocios.

Bueno, sí, pero es... Bruno.

¿Le han presentado a mi marido?

Eh.

Ven a decirle a la señora... eh...

Green. ...a la señora...

lo encantados que estamos de verla.

Y pensar que todos hemos rezado

por que hubiera una buena librería en nuestro pueblo, ¿verdad, Bruno?

Por supuesto, querida. Rezar no hace ningún mal.

Las cosas irían mucho mejor si todos rezáramos más.

Solo una cosa, señora Green.

Es un detalle sin importancia.

No se ha trasladado todavía a Old House, ¿verdad?

Sí, ya llevo allí una semana.

Pero si no hay agua.

Sam Wilkins me conectó las tuberías.

No olvides, Violet, que has pasado mucho tiempo en Londres

y no has podido controlarlo todo, querida.

¿No...? ¿No debí trasladarme? Eh...

Creo que puedo ahorrarle muchas decepciones,

y quizá algo de dinero.

De hecho, espero ayudarla.

Hay otras ubicaciones mucho más apropiadas,

en Hardborough en especial, para una librería.

Estamos tan acostumbrados a ver Old House vacía

que lo hemos ido postergando año tras año.

Casi nos ha dejado en evidencia el tener tanta prisa,

señora Green,

pero el hecho es que a muchos no nos convence nada

la repentina transformación de Old House en una tienda.

Muchos de nosotros creemos que debería ser una especie de...

centro de arte local.

Bien, Violet, también podrías rezar por eso.

Música de cámara en verano, conferencias en invierno...

Simplemente, no hay ninguna otra casa antigua

que tenga el correcto, eh...

ambiente.

He estado negociando esta compra más de seis meses y...

Verá, es...

es difícil para mí

creer que queda alguien en Hardborough que no lo sepa.

De hecho, estoy segura

de que todo el mundo lo sabe. Ya.

Y nosotros tenemos una gran ventaja.

Sería una lástima... desaprovecharla.

Y es que ahora tenemos exactamente a la persona adecuada

para encargarse del asunto,

para ocuparse del centro.

Usted lo entiende, ¿verdad?

¿Por qué no lo piensa un poco, por favor?

¡Oh, Sonia! (MUJER) ¡Señora Gamart!

Tienes un aspecto maravilloso. Cuánto me alegra verte...

"Le dolían los pies y la cabeza".

"Y se arrepentía de haber seguido el consejo de la modista

para elegir el color del vestido".

"Eso era todo".

"Ni por un momento pensó en las consecuencias

que le acarrearía su inocente decisión

de irse a vivir a Old House".

Estás radiante.

¿No es ese lord Gosfield?

Por Dios, qué invitados tienes esta noche, Violet.

Gracias.

Lord Gosfield. Hola, ¿cómo está?

Oh, cuánto me ha costado venir a hablar con usted esta noche.

Espero que Bruno le haya explicado la idea

del nuevo centro de Hardborough. -Oh, sí.

Sí, querida.

Estábamos hablando de eso.

¡Señora Green!

Hola. ¡Señor Deben!

Buenos días. Suerte que la encuentro.

¿Cómo está? Muy bien, gracias, muy bien.

Eh...

Quiero preguntarle algo sobre mi tienda.

Quiero hablarle de la tienda.

Eh... Va a ser subastada. Sí.

No será hasta abril, podría ser incluso más tarde.

Bueno, el hecho es que...

preferiría mucho más llegar... a un acuerdo privado antes de eso.

Como usted mostró cierto interés por la propiedad,

y como no va a quedarse en Old House...

Imagino que entenderá que estoy muy ocupado para...

prestar atención a los rumores que me llegan.

Bien, es razonable pensar

que hará una oferta para comprar otra propiedad.

Ha habido un malentendido, señor Deben, pero...

Sí, pero no importa lo más mínimo, y me...

eh... me gustaría mucho ayudarle.

La señora Gamart tuvo... (CARRASPEA)

...la amabilidad de hablarme de su idea

de crear un centro de arte, del cual estoy segura...

que todos los que vivimos en Hardborough nos beneficiaríamos,

y yo creo que es ella la que estará buscando propiedades.

Y... ¿qué mejor lugar que su pescadería?

Sí. Entiendo.

Vaya. Ha sido muy amable.

Gracias por su ayuda. De nada.

Gracias. Señor Deben.

Buenos días. Sí, gracias, señora Green, sí.

"Florence se las había arreglado para vivir la vida hasta entonces

fingiendo que los seres humanos

no estaban divididos entre exterminadores y exterminados,

siendo los primeros en todo momento los predominantes".

(Graznidos de cuervo)

Ajá. No...

No sabía si estaría en Londres o...

En Londres no, estoy aquí. Bueno, eso creo.

¿Puedo...? Sí.

Eh... ¿Nescafé?

Vale. No lo he probado nunca.

He oído hablar de él, pero...

Me han dicho que no se hace con agua hirviendo.

Sí.

(TARAREA)

Esto es muy pequeño para usted. Oh, lo sé, lo sé.

¿Sabe qué? Me alegro mucho de que haya venido.

Nadie más me obliga a afrontar la verdad.

Qué suerte, porque vengo a preguntarle algo.

Uh.

Cuando la señora Gamart estuvo hablando en la fiesta

sobre la persona ideal para dirigir un centro de arte,

entendí que se refería a usted, por supuesto.

No a mí.

¿En la fiesta de Violet?

Esperaba que me fuera de mi casa y...

no solo eso, que me fuera también del pueblo,

con la idea de que usted fuera a Old House a...

a dirigirlo todo.

Si se refirió a mí,

dudo mucho que Violet utilizara la palabra "dirigir".

(RÍE)

Eh...

¿Le apetece un Nescafé o...

no? No.

Ni lo uno ni lo otro.

¿Segura? Sí.

¿Le importa si yo...? No, por favor.

Además, debería irme ya.

¿Ya? ¿En serio?

Sí.

Gracias de todos modos.

Bueno, es... es un placer verla.

(HOMBRE) "Bueno, por lo que he oído, y casi por casualidad,

usted estaba replanteándose"

la operación de la librería.

Pues ha oído usted mal, señor Thornton.

He venido para reclamar que se resuelvan lo antes posible

todos los asuntos pendientes

para que pueda montar la librería sin más demora.

Pero... me dijeron que usted... ¿Qué?

¿Que me iría de Old House, que es, por cierto, mi único hogar?

Hay muchas otras propiedades vacías en Hardborough,

y da la casualidad de que tengo una lista de... las más alejadas.

Espero que no haya más demoras.

Haga que me envíen todos los documentos pendientes,

y le agradezco mucho su ayuda.

(NIÑO) ¡Venga, tira!

¿Os puedo ayudar en algo, niños? Somos exploradores del mar.

Sí, ya lo veo.

¿Y qué estáis haciendo aquí?

El señor Raven nos ha mandado venir.

¿Qué quiere que hagamos?

Pues quiero poner todas las estanterías.

¿Sabréis hacer eso?

¿Cuántos taladros tiene, señora?

¿Cuánto rato lleváis esperando bajo la lluvia?

A ver si encuentro las llaves...

Vale. Deprisa.

(Martillazos)

(Trajín de herramientas)

"Cuando la señora Green abrió

la primera caja de libros que había pedido,

todos los problemas y los obstáculos de los días anteriores

desaparecieron de golpe".

"Con cada edición,

las caras y las palabras de la señora Gamart,

del banquero,

del abogado

y de Milo North

se desvanecieron".

"Y por un momento,

sintió que su difunto marido, a quien había querido tanto,

estaba con ella de nuevo".

"Y este fue su momento más feliz en la librería".

Un trabajo...

muy solitario el suyo.

¡Oh! Perdóneme por las botas de pesca.

No me siento sola en absoluto.

Esa estantería está torcida medio centímetro.

Y ese enyesado... tiene un aspecto horrible.

Puede decírselo cuando los vea.

No. No, todo está fantástico, señor Raven.

No podría estar más satisfecha con el trabajo de los chicos.

¿Eres tú, Wally? ¿Te pitaban los oídos?

-¿Qué haces aquí, chico?

Traigo un mensaje para la señora Green.

¿De quién? -Del señor Brundish, señor Raven.

¿Qué?

¿Ha salido de Hall House

y te ha entregado una nota? No.

Se ha asomado a la ventana

y me ha dicho que le entregue esto a la señora Green.

No entiendo que esto pueda ser para mí.

No he hablado nunca con el señor Brundish, jamás.

No me puedo creer ni que se sepa mi nombre.

Cuando lo encuentro en el promontorio,

sale disparado como si hubiera visto un fantasma.

Seguro que sabe quién es.

Se entera de todo lo que pasa en el pueblo

No sé cómo lo hace.

No haga caso de los bordes negros.

Pidió esos sobres en 1919, cuando todos volvían de la I Guerra,

y cuando la señora Brundish murió.

Durante su luna de miel.

Ah, ¿sí?

¿Cómo murió?

Pues se ahogó...

cruzando las marismas.

Ivy ha ido a recoger moras

para hacer una tarta para el señor Brundish.

"Apreciada señora".

Me gustaría desearle suerte.

En tiempos de mi bisabuelo, hubo un librero en High Street,

que, si mi memoria no me falla,

dejó inconsciente a uno de sus clientes

con un bloc de notas cuando se puso pesado.

Se produjo cierta demora en la última entrega

de una nueva novela que, si no recuerdo mal...

creo que era "Dombey e hijo".

Desde aquel día, nadie ha reunido el coraje necesario

para vender libros en este rincón olvidado del mundo.

Nos está haciendo un gran honor.

Sin lugar a dudas,

debería visitar algún día su tienda, si me decidiera a salir.

Pero tengo la norma de no hacerlo bajo ningún concepto.

A pesar de todo,

si considera valiosa alguna novedad literaria,

le ruego que no dude en enviármela, por favor.

En el caso de las biografías,

es mejor, en mi opinión, que sean sobre buenas personas,

mientras que las novelas,

son mejores si tratan sobre gente desagradable.

Le ruego que me las envíe con el chico que le ha entregado esta carta

con una nota, evidentemente, indicando su precio.

La saluda...

atentamente...

"...Edmund Brundish".

Mi primer cliente.

(Ladridos)

Pásate luego y te daré un paquete para el señor Brundish.

Gracias, señora Green.

Necesitará alguien joven y despierto que la ayude un poco por las tardes.

Estaba pensando en una de las chicas Gipping.

La señora Gipping está al corriente del asunto

y puedo preguntarle qué hija le convendría más a usted.

Yo creo que la menor, Christine.

Es la más lista, pero...

seguramente no querrá dejársela por esa misma razón.

Hola, señor Thornton. Bienvenido. Gracias. Buenas tardes. ¿Cómo está?

"Fahrenheit 451".

¿Qué clase de libro es este?

Eres Christine Gipping, ¿verdad?

Había pensado que tu hermana mayor...

Mi hermana mayor se pasa el tiempo con Charlie Cats.

De hecho,

al venir hacia aquí,

he visto sus bicis ocultas bajo las hojas junto al cruce.

No tendrá problemas de ese tipo conmigo.

Aún no me pasan esas cosas, y los chicos me parecen repulsivos.

Eh...

¿Y qué me dices de tu otra hermana?

Se pasa el tiempo en casa cuidando de Margaret y de Peter.

Son los pequeños.

No pienses que no te quiero ofrecer el trabajo a ti, pero es que...

no pareces lo bastante mayor.

Ni fuerte.

Es difícil de saber a primera vista.

Usted parece mayor, pero no parece fuerte.

De todos modos, da igual. Elija a la que quiera.

Pero mi hermana mayor se ausentará la mitad del tiempo

y la mediana no aparecerá.

Yo solo la aviso.

Debe saber también que no me gusta leer.

Me gustan la Geografía y las Mates.

Está bien. Iré esta tarde para hablarlo todo con tu madre.

Y no te preocupes, no te obligaré a leer.

Como quiera.

Le dirá que puedo trabajar

todos los días después de la escuela y el sábado entero,

y que no me pague menos de 12 chelines con 6 peniques a la semana.

Ah, y que me mande callar si hablo demasiado.

¿Y cuándo harás los deberes?

Puedo hacerlos cuando llegue a casa después de cenar.

Me gusta tu chaqueta.

¿Te la has tejido tú? Parece bastante complicado.

Salía en una revista femenina.

Pero las instrucciones eran para manga corta.

¿No tiene hijos, señora Green?

No.

¿Debería tenerlos? No lo sé.

Dicen que la vida ha pasado de largo para las que no tienen hijos.

Hay pocas postales a la vista.

¿Saco más?

Deberían estar ordenadas por...

románticas y naturaleza o algo así.

Eh... ¿Esto lo considera romántico?

(RÍE) Madre mía. ¿Qué es esto?

No las había visto.

Hay vendedores que no son conscientes

de lo que envían.

Tenemos que tirarlas. Eh...

Seguro que hay gente en el pueblo

a la que no le molesta recibir estas postales en el buzón.

Tienes razón.

¿Qué? Deja de mirarlas.

Son muy obscenas.

¿Dónde está la papelera?

No las tire a la papelera.

No las tire, por favor. Tómate una taza de té.

(Graznidos de gaviotas)

(NIÑO) ¿Por qué llega Christine tan tarde?

Porque trabaja para una señora.

¿Por qué?

Porque tiene una tienda de libros para que la gente lea.

¿Por qué?

No lo sé.

(Bocina de barco)

Buenas tardes, señora Gipping.

Acompáñeme, señora Green.

Vamos a hablar.

No sé si Christine ya le ha dicho lo de los 12 chelines.

Sí. Sí, sí, me lo ha dicho. Bien.

(Madera crepitando)

Apreciada señora.

Ahórrese el trabajo

de enviarme más libros de poesía y novelas falsamente complicadas.

Por favor, en cuanto le sea posible, envíeme más libros de Ray Bradbury.

Atentamente, Edmund Brundish.

"Muy pronto,

el negocio de la señora Green empezó a prosperar".

"Tenía los días totalmente ocupados, de la mañana a la noche".

"Y durante un breve periodo de tiempo,

se olvidó de todo lo referente a la señora Gamart

y a sus planes para convertir Old House

en un centro para las artes".

Buenos días, señora Green. Hola, Wally.

Gracias por hacerme este favor.

Aquí tienes.

¿Quieres venir de excursión, Christine?

No puedo, mañana llega un pedido nuevo.

Pues... vale.

Adiós.

¿No te gustaría ir de excursión?

No. Wally me cae bien, pero...

Sí, lo sé.

Los niños te parecen repulsivos.

Pero créeme,

eso se te pasará.

Sí, supongo.

Es que... prefiero estar aquí,

en la librería, con usted.

Es divertido trabajar aquí.

Aunque no me guste leer.

Señora Green, ensucian las postales.

(SUSURRA) Hay que dejarles que hojeen.

Es tradición en una librería. Sí,

pero lo dejan todo desordenado y no compran nada.

(HOMBRE) ¿Señorita?

Póngame estas, por favor.

Florence.

Señor North, qué sorpresa.

Oh.

Ajá.

Parece que Violet no se saldrá con la suya.

¿Ha venido algún día?

Hemos abierto hace poco. Vendrá.

Al final, aparecerá.

Tiene demasiado amor propio como para no hacerlo.

(RÍE)

Estoy seguro de que se está muriendo de curiosidad.

Será bien recibida. ¿Ya está ganando dinero?

Aún no. ¿Necesita algo como esto?

Es el primer volumen.

¿Hay un segundo volumen?

Sí, pero se lo he prestado a alguien o me lo he dejado por ahí.

Debería guardarlos juntos.

Como una colección.

"Lolita" Ajá.

¿La ha leído? ¿Es buena? La hará rica, Florence.

¿Es buena? Solo almaceno novelas buenas.

No salen con rapidez.

Según Graham Greene, es una obra maestra.

Aunque los hay que opinan lo contrario.

Gracias por sugerírmelo. Eh...

A veces necesito recibir un buen consejo.

Es muy amable.

¿Siempre comete ese error?

Hasta la próxima.

En casa tenemos una azul: tiene la Abadía de Westminster.

Pero da toda la vuelta a la lata.

Voy a encender la estufa.

Mi madre dice que esas de parafina no son seguras.

No son peligrosas, siempre que...

recuerdes limpiarlas bien.

Y que no eches el líquido por los dos lados a la vez.

No hagas eso nunca.

Jamás, ¿me oyes?

Me gusta esta bandeja.

Me la puede dejar de herencia. ¿Qué?

Creo que no me apetece pensar en mi testamento todavía.

Pero cuando lo haga, recordaré eso. ¿De verdad?

¿Está segura?

¿La bandeja es de Japón?

No, es... es una laca china.

Mi abuelo la trajo de Nankín.

Viajaba mucho.

No creo que hagan ya lacas como esta en China.

Gracias.

¿Te gustaría que te ayudara a hacer los deberes o a estudiar?

Podríamos leer cosas juntas o... No hay nada que leer.

Te dan unos dibujos y debes decir cuál es el que no encaja.

O te dan números como... eh...

8, 5, 11,

9, 22 y 16,

y tienes que decir cuál es el que sigue.

No tengo ni idea de cuál es el siguiente.

(RÍE)

No tienes frío, ¿verdad? No.

Ese Milo es un hurón.

Sonríe como un hurón.

(RÍE) Ojalá se vaya al infierno.

(RIENDO) ¡Basta, Christine!

Es demasiado buena. Él es una mala pieza.

Cuando sea mayor, intentaré ser como él.

Es mucho más práctico.

Sé que no te gusta nada leer, pero hay un libro...

que, siento decirte que tienes que leer.

¿De qué trata?

Trata de...

piratas buenos y niños malos.

Prométeme que al menos... lo abrirás algún día.

Bueno, si me deja la bandeja china en su testamento,

puedo intentarlo.

Hecho.

"Apreciado señor Brundish".

"Le adjunto un ejemplar de una novela que acaba de publicarse.

'Lolita'".

"Debo confesarle mi desconcierto con ella".

"Me gustaría conocer su opinión sincera sobre la novela

y pedirle un consejo".

"¿Cree que es un libro adecuado para venderlo en mi librería?".

"Sinceramente, Florence Green".

"Posdata: si no le gusta el libro, no es necesario que lo pague".

Me estás echando polvo.

Y usted también a mí. Basta.

Basta.

Basta.

Me rindo, me rindo. Me rindo.

"Entre las diferentes especies de animales

que habitan el planeta Tierra, encontramos los mamíferos...".

(Puerta cerrándose)

Hola, señora Gipping. ¿Va todo bien?

He pensado que debía saberlo cuanto antes.

El señor Brundish me ha encargado una tarta de fruta para el domingo.

Y también me ha pedido que le pregunte...

si le gustaría tomar el té en Hall House esa tarde.

¿Este domingo? Eh...

Sí, este.

Sí.

Sí, de acuerdo, ya...

Sí, le enviaré una nota.

Gracias por el mensaje, señora Gipping.

No he llevado nunca una tarta al señor Brundish.

Espero que no se vuelva un hábito.

(Puerta cerrándose)

¡Señora Green! ¿Es cierto?

¿Va a tomar el té en Hall House este domingo?

Sí, señora Keble, es cierto. ¡Oh!

¿Hay algo que deba saber antes de ir allí?

Señora Green. Señora Deben.

¿Cómo está su marido?

Sigue sin encontrar un comprador para la pescadería, creo.

Pobre... -Seguro que al general

y a la señora Gamart les hierve la sangre con esto.

Nunca los han invitado a Hall House, ¿sabe?

Ah, sí, eso he oído.

¿Tomará él té en Hall House?

Guarda con celo su intimidad.

Desde la trágica muerte de su querida esposa.

(CARRASPEA) Es que...

le vendo libros y... eh...

le pido consejos sobre la librería.

No me diga. -Oh, claro.

Ya...

Vaya.

Bueno... Muy bien.

Debería volver ya. ¡Oh!

Y empieza a llover, ¿eh? A cántaros.

Buenas tardes.

Buenas tardes. -¿Consejos sobre la librería?

-¿Qué consejo necesita?

¿Hola?

¿Señor Brundish?

(Pasos subiendo escalones)

Pase al comedor, por favor.

Usted me hizo una pregunta.

Sí, así es.

Sobre una novela nueva.

Tuvo el detalle de plantearme una pregunta seria,

creyendo que yo sería imparcial.

No cabe duda de que creyó que yo estaba solo en el mundo.

Nunca.

No pensé ni por un segundo... Imagino que le habrán contado

todo tipo de cosas sobre mí, y todas malas.

No.

En serio.

Que soy viudo, seguro que le han dicho eso,

e imagino que también le habrán dicho

que mi esposa murió mientras recogía moras

para hacerme una tarta, que es la última...

versión que circula por el pueblo.

Bueno, eh...

nada de lo que se dice por ahí es verdad.

¿No se ahogó? No.

Eh...

En el sexto mes de nuestro matrimonio,

ambos, habiendo sido unos amigos inmejorables,

decidimos que una separación amistosa

sería lo mejor para los dos.

Ella vive en Londres.

No la veo desde hace 45 años,

pero según mi información, aún goza de muy buena salud.

Aunque, por lo visto,

ha engordado unos cuantos kilos.

Siempre le encantaron los dulces, aunque...

no recuerdo que hiciera nunca una tarta en toda la vida.

Supongo que para la gente de Hardborough,

es mucho más pintoresco imaginar que Hall House...

está habitada por un viudo afligido.

Como usted ya sabe, la literatura ha hecho mucho daño.

Esas malditas hermanas Brontë, por ejemplo,

de las que usted no me ha enviado ningún ejemplar en sus paquetes;

por lo cual, le estaré siempre agradecido.

Claro. Imaginaba que ya las habría leído.

Una de... las hijas de los Gipping, la tercera,

le echa una mano en la tienda, creo,

¿y esa es toda la ayuda de que dispone?

Eh... Tengo un contable que viene de vez en cuando y...

luego está mi abogado.

Tom Thornton. No llegará muy lejos con ese.

Ya... Reconozco que no estoy muy contenta con él.

¿Sabe, señor Brundish?

Existe cierta... responsabilidad

a la hora de llevar una librería.

Imagino que la hay.

Sobre todo si no la aprueba todo el mundo.

Hay... eh... ciertas personas

que están bastante molestas con su librería, señora Green.

Me refiero a Violet Gamart.

Que tenía otros planes para Old House

y que ahora parece que aún se siente más ofendida por algo.

Estoy segura de que tiene... buenas intenciones.

¿Buenas intenciones, Violet Gamart?

¿Esa harpía?

Lo que ella quiere es un centro de arte.

Y yo le pregunto: ¿para qué demonios necesita este condenado pueblo

un centro de arte?

¿Y cómo podría tener el arte... un centro?

Pero se le ha metido en la cabeza que sí, y esa es la razón

por la que quiere librarse de usted.

No se detendrá hasta que lo consiga.

No puede hacer nada.

Es mi librería. Es mi hogar.

La gente como Violet Gamart

me ha convertido en lo que soy, señora Green.

Gracias a sus contactos y a sus conocidos,

la señora Gamart es una mujer muy poderosa.

Eso... ¿no le preocupa?

No.

¿Puedo volver a la razón de mi visita?

Estoy pensando en realizar un primer pedido de... "Lolita".

De 250 ejemplares, lo cual sería un riesgo considerable.

Por supuesto no le consulto desde un punto de vista comercial,

eso estaría mal.

Lo que me gustaría saber antes de realizar el pedido es...

si le parece que es un buen libro,

y si cree que hago bien en venderlo en Hardborough.

Yo no concedo tanta importancia como usted, me parece a mí,

a los conceptos del bien y del mal.

He leído "Lolita", como me pidió.

Es un buen libro.

Y por tanto, debería vendérselo a los habitantes de Hardborough.

No lo entenderán, pero eso es algo bueno.

Entender vuelve perezosa a la mente.

Gracias.

Gracias, señor Brundish.

Bien, le he dado mi opinión.

Ahora deje que le diga qué es lo que admiro...

de los seres humanos.

Lo que más valoro...

es la única virtud que comparten con los dioses y con los animales,

y que, por tanto, no volveré a calificar como una virtud.

Me refiero...

al coraje.

Y usted, señora Green,

posee esa cualidad... en abundancia.

Me gustaría...

Me gustaría ayudarla.

Usted hace que crea...

una vez más en cosas...

cosas que creía olvidadas.

(SUSPIRA)

Gracias por el té, señor Brundish. Todo estaba delicioso.

Sí, por favor,

vuelva cuando desee.

Y buena suerte con...

Lolita.

Sí, gracias.

No debo preocuparme. Mientras hay vida, hay esperanza.

Dios, qué idea más horrorosa.

Sí.

Gracias

por su consejo, señor Brundish. No hay de qué.

¿Cree que "El vino del estío" llegará pronto?

No le puedo agradecer lo suficiente

que me haya dado a conocer a Ray Bradbury.

Haré que Wally se lo traiga.

O quizá se lo traiga

yo misma.

Bien.

Me gustaría que así fuera.

Señora Green, traigo su pedido.

(CHRISTINE) Nunca hemos tenido tantos del mismo.

Y qué largo.

Este libro ya es famoso, Christine. Todos han oído hablar de él.

Aunque no creo que hubieran pensado

que podrían comprarlo en Hardborough.

Lo que no pensarán es en encontrar 250 ejemplares.

Ha perdido la cabeza con este.

4 de septiembre de 1959.

Apreciada señora Green:

Tengo en mi poder una carta de John Drury & Co.,

representantes legales de la señora Violet Gamart de Desdet,

en la que indica

que el estado actual de su escaparate

atrae una atención bastante indeseable de compradores

potenciales y reales.

Asimismo su cliente les asegura que se siente

personalmente agraviada por el hecho

de que ella, en su condición de juez de paz

y presidenta de numerosos comités, cuya lista se adjunta,

debe realizar sus compras de forma expedita.

"Apreciado señor Thornton:

Ya lleva varios años siendo mi abogado

y eso me permite inferir que representarme

significa actuar de forma activa en mi nombre".

"Ha visto el escaparate con sus propios ojos".

Apreciada señora Green:

En respuesta a su misiva del 5 de septiembre

he intentado acercarme en dos ocasiones

al escaparate de su librería, pero me ha resultado imposible.

Por lo visto acuden clientes de todos los pueblos colindantes...

"Apreciado señor Thornton:

¿Qué me aconseja exactamente?".

"Atentamente, Florence Green".

Creo que deberíamos eliminar la aglomeración,

evitar que sus clientes

se reúnan en la parte más estrecha de High Street

antes de que se presente una denuncia formal.

Y también creo que deberíamos poner fin

a la venta de esa novela banal y sensacionalista de Nabokov

que ha dado lugar a tan numerosas protestas.

Sí, señora Green.

"Apreciado señor Thornton:

Un buen libro es la preciada esencia del espíritu de un maestro

embalsamada y preservada

a fin de conseguir una vida más allá de la vida".

"Razón por la cual es, sin duda, un artículo de primera necesidad".

"Atentamente, Florence Green".

(THORNTON) "Apreciada señora:

"En referencia en su solicitud de una prohibición expresa

con respecto a la señora Florence Green...".

(LEE) Apreciada señora:

En referencia a su solicitud

lamentamos informarle,

tras haber sido debidamente asesorados,

de que sería mejor...

(THORNTON) "...abandonar este asunto...".

Pues la multitud señalada

parece que ha sido contenida por la policía local.

(THORNTON) "Mis más sinceras disculpas, señora Gamart".

(Cerámica rota)

(KATTIE) ¿Por qué no vienes a Londres?

Oh, no se me ocurre nada peor que vivir en Londres.

Ya sabes lo que pienso de la gente. Mira esto.

Es totalmente impresionante. Pues yo no me quedaré aquí.

¿Cómo que no te quedarás? ¿Adónde vas a ir?

Por el amor de Dios, ¿tienes que seguir haciendo esto?

¿Por qué te vas echando chispas?

No entiendo a qué viene todo esto. ¿Por qué no podemos pasar

unos días aquí tranquilos? Estoy harta de gente como Violet.

¿Qué? No la aguanto más.

Espera, Kattie, ten cuidado o te resbalarás.

Cuidado, espera.

¡Ah! (RÍE)

¿Qué hace aquí sentada, Florence?

No...

No sé por qué salgo a pasear. Los paseos son para los jubilados.

Yo debería ir a trabajar. ¿Hay sitio para mí en esa piedra?

Sí, desde luego. Soy Kattie, señora Green.

Florence. Milo me ha hablado de usted.

(RÍE) Kattie no creía que hubiera lugares bonitos en Hardborough.

Por eso la he traído aquí, para que lo descubra.

¿Y a qué se dedica usted en la BBC, Kattie?

Trabajo para el DPG. Ah.

El departamento de programas grabados,

controlando gastos. No es muy emocionante.

Bueno, es... Acabamos de almorzar

con Violet Gamart.

Sí, hemos intentado darle una buena imagen.

La señora Gamart ha sido muy amable.

Bueno, no tanto.

No me gusta la gente amable, excepto Florence.

No me halague, por favor.

Tengo la sensación de que cada día trabaja menos.

No olvide que la BBC es una empresa pública

y que su sueldo se paga con fondos púbicos.

Eso es tarea de Kattie.

Ella se ocupa de mi hoja de gastos.

(SUSPIRA) Bueno...

¿No tienes frío, querida?

Quizá sea hora de volver ya a nuestra humilde morada

y de dejar en paz a Florence perdida en sus pensamientos.

Creo que me quedaré un poco más.

Siempre que no la moleste, Florence. No, claro que no.

Oh.

Milo me dijo que es viuda.

Sí, sí, lo soy.

Viuda.

Es una palabra extraña, siniestra, ¿no cree?

Mi marido murió hace 16 años.

¿Cómo se conocieron?

Nos conocimos en una librería, en Londres.

Fue amor a primera vista.

Tuvimos que organizar la...

organizar y clasificar la sección de poesía juntos en Maller's.

Él me leía por las noches.

George Eliot y Thackeray.

"Nunca des un caballo inquieto a una mujer".

Ese nos encantaba.

Éramos muy felices.

Hacíamos un millón de cosas y nada.

Y luego llegó la guerra.

Pero aún conservo todas sus cartas, todas.

Y aún puedo

oír su voz en mi cabeza cuando las leo.

Milo no le hizo justicia cuando me la describió.

Ay, Dios, ahórreme la evaluación de Milo.

No quiero saber lo que piensa de mí.

Aún no sé lo que piensa de mí.

O si siente algo por mí.

O, ya puestos si siente algo en general.

Forma parte de su estilo

tenerte adivinando siempre.

Ya sabe lo que dicen.

Con esa clase de hombre,

nunca sabes si esconde un rico mundo interior

o absolutamente nada.

A mí nunca me leerá en voz alta.

¡Tía Violet!

Tu proyecto de ley ha superado la tercera lectura.

Excelente.

Y tengo que darte las gracias por motivarme, tía Vi.

¿Qué quieres decir?

La idea se me ocurrió durante tu fiesta de primavera.

Tu maravillosa campaña a favor de un centro de arte

se podría cumplir con este proyecto de ley.

Y otras comunidades también podrían beneficiarse

de filántropas como tú, ¿sabes?

Solo he hecho lo que consideraba correcto.

La ley de acceso a lugares de valor público

garantizará que los ayuntamientos

puedan adquirir sus propiedades históricas

mediante una expropiación para uso público.

¿No es maravilloso?

Oh, tu padre nos estará mirando desde el cielo

y sonriendo orgulloso de este momento.

Me alegra mucho que hayamos quedado para vernos hoy,

justo cuando se ha aprobado el proyecto de ley.

¿Te apetece almorzar pescado? Conozco un lugar fantástico cerca.

Vivir en Hardborough

te quita las ganas de comer pescado en otro sitio.

Está tan fresco allí... Es cierto.

¿Prefieres tomar un té? Muy bien.

Y luego seguiré con lo que estaba haciendo.

Tengo una amiga enferma que requiere mi atención.

Eres una mujer maravillosa y generosa, tía Vi.

(MUJER) Seguid con los ejercicios. ¡Bajad la cabeza!

(SRA. TRAILL) Eh, mirad el pupitre. Seguid con los ejercicios.

No hace falta que os levantéis.

Soy el inspector.

(CHISTA)

Perdone, pero creo que no le conozco.

Señora Traill, me llamo Sheppard.

Si lo desea, puede examinar el permiso

de la autoridad del Ministerio de Educación

que me faculta, conforme a la ley de comercios de 1950,

para visitar cualquier escuela en la que tenga motivos para creer

que hay alumnos escolarizados

y que además desempeñen algún tipo de empleo.

¿Empleo? A todos les encantaría tener un empleo,

pero, aparte de los negocios familiares y de repartir periódicos,

ya me dirá a qué pueden aspirar.

Por cierto,

no recuerdo que nos haya visitado con anterioridad.

Debido a la escasez de personal,

nuestras visitas no son tan frecuentes como nos gustaría.

¿Y quién le ha sugerido que venga hoy?

Solo hay una alumna

que tiene empleo fijo después de clase.

Christine Gipping, que trabaja con regularidad.

-¿Dónde?

En la librería Old House.

Levántate, Christine.

(Puerta abriéndose)

(MUJER) Si me disculpa.

Esta es la niña. -Señorita, acompáñeme, por favor.

Buenos días. -Buenos días.

No piense que tengo algo contra usted.

La ley es la ley, eso es lo que he venido a decirle.

La experiencia es importante. Si no tienes estudios ni experiencia

no te contratan, pero ¿cómo la consigues?

Pero le decimos a Christine que si necesita referencias,

solo tiene que acudir a usted.

Sí, por supuesto, solo tiene que pedirlas.

Christine es una niña maravillosa, señora Gipping,

y le tengo mucho, mucho afecto.

Pero ahora tendrá la oportunidad de concentrarse en sus estudios.

No quiere dejar de ganar dinero, ¿sabe?

No, claro que no, pero...

Supongo que después de lo que ha pasado en la escuela...

Oh, hemos mirado por ahí

y esperamos que la contraten los sábados en la nueva librería.

¿La nueva librería?

Sí, abrirán muy pronto en la tienda de Deben.

La pescadería.

No tenía ni idea.

Oh, debe estar atenta a la competencia, señora Green.

Le dará las referencias a Christine, ¿verdad?

(NARRADORA) "Ella no tenía forma de saberlo,

pero la nueva librería no era una empresa como la suya,

sino una inversión del ingenuo lord Gosfield

siguiendo el consejo del general y de la señora Gamart".

Gracias por venir, señora Green. No hay de qué, señor Keble.

¿Se da cuenta del escaso capital activo que tiene en la actualidad?

Sí, es difícil no notarlo.

Me atrevería a decir que el negocio ha caído últimamente.

Pero he pensado que le gustaría saber

que hay un posible comprador para su librería.

Muchas gracias.

Señor Keble,

la librería no está en venta.

Mensaje recibido.

Gracias por venir.

Ha sido de incalculable ayuda.

Bueno.

Te echaré mucho de menos.

Yo no quiero irme.

No quiero trabajar en esa otra librería.

Mi madre es que no entiende nada.

No, por favor.

No te preocupes por eso.

¿Cómo no voy a hacerlo?

No puede llevar la tienda sola.

Y nadie del pueblo la ayudará.

No, me las apañaré, desde luego.

Me... Me arreglaré.

Espero que vengas por aquí

de vez en cuando, por las tardes.

No tendré tiempo.

Ya, no.

No, claro, estarás ocupada.

Ah, tengo algo para ti.

Ya no tendrá que esperar a mi entierro.

Es muy buena, señora Green.

Demasiado buena, puñeta.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Buenas tardes, Florence.

Señora Green. Señor Brundish.

¿Cómo van las cosas por ahí abajo?

Eh...

Creo que lo sabe tan bien como yo, ¿no?

Desde luego, sí, sé algunas cosas.

¿Y qué piensa hacer?

¿Hacer?

¿Hay algo que pueda hacer?

Sí.

No.

Continuar.

Eso es lo que iba a hacer.

Florence,

me gustaría mucho haberla conocido en otra época de mi vida,

en otra vida totalmente distinta.

Pero voy a hacer

lo poco que esté a mi alcance para ayudarla.

Señor Brundish, es...

Es tan reconfortante oír eso...

Se lo agradezco mucho.

Yo...

No debe... No hay nada que usted... Yo...

Iré a hablar con ella, hablaré con esa mujer.

Puede que me escuche, puede...

que ponga fin a este acoso despreciable.

¿Haría algo así?

¿En serio?

¿Abandonaría su reclusión por mí?

Sin duda, lo haré.

No sé si servirá de mucho, pero estoy dispuesto.

También podría pegarle un tiro, pero...

No estoy seguro de que fuera de su agrado.

No sé cómo agradecérselo. Es...

Es lo más...

Es el gesto más noble

que alguien ha hecho por mí.

Bien.

Trabaja demasiado, Florence.

Intento concentrarme. Por favor, deje esos libros.

Acaban de llegar y no los he revisado.

Se puede triunfar si uno da todo lo que tiene.

No veo por qué.

Todo el mundo da todo lo que tiene al final, ¿no?

Moriremos.

Morir no puede ser un triunfo. Es joven para pensar en morir.

Ah, creo que Kattie la palmará.

Malgasta mucha energía. ¿Cómo está Kattie?

Ni idea.

De hecho, ella me ha dejado.

Se ha ido a vivir con otro, ¿sabe?

En Wodwich.

Él está en el servicio internacional de la BBC.

Le estoy abriendo el corazón.

Sí.

Es un momento especial, ¿verdad?

Se lo habrá contado a todo el que le haya escuchado.

Pero le afecta a usted en particular porque a partir de ahora

tendré mucho más tiempo libre. Verá, podré trabajar aquí

a tiempo parcial como ayudante suyo.

Supongo que echará de menos a la niña.

Christine aprendió mucho mientras estaba aquí

y era sumamente amable con los clientes.

Yo puedo serlo más.

Bueno...

¿Cuánto puede pagarme?

A Christine le daba 12 chelines con seis peniques a la semana

y no puedo ofrecerle nada más de momento.

Si le interesa el empleo,

puede pasar por las tardes durante una semana

para probar, período de prueba.

Y recuerde que no le he ofrecido el trabajo,

lo ha pedido usted.

¿Le han dicho alguna vez que tiene unos tobillos maravillosos?

¿Por qué no se calla?

¡Váyase ya!

Derrama todo tu amor en todo su esplendor,

pues una noche u otra noche vendrá el jardinero con su candor.

Y las flores recogidas marchitas son.

Christine.

Ándese con ojo, señor North.

Oh.

Qué expresiones más desagradables te enseñan en esa escuela.

No he venido aquí a ver a gente de su calaña.

¿Por qué...?

¿Por qué ya no ayudas a la señora Green?

Te echa de menos.

Ya está usted, ¿no?, entrando y saliendo.

Dicen que le quitarán la librería.

¿Dicen? ¿Quiénes? ¿Lo dices tú? Ya sabe quiénes.

Tienen otros planes para Old House.

¿Y a ti qué más te da, si eres una pulga?

Quieren quitársela, ¿sabe?

Así que irán a por ella. La llevarán a juicio

y tendrán que jurar decir la verdad,

toda la verdad y nada más que la verdad.

Esperemos que el asunto no llegue tan lejos.

Yo no tenía tiempo de sentarme cuando la ayudaba.

No me extraña, eres una niña.

O una mujer.

Ninguna de las dos sabe cómo relajarse.

Ándese con ojo. He venido a coger esto.

Es de mi madre.

Gracias.

Déjeme un momento.

Oh, qué sorpresa más agradable, señor Brundish.

Oh, por favor, siéntese.

Gracias.

He venido a preguntarle algo.

No sé si esta es la forma apropiada, pero no se me ocurre otra mejor.

Si no está de humor para preguntas, debería decirlo ahora.

¿Le gustaría tomar un té?

No.

No, no quiero su té.

Quiero que deje en paz a Florence Green.

¿Le ha pedido ella que venga a verme?

Claro que no.

Ella solo es una mujer que quiere conservar una librería.

Si la señora Green tiene algún motivo de queja,

podría recurrir a un abogado.

Aunque creo que es bastante propensa a cambiar de asesor legal.

La librería tiene corrientes de aire.

Es imposible hipotecarla otra vez y dicen que es húmeda.

Déjela en paz. Esa mujer no le ha hecho nada.

No se le ha ocurrido, al ser alguien que debe de estar muy preocupado

por el bienestar y el futuro de este lugar,

que un edificio de tal interés histórico

podría dedicarse a algo mejor? La antigüedad no es lo mismo

que el interés histórico,

de lo contrario, usted y yo seríamos mucho más interesantes.

Se lo repito: quiero que deje a mi amiga Florence Green en paz.

¡En paz!

Por lo que parece, su amiga no ha tenido en cuenta

las restricciones que impone la ley,

algo que he observado en varias ocasiones.

Y en ese caso no puedo hacer nada al respecto.

La ley tendrá que seguir su curso. ¿Se refiere a una ley

que no existía hace un año

y que el Parlamento ha aprobado a nuestras espaldas?

Estoy hablando de una orden de compra obligatoria

o de desahucio, que sería el término apropiado.

¿Ha encargado a su querido sobrino ese proyecto de ley?

No negaré que el proyecto de ley de mi sobrino

pueda afectar a la librería, ya que es esencial

que la propiedad haya estado vacía cinco años.

Eso, sin duda, sería aplicable a Old House.

Pero hay muchas disposiciones

que se deben tener en cuenta, señor Brundish.

Los vulgares mortales como yo y, por supuesto, como usted,

no sabríamos por dónde empezar.

Me interesa la política y, en consecuencia,

estoy familiarizada con la burocracia,

pero esto me supera por completo. Nosotros no sabríamos

ni quién sería la persona adecuada a la que escribir.

Señora, sé perfectamente bien a quién escribir.

Durante estos años, si no me hubiera empeñado en saberlo,

habría perdido varias hectáreas de pantanos, tierras de labranza

y dos buenos molinos. Por ese motivo sé seguro

que si no se ha hecho nada todavía,

aún podemos formar un frente común contra ellos.

Sin duda podemos pensar en formas de facilitar el proceso

si se lleva a término.

Hay otras muchas propiedades para alquilar

en pueblos más grandes que Hardborough.

Yo no estoy hablando de eso.

Usted debería hablar de lo que yo estoy hablando.

Ojalá pudiera hacer algo más.

Entiendo, pues, que no piensa hacer nada.

No debe hablarme de ese modo, señor Brundish.

No se da cuenta de lo que dice.

Parece que me toma por una persona atroz.

¿Es eso?

No puedo contestar con un sí o con un no.

Sospecho que por "atroz" quiere decir "inesperadamente ofensiva"

y la verdad es que ha sido bastante ofensiva, pero también

repulsiva.

Señora Gamart,

es decir, se ha comportado exactamente como esperaba.

Buenas tardes, general.

No desea ningún libro, ¿verdad?

No exactamente, eh...

Solo he venido a decir que...

se ha ido un buen hombre.

Sí. (CARRASPEA)

Creo que conocía a Edmund Brundish bastante bien, ¿no?

Me siento como si así fuera.

Pues yo nunca crucé ninguna palabra con él.

Estuvo en primera línea, claro,

pero no donde yo.

Se alistó en las Fuerzas Aéreas.

Quería volar.

Qué raro.

Ah, también fue raro que viniera a vernos aquella misma mañana.

Quería hablar con su esposa, imagino.

Sí, tiene razón. Violet me contó todo lo que hablaron.

Eh... Porque hizo un gran esfuerzo por ir a verla a casa

para felicitarla por su brillante idea.

Me refiero al centro de arte.

Lamento no haber tenido la oportunidad de hablar con él.

Debo decir que nunca me habría imaginado

que tuviera interés por el arte.

Pero bueno...

Se ha ido un buen hombre.

Cualquiera podría sufrir un ataque como ese

si lo piensa.

No debe llegar tarde a su almuerzo, general.

Salga de mi casa y no vuelva nunca más.

Y, por favor,

no se les ocurra ni a usted ni a su mujer volver a calumniar

a un hombre que tenía más dignidad,

sensibilidad

y compasión de las que ustedes dos tendrán en toda su...

No mencione su nombre nunca más.

Y olvide el mío.

Pero ella...

Violet...

¡Váyase!

Así pues, podemos decir que me ha desahuciado

la ciudad de Flynn Market.

Como mencionamos en la última conversación telefónica,

al parecer hay una nueva ley parlamentaria

que permite al ayuntamiento de Flynn Market

asumir la propiedad de Old House.

Sí.

Y me gustaría saber si es posible.

¿De dónde ha sacado el ayuntamiento los fondos necesarios

para echarme de mi casa?

Por lo visto han encontrado un benefactor.

Lo que me preocupa es si Old House se considera habitable o no.

Si resulta que no es habitable para el ser humano

o si existe la amenaza de que se hunda,

será imposible solicitar una indemnización.

No verá ni un penique.

Yo la estoy habitando y sigo siendo humana.

Y no es tan húmeda como creen. En verano es bastante seca

y en pleno invierno... (CARRASPEA) Esta es una inspección

del sótano, según la cual la propiedad

se asienta sobre un centímetro de agua.

Perdone, pero ¿qué inspección?

No me han informado de ninguna inspección.

Al parecer,

en varias ocasiones, cuando se ausentó de la propiedad,

un experto en albañilería y enyesado,

el señor John Gipping,

fue enviado por el ayuntamiento

a inspeccionar el estado de las paredes y del sótano.

¿John Gipping? ¿El padre de Christine?

Entendemos que entró de forma pacífica.

No recuerdo que yo le dejara entrar.

Ah, su ayudante, el señor Milo North.

Todo el mundo entendió que actuaba como su empleado

y que seguía sus instrucciones.

¿Tiene algo que comentar?

No. Lo que nos deja

en una situación difícil es el hecho de que el señor North

también ha firmado una declaración según la cual

el grado de humedad del edificio le ha afectado a la salud.

Y ha quedado incapacitado

para aceptar cualquier tipo de empleo normal.

Ya.

(GRUÑE FASTIDIADO)

¿Por qué?

No hay ningún porqué.

Me lo pidieron con insistencia,

así que pensé que sería mejor hacerlo.

Si busca una nueva ayudante,

entiendo que Christine está disponible.

Ya no trabaja en la nueva librería.

Intentó venderle "Lolita" al vicario.

Florence...

(CHRISTINE) ¡Señora Green!

¡Señora Green! ¡Christine!

Señora Green.

(RÍE)

Señora Green. Adiós.

Señora Green.

"Durante muchos años,

recordaré cómo intentó sonreír

al ver el libro que tenía en las manos".

"Luego se dio cuenta de lo que había hecho".

(Campanadas de alarma)

(Campanadas de alarma)

"Ella había cumplido su sueño

y ellos se lo arrebataron".

"Pero lo que ella poseía en el interior de su ser

era algo que nadie podría quitarle nunca:

su coraje".

"Y fue ese coraje y su pasión por los libros

lo que me dejó en herencia,

junto con la bandeja de laca china".

"Qué razón tenía cuando dijo que nadie se siente solo nunca

en una librería".

Somos cine - La librería - Ver ahora

El rey de la Habana

Cuba, años 90. Tras fugarse de un correccional, Reinaldo trata de sobrevivir en las calles de La Habana. Esperanzas, desencantos, ron, buen humor y sobre todo hambre, le acompañan en su deambular, hasta que conoce a Magda y Yunisleidy, también supervivientes como él. Entre los brazos de la una y la otra, intentará evadirse de la miseria material y moral que le rodea, viviendo hasta el límite el amor, la pasión, la ternura y el sexo más desvergonzado.

No recomendado para menores de 18 años Somos cine - El rey de la Habana - Ver ahora
Transcripción completa

¡Rey! ¡Nelson! ¡Bajen a buscar agua!

Sigan, sigan con sus pajas, descarados.

-Cállate, cojones, cállate. -Sal de ahí.

-¿Qué tú quieres? -Que bajen a buscar agua, cojones,

¿no me entienden? ¡Respinga!

Oye, vieja, déjalo tranquilo.

No lo provoques más.

Sin comer todo el día, pajeándose, lo vas a matar.

Oye, yo estoy en mi casa y hago lo que me da la gana.

No, tú eres una puta.

Sí, pero con mi bollo.

He vivido mejor que tú 20 veces.

So monga, cochina.

Ah, Fredesbinda, me cago en Dios, coño.

-Ven para casa. -Suéltame.

-Suéltame. -Ven para casa.

Dale biberón.

Te voy a dar un palo.

Anda, vieja, ven para casa.

Coño, que te voy a joder todo.

No me ofendas más, cojones.

Suéltame.

(GRITA)

Vamos, dale, dale.

Magdalena, nosotras no hemos visto nada.

No quiero líos, así que no me digas nada, no digas nada.

(GRITA)

Ay, mi niño, cayó de allá.

Cayó. ¿Cómo cayó?

Abuela.

Abuela.

(Ambulancia)

¿Qué fue lo que pasó aquí?

Nada.

Y ¿no viste nada?

No, no vi nada.

Párate.

Ciérrate esa portañuela de carajo.

Llévatelo.

Es evidente que el muchacho empujó a la señora, cayó sobre los cables

y se achicharró.

Y al otro, lo empujó por aquí y cayó a la calle.

-Y ¿la viejita esa? -Murió de un paro cardiaco.

Sin violencia.

Ese se está haciendo el loco para no confesar.

Y ¿no hay testigos?

En este barrio jamás hay testigos.

Nadie nunca ve nada.

Dale, dale, dúchate.

Mira qué es raro el mulatico este.

¿Qué?

¿Te gusta este animal para tener una naca? ¿Eh?

¿Qué me miras con esa cara de mono, eh?

¿Qué me miras?

(ANIMAN)

(Silbato)

¡Dale que tú puedes! ¡Dale duro!

Dale, mulato maricón, métele, sí, dale.

¡Suéltalo! ¡Suéltalo!

(A LA VEZ) ¡Pelea, pelea!

Permiso para sentarme.

Eso será otro día.

A ver, ¿qué fue lo que pasó?

Un negro me quería coger el culo.

Exprésese correctamente.

Aquí no hay ni negros ni blancos ni mulatos.

Aquí todos son internos.

Bueno, como sea, cambié negro por interno.

¿Usted se cree simpático?

Le estoy haciendo una pregunta, conteste.

No, yo no soy simpático.

Le voy a advertir una cosa.

El que decide aquí cuánto tiempo vas a durar soy yo.

Y si sigues fajándote y comportándote de esa manera, vas a durar aquí

hasta que cumplas los 18.

Y cuando los cumplas, inmediatamente vas para la cárcel.

¿Está claro? Para que se lo coman los caimanes.

Retírese.

Entonces aquí hay que ser durísimo para que no te cojan el culo.

Y pues sin que ese tipo se entere.

OK.

Prender o encender en el otro.

Fíjense, ese es el tipo de circuito que nosotros usamos en las escaleras.

Ustedes encienden abajo y cuando llegó ya al tercer piso,

¿cómo apaga?

Pues tenemos que computar y apaga desde ahí arriba

y viceversa, por supuesto.

En cambio, este circuito que está aquí es del circuito

que nosotros llamamos el paralelo.

¿Por qué es el paralelo? Porque usted puede apagar uno

y los otros continúan encendidos.

Miren.

(Ladrido)

(Truenos)

(Relámpagos)

(Disparos)

¡Coño negro, cómo corre!

Coño, agárralo que ese fue con algo que me robó.

Allá no se escapa.

Coño negro, se escapa.

(Disparo)

Recoño.

Fredesbinda, ¿se acuerda de mí?

No, no me acuerdo.

Soy yo, Reynaldito, el que vivía aquí al lado.

Ay, muchacho, por tu madre.

Pero si estás hecho un desastre.

Peor que cuando vivías aquí.

¿Qué tú hacías con esa piedra?

Quitarme toda la mierda que me ha caído encima.

Los hombres tienen que ser fuertes, mi hijito,

omorirse.

Para la próxima, le entro a cabezazos la vara y me mato.

Quita, quita, quita.

No te señales que eso es muy malo.

Ven, que te caliento algo para que almuerces.

¿Qué hicieron con mi familia?

No sé, muchacho.

Se lo llevaron a la morgue.

Y ¿tú, qué hiciste todos estos años?

Me enrolé en un barco de marineros.

Ya.

Y ¿cómo era ese barco?

El barquito con la velita así.

(RÍE)

Ay, muchacho.

La vida te ha maltratado un poquito, ¿verdad?

O tú has maltratado a la vida.

Te estoy poniendo agua caliente para que te bañes.

Aliméntate, papi, que estás muy flaco y abandonado.

Y ¿todas esas chatarras?

No son chatarras, mi amor.

Son los recuerdos de Difunto.

Ese sí que era un hombre de verdad.

Cuatro veces me dejó preñada.

Me templaba, ay.

Vestido de uniforme con pistola y en el cinto.

Solo se sacaba la pinga y los huevos por la portañuela.

(RÍE)

Y ¿usted era hora vieja?

Ay, ¿esa hora vieja de qué? Yo soy de aquí, de Centro Habana, ¿por qué?

No que tenía los falcones caídos.

Si tú supieras lo que han hecho esos falcones

por esta revolución, mi amor.

Victoria.

¿Quieres un trago?

Sí.

(SUSPIRA)

Y ¿su hija?

Mejor no hablar de eso.

¿Por qué?

Se fue con un negro bien prieto y bien malo.

Está por aquí por el barrio, pero no viene a verme nunca.

Todos se fueron, me dejaron sola.

Dale, chico, bota todos esos trapos y báñate.

Mira eso, hecho churre.

Ahí te tengo ropita limpia que te puede servir.

¿Qué hicieron con el cuartico?

¿Qué cuartico?

Donde vivíamos.

Vino una familia de orientales y ahí están.

Mis senos no caben en ese cuartucho.

Si quieres luego vamos y pasamos por allí.

¡Ay!

Para ver lo de la casa.

Yo pienso que tú tienes derecho.

Digo, pienso yo.

No, yo no tengo interés en eso.

Ay.

Papi.

Qué pinga más linda.

Qué churre.

Siéntate tú.

Pero niño, ¿desde cuándo tú no te bañas?

Pero mira eso qué sucio que está.

Ah.

Ay, pero, loco, si tienes una perla.

Dos.

Lo había oído decir, pero nunca había visto una.

Me la pusieron en China.

Con esas perlas se me pegan las "jevas" como mosca.

Eres un loco, jovencito.

Tienes una pinga de oro.

Ay.

Tengo que buscarte una pistola. ¿Una pistola? ¿Para qué?

Para que te lo pongas en la cintura.

Y me tiemples.

Estás loca.

No quiero ni pistola ni nada de eso.

¿Por qué? Porque no.

Pero ¿por qué no? Porque no y punto.

Ay, papi, ay.

Ah.

Sí, mamá, me lo pones.

Ay, papi, la perlana está temblando.

Perlanas, son dos, coño.

Ay, sí dos, papi, dale,

Ya tuve, Fredesbinda.

Arrodilla y me mando pinga.

Ay, sí, papi, ven.

Métemela, métemela. Aquí.

(GIME)

Ay, papi, así que me duela.

Ay. Tremendo culo.

Coge mi leche. (GIME)

Ay, Difunto, perdóname.

Pero aquí sí hay, sí hay pinga.

Dale. Gózala. Ay.

Tú eres el Rey de La Habana. Reynaldo nada más.

No, papi, no. Tú eres el Rey, el Rey de La Habana.

Señor, ¿dónde se consiguen esos muñecos?

¿Qué muñecos, chico?

El que usted tiene.

Ese es san Lázaro.

San Lázaro es una calle. No, no me agreda.

No sabe. Estoy cumpliendo una promesa.

Tranquilo, no le voy a hacer nada. ¡No te hagas, comemierdas!

¡Piérdete! Présteme el muñeco.

¡Los santos no se prestan! ¡Vete!

(GRITA)

¡Arriba, coge tu manía aquí!

¡Acabadito de hacer!

¡Alegría!

¡Quédate!

¡Arriba, coge tu manía aquí!

¡Acabadito de hacer!

¡Arriba, coge tu manía aquí!

¡Acabadito de hacer!

Toma.

No tengo dinero.

Cuando puedas me lo pagas. A otro no, pero a ti sí.

¿Y por qué a mí sí y a otro no?

Me da la gana de dártelo.

(RÍEN)

Son lindos, ¿verdad?

¿Qué? Los papalotes.

¡Ah, sí!

A veces son... diez o doce al mismo tiempo.

¿Qué edad tú tienes, nene?

20. No.

No seas mentiroso. Tú eres un niño. Un niño, pero con tremendo pingón.

¡Oye! Que no te he dado confianza. Deja la gracia.

No es gracia. Es la verdad.

(RÍE)

Traba.

(RÍE) (ESCUPE) ¡"Chipetorain"!

Te llamabas Reynaldo, ¿verdad?

Rey.

Pero me dicen el Rey de La Habana. (RÍE)

Eso vas a tener que probarlo. No tengo que probar nada.

Me dicen así.

Me voy para la casa.

¿Vienes o te quedas?

Dale, coge tu santico.

¿Y tú? ¿Yo qué?

¿Qué edad tú tienes?

Soy una vieja para ti.

Debes tener unos 30 y pico. 28.

¿28? Sí, 28.

Dale, niño, entra.

¿Y tu marido qué va a decir? ¿Marido de qué, niño?

Yo soy libre, independiente, soberana.

Con ese cuerpo y esa sonrisa...

¿tú estás sola, sola? ¡Oye!

Aunque no lo creas.

¿Qué tiempo llevas sola? ¿Una semana?

Chico, ¿y eso a ti qué te importa? No, tu madre me ha dicho

que te has enfadado con un negro prieto.

¿Me estás velando?

¿Yo a ti? (RÍE)

Bueno, no sería la primera vez. ¿O no te acuerdas cuando te pajeabas

cuando estaba en el gallinero? Sí.

Era una fanática de darme filo, su "guaricandia".

A ti y a La Habana entera.

¿Por eso tienes tan contenta a tu madre?

¡Ah! Mi madre chochea y se inventa todo.

De rabia porque nadie se la chinga.

El tiempo pasa y el culo de las mujeres es como un reloj.

Sí, pero el de tu madre ¿aún da las horas?

¡Búrlate del coño de tu madre! ¿Me oíste?

Mi madre está muerta.

¡Ay! Perdona.

Sí, pero muerta de la risa agarrándose del coño la tuve.

(RÍEN)

Tranca la puerta.

Aquí estamos ilegales.

Porque esto se puede derrumbar en cualquier momento.

No hay luz, no hay agua.

No hay gas.

Te voy a despojar.

Porque tú arrastras muerto humano, echa para acá.

¡Quita, chica, quita!

Yo no creo en nada de eso. Yo no creo ni en mí.

¿Tú estás loca?

Tú estás loca. Sí, de la cintura para abajo, papi.

Loca, arrebatada por meterme los pingones de los negros.

Grandes, gordos, prietos.

Como el tuyo, papi.

Yo no soy negro, no te confundas. Pero eres un mulato riquísimo.

Y me gustas mucho. Ya, se me está barando.

¡Ay, sí! ¡Sigue, papi!

¡Ay! Las patas te huelen a rata muerta.

(RÍE)

(GIME)

(GIME)

Y aquí tienes peste a carajo. (RÍE)

¡Ah!

(GIME)

Otra vez la fina, la que no huele, apesta.

Y riquísimo.

(GIME)

¡Ay! ¡Qué rico! (GIME)

Sube, papi, suave. Bósame primero.

(GIME) Eso.

¡Ay! Sí.

¡Ay, Rey! ¿Te gusta así?

¡Rey mío! (GIME)

¡"Recontrarey"!

(GIME)

Esto es mejor que pajearse en el gallinero, ¿verdad?

Dale, que me estás extrañando. (RÍE)

(GIME)

¿Qué tú creías? ¿Eh?

¿Qué tú creías? Dime.

(GIME)

¡Dale, perra! (GIME)

¡Chilla! (GRITA)

Eres el Rey de La Habana. Yo soy la reina, ¿oíste?

¡Reina de La Habana! (GRITA)

Pareces un mono cagando.

¡Ay!

Tengo el culo de pollo ardiendo.

Acabaste conmigo, papi.

El problema es que tú eres una vieja

y yo estoy entero.

(RÍE)

Una tarta para quien tú sabes.

¡Cómo tú me gustas, papito! (RÍE)

Si me vuelves a templar así... me enamoro de ti para siempre.

Ya, ya, no seas "macocha".

¡Cómo me gustaría ser tu puta y darte dinero!

Si yo pudiera, tiraría y ganaría a "full".

Te iba a tener como un rey de verdad.

Hasta una "traeona" de esas de oro te iba a comprar.

No sueñes más, Magda.

¿Por qué?

Porque no.

Tú estás muy cochina de trabajar. (RÍE)

(RÍE) ¡Ay, Rey!

No sé por qué, pero voy a ayudarte.

Coge.

Estás las vendes a siete pesos cada una.

En fular son más caras

y no me tienes que dar nada.

¡Ah! Y de paso, vas de parte mía a ver a ese posturero de cotorro.

Es un viejo que se llama Seso.

Él te va a dar trabajo.

Y no te fíes de papito.

Mira que tú eres capaz de eso y de mucho más.

Yo soy "adechón"

y conmigo vas a adelantar muchísimo.

Coge.

Come algo que te lo ganaste.

Entonces, ¿soy el Rey de La Habana o no?

(RÍE)

Nos vemos por la noche.

Oye, espera un momento aquí.

(LLORAN)

La gente cada día va menos al ambulatorio.

Bastante jodido está todo ya como para derramar aún más lágrimas.

¿Deberían quemarlo? Total, ¿cuántos muertos?

¿Y nos quedamos sin trabajo? ¡Qué bueno!

Es verdad, esto es lo suyo.

Oíste bien. 29 años aquí todos los días, de lunes a domingo.

Ni un solo día descansar. ¡Cojones! ¿Ni un día?

Nada.

Bueno, a usted le gustarán los muertos.

Se sentirá bien.

Yo solo fui feliz el día que me casé y ya.

Nunca más he tenido otro día feliz en mi vida.

Esta es mi reserva especial de mi bodega privada.

(TARTAMUDEA) ¿De qué?

Chico, eres un ignorante, un inculto. Contigo no se puede hablar.

(RÍE)

Vaya.

Mañana aquí a las 08:00.

Pero falta sellar la... (TARTAMUDEA) con el cemento.

Yo me encargo. Ale.

La cuenta.

Gracias. (RÍE)

Te invito a un trago. No, que va, si ya estoy comprado.

¡Ay! Chico, eso no se dice nunca.

Nunca.

Un hombre de verdad nunca dice eso, chico.

(GRITA) ¡Ay! ¡Qué rico, sí!

(GRITA) ¡"Calao"! ¡Tú sabes! ¡Magdalena!

¡Magdalena, abre!

¡Me cago en su madre, maricón!

¿Qué? ¿Qué es tu chino?

Pero ¿qué eres una puta?

¡Quieto, jovencito!

No le tengas miedo. Esto no es... con ropa y calzoncillos.

Chico, ¿quién te crees para hacerme esto?

¿Mi marido o qué?

Soy tu marido y debes respetarme. ¡No!

¡Eres es un "comemierdas" muerto de hambre que no tiene

ni dónde caerse muerto! ¿Tú millonaria o qué?

Oye, ve para acá.

¿Tú no sabes que ese viejo me paga 20 o 30 pesos por echarme un palito

y que ni siquiera se le para la pinga?

No se le para y tú ahí suspirando como una loca.

Teatro, mi hijito, teatro.

A los viejos hay que echarles mucho teatro. Además, a mí me da

lo mismo si se le para o no. Si me la meten o la dejan fuera,

yo me he metido 500 pingas desde los ocho años.

Y me voy a meter 500 más antes de morirme.

Así que no te hagas el cabrón conmigo y un cojón de tu madre.

¡Eres una tremenda chinga...! ¡Los pies en la tierra, cojones!

Cada vez que me pueda ganar un dinero con un viejo, me lo gano.

Les jalo las patas, que me den lengua si les da la gana.

Así que me esperas allá fuera o desapareces.

¡Ay! Mi vida, perdóname. ¿Te asustaste?

(BEBÉ LLORA)

Te he cogido, melón. ¡Pedazo de maricón!

¡Ay!

¡Ay! Solo fue una caricia. ¡Caricia, mis cojones!

¡Espera! ¡Ay! ¡No me des! ¡Quita, "utodol"! ¡Ay!

Coño, tu madre. Acabaste conmigo.

¿Te ha mandado pajearme un carajo? No es para tanto.

No pude resistir la tentación. Yo soy hombre, no me jodas.

¡Ay! Aquí todos somos hombres.

Por desgracia. ¡Por desgracia ni tarro!

A mí me gusta ser hombre. Mira, no te hagas.

Aquí el que no canta la "Ballamesa", la tararea.

¿Qué tú haces ahí abandonado?

Espero a Magda.

(RÍE)

Esa puta te tiene tirado, mierda.

Ven, entra.

¿Y eso por qué?

Me cogiste de buenas.

¡Cierra la puerta!

¡Coño!

¿Dónde tú sacas la luz y todo eso?

Niño, acabas de conocerme y ya estás averiguando.

Tú como marido debes ser terrible. Oye, vamos a dejarlo contigo.

Oye, oye, no.

No me gustan las vulgaridades ni tampoco que me traten mal.

Yo soy así como una princesa.

Como Lady Di.

Por eso, todos mis amigos me llaman Yunisleidi.

¿Quieres comer algo?

Sí.

¿Por qué no te bañas mientras? ¿Bañarme?

Niño, sí, se puede ser pobre, pero no indigente.

No se puede andar por la vida con esa cochinada.

Báñate, sé una persona.

Ni sé nadar ni bailar ni me gusta la música ni el agua.

¡Sigue para el carajo! ¡Ay! ¡Si, papi!

¡Ni pienses que te me vas a sentar ahí!

Debes estar lleno de piojos y ladillas con la negra esa

de al lado y su viejo churroso. ¡"Repinta! ¿Piojo de qué?

¡Ay! Te dije que no me gustan las vulgaridades, niño.

Vamos a dejar la mariconada esa. Eres un bruto.

Lo tuyo debe ser meter la tranca y ya.

Los machos somos así.

No hablamos tanta mierda como tú.

Bueno, si quieres estar callado, está bien, pero duermes en el piso.

Ya ves que no me falta de nada.

Más bien te sobra.

Son pequeñas, pero originales. Nada de silicona.

Las logre a base de medrones.

Pastillas anticonceptivas y reguladoras de la menstruación.

A base de hormonas femeninas.

¿Qué estás hablando? ¿Qué cosa es eso?

Nada, nada.

¿Cómo es que tú te llamas, mi chino? Rey.

Rey.

(Música romántica)

Estás fascinado, ¿verdad, mi Rey? ¿Eh?

¿Que si estás fascinado por mí?

¿Fascinado?

# Marina mis ojos

# y sentirás

# el amor que nace en mí.

# Toca mis manos.

# Siente mi luz.

# Escucha.

# Mi amor. #

¡Ay! Mi príncipe.

Dime que te gustan mis ojos.

¿No son preciosos?

Ya, no seas empalagoso.

Empalagosa.

(SUSURRA) Empalagosa.

(GIME)

No debí hacerte eso.

¿Hacerme qué?

Dormir en el nylon.

Ya estoy acostumbrado.

Tómate el café. (GIME)

Todo.

Todo perfecto.

Tener a un hombre en casa.

Venga, ven para acá para la luz. ¿Para qué?

Para sacarte los piojos. El Rey no tiene piojos.

Eso lo vamos a ver ahora.

A ver, siéntate ahí.

¡Ay! Tienes un golpe ahí. Te diste durísimo.

¿Cogeremos el riesgo?

¿A qué te dedicas, Reynaldito?

A nada.

¿Magda te mantiene?

No, yo tengo una pincha en el cementerio.

Pero ella te da dinero, si no te mueres de hambre.

¡Ah! Sí, claro.

Pues a mí no me mantiene nadie. Yo lucho muy duro.

Y cuando tengo un hombre, lo cuido como si fuera un príncipe.

No como tu negra churrosa. ¡Oye, ya!

No hables mal de Magda. Déjala tranquila.

¿Todavía la defiendes? Si te tiene hecho tierra.

Lo curioso es que no tengas piojos. Ahora vamos a ver las ladillas.

Déjame tranquilo. ¡Oye! No te voy a dejar tranquilo.

No ves que yo estoy muy limpia y me cuido mucho.

Hazme el favor, anda.

Ponte ahí.

Ahí donde me dé la luz, ahí.

¡Ah! ¡Ay!

Tienes ese calzoncillo en candela.

Después yo te lo lavo.

(SUSPIRA)

A ver...

¡Ay!

Niño, cómo se te está poniendo esto.

Qué susto.

Ay, lo siento, pero no puedo más.

Acabe.

No me toques el culo, que soy un hombre.

Está bien, está bien.

¿Te gusta?

Ya, déjalo.

Sí, dale, dale, dale. Ya.

Échamelo aquí todo.

Dale.

¡Magda!

Magda, ve a buscar lo tuyo.

¿Qué pasó?

Oye, ¿qué pasa?

¡Oye!

Niño, ven acá. ¡Niño!

¡Niño! ¿Ya soltaste la leche y te vas?

Déjalo todo ahí.

No te limpies. Que ahí hay la marca del Rey de la Habana.

Ya vas calentando motores.

Ay, los hombres.

Los hombres son como animales.

Por eso me gustan tanto.

Déjame salir, anda.

De día soy todo tuya.

Pero solo de día.

De noche, soy una mariposa nocturna.

Una mensajera del amor.

Ábreme el candado.

Déjala. No te quiere.

Yo no pienso dejar a Magda por una princesa

con un par de huevos.

Y ¿quién te dijo que yo te quiero como marido?

Tus ojos.

No te pierdas, tontito.

Niño, ven para acá.

Al final apareciste.

Tengo hambre.

Olvídate del hambre, que aquí no hay nada que comer.

No hay comida, ni café, ni cigarros. Ron nada más.

Eres un desastre.

Tú eres más desastre que yo, Rey.

Si yo no busco los pesos, nos morimos de hambre.

¿De dónde es eso? ¿De los viejos?

Ay, de lo que sea, nene.

No empieces con la misma jodienda.

Búscate algo de comer.

Búscalo tú. Y no te demores.

Eh, pero ¡serás huevón!

El Rey de la Habana, no. ¡El huevón de la Habana!

Oye. ¿Qué?

¿Tú me quieres?

Sí, papito.

"Caí solito en la telaraña tejida entre Magda y Yunisleidi.

Magda se desaparecía.

Yo me desaparecía.

No teníamos dinero. Y por tanto, no teníamos zapatos.

Ni radio.

Ni cuchillas para afeitarse ni nada.

Éramos pobres en un país pobre.

Solo podíamos chingar.

Y comer de vez en cuando."

Al pobre

en un país pobre

solo le queda esperar a que el tiempo pase

y a que le llegue su hora.

Y mientras que uno nace y muere

lo mejor, es no meterse en problemas.

A veces se nos caen del cielo.

De gratis. Así es, muchacho.

Yo, poco a poco, vendí todo para ron y los cigarros.

Hasta mi casa, perdí.

Y ahora, me encuentro aquí viviendo con los muertos.

Todos me dejaron.

Mis hijas.

Los nietos.

Mi mujer.

Todos se fueron.

¿Adónde?

Para fuera, chico.

Para fuera.

Para donde se va todo el mundo. Y ¿por qué no se fue con ellos?

Porque yo nací en Cuba. Y este negro muere en Cuba.

Hay que olvidar las penas.

Sí.

Pero es que yo no puedo olvidarlo.

Jamás me han escrito una carta.

Ni una llamada de teléfono.

Nada. ¿Qué hice de malo?

¿Beber ron?

Me gusta el ron.

¿Qué voy a hacer?

Total.

Del polvo venimos y para el polvo regresaremos.

No.

De la meta venimos y en la meta seguiremos.

Óyeme.

Tú eres buena gente.

Tú eres mi amigo.

Y ¿ese abrazo?

¿Por qué usted me abraza?

Óyeme, sigue trabajando así de duro.

Ye pagaré más a ti y al chingado ese que no sirve para nada.

Anda, dale.

Vamos.

A mí ese viejo me da mala espina.

¡Es un pobre hombre!

¿Un pobre hombre?

Vamos a saltar la cerca a buscarlo.

¿Para qué? Ese viejo amargado ya debe estar durmiendo.

Vamos y verás.

Yo, yo, yo creo...

¿Qué tú crees?

Que tiene algo y nos está eliminando.

Que tiene algún bisnesito.

¿Qué bisnesito va a tener en un cementerio?

¿Va a vender muertos?

Yo sé lo que digo. Todas las tardes lo mismo.

Se queda solo y no quiere que lo ayudemos a sellar la bóveda.

(SUSURRA) ¿Lo ves?

¡Oye, tú!

Viejo salado. ¿Y yo qué? ¿Me tienes fuera del negocio?

Sale para ir para allá, que te meto un piñazo.

O me incluyes en el bisnesito, o voy a la policía.

Está bien.

Está bien. Coge la mitad de lo que hay en ese saco y dale.

¡Cabrón!

¡Ay, Rey! Están vendiendo pollo en los Carnavales.

¿Y esa cara?

Ay, no, no. ¡Muévete! ¡Dale! ¡Vamos!

¡Y fuácala! Le dio un palazo en la cabeza y ahí lo dejó, sequito.

Ese viejo sí que es un tipo duro de verdad.

Yo no pienso seguir pinchando en el cementerio.

Pero ¿por qué se lo toma mal?

Si la puta no comparte nada.

Verdad.

Aparte ya estoy cansado de ver muertos.

Te lo dije. Tu arrastras muertos oscuros y...

¡Sola va la gota! No me hagas recordar esas cosas.

Bueno, y ¿de qué vas a vivir? ¿Del aire?

De ti.

Ya encontraremos una pinchita.

Yo te voy a cuidar.

Siempre dices lo mismo y no me cuidas ni un carajo.

Siempre estás desaparecida.

Tú tampoco me cuidas.

Y también te desapareces.

Mira, niño. Cuando se pueda nos vemos y gozamos, pero suave,

sin coger lucha ni nada.

No. Yo quiero que tú seas mi mujer.

Hacerte un marido así de grande.

Anda, deja la jodedera.

Yo no reparo en un muerto de hambre por nada del mundo.

Y no es por ofenderte.

Pero como tú hay millones. Millones. Así que no te hagas el bárbaro.

Compra cerveza. Yo voy a lo de los pollos.

Lolo, mira eso.

¡Negro puto! ¡Desgraciado!

Veo que están...

Que está de madre.

Dame la muñeca.

Este mundo está perdido, caballero. Perdido, perdido.

Ese tipo está loco.

Locos estamos nosotros que no tenemos fuerza ni para coger una guagua.

Y comiendo mierda aquí en vez de irnos para el carajo.

Niña, ¿cómo las alitas? A diez pesos.

Se están haciendo millonarios y el Gobierno no hace nada.

Todo eso no sirve para un carajo, mi hija,

eso tú lo sabes.

Es que todo es contra el pueblo, todo es contra el pueblo.

Muchacha, ¿adónde vas? Señora, yo estaba aquí,

pero salí un momento. Niña, tú no vas ahí.

Yo sí voy aquí.

Oye, yo ya estoy muy vieja para jinetear

y estoy luchando como tú en esta cola de vacas.

Oiga, yo no jineteo, y más vaca serás tú.

¡Vaca eres tú, quítate de ahí, coño! ¡Ay!

-¡Pinga! -¡Abuela, no!

(GRITAN)

¡Dale duro!

(SILBA)

(RÍE) Eres una loca descraneada. Dame.

Para los santos.

¿Tú me quieres?

¿No lo ves?

No.

Magda.

Apareciste.

Creí que habías mordido la manzana de la bruja de Blancanieves.

¿Quién es Blancanieves? Yo a ti nunca te entiendo.

Porque eres un bruto.

A ti te pasa algo, ¿verdad? Metí la pincha en el cementerio.

Mejor. Un día u otro iba a pasar.

¿Tú eres habanero?

Sí.

Pero... ¿habanero, habanero? Habanero legítimo.

¿Y tienes carné de identidad con dirección en La Habana?

Chico, ¿tú eres policía, o qué bola contigo?

Titi,

si eres palestino no puedo cargar contigo.

¿Lo tienes o no?

No lo tengo aquí.

No lo tienes ni aquí ni allá.

Lávate la cara, anda.

José Linares Correa, 19 años, nacido en Sibanicú

y domiciliado en La Habana.

Y domiciliado en La Habana.

Gracias. Listo, pipo. Vamos.

Ese es Raulito, es un magnate.

Tiene una pila de gente trabajando

en esa cosa de los bicitaxis,

aparte de tres apartamentos que alquila,

pero todo trapicheado, por debajo del telón. Míralo.

¡Raulito!

Mira, este es el muchacho. Mucho gusto.

Puede empezar hoy mismo, ¿verdad? No, espérate, ven acá, ven acá.

Ven acá. ¡Ay, ay!

¿Quién coño es el tipo ese? Mi marido, yo respondo por él.

¿Quieres un adelanto? Claro que quiero un adelanto.

Tú me vas a dar 1000 pesos ahora.

Y después me vas a dar 100 todos los días.

Si te gusta bien, ¿oíste? Y si no, también.

No.

Primero te adelanto 500, y luego 80 todos los días.

No te hagas el chivo loco conmigo. Pues tú sabes que eso no es así.

Sí es así, Raulito. No me vas a meter el pie,

porque ya hablé con todos los bicitaxeros

que trabajan contigo,

y también con los de Raulito, con todos.

Y son 500 y 80.

Está bien, putica. (RÍE) Está bien.

¡Cerré!

Bueno, papi, tú sabes, tú lo trabajas a tu modo

y le pagas a él 80 pesos todos los días.

Y bueno, los 500 de adelanto me los pagas poquito a poquito.

¡Ay!

¡Ay!

¡Niña!

Para delante.

Que no te coja mirándole el culo a mi amiguita.

Óyeme, ¿no dijimos que a las ocho tú estabas lista, cacho de puta?

Ay, Yamilé, deja la huevería esa. Mira, te presento a Rey, mi marido.

Ay, el chuminoso este.

Déjalo y monta, anda. Mira, niña, que cuando yo digo

que tú vas para atrás como las cangrejas...

Niño, dale, que nos van a dejar afuera las putas.

Sí, porque hay que estar arriba de la bola.

Arriba de la bola, arriba de la bola.

Arriba de la bola, arriba de la bola.

Y ahora soy el Rey, si te gusta bien y si no también.

Óyeme, Yuni, ¿cuál es la explotación de ese tipo contigo?

¿Qué repinga te pasa a ti con ese muerto de hambre?

Ay, chica, déjame, yo soy así.

¿Y el italiano? ¿Tú no te ibas para Europa?

Niña, Rey es para marido, el italiano para sacarle dólares.

Ay, niña, pobrecita. Te veo preñada y encerrada en la casa

limpiando mierda. Y encima ese gorila aplastándote.

Qué lindo. Yo de ama de casa como alguien que me represente.

Ay, mi hermana,

si Dios fuera bueno conmigo y me dejara parir...

Ay, niña. Yo le daba para que no te quejes.

Fíjate, que yo llevo un cosido amarrado ahí abajo

desde los 13 años y tres veces me dejaron preñada.

Y te aseguro que el aborto fue peor que parir.

Eso está fuerte. Tú no pierdes el tiempo.

Ay, no, niño. Eso es para jugar por el día.

Lo de nosotras por la noche es más duro.

"Ladies and gentlemen", directamente desde el Caribe

para todos ustedes: ¡las chicas de la pimienta!

Pimienta pura y molida. Pimienta caliente...

(A LA VEZ) las tres... ¡tienes!

(Música cubana)

¡Ay, Yuni!

¡Mira lo que está haciendo ese salvaje!

¡Ay, nunca tienes un pichigoto, tú!

Deja la putería con mi marido, que es un tipo de relajo.

Deja verte completa, chinita. Ay, no, ya, se acabó,

que estás muy cochino. Pero con tremendo gongón...

Ay, pero sabes que a mí no me gusta así.

A mí me da inflamación pélvica.

Dame el culo, que ya la tengo en la puntica.

Si te bañas, te doy bolo. Así, cochino, no te me acerques.

¿Te lo puedes creer? Mi china, esa pinga es mía

y yo no la comparto. Guárdate eso, ¿vale?

Vamos, para allá abajo, me esperas en el bicitaxi.

Que... tú te enfermas.

¡Pinga!

¿Dónde está?

¡Tira al cuarto antes de que te parta la cabeza,

hijo de puta, estoy hasta el cogote!

Mi hijita, por poco me rompes la nariz.

Y tú, maricona, no vuelvas a mirar a mi marido porque te voy a matar.

¿Quién coño eres tú para cocinarle ni un carajo?

Oye, esa comida tiene brujería y te va a joder todo.

Ay, déjate de chusmerías, vieja, que nadie está para ti.

Arranca al cuarto, Magda, voy en un rato.

En un rato no, ¡ahora! Si al menos fueras pinguero

y ganaras fula...

Pero no, bugarrón barato con la puerca esta.

Tú lo que tienes es envidia, querida.

Porque soy una vedete. ¿Yo, envidia de ti, cacho maricón?

¡Ay, mira, vete a lavarte las patas esas y sal de mi casa!

¡Maricón! ¡La peluca no!

¡Cojones, la peluca!

¡Yuni, dale duro!

¡No te metas más con mi marido! ¡Te voy a matar!

¡Quítamela, cojones! Bueno, ya, ya, ya.

¡Te mato!

¡Cochina!

¡Hija de puta!

¡Pinga!

¡Maricón!

¡Suéltame!

Vuélvete a meter aquí, puta de mierda, que te voy a matar.

Te voy a picar la cara y el culo

si te vuelves a meter con mi marido. ¡Lo puedo jurar!

Que no te vea más con ese maricón, porque les rajo la cara a los dos

y los desgracio, aunque me vaya a matar.

Hago lo que me salga de los cojones,

no eres mi dueña y no le vas a tirar la cara a nadie,

para que lo sepas. ¡Repinga! ¡Yo soy tu mujer!

¡No me vas a pegar los tarros justo al lado de mi cuarto!

¡No lo vas a hacer porque no me sale a mí del culo!

Llevo días con tus puterías,

no me vengas de trágica con ese numerito de ama de casa.

Ay, Rey, por tu madre,

no acabes conmigo. Yo soy una bruta,

pero a ti te quiero de verdad.

No me vas a ablandar con tus lágrimas de cocodrilo.

Y me voy, que tengo trabajo.

(VOMITA)

(GRITA)

Tomasa viene a ayudar...

¡Tomasa viene a hablar para ti!

Tú naciste con un arrastre grande de cadena pesada,

te viene de atrás.

Es un arrastre de cadena pesada para toda la vida.

Y te tocó a ti.

Esa negra tuya no te quiere nada.

Tú sí.

Pero ella no.

Desde que nació arrastra sangre, y muerte, y te va a arrastrar,

y esa putita de ahí al lado, que se cuide.

Hay una mala acción que le van a hacer

y tiene justicia y rejas,

y cárcel por el medio.

A esa golondrina ciega

le llegará lo oscuro.

Y en Mayayosún se lavan las manos.

(GRITA)

Magda, Magda.

Ay, Rey, por tu madre, ¿qué me pasó?

¡Yo no sé!

Cuando tú me veas así, es la vieja Tomasa.

Ay, pero yo no puedo pasar el muerto cada vez que ella quiera,

porque acaba conmigo.

Esa vieja nada más que viene a joder y a traer malas noticias.

Nunca resuelve nada, nunca me da el número de la bolita,

viene a joder nada más. ¿Tú me estás oyendo, Tomasa?

¿Eh? ¿Qué cojones vas a venir a coger borrachera a costilla mía?

¿Tú sabes qué fue lo que te fumaste? Un lancero especial.

Eso es de marca. Eso es dinero, mi hijita.

Ponte para tu número, Tomasa.

Que estás jugando con Magda la cubana,

y eso es jugar con candela.

Mira eso, lo que me hizo la bruja esa.

Me dejó molida.

Me duelen hasta los ovarios. Ay, niña, entre el maridito nuevo,

la peluca que se te rompió, el maquillaje y la vecina puta,

estás un poquito trágica últimamente.

Y menos mal que no me partió un diente.

Niño, yo no sé cómo tú puedes.

Eso no es una mujer, eso es un boxeador.

Ustedes querían que yo las trajera, ¿verdad? Pues ya.

No quiero más jodiendas con Magda.

Te espero dentro, Yuni. Vale, hermana, mide el territorio.

Aguántame aquí, Rey.

(SILBA)

Espérame aquí.

Es muy bonito. (RÍE)

¿Y ese quién era? Mi príncipe italiano.

Está loquito por mí.

Dice que me llevará a su castillo en Europa.

Singado. Ay...

¿Está celosito mi maridito? Ya, deja, chija.

Ay, niño, cada día me gustas más.

Te voy a proponer un negocio. Yo no quiero más negocios contigo.

Oye, tienes que lucharte los pesos.

No puedes vivir traqueteando a las mujeres.

Oye, no, yo no soy ningún comemierda.

Claro que no.

Espérame aquí. Si no regreso en media hora, te vas.

¿Una pinchita aquí para mí?

¿Para ti? No, no creo. Aquí hay muchos requisitos.

Esto es área dólar. ¿Qué es eso?

¿Tú no eres de este país? Yo creo que sí.

Ah, ¿tú crees? ¿Por qué tú crees? ¿Cómo es eso de los requisitos?

Mira, aquí hay que ser graduado universitario, militante,

menos de 30 años y tener otro idioma. ¡Coño! ¿Y tú eres todo eso?

¿Qué pasa? Aquí donde tú me ves, soy ingeniero civil.

Con siete años de experiencia, y te sé hablar inglés y francés.

Todo eso para cuidar una puerta. Eso lo hago yo.

Chamo, tú aquí no tienes chance.

Vete, no te dejan poner ni un pie.

Vamos.

-Buenas noches. -Buenas noches.

(HABLAN A LA VEZ)

(Aplausos)

(Música salsa)

Niño, ¿dónde tú estabas? Por ahí.

Mira, necesito que vayas al Veinte Planta del Parque Trío,

al Cañón Musical. Pregunta por Daisy.

Lo que te dé, lo traes rápido. Diez son para ti.

¡Coño, diez!

¿Me vas a ganar líos con eso?

Niño, no.

Bello.

(Música salsa)

¿Tú eres Daisy?

¿Quién la busca? Vengo de parte de Yunisleidi.

-¡Oye, Lerita! -¿Qué, qué?

Que vayas donde tu madre.

(RÍE)

Mamá, te busca Yuni.

(Televisión)

¡Eh!

(Gallina)

¿Esos pollos son tuyos? Sí.

(SUSURRA) Vamos.

¿Tú qué haces con ese pollo? Me lo dijo ella.

¿No ves que la niña es boba? Trae para acá.

(RÍE)

¿Qué es esto? Bicarbonato.

Dale, chico, no te hagas el comemierda y piérdete.

¡Espera, vieja, no me arrees!

Se te ve en la cara que te trajinas a las mujeres,

pero de aquí no te llevas tú ni un pollo.

Señora, ¿le ayudo? No, gracias.

Tengo garrería allí fuera, le sale barato.

Los niños también pueden montarse. Voy aquí cerca.

Ah, si es cerquita, son cinco pesos, nada más.

Cinco pesos... Está bien, está bien. Señora, usted no se me canse.

Espere con los niños, llevo las cajas de dos en dos.

Mi amigo está fuera, así que no hay lío.

Ay, gracias, no sabía ni qué iba a hacer

con estos muchachos.

Ustedes también vienen.

A pasear por La Habana.

-(LLORA) ¡Mami! -¡Mis cajas! ¡Mis cajas! ¡Mis cajas!

(GRITA) ¡Mis cajas, ladrón! ¡Esas son mis cajas!

¡Apúrese, doña Felicia! Siempre va a paso de tortuga.

Coño, Rey. Estoy dormida.

¿Para qué quiero yo esa bobería? ¿Tú me has visto bien?

Bota eso, muchacho.

¿De dónde sacaste tú eso?

¿Cómo que de dónde lo saqué?

Coño.

Aquí tenemos habas para dos meses.

Si las cocinas tú. Porque si vas a esperarme a mí...

Oye, chica.

¿Y a ti qué te pasa? Déjame dormir, cojones.

Siempre estás con la pinga tiesa y yo estoy muerta de cansancio.

Sí, de templar con los viejos puercos.

Ya, ya. Corta, corta. Ya no. Mira cómo estoy todo bolado.

¿Qué quieres, que me tire una paja? Sí, hazte una paja,

métete el dedo por el culo. Haz lo que te dé la gana.

Para mí que estás en algo extraño y no quieres que lo sepa.

¿En qué bola quieres que esté?

No sé, pero siempre desapareces.

Y no solo por lo de los viejos.

Magda, yo a ti te quiero.

Y quiero cuidarte.

(SUSPIRA) ¿Sabes qué me pasa, Rey?

Que creo que me preñaste.

¿Yo? Sí, tú.

El único marido que tengo eres tú.

Y tus lechazos me llegan hasta la garganta,

así que no inventes.

¿Y esa panda de viejos?

No, no. Los viejos ni preñan, ni tienen leche.

Es tuyo.

Así que no te eches para atrás.

Y me ayudas, que esta barriga no me la pienso dejar.

¿Cómo que no?

¿Parir aquí?

¿Para morirnos de hambre y faltar al trabajo los dos?

No, no, no. Conmigo basto y sobro.

Magda.

Yo estoy cansado de dar tumbos.

Quisiera hacer una familia contigo.

Si tú quieres dinero y una casa, me casaba hasta con papeles.

Pero ¿qué clase de familia vamos a tener tú y yo?

La nuestra, chica. La nuestra.

Coño, qué lindo.

¿Viste?

Entra por la orillita, papi. Que pulí el piso con queroseno.

Conseguí un poco de arroz y frijoles.

No tengo un castillo italiano,

pero para que veas que no soy un comemierda.

Eso se lo llevas a tu bruja.

Aquí no tienes que traer nada, papito.

¿Y eso?

¿Para mí?

Ay, qué lindo. Pónmelo.

Ay. Me vas a matar, ¿eh? (RÍE)

Ahora voy a hacer un cocinadito rico para ti y para mí solitos.

¿Quieres?

Tú sí que vives bien, Yunis. Tú sí que sabes vivir.

¿A ti qué te pasa?

A mí nada.

¿Nada? (RÍE)

Cuando tú ibas con la harina, yo venía con el pan de regreso.

Para mí, tú eres un libro abierto.

Y esa negra no te está haciendo feliz.

En cambio yo... ¡Ya no hables más de ella!

¿Por qué la odias tanto?

Por esto. Si pudiera, me lo cortaba.

Lo que más quiero en esta vida es tener un marido

y parirle una pila de hijos.

Y esa cochina, que puede, se desperdicia

y te desperdicia a ti.

Una mujer es una mujer como quiera que sea.

Y yo a Magda le doy unos pingazos las 24 horas y ya está.

Mira, muchachito.

Yo seré todo lo maricón que tú quieras.

Pero en mí puedes confiar 20 veces más que en esa puta.

Esa por 20 pesos, lo mismo le hace una paja al policía de la esquina

que te chivatea y te echa para adelante.

Tómate eso.

Esta noche, me llevas cinco dosis al cabaré.

¿Tú quieres algo?

Dile a Yunisleidi que Reynaldo está acá fuera.

Vale, pero espera por ahí.

Coge, te devuelvo el collarcito. ¿Por qué?

El italiano, que me lo quería botar.

Dale, niño. Apúrate, que me estoy orinando.

Policía. Quietos ahí.

Buenas noches.

¡Corre, Rey! ¡Corre!

¡Corre!

Me rindo, me rindo. Ay, mierda.

(Música)

¿Qué pasó? ¿Y esa mierda?

¿Quién es este tipo? Este es Cheo, mi hermano.

¿No te acuerdas de él? ¿Y tú, Cheo?

¿No te acuerdas? Este es Reynaldito.

El del accidente aquel en la azotea. La policía se lo llevó...

¿No te acuerdas? Sí, como no.

Ponme una cerveza.

Vamos echando, que la fiesta se acabó.

Oye, ¿y ese apuro?

Me robaron la bicicleta. (RÍE)

Coño, qué rápido se te jodió el negocio. (RÍE)

¿De qué te ríes, chica? Parece que te alegras.

No, pero tengo un negocio mejor.

Chica, no. Cada día es peor que el anterior.

Y ya estoy cansado de dar bandazos.

Oye, es para extranjeros.

Son dos viejos y dos viejas que quieren ver un cuadro.

Pagan bien.

¿A cómo tocamos?

50 fajitos cada uno.

Espérame aquí.

¿Cuál es el problema con ese tipo?

Si no es bueno, elimínalo.

No, si es perfecto para eso.

Tiene un pingón grandísimo con dos perlanas en la punta.

OK. Dale, no se hable más.

Oye, pásame la jabita.

Ponte esto. A él ya le buscaré algo.

Y quítese el churre, ¿OK?

Oye.

No me hagas maraña, que tú eres tremendo marañero.

No. "Fair play" todo el tiempo.

Vamos, Cheo.

Aquí no hay vieja ninguna. Eso es un nido de maricones.

¿Y qué más da?

Ya podéis ir con ellos.

Nada de tocarme los mexicanos.

Ellos tienen miedo de enfermarse.

El blanquito es yuma. Y no sé nada más. Vamos.

Magda, tú provocas a Rey.

Rey, tú te sacas el animal ese que tienes ahí.

Y entre los dos, arman el relajito.

Y después, yo desenvaino también y ya sabéis.

¿"Ya sabéis" qué? No, yo no hago el relajito contigo.

Pues le meto mano a Magda.

Pero si es tu hermana. Olvídate de eso.

Yo entro, bajo la luz,

pongo un foquito, media luz.

Les pongo un poquito de música.

Y ustedes dos se los comen.

Se los comen vivos.

Dame la jaba esa.

¿Todo bien?

Pásenlo bien. Disfruten.

Ponte, ponte.

Ríete.

(Ladrido)

¿Qué hago? Ladra.

(LADRA)

("El baile del perrito")

(Aplausos)

Bravo. Bravo. Buenísimo.

Bravo.

Muy bien. Muy bien.

Yo pago. No hay problema.

-¿Magda? Eso está hecho. -(RÍE)

El flaquito nos da 50 dólares más, si bajas a un privado con él.

Dale.

Yo me voy. Aquí hay mucha intriga. Este lío no me gusta.

Oye, no te vayas a rajar ahora.

Son 50 fajitos más.

Dale.

Ponte para la cosa.

Mientras, yo me pongo con el maricón de ahí abajo.

¿Con ese? Pues sí.

Ay, no sé cómo puedes.

Tremendo estómago.

No te hagas, que tú te pimplas con quien sea.

Cama, Ahí. Ustedes dos.

Magda, vuélvelo loco. Yo me ocupo de lo demás.

Ay, no te preocupes que con este, no devoro yo ni 15 minutos. (RÍE)

Y me llamas para cobrar yo, ¿OK? Que sí, Cheo. Sí.

No te cuadra esto, ¿verdad? No.

Mi hermana siempre ha sido más caliente que una plancha.

No le puedes cobrar eso. No te preocupes.

Eh, ¿qué pasó?

Enseguida estoy contigo. Oye, espéranos un momento.

No, ven para acá, mi amor.

Mira, vamos a hablar.

Estamos aquí para trabajar. Estamos en la lucha. Estamos buscando dinero.

Y tenemos que ser capaces de hacerlo todo.

No te pongas bravito, que tú y yo vamos a hacer las cosas bien.

Espéranos ahí, por favor.

(RESPIRA FUERTE)

Dale, cojones.

¿Para qué quieres eso?

Este cuadrito puede convertir pesos en fula, ¿oíste?

Se lo voy a colocar a un extranjero.

¿Y cuánto te va a dar? Él me dijo que 200.

Pero si el guapo no es difícil, a ver si suelta 300.

¿Por el cuadrito morronguero ese?

¿Verdad? Soy una mente para los negocios.

A mí no me sale mal.

Rey, tú te has estrellado porque quieres.

Arrímate a las yumas, que son unas enfermas con los mulatos.

Y lo que tú tienes entre las patas, eso es oro.

Cheo, ¿tú eres maricón o qué? Estoy tratando de ayudarte.

¿Así de gratis?

Atiende. Te voy a explicar, mira.

Yo estoy empatado con una de Noruega.

En febrero viene a casarse conmigo y después, voy a su país.

¿Y dónde es eso?

En casi el carajo. Tremendo frío, cuatro idiomas...

Pero para acá no regreso ni para hacer impulso.

Que te vaya bien.

Chico, atiéndeme. Estoy tratando de ayudarte.

Ella va a venir con amigas. Yo te las presento,

compartimos el bienecito los dos,

y te empatas con una para irte también.

Conmigo no cuentes.

Yo nunca he salido de La Habana.

Estoy acostumbrado a luchar. Lo mío está aquí.

Aquí siempre serás un comemierda.

Dale, que Magda tarda demasiado y eso era un culazo, nada más.

Vamos.

Oye, ¿qué carajo pasa?

Nada, que no se le para.

¿Que no se le para? A este le quito yo la borrachera.

Oye, me debes 50 dólares. Paga y vístete.

-¿Eh? -Dólar. 50.

Esto no es un asilo de la Cruz Roja.

Yo nada "sex".

Cojones. No me hagas ponerme bruto.

Nada sexo, no dinero.

O me das 50 ahora o te reviento contra el piso.

(HABLA EN INGLÉS)

(GRITA)

(GRITA)

Cheo, ¿qué hiciste?

Lo mataste.

¿Tú crees?

¿Cómo que si creo, Cheo? Lo mataste.

De mí no se burla ningún chingado.

-Ay, pero ¿qué ha pasado? Ay, abusadora.

Ay, cojones. Hay que irse de aquí.

Corre, Rey.

(Ladrido)

Corre. Aprieta. Que viene la policía.

Dale, dale. Va.

Se quedó el cuadrito en la casa.

Ni se te ocurra volver a esa casa.

Vete para la loma a recoger café hasta que se refresque la cosa.

¿Y tú? No.

Reynaldo y yo nos quedamos.

Cuídate, niña.

Tú también.

Y no hagas más locuras.

Y tú olvídate de ese muerto de hambre.

Que el que nace para sentado, ese nunca llega a peseta.

A la casa no podemos girar.

Si nos cogen, vamos de cabeza al tanque.

Permiso.

Vamos al puerto. Que yo sé un lugar.

No, vamos a Varadero a hacer el pan con los turistas.

Chófer. Sí.

¿Cuál es el cuadre para Varadero? ¿Varadero?

No, a la playa no voy. Allí solo van taxis estatales.

Sí, pero esos cobran muy caro.

Un atraco, sí. Pero además yo no creo que usted lo vaya a pasar.

¿Por qué?

Porque son cubanos, chico. Porque son cubanos.

Además, yo tengo que dejarlos en la playa.

En la playa, usted tiene que pasar y no la dejan entrar.

No es que ustedes luzcan como jineteros, ni nada,

pero ya sabes cómo está la cosa.

De pinga, este país.

Chica, es que nunca me haces caso.

Yo estuve viviendo un tiempo en los contenedores del puerto

y eso es tranquilo. Ahí nadie nos verá.

Además, va a ser un tiempecito. Nada más.

¿Y de qué vamos a vivir? De esto.

¿Y eso de dónde lo sacaste?

Se lo robé a tu hermano. Por eso le iban a dar 300 pavitos.

¿Por esta mierda? Sí. (RÍE)

A ver, aquí dice

"Picass... no".

¿Qué dice aquí? Yo no sé leer. (RÍE)

Ay, Rey. Todo el mundo sabe leer.

A mí mis maestros no me enseñaron.

Porque eras metralla pura. (RÍE)

Vaya, no se te puede coger ni odio.

¡Ay, coño! Camina, sigue, sigue. No mires al lado.

Ciudadanos. Deténganse, por favor. Buenas tardes.

Su carné de identidad. Pero ¿pasó algo?

Permíteme lo que tienes en la jaba. Pero ¿la jaba para qué?

Que me permitas ver lo que tienes en la jaba.

¿Y esto qué es?

¿Eso? Un adornito para la casa? Pero ¿tan feo?

Ay, oficial. A mí no me lo parece.

Su carné de identidad, joven.

(Silbato)

Coño, con estos negros de mierda.

Vamos, vamos.

Por poco me cago y me meo con esos policías.

Tú sin el carné y yo con esto.

No sé para qué Cheo robó esta mierda.

Chica, ¡eso es dinero! ¿Eso? (RÍE)

Por eso, lo único que nos iban a dar son dos patadas en el culo.

¿Y aquí vamos a vivir?

Como ratones metidos en una cueva?

¿Qué prefieres, chica? ¿Irte con ese al tanque?

Ay, me da igual. Total, dentro o fuera no hay nada que hacer.

Espera. Aquí nos podemos hacer una casita de madera.

Para los tres. ¿Qué tres?

Tú, yo y el niño. Pero mira que tú eres cojonudo.

¿Tú no te das cuenta de que aquí nos morimos de hambre?

Vendemos veneno para cucarachas. Ay, Dios mío.

¿Y de dónde vas a sacar el veneno?

Mira, este agua parece veneno.

Lo echamos en un botellín y ya está.

Rey, nadie compra veneno para cucarachas.

¿Qué le importa a la gente las cucarachas?

Pues buscamos unos santicos para pedir limosna.

Eso, eso. Dos santicos. Uno para ti y otro para mí.

No comas mierda, Rey.

¿Adónde vas? Voy echando.

Y no me sigas que no quiero espectáculos.

Oye, no te hagas el cabrón conmigo.

Porque te planto cinco bofetadas en tu cara de pandereta

y te echo a la policía por el yuma.

No tengo nada que ver. Ese lío no es mío.

¡Ni mío tampoco!

Vamos a hablar, Magda. No, no vamos a hablar, ni cojones.

Eso se acabó, Rey. Tú eres un barco.

Un barco que se hunde.

Y yo necesito un hombre.

Un hombre que me ayude, que haga algo por mí.

Yo puedo, Magda. Tú no puedes ni cojones.

Tú eres un chiquillo, un comemierda y un bujarrón.

Magda, escúchame.

Yo puedo construir una casa para nosotros.

Vamos a tener una vida linda.

Te voy a cuidar para que nuestro nene salga hermoso.

Voy a ser un buen padre, un buen marido.

Por favor, quédate esta noche.

Niño.

Que una no es de piedra.

¡Magda!

"Hice la casa,

pero Magda seguía sin aparecer.

Y jamás me decidí a buscarla.

Lo que siempre estaba conmigo era el hambre.

Durante estos meses viví con agua estancada en un charco.

Trabajando en medio de una pudrición asqueante.

Y desapareciendo.

Y entonces estaba muerto.

Como ahora

que sigo muerto.

¿Para qué vivir?

¿Para qué pasar todo este trabajo?

Para que los demás te jodan.

Al final, toda es la misma mierda.

Pero tomé una decisión."

(ALTAVOZ) Atención a toda la población.

Protejan puertas y ventanas.

Recojan provisiones.

El Niño llegará en pocas horas.

Su efecto puede ser devastador.

¿De qué niño están hablando? ¡Muchacho!

¿Te caíste de la luna o qué?

El Niño es un ciclón.

¿A cómo estamos hoy, mi abuelo? Las 12:30.

No, de fecha.

Es una cola de picadillo.

(RÍE)

(RÍE) Así es.

(RÍE) Mi hijito. ¿De qué se ríe?

¿Para qué preguntas la fecha? Para nada.

Pues nada y pregunta.

Oye, ¿y ese apuro?

Es 21.

¿De qué mes? De marzo.

Gracias.

Helenita, ¿adónde vas?

¿Te acuerdas de mí? Sí.

Pues es mi cumpleaños.

Cumpleaños feliz...

¿Me das un pollo?

No. Sí, que sí, que sí.

Helenita, ¿qué haces?

Nada.

Entra, están dando un programa muy bueno en el televisor.

-¿Qué cosa es? -El noticiario.

¿Eso solo?

Helenita no quiere entrar y tampoco trae los fósforos.

No discutan, déjala.

Helenita, ¿quieres que vaya?

No, no.

Entonces cállate.

Ve a buscar el pollo. (RÍE) ¿Qué pollo?

Te haces la boba cuando te conviene.

Ve a buscar el pollo.

(TARAREA)

-¿Adónde vas con ese pollo? -¡Mi niña! Ustedes dos me tienen...

¿Por qué le diste el pollo?

¡Cabrón!

¡Hijo de puta!

¡Ladrón!

¡Ataja, ataja!

¡Robó un pollo, ladrón!

(ALTAVOZ) Atención, atención.

En breve se cortará el suministro eléctrico.

El ciclón está llegando.

Diríjanse a sus casas.

Es una orden de la defensa civil.

Atención a toda la población.

Por favor, diríjanse...

(Música dramática)

¿Y ese pollo?

Hoy es mi cumpleaños.

Vine a celebrarlo contigo.

Te fuiste sin decir ni adiós.

Tú tampoco viniste en una tunda de meses.

Es tuyo, ¿verdad?

Sí.

Salió prieto como un totí.

Igualito a su padre.

Me mentiste.

Sí, hijo, sí.

¿Dónde estaba?

En el campo.

Con una de mis tías.

Decían que yo estaba loca,

que el niño se iba a morir de hambre y cosas así.

Vinieron y se lo llevaron.

¿Y el padre?

En la cárcel.

¿Qué piensas hacer con el niño?

Devolverlo, si total, hacía más de un año que no lo veía.

Ya hice la casa.

Si quieres, el niño también puede venir con nosotros.

¿Tú estás loco?

Ahora mismo se lo llevo a mi mamá.

¿Y nuestro niño?

¿Te lo sacaste?

Sigue aquí dentro.

¿Vienes conmigo o no?

Acompáñame, luego veremos.

¿Qué pasó en el cuarto de Yunisleidi?

Vinieron a revisar.

Dicen que se llevaron preso al maricón.

Ojalá le den 20 años.

¿Por qué tienes tan mala idea?

Muerto el perro, se acabó la rabia.

¿Y sus cosas?

El frigo, el televisor...

Tenía una pila de cosas allí. Rey, ni sé, ni me interesa.

¿No hueles raro?

Sí.

Como a fruta podrida.

¿Ese humo qué cosa es?

¿Qué habrá pasado?

(Rayos)

Compañera, ¿qué pasó?

Un rayo rompió los conductos de la central eléctrica.

Un escape de amoníaco.

Oye, hay una pila de gente con asfixia aquí.

Se los llevan a emergencias, esto está fatal.

Dios mío.

Rey, vámonos.

No se queden aquí, vayan para abajo.

¡Rey, vámonos!

¡Muchacho!

Regresa, aquí no se puede respirar.

(TOSEN)

Súbelo tú. ¿Yo? Eso no es cosa mía.

Y no quiero que tu madre me vea.

Lo dejas en la puerta y ya.

Ni se te ocurra quitarle el chupete.

Coge al pollo.

Yo no.

(Rayos)

(LLORA)

¿Lloró?

¿Quién, tu mamá? No, el niño.

No, se quedó tranquilito.

Bueno, vámonos.

¡Vámonos!

(GRITA) Santa Bárbara bendita. ¿Qué pasa?

Que me dan miedo los rayos.

No seas boba, mi vida.

Aquí vamos a estar bien.

Rey.

¿Por qué te gusto tanto?

(RÍE) Porque tienes las tetas y las nalgas duras.

La cara linda.

Tu pelito de alambre. (RÍE)

Y sobre todo tus besos.

Shangó, ven a ver esto.

Vamos a la casa que aquí nos vamos a ahogar.

Dale, vamos.

Dale, niño, cierra el balcón.

Pero si llueve más dentro que fuera.

No vale la pena ni matarlo.

No mueve las alas.

Pobrecito.

¡Qué viva el pollo!

No te preocupes, papi.

Que no tenemos piñata, pero esto lo vamos celebrar.

Ven, siéntate aquí.

Siéntate aquí, mira.

Felicidades mi Rey en tu día.

No hay piñata, ni ron, ni comida.

Felicidades, felicidades.

(Crujido)

(GRITA)

¡Coño, la pierna!

Apúrate, apúrate.

¡Chicos, a la fila! ¡Suéltame!

Rey, coño, perdí un caja de manís y 50 pesos.

Suerte que estamos vivos.

¿Te duele? Sí.

Seguro que tienes un hueso partido.

Mira.

Ahí tiene que haber un médico. No.

Ni médico, ni dentista, nada.

Muchacho, no seas anormal, vamos.

Mi hijita, por favor. Señora, ahora no puedo.

Atienda a mi marido.

Ahora no puedo hacerlo.

Mi hija, que se hizo daño.

Bueno, vamos a ver.

Tiene una fractura, aunque no está inflamado.

¿Te duele? Sí.

No sé qué decir.

Tiene que verlo un ortopédico.

Bueno, pues vamos a verlo. Mi amor, esto es para emergencias.

Pero esto es una emergencia.

Mi marido se partió la pata con una piedra.

Se nos calló la casa encima... ¡Señora!

Contrólese, hable correctamente.

Tu marido ni se desangra, ni se está muriendo,

ni es nada de tanta urgencia.

No es que no quiera atenderle.

Es que no hay ortopédico, métetelo en la cabeza.

Espérame aquí.

(MURMURA)

¿Yunis?

¿Rey?

(EXALTADO) No, no, mi niño,

no quiero que me veas los ojos.

Te lo hicieron en el tanque, ¿verdad?

No, hijo, no.

Mi príncipe italiano me sacó de la prisión.

¿Y qué pasó?

Bueno, me llevó con él para Italia,

pero enseguida me botó.

Allí estuve en la calle un rato,

y la verdad que el puterío era más raro,

y un día, amanecí en el parque.

Sentía el sol en la cara,

pero no podía ver nada.

Pero ¿te dieron algún golpe?

Me drogaron y me sacaron los ojos.

¿Y eso por qué? Para vender la retina.

¿Qué es eso?

Sigues igual de bruto.

La retina es lo que va en la niñita del ojo.

Y la venden muy cara a la gente que puede pagarla.

Y, ¿no fuiste a verlo al italiano?

Ese descarado nunca más quiso saber de mí.

Si pudiera coger a ese hijo de puta

le sacaba los ojos a punta de cuchillo.

Ahí afuera la gente es más hija de puta que nosotros.

Y ¿a este maricón qué le pasó?

Se quedó ciega.

Él se lo buscó.

Lo he llevado siempre.

Ay, mi Rey.

No te vayas.

Dale.

¿Rey?

¿Rey?

¡Rey!

Rey.

¿Viste?

Hasta luz tenemos. Y ¿esta es tu fantástica casita?

Chica, está bien para dos.

¡Suéltame!

Magda, ya no puedo más. Porque eres tremendo pendejo.

¡A mí tienes que respetarme! ¿A ti? ¿Por qué?

¡Porque yo soy tu marido, cojones! ¿Tú?

Tú lo que eres es un muerto de hambre,

¡un inútil y un cochino!

Esperando aquí por mí, en tu casita de maricón.

Mira, mira dónde me has traído.

Yo necesito un hombre, ¡un hombre! ¡Hijo de puta!

¿Viste sinda? ¿Si soy un hombre o no?

¡Dime, cacho de puta!

Puta, sí,

pero con el macho que me gusta.

Y ¿sabes dónde estaba cuando me iba?

Con el padre de mi hijo,

ese sí me atiende, me da comida, ropa, dinero,

ese negro sí es un hombre,

y te lo voy a echar atrás para que te mate.

¿Ah?

Y para que lo sepas,

si estoy preñada, es de él.

Es a él a quien le voy a parir un hijo más.

(GRITA)

¿Aún le haces otro, Magdalena?

De mí no se burla nadie, y menos una puta callejera como tú.

Y por comemierda,

mira lo que te pasó.

Yo soy el Rey de La Habana,

¡y a mí hay que respetarme!

No sé cómo tienes que estar,

pero en tierrita,

sin moverte,

en silencio,

respetando a tu marido.

Yo que te quería,

que te quería para mí solo.

Lo jodido era que nunca sabía con quién estabas.

Ni qué hacías.

Ni dónde te metías.

Dime algo, coño.

¡Habla, dime algo! ¡Cobarde!

¡Zámpame una leche!

¡Muerde, coño! ¡Muerde!

Llegaron tus amiguitas, Magdalena.

¿Dónde te meto?

¿Dónde te meto?

Y el cadáver de la difunta hay que respetarlo.

"Y del Rey de La Habana,

nadie supo nada más."

(Música créditos)

Somos cine - El rey de la Habana - Ver ahora

La vida y nada más

Andrew, un adolescente afro-americano, anhela encontrar su sitio en la Norteamérica actual. Con su madre, Regina, quien a su vez desea encontrar algo más en su vida que ocuparse de sus hijos, Andrew se verá forzado a sufrir la presión de las responsabilidades familiares. Además, su búsqueda por comunicarse con su ausente padre le llevará a tomar un peligroso camino.

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El niño rojo, O'Higgins

Al nacer, Bernardo O'Higgins fue enviado a una casa de bastardos y criado por una india mapuche. Hijo de una joven criolla y un gobernante de origen irlandés, que fiel a la corona española no lo reconoció pero financió sus estudios, Bernardo nació marcado por su destino y su increíble pelo rojo. Disponible hasta el 23 de noviembre de 2020.

Para todos los públicos Somos cine - El niño rojo, O'Higgins - ver ahora
Transcripción completa

Dios te salve María, llena eres de gracia.

El Señor es contigo.

Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.

(TODAS) Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores.

Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

Dios te salve, María, llena eres de gracia.

El Señor es contigo.

Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.

Santa María, madre de Dios...

Dios te salve, María, llena eres de gracia.

El Señor es contigo.

Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.

(GRITA)

(GRITA)

(GRITA)

(ACENTO INGLÉS) Firmado.

Queda oficializado el nombramiento administrativo

del señor Ambrosio Higgins.

(Llanto de bebé)

Deme agua caliente.

¿Para calmarlo?

Es más rápido que con los paños.

Déjenme verlo.

Acérquelo.

Llévaselo para que lo vea.

Es un niñito.

Tiene el pelito rojo.

Traigan ese niño.

Pónganle Bernardo.

Pónganle Bernardo.

(GRITA) Pónganle Bernardo.

(LLORA)

¿Me permite una palabra,

este... Higgins?

Creo mi deber recordarle que, en adelante,

Deberá usted comportarse como un noble,

aunque no tenga usted títulos.

Recuerde que los misionarios de la Corona

no pueden casarse ni hacer familias con criollas.

Siga las reglas,

guarde las formas

y así, nadie podrá sacarlo del cargo.

(LLORA)

Que nadie lo encuentre

y olvida dónde lo recibiste.

Hazlo callar.

(LLORA)

No pagaron mucho.

Habrá que darle la teta hasta grande para que salga barato.

Vamos a ajustarle las mangas, señorita Isabel.

Levante los brazos.

Hay que tomarle la sisa medio centímetro.

Y aquí está su velo de tul bordado por las Carmelitas de claustro.

Hija, debería estar feliz.

¿Por qué debería?

Se está portando como una malagradecida.

El agradecido será usted que hizo el negocio.

¡Otra vez!

Félix Rodríguez es bueno para usted.

(RÍEN)

Va, otra, caballero.

-Otra. Otra más difícil. -¿Otra?

37 multiplicado por nueve,

multiplicado por 11,

multiplicado por el producto de 9 y 13.

428 571.

Es correcto.

Yo hubiera apostado.

Otra más difícil, caballero.

Yo tengo una.

Adelante.

Indios arrasados por sus armas en la guerra,

multiplicados por las mujeres criollas

que han pasado por sus manos en la paz,

multiplicados por el dinero que ha ganado

en los negocios con sus socios extranjeros.

Haga la operación.

El resultado es la suma de su poder, inglés.

¿Para qué quiere tanto un inmigrante infiel

en un lugar tan lejano?

Soy irlandés,

aunque entiendo que usted no comprenda la diferencia.

Por eso soy católico,

como usted, señor...

Marqués de Avilés.

Avilés, ah.

El poder lo merece quien lo honra con lealtad.

Veo que son justas las habladurías sobre su persona, inglés.

Caballeros, mis disculpas.

Tengo asuntos urgentes que atender.

Es usted un lacayo de su majestad el rey de España,

no olvide eso nunca, inglés.

Es usted nuestro sirviente.

Lo estaremos vigilando.

(MURMURAN)

(Caballos)

Discúlpeme, Isabel, pero es un momento especialmente inoportuno.

No he podido ser más discreta.

Tenía que verlo.

Sé que va a casarse.

Mi padre arregló todo.

Me alegro.

Félix Rodríguez es un hombre horrible,

pero no soy más que una mujer. ¿Qué puedo hacer?

Tenemos un hijo,

se llama Bernardo.

Mi padre me lo arrebató, pero sé que está vivo. Estoy segura.

Debe estar cerca de Chillán.

Entonces, ¿todo este tiempo...? Nadie sabe que usted es el padre.

No quiero que crezca abandonado.

Encuéntrelo, por favor, y protéjalo con sus influencias.

Ni siquiera está bautizado.

Lo encontraré y me haré cargo de todo.

Lo prometo.

Isabel,

si yo pudiera,

seríamos felices, niña.

Si me disculpa.

Con permiso, señor.

La prueba.

Eso. Un poquito más.

Un poquito más. Eso, va.

No le hables mapuche, india.

No le hables mapuche.

Es la marcha con la que el espíritu se hace fuerte.

¿Crees que puedes hacerle un hoyo?

Cuando hayas logrado hacerle un hoyo,

te habrás empezado a hacer un guerrero.

(GRITA)

Mi niño rojo.

¿Sabes lo que tienes que hacer ahora?

Debes coger otra piedra y volver a empezar.

Si aprendes a insistir en la piedra

y eres perseverante y resistes,

nada te podrá vencer.

Adonde camines, siempre estarás avanzando

y adonde vayas, siempre estarás en tu lugar.

(SILVA)

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-¿Ustedes son de por aquí? -Sí.

Ando buscando una gente que cuida niños ajenos.

A la vuelta del monte está la gente que cuida guachos.

-Muy agradecido, pues. -Adiós.

Ese señor.

Buenas tardes.

Mi marido no está.

No es con su marido

con quien he venido a hablar, sino con usted.

Soy el marqués Gabriel de Avilés.

Usted dirá.

Seré franco para no hacerle perder su tiempo.

Nunca ha sido mi estilo inmiscuirme en la vida de los demás,

pero cuando afecta a los intereses de su majestad el rey de España,

entonces, la situación es muy distinta.

No le comprendo bien.

Se dice que entre usted y don Ambrosio Higgins

hubo algo de corte amoroso.

¿De dónde sacó eso, por Dios?

Usted es una mujer joven y hermosa.

Hasta pudo darle un hijo.

Discúlpeme, pero me está ofendiendo.

Soy una mujer decente, felizmente casada.

Gracias por la información.

Permiso, señora.

Encontrar a ese niño será tu única tarea.

Sí, señor marqués.

¿Qué niño?

Siempre una mujer habla por lo que no dice.

(CANTO RELIGIOSO)

Acércate ahí.

Aprovechen. Pídanle a los santos que los purifiquen.

Que el fin de los tiempos no nos atrape, Señor.

Sálvanos de la peste

y de las enfermedades de nuestros niños.

Perdona nuestra alma pecadora

y líbranos de las llamas del infierno, padre.

No dejes que los demonios nos lleven.

Padre, no permita que arrase nuestros hogares, Señor.

Aléjanos del pecado y la tentación.

Tengo miedo, mamita.

Ese no es Dios.

Ngünechen cuida a los mapuches,

a todo lo que existe.

No le hables mapuche, india.

Te he dicho que no le hables mapuche.

¿Ya te has hecho fuego?

Si no queréis verlo, para dentro con las gallinas.

Estáis bien aliñado, india.

Parece que queréis que te devuelva al monte

para morirte de hambre.

Tú estás cabra, te agarro a palos.

Padre, sácanos toda la culpa

para ser dignos de tu misericordia, Señor.

Creemos en tu gloria.

Hasta el fin de los tiempos.

Escuchen su mensaje.

Escuchen el mensaje.

71.

72.

(GRITA) El Cuerpo de Dragones ha de ser ejemplo siempre.

74. ¿Entendió?

Sí, señor.

(GRITA) Ya, suficiente.

Lo encontré, patrón,

a su hijo.

No hay duda.

¿Dónde está?

En una casa para bastardos

allá para Palpal.

¿Cómo sabes eso?

Tiene el pelo rojo.

Es igualito a usted.

¿Cómo está?

Un poco cochino,

sin ropa, hablando en mapuche.

Tenemos que actuar con especial cautela en estos días.

Búscalo, pero asegúrate de que nadie te reconozca.

(RÍE)

(Risas y guitarra)

(Ladridos)

(Pájaros)

Bernardo.

¿Qué estás haciendo acá?

Voy contigo, mamita.

Ya te he dicho que yo no soy tu mamita.

Un día va a venir tu mamá de verdad a buscarte

y te va a llevar con ella.

Ya y ya.

La Juana se va a volver loca cuando no nos vea.

(Gallo)

(CANTA)

(CANTA)

(CANTA)

(GRITAN)

(GRITAN)

(GRITAN)

(GRITAN)

(GRITAN)

Antes de los postres,

quiero hacer un brindis por nuestro homenajeado.

Debo decir que me sorprendió su invitación, Higgins.

Yo celebro una vez más la sabiduría de su majestad.

El rey no ha podido encontrar a nadie con más méritos

para entregar las altas responsabilidades

como procurador del reino

que el señor marqués, don Gabriel de Avilés.

No dudo yo, señor,

de que se desempeñará usted brillantemente. Salud.

(TODOS) Salud. Escueto.

Muy inglés de su parte.

Salud. (TODOS) Salud.

Disculpe, Higgins, debí decir irlandés.

Usted ya me lo ha aclarado.

Irlandés y católico, señor.

Es mi turno.

Brindo por su flemática cortesía,

capaz de homenajearme aun sabiendo que soy de los que se oponen

a entregar el poder a los extranjeros

y menos aún si son desconocidos.

Diplomacia británica:

agasajas al enemigo.

Salud. Salud.

-Salud. -Salud.

Sus modales son exquisitos, ¿no, marqués?

Como se nota su educación refinada.

¿Cree que lo van a promover, inglés?

¿Que alguna mujer española le va a dar su mano

para blanquear su linaje?

Está condenado a oscuros enredos con criollas.

Las mujeres serán siempre el punto más débil de un hombre solo.

Tarde o temprano, usted va a ser un traidor

y lo vamos a descubrir.

Bien.

Hechos los brindis, podemos dar por terminada

la velada. Buena hora.

No sin que antes les advierta a todos ustedes

que sirven a este hombre,

que el encubrimiento de las faltas contra las leyes de su majestad

es considerado traición.

Es su deber denunciar las irregularidades

que observen en el ejercicio de la autoridad

o pueden pagarlo muy caro.

Usted se siente seguro, inglés,

porque esta es una provincia muy lejana.

Pues, cuidado, los ojos de su majestad

vigilan en todas partes.

Buenas tardes.

Vengo a hablar de ciertos asuntos de negocios que pueden interesarle.

Ando buscando un crío que me dijeron que usted tiene por acá.

-¿Puedo saber cuál es su nombre? -Este es mi nombre

y este, mi apellido.

No va a escuchar ninguno más ilustre por estos lados.

Doña Olate me dijo que se trajo al niño

y yo vengo a buscarlo por instrucción del padre.

¿Y cómo le puedo creer yo si no tiene cara?

(Niños jugando)

Bernardo.

Ando buscando a un niño que se apellida Higgins

o algo así.

Aquí no hay nadie con ese nombre.

Váyase para su tierra, mejor será.

Si no quiere por las buenas,

va a tener que ser por las malas, señora.

-¿Dónde está el niño? -(GRITA)

¿Dónde están los niños?

Él te llevará adonde tu verdadera madre.

Pórtate como un guerrero

y no muestres nunca tu miedo.

Donde vayas,

golpéala

para que Ngünechen te proteja

de la oscuridad,

del dolor.

Mi nombre es Cosme.

¿Quiere comer algo?

Vamos a acampar aquí hasta mañana.

Bernardito. Oiga, ¡Bernardito!

¡Bernardito! ¡Bernardito!

Venga para acá.

Venga para acá.

Va a tener que hablar cristiano si quiere que le entiendan.

Quiero ver a mi verdadera madre.

El que me mandó a buscarlo fue su padre.

Su padre

es un señor muy importante.

El mayor por estos lados.

Su padre es un...

un rey

y usted es su príncipe.

¿Sabe usted lo que es un príncipe?

Entonces, ¿si sabe lo que es un príncipe

para qué me obliga a tratarlo como a las bestias?

Mire,

aquí tengo una ropa de príncipe.

Mire qué elegante.

¿Le gustaría ponérsela?

Estamos bien,

pero hay un puro detalle, pero no se lo puedo decir

en voz alta porque es muy repeligroso.

El rey tiene unos enemigos muy remalvados

que quieren hacerle daño.

Por eso, el rey no quiere que nadie sepa de su príncipe,

por lo menos hasta que sea grande y se pueda defender.

Vamos a hacer un trato nosotros.

¿Me das tu palabra de que vas a guardar el secreto?

Ya, pero ahora tenemos otro problema.

Hay algo que tiene el rey que también tiene el príncipe:

el pelo rojo.

Su padre va a estar orgulloso de usted.

Usted es un valiente, igualito a como yo me lo imaginé.

¿Cómo se llama mi mamá?

Su mamita se llama Isabel.

¿Y el rey?

El rey,

bueno, el rey se llama...

rey.

Entrégame a ese niño.

Mátame si puedes, por tu madre.

Vamos, venga.

Enséñame a pelear así.

Sí, cuando seas grande, tal vez.

Parece que está sano todavía.

Ya, niño listo,

dígale a don Juan quién es su padre.

A él puede decírselo, don Juan es de confianza.

Mi padre es un rey.

Lo trataremos como a uno más de la casa.

Yo te bautizo...

Bernardo.

Higgins.

No importa, el padre es de toda confianza.

Yo te bautizo,

Bernardo Higgins, hijo de...

Ambrosio Higgins.

-Y la madre. -Una señora muy principal.

En nombre del padre...

Este documento tiene que quedar en secreto.

Por supuesto.

Quiero conocer a mi verdadera madre.

Apenas pueda, te la traigo, mi patroncito.

¿Palabra de hombre?

Palabra de hombre.

Un niño de pelo rojo y ojos claros.

Ambrosio Higgins no puede ocultar ese niño impunemente.

Encuentre a ese guacho, Saldivia.

Da vuelta al reino, si es necesario,

pero encuentre una prueba de su existencia.

Voy a encontrar a ese niño y al que me arrebató el ojo

aunque sea lo último que haga en la vida, patrón.

Por la mañana, parto a Buenos Aires.

Envíame noticias periódicamente.

De ahora en adelante, dedicarás tu vida a esto.

Lo que usted mande, patrón.

Lo que usted mande.

Gané. Gané. ¡Gané! ¡Gané!

(GRITA) Hiciste trampa.

Guacho, ¿qué te pasa?

Ahora peleamos, ¿o eres un cobarde?

Yo no soy guacho.

Otra vez lo mismo. A ver, dime ¿quién es tu papá?

No lo puedo decir. Mentira.

No sabes quién preñó a tu madre. Ni siquiera sabes quién es tu madre.

Mi mamá se llama Isabel.

¿Isabel cuánto?

¿Qué te importa?

Verás.

Ya déjalo.

¡Déjame!

(GRITA) Tienes que aprender, cobarde.

Tírala.

(Canto de mujer)

(Canto de mujer)

(Canto de mujer)

Carta.

Esto es muy peligroso.

¿Cómo aceptaste traer estas cartas?

Para que lea usted, pues.

¿Te has confabulado con ellos?

Yo hace años que le prometí

y él confió en mí.

Bueno, confió en usted

y cada vez que voy para allá me cobra la palabra.

Es demasiado peligroso.

Usted no sabe lo leal que es ese niño

y usted lo trata como un perro.

Peor, a los perros se les mira,

se les tiene cerca.

Sal de aquí. ¡Fuera!

¡Fuera!

Estimado Ambrosio:

He decidido dirigirme a usted

guardando la discreción, naturalmente.

Lo primero, decirle que admiro el reconocimiento

que le ha dado el rey otorgándole el puesto de intendente.

Por su inteligencia y su honradez,

se ha ganado bien el respeto de criollos y españoles.

Imagino que por su sentido de la responsabilidad

y la exigencia que tiene gobernar,

deben ser sus días extenuantes y difíciles.

Como sabrá,

hace algunos años, murió mi padre

y al poco tiempo de nacer mi hija Rosa, enviudé.

Ahora soy una mujer sola y sin vienes

y me he visto en la obligación de trabajar para subsistir.

Gracias a Dios, tengo las fuerzas más que necesarias

para enfrentar la vida.

Todo resulta fácil de sobrellevar

comparado con la imposibilidad de ver a mi hijo Bernardo.

Por eso decido dirigirme a usted.

Para que me permita conocerlo

después de mantenerme tantos años alejada de él.

Ambrosio,

por favor,

dígame dónde está mi hijo.

¿Qué pasa?

No puedo ver a mi padre

ni preguntar por él.

Obedezco,

pero ¿por qué no puedo ver a mi madre?

Cuando yo no entiendo algo, rezo.

Entonces, reza por los dos.

Odio la injusticia. La odio.

(GRITA) Cosme.

Patrón.

¿Qué le has dicho de mí a ese niño?

Que quiere que, cuando sea grande, sea igual que usted.

Un rey.

¿Un rey?

Fue lo único que se me ocurrió para explicarle al niño.

Límpiese los pies con tierra. Mire, que ya tengo todo limpio.

No sé, a mí me mandaron a arreglar la pieza

para la señora que viene de visita. -Pero si yo ya cambié las sábanas.

Pero hay que ponerle flores.

Hace tanto que no vienen mujeres que no sabemos cómo tratarlas.

Doña Isabel debe estar agradada.

Vamos.

Bernardo,

límpiate bien las orejas

y tú, lávate bien el pelo.

¿Van a hacer comida especial?

Por supuesto.

Límpiate bien los brazos.

Tráeme más agua.

¿Escuchaste? A lo mejor nos traen dulces.

¿Crees que le voy a gustar a mi mamá?

Ya llegaron.

Preparen para recibir la carroza.

(HABLAN A LA VEZ)

Esa es la mamá del niño.

Hola.

Bienvenida, doña Isabel, ¿cómo estuvo el viaje?

¿Es tu mamá?

Permiso.

Bernardo.

Buenos días, señora madre.

Acérquese.

Qué gusto de conocerlo, hijo.

Le traje unos dulcecitos.

Gracias.

Vamos, pues.

Mamá, ¿este es Bernardo?

Sí.

No sabía que su pelo era rojo.

Vaya a jugar al jardín, Rosa.

Ella es Rosa, su hermana.

Soy viuda,

por eso estoy vestida de negro.

¿De mi papá?

No,

del padre de Rosa.

¿Qué más quiere saber?

(Campanas)

-Parece que viene otra visita. -Es un señor.

Atención, compañía,

alto.

Viste que no soy la única que lo vino a conocer.

Higgins, el rey.

Su excelencia.

Pero no hay que cantar victoria aún.

Qué gusto de verlo, Ambrosio.

¿Es él? Sí.

(RÍE)

Ambrosio me engañó diciendo

que toda la mercadería le pertenecía.

Yo todavía estaría encerrado, ¿no?

Recuerdo la cara del capitán.

Yo también, yo también.

Yo quiero proponer un brindis

por la hospitalidad de nuestro anfitrión.

Salud. Salud.

Salud.

Bueno, no van a poder seguir contando con mi agradable presencia.

Mi adolorido lomo reclama la cama.

(RÍE) Verso.

(SE QUEJA)

Tranquilo, tranquilo, en la tarde siempre me aumenta el dolor.

Quedan en su casa.

Pidan a Jobita lo que necesiten.

Señores, ¿necesitan algo más?

Déjenos la botella, gracias.

Buenas noches. Buenas noches.

Isabel, a mí me gustaría ayudarla.

¿Usted ya conoció a Bernardo?

No aún.

Es un niño muy serio, ¿sabe?

¿Bebe? No.

Tiene que conocerlo.

Sí, mañana.

A mí ahora,

me gustaría que toque algo en el piano para mí.

(Piano)

¿Usted escribió la carta que traía este dibujo?

No está mal.

No se parece,

pero no está mal.

Escribe.

¿Sabe álgebra y aritmética?

No, señor.

Pues tiene que aprender,

si quiere llegar a ser alguien.

Usted ya va siendo un hombre

y hay que pensar seriamente en su futuro.

¿Alguna pregunta?

¿Puedo retirarme, señor?

¿Qué le pareció?

Muy compuesto.

Isabel,

a mí verla

me ha impresionado mucho

y quiero estar cerca suyo.

Por eso he pensado,

que usted podría venir conmigo a Santiago

y hacerse cargo de mi casa allí.

Sería la casa del gobernador.

¿Vivir con usted como sirvienta?

¿Eso es lo que me está proponiendo?

Como ama de llaves.

Es una posición respetable.

Estaríamos juntos.

¡Niña!

¿No lo entiendes?

Voy a ser nombrado gobernador de Chile.

Entonces, quisiera llevarme a Bernardo a Chillán.

Soy su madre. Su lugar está conmigo.

Tengo planes mucho más provechosos para ese niño.

Bueno, siga con sus planes inalterables, señor gobernador

y consígase una ama de llaves para todo servicio.

Estoy segura de que no le faltarán.

(RESOPLA)

Es necesario pulir su carácter y darle nuevos conocimientos.

Además, usted ya ha hecho más que suficiente

y no tengo cómo agradecerle.

Entre nosotros nunca habrá deudas, Ambrosio.

Espero que Dios restablezca pronto su salud.

No pensé que quería volver tan pronto a Santiago.

Aunque quisiera, no puedo detenerme.

La gobernación lleva mucho tiempo a la deriva.

Por favor, despídame de todos.

Guardia de honor, señores.

Monta. Adelante.

Me pidió que me despidiera de usted

y de Bernardo.

El patrón dejó órdenes para mandar al señorito

al colegio de Naturales de los franciscanos

para que reciba educación.

¿Está agradeciéndole al Altísimo el golpe de suerte y audacia?

Usted no merece ese cargo, Higgins.

Sus espías fracasaron, Avilés.

No hay nada en mi contra.

Yo debía haber sido nombrado gobernador de Chile.

Así que, quería ser gobernador.

Le gusta sentirse superior, Higgins,

pero sabemos de dónde viene:

huyendo del hambre en Inglaterra.

(GRITA) Irlanda. Es igual.

Nunca se cansará de perseguirme como un perro.

¿Y usted no se cansa de huir como una rata?

(LLORA)

Debo proteger a su padre como él lo protegió a usted.

Desgraciadamente, tienen tan parecido el color del pelo...

Son tan únicos...

(GRITA) Ya basta, Bernardo.

Tiene que aprender a obedecer como un hombre.

No llore, madre.

No estoy llorando.

Le prometo que le voy a visitar cada vez que pueda.

¿Le puedo pedir que me deje su pañuelo?

Rosa, venga.

Despídase de su hermano.

Adiós, hermano. Adiós, hermana.

Adiós, Bernardo. Gracias.

¿Es verdad que le dio al guacho? Sí.

Lo felicito, señorito.

Se hizo respetar como todo un hombre.

Puro puño y le dejó tieso al tío.

¿El argentino también quedó tieso en el bosque?

¿Lo ibas a matar?

Sí, pues.

¿Y por qué no lo hiciste?

Pues porque estaba chiquitito

y me estaba mirando.

Hace su entrada el nuevo gobernador

de la Capitanía General del reino de Chile

y presidente de la Real Audiencia de justicia,

señor Ambrosio Higgins.

Felicitaciones.

(A LA VEZ) 13.

(A LA VEZ) 14.

(A LA VEZ) 15.

(A LA VEZ) 16.

(A LA VEZ) ¡17!

Querida madre: con el afán de que usted sepa de su hijo,

le cuento que he pasado el verano alegremente.

Aquí he hecho muy buenos amigos para toda la vida

y tengo excelentes maestros a quienes admiro y aprecio.

Puedo decir que he descubierto los libros,

la música y las matemáticas.

Se me dan bastante bien los números.

1643.

Cinco, 45. Multiplica bien.

Aunque no tan bien como a mi padre, según me cuenta en sus cartas.

45, eso.

Eso te pasa por precipitarte.

Ya, otra.

Pero lo más importante

es la alegría que me da recibir regularmente cartas suyas.

Apartando la tristeza

de no poder verla tanto como quisiera,

agradezco las circunstancias de mi vida presente

y veo la imagen de Cristo

animándome a seguir el camino de la santidad.

O clemens, O pia,

O dulcis Virgo Maria.

Que esta profesión de fe te acompañe por siempre.

¿Quieres aceptar los votos de San Francisco?

Sí, quiero.

Porque los santos, son los seres más grandes que hay,

las personas más valientes,

las que son capaces de vencerse a sí mismos por amor.

¿Qué fue del niñito peleador ese que yo traje hace un tiempo atrás?

Aquí he aprendido la vida espiritual,

el sentido de la trascendencia.

He entendido que, sin un sacrificio personal,

no se puede luchar contra las injusticias.

Me gustaría llegar a ser un santo.

Está bien, pues.

Voy a informar a su padre de los progresos que está teniendo.

Y dile que quiero ver a mi madre.

No hay más,

eso es lo más importante.

(Piano)

Perfecto. Te sale perfecto.

¿Pare qué otra vez?

Bernardo. ¡Bernardo!

Viene llegando.

¿Mamá?

Bernardo. Mamá.

Pero si está tan grande

y con el pelo tan crecido. Quién lo viera.

Qué alegría de verla, mamá.

Es un sueño tenerla aquí.

Su hermana Rosa le manda muchos saludos.

¿Y él? ¿Quién es?

Se llama Manuel Puga.

¿Va a casarse con él?

Un gusto conocerte, Bernardo.

Me llamo... Sé su nombre,

mi madre me lo ha dicho.

Estimada señora, encantado de conocerla.

Bernardo me ha hablado mucho de usted en sus cartas.

¿Usted debe ser fray Gil Calvo?

No, yo soy fray Gil Calvo. ¿Cómo está?

No puedo tocar.

No esperaba verla acompañada.

Discúlpelo. No, no me disculpe.

¡Bernardo!

Señor, ¿podría dejarnos solos, por favor?

¿Mi padre sabe de este hombre?

No he sabido nada de tu padre desde hace unos años.

Soy una mujer sola,

viuda

y con una vida muy sacrificada.

Mi padre. Tiene que acudir a él.

Me ofende, Bernardo.

Es muy difícil seguir sola

con una hija.

En este mundo, la mujer no puede ser libre.

Yo la voy a hacer libre, mamá.

Se lo juro.

Bernardo se ha escapado. Robó un caballo y se fue.

"Me voy a buscar a mi padre a Santiago", dijo.

(GRITA) Bernardito. Señorito.

Voy a llegar a Santiago y a encarar a ese viejo maldito.

Pare, señorito, y hablemos con calma, oiga.

Si quieres detenerme, tendrás que matarme.

Ya, hombre. No me obligue.

Puede pasarle algo.

¿Crees que le tengo miedo?

Perdóneme, señorito, pero se va a caer.

Si quiere que lo ayude, vamos a hablar los dos.

Sea como sea, voy a llegar donde esté ese miserable.

Si quieres impedirlo, tendrás que matarme.

Buenas noches.

Buenas noches.

¿Cómo debo dirigirme a usted?

Como señor gobernador o su excelencia.

Tome asiento.

Usted ha roto las reglas que teníamos acordadas.

Yo he cumplido

ocupándome de su educación y su manutención.

Le estoy agradecido, su excelencia.

¿Por eso estuvo enviándome amenazas?

Vengo a pedir justicia para mi madre.

¿Lo mandó ella? Por supuesto que no.

Mi madre es una mujer digna, jamás haría eso.

Está pasando pobreza,

mientras usted se regocija en la abundancia.

¿Y usted piensa que es mi obligación

ocuparme de ella?

¿Por qué lo sería?

Su madre es una mujer libre,

casada, viuda

y tengo... Porque es mi madre.

Cuídela usted, entonces.

Tiene toda la razón.

Muchas gracias por su tiempo, excelencia.

¿Y qué piensa hacer?

Seguir su consejo.

Volver al sur, buscar un trabajo y cuidar a mi madre.

Ya soy un hombre.

Eso sería un desperdicio me parece, ¿no?

¿Qué dice?

Que sería un desperdicio no continuar con su educación.

Usted parece un joven con futuro.

¿Usted cree eso?

Sé mucho más de usted, de lo que usted imagina.

Tome asiento.

Coma algo y hablemos de hombre a hombre.

Adelante, con confianza.

A su edad siempre se tiene hambre.

Beba un poco de vino,

le ayudará a bajar esa carne.

Ya le he ofrecido ayuda a su madre

y ella no la ha aceptado.

Por eso, es una mujer digna.

Debería entender eso si la quiere tanto.

Además, no sé si sabe,

pero ella está esperando un nuevo hijo con el señor Puga.

¿Cómo sabe?

Un buen gobernador sabe todo lo que ocurre en sus dominios

y yo soy el mejor.

Por eso no necesito que me diga qué tengo que hacer

y menos que siga amenazándome.

Pero mi madre...

(GRITA) Su madre tiene su vida.

(GRITA) Su vida, en la que no estamos ni usted ni yo.

¿Lo entiende?

Ahora lo mando a Lima

a estudiar en un colegio

en el que estudian los hijos de los nobles

y los ricos.

Ahí entenderá mejor cómo funciona este mundo

y conocerá a los que manejan el poder.

Aproveche la oportunidad.

Observe,

compórtese como uno de ellos,

alimente su orgullo,

gaste dinero en banalidades,

pero no se mimetice con esa gente,

la mayoría son flojos e ignorantes

y yo quiero educarlo como un hombre útil.

Ahí tiene dinero.

¿Es bastante?

Viajará bajo el nombre de Bernardo Riquelme

y espero que cumpla con su compromiso de discreción.

Ah,

espero que supere su idea de convertirse en santo.

No es necesario.

Buenas noches.

(Campanas y gaviotas)

(Tambores)

Necesitan encontrar un buen hombre rápidamente

esas dos mujeres del carajo.

Una ronda para mis amigos

y otra ronda para todos.

Eres una de las mujeres más bellas del Pacífico.

Caballeros, a por sus damiselas,

que la fiesta esta noche termina en mi casa.

-Eso es. -Salud.

Eso, chileno.

Ahí va, chileno. Eso, chileno.

Nuestro cornudo cabrón.

(Pasos)

(SUSURRA) Bernardo.

(SUSURRA) Bernardo. Bernardo.

Ha llegado mi padre, Bernardo. Levántate.

Mi padre ha vivido la asunción del nuevo virrey

y quiere conocer a mis amigos.

Lamentablemente, se ha enterado de nuestras aventuras.

Por suerte, no de todas.

Un hervor más. Debe quedar espeso, pero no ahumado.

(CARRASPEA)

Buenos días, potrillos jaraneros.

Por sus caras, veo que han pasado buena noche.

Buenos días, Julián.

¿Cómo está su padre?

Bien, tío, gracias.

Usted debe ser el chileno que mi primogénito admira.

Conozco bien Chile.

¿De Coquimbo?

No, Chillán.

¿Conoce?

Después de un tiempo, todos los pueblos se parecen.

Su rostro me resulta familiar.

Después de un tiempo, todos los rostros se parecen.

¿Chocolate?

Ayuda a reponerse de la juerga.

Los hombres necesitan diversión.

Yo también fui joven y sé de lo que hablo.

La vida está hecha para vivirla,

pero vivirla con discreción y disimulo.

¿Se entiende?

Sí, señor.

Así que, Bernardo Riquelme de Chillán.

¿A qué se dedica su familia?

Tenemos tierras y algo de comer, señor.

No es común ver pelirrojos en el sur de Chile.

Es por el lado de mi madre.

¿Por casualidad no conoce usted al gobernador Ambrosio Higgins?

Fue intendente en el sur de Chile,

aunque ahora se hace llamar O'Higgins.

Compró un título de nobleza.

He escuchado a mi padre hablar de él alguna vez.

Es pelirrojo, como usted.

Mire qué curiosa coincidencia.

Incluso podría pensar uno que es su padre.

Si no conociera a mi madre y a mis tíos maternos, quizás.

Imagino que asistirá usted a la recepción al nuevo virrey.

Ahí tendrá oportunidad de conocerlo.

Por supuesto, me encantaría conocerlo.

Buenos días, Bernardo.

¿Me va a reprender por pasar la noche fuera?

No, no se trata de eso.

Me ha llegado una carta desde Chile con noticias muy importantes.

Las únicas cartas que me interesan desde Chile

son las de mi madre, de la cual mi famoso padre

me mantiene alejado para que me eduque.

Bernardo, esto es serio.

Así que, don Ambrosio Higgins, perdón,

O'Higgins, que ahora también es noble,

fue nombrado virrey y viene a Lima.

Finalmente lo consiguió.

Viene en camino. Usted no puede quedarse en Lima.

Perfecto, entonces vuelvo a Chile.

No, no.

Estamos haciendo los preparativos para mandarlo a Inglaterra.

Dígale al virrey

que su hijo bastardo es un hombre libre.

Permiso. Bernardo.

¡Bernardo!

(Piano)

Recibimos a su excelencia, don Ambrosio O'Higgins,

barón de Ballenary,

quien llega procedente del reino de Chile

a tomar posesión del virreinato del Perú.

Por encargo de su majestad...

Hay gente que lo reconoció.

Es un traidor con su padre.

Si hubiera querido descubrirlo, lo habría hecho.

Buenas noches.

Buenas noches.

Yo espero que esto no haya sido más

que la torpeza de un jovencito altanero

que no conoce aún el mundo lo suficiente

y cree que es un juego entre amigotes.

No soy un niño, soy un hombre libre.

Un hombre libre...

Tengo enemigos acechando en todos los rincones.

¿Ahora más que nunca no puede entender eso?

¿No está feliz de ser virrey?

Yo pensé que usted deseaba gobernar.

El poder...

Una responsabilidad que de jóvenes nos enorgullece

y de viejos nos agobia.

Tal vez debí retirarme al campo con su madre

cuando tuve la oportunidad.

Me he imaginado tantas veces

cómo hubiera sido la vida a su lado...

¿Será eso el amor?

Yo, sinceramente, no lo sé.

Me han dicho que no quiere ir a Inglaterra como yo lo dispuse.

Si usted y yo no podemos permanecer en la misma ciudad,

es mi voluntad regresar a Chile.

Se lo prometí a mi madre.

Léala.

Es de su madre.

En ella le pide que, por favor, aproveche la oportunidad

que le estoy dando.

No es solo por la seguridad de mi cargo.

En Londres conocerá otro idioma, otro mundo de ideas,

tendrá acceso a la ciencia y a las humanidades.

Allí podrá terminar su educación.

Para gobernar y ser como usted.

Si usted lo quisiera.

Me veo en usted como a mí mismo al principio del camino.

Con su pelo rojo,

su pasión,

su audacia.

Es como si yo mismo me viniera a visitar.

(Campanas)

(Campanas)

(HABLA EN INGLÉS)

Bernardo Riquelme.

¿Usted es el señor Eels?

Sí, mucho gusto.

Bernardo Riquelme.

Espero que mi hija Charlotte

lo haya recibido como corresponde.

Bienvenido a Richmond, Bernardo.

Muchas gracias. Habla muy bien el español.

Sí, una larga historia,

pero una parte de mi familia es de Tenerife.

Sígueme, por favor, voy a mostrarle su habitación.

Buenos días, señor cura.

Buenos días.

Ando recorriendo la zona

revisando las actas de nacimiento.

¿Y para qué sería?

Un patrón mío quiere encontrar a un sobrino suyo

que le dicen que nació por estos lares.

¿Y qué apellido tendría la criatura?

Podría llamarse Higgins o algo así tal vez.

No, por acá no hay nadie bautizado con ese nombre.

Me acordaría.

La memoria es frágil.

¿Podría echar una mirada a esos papeles?

Tendría que ser mañana,

porque ahora voy saliendo a llevar una extremaunción.

Sería hasta mañana, entonces.

Señor cura.

¿Podría echarle una mirada a esos papeles?

Ni en 100 años podría decirlo tan bien como usted, Charlotte.

Así pues, señora madre,

el clima de este país me obliga a permanecer largas horas

dedicado al pianoforte.

Es un instrumento magnífico

que llena mis días de una forma que jamás soñé.

La pintura también se me da con bastante facilidad y entusiasmo.

He llegado a creer que la técnica no sirve de nada

sin una buena inspiración que despierte los sentidos.

Y, cuando el clima lo permite,

aprovecho para pasear por los parques en buena compañía.

Su nombre es Charlotte.

Es una muchacha muy dulce y divertida

que me ha enseñado cosas que jamás imaginé.

¿Que se ha enamorado? No dice eso.

Solo dice que está feliz de la vida.

Si la menciona es porque de verdad le importa.

Charlotte.

Es un bonito nombre.

"No me haga esperar mucho

las noticias suyas y de mis hermanas,

que estando lejos se extraña mucho la propia tierra.

Siempre suyo, su hijo Bernardo".

¿Es él?

Claro que es él.

Está crecido el pelirrojo.

¿América del sur?

Chillán, en el sur de Chile.

Tenemos una patria en común.

Sebastián Francisco de Miranda, nacido en Caracas.

Pero yo soy chileno.

América es una sola.

Colombeia me gusta decirle.

Hay que rebautizarla.

Es el gran traidor.

Está subvencionado por los ingleses

para lograr la sublevación de América.

Lo tenemos vigilado hace años.

Va y vuelve de Londres, organiza reuniones,

consigue dinero y adoctrina a jovencitos.

¿Para qué buscaba a míster Kendahl?

¿Matemáticas? Sí.

Soy estudiante y necesito refuerzo en ciencias y matemáticas.

La ciencia.

Sí, mi padre dice que tengo demasiados intereses artísticos.

Nada productivo. Puedo ayudarle.

¿Usted es profesor de ciencias?

Algo puedo hacer mientras llega míster Kendahl.

Vuelva mañana a esta hora y le enseño mi biblioteca

y tráigalo de vuelta.

Eh, chileno. ¿Sí?

Mejor te muestro mi biblioteca ahora mismo.

No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy.

¿Cómo te llamas?

Bernardo Riquelme. Adelante, Bernardo.

Es todo lo que mi amo necesita saber.

Gracias, colega.

Puede decir que llegué a general construyendo mi biblioteca.

¿Usted es general?

General o condenado a muerte,

depende del país al que preguntes. He estado en muchas batallas.

Adelante, chileno.

¿Estás preparado?

(Trueno)

Aquí, historia.

Poesía.

Novelas, las ciencias del universo,

tácticas militares,

los libros prohibidos,

el fuego sagrado de la libertad

y en las alturas,

el encuentro sublime entre el arte y el amor.

¿Crees que puedes aprender algo conmigo mientras llega Kendahl?

¿Por qué me invitó usted?

Porque eres el primer chileno que conozco.

¿Y los ha leído todos?

Por supuesto que no.

Lo más interesante está en lo que no sabemos

y lo que está por saberse.

Primera lección.

¿Lección de esgrima? No.

Matemáticas.

Un hombre debe saber pensar en movimiento,

discernir en medio de la acción.

Ese es el asunto.

Discernir en medio de la acción.

Defiéndete.

Comenzaremos por algo fácil. Ocho más siete.

15.

38 más 17.

55. Muy bien, Ber.

12 por 30.

360.

144 menos 12.

132.

132 más 12, dividido en 12. Vamos.

Eh... 12.

No está mal.

Podríamos comenzar

por estudiar el cálculo de Newton

y deberías aprender esgrima

y otras cosas, sin duda.

Si te interesa, puedes volver.

Me interesa.

Bienvenido.

(CON ACENTO INGLÉS) Buenas noches.

Buenas noches.

Estaba preocupada.

Estaba en la ciudad.

Encontré al profesor que me va a ayudar

en ciencia y matemáticas, como quería mi padre.

¿Por eso tanta felicidad? Es que es un hombre extraordinario.

Es mucho más que un profesor de ciencias.

Estoy muy contento estudiando aquí con su padre.

Estoy exagerando.

Lo que me tiene más feliz

es haberla encontrado despierta, mi amor.

Miranda.

¿Miranda?

Mi hijo, unido al enemigo más peligroso de la Corona.

Traidor.

Malagradecido.

Ya no puedo confiar en él.

No hay más dinero.

Desde mañana, no hay más dinero.

¿Qué ponemos para evitar la tiranía? La razón.

¿Estás seguro? La razón es la que ordena el mundo.

Cierto.

La razón nos muestra los principios del ser humano

y defiende que la igualdad, la libertad y la fraternidad

no son ideas, son necesidades humanas.

Bien dicho.

En la Revolución francesa, la humanidad dio un salto.

Quieto.

Ya nada puede detener el ascenso del hombre.

¿Cómo es posible que las colonias americanas

no tengan su destino y vivan sometidas a un soberano

que ni siquiera conocen?

El monopolio español

cae sobre las colonias, no con la razón,

sino con la fuerza y empobrece las colonias.

Pero tampoco favorece a España.

Las riquezas acaban en las manos de los dueños del dinero,

que cobran intereses altísimos a la Corona

por las deudas que tienen.

Muy bien.

Excelente.

Razón aplicada.

¿Sabes cómo hay que derrotarlos?

Organizarse. Más.

Con leyes. No es suficiente.

Enfrentándolos. Tampoco es suficiente.

¿Matándolos? No.

(GRITA) Piensa.

Mantén la claridad. No pierdas tu norte.

Piensa.

Es fácil repetir las lecciones como un niñito bien portado,

pero lamento desilusionarte, niñito,

la razón no va a derrotar la tiranía de tu rey.

Piensa. Piensa por ti. ¿Qué más?

¿Te vas a dejar de defender?

¿Te vas a dejar arrinconar por un viejo?

Al rey hay que derrotarlo con furia.

Con pasión,

que no es exactamente lo mismo.

Porque la razón sin pasión

no es nada.

Tierra de fuego sagrado, chileno.

¿Te gustaría unirte a la causa

por la lucha de la libertad de América?

Tenemos abierto el camino para crear un nuevo mundo.

No debemos solo estudiar,

sino construir.

¿Quién es tu papá?

Mi padre es un rey.

Yo la voy a hacer libre.

Libertad.

Igualdad.

Fraternidad.

(HABLA MAPUCHE)

(GRITAN)

¡Viva Chile libre! (A LA VEZ) ¡Viva!

¡Viva Chile libre! (A LA VEZ) ¡Viva!

¿Te vas a dejar arrinconar por un viejo?

Me veo en usted como a mí mismo al principio del camino.

Si sigo la voluntad de mi padre,

tendría que volverme contra él.

Señor Riquelme, su deuda con nuestro colegio

se sigue acumulando.

¿Todavía no le han mandado el dinero?

Dios mío, míster Eels, qué vergüenza.

Le pagaría ahora mismo,

pero tampoco he recibido dinero de mis apoderados.

No sé por qué no me lo han enviado. Deben solucionar esto.

Buenas noches. Adelante.

Pase.

Dígale al señor Miranda que lo espero aquí.

Dígale que es urgente, por favor.

Disfrutemos de la inspiradora belleza de la música.

David Springfield nos regalará su gracia.

(Piano)

Bernardo, qué sorpresa.

Llega justo a tiempo.

Hay una reunión en la que vamos a discutir

algunos apoyos políticos y militares

que nos pueden brindar naciones amigas y gente importante

para la consolidación del ejército que estamos preparando.

No, gracias, no estoy presentable.

Un joven revolucionario siempre está presentable.

A mis invitados les encantará... No estoy presentable.

Tendré que volver a Chile.

Vendré en otro momento a despedirme.

Permiso.

¿Qué le pasa?

Mi muy querida Charlotte.

Tengo que abandonar Inglaterra, Charlotte.

Quería decírselo a usted primero.

Perdóneme, Charlotte.

Es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Quédese, entonces

o puede llevarme a mí con usted a América.

Puedo aprender mejor español.

No se puede.

¿Adónde va, chileno?

¿Piensa llegar caminando a Londres?

Francisco, ¿qué hace usted aquí?

Vine a buscarte, revolucionario. Parece que llegué justo a tiempo.

Vamos, sube.

La causa de la libertad te necesita, Bernardo.

Necesito que le lleves unos documentos

a gente de nuestro movimiento.

Preferiría no hacerlo.

¿Tienes miedo?

¿Quién es tu padre?

¿Es eso?

¿Es alguien importante?

¿Alguien que trabaja para el gobierno?

¿Es eso? ¿Por eso tienes miedo?

No es miedo. ¿Es lealtad?

¿Lealtad a la Corona?

Porque tu padre trabaja para el rey. ¿Es eso?

Ahora lo veo clarito.

Y agradece que no te mato, traidor.

(GRITA) Miranda.

(GRITA) Miranda.

(GRITA) Miranda.

(GRITA) Yo no soy un traidor.

(GRITA) Miranda.

(GRITA) Miranda.

Más rápido.

(GRITA) Miranda, yo no soy un traidor.

(GRITA) No soy un traidor, Miranda.

(GRITA) No soy un traidor.

Es más duro de lo que creía. (GRITA) Miranda.

(GRITA) Miranda.

(GRITA) Miranda.

(GRITA) No soy un traidor, Miranda.

(GRITA) Yo no soy un traidor.

(GRITA) Yo no soy un traidor.

(GRITA) Yo no soy un traidor.

Detente.

(JADEA)

Yo no soy un traidor, Miranda.

Se equivoca conmigo.

Un hombre de verdad se es fiel a sí mismo, chileno.

Vive su propia vida,

no la que le traza su padre.

Ese es un cobarde. ¿Eres un cobarde?

Soy lo que soy gracias a mi padre.

Yo no soy un cobarde, Miranda.

Yo no soy un traidor.

Es un traidor

solo el que se traiciona a sí mismo, chileno.

(LLORA)

No te avergüences, chileno.

Es el llanto de un hombre que ha nacido de la libertad.

Vamos, chileno.

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

Libertad, igualdad y fraternidad en mapudungún.

Es la lengua de los mapuches,

la aprendí cuando era niño.

Libertad, igualdad y fraternidad.

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

¿Quién es tu padre?

No se lo diré.

(Pasos)

(Campana)

América sin miedo.

Bienvenido, Bernardo. Hoy están todos, adelante.

Su excelencia, está aquí el marqués de Avilés.

Que pase.

Tal vez prefiera que esta conversación sea a solas,

su excelencia.

Déjanos solos.

Que la luz de la razón ilumine el futuro de la humanidad.

Iniciamos solemnemente

la reunión de la Logia de los Caballeros Racionales.

Por la independencia de las colonias.

(TODOS) Por la libertad de América.

Tomen asiento.

Hay pruebas de que su hijo está en Londres

y pertenece al grupo de conspiradores

que organiza Francisco Miranda y otros enemigos de la Corona.

No es cierto.

Necesitamos las armas de los ingleses.

Estoy esperando la respuesta del ministro.

Estoy intentando presionarlo para apurar la decisión.

Ha llegado a mi país el rumor de la invasión.

Qué peligro, ¿no?

La Corona se va poniendo en alerta.

No podemos detenernos ahora.

-El tiempo juega en nuestra contra. -Los barcos ya están negociados.

La flota puede zarpar apenas tengamos las armas.

Estamos en manos de Pitt.

Finalmente, apareció su acta de bautismo

con el nombre Bernardo Higgins, hijo natural suyo,

que se ha hecho llamar Bernardo Riquelme,

el apellido de su madre,

una criolla llamada Isabel Riquelme, original de Chillán.

El muchacho ha estado en Talca,

en la hacienda de su amigo Juan Albano,

luego estuvo en el colegio de franciscanos de Chillán

para luego pasar por Lima,

donde, por cierto, tuve el gusto de conocerlo,

y ahora Londres.

Siempre financiado con su dinero, Higgins.

Tengo testimonios firmados.

Bermejo y yo hemos puesto a prueba la hipótesis

de que el mejor punto para el primer ataque es el Perú

y hemos llegado a la conclusión

de que, pese a las dificultades adicionales

que pueda presentar la extensión del viaje

y el peligro de cruzar por Magallanes,

Perú es el lugar donde el daño a la Corona,

en lo militar y en lo simbólico, sería más letal.

Además, es el lugar donde podemos reagruparnos mejor

e incrementar con rapidez nuestro ejército

para avanzar hacia el norte.

Usted siente que está más allá de toda regla,

pero llegó su fin.

Aquí está el decreto que lo suspende del cargo de virrey.

He querido traérselo personalmente.

Es indispensable enviar una relación de los planes al grupo de Cádiz.

Los espías acechan.

Han interceptado repetidamente nuestra correspondencia.

Es demasiado arriesgado

enviar información detallada del plan maestro,

podrían desarticularlo antes de empezar.

Pero también corremos el riesgo de perder contacto con los de Cádiz

y en un momento álgido.

Yo creo que tenemos que esperar un correo seguro.

Yo puedo llevarlo.

Tengo que partir a Cádiz ahora para volver a mi país.

Yo puedo llevar la información.

Perdona, chileno,

pero te venimos recién conociendo.

¿Dudan de mi lealtad?

Razonable, no me conocen,

pero he vivido en carne propia la humillación

y quiero decirles que luchar por la libertad de América

y contra las injusticias

y humillaciones a las que nos ha sometido la Corona

ha sido para mí la decisión más trascendente

y dolorosa que he tomado en mi vida.

Dudé,

pero decidí ser fiel a mí mismo

y esa decisión ha sido para mí la prueba más dura.

Pueden creerme o no,

pero yo seré el más empecinado de los libertadores de América,

el más leal.

Lo juro.

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

(HABLA EN MAPUDUNGÚN)

La lengua de mi tierra.

De ahí vengo, aunque mi pelo los engañe

y ya lo he decidido:

lucharé por la libertad de América con o sin ustedes, caballeros.

Maldito el día en el que le di mi protección.

Bendito sea el fruto de tu vientre.

Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

(SUSURRA) Llama al escribano.

Quiere al escribano.

Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

Es mi voluntad

dejar todos mis vienes,

del campo a las canteras,

el ganado...

"Es mi voluntad

dejarle todos mis vienes,

la hacienda y las canteras,

el ganado...".

A mi hijo Bernardo

O'Higgins Riquelme.

"Y todo lo demás a mi hijo

Bernardo

O'Higgins

Riquelme.

¡Madre!

No sabe cuánto añoraba este momento.

¿No me va a abrazar a mí?

A quien reconozco

como mi hijo legítimo.

"A quien reconozco como mi hijo legítimo,

lo autorizo

a usar el apellido O'Higgins".

Esto es un sueño.

Nunca pensé que llegaría un momento así.

Bernardo, libera a América

de la tiranía.

(Golpes)

¿No puede dormir?

¿Qué pasa?

¿Problemas?

En Londres...

en Londres me comprometí con gente

que planeaba una sublevación a la Corona.

Iban a partir atacando al Perú cuando mi padre era virrey.

No fue fácil.

Al principio, me sentí un traidor,

pero después...

después me sentí libre, mamá.

La operación no resultó.

El apoyo que los ingleses prometieron nunca se concretó.

Mamá,

me juré a mí mismo protegerla por el resto de mis días,

pero también juré unirme a la independencia

y luchar por la libertad de América.

Quisiera hipotecar la casa para formar un batallón

para sumarme a la lucha que va a comenzar.

Confía en mí, mamá.

Muebles franceses,

espejo imperial...

Bien, el inventario de la casa está completo.

Si está de acuerdo, tiene que firmar.

Sé enrollar cigarros,

sé coser, sé hacer dulces,

he trabajado de partera...

La vida continúa.

Escriba su nombre. No lo dude.

Hoy comienza el camino que culminará con nuestra libertad.

Saldremos a enfrentar las humillaciones

a las que nos ha sometido el tirano español.

Todos los hombres hemos nacido iguales.

La fraternidad universal es el destino de los seres humanos.

Desde hoy, pongo mi vida al servicio de sus ideales

y yo invito a hacer lo mismo.

Serán muchos los sacrificios que vendrán,

pero la dignidad de nuestro pueblo merece cualquier precio.

Señores,

hemos sido tocados por el destino para conseguir la libertad.

Debemos sentirnos honrados y agradecidos.

Dispuestos a dar la vida,

convertirnos en uno

con el corazón ardiendo de pasión por la justicia,

por el amor a nuestro pueblo.

(GRITA) Viva Chile libre. (TODOS) ¡Viva!

(GRITA) Viva Chile libre. (TODOS) ¡Viva!

(GRITA) Viva Chile libre. (TODOS) ¡Viva!

(GRITAN)

Somos cine - El niño rojo, O'Higgins - ver ahora

La memoria del agua

Una joven pareja, tras la muerte de su hijo, lucha por mantener su relación. Este inmenso dolor los ha fracturado como pareja y a pesar de lo mucho que se quieren, no pueden sobreponerse a la inmensa pérdida. Asistimos a la sutil construcción de sus nuevas vidas, y observamos sus movimientos por olvidar lo que fueron como pareja. Pero la posibilidad de un nuevo reencuentro aparece y ellos saben que esa decisión podrá cambiar el sentido de sus vidas para siempre.

No recomendado para menores de 12 años Somos cine - La memoria del agua - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

(Ruidos)

¡Eh!

Tranquila, tranquila.

Vamos para adentro.

Vamos.

Tengo que irme.

¿Adónde quieres ir?

Necesito irme, no puedo estar aquí.

Entremos.

Te preparo un café, descansas.

Vamos.

No quiero estar contigo, Javier.

Entremos.

No.

Vamos a salir juntos de esto.

Amor.

Mira, escúchame.

Estoy tranquila, ¿vale?

Solo que necesito estar lejos de ti.

¿Quieres un tiempo?

Nosotros ya no podemos y tú lo sabes.

No.

Sí, sí lo sabes.

Me voy unos días. ¿Está bien?

No, no, es que yo tengo que irme.

¿No te das cuenta? Yo tengo que irme.

Es horrible pero no puedo mirarte.

Eso me mata.

¡Puta piscina esta!

(Ladridos)

Tómate el tiempo que sea necesario.

Y cuando sientas que tienes que volver,

te voy a buscar.

Vendemos esta puta casa y nos vamos de viaje.

A viajar

al sur.

Podemos recorrer el sur.

Podemos arrendar una cabaña cerca de un lago.

¿Ok?

Ok.

Llámame a cualquier hora,

día, noche.

Cuando quieras.

Alguna vez deberías llorar, Javier.

(Ladridos)

(Arranca el motor)

(Música piano)

(Música piano)

No se preocupe que la casa no se niega al paisaje.

Ventanales grandes.

Podemos poner termopaneles, ¿les parece?

Sí.

Me preocupa la sombra.

Encuentro que en la playa el calor es un tremendo tema.

En verano lo único que te puede proteger del calor

es tener una rica sombra. -Pero con ventanas, mi amor.

Sí, pero en verano que en realidad es cuando vamos a venir para acá

si tenemos el sol entrando en la casa todo el rato

desde todos los lados, vamos a querer sombra,

una sombra que nos proteja el paisaje.

Podemos proyectar un segundo piso que dé sombra al primer piso

y que permita los ventanales.

Pero tiene razón, el tema es la temperatura.

A ver cómo lo resuelvo, puede ser ventilación cruzada.

¡Ah, bien!

Sí pero para qué tanta ventana.

Me gustaría tener una casa donde yo ande en pelotas

y no sentir que me pueden estar mirando

desde todos los ángulos. -Mi amor, quién anda en pelotas.

Llevamos 10 años juntos y nunca has ido en pelotas.

Porque siempre hemos vivido en casa con las tremendas ventanas.

Javier, disculpa, cambio de planes.

Ya no queremos ventanas, queremos un búnker.

Y bien seguro, ¿eh?

Y ahí la piscina.

(Hablan en inglés)

66 antenas o radiotelescopios de alta precisión

que observan el universo

en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas.

Este observatorio transformó la investigación

de la física del universo frío.

Regiones que son oscuras en luz visible

pero que en la sección milimétrica del espectro electromagnético

brillan intensamente.

Mañana, 12.

Vale.

Chao. Chao.

Hola.

¡Marcos!

Hola.

¿Qué haces aquí?

No sé, estaba pensando

cambiar de profesión.

¿Sí? Sí, sí.

Pensaba dedicarme a la astronomía o ser astronauta, definitivamente.

Tú sabes que a mí me gusta el tema.

¿Te acuerdas cuando nos conocimos en el norte?,

y tú andabas con esa mochila enorme.

¿Te acuerdas que fue lo primero que te dije?

Sí, me dijiste que me encontraba ante el mejor cielo del mundo.

¿Y te acuerdas qué quise hacer después?

¿Acostarte conmigo?

¿Qué haces? ¿Tienes que seguir trabajando?

No sé, podríamos ir a comer.

No puedo.

(Suena un timbre)

¿Qué tiene?

No sé, se pela.

Y el ratón comienza a moverse solo.

Parece el computador embrujado.

¿Tenéis respaldo? No, todo está aquí.

La música no me importa los documentos tampoco

pero las fotos,

las fotos me importan.

¿Cuál es la clave?

Pedro.

Me deja verlo y deme un par de días.

Este computador es muy viejo, papá, te voy a regalar uno.

¿Para qué?

Para pasar todo el día mandando mensajitos,

realizando algo y olvidándome de quién tengo frente a mí.

No, gracias.

La mejores cosas de mi vida

no necesitan un cargador ni tener wifi.

Con tu tío Jano o tu tío César 40 años de amistad.

Una buena conversación nos bastó, siempre.

Le regalaron dos celulares y no nos vimos más.

¡Claro! Si se suponía que íbamos a estar conectados.

Como contigo.

A ver si algún día quieres venir a quedarte.

Podemos ver películas.

¿Quién dice que los hijos no pueden estar con sus padres

como si tuvieran 8, 12, 15 años?

A veces uno se siente solo

y quiero estar con alguien.

No significa hablar

sino solo estar.

¿Me estás invitando a alojarme? ¿Por qué no?

O irnos de campamento.

O al sur.

A ti te gustaba tanto el sur.

Me lo dices y programamos.

Como antes.

Ahora vamos a hacer una pausa de unos 10 minutos

y después seguimos.

Muchas gracias.

Toma.

Han dejado esto para ti.

¿Sabes quién te lo ha regalado?

Sí, sí sé.

¿Y quiere algo contigo?

No.

Es solo que...

está muy solo.

¿Marcos?

¿Te puedo ayudar en algo?

Estoy buscando un regalo. ¿Niño o niña?

Niño. ¿De qué edad?

4 años. ¿Y qué le gusta?

¿Qué le gusta? Sí.

¿Algo que le guste?

La nieve.

Le gusta la nieve.

¿Eso que se agita y cae nieve? No, antes teníamos pero ya no.

¿Alguna otra cosa que le guste?

Le gusta hacer torres

ciudades con torres.

Tenemos un castillo con piezas de madera

y unas pelotitas que pueden ser como nieve.

Está bueno

¿Cómo se dice, Borja? -Gracias.

¿Qué te sirvo?

¿Cerveza, vino?

Hay pisco sour también. Cerveza.

¿Sí? Ok.

No ha llegado.

(Música)

(Risas)

(Risa de niño)

Un día Pedro le pidió a Violeta que fueran novios, ¿lo sabías?

Ella me lo contó.

Pero ella no podía porque estaba de novia con Gastón,

así que le dijo que le esperara un día

y entonces, Pedro le dijo: "No puedo esperar tanto tiempo".

No sabía esa historia.

Sí.

Íbamos a ser consuegros entonces.

¿Sabes qué me dijo la otra noche?

Me dijo: "Mamá, Pedro viene a verme

y me contó que estaba en el planeta Marte con el robot.

Me dijo que estaba con el robot ese que anda buscando piedras.

¿Eso te dijo?

Sí.

¿Y te dijo si estaba bien?

¿Si se veía bien?

Que pasa siempre lo mismo, sueña, y luego no se acuerda de nada.

(Risas y conversaciones)

Hola.

¿Cómo estás?

Bien.

¿Y el trabajo?

Bien, ahí.

Van saliendo cosas y... Eso es bueno.

Sí.

¿Y tú? Súper.

Sigo con la casa de Jonás y vamos a la playa

y finalmente me resultó un proyecto. Ah, qué bien.

¿Sigue en venta el terreno ese de arriba?

Ya lo vendieron.

La otra vez fui y estaba nevado.

Solo por eso hubiera comprado ahí para ver nevar.

Hacíamos guerras de nieve.

¿Sabes qué?

Sigo comprando leche de soya.

No lo hagas más.

Ahora me gusta.

En serio.

Voy al auto a por algo de abrigo.

Tengo un poco de frío.

Te acompaño.

(Ruidos)

Hola.

Hola, Javier.

¿Y?

¿Volvieron ustedes?

Qué rápido.

Voy a entrar.

Nos vemos.

Solo me está acompañando.

Esta.

Ahí.

Y yo creo que esa, ahí delante, Ana. Gracias.

¿Has pagado? Sí.

Pues mañana te hago la transferencia.

Claudio no viene a buscar las cosas,

en la caja hay un juguete y la bicicleta.

Sí, es verdad, me dijo que no las quería.

Se quedan en la calle entonces.

Claudio me dijo que no las quería.

Sí, a ti pero a mí, no. No puedo leer tu mente.

Se quedan en la calle.

Vale, se quedan en la calle.

(Arranque de motor)

(Suspiro)

(Música piano)

(Música piano)

(Música)

Cuidado. Gracias.

¡Guau!

Bien, me gusta.

Muy bonito. -Me gusta, me gusta.

Javier, a mí me gustaría que en la parte de mi escritorio...

Ya se ha alojado.

Me gustaría un tragaluz para ver las estrellas.

Lo vi en internet. Muy bonito.

¿Qué te parece la idea? -Igual un tragaluz es un cacho, ¿no?

En la noche es linda la estrella pero en el día

tenía el sol en la cabeza desde las 7 de la mañana.

Bueno, pero me gustaría ver las estrellas.

Así que si puede hacerlo.

¿Desde cuándo te gusta contemplar las estrellas?

Siempre me ha gustado.

Que no sepas las cosas que me gustan es otra cosa.

A ver.

¿Cómo estás? Bien.

Tengo un congreso dental ahora y luego bastante trabajo.

Qué bien. Sí.

¿Y tú?

Sí, también.

Mucha segunda vivienda,

todos tratando de escapar de Santiago.

(Timbre)

Nos toca.

Proceda.

Bien, la escritura va al conservador y luego al banco.

Le van a avisar cuándo retirarla.

Gracias.

Fuimos muy felices en esa casa.

Me alegro.

Gracias.

¿Qué haces ahora?

¿Nunca estuvimos aquí?

Nunca.

Un día que fuimos al cine,

¿te acuerdas que luego al salir fuimos a comprar unos libros

y nos sentamos en un café?

Era un café parecido a este pero era otro.

¿No era este? No.

Hubiera jurado que era este.

No.

(Suspiro)

No.

¿No? No.

¿Por qué?

Porque no.

Pero ¿por qué?

Estoy con Marcos, Javi.

¿Qué significa "estoy con Marcos"? Sabes lo que significa.

No, dímelo.

Javi.

¿Qué significa? ¿Acláramelo? ¿Me perdí algo?

¡Javi!

Qué mierda significa "estoy con Marcos".

(Música)

(Música)

(Música)

(Música)

(Música)

(Ladridos)

Entonces, la fisiopatología de la hipoxia

puede presentar

diferentes niveles

de expresión.

Las principales consecuencias fisiopatológicas,

(Se cierra una puerta)

de la asfixia por inmersión son la hipoxemia prolongada

y acidosis.

Lo primero que sucede bajo el agua

es...

un bloqueo respiratorio inicial con posible aspiración

al no poder ventilar se...

Al no poder ventilar se produce una apnea voluntaria

evitando así no llevar líquido a los pulmones.

En grado variable

del laringo espasmo.

Puede...puede ocurrir

el efecto mamífero del hundimiento

provocando apnea,

bradicardia y vaso constricción

en los lechos vasculares.

Los pulmones...

Los pulmones se llenan de líquidos no esenciales

para la circulación.

(Voz entrecortada por llanto)

El agua

el agua fría se mueve rápidamente a través de la membrana

alveolo capilar.

(Abren una puerta)

El agua fría se mueve rápidamente a través

de la membrana alveolo capilar hacia la microcirculación.

Hacia la microcirculación, el surfactante es destruido

produciendo inestabilidad alveolar atelectasias,

y alteraciones en la ventilación perfusión.

Hasta un 75 % del flujo sanguíneo puede circular por estos pulmones.

A continuación pasaremos a ver unas imágenes

que muestran diferentes casos clínicos.

(Resoplido)

Gracias.

(Suspiro)

Vale.

(Música piano)

(Suspiro)

(Música piano)

(Alarma móvil)

¿Cómo está?

Tiene fractura de esternón.

Le están haciendo un tac ahora. ¿Y cómo fue?

Venía por la Costa Negra y se salió de la pista.

Se chocó contra un árbol.

(Chirrido de puerta)

Está durmiendo ahora.

Está bien.

Gracias.

Ella es alérgica a un tipo de antibiótico.

No recuerdo, lo tenía anotado en algún lugar.

No sé si alguien se lo dijo al doctor

pero es importante.

Sí, ellos saben.

No me acuerdo si tenían o no tenían que ser derivados de la penicilina.

Ellos lo saben.

Ella me lo contó, está todo bien.

Y el auto quedó hecho mierda.

Tuvo mucha suerte.

Iba muy rápido al parecer.

Qué raro.

Ella no maneja rápido.

Quizá ahora sí.

Quizá ahora maneja rápido.

Amanda está haciendo otras cosas.

Cosas nuevas.

Ella está intentando tener una vida nueva.

¿El acompañante de Amanda?

Dígame.

Se le administró este medicamento y se va a proceder

a tomar esa radiografía.

Necesitamos su firma como tema de conocimiento.

Les voy a dejar todos los planos de la casa

para que los guarden para cualquier cosa.

Ya.

Al final puse enchufes por todos lados.

(Risas)

Lo vi.

Mejor dejarlos puestos y olvidarse del tema.

Bien, bien.

Acá dejé una rack externo en el quincho

por si deciden ampliar más adelante.

Eso tienes que hablarlo con la dueña porque ahora hay jefa.

-Qué mentiroso.

Anda diciendo a todo el mundo que él no tuvo nada que ver

en las decisiones que se tomaron en esta casa.

¿Es cierto que él decidió bastante?

Sí, absolutamente, la casa es de los dos.

Y he puesto un lugar donde quiero construirme una pieza

pero para mí. -¿Ya?

Tener mi estilo, mis cosas, mis juguetes.

Me avisas antes y separamos las camas

entre otras cosas.

Estamos conversando. En otro momento.

La piscina.

Le puse suelo térmico y antideslizante.

Muchas gracias, Javier.

Vamos a ser muy felices acá.

Sí.

¡Me encanta!

(Ruido coches)

El cielo está brillante como fosforescente.

Y hace frío, mucho frío.

Debe ser tarde ya en Chile.

Mañana tienes que trabajar.

Mañana es su cumpleaños.

¿Qué?

Estábamos saliendo del último control y rompí aguas.

Ahí, en la consulta del ginecólogo.

El doctor me dijo que no teníamos tiempo

de llegar a ningún quirófano que Pedro estaba naciendo ya.

Así que, empecé a empujar

y a empujar y a empujar

y no sé por qué pero yo estaba tranquila

y Javi estaba muy nervioso.

Y de repente, oí que estaban hablando

y que contaban: uno, dos, tres y a la de tres

Javier me sentó en la camilla de golpe

y Pedro salió lanzado en un instante.

Fue increíble.

Y a Pedro me lo pusieron aquí en el pecho.

Estaba temblando.

Era muy pequeño.

Y entonces, yo intenté tranquilizarle

y no sabía cómo y empecé a decirle:

"Pedro, Pedro, Pedro, Pedro, mi amor, Pedro".

De repente, yo creo que reconoció mi voz o algo, no sé.

Me miró así con los ojitos por primera vez.

Me miró diciéndome así como: "estoy aquí, mamá".

"Nada me va a mover de aquí".

Y se tranquilizó.

Bueno.

Me gustaría tanto estar allá contigo.

Bueno.

Mañana me cuentas cómo va todo, ¿vale?

Vale.

Intenta dormir.

Un beso.

Un beso.

Miren.

(Música)

(Música)

(Suspiro)

(Música)

(Música)

(Música)

(Música piano)

¿Qué piensas?

No sé.

Pero ¿significa algo?

¿Vamos a dar una vuelta?

¿Corta o larga?

Larga.

Música

(Música)

(Trinos)

(Trinos)

¿Qué?

(Voces y risas)

Por favor, adelante.

(Música)

(Música)

(Música romántica)

(Música romántica)

(Música romántica)

(Trinos)

¡Amanda!

Amanda.

¿Eh?

¿Qué pasó?

No sé.

No, dime.

De momento me acordé cuando estábamos bien

antes de Pedro cuando éramos novios.

Esto es como borrarlo como si no existiera.

No es así. Sí, es así.

Si nosotros somos felices él no existe.

Él se borra del universo y yo no quiero borrarlo dos veces.

Por las noches me despierto

y me entran ganas de ir a verlo a su cama.

¿Te acuerdas cómo me llamaba por las noches?

Pues entonces, me levanto y camino y voy

y a mitad del pasillo me doy cuenta de que no está.

Y me quedo ahí, congelada,

sin saber qué hacer porque él no está

y no quiero volver a mi cuarto.

Prefiero quedarme...ahí,

suspendida para siempre porque sé que es bueno.

Es bueno sentir ese vacío porque eso significa

que está presente.

Es enfermo, pero me lo estás quitando.

No te lo puedo quitar porque él está aquí, con nosotros.

Mentira.

La gente dice que está aquí

en mi corazón,

y no sé qué más estupideces.

¡Es mentira!

Dime en qué parte está.

Muéstrame en qué parte está para sacarme esa parte

y volverlo a mirar de nuevo.

¿Sabes lo que he pensado? He pensado en el momento.

Se estaba riendo ahí y me decía que me iba a dibujar un bote.

Esa fue nuestra última conversación.

Entonces, alguien llamó por teléfono

30 segundos.

Tenía que haber estado ahí, 30 segundos.

Nadie tuvo la culpa. No, te equivocas.

Todas las personas del mundo tuvieron la culpa.

Yo la primera.

Tú por no estar.

El tipo que llamó por teléfono el que construyó la piscina.

No sé, tu tía Maite,

que la habías invitado a la playa esa semana

y no la anterior, ¿te acuerdas?

Nadie es inocente.

Pedro sí.

Pedro es lo único inocente y verdadero

en todo el mundo.

¿Cómo quieres que piense en ti, en mí, en nada?

Simplemente, cómo quieres que piense en algo.

¡No me lo quites!

Por favor, no me quites a mi hijo.

Necesito

volver.

Quiero irme a Santiago, ahora.

Me hace mal esto.

Nadie quiere olvidarlo.

Ya lo perdimos a él.

No nos perdamos nosotros.

Quizás hay un plan.

Quizás Pedro envió la nieve para que sepamos

que no estamos solos que tenemos que estar juntos.

Vino un frente frío por algo caótico del clima, no hay un plan.

Estamos solos, Javier.

Solos en el universo y a nadie le importa una mierda.

Todos.

Tú, yo, la gente a la que amamos.

Estamos todos perdidos, no sé, ahí a la deriva

esperando a que alguien, que un padre venga y nos saque.

Es mentira.

No existe nadie,

y a nadie le importamos.

Tú me importas.

Hay un sentido.

No, mi amor,

no hay ningún sentido.

Yo ya no tengo a mi hijo y eso es todo.

Eso es todo lo que importa en el universo.

(Música)

(Música)

(Música)

Hola, viejo, ¿estás ocupado?

No, solo que,

podríamos hacer un viaje juntos.

En el sur.

No, se me ocurrió.

No sé como cuando era chico.

Cuando era chico íbamos a acampar juntos.

Eso es todo.

Yo también, viejo.

Yo también.

(Llanto)

(Música piano)

(Música)

(Música piano)

Subtitulación realizada por Paloma Masa Barroso.

(Música)

# Las montañas no te quieren dejar

# Que bajes a verme antes de que empiece

y ya no pare de nevar.

# Crea tanta nieve en las montañas

# ya no puedes regresar.

# Baja una avalancha y te deje un poco más

# cerca del mar.

# Yo

# iré a buscarte donde estés

# y voy pisando el hielo con mis pies.

# Pierdo el equilibrio

# y me congelo de una vez.

# Las ballenas desde el agua

# me dicen que me quede aquí en el mar.

# Que también aquí hay montañas sumergidas en la profundidad.

# O podríamos quedarnos

# en la cima de algún glaciar.

# Flotando a la deriva que nos lleve

# adonde nos quiera llevar.

# Yo

# iré a buscarte donde estés.

# Yo

# pisando el hielo con mis pies.

# Yo

# iré a buscarte donde estés.

# Yo

# pisando el hielo con mis pies.

# Pierdo el equilibrio

# y me congelo de una vez.

# Pierdo el equilibrio

# y me congelo de una vez #.

Somos cine - La memoria del agua - Ver ahora

Amama

Una historia familiar. El conflicto entre padres e hijos, entre lo urbano y lo rural, entre el pasado y el presente. Tomás y Amaia, padre e hija, dos formas opuestas de entender la existencia y una abuela que observa el mundo desde el más elocuente de los silencios.

No recomendado para menores de 12 años Somos Cine - Amama - Ver ahora
Transcripción completa

(Música de tensión)

(Continúa la música)

¡Venga, chicos! ¡Así se trabaja!

¡El hombre debe trabajar!

¡Trabajar!

(Claxon)

(Música dramática)

(Grito)

(OFF) "El caserío nunca se divide,

de ningún modo".

"Es la ley del caserío y es sagrada".

"Solo uno de los hijos hereda todo el caserío".

Estos de aquí...

"Los demás deben irse y buscarse la vida".

Y este... el hijo mayor, el padre de Tomás.

"Antaño, el heredero siempre era el mismo,

el primer varón en nacer".

"Hoy, las cosas han cambiado

se escoge al heredero".

(Continúa la música dramática)

(Continúa la música)

"En nuestra familia

con cada nacimiento plantamos un árbol".

¿Preparados?

"Cada uno tenemos un árbol

con el que hemos crecido y estamos unidos".

(Susurros)

"Nuestra abuela, Amama,

al nacer cada nieto nos asignó un color".

"El color de la fuerza, la sangre, la pasión,

el rojo,

para el nieto que hereda el caserío".

"Para el blando, el vago, el flojo,

el color blanco".

"Y para mí, la rebelde, la contestona y la mala,

el color del diablo y de las sombras,

el color negro".

(Susurros)

"Los colores de la abuela condicionan el futuro y el pasado".

(Susurros)

"Como si nuestro destino surgiera en el Neolítico

y hubiera llegado hasta hoy a través de la abuela,

con ella como única intermediaria".

(Mursego BSO "Amama")

(Ruido de motor)

(Música suave de violín)

(Susurros)

(Susurros)

"Mi padre jamás le preguntó a Gaizka

por sus deseos o inquietudes".

"Tampoco le dijo nunca qué esperaba de él".

¿Cómo se lo ha tomado aita?

Aún no se lo he dicho.

"Estaba destinado a heredar el caserío y a continuar,

al igual que todas las generaciones anteriores".

"Pero Gaizka les ha fallado,

se marcha".

(Música animada)

(Música de tensión)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

(Golpes)

(Música de tensión)

¿Dónde está?

¡Tomás!

¡Tomás!

¡Tomás! Vamos.

¿Dónde estabas?

Partiendo leña.

Nunca estás donde debes estar.

(Ruido)

(Golpes)

Aita, ¿por qué siembras un terreno tan grande?

No tienes ni idea de hacerlo, ni necesidad.

Ya que no lo hacéis los jóvenes, alguien debe hacerlo.

A ver, no te digo que no plantes,

pero haz un huerto más pequeño, que te dé el menos trabajo.

Los jóvenes creéis saberlo todo,

pero os falta mucho por aprender.

Si dejamos que se mueran los caseríos

todo se irá al carajo.

Aita, tampoco saques las cosas de quicio.

¿Quieres saber por qué siembro estas semillas?

Estas semillas conservan

la sabiduría de nuestros antepasados.

Por eso.

Y ahora os toca a vosotros seguir con esto.

Yo, mientras pueda, seguiré sembrando.

(Mursego BSO "Amama")

(Continúa la música)

(Susurros)

(Música suave de acordeón)

(OFF) "Habría podido ser un campesino feliz,

pero le pintaron de blanco al nacer".

"Siempre le trataron de vago, flojo y desganado".

"Y empezó a reírse".

"La verdad, es el que mejor vive de nosotros".

"Se ríe de todo".

No sería mala idea montar una casa rural.

Una casa rural con opción a trabajar.

Excelente excusa para relajarse y reforzar el espíritu de grupo.

No paran de currar.

Trabajan porque quieren.

Además, no te engañes, para ellos no es trabajo,

es vida.

Trabajan todo el día.

El campesino siempre es feliz.

Cuando siembra, porque siembra.

Cuando cosecha, porque la cosecha es buena.

Xabi, hablo en serio.

Una cosa es estar ocupado y otra esto.

¿Pero tú has visto cuántas plantas de puerro ha traído?

(VOZ IMPOSTADA) "Plantar diez o plantar mil, cuesta lo mismo".

Estoy muy preocupada.

Aita quiere seguir como siempre.

¿Y tú? ¿Vas a quedarte en el caserío?

No sé, no lo tengo nada claro.

¿Y tú? ¿Vivirás aquí? ¿Yo? Claro.

¿En serio?

Yo llevo un campesino dentro.

Xabi, sabes que vivir aquí no es como venir de visita.

Eh, dejaos de cháchara y venid a trabajar.

Claro, aita.

Seguro que has traído mil plantas de puerro, ¿a que sí?

"Total, da lo mismo plantar diez que mil".

Se te va la fuerza por la boca.

¡Lur, vamos!

Espera.

Agur.

Ten.

Agur.

Agur.

Agur. Agur.

(Música dramática)

(OFF) "Mi padre y yo no vivimos en el mismo mundo".

"El mundo de mi padre acaba con las lindes del caserío".

"Aquí cabe su cielo y su tierra".

"Aquí, él es libre".

"Nosotros, sus hijos,

no vemos la vida del mismo modo".

"La cadena que remonta al Neolítico se ha roto".

(Música dramática)

(Susurros)

¡Amaia!

¡Amaia!

¿Qué pasa?

Tenemos que recoger las manzanas.

Amaia, ten más cuidado.

Amaia.

Aita, ¿cuántos kilos de manzanas hay aquí?

Yo puedo ayudarte un poco, pero no tanto.

No se trata de que puedas, sino de que debes.

Por tu bien.

Ama, ¿cuántos clientes tienes?

Ama tiene cuatro clientes, no más.

¿Me vas a decir qué vas a hacer con tantas manzanas?

Mira, Amaia, si no quieres ayudarnos puedes irte.

¿Por qué no cortas todos estos manzanos de una puta vez?

Vete.

(Música dramática)

(Vibración de móvil)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

Hola, Koldo.

Sí.

Sí.

No. No, aún no puedo enseñarte nada.

No está terminado.

No, no te preocupes.

Tentemos tiempo, todo va bien.

Sí, de acuerdo. Adiós.

(Ladridos)

(Ladridos)

(Música dramática)

(OFF) "De pequeña Amama me hablaba a menudo del Juicio Final".

"Decía que cuando las calles

se llenasen de carreteras y de tiendas

entonces llegaría el Anticristo y se acabaría el mundo".

"Creo que hablaba del final del caserío".

"Era su manera de decir que el caserío estaba en peligro".

Hola, Amaia. ¿Qué tal?

Muy bien. He quedao con Koldo. Me lo ha dicho.

(Música de tensión)

Koldo. Buenos días. ¿Cómo estás?

Bien.

Te he traído el cartel. Muy bien. Vamos a verlo.

Está muy bien.

¿Cuándo podré regalarlo? Cuando esté acabado.

El tiempo se nos echa encima. Tranquilo, vamos bien.

¿Amama? Sí.

Amama Juliana.

Hola.

Bonito, ¿verdad?

(Crujido)

(Ruido)

(Ruido)

(Ladridos)

(Ladrido)

Ey.

Ey.

Amaia.

No acaricies al perro,

vas a malcriarlo.

(Música dramática)

"Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

-"Dios te salve María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo...".

"Bendita tú eres entre todas las mujeres,

bendito es el fruto de tu vientre Jesús".

-"Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

-"Dios te salve María, llena eres de gracia,

el Señor es contigo...".

"Bendita tú eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre Jesús".

-"Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores...".

(Música de tensión)

¡Aita!

(Disparo)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ruido)

¿Todo bien?

(Música dramática)

¿Cuántas veces te he dicho que no saques al perro a pasear?

Está aquí para aprender a ladrar,

no a pasear.

¿Por qué siempre tienes que joderme?

¿Eh, Aita? ¿Por qué?

Porque malcrías al perro.

Por eso.

Mira, aita, tu forma de vivir se ha acabado.

Ahora se vive de otra manera.

Os estáis quedando solos. ¿No os dais cuenta?

Tú plantando puerros y ama haciendo conservas.

Amaia, cállate ya, por favor.

¿Que me calle?

¿Como tú?

Que llevas toda la vida callada, ama.

Obedeciéndole.

Toda la vida trabajando como una burra.

Por no abrir la boca desde un principio.

Basta ya.

¿Qué has dicho?

Eres mala.

(Música de tensión)

¡Tomás!

¡Tomás!

¡Tomás!

¡Tomás!

(Chirrido)

(Música de tensión)

(Susurros)

(Susurros)

(Continúa la música)

(Susurros)

(Susurros)

(Música dramática)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Ruido)

(Ruido de motor)

(Ruido)

(Ladridos)

(Ladrido)

(Pasos)

¿Qué?

¿Ahora vienes a mí?

No tienes ningún respeto.

No respetas a nadie.

Solo piensas en ti.

(Balidos)

Tú les metiste esas tonterías en la cabeza.

Tantos estudios y gilipolleces.

Te lo digo muy en serio.

Si no arreglas las cosas con Amaia

me voy a vivir a la ciudad.

¿Tú también?

Cago en Dios.

(Balidos)

(Balidos)

No ves más que este viejo caserío.

El huerto, las malditas ovejas...

No te das cuenta de lo que es importante.

Lo hago todo por vosotros.

¿Por nosotros?

Las ovejas te importan más que nosotros.

(Balidos)

(Ladrido)

(Ladrido)

(Ladridos)

¿A dónde va?

(Música dramática)

He cargado el coche. Yo no voy.

Habrá que seguir adelante.

Si quieres ve tú.

Yo no volveré a ir nunca.

(Pasos)

¿Viene alguien a cenar?

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ruido)

La cena está lista.

No tengo hambre.

Come, ama.

(Graznido)

(Grito)

(Truenos)

(Mugido)

(Música tecno)

(Vibración de móvil)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

(Vibración)

Me voy. ¿Quieres algo?

No, gracias. Vale.

Adiós. Adiós.

Hola, Koldo.

No estoy bien.

No tengo nada que enseñarte.

Lo siento.

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Balido)

(Balidos

(Música dramática)

¿Estás bien?

¿Y aita dónde está?

(Continúa la música)

¡Aita!

¿Qué ha pasado?

Quieres explicarme qué ha pasado.

Se ha ido todo a la mierda por mi culpa.

Tú sabrás lo que has hecho.

A ti te toca arreglarlo.

Porque puede arreglarse, ¿verdad?

¿Puede arreglarse o no?

Aita, arréglalo.

(Balidos)

(Golpe)

(Ruido de motor)

(Ruido)

(Aullidos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ruido)

(Ruido)

"¿Sí?".

¿Amaia? "No, no está".

Soy Tomás, el padre de Amaia.

¿Me abres, por favor?

(Timbre)

Hola. Hola.

¿La habitación de Amaia? Sí.

La del fondo.

(Golpe)

(Golpes)

(Música suave de chelo)

(Ruido de motor)

(Ladridos)

(Ladridos)

Ven. Ven conmigo.

(Ladrido)

(Canto de pájaros)

¿Qué te pasa?

Tengo la rodilla un poco jodida.

Déjame verla. No es nada.

No tiene buena pinta.

Te llevo a urgencias. Déjalo, no es nada.

¡Ah!

Menos mal que no era nada. Vámonos de aquí.

Gracias.

(Música dramática)

Si quieres ser feliz un día, emborráchate.

Si quieres ser feliz una semana, haz un viaje.

Si quieres ser feliz un año, cásate.

Pero si quieres ser feliz toda la vida,

siembra un huerto.

¿Eh, aita?

Se te va la fuerza por la boca.

Menos hablar y más trabajar.

Déjalo ahí, con la madera.

¿Seguro que te sirve de algo?

Hoy no, pero mañana quién sabe.

La vida da muchas vueltas, Xabier.

Deja eso ahí también.

¿Esto? Tíralo.

¡Tíralo todo!

No quiero saber nada.

Haced lo que queráis.

Xabier.

¿Sabes por qué pintó el bosque tu hermana?

¿Tú sabes lo que es oír desde pequeño

cada día de tu vida, que eres un vago?

Por algo te lo diría. Aita, por favor...

Ya sabes, estas cosas son así.

¿Sabes cuánta energía se necesita para cambiar algo así?

¿Eh, aita?

¿Qué quieres que te diga?

Pues eso,

que lo sientes.

Decírtelo no arreglará nada.

Pero sería una ayuda.

Una gran ayuda.

Sé que lo sientes.

Dímelo.

Joder, aita,

¿por qué siempre te cuesta tanto hablar?

¿Hablar?

A nosotros nos enseñaron a trabajar.

Nuestro padre nunca en su vida me dijo una palabra.

Todo lo que sé lo aprendí trabajando a su lado.

A ganarme la vida con estas manos.

Y ahora...

nuestras manos no se parecen en nada.

(Mursego BSO "Amama")

(Continúa la música)

(Música de tensión)

(OFF) "Hace ochenta abuelas vivíamos en el Neolítico".

(Susurros)

(Susurros)

(Continúa la música)

(Continúa la música)

(Ladridos)

(Ladridos)

¿Amama?

¿No está en su cuarto? No, no está.

Amaia, ¿has visto a Amama?

¡Juliana!

¡Amama!

¡Juliana!

¡Amama!

¡Ama!

(Ladridos)

(Ladridos)

¡Amama!

¡Juliana!

(Música de tensión)

Gaizka.

Amaia.

Vamos.

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

¡Amama!

¡Juliana!

-¡Amama!

¡Juliana!

¡Amama!

(Ladridos)

(Truenos)

(Truenos)

Están todos en el bosque.

(Graznido)

Amama.

(Música dramática)

¡Amaia! ¡Xabi!

(Música de tensión)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpes)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpes)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpes)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpes)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Golpe)

(Grito)

(Ruido)

(Ruido)

Sí.

Sí, bastante bien.

¿Me echas una mano?

(Golpes)

(Música dramática)

(Continúa la música)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Cánticos)

(Cánticos)

(Continúan los cánticos)

(CANTA EN VASCO)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Cánticos)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Susurros)

(Gritos)

Gracias.

Ah, así es.

(Murmullos)

(Ruido)

(Ruido)

(Zumbido)

(Ladridos)

Cuidado, aita.

(Canto del gallo)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Ladridos)

(Mursego BSO "Amama")

Somos Cine - Amama - Ver ahora

También tienes disponible su versión en euskera.

Amama (Versión Euskera)

Rastros de sándalo

A pesar de su fama y fortuna, Mina, una exitosa actriz india que vive en Bombay, no puede olvidar a su hermana pequeña Sita, de quien se vio obligada a separarse después de la muerte de su madre en una aldea. Treinta años más tarde, Mina finalmente se enterará de que Sita está bien y vive en Barcelona. Sin embargo, los padres adoptivos de Sita han borrado todas las huellas de su pasado. Ahora se llama Paula, trabaja como bióloga investigadora y no tiene ningún recuerdo de su pasado indio, ni de Mina. Enfrentada a las impactantes verdades de su pasado, Paula comienza un largo viaje de autodescubrimiento, con la ayuda en el camino de su incipiente romance con Prakash, un guapo inmigrante indio. Una historia de esperanza y amor entre Bombay y Barcelona, en un viaje de ida y vuelta desde la India hasta el Mediterráneo.

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Sweet Home

Alicia ha preparado una sorpresa para su pareja, Simón: una cena de cumpleaños romántica en el apartamento de uno de los edificios semi abandonados que ella inspecciona como parte de su trabajo. El plan empieza de forma idílica, pero de pronto la pareja es testigo del asesinato del único inquilino del edificio, a manos de tres encapuchados. Cuando Alicia y Simón intentan escapar, descubren que están encerrados en el edificio. Todas las salidas están bloqueadas y los encapuchados tienen una nueva misión: no dejar ningún testigo vivo.

No recomendado para menores de 16 años Somos Cine - Sweet Home - Ver ahora
Transcripción completa

(Música de Navidad)

(Música de Navidad)

(La música para)

Hola, enano.

¿Esta noche?

No lo sé, estoy agotada.

¿Podemos dejarlo para otra noche?

Te estaba tomando el pelo.

¡Feliz cumpleaños!

Te he llamado 27 veces y no me lo has cogido.

No.

No vamos a ir a tu casa.

Tengo una sorpresa.

Simon.

Es tu cumpleaños.

Vale.

Bien, cancelaré la reserva.

Puedo comprar unas medias noches y algo de beber

¿o eso también te hace sentir incómodo?

Lo siento.

Por supuesto que lo entiendo.

Solo estoy intentando animarte.

Por lo menos convence a tus compañeros de piso

para ir al cine.

Oye lo siento.

Voy a quedarme sin batería.

Luego me pasaré a verte.

Te quiero.

Cumpleaños..feliz.

La gente cree que lo de la renta antigua

es un privilegio.

Pero es cuestión de justicia.

La locura es los precios que tienen los alquileres ahora.

Dímelo a mi.

Les he pedido mil veces que lo arreglen.

Pero no hay tu tía.

No me hacen caso.

Pues es un peligro se le puede caer encima.

¿Ya no queda nadie más aquí?

No.

Nadie.

Hace poco una pareja intentó arreglar el bajo.

Para vivir aquí,

pero los de la inmobiliaria les cortaron la obra.

Diciendo que estaban construyendo un dúplex ilegal.

¿Por qué se pararon las obras de rehabilitación?

Confiaban en que sí me iría.

Pero están muy equivocados.

Hasta me enviaron unos ocupas.

Para hacerme la vida imposible.

¿Quiénes?

Pues quién va a ser.

Los de la inmobiliaria.

¿No ha oído lo que le he contado?

Quieren que me vaya.

Para poder tumbarlo todo.

Compran edificios destartalados echan a los viejos.

Transforman los pisos en 4 ó 5 apartamentos.

Los alquilan por una fortuna, negocio redondo.