Presentado por: Elena S. Sánchez Dirigido por: Francisco Quintanar

'Historia de nuestro cine' hace un repaso por lo mejor del cine español desde el año 1930 hasta el 2000, con la intención de revisar sus grandes títulos. Presentado por Elena S. Sánchez y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo habitual de colaboradores expertos en el cine español.

El programa incluye la emisión de dos películas de diferentes épocas de nuestro cine, relacionadas por temática, género, directores, presencia en festivales de cine u otros epígrafes de diversa índole.
La primera es presentada por uno de los colaboradores/as habituales del programa y tras su emisión, y antes de la segunda película, hay un coloquio en el que participan figuras relevantes del cine, relacionadas con dichas películas, además de profesionales de nuestros días que estén de actualidad y los mencionados colaboradores del programa.
 

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Historia de nuestro cine - La conquista de Albania - ver ahora
Transcripción completa

(Cuerno)

(Cánticos folclóricos)

(Oleaje)

(Trote de caballo)

(Ventisca)

(Ruido de espadas)

(Galope de caballos)

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

(Continúa la música)

(OFF) "La historia de Don Pedro

es la historia del mejor caballero de nuestro rey de Navarra".

"Cuando le conocí estaba más cerca de tu edad

que de la mía ahora,

y era todavía un poco demasiado soñador".

Ahmed. Ahmed. Ya han abierto la ventana.

Es para que su alma pueda volar libremente.

¿Tú también eras amigo de don Pedro?

¿Lloras por eso?

Le conocí mucho.

Sí.

Con él hice una de las mayores locuras de mi vida.

Cuéntame cosas de él.

Aquí nadie quiere decirme nada,

porque dicen que soy una niña y no lo entendería.

Los mayores tampoco entendemos muchas de las cosas que hacemos.

En fin...

(OFF) "Todo empezó tras la vuelta de nuestro ejército de Normandía,

en donde perdimos las guerra contra el rey de Francia

y nuestras últimas aspiraciones sobre aquellas tierras".

"Don Luis de Beaumont,

hermano del rey Carlos II,

encabezaba a aquellos nobles caballeros".

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

(Continúa la música)

¿Dónde está el rey? Tu hermano te espera.

El arco.

Ocúpate de que limpien mis armas.

Y no te alejes mucho.

Tienes que contarme tus progresos con el arco.

Tenemos que ir a cazar.

¿Cuántos hombres? Unos cien.

Me parece que ahora sí voy a resignarme

a perder la corona francesas.

¿Para qué un arco tan grande?

Son los arcos con los que Duguesclín

nos derrotó en Coquerel.

Los arcos que nos han obligado a firmar el acuerdo.

Tenemos que copiar este arco.

¿Necesitas algo, hermano?

Dormir. Solo dormir.

(Graznido)

¡Bravo! Veo que has progresado mucho.

Sí.

No he olvidad nada de lo que me enseñaste.

¡Eh, amigos, echadnos un poco de vino!

¡Un brindis por don Luis!

-¡Por don Luis! -¡Salud!

Ese chico es esforzado, puede llegar a algo.

Yo a su edad... Eran otros tiempos.

Sí, antes se nacía con las uñas fuera

como el oso.

Deseaba tanto volver a casa.

Mil veces soñé con todo esto.

Y sin embargo ahora...

Pronto todo volverá a ser como siempre.

No, Pedro, nunca nada es como siempre.

Me siento vacío, inútil.

Navarra sigue necesitándote. No, eso no es cierto.

Ahora que nuestras esperanzas en Francia se han venido abajo,

hay que mirar en otras direcciones.

Oriente. ¿Oriente?

Primero he de casarme.

Si se concierta mi matrimonio con la duquesa de Anjou

me veré obligado a reconquistar la herencia que le arrebataron.

Será como conquistar su dote.

¿Qué herencia?

Un país.

Albania.

Por fin.

Ya empezaba a impacientarme.

Las partes están conformes.

El acuerdo ya es un hecho.

No me hará falta recordarte la importancia de tu compromiso.

¿A cuál de ellos te refieres?

¿Al compromiso que tengo para con esa mujer,

la duquesa Juana?

¿O para el país que he de conquistar?

Bueno, hasta que te encuentres

tan cómoda sobre la potoca como a pie,

no debes forzar el paso.

No tengas prisa, Juana.

¿Eh?

¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! Eh... ¡Eh!

¡Eh! ¿Dónde vas?

¡Cuidado! ¡Sujeta las riendas!

¡Eh! ¡Cuidado! ¡Te vas...!

Te dije que no... ¿Por qué no me has hecho caso?

¿Eh? Ven aquí. ¿Dónde vas?

Ten.

No sé para qué le regalé la potoca si no la vas a dejar montar.

Solo es una hija bastarda.

Pero si quieres te la concedo en matrimonio.

Solo tiene 10 años.

Es casi la única persona que siento dejar.

Bueno, también a ti te echaré en falta.

¿No vas a llevarme contigo? No todavía.

Además, debes completar tu preparación.

Lo haré mejor a tu lado.

La impaciencia es mala consejera, lo sé por experiencia.

Me veo en ti y quiero corregir mis fallos en ti.

Ya lo comprenderás. Ven.

Tengo un regalo que te consolará.

Mi mejor regalo sería acompañarte a Nápoles.

Para cuando te reúnas conmigo

he de verte hecho todo un caballero.

Endurece tu carácter y haz fuerte tu brazo.

El día que volvamos a estar juntos

debes llevar estas armas con dignidad.

Luis...

Luis...

No te hagas ilusiones.

Después de todo solo es una armadura.

Algo para hacer la guerra.

Y la guerra solo es luchar y ganar. Es también ayudar al indefenso

e imponer la justicia.

Claro, claro.

Anda, pruébatela.

Me siento a punto de estallar.

No comprendo esta desazón que me quema el pecho.

Siempre me pides que busque razones a tus sentimientos.

En el fondo te vas porque tu orgullo

no te permite seguir siendo un segundón.

De todas maneras, ¿sabes lo que creo?

Que te haces demasiadas ilusiones con tu duquesa

y tus tierras de Albania, que encima están por conquistar.

Si me hago demasiadas ilusiones tiempo tendré de perderlas.

El problema está dentro no fuera de ti.

Nápoles no te hará feliz

y menos esa mujer.

Te conozco y lo sé.

Al menos ganaré un reino.

¡Pero no una mujer!

Por lo menos deberías comprender

que los hombres no podemos ser felices

si no nos sentimos necesarios.

Yo solo pude darte hijos bastardos

y tampoco eso era necesario. ¡Sí!

¡A los ojos de Dios!

No estoy hablando con Dios.

Ni yo pretendo serlo.

Mira.

Es Pedro.

Él sí debe sentir sobre sí la divinidad.

Nada como un baño de luna para consagrar una armadura

y recibir el juramento de un caballero.

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

La primera vez que vi un caballero armado pensé que era un ángel.

(Graznidos)

Adiós.

(Graznidos)

(Graznidos)

(Graznidos)

(OFF) "Don Luis partió hacia Nápoles

y pasaron los meses sin que se supiera de él".

"En nuestros valles no amanecía con los mismos afanes".

"Como suele decirse

todos los días salía el sol por el mismo sitio".

(Música suave de guitarra)

(Cántico folclórico)

"Aquella época lo fue de paz y de cierta tranquilidad".

"El reino prosperó".

"Las cosechas crecieron especialmente fértiles".

"Las gentes de armas mataron el tiempo

entre el vino y los recuerdos

y a veces se entretenían en cruzar las fronteras

para fustigar o robar a los vecinos franceses".

"Todo parecía tranquilo".

"Hasta que un día...".

¡Mirad, un mensajero!

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

(Cuerno)

¡Pedro!

¡Pedro!

¡Pedro! ¿Estás ahí?

¡Aquí estoy!

El rey ha recibido noticias de su hermano

y os manda llamar. ¿Me habéis oído?

¡Noticias de don Luis!

"Mi buen hermano y señor,

confío en que habréis de suponer que la falta de noticias mías

no fueron causa del olvido o del cariño que os profeso".

"Ahora que gracias al buen Dios me he recuperado

os participo de los males que las pestes

de Nápoles me postraron varios meses".

"Contraje la obligación de conquistar Albania

para mayor grandeza de nuestro reino".

"Nunca he necesitado vuestra ayuda como ahora".

"Para tan grande empresa

solo Navarra puede hacer algo que despierte los sueños

y rompa lo imposible".

"Durazzo está en manos de Carlos Topia,

que refuerza de día en pie a sus posiciones

sin que yo pueda evitarlo".

"Sin vos nunca podré cumplir mi palabra

y los siglos hablarán de mí como de un fracasado".

"Ya habréis comprendido la urgencia de esta llamada".

"Os ruego que la atendáis con el mismo amor

que yo os profeso a vos y al reino".

"Deseo que el mismo Dios que escucha mis plegarias

os ilumine y guarde como siempre lo hizo".

"No dejéis de comunicar estas noticias

y deseos a mi amigo Pedro de la Saga,

que sin duda ha de hacerlas suyas como ejemplo de fidelidad".

¿Te das cuenta de lo que pide?

Vuestro hermano es noble y valiente.

Os necesita. Yo también le amo, Pedro.

Pero dime,

¿cómo puedo convencer a alguien

de dar dinero para la conquista de Albania?

¿Una compañía para conquistar Albania?

Estáis todos locos.

El rey ha dado su aprobación.

Ha sugerido que tú podrías ser el que reclutase la tropa.

No es que me guste andar persiguiendo

ladrones guipuzcoanos,

pero una expedición así...

atravesando todo el Mediterráneo...

Además, ¿qué sabemos de ese país?

¿Qué podemos sacar de allí?

¿Hay botín seguro?

No sé...

Demasiada aventura.

Según Coquerel entre los que defienden Durazzo

hay muchos de los que os sacudieron en Normandía.

¿Están allí esos?

Lo he oído en la corte.

Y me ha calentado la sangre.

¿No me digas que no tienes ganas de desquitarte?

Daría lo que fuera por machacarlos.

Yo voy.

Primero hay que preparar la compañía.

Después de todo...

no es bueno que la gente de guerra estemos desocupados.

Contad conmigo.

¡Un beso! ¡Mua!

Y ya sabéis, haced corred la voz.

Todo el que quiera alistarse que esté preparado.

¡Bravo! -¡Bravo!

¿Sabéis la noticia?

¿Qué mosca os ha picao? -¡Guerra!

En este maldito valle

en cuanto ven aparecer un par de franceses

ya se preparan todos para la batalla.

Nada de eso.

Se habla de redundar una compañía para servir a don Luis,

para ir a Oriente, a Albania.

¿A Albania?

¿Y eso dónde está?

Eso está más allá de Nápoles.

Hay que atravesar el Mediterráneo hasta donde están los turcos.

Tierra de infieles, aunque quién sabe.

Igual encontramos allí a Dios.

Si la paga es buena estoy dispuesta a alistarme.

Eso es lo que hay que saber, la paga.

Nada trajimos a este mundo y nada nos llevaremos.

Ya soltó su frase.

Anda, juega. -Maldito juego.

Algún día vamos a tener problemas.

Calla, bruja.

Ni el mismo rey se toma en serio esa prohibición.

El edicto lo decía claramente,

que era para evitar la ruina de tantas familias honradas.

¿Te afecta eso?

Las guerras con Francia nos arruinaron

y al rey no se le ocurrió prohibirlas.

Eh, mirad quién está ahí.

Hola, ladrón.

Va a resultar que es mejor matar cristianos

que robar cerdos.

Un día te atraparán.

Y no se contentarán con cortarte las orejas.

¿Se puede saber qué pasa aquí?

Nos vamos con una gran compañía.

Mejor la sangre que el estiércol.

La guerra es un oficio honroso.

Estaría bueno. No me cazaron para Normandía

y me van a cazar para tierra de infieles.

La fiera es libre, la obedece un cazador.

(Música animada)

(Continúa la música)

Es demasiado lejos hasta para vos.

El mundo está cambiando.

Ya no hay lugar para aventuras de conquista.

No es tiempo de invasión, fuego y saqueo.

Tampoco de cruzadas.

Las guerras solo sirven para quienes pueden formar fuertes imperios.

Y bastante trabajo tiene Navarra

con defender sus fronteras

de franceses, castellanos y aragoneses.

Sabéis bien que Navarra le debe a mi hermano más que yo.

Lo sé.

Pero Navarra no ganará nada con esa expedición.

Ganaremos menos si no nos arriesgamos.

Y yo perderé a mi último hermano.

Mi obligación no es entender tus emociones,

sino aconsejarte en asuntos de gobierno.

Después tú señalarás el camino

y nosotros lo seguiremos.

Esa es la costumbre y nuestro deber.

Señor, vos sabéis

que siempre un deseo real lo es nuestro.

Pero vuestros súbditos

no se han recuperado de las campañas de Normandía.

Ahora si el rey

decide un impuesto especial...

Comprendo vuestras razones.

Comprendo lo que os une con vuestro hermano Luis.

Y admiro vuestros afanes por engrandecer Navarra.

Pero es tarde para perseguir un objetivo

en el que vuestro hermano ya ha fracasado una vez,

si me permitís que os lo recuerde.

Y además esa empresa no parece nada fácil.

Ninguna victoria resulta fácil.

¿No es cierto, mi querido abad?

Señores, podéis seguir discutiendo cuanto queráis,

pero hoy mismo necesito saber vuestras conclusiones.

Es bien cierto.

No se consigue la victoria placenteramente.

Pero también hay otras ganancias que considerar.

Si lo que el rey quiere es mejorar la situación comercial

lo sensato sería canalizar de una vez el Bidasoa.

Ya lo hemos oído.

Con el dinero de Albania

no solamente acabaremos de canalizarlo,

sino que incluso

podrían completarse las obras de Ujué.

¿Pero no hemos de considerar también otros intereses?

Difícilmente puede crecer Navarra sobre nuestros vecinos.

¿No sería más sensato mirar hacia otros territorios?

Países en los que apoyar nuevas empresas comerciales.

Ganaríamos presencia en Nápoles.

Podríamos adentrarnos en el Adriático.

En fin, no hace falta ser catalán o genovés

para desear el Mediterráneo.

(Música dramática)

¿De dónde vienes? -Del valle del Bazán.

El siguiente.

¿Tú de dónde? -También del valle.

Otro.

A mí seguro que me aceptan.

Tengo echas numerosas redadas en la frontera guipuzcoana.

-Cazar bandidos no es hacer la guerra.

Yo estuve en Normandía.

O sea que no has hecho más que correr.

Otros prefieren hablar.

Maldito seas mil veces, maldito.

Yo solo hablo de lo que he vivido.

Ven aquí si lo dudas.

A ver si te atreves ahora.

Bueno, ya está bien.

Quietos todos.

Guardad el genio para la campaña.

Falta os hará frente al enemigo.

(Música de tensión)

¡García del Hoz!

¡Pedro del Juez!

¡García...! -¡Voy!

-¡Sancho de Ureta!

¡Vamos, muévete!

Me han mandado aquí.

Yo soy.

Carlos Fernández de Baztán.

Moveros.

Esto ya está.

¿No tenían que ser 200?

-No queda ni uno más en todo el reino.

Recoged eso del suelo.

García de Letaucen.

¡Vamos, rápido!

¡Rápido!

Los que hayan participado en alguna campaña que se adelanten

y se pongan en fila, aquí.

Ya sabéis a qué habéis venido.

Vamos a ver si servís para algo.

Dispara.

Antes, si no te importa, quisiera hacerte una pregunta.

¿Cuál va a ser nuestra soldada?

Esa no es una buena pregunta.

Podrías preguntar por ejemplo...

¿Cuándo partimos?

Eso ya me lo dirán sin que pregunte.

¿Cuál va a ser nuestra soldada?

Una tunda de palos le daría yo.

Nadie se interesa por la gloria cuando no tiene que comer.

Ya te acostumbrarás.

La mayoría de los que nos siguen solo buscan vivir.

También la gloria puede hacer olvidar el hambre.

Podría adivinar por qué se alista cada uno de ellos.

Alguno porque su mujer ha huido de casa,

y otros porque tienen deudas.

Te será difícil contagiarles la ilusión.

Está bien, Coquerel, compremos entonces sus deudas y sus cuernos.

"...12 de cañas, 42...". -Ahí.

Están casi todos los hombres reclutados.

Pueden organizarse unas cien lanzas.

No es mucho.

Don Luis incorporará allí un refuerzo de tropas,

pero quiere que el núcleo de la compañía sea el nuestro.

¿Falta algún suministro? Solo cinco cargas de sal.

¿Pensáis salar a todos los prisioneros o qué?

Tú solo preocúpate de trasladar todo hasta Tudela.

Ya empezamos.

Me pedís que rebaje el precio

y además pagar los gastos del transporte.

¡No te quejes!

A unos nos toca luchar y a otros...

llenar la bolsa a nuestra costa.

En Tudela dentro de tres días.

Y ay de ti si no está todo.

¡Alto!

¿Quién de vosotros está aquí

por robar en los almacenes de la compañía?

Yo.

Me lo figuraba.

Y tú eres el que se ha dedicado a matar comerciantes castellanos.

Pues mal os veo.

O saltáis al amanecer de la torre mayor,

o venís a servir en la gran compañía.

Vosotros veréis.

A espanzurraros ahora o a Albania.

¿También los condenados? No se hace la guerra con santos.

Y a veces el peor a la hora de la verdad resulta ser el mejor.

Ahora veréis, señores.

Mirad qué temple.

No está mal. ¿Y los arcos?

Así es como los quiere don Luis.

Ya llevo hechas tres docenas.

Algo se aprende de las derrotas.

Son magníficos.

Pero un buen arco no hace un buen tirador.

La gente lo que necesita es instrucción.

Don Pedro, he de pediros un favor.

Yo ya soy viejo para acompañaros en esa aventura,

pero mi hijo... ¡Hamed!

Os ruego que le llevéis. Quiero que conozca el mundo

y se haga un hombre de honor.

Demasiado joven para entrar en guerras.

Puede que sea joven pero es listo y dispuesto como ninguno.

Puede serviros de gañán o de paje de don Luis.

No sé... Ya hablaremos de eso.

(OFF) "Yo no sabía que Alá en su sabiduría

había dispuesto que no iba a separarme

de aquel hombre hasta muchos años después".

"No solamente le seguiría en la campaña

que entonces comenzábamos,

sino que de su ejemplo, quiero decir,

con lo bueno y lo malo de Pedro,

pude comprender para qué es necesario vivir

y más tarde saber morir".

(Cuerno)

(Gritos)

(Ladridos)

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

(Murmullos)

(Música suave de percusión)

(OFF) "Así empezó aquella aventura".

"Estaba avanzada la primavera de 1376".

"Casi dos años de trabajo

para lanzar a la gran compañía de Navarra

a un mar desconocido, a las rutas de Oriente".

"Habíamos partido con todos los buenos auspicios

y bendiciones,

pero pronto el viaje se hizo duro y los días aciagos".

(Cánticos folclóricos)

"Pasábamos la mayor parte del tiempo

hacinados en las bodegas del barco".

(Continúa los cánticos)

"Y luego aquel mar Mediterráneo

tan extraño para nuestra gente,

nunca fue un buen augurio".

"De pronto se detenía el viento

y nos parecía quedar anclados, presos,

impotentes".

Ya llevamos así dos días.

¿Cuánto puede durar esta calma?

Nadie puede saberlo.

En estos mares la calma puede durar tres días.

De todas maneras un marinero dice que ha visto estrellas fugaces.

Eso quiere decir que antes de que amanezca habrá viento.

A veces pienso si seré capaz de llegar a Nápoles.

Os digo que el maldito cielo no acompaña a esta empresa.

Mejor sería confiar en mil diablos que en todos los santos.

Ay, quién nos hizo olvidar nuestros viejos dioses.

Cristo os metió agua en las venas.

Agua estancada, como la de este mar,

que más parece charca que verdadero mar.

Locura es la blasfemia si no se usa con cordura.

No voy a permitir la blasfemia en este barco.

Si el cielo no nos acompaña no llegaremos a buen fin.

Frailes...

Además, no es manso todo lo de este mar.

Los piratas de una orilla y otra observan las rutas.

Aunque según dicen a los corsos se les oye a 20 leguas,

pero a los turcos se les huele a 100 más.

Pero también dicen que en los días como hoy

cuando el viento no sopla,

y el mar parece aceite azul,

se oyen voces de mujeres, gritos y susurros.

Los que las oyen se vuelven locos,

los que no las oyen se mueren.

Son solo historias de pagano

que un cristiano no debería repetir y menos creer.

Si contáis algo por lo menos contadlo bien.

No son mujeres,

con animales con cuerpo de mujer.

Y de cintura para abajo tienen una cola de pescao.

Fábulas.

No veo por qué no puede ser cierto.

En las orillas del Bidasoa

yo he visto mujeres con pies de pato.

Si estas vivieran en el mar lo normal sería que tuvieran

una cola de pescado en vez de piernas.

Si en vez de contar historias de terror

y de hincharos a comer,

soplarais todos a la vez

los barcos podrían avanzar.

(Música dramática)

(Ruido)

(Ronquidos)

(Grito)

¡Socorro!

(Grito)

¡Ayuda!

Recuerdos a la otra orilla.

¡Me ahogo!

-¡Socorro!

-¡Ayudadme! ¡Una mano...!

-¿Qué ocurre? -¿Qué pasa?

¿Qué sucede? ¡Nada!

Dos que gustaban del vino y ahora se acostumbrarán al agua.

¡Socorro!

¡Se van a ahogar! ¡Esto es un crimen!

¡Es lo que se merece quien se emborracha haciendo una guardia!

Podías haberlos encadenado.

Llevaban varios días bebiéndose el vino de la provisión.

No caben ladrones en una campaña.

El castigo debe ser ejemplar.

¡No es ejemplo la crueldad! ¡No seas estúpido!

¡Hay que hacer cumplir las órdenes!

(Ruido)

(Ventisca)

Mira.

El viento vuelve a soplar.

La gente creerá que la disciplina trae buena fortuna.

Mejor es creer que Dios nos acompaña.

¡Arriad la vela!

Lanzad un cabo y recoged a esos hombres.

¡Alonso, ahí va eso! -¡Rápido, una escala!

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

(OFF) "Pero no hay día que no llegue,

y así llegó el que avistamos la ciudad de Nápoles".

"En aquellos días todavía la peste,

que había enfermado a nuestro señor don Luis

arrasaba la ciudad".

"Por eso tuvimos que fondear en su bahía, a distancia".

"Entreteníamos la espera,

reteníamos nuestra impaciencia,

pero no tuvimos que esperar demasiado".

"Pronto sucedió la llegada de don Luis

y su presencia nos levantó el ánimo".

¡Ya llega! ¡Ya llega!

-¡Don Luis!

-¡Vamos, vamos!

Ha envejecido.

Su brazo seguirá siendo fuerte.

Luis. Pedro.

Por fin.

¿Será la duquesa? -Es ella.

Diablos que es hermosa.

Caballeros, la duquesa de Anjou y de Durazzo.

Vendrá con nosotros.

Ha traído a la duquesa.

Va a venir en la expedición.

Caballero que va en armas de hembras no debe curar.

Hamed, ven aquí.

Trae asiento para la señora.

¡Acércate, Pedro!

Este es Pedro. Le hablé de ti.

Le hubiera conocido en cualquier parte.

Me hablaste del fulgor de sus ojos.

En Navarra muchos lo tienen.

Pero nadie tiene un corazón como el suyo.

Eso no he podido alcanzarlo todavía.

El rey te envía su espada.

Me manda mucho más, Pedro.

Desde vuestra llegada he recuperado todas mis fuerzas.

Estamos a tu servicio.

Son los mejores hombres del reino

y te seguirán hasta el fin del mundo.

Sabía que lo conseguirías.

Hemos de tomar ese maldito país, para ella.

¿No te lo dije, Juana?

Con Pedro, con mi gente, ya no hay nada imposible.

Dentro de poco los tres unidos

nos enfrentaremos a cualquier enemigo.

He tenido un nuevo sueño.

No, no era un sueño, está aquí.

Dadme la mano.

Mi sueño es el nuestro.

(OFF) "El viaje hasta Albania duró más tiempo del apetecido".

"Los días parecían alargarse según se sucedían".

"Don Luis rara vez subía a cubierta,

permanecía los días y las noches

encerrado en el camarote con su esposa Juana".

Don Luis.

Don Luis está en cubierta.

-Ya era tiempo, ya.

Por fin ha salido.

Muy viciado tiene que estar el aire de su cámara.

Bien es verdad, duquesa,

que conmigo os querría llevar.

Más yo voy para batallas y no voy para folgar.

Si solo se tratara de eso...

Pero se dice que la tierra de esta duquesa

es lugar de brujería.

Y que son las mujeres de sangre real

las primeras que aprenden de esas artes.

Para adueñarse de la razón de los caballeros nobles.

Pues no parece que sea del cerebro

por donde esta le tiene cogido a nuestro señor.

No es de buen caballero murmurar como una vieja.

¿Hay alguien que quiera hacerlo en voz alta?

(Murmullos)

Luis, ¿te encuentras bien?

Hace días que no te veo.

Sí, Pedro, sí.

Estoy bien.

Es este viaje.

El mar me pone melancólico.

Quisiera hacer algo, no solo esperar.

Necesitas al enemigo como el cazador la presa.

En cuanto lleguemos...

Sí, cuando lleguemos.

(Música suave de percusión)

Vamos, vamos.

Eso arriba. Arriba.

Y eso, a cubierto. ¡Eso a cubierto!

¡Arriba!

¡Moveos! ¡Moveos!

Hay que salir de la playa cuanto antes.

La carne. ¿Se puede saber dónde está la carne?

(Gritos)

Amigos, lo primero será establecer un campamento.

No sabemos cómo ni cuándo podemos ser atacados.

Saldremos de avanzada

hasta encontrar un sitio donde hacernos fuertes.

Con diez hombres bastará.

Urtubia, Pedro, vendréis conmigo.

Coquerel se quedará al mando de las tropas

hasta acabar el desembarco.

Cuando hayamos encontrado un lugar favorable

os reuniréis con nosotros. ¿Todo claro?

Vamos.

(Música de tensión)

Luis. A los hombres, ¿no vas a hablarles?

Sí, claro.

¡Soldados, hemos venido a vencer o morir!

A reconquistar estas tierras

que fueron arrebatadas injustamente a la duquesa.

Hace años que no he notado vuestra fuerza

impulsándome hacia delante.

pero no lo he olvidado.

Toda la cristiandad sabe que no hay soldados más temidos

y más fieles.

Algunos de vosotros habéis luchado conmigo en Normandía

o en Aragón.

Acordaos de eso.

¡Soldados,

Albania será pronto nuestra

y todos saldremos ganando!

¡Dios os guarde y suerte a todos!

Aún sabe cómo calentar a la tropa.

Mejor ha de calentar las sábanas de la duquesa esa.

(Música dramática)

No parece tierra muy fértil.

Cualquier tierra esconde riqueza.

Pues habrá que destripar esta para descubrirla.

Son pocos y parece que no están armados.

¿Atacamos?

Solo son campesinos.

Pero al menos podrán darnos información. Vamos.

¡Ah!

¡Eh!

¡Eh!

¡Eh!

Ay, más parecen ratones que otra cosa.

Coged alguno.

A ver si cuenta algo.

¡Jía! ¡Jía!

(Grito)

¡Jía!

¿Qué pasa?

¡Sal de aquí!

Por lo que puede entenderse a este chivo

el enemigo no anda lejos.

Cerca de aquí, en aquella dirección

debe de haber un fuerte o campamento.

Está bien.

Vamos allá.

Ahí está. No parece que haya nadie.

De todas formas no vamos a confiarnos.

Atacaremos desplegados.

(Música de tensión)

(Relincho)

(Relinchos)

No hay nadie.

Nadie. ¡Nadie!

¡Nadie! ¡No hay nadie! ¡Maldita sea!

Se fueron hace poco. He visto las huellas.

Van en aquella dirección.

Podemos seguirles. No.

Lo primero es establecer el campamento

y trae al resto de la gente.

Este lugar puede estar bien.

¡Vosotros volved a la costa

y traed al resto de la tropa!

No comprendo lo que sucede.

Este es un campamento militar.

¿Por qué lo han abandonado?

Puede que piensen que nuestras fuerzas son mayores.

¿Pero sin ninguna resistencia? A lo mejor preparan algo?

Me pudre esperar los refuerzos.

Me pudre esperar un enemigo.

Agua estancada.

Mal augurio.

(Relincho)

Coquerel, Urtubia.

Hay que recoger esas vituallas.

Dadles bien de comer.

¡Luis!

Los capitanes están reunidos.

Amigos,

por ahora el enemigo nos deja el campo libre.

De todas formas será mejor no confiarnos.

Ya he dispuesto un retén de guardia alrededor del campamento.

Bien, ahora los planes a seguir.

Sin conocer exactamente las fuerzas del enemigo

no podemos hacer otra cosa que esperar.

Por lo menos hasta que lleguen los refuerzos de Nápoles.

Tened siempre dos hombres vigilando en la costa

que informarán diariamente.

Mientras tanto saldremos en pequeñas patrullas

a reconocer con discreción el territorio.

Si encontramos tropas de importancia

hay que esquivarlas.

Es mejor actuar en pequeñas escaramuzas

por lugares distintos.

Si atacamos

y nos retiramos con rapidez

podremos dispersar y confundir al enemigo

hasta que podamos presentarle batalla.

Golpearemos aquí y allá

antes de que puedan darse cuenta.

¿Estáis de acuerdo, señores?

¿Tardarán mucho esos refuerzos?

No, no, ya deben de estar en camino.

Cuando lleguen

ya habremos vuelto locos a estos salvajes.

Juana, ¿estás ahí?

Juana.

Juana, ¿qué haces aquí?

Luis, esto es una cuadra.

Mira este suelo.

Y estas paredes. Ni siquiera tenemos cama.

Mandaré hacer una.

¿Y la comida? Mañana saldrán patrullas.

Algo encontraremos. Ten paciencia.

Ya te advertí que este viaje... Lo sé.

No diré nada más.

Es mejor así que separados.

No lo hubiera soportado.

Yo tampoco.

Pedro.

Ayúdame a avivar este fuego.

No estaremos aquí mucho tiempo.

En cuanto lleguen los refuerzos de Nápoles

tomaremos Durazzo y nos servirán en el mejor de los palacios.

No fíes demasiado en esos refuerzos.

Tengo la promesa de tu tía la reina. No voy a dudar de ella.

Tampoco ella dudó cuando mató a su primer marido.

Por Dios, Juana...

No resucites fantasmas del pasado.

Hay que mirar hacia delante. Deja lo de atrás.

Ven, acércate al fuego.

Hace frío y necesitas descansar.

Además, ¿qué va a pensar Pedro si te oye hablar así?

Siéntate, Pedro.

Amiga cortés y discreta.

Gentil dama de alto linaje.

Bella, graciosa y generosa.

Algo así me dijeron

cuando concertamos nuestro matrimonio.

Claro que el que lo hizo fue el rey de Francia

para ver si conseguía quitarse de encima a Navarra.

No pensé nunca que llegara a amarla tanto.

Y no creas puede ser más fuerte y tozuda que ninguna.

¿Sabes que su tía la tuvo encerrada en un castillo

porque no quiso un pretendiente?

¿No me crees?

Sí, nada más claro que vuestro amor.

¿Entonces por qué ese ceño?

Lo que hablasteis de los refuerzos. ¿Y si fallaran?

Si fallaran...

Si falla la flecha, la esperanza, la lealtad...

Si no estuviéramos entre amigos,

si el país está maldito...

Si no hubiera futuro...

entonces, Pedro,

¿qué podría hacer yo?

¡Eh, Pedro!

¿Está preparado don Luis?

Vosotros iréis con don Luis.

Los demás conmigo.

Estad preparados.

Vamos a seguir las huellas de los que dejaron este sitio.

A lo mejor todavía podemos alcanzarles.

Todo listo. ¿Cuándo salimos?

Luis está esperando. Voy a avisarle.

(RÍE)

Luis.

La gente está lista. Ya voy, ya voy.

(Risas)

No te vayas, por favor.

Tengo que irme.

Ya.

Vamos.

¡A caballo!

¡Urtubia!

(Música dramática)

Preparados.

-¡Vamos, venga!

Por fin.

Ahí está.

Tú, acércate despacio

y averigua cuántos son. ¿Yo?

¿Por qué yo?

¡Calla o te enseño a callar!

Vuelve rápido.

Y cuidado que no te vean.

¡Señor, están ahí!

¡Señor!

¡Señor! Señor.

Están... Los he visto.

¡Señor, señor, están ahí!

¡Eso ya lo sé!

¿Cuántos son?

Bastantes, señor, bastantes.

Bastantes... ¿Y eso qué quiere decir?

No lo sé, señor.

No lo puedo saber.

Casi me tropiezo con ellos.

Casi me ven.

Por eso tú has visto tan poco como ellos, maldito cobarde.

Ya arreglaré cuentas contigo.

Desplegaos.

¡Y a ti te quiero ver avanzar con la lanza el primero!

(Música dramática)

Por Dios, existen. Ya empezaba a dudarlo.

Llevamos medio día andando sin ver a nadie.

Pocos cuerpos, pocas armas.

Cuerpos o almas es igual.

Necesitamos noticias y las encontraremos.

Adelante.

¡Vamos a agarrar a alguno! ¡Ja!

(Música de tensión)

¡Quieta!

¡Quieta! ¡Espera!

¡Quieta! ¡No corras! ¡No voy a hacerte daño!

¡So!

¡So!

No tengas miedo.

Tranquila.

Soy amigo.

No temas.

No me entiendes, ¿verdad?

Mira...

Voy a quitarme la espada.

Dios, ¿qué he hecho?

(Música suave de percusión)

(Relincho)

(Relincho)

(Relincho)

(Relincho)

(Relinchos)

(Relincho)

(Relincho)

¿Dónde estáis?

¡Malditos demonios invisibles!

¡Salid aquí!

¡Solo tierra!

¡No sois más que polvo!

¡Viejas! ¡Malditos!

¡Cobardes! ¡Urtubia! ¿Qué haces?

¡Déjame! ¡Aquí no hay nadie!

Si son fantasmas

tendré que acabar con ellos de todas formas.

Sí.

De acuerdo. De acuerdo.

Aquí, aquí no hay nadie.

Pero... yo sé...

Yo sé dónde podemos encontrarlos.

Nunca he visto ponerse el sol así.

Parece que lo hace a regañadientes.

Es difícil llamar cielo a este cielo.

Es el cielo y es la tierra.

Este país me revuelve las tripas.

Es la inactividad.

Y a nuestra gente le está ocurriendo lo mismo.

Hay que luchar.

La sangre caliente despeja la cabeza.

¿Luchar? ¿Contra quién?

Nadie puede querer morir por defender esto.

La luna me parece trofeo mucho más apetecible.

¿Pero es esta luna nuestra luna?

¡Más atrás los sacos!

¿Quién es el responsable de todo esto?

¡Yo!

Necesitamos provisiones.

Hasta la duquesa me pidió conseguirlas.

¿Pero por qué esta matanza?

Ya estuvimos aquí y nadie nos hizo frente.

Eran campesinos humildes, gente pacífica

y nos dieron lo que tenían.

Eso fue hace días.

Hoy no querían darnos lo que pedimos.

¡No hacía falta matar a nadie!

¡Ni siquiera para robar a unos pobres campesinos!

¡Dios, te voy a matar!

¡Deja de hablar como un niño!

¿Qué te crees que es la guerra?

¿Qué te sorprende?

Aquí no hay de esos caballeros

que viajan a Oriente

a liberar doncellas presas del islam.

¡La guerra es esto para los soldados!

Aunque los reyes y los caballeros se lleven la gloria.

¿O es que te avergüenza quizá

ofrecer hazañas de este tipo

a esa extranjera que es ahora nuestra señora?

¡Escúchame bien!

¡Todas las guerras son así!

¡Ya está bien!

¿Hemos acabado de una vez?

Lo que se termina o lo que se empieza

eso eres tú quien debe decirlo.

(Música de tensión)

¿Pero tú crees que a mí me divierte la idea

de que alguno de mis hombres haya matado a una muchacha

después de forzarla

o que hayan acabado con algún campesino inocente?

No es cuestión de lamentarlo, sino de impedirlo.

No hay nada más triste que contemplar

cómo se deshacen las ilusiones de un amigo.

Pero no es lo mismo soñar con la guerra

que vivir de ella.

Todos lo hemos aprendido.

Lucha en batalla es distinto.

Es de hombre a hombre, de fuerza a fuerza.

Ni tú conseguirías impedirlo aunque estuvieses al mando.

Puedes pedir a un soldado que dé la vida por tus ideales,

pero nada más.

No quiero participar en esto.

No podrás evitar los atropellos.

Seguirás siendo un hombre de guerra.

En el futuro no sabrás hacer otra cosa.

No es fácil escapar al destino.

¿Pero tú no has luchado siempre por encontrar el tuyo?

Pedro, mira a tu alrededor.

Ahora dime,

¿tú crees que tengo lo que buscaba?

Esos refuerzos hoy ya no vendrán.

¿Pero es que acaso llegarán algún día?

(Cánticos folclóricos)

Y tras aquellas montañas las gentes dicen

que la tierra parece bendita por el propio San Guillén

y que las simientes germinan con solo mirarlas.

Hay infinidad de ríos que arrastran oro

y pueden verse las piedras brillando

con solo acercarse a la orilla.

Y en Durazzo, que será nueva como hay Dios,

cuentan que hay una iglesia,

o templo o como quieran llamarlo esos malditos paganos,

con las cúpulas forradas de oro puro.

Pueden verse brillando desde 50 leguas.

Y en las junturas de los sillares

han incrustado piedras preciosas,

zafiros, diamantes y perlas.

¡Luis!

¡Luis!

Adelante. Adelante.

¿Alguna urgencia?

Las patrullas van a salir.

Sí, sí.

Salir, hay que salir.

¿Se sabe algo?

¿Algo de nuevo?

Sí, faltan tres hombres.

Los de la guardia de anoche no han vuelto.

Es extraño que el enemigo... ¿El enemigo?

¿Dónde demonios está el enemigo?

(GRITA)

(SOLLOZA)

(Música dramática)

Ni siquiera el sol aparece alegre en estas tierras.

El cielo encontrarás en estas tierras

y también el infierno.

(Continúa la música)

Son los nuestros. Los cogieron de noche sin hacer ruido.

Os lo dije, están acechando.

No les importa esperar

si pueden irnos cazando.

¡Malditos lobos cobardes!

¡Salid aquí! ¡Asesinos!

¡No hay hombres en este país!

¡No hay Dios en esta tierra!

¡Sí, a ti también Dios te niego!

¿O acaso proteges a esta gente sanguinaria?

¡Seguro que estás satisfecho!

(REZA EN LATÍN)

Esto es lo que nos espera si seguimos en este país.

Os lo dije.

Ya sabía que esa mujer nos traería maldición.

Le ha sorbido el seso a don Luis. Él ya no puede tomar decisiones.

¿Qué ocurre a una tropa sin jefe? ¿Lo sabéis?

Pues claro que lo sabemos.

Pero yo no estoy dispuesto a dejarme matar

por esta tierra mugrienta.

Apurar una buena jarra de vino.

¿Os acordáis de aquel vino espeso?

¿O ya lo habéis olvidado?

Una buena pata de lechón.

Tumbarte a la orilla de un arrollo

sobre la hierba fresca.

¿Recordáis el olor de la hierba?

Mullida como el vientre de un niño.

Cierro los ojos y me parece estar allí.

Los abro y se acabó el sueño.

Aquí estoy bebiendo agua sucia,

respirando polvo,

comiendo tiras de oveja seca

y siendo comido por estos bichos inmundos.

¿Serán estos malditos los terribles albaneses?

Albanesas deben ser las mías

porque me han destrozado la entrepierna

y escocido las partes.

¿No será que te trajinas como un burro salido?

¿No debería estar alguno de vosotros montando ya la guardia?

¿Para qué? Nadie va a venir a robarnos lo calzones.

Mejor que se nos pudran puestos, ¿o no?

Tú, ¿dices algo? Acércate.

¿Yo? Nada.

¡No se discute una orden!

¡Quietos!

¡Tú, tú y tú, cumplid la primera guardia!

Esto se pudre.

Luis. ¿Qué quieres?

Te escucho.

Luis, la gente está inquita.

La muerte de estos hombres les ha...

No, no, no es eso, es...

es esta larga espera.

Cada vez se hace más difícil no hacer nada.

Eso no puedo evitarlo.

Ya lo sabes.

Pero al menos podríamos... Hay gente que piensa...

Está bien, habla.

Termina de una vez.

En fin...

Los capitanes van a venir a hablar contigo.

Quería avisarte.

También que...

estaré siempre a tu lado.

¿A mi lado?

Dios, no entiendo qué ocurre si es que ocurre algo.

(Ruido de espadas)

Son ellos. Está bien, que pasen.

Que pasen y acabemos de una vez con el misterio.

¿Y bien?

¿Algún problemas? Los hay y no los hay.

Pero lo seguro es que surgirán en cualquier momento.

La moral de la tropa decae con los días.

La gente vino a pelear.

Por ahora este país no nos ofrece nada.

Queremos ir a buscarlo.

¿A buscar qué? Cualquier cosa.

Donde pueda haberla.

Queremos atacar Durazzo.

No se puede atacar una ciudad sin refuerzos.

Aún no sabemos siquiera si está fortificada.

No sabemos nada.

Y aguantar con los brazos cruzados jodidos por los piojos

y los cuentos... Podemos acercarnos a Durazzo

y observar sus defensas.

Entonces podrías decidir.

Está bien. Iremos con una patrulla.

Id a prepararlo todo.

¿Vendréis vos con la patrulla?

Sí, cuando amanezca.

¿Estáis ya satisfechos?

Os he oído.

He oído todas las locuras que decíais.

Y es... es una locura contagiosa.

No puedes hacer caso de esos hombres.

Son necios, ignorantes.

Tienen ojos y no ven. No pueden razonar.

Pero tú sí, Luis.

¡Tú sí!

Pero ellos confían en mí.

Yo les traje aquí.

¿Cómo pisotear ahora sus sueños?

Solo quieren saciar sus instintos.

Tú sabes que lo que vinimos a buscar aquí no existe.

No hay nada en este lugar.

Solo unos bárbaros pueden querer poseer esta tierra mísera.

No quiero ser reina de unos bárbaros.

¡No quiero nada de este lugar!

Lo sabemos, Luis.

¿Acaso tú, Pedro,

no lo sabes?

¿Es que no podéis hacerles ver lo que tienen ante sus ojos?

En Navarra somos obstinados.

Obstinación o locura,

cuánto da.

No vas a dejar que te arrastren.

No voy a dejar que les acompañes.

¡Júramelo o voy a volverme loca!

¡Júramelo por Dios!

Sí.

No voy a dejarte hasta que estés mejor.

Sí, vamos.

Necesitas descansar.

Pedro, ¿sigues ahí?

Ya ves en qué estado se encuentra.

Tiene mucha fiebre, debo cuidar de ella.

Sí.

Está enferma.

Tiene mucha fiebre.

Debo cuidar de ella.

¡Debes cuidar de tus tropas!

Esas tropas no corren peligro.

¿Que no corren peligro?

¿Es que no te das cuenta de que el desaliento les corroe?

¿No sabes que prefieren cualquier peligro

antes que la humillación y la vergüenza?

Pedro...

¿O es que un caballero

no teme al deshonor más que a la misma muerte?

Pedro, exageras.

No hay deshonor en la prudencia.

¿Y quién sabe cuándo termina la prudencia

y cuando comienza del deshonor?

¿O es que solo tú puedes marcar ese límite?

Pedro, te consiento que hables de honor,

pero no te consiento que juzgues el mío.

Luis, recuerda que ahora es también el nuestro.

Y no olvides tampoco

que el de tu hermano y el de Navarra

también dependen de ti.

Mucha es la carga,

incierto el porvenir,

imposible la elección.

Gracias, Pedro.

Te veré mañana.

¿Vendrás? Cuando amanezca.

(Música suave de percusión)

(Continúa la música)

Lo sabía, murallas.

No son muy altas.

Podemos construir máquinas de asalto.

Hay mucha madera en estos bosques.

Antes de construir el cerco hay

que estudiar las posibilidades del suministro.

Somos pocos para un cerco prolongado.

Quizás salgan si los hostigamos.

¿Y cuántos saldrán? ¿Quién lo sabe?

¡Alto!

Ay, no sé, cualquiera diría que el invierno está cerca.

(Gritos)

(Gritos)

(Música de tensión)

(Gritos)

Pedro, tráemela.

¡Tráemela!

Tráemela.

¡Trámela!

¡Trámela!

Son mercenarios normandos.

¡Este va a decir todo lo que sepa!

¡Urtubia!

¡Venid aquí, rápido, Luis está herido! ¡Venid!

Pedro.

¿Cómo está? Luis no va a morir.

El prisionero ha hablado.

Mañana Durazzo abrirá sus puertas

y todo su ejército se nos echará encima.

Necesito una orden.

En cuanto acabe el médico hablaré con Luis.

Estaremos esperando.

Ya he terminado.

Las heridas no son mortales pero perdió mucha sangre

por el camino. Está muy débil.

Juana. Pedro.

Hay que salir de aquí.

Hay que salir.

Salir de aquí.

Este país... este país está maldito.

Hay que salir, salir, salir.

Salir antes de que nos destruya a todos.

Tengo miedo.

Habíamos aprendido a ser felices.

Si le pierdo no sabré vivir.

Sabrás.

Tú siempre has sabido sobrevivir.

En eso te admiro.

(ESCUCHA)"Pedro. Pedro".

"Pedro, tenemos que atacar".

"Atacar".

"Pedro, hay que atacar".

"Atacar".

(Música suave de percusión)

(Continúa la música)

Luis manda atacar.

Me ha dicho que su honor y el de Navarra

están en nuestras manos.

Y espera que no le defraudéis.

Os traigo estas palabras suyas.

¡Honor y victoria!

(Graznidos)

(Graznidos)

Conquistaré...

Albania

para ti.

Te lo juro.

(Percusión)

Nomine Patris et Filii et Espiritus Sancti.

Nomine Patris et Filii et Espiritus Sancti.

Nomine Patri et Filii...

Nomine Patri et Filii...

Nomine Patri et Filii

¿Se puede saber qué estás haciendo?

Os bendigo en nombre de Dios para que os ayude.

Es mucho mejor que bendigas a los albaneses.

Lo necesitan más.

(Continúa la percusión)

Pedro.

La espada.

La espada del rey.

Tú la trajiste

y tú te la llevarás.

Aún vas a necesitarla.

No repartas la herencia antes de tiempo.

(Música de tensión)

(Música dramática)

Hay algo. Lo presiento.

Los arqueros preparados.

¡Jía!

¡Arqueros al frente!

¡En línea!

(Música de percusión)

(Continúa la música)

Arqueros.

(Grito)

(Música de tensión)

(Gritos)

(Gritos)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

(Grito)

¡Arponero!

(Grito)

Esto es una matanza.

¡Estamos todos locos!

¡Rendíos!

¿Pero por qué no os rendís?

Rendíos, esto es una matanza.

¡Rendíos, Dios mío! ¡Rendíos! ¡Rendíos!

(Ruido)

Hemos vencido.

Sí, hemos vencido.

(Truenos)

¡So!

¿Luis? Ha muerto hace dos horas.

Luis...

Hemos conquistado Durazzo para ti.

Durazzo es tuyo.

Nuestro capitán y señor ya no existe.

Sus sueños quedan en la noche eterna.

Pero nosotros seguimos aquí.

El país es nuestro.

Hay que decidir qué vamos a hacer ahora.

(OFF) "Con la muerte de don Luis

todo aquel enorme esfuerzo

no sirvió de nada".

"Desamparados, sin medios ni motivos para permanecer allí,

la mayoría de los integrantes de la gran compañía de Navarra

se dirigieron al sur

en donde Urtubia conquistó Atenas y Tebas".

"Estuvieron en Grecia 25 años".

"La duquesa marchó a Francia,

donde varios años después casó con el duque de O".

"Pedro Lasaga ni siquiera quiso entrar en la conquistada Durazzo".

"Volvió a Ujué donde casó con Juana

la hija bastarda de Luis".

"Yo volví con él tratando de entender

por qué a veces la suma de muchas cosas lógicas

conduce a una situación tan absurda,

pero es que me parece que los de este país somos así".

(Música dramática)

¡Pedro!

¡Pedro!

¡Pedro!

(Iglesias BS "Conquista de Albania")

Historia de nuestro cine - La conquista de Albania

03 abr 2020

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