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La extravagancia del cine

El perro verde del cine español y la escena más "creepy" en 'Ventajas de viajar en tren'

Rtve Play Rtve Play  

  • Luis TosarErnesto Alterio y Belén Cuesta protagonizan esta atrevida película
  • Coincidiendo con su estreno en RTVE Play, repasamos las mejores adaptaciones de cine
  • La verosimilitud está sobrevalorada, esta película lo demuestra y te explicamos por qué

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'Ventajas de viajar en tren' (2019), el arte de la provocación
'Ventajas de viajar en tren' (2019), el arte de la provocación

Dicen que las buenas películas son aquellas que son capaces de provocar algo en el espectador. Una emoción que pesa, un pensamiento que se queda flotando dentro, algo que remueve el estómago, la mente o hace "crack" en el corazón. Nadie espefica cuáles son las escenas con las que se puede agitar así al público, aunque el cine está plagado de clichés mil veces repetidos. Por eso, es tan estimulante ver una película que desvarata lo esblecido.

Ventajas para viajar en tren (2019), el título que se incorpora esta semana al catálogo de cine en abierto de RTVE Play, es una de esas exquisitas sorpresas que llegaron para alimentar el morbo cinematográfico. La película es una adaptación del libro homónimo escrito por Antonio Orejudo, un autor conocido por recrear universos complejísimos con los que demuestra que "la verosimilitud está sobrevalorada", (eslogan promocional de la película).

Ventajas de viajar en tren (2019)

Ventajas de viajar en tren (2019)

Una estética morbosa

Muy en la línea de otros títulos rompedores como Pieles (2017), de Eduardo Casanovas, el director debutante Aritz Moreno y el guionista Javier GullónEnemigo (2013), se propusieron retorcer los códigos narrativos, fundir realidad y ficción, comedia y tragedia y provocar una extrañeza tan bella y desconcertante que no podemos dejar de mirar a la pantalla. Desde la escenografía barroca a los personajes que habitan su entorno, a los que dan vida unos magistrales Belén Cuesta, Quim Gutierréz -en uno de sus papeles más insólitos-, Ernesto Alterio, Luis Tosar y Pilar Castro, todo resulta extravagante en estas historias cruzadas en la que se cuelan la demencia y los cambios de perspectivas para retorcerlo todo un poco más.

El trampantojo de muñecas rusas comienza con la historia de Helga Pato (Pilar Castro), una joven editora que huye en tren de su tóxica y desquiciada relación, un marido que ha perdido la cabeza y que obsesionado con los perros ha terminado tratándola a ella como un can. "Imaginemos a una mujer que al volver a  casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda", así comienza el filme. ¿Quién es capaz de no continuar la matrioska?

Belén Cuesta en 'Ventajas de viajar en tren' (2019)

Belén Cuesta en 'Ventajas de viajar en tren' (2019)

Expectación, provocación y suspense

Es ahí cuando entra el juego morbocircense de la sorpresa y el desconcierto. Un thriller paranoide, lleno de curvas de guion, bifurcaciones y mezcla de géneros (drama, suspense, comedia negra, romance, noir). Una de las tramas más inquietantes es sin duda la que protagonizan Castro y Quim Gutierrez en una especie de romance perruno que desgarra las atrocidades más crueles de la violencia de género, el machismo y la posesión.

Una controvertida historia en la que un hombre somete a su mujer y la obliga a comportarse y convertirse en una perra, a ser violada por un perro, dormir en la caseta del jardín, comer pienso y llevar correa. Una sumisión incomoda, repulsiva, que se muestra a través de una vulgaridad provocada e intencionada que busca remover al espectador, desde el estómago a la razón. ¿Es posible que ocurra algo así, es verosimil?

Todo lo que sucede en la película podría ser real, pero parece una fábula grotesca. Como la propia realidad en sí misma, capaz de producir el mismo estupor, desasosiego y extrañeza que la mayor ciencia ficción. La verosimilud está sobrevaroda, Ventajas para viajar en tren nos demuestra que tenemos que empezar a desmitificarla.

No recomendado para menores de 18 años Somos Cine - Ventajas de viajar en tren - Ver ahora
Transcripción completa

"Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido

inspeccionando con un palito su propia mierda."

(ELLA JADEA)

"Imaginemos que este hombre

no regresa jamás de su ensimismamiento...

y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales

al norte del país.

Nuestra historia comienza justo a la mañana siguiente."

¿Le apetece que le cuente mi vida?

(RÍE)

Era una broma, por romper el hielo.

El viaje a Madrid es largo...

Me llamo Ángel Sanagustín.

Soy psiquiatra y trabajo en la Clínica Internacional.

La vi por allí ayer a última hora, ¿verdad?

Perdone, yo me llamo Helga. Encantada.

Encantado. No sé si el doctor Crespo le ha hablado de mí.

Trabajo en las aplicaciones del discurso escrito

al diagnóstico de los trastornos de personalidad.

Básicamente,

pedimos al paciente que cuente un episodio de su vida por escrito,

analizamos su narrativa y a continuación podemos diagnosticar.

Lo haremos también con su marido.

Y con mucho gusto además.

Los textos de los coprófagos son mis favoritos,

sus narrativas son las más curiosas.

Precisamente...

en esta carpeta

llevo una recopilación de textos de enfermos esquizofrénicos

y con trastornos paranoides. Luego, si quiere, le leo alguno.

Los pacientes con esquizofrenia hebefrénica, por ejemplo,

presentan una tendencia muy marcada

a narrar la propia vida.

Pero lo hacen cada vez de un modo diferente,

de manera que su personalidad no consiste en otra cosa

que en una sucesión de relatos superpuestos,

como las capas de una cebolla. Cuando nos queremos dar cuenta,

no tenemos personalidad propiamente dicha que estudiar,

sino una colección de cuentos, una narrativa tras otra,

debajo de las cuales no hay persona.

Le voy a contar algo.

Le voy a contar algo que me sucedió con un paciente

que tendría que haber estado encerrado para siempre.

En aquel caso, no se trataba de un esquizofrénico,

sino de un paranoico.

Al contrario que el esquizofrénico,

el paciente paranoico está siempre atento a los estímulos externos,

estableciendo entre ellos vínculos erróneos.

Las narrativas de los paranoicos pueden ser peligrosísimas.

Martín.

Martín Urales de Úbeda, así se llamaba.

El nombre lo dice todo, ¿verdad?

Su poder de seducción era hipnótico.

¿Usted ha estado alguna vez secuestrada?

(RISA NERVIOSA)

Antes de que me secuestrara,

estuve mucho tiempo buscándolo.

No lo conocía, pero me habían hablado de él.

Me habían dicho que convencía a la gente

para que se tirara a los camiones de basura.

De hecho, él murió así, triturado.

Si quiere, se lo cuento.

Pues nada, todo empezó cuando mi mujer y yo nos mudamos de casa

y nos compramos un chalet adosado en una urbanización de Galapagar.

(Graznido)

Nosotros cumplimos la norma.

Y la norma es la recogida diaria de basura,

la basura que depositan los residentes.

Yo soy residente.

Desde hace poco tiempo. Lo sabe Vd. mejor que yo,

sabe que esta basura no es suya. Si fuera suya, mi compañero y yo

cogemos, y la cargamos al camión y nos la llevamos.

Pero le insisto, Vías Públicas

tendrá que ponerse de acuerdo con Recogida de Basura.

Creerán que es función nuestra.

-Hola. ¿Ángel Sanagustín? Le traigo una carta certificada.

Si es tan amable de firmarme aquí, por favor...

Sí.

Gracias. Gracias.

La carta decía textualmente:

(ELLA NARRA) "Estimado Ángel Sanagustín,

la mayor ilusión de mi padre siempre fue

que mi hermano Martín ingresara en la Academia Militar de San Javier.

Aunque mi hermano no tenía vocación,

por contentarlo, ingresó en la academia y se hizo militar."

(SOLDADO) ¿Qué somos? (VARIOS) ¡Fusileros!

-"Nos escribía todas las semanas cartas que mi padre leía y releía

en su silla de ruedas bajo la ventana del salón.

Mi padre era paralítico.

Le volaron las piernas en un atentado.

Poco después de licenciarse,

estalló la guerra en Kosovo y lo mandaron para allá.

Continuó enviando cartas desde allí,

pero se iban volviendo más y más enigmáticas.

Un buen día, sin previo aviso,

mi hermano cortó con nosotros todo tipo de comunicación.

Desapareció,

fue como si se lo hubiera tragado la tierra."

(Cerradura)

(Puerta cerrándose)

(Música de intriga)

-¡Martín!

¡Hijo mío!

Me han echado.

¿De dónde?

Del Ejército del Aire.

Siéntate.

-¿Qué ha pasado, Martín?

Ya sabéis que... que me destinaron a un hospital militar en Kosovo.

Era un hotel que se había acondicionado como hospital.

(Helicóptero)

"Un edificio antiguo, enorme."

La dueña del gimnasio que te digo

se enamoró de su psicólogo, un tal Manuel.

Se casaron y, bueno, él dejó la psicología

y se instaló en un despacho en el gimnasio...

"Las medicinas se agotaban."

El paso de psicólogo a contable...

"Los aparatos eléctricos dejaban de funcionar.

Faltaban el agua y la comida.

Y el número de muertes iba en aumento."

...se enteró por casualidad

de que Manuel no era psicólogo, tío, sino veterinario.

Cómo se enteró ya te lo explico otro día, no viene a cuento ahora.

Entró en su despacho para pedir explicaciones...

"Uno de los salones se había convertido en un orfanato."

...mirando por un agujerito que daba al vestuario de señoras

con los pantalones bajados y el ojo...

"Había sido fundado por la doctora Linares.

Era un milagro que ella había levantado con sus propias manos,

pero que estaba en su peor momento."

Ahora te alcanzo.

(Llantos de bebé)

(Tosidos)

¿Me permite? Ay, muchas gracias.

Es un milagro que este lugar exista.

La labor que hacen es increíble. Debería estar orgullosa.

Hacemos lo que podemos con los medios que tenemos.

No sé si puedo ayudar de alguna manera.

Yo se lo agradezco, pero a no ser que sea usted millonario...

Lo que necesitamos aquí es una fuerte inyección de dinero.

Bueno, como dijo un amigo, dinero es de lo que más tengo.

¿O acaso tú tienes cien de algo?

"Quedábamos para desayunar antes de nuestro turno...

o para dar un paseo al acabarlo.

Ella me hablaba del último niño fallecido...

y de la situación del hospital, cada vez más preocupante.

Los meses pasaron volando,

hasta que un buen día todo cambió."

"Lobotomía" se titula, ¿vale?

Y plantea que todo lo que aparece en la pantalla del televisor

es una ficción que tiene un guión establecido.

Por ejemplo, los participantes de los concursos

son actores que fingen nervios, pero saben ya cómo va a acabar todo.

Y los partidos de fútbol. Pues eso, las ocasiones de gol, las faltas,

todo. Y colocan los goles en los momentos que mejor les convenga.

Ahora vengo.

(CONVERSACIÓN EN FRANCÉS DE FONDO)

¿Cómo lo habéis conseguido? Ahora no puedo hablar, Martín.

Vuelvo luego, cuando terminemos.

Me muero de curiosidad. Hoy no puedo.

(Llaman a la puerta)

¿Estás bien?

Sabes perfectamente que vivo por y para este hospital.

Es lo más importante para mí.

Y que nos negaron las subvenciones que estábamos a punto de cerrar.

Tú mismo has visto morir a alguno de esos niños.

Por eso...

Por eso decidí prostituirme.

(Música trepidante)

"Seleccioné a mis clientes entre... mandos de la OTAN,

miembros del séquito papal,

observadores de la ONU

y altos representantes de ONGs.

Durante algunos meses hubo algo más de dinero,"

lo suficiente para no...

claudicar,

pero insuficiente para poder cubrir nuestras necesidades.

Hasta que una noche...

Recibió la visita de cierto cliente.

Lo llamaremos...

Cristóbal de la Hoz.

Quería comentarte una cosa.

Tengo un grupo de amigos,

digamos, muy poderosos,

con mucha mano en la cosa caritativa, que...

estarían encantados de poder ayudarte.

(DRA. LINARES) Claro, dales mi número.

-No,

no me refiero a eso.

Sumando subvenciones de la OTAN,

de la Unión Europea y de la Iglesia,

este grupo de amigos podría conseguirte

más de 200 millones de pesetas al año.

A cambio de...

un huérfano al mes.

-¡Fuera de aquí!

-Piénsatelo.

-Pero la situación en el hospital era insostenible.

Los niños se morían

y el dinero de mis servicios solo daba para el gasto de comida.

(EN INGLÉS) Dime, ¿qué quieres?

-Creo que necesitamos 300 dólares o un regalo para los siete.

También para la admisión al evento esperado.

(HOMBRE) ¿Cuánto? -¿500 dorales está bien?

(HOMBRE) Está bien, sí. -¿Podrías traer... cocaína?

(HOMBRE 2) Sí, puedo hacerlo, pero, ¿y el dinero?

-No te preocupes por el dinero. (HOMBRE) Vale, así me gusta.

-Os tengo que dejar un momento. (HOMBRE) Vale.

-Disculpad.

(DRA. LINARES) ¿Un huérfano al azar? ¿Cada mes?

-Tú no tienes que preocuparte de nada, ellos se encargan de todo.

Yo hablo con ellos y ya está.

(EN INGLÉS) -Oye, ¿y qué pasa con las chicas?

-¿Chicas? Hay muchas que puedo mostrarte. (RÍE)

Querías a la rusa, ¿no? Tú querías la chica rusa.

(RÍEN LOS TRES)

Lo hiciste por ellos.

Has salvado muchas vidas, no olvides eso.

(SOLLOZA)

(Llaman a la puerta)

(Sirenas)

-Una vez me preguntaste por los huérfanos.

Yo te dije que mis amigos los venderían a familias,

pero...

la otra noche estaba con... con uno de estos amigos.

-(RISAS)

(EN FRANCÉS) -Si no queréis contar qué hacéis con los niños, da igual.

(EN ESPAÑOL) Bueno, un poco de curiosidad sí.

Pero, bueno,

(SUSPIRA) no he dicho nada.

J'ai rien dit.

-¿Qué dices, hombre?

Es la tercera vez que lo preguntas.

-(RISA)

-Pues no... no me he dado cuenta.

Je n'avait pas... réalisé.

(EN FRANCÉS) -¿De verdad quieres saber qué hacemos con los niños?

Va, venga,

te lo voy a enseñar.

(Música dramática)

(EN FRANCÉS) A la izquierda.

(Música de suspense)

(Se abre puerta metálica)

(EN FRANCÉS) Ponte cómodo, enseguida te lo muestro.

Digamos que este es el control de realización.

Este negocio supone para nosotros tres vías de ingresos.

Por un lado, el protagonista del vídeo

paga una pasta por estar una hora en esa habitación.

Por otro lado, se edita un vídeo pornográfico

que se distribuye por todo el mundo,

con las caras tapadas digitalmente.

Hay páginas web especializadas que pagan muy bien por estos vídeos.

(Teléfono)

(EN FRANCÉS) -¿Sí?

(EN OTRA LENGUA) ¿Ahora?

Claro, sí.

Vale.

(LE SUSURRA ALGO)

(EN FRANCÉS) -Disculpe, tengo que salir un segundo.

No tardo.

(Se abre puerta)

(Se cierra puerta)

(EN FRANCÉS) ¿Todo bien?

-Muy bien.

(RESPIRA HONDO)

(Teléfono)

(EN FRANCÉS) ¿Sí?

Ajá.

(EN INGLÉS) No, dime.

Ajá.

¿Mañana a las 10?

Vale.

(ASIENTE)

(ASIENTE)

(ASIENTE)

(Golpe metálico)

(Golpe metálico)

(Golpe metálico)

(Golpe metálico)

(Golpe metálico)

(Cae el teléfono)

Cristóbal.

(EN FRANCÉS) -¿Cómo estás?

No tengo nada contra los parques, pero, ¿por qué me has citado aquí?

¿Pero qué has hecho?

(EN FRANCÉS) -¿Que qué he hecho?

¿Qué estáis haciendo vosotros?

¿Tú sabías lo que les hacían a los niños?

Lo sé... absolutamente todo.

Es una salvajada.

¡No es lo que habíamos pactado! Tú me habías dicho...

-Baja la voz.

-¿Cómo has podido hacer algo así?

¿Cómo has podido?

-Dinero, Cristóbal.

Esa es la razón que estás buscando y que parece que no entiendes.

Yo soy un profesional de la economía de mercado.

He sido adiestrado para extraer el máximo beneficio

de la materia prima.

Aunque la filmación de la muerte genera muchos más beneficios

que la prostitución o el chantaje,

nada, nada es comparable

al precio que pagan las farmacéuticas por las vísceras de niños. Nada.

Vendemos por una fortuna los órganos

a una firma que fabrica alimento para las ocas.

Los cuerpos, vaciados y limpios,

los compra un excéntrico artista de Nueva York,

el cual los revende a ricos neoyorquinos

que adoran el arte hiperrealista de ese tío.

Las autoridades no dicen nada de momento porque...

bajamos el paro entre los jóvenes

que participan simbólicamente en el negocio.

Y respecto a ti,

¿qué quieres que te diga?

Estás metido en un buen lío.

Te van a buscar por todo el planeta.

Y te van a encontrar, claro.

¿Quién sabe?

Igual terminas en una galería de arte de Nueva York.

Voy a interceder por ti, Cristóbal.

Después de todo, somos amigos.

Intentaré que no te extraigan los globos oculares que, secados,

se convierten en unas gomas cojonudas

que borran la tinta de bolis e impresoras.

Les convenceré para que al menos te dejen los ojos.

Anda, dame un abrazo.

-No quería...

desaparecer sin que tú sepas todo esto.

No quiero que me disequen.

(DRA. LINARES) Imagino que yo podría ser la siguiente.

Y no me importaría,

después de saber lo que les han hecho a esos niños por mi culpa.

No, no ha sido culpa tuya.

Toma.

Esta es la llave de una taquilla de mi despacho

donde está toda la documentación del hospital,

para que puedas encargarte de todo si me pasa algo.

No te va a pasar nada, estoy seguro.

"Esa fue la última vez que la vi."

Denuncié los hechos a mis superiores, pero... me tomaron por loco...

y me dijeron que me olvidara.

Yo me negué.

Me declararon insumiso, me expulsaron del Ejército

y me ingresaron en un hospital psiquiátrico.

(MADRE) ¡Hijo mío!

-¡Mentira!

¡No te creo ni una palabra!

(Crujidos)

(Se abre puerta)

(Se cierra puerta)

(AMELIA) "Desde aquel día, mi padre se encerró en sí mismo

y consagró su vida a mirar por la ventana.

O a sentarse en el patio a ver pasar la gente los días de toros,

en los que nuestra calle se animaba un poco más.

Hasta que la muerte se lo llevó una tarde, después de merendar."

Mi madre murió de pena poco tiempo después.

Ahora los servicios de inteligencia quieren aniquilar a Martín,

darle muerte civil, y van por ahí diciendo que está loco

y que convence a la gente para que se tire al camión de la basura."

Espero que este caso sea de su interés. No tengo más que decir.

Suya atentamente, Amelia Urales de Úbeda."

La carta sonaba rara, esa es la verdad.

Pero el caso me atrajo tanto

que decidí averiguar dónde vivía esa mujer.

"Consagró su vida a sentarse en el patio

a ver pasar la gente los días de toros,

cuando nuestra calle se animaba un poco más". Eso decía su carta.

Esta mujer tenía que vivir en una casa baja, con patio,

en las inmediaciones de la plaza de toros de Las Ventas."

Es cierto que todo esto podría ser un cuento,

pero es que si nos ponemos así, no hacemos nada en la vida.

"Pasé varios días buscando la casa inexistente

de Amelia Urales de Úbeda, pero el caso es que sí existía.

Había pasado por ahí varias veces y no había reparado en ella,

era como que había aparecido de repente.

Calle Martínez Izquierdo, 21.

Puede comprobarlo si quiere, no me estoy inventando nada.

(Timbre)

¿Hola?

Hola. ¿Es usted Amelia?

Soy Ángel Sanagustín.

Me escribió esta carta hablándome del caso de su hermano.

Me encantaría conocerle. ¿Ángel Sanagustín?

(NERVIOSA) Perdón, es que no le esperaba.

No, no, no, la culpa es mía por venir así sin avisar.

Es que no tenía su teléfono.

En la carta aparece una descripción de la casa. Así la he encontrado.

Claro. Claro, claro.

Mi hermano no está en ahora en casa, pero no creo que tarde en llegar.

Vaya. Puede esperarle dentro si quiere.

¿No le importa? Por favor, adelante. Pase.

Qué amable. Pase, pase.

(GESTO DE REPUGNACIA)

Lo que huele son las tuberías.

Estas casas viejas, que ya se sabe, ¿no?

Muy bonitas y todo lo que Vd. quiera, pero son carísimas de mantener.

Ya.

No creo que mi hermano tarde mucho en llegar,

aunque, bueno, con él... nunca se sabe.

No importa, no tengo prisa.

Ah, no hacía falta. Por favor.

Muchas gracias.

Perdone que no encienda la luz,

pero tenemos un pequeño problema con la instalación eléctrica.

Bueno, (RÍE)

¿y qué le pareció mi carta?

Intrigante.

Aquí, sentadito en su silla de ruedas,

leía mi padre las cartas que enviaba mi hermano.

Por esta puerta

lo vimos aparecer vestido de teniente, sin brazo.

Y mire,

esta es la mesa que mi padre rompió

cuando expulsaron a mi hermano del Ejército.

Mire qué raja. Mire, mire. Se puede asomar si quiere.

Completamente astillada la dejó.

No tengo dinero para arreglarla y...

es una pena porque es bien bonita.

Sí que es bonita, sí.

Aunque tuviera dinero, tampoco la arreglaría.

Es...

una forma de recordar a mi padre, ¿no le parece?

Sí. Sí, también.

Esa es la croqueta que le dio a mi hermano cuando mi padre se enfadó.

Yo es que soy muy fetichista.

(RÍE)

¿Le gusta?

¿El qué? El licor.

Sí.

Lo hago yo misma.

Ah, pues está muy bueno.

Fuerte, pero muy bueno.

Le prepararé un poco de longaniza casera que también hago yo misma.

Sí, para que le pase mejor. Ya verá. Por favor,

por favor. No hace falta.

Siéntese, póngase cómodo.

Esta longaniza también la hago yo.

A ver...

Mmm...

(ASIENTE)

Está muy buena la longaniza.

Me alegra mucho que haya venido, señor Sanagustín.

Pero vamos a tutearnos, por favor.

Me alegro, porque...

hay una cosa que quería decirle... Decirte.

¿Sí?

Sí.

Te he mentido.

¿Sí?

Mi hermano nunca ha sido militar.

No es que yo le haya engañado,

es que él nos estuvo engañando a todos durante muchísimo tiempo.

De todo lo que te le dije en la carta la única verdad es que es manco.

"Todo se torció el día en que rechazaron su ingreso

en la Academia Militar de San Javier, Murcia.

Él pensaba presentarse al examen un año más tarde.

Se instaló en un hostal y encontró trabajo de basurero.

Mientras tanto, nos enviaba esas cartas

describiéndonos la vida en el cuartel,

que tanto hacían disfrutar a mi padre.

Pasó un año y volvió a suspender el examen.

Al año siguiente otra vez lo mismo. Y cuando se quiso dar cuenta,

Martín ya era un basurero que vivía en Murcia.

Lo que empezó siendo una mentira piadosa, un aplazamiento,

acabó siendo en realidad una decisión."

El brazo lo perdió una noche en que no estaba a lo que estaba.

Y ahora, deprimido, manco

y con una pensión de mierda,

vive aquí conmigo. (LLORA)

Tranquila.

Tranquila, no pasa nada.

¿Eh?

Ahora, en la distancia,

me sorprende que no me hubiese dado cuenta antes,

pero el caso es que no lo hice.

Tranquila.

Tranquila. Tranquila, no pasa nada.

Bien. (CARRASPEA)

Bueno...

Bueno, bueno.

(RISA MALÉFICA)

¡Ah!

¡Una polla como una olla! (RÍE)

Per... Perdona la broma.

Creo que la he estirado demasiado, ¿no?

Es que llevo mucho tiempo viviendo solo.

Shh...

Ahora que me he tapado los micrófonos, podemos hablar.

Tenía que haberlo imaginado.

No, no, no, no te subestimes.

Ellos son mucho más poderosos y todavía no me han encontrado.

¿Ellos? ¿Quiénes?

Ellos, los basureros.

(Pitidos de marcha atrás)

¡Te han seguido!

¡No, no!

(QUEJUMBROSO) Sabía que no eran las tuberías.

Ocho años sin tirar la basura,

no querrás que huela a rosas.

Si haces ruido, te meto una hostia.

¿Sabes quiénes son los del camión?

Los... Los basureros.

No tienes ni puta idea de lo que se cuece en el mundo.

¿No? No, por eso te he hecho venir.

¿Que me has hecho venir?

Tú no sabes lo que me ha costado encontrarte.

¿La carta haciéndome pasar por mi hermana no ha tenido nada que ver?

¿Las pistas que he ido dejando tampoco?

No me jodas, Ángel, no me jodas.

Te he traído porque eres el elegido.

Eres íntegro,

porque usas maquinillas de afeitar desechables,

por más que lancen al mercado otras de triple o cuádruple afeitado.

Eres idealista,

porque no consumes alimentos transgénicos.

Eres tenaz y perseverante,

como indican las cáscaras de pipas de calabaza.

Y, sobre todo,

sobre todo, Ángel,

eres valiente,

porque bebes mucho café.

¿Has estado espiando mi basura? Por supuesto.

¿Para qué? ¡Para abrirte los ojos!

Tú crees que llevo estos algodones y esta chichonera porque estoy loco.

Pero no estoy loco, Ángel.

Me han implantado micrófonos y un chip identificativo.

¿Quiénes? Los de arriba.

¿Los basureros? ¡Que no son basureros!

Ya.

¿Y entonces? ¿Entonces qué son, Martín?

Policía política.

Un poco de respeto.

Olvida lo que ha dicho mi hermana, pon la mente en blanco y escucha.

Yo he sido cinco años basurero.

¿Pero no has dicho que lo dicho por tu hermana era mentira?

No, que olvides todo lo dicho mi hermana,

que pongas la mente en blanco y escuches.

¿Me vas a escuchar con atención?

Sí. Bien.

"Yo he sido cinco años basurero.

Nada más empezar, me asignaron un camión...

y dos compañeros: Paco Platero...

y El Gota.

El trabajo era rutinario y desagradable.

Hay gente muy hija de puta que no cierra bien las bolsas

y, cuando las vuelcas en el camión, se te cae toda la mierda encima."

¡Su puta madre!

"Los compañeros también te calientan la cabeza.

Que si estamos hasta los cojones de recoger mierda."

Estoy hasta los cojones de recoger la mierda de la gente.

"Que si este trabajo es el peor que existe."

Este es el peor trabajo que hay.

"Que si es el peor pagado."

El peor pagado.

"Que si está poco reconocido socialmente."

La gente no sé da cuenta de lo que hacemos,

mientras ellos están ahí con el sueñecico en la gloria.

¡Cabrones!

"Y luego está el olor.

Por más que uses guantes y ropa especial,

la peste se impregna en el pelo y en la piel

de tal manera que es imposible eliminarla.

Las dos primeras semanas son muy malas.

Uno cree que va a volverse loco con el olor, ya te digo,

pero luego te acostumbras.

Y luego descubres que es la propia empresa

la que se encarga de rociar con un espray de olor insoportable

los contenedores que nosotros, los basureros,

tocamos cada día para marginarnos y cultivar nuestro resentimiento."

Se supone que así, llegado el momento,

aceptarás sin reservas las propuestas que tus jefes te confían en secreto:

la verdadera tarea.

¿La verdadera tarea?

La verdadera tarea.

Los camiones no trituran la basura, Ángel.

La almacenan.

"Todo comienza con identificar cada bolsa. Hay un margen de error,

pero la última persona en tocar una bolsa de basura suele ser su dueño.

El plástico con el que las fabrican conserva las huellas de maravilla.

Cuando estas coinciden con las de los desechos,

estamos ante el dueño de la basura.

Cada vecino tiene una ficha con todo su historial

y con el resultado al detalle de los análisis de sus desechos.

Por eso no recogían la basura en tu casa de Galapagar, Ángel,

porque habría falseado tu ficha.

Tu caso fue un pequeño fallo del sistema.

En los países avanzados esto lo realizan los ciudadanos,

que separan y clasifican su propia basura,

creyendo que así mejoran el medio ambiente.

Pero aquí, aquí no.

Sin quererlo, se lo ponemos difícil a la central de inteligencia.

Alguna ventaja tendría que tener el tercermundismo.

Pueden saber sus gustos, sus fobias,

cómo van a fin de mes, su intención de voto, su actividad sexual,

sus ilusiones, sus estados de ánimo, todo."

Lo saben todo.

Yo soy el único basurero que ha desertado de la empresa...

y desde entonces mi vida es una huida constante.

Descubrí que me habían implantado micrófonos...

en las fosas nasales...

y metales magnéticos en la corteza cerebral.

No puedo entrar en el Museo del Prado.

Por eso decidí hacerme pasar por mi hermana y vivir aquí escondido,

sin hacer compras en el súper, sin generar residuos,

alimentándome lo mejor que puedo con mi orina y mis heces.

¿A que estaban buenos el licor y la longaniza que te has comido?

(GESTO DE ASCO) Es que tenemos muchos prejuicios.

Cuando dijo eso, yo no sé, debí de poner cara rara,

la misma que está poniendo usted ahora.

El caso es que dijo que estaba harto de que lo miraran de esa forma,

de que todo el mundo lo mirara de esa forma.

Me dijo: "Ahora te voy a demostrar que tengo razón".

Me ató, me amordazó

y me sacó a la calle por la puerta trasera.

Hay mucho hijo de puta que no cierra bien las bolsas, ya te acostumbrarás.

Nos meteremos en un camión para que lo compruebes con tus propios ojos.

Tranquilo, tranquilo, tranquilo. Es un momento.

¡Ahora!

Yo no sé lo que hice, de dónde me agarré.

La adrenalina es maravillosa.

El caso es que, en el último momento,

él tropezó y me soltó.

Yo caí fuera y él... cayó dentro.

Yo aún estoy vivo...

y él desapareció para siempre.

¿Tiene hambre?

Yo suelo bajarme aquí y comprarme un sándwich en el bar.

Le traigo uno. ¿Jamón y queso? ¿Vegetal?

Vale, vale, pero pago yo. No, no, no hace falta.

Tome, invito yo.

Vuelvo enseguida.

(GRITA ASUSTADA)

(NARRADOR) "El problema de Helga Pato con las personas

era que confundía a los narradores con los autores

y a estos algunas veces con los personajes.

Cuando conoció a W en la Feria del Libro,

ella era una editora independiente

y él un célebre escritor muy leído por la izquierda.

W inmediatamente percibió bajo sus pantalones

unas ingles poderosas

y, en vez de la dedicatoria, le escribió una dirección."

(GEMIDOS DE MUJER)

"Ella creyó que en ese momento comenzaba una novela de amor

que trataba de una joven editora que se iba a vivir

con su autor favorito

al último piso de un rascacielos de Madrid.

Ella creyó que se enamoraba de su autor favorito."

(TV) -Hoy tenemos el placer de hablar con el autor de "Selva".

"Pero en realidad se había enamorado del narrador."

(TV) -Si fuera un animal de la selva, ¿cuál elegiría?

-Un depredador.

"Y se fue a vivir con un personaje.

"Después de este último fracaso sentimental,

Helga Pato dejó su trabajo."

(Ladridos)

"Adoptó a un perro, lo bautizó con el nombre de Pingo.

Ah, y decidió que no iba a volver a querer saber nada de un hombre

nunca más.

(HELGA) "-Lo mío empezó como '101 dálmatas'.

Todo lo que sucedió después

pude haberlo deducido desde el primer día, cuando lo conocí,

porque todas las cosas están siempre en sus principios."

¡Pero bueno!

¡No! Perdona, que es mía. Déjalos.

Justo estaba buscando una camada.

(Jadea el perro)

Es que me gustan mucho los perros.

(RÍE CONDESCENDIENTE)

En casa tengo sitio de sobra, me lo puedo permitir.

(Jadea aceleradamente el perro)

¿Vives por el barrio? Sí. Sí, sí.

Aquí cerca.

Pues, mira, yo tengo el quiosco de la plaza.

¿Ah, sí? Sí.

Ah.

Pásate un día si te apetece.

"Un día, como no tenía nada mejor que hacer, fui a verlo al quiosco."

¡Hola!

Hola. ¿Qué tal?

Bueno, poca clientela hoy.

Ya.

El otro día estuve pensando que no me dijiste cómo se llamaba tu perra.

Charla. ¿Charla?

Charlita, Charla. Ah. (RÍE)

Y yo soy Emilio. Ah.

Qué tonta, yo me llamo Helga.

Te dejaría entrar, pero es que esto es un poco como mi casa, ¿sabes?

Significa mucho que entre una mujer aquí.

Claro, claro, claro.

"Al ir a comprar el pan o a pasear al perro, me pasaba por allí."

...son perros que...

"Él me enseñaba revistas de perros y me hablaba de razas y cruces."

La misión de un perro es jugar y procrear.

"Yo le tenía cariño a Pingo

y preguntaba por el embarazo de Charla, pero nada más."

Pues estaba pensando en vender a cuatro de los cinco cachorros.

Todos menos este.

Se llama Elvis.

Cógelo.

(CARIÑOSA) Hola.

Había pensado regalártelo.

Si aceptas ser mi novia.

¿Qué dices?

(Música romántica)

A ver...

"Pasábamos mucho tiempo juntos en el quiosco.

Ese trabajo es lo que tiene, que es muy esclavo.

Pero a mí no me importó.

A mí lo que me importó es que se cansara de mí tan pronto.

A los pocos meses ya me dejaba sola todo el día en el quiosco

mientras él se iba con los perros a la Casa de Campo.

Una noche, al acostarnos,

él me pidió que lo hiciéramos por detrás.

'Como los perros', me dijo."

Como los perros.

"Como llevábamos tiempo sin hablar y sin hacer nada de nada, cedí.

Y si cedes una vez, yo no lo sabía, pero ya cedes siempre.

Unas veces es por amor;

otras porque te sientes insegura y otras porque tienes miedo.

En general, es por los tres motivos a la vez,

si es que los tres no son la misma cosa.

Desde entonces, ya nunca volvimos a hacerlo cara a cara."

(JADEA)

"Un día probé a negarme."

No, no, no, Emilio. Es que hoy no me apetece así.

"Se tiró fuera una semana."

(SOLLOZA)

"Nunca más volví a decir que no."

(JADEA)

(JADEA)

Ahora gime. Hazlo como una perra.

(GIME DE PLACER)

Eso, eso.

(IMITA GEMIDOS DE PERRO)

Eso es.

(CUASI AULLA)

Agudo, agudo.

(ALCANZA EL CLÍMAX)

(Golpes rítmicos)

(ELLA EMITE AULLIDOS CORTOS)

"Estuvo muy simpático toda la semana

y me hizo el primer regalo desde que me regaló a Elvis."

¿Y esto?

Para ti.

(RÍE SIMPÁTICO)

(SE QUEJA)

Espera.

-Este. (HELGA) Vale.

Pues 2,20.

Gracias. Hasta luego.

No lo llevas puesto.

Me lo pongo en casa, pero me lo quito para salir.

¿Para qué te lo vas a estar poniendo y quitando todo el rato?

Déjatelo puesto.

"Un día dijo que él hacía la comida.

Se compró langostinos de Sanlúcar y a mí me puso estofado de carne.

'Dijo' que era estofado de carne.

No estaba malo, las cosas como son,

pero yo hubiera preferido langostinos de Sanlúcar.

A partir de entonces, él hizo siempre la comida.

Ya ni se molestaba en ocultarme de dónde salía el estofado."

Ahora te lo comes sin cubiertos. Verás qué bien.

(CHISTA)

(Golpes metálicos)

Que... he pensado que a lo mejor te gustaría comer con ellos.

No, Emilio, no.

Pero si tiene tu nombre y todo.

Ya, pero... no. Eso no.

¿Por qué?

Porque no. No.

¿Por qué no?

(RIENDO) Porque no.

(IMPACIENTE) ¿Por qué no? ¿Por qué no?

No te rías de mí, ¿eh?

No te rías de mí, ¿eh?

(AMENAZADOR) De mí no te vas a reír, ¿eh?

(IRACUNDO) ¡De mí no te vas a reír!

¡De mí no te rías!

¡Que te quede claro, de mí no te vas a reír!

¡De mí no te rías! ¡De mí no te rías!

¿Qué me miras ahí quieta, coño?

¡No rías, que esto no es una broma!

"Cogió los perros y se marchó a la Casa de Campo."

(Portazo)

"Cuando estás sola, pensando todo el santo día,

es muy fácil encontrar razones para hacer cualquier cosa,

por disparatada que sea.

Cuando le dije que lo haría,

me abrazó y, por primera vez en mucho tiempo,

me besó en el hocico.

Los cambios se habían producido tan poquito a poco

que no me di cuenta de que me había convertido en una perra.

Había cedido un terreno que no iba a recuperar jamás.

Eso sucede muchas veces en la vida,

sobre todo si no haces nada al principio."

¡Helga!

Llevo tiempo pensando una cosa.

Además, ahora que estás en el jardín hay más espacio libre en casa.

Y, bueno,

había pensado que...

podíamos tener un cachorrito.

"Me alegré mucho, porque pensaba que a lo mejor un hijo

me convertía en ser humano para él."

(CONDESCENDIENTE) Ay...

(SILBA) ¡Elvis!

No. No.

¡No!

"No tuvo más remedio que atarme y pegarme."

¡Mírala, mírala!

¿La ves? Venga para allá, ¿eh? ¡Venga y verás! ¡Venga para allá!

(LLORA)

(Trueno)

(CANTA MASSIEL) # El amor es un rayo de luz indirecta,

# una gota de paz, una fe que despierta,

# un zumbido en el aire, un punto en la niebla,

# un perfil, una sombra,

# una pausa, una espera.

# El amor es un suave rumor que se acerca,

# un timbre a lo lejos, una brisa ligera,

# una voz en la calma, un aroma de menta,

# un "después", un "quizá",

# un "a ver", una meta.

# El amor va brotando entre el aire y el suelo,

# y se palpa y se siente, y hay quien puede verlo,

# y hace que te despiertes y pienses en él,

# y te llama despacio rozando tu piel.

# El amor te hipnotiza, te hace soñar,

# y sueñas y cedes, y te dejas llevar,

# y te mueve por dentro y te hace ser más,

# y te empuja y te puede, y te lleva detrás.

# Y de pronto te alza, te lanza, te quema,

# hace luz en tu alma,

# hace fuego en tus venas,

# y te hace gritar al sentir que te quemas,

# te disuelve, te evapora, te destruye, te crea.

# Y te hace viajar en el filo del tiempo,

# remontando los ríos de mil universos,

# y te lleva a la gloria y te entrega a la tierra,

# y te mira y te ve, y piensa y piensa.

# Y de pronto el amor es la luz de una llama

# que se empieza a apagar, y se va y se apaga.

# Es la isla pequeña perdida en la niebla,

# una gota, un "no sé", una mancha, una mueca.

# El amor es la hoja caída en la tierra,

# un punto en el mar, una bruma que espesa,

# un pero en el alma, un sol que se vela,

# un "por qué", un "según", un "ya no", una queja.

# El amor va bajando peldaño a peldaño,

# con las manos cerradas y el paso cansado.

# Te pregunta quién eres para hacerte saber

# que apenas te conoce, que qué quieres de él.

# El amor te hace burla, se ríe de ti,

# mientras tú sigues quieto sin saber qué decir,

# y deseas seguirle y decirle que no,

# que se quede, que vuelva, que comete un error.

# Y el amor desbarata tus grandes ideas,

# te destroza, te rompe, te parte, te quiebra,

# y te hace ser ese que tú no quisieras,

# y te empuja a ser malo y te deja hecho mierda.

# Y te arroja de bruces al último infierno,

# arrancándote el alma, pisándote el cuerpo,

# y te ahogas de ansia de volver a la nada,

y de pronto se para... #

(HELGA) "Esa noche decidí matarlo.

Recordé un libro que había leído recientemente

en el que hablaban del Anarbital,

un poderoso tranquilizante que no dejaba rastro

y que podía conseguirse sin receta en Internet.

Una noche le puse a Emilio diez centímetros cúbicos

de Anabarbital en su pacharán.

Luego salí de casa y me fui unos días con mi madre.

(Aullidos y ladridos)

Se suponía que en esos días

Emilio debería haberse consumido poco a poco,

pero, cuando volví, no me lo encontré consumido.

Busqué una clínica que fuera barata,

que no hicieran demasiadas preguntas y que estuviera lejos."

(Puerta coche cerrándose)

"Y allí me despedí de Emilio para siempre."

(GRITA ASUSTADA)

(NARRADOR) "Ahora volvamos al tren

e imaginemos que Helga Pato abre la carpeta roja de Sanagustín

para buscar un teléfono o una dirección.

Imaginemos que sus ojos no encuentran lo que buscan,

sino que tropiezan con unas palabras

que enseguida llaman su atención."

"Yo nací en una ribera

y la humedad reblandeció mis huesos,

obligándome a guardar cama la mayor parte de mi vida.

Estos años de la vida, los que forjan el carácter

y predicen la conducta futura,

pues esos me los chupé yo yaciente."

Nadie... podrá... evitar.

"La vida penetró en mí por el tamiz opaco de la hermana Araceli,

mi profesora."

Eso lo tengo clarísimo, pero en lo que me estoy liando es...

en la segunda y en la tercera. Es como que una es...

todo lo que luego dentro hay una tercera.

La tercera es parte de la segunda. (MONJA) Exactamente.

Entonces, como las muñecas rusas. Como la muñeca rusa, perfecto.

Ah. Vamos a buscar nuestra muñeca rusa.

Vale.

La tercera muñeca rusa es "Lo que tenga que suceder",

que es una proposición adjetiva...

"No acudí jamás a escuela alguna

ni tuve trato con los muchachos vertebrados de mi edad,

solo con las monjas y los cuidadores

de la residencia en la que vivía."

¿Me puede traer un poco de agua?

"Mis experiencias fueron siempre fingidas y ajenas,

proporcionadas por la lectura o por la pantalla del televisor.

Petrarca, Bécquer, Garcilaso,

Truffaut, Bertolucci...

Bueno, también encontré deleite en las ficciones audiovisuales

que me suministraba el prestador social sustitutorio.

(JADEA DE PLACER)

"Y así, pues, este niño caracol se hizo una idea del mundo

y del maravilloso universo del amor.

Después de muchas vicisitudes médicas,

en las que no voy a detenerme para no fatigarlo,

y gracias a los adelantos que en materia de prótesis

trajo consigo la guerra del Golfo,

me llenaron el cuerpo de hierros. Por dentro y por fuera.

Meses después, la asociación de minusválidos a la que pertenecía

organizó un viaje a París.

Y, bueno, pues... a París que me fui.

(Graznidos)

"Nada más llegar, me robaron la máquina de retratar.

¡Ahí va!

¡Eh! ¡Quieto, quieto!

"Rosa, una mujer coja que venía en el viaje, me consoló.

¿Has visto? ¿Estás bien?

Sí, sí, estoy bien. ¡Madre mía!

Me he despistado un segundo. Lo he visto.

"Luego a ella le quitaron la muleta..."

¡Eh!

No me lo creo, el mismo.

"...y fui yo quien tuvo que servirle de paño de lágrimas.

Parecerá una tontería,

pero para mí fue una decepción que en París se hablara francés.

Este detalle, que todo el mundo sabe,

no se menciona en ninguna obra de ficción que yo conozca

y se convirtió en una pesadilla

cuando salí con Rosa a comprar una muleta nueva."

Señora de Francia...

"Por supuesto, no se me ocurrió buscar "muleta" en el diccionario

y esto me hizo protagonizar esa clase de episodios

que, en el instante de vivirlos, son patéticos

y que, si te casas con la persona que te acompaña en ese momento,

se hacen con el tiempo hilarantes y entrañables.

Y si no te casas,

siguen siendo patéticos hasta que te mueres.

En ese momento no me di cuenta

de que, cuanto más subía a mis ojos en la escala del ridículo,

más puntos obtenía a los suyos en la cuenta del amor.

Conseguimos finalmente una muleta nueva

y regresamos extenuados al hotel.

Una vez allí, ella me ayudó solícita

a quitarme la ortopedia de mis brazos y de mis piernas.

Sin ella, me sentía mucho más desnudo que desnudo,

desestructurado, como... una babosa postmoderna,

casi líquido.

Ella se descalzó de su zapato ortopédico...

como si se despojara de su ropa interior.

Estábamos tan cansados por el esfuerzo,

que allí nos quedamos, boca arriba.

Ella con una pierna más larga que otra

y yo sin mis estructuras,

desvalido como una gamba pelada.

Cogí frío.

Al día siguiente tuve que guardar cama

y Rosa renunció a marcharse con el resto del grupo,

y se quedó a cuidarme.

Pero no supe ver que en ese gesto había algo más que generosidad.

Y es que a mí no se me había adiestrado

para interpretar como amor el brillo de los ojos de una coja.

En todos los libros que yo había leído,

en todas las películas que había visto,

las mujeres enamoradas eran siempre perfectas y simétricas.

No tenían defectos ni tenían, por supuesto, la pata coja.

Y si la tenían, los cabrones de los poetas, escritores y cineastas

las habían ocultado con palabras y prótesis,

mintiendo a la humanidad y jodiéndome a mí la vida,

porque no se me había dicho nunca que era posible enamorarse

de una muchacha deforme.

¿Alguien me puede decir en qué poema de Garcilaso o de Bécquer

hay taras, defectos físicos o simplemente asimetrías?

Y no hablo de imperfecciones de la piel,

que puede ser una hermosa huella del paso del tiempo, etc., etc.

Hablo de tener una pierna más larga que la otra, me cago en la hostia.

Nadie me había dicho que esto que estaba empezando a sentir por Rosa

era el verdadero amor.

Yo esperaba estremecerme, agitarme con espasmos interiores.

Y como no sentí nada de eso, sino un cariño fundado,

una difusa ternura, pues entonces me dije:

'Tú no estás sintiendo amor, Gárate, sino piedad'.

Y cuando Rosa me pidió que me acostara con ella,...

(Música romántica)

yo, que me había prometido a mí mismo hacerlo por primera vez

solo con quien me hiciera sentir lo que he mencionado antes,

le dije que no.

Le dije que no, pero, bueno, al final acabamos haciéndolo.

Acabamos haciéndolo para mi desgracia,

porque con el sexo sucedió lo mismo que con el amor:

todo lo que sabía cuando llegó la primera vez

lo había aprendido de las películas

que en su momento me trajo mi cuidador voluntario.

Nada de enormes pechos y largas piernas.

Bueno, había una pierna larga, sí;

y otra más corta.

Rosa no se lanzó a mí como algunas de las mujeres de la ficción."

Ay, ay... Ay.

"Nada hubo, por tanto, de aquella actividad frenética

ni de aquellos alaridos que a mí me resultaban tan familiares."

Huy...

(ENCANTADO) Eso es. Eso. Yeah.

Oh yeah...

"Y lo peor de todo fue cuando llegó el momento final.

Hice lo que había visto hacer tantas veces

a los profesionales del sexo.

Me sorprendió su reacción.

Lo hice con toda mi buena intención."

Dime.

Escucha.

"Decir, no dijo nada. Se vistió y se fue.

Oí sus pasos desiguales alejarse por el pasillo

y no volví a verla nunca más.

Se borró del tour

y se recluyó en las 'Islas Afortunadas',

de donde era natural."

(Música vanguardista)

(RESPIRA ALIVIADA)

Hola, buenas noches. Me llamo Helga Pato.

Quería dejar un recado para el doctor Sanagustín.

(Vibrador móvil)

¿Sí?

-"Buenos días, Ángel Sanagustín al habla."

-¿Ángel?

"-No estoy seguro de saber quién es usted ni qué es lo que quiere,

aunque me lo imagino.

Sí estoy seguro de que no he perdido ninguna carpeta.

Por favor, no vuelva a llamarme a la clínica ni me moleste."

(Música de violín)

(Música de intriga)

(Timbre)

¿Sí? -Creo que hemos hablado por teléfono.

Perdone que haya venido sin avisar, pero...

no todos los días le ocurre a una lo que me ha ocurrido a mí.

Esta es la famosa carpeta que, por lo visto, no ha perdido.

-Ya le dije que esa carpeta no es mía.

No me moleste más con estos temas.

-Ayer conocí en el tren a un hombre que dijo llamarse Ángel Sanagustín,

ser psiquiatra, trabajar en la Clínica Internacional,

vivir en Galapagar

y tener en su casa un montón de bosas de basura que nadie quería recoger.

Está claro que ese hombre no es Vd.,

pero, quienquiera que sea al que conocí, lo conoce a usted,

y se dejó en el tren esta carpeta.

-Déjala pasar. Esa carpeta es nuestra.

Perdone si mi marido ha sido algo violento, pero...

tenemos muchos problemas con los vecinos por el tema de la basura

y ha pensado que la llamada

tenía que ver con eso.

-No se preocupe. De verdad, lo entiendo perfectamente.

-O mucho me equivoco

o la persona que usted se encontró en el tren era esta.

Es mi hermano Martín.

-¿Martín? ¿Martín qué? -Martín Urales de Úbeda.

Entonces usted es Amelia. Y usted es Ángel.

-Mi hermano Martín está enfermo.

Teóricamente, está ingresado en la Clínica Internacional,

pero allí tienen unas ideas muy avanzadas sobre salud mental.

Dicen que a mi hermano hay que tenerlo en régimen abierto,

para que se integre en la sociedad.

Dicen que es inofensivo. (ÁNGEL) Y lo es.

-Matar, no va a matar nunca a nadie,

pero no es la primera vez que hace una cosa así.

-Hablar con la gente forma parte de su terapia de rehabilitación.

-¿Mentir forma parte de su terapia?

¿Suplantar personalidades?

¿Confundir a la gente forma parte de su terapia de rehabilitación?

-Si la gente se cree lo que Martín o cualquier otra persona

le cuenta en un tren,

es problema de la gente. ¿No le parece?

¿O hicieron un acuerdo de sinceridad

que le obligase a él a decir la verdad?

(AMELIA) ¡Ángel!

-Mire,

Martín padece una esquizofrenia paranoide de gran riqueza sindrómica.

No hay trastornos afectivos, pero la personalidad está escindida.

Sufre alucinaciones y delirios, y...

en ocasiones siente que es otro y vive como si lo fuera.

Es lo que en lenguaje corriente se llama "doble personalidad".

Actualmente, por lo que usted dice, vive como si fuera yo.

Los papeles de esta carpeta parecen testimonios de esquizofrénicos,

pero es un puro disparate, no tiene ni pies ni cabeza,

cosas que se habrá inventado.

-Esa es la razón por la que estoy aquí.

Estoy interesada en estos papeles, me gustaría publicarlos.

-¿Publicarlos?

(HELGA) Me da igual si son reales o no. Son buenos.

Como editora, pienso que ahí hay una buena novela.

-Imagino que... lo que debería hacer es hablar con él, claro.

-Si hace eso,

no le diga que ha estado aquí, no le diga que nos conoce.

Y, por favor, no lo llame Martín, llámelo Ángel.

(AMELIA) Si quiere, le doy la dirección.

-No. No, no hace falta.

¡Doctor Sanagustín! ¿Se acuerda de mí?

Nos conocimos el otro día en el tren.

Ah, sí, sí. Claro, claro.

Pues... me pilla usted de casualidad.

He venido a inspeccionar los papeles de Martín Urales de Úbeda.

(ASIENTE) ¿Quiere acompañarme?

Ya le dije que el olor era insoportable.

Comprenderá lo importante que es este momento para mí.

Por aquí.

(SORPRENDIDO)

Mire, mire, mire...

Voy a necesitar más tiempo del que creía.

Mire, mire, mire.

Mire, mire, mire. Aquí hay de todo. Mire.

Claro, mucha protección de datos,

mucho discutir sobre si nos controlan o no cuando usamos Internet,

o cuando pagamos con tarjeta de crédito, pero luego

no nos importa sentarnos en nuestra íntima taza del váter...

y suministrar despreocupadamente...

los aspectos más ocultos de nuestra personalidad.

¿Es así es como... abrimos nuestro corazón a los demás?

No somos más que un puñado de mierda.

Un puñado de mierda y un 80% de agua.

Mire, doctor, yo en realidad he venido a verle porque...

he estado leyendo el contenido de la carpeta que se dejó Vd. en el tren

y estoy interesada en publicarlo.

¿Publicarlo? Soy editora.

¿Editora? Sí.

¡Qué barbaridad!

Yo el lunes que viene hace...

siete años y dos meses que dejé de leer.

Antes sí leía,

pero ahora, desde que leo con ojos de psiquiatra,

no me creo una palabra.

La verosimilitud me aburre.

¿Por qué tanto esfuerzo de libros y películas en parecer reales

si todo el mundo sabe que no lo son?

Hombre, hay una cosa que se llama "suspensión de la incredulidad".

La verosimilitud está sobrevalorada.

-Mira, según los bomberos,

aún es pronto para saber si el incendio es provocado

o si se ha debido a una combustión por los gases de la basura. Corto.

A ver, chicos, el acceso al sótano no es seguro todavía.

¿Pero queda alguien más en el sótano?

-Martín...

Martín Urales de Úbeda.

"Decía que se llamaba Ángel,

pero se llamaba Martín."

(Vibrador móvil)

¿Sí?

Sí, soy yo.

-Realizaríamos un corte aquí, a la altura de la frente,

para acceder al lóbulo prefrontal.

De todos modos, como comprenderá, se trata de una operación...

delicadísima.

Y, por esa razón, necesitamos su autorización.

Solo tendría que firmar aquí.

Bien.

Bien.

¿Le apetece un poquito de conversación?

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