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El Ministerio del Tiempo

"La leyenda del tiempo", "El monasterio del tiempo" y "Tiempo de esclavos", los tres capítulos favoritos de los ministéricos

  • Los seguidores de El Ministerio del tiempo han podido votar por su capítulo preferido de cada temporada
  • El final de la primera temporada, con Lorca, el más votado de todos con un 31%
  • Puedes ver los tres capítulos mejor valorados a la carta en nuestra web

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 Los tres mejores capítulos de El Ministerio del Tiempo
Los tres mejores capítulos de El Ministerio del Tiempo

Sabíamos que no era fácil decantarse por un solo capítulo de El Ministerio del Tiempo, por eso, en RTVE Digital quisimos saber cuáles eran los favoritos de cada temporada. Durante una semana han podido votar y ya tenemos los resultados: el final de la primera temporada, la cena de Angustias con Napoleón y la despedida de Amelia son los tres episodios preferidos para los ministéricos. 

Temporada 1: La leyenda del tiempo

Es el capítulo 8 de la serie, el final de la primera temporada. El emocionante encuentro de Julián con Lorca, y el capítulo más votado de la temporada con un 31% de los votos, lejos del 19% del segundo episodio, Tiempo de gloria, donde conocimos a Lope de Vega. En esta encuesta, el bronce se lo lleva Una negociación a tiempo, el capítulo 4 de la serie y en el que aparece Isabel la Católica, con un 14%. 

La leyenda del tiempo es un inolvidable capítulo para cualquier ministérico en el que podemos viajar a 1923, a la residencia de Estudiantes y conocer a Buñuel, Dalí y Lorca. Amelia, Alonso y Julián viajan hasta allí para recuperar una tablet que aparece en una película, pero lo que se encuentran es un ataque organizado al propio Ministerio. Recuerda todo lo que pasa con el capítulo completo en nuestra web. 

No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - Temporada 1 - Capítulo 8: La leyenda del tiempo - Ver ahora
Transcripción completa

Es guapa esa muchacha.

Hay un montón de bancos vacíos en el parque.

¿Por qué tiene que sentarse en este?

Para que no esté usted solo.

Es evidente.

¿La conoce?

No, no la conozco. Pues por cómo la mira...

¿Nos hemos visto antes?

No creo.

Me acordaría.

Me llamo Federico.

Julián.

(Ruedas chirriando)

(Buscapersonas)

(Buscapersonas)

(Buscapersonas)

(Sintonía "Ministerio del Tiempo")

Caballeros, señorita,

tienen una misión importante que cumplir.

¿A qué época debemos viajar esta vez?

Al año 1924, concretamente a la residencia de estudiantes de Madrid,

buque insignia de la educación y la cultura española.

Sigue abierta, ¿no? Ajá, afortunadamente.

Gracias a Dios España conserva aún alguna de sus glorias.

Para que entiendan la importancia de esta residencia,

de los siete premios Nobel que tiene España,

cuatro pasaron por allí.

Ramón y Cajal, Severo Ochoa,

Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.

Y no solo eso. Grandes genios dieron allí conferencias,

como Marie Curie, Ígor Stravinski

o Albert Einstein.

Me gusta ese bigote. Perdón.

Estaba recopilando la última documentación para la misión.

Tras varias semanas de descanso, Irene se incorpora con nosotros.

Coordinará la misión.

Bien, en el año 1924 los estudiantes de la residencia

interpretaron una obra de teatro. Sí, "La profanación de don Juan",

una adaptación de la figura del tenorio de Zorrilla.

A ese lo conozco. Parece que un tal Antonio Lancha

quiso hacer una película sobre la obra

y hemos recibido el cartel que Salvador Dalí dibujó para ella.

Pero eso de ahí es una "tablet". Exacto.

Una "tablet" en 1924, y Dalí era un visionario, pero no tanto.

Por eso tienen que ir allí inmediatamente,

porque ni ese era el estilo de Dalí

ni la "tablet" se había inventado aún.

¿A qué estamos esperando?

A que yo termine de hablar, leche. Ah.

¿Por dónde íbamos? Ah, sí.

Ahí donde los ven,

el propio Salvador Dalí interpretaba a don Luis Mejía,

Luis Buñuel, gloria de nuestro cine, era don Juan Tenorio,

y Federico García Lorca interpretaba al escultor.

Junto a Picasso, constituyeron un nuevo Siglo de Oro

para la cultura española. Exacto.

Entonces España no era ni mucho menos una potencia,

como ocurría con Felipe II, lo cual tiene mucho mérito.

Como todos ustedes saben,

la misión del Ministerio es evitar que alguien reescriba nuestro pasado

y preservar nuestra memoria histórica.

En sus manos está protegerla.

¿Ya os encontráis bien? Sí, ya estoy mejor. Gracias.

¿Y tú? Nos diste un buen susto. Sí,

pero parece que Dios ha decidido

que aún no ha llegado mi hora de dejar este mundo.

¿Te pasa algo? No, ¿por qué?

Te ha cambiado la cara cuando has visto a ese tal García Lorca.

No te lo vas a creer,

pero es que esta noche he soñado con él.

No veo claro que Irene dirija esta operación.

Explíquese.

Bueno, ha recibido un golpe muy duro.

Primero lo de Leiva, después su mujer abandona la casa...

Creo que necesita más tiempo para recuperarse.

Lo que necesita para recuperarse es trabajar.

Además, ella misma me pidió volver.

No sé, me dijo que se le caía la casa encima

dándole vueltas a lo de Leiva.

-También me gustaría hablar de ese tema.

Ella fue la última que lo vio antes de su fuga.

Pero... Pero por Dios,

se limitó a darle unas simples pastillas para la tos.

Tuvo la piedad que yo debí tener hace tiempo.

El caso está cerrado.

(Puerta abriéndose)

(ANGUSTIAS) Les traigo dos cafelitos recién hechos.

Gracias, Angustias. -Gracias.

Pero llego tarde a una reunión.

(Puerta cerrándose)

¿Le pasa algo? -No, ya conoce a Ernesto.

El trabajo por encima de todo.

"Le dijo la sartén al cazo".

¿Cuánto se tomó el último día libre?

Hay demasiado trabajo, Angustias. -Hay días que mejor no trabajar.

Hoy es el aniversario de su boda, ¿verdad?

Ajá.

¿No se ha sentido nunca tentado de ir a al pasado,

de volver a ver a su esposa?

¿Para qué, para volver y echarla de menos con más fuerza?

Los recuerdos te ayudan a continuar vivo,

aunque duelan.

Pero si te dejas arrastrar por la nostalgia,

estás muerto.

¿Vais a ver a Goya? Sí.

Voy a contemplar cómo pintó los Frescos de la Florida.

Dibujando no era muy bueno, pero tenía una fuerza enorme.

Hoy es el día de los pintores. Nosotros vamos a ver a Dalí.

Ah. ¿No os gusta su obra?

Dibujaba como Dios.

Era capaz de hacerte una anunciación perfecta en una uña.

Eso tiene su mérito, ¿no? Lo tiene.

Ni yo sería capaz.

Pero el arte no solo es técnica.

Es... Es pasión, es... es...

tener algo que contar. Es alma.

Y de eso Dalí tenía poco.

Aunque he de reconocer que tenía una gran virtud.

¿Cuál? Me admiraba.

De hecho me plagió el bigote.

Buen viaje, amigos. Igualmente.

Nunca he visto a nadie más pagado de sí mismo.

Esta es la puerta, la 891.

La salida da exactamente a tres manzanas de la residencia.

Y este es el plano. Sé dónde está.

Muy bien. Allí os estará esperando un agente del Ministerio, Ortigosa.

Os dará toda la documentación necesaria sobre la época,

y lo más importante, los carnés de la residencia de estudiantes.

Suerte.

(Puerta cerrándose)

¿No te gusta "El tenorio"? La primera vez que la vi me gustó,

pero acabé harto. La ponían todos los años en la tele

la Noche de Difuntos. ¿Por qué razón?

A don Juan se le aparecen espíritus.

Mal asunto hacer chanzas con estos temas.

Ahora es peor, con Halloween. "Hal"...

¿Qué es eso? Una tradición yanqui.

La gente se disfraza de zombis, cosas así, y se van de fiesta.

Qué vergüenza. A los muertos se les debe un respeto.

Mirad, yo he matado a muchos hombres en la batalla,

pero después siempre recé por su alma.

Pues cuidado, no se te vayan a aparecer para darte las gracias.

No tentéis al diablo.

Señores, la residencia de estudiantes.

La fábrica de genios. (ALGUIEN CHISTA)

Soy yo, Ortigosa.

¿Amelia Folch? Sí, soy yo.

Pues tenga, su documentación,

sus carnés de estudiantes y todo eso.

Tienen que ir al teatro.

Digan que son los nuevos. Con eso basta.

¿Era necesario disfrazarse de jardinero?

No es un disfraz. Soy jardinero.

Ah. Lo del Ministerio

es para sacar un sueldillo para final de mes.

Por cierto, tengan cuidado.

Aquí la gente está un poco "p'allá".

Hacen cosas muy raras.

Se lo digo yo. ¿Cosas raras? ¿Como qué?

¿Le parece normal correr en pelotas con el frío que hace?

Qué salud tiene este Buñuel.

Te ha guiñado un ojo el director más grande del cine español.

Bueno, lo será. Él todavía no lo sabe.

¿Cómo podemos ensayar si no tenemos don Juan?

¿Y Buñuel?

Creo que está corriendo por el parque en pelota viva.

Esto es una vergüenza.

Yo esperaba una escenografía, ¿y qué tengo, eh? ¿Qué tengo?

Una tela colgada de mierda.

Salvador, ¿tú no eres un pintamonas?

Pues pinta, que por algo te he dado un papel en mi película.

-Perdona.

Tu película es nuestra obra de teatro,

que no se te olvide. -Tú cállate, Federico.

Me prometiste cambiar el libreto

y está como estaba... ¿No es con el que soñaste?

...plano. El mismo.

Sin giros dramáticos. -Hombre, es "El tenorio".

Seduce a una monja y se encuentra con el espíritu.

¿Te parece poco? -Sí,

pero esto es cine y no se oye como en el teatro.

Yo necesito expresar con gestos

y no veo por ninguna parte esa dramática sensación telúrica

que yo necesito para controlar mis imágenes.

Ay, qué desgracia ser engolado.

Pepín.

¿Por qué no llevas el traje de comendador?

No me gusta cómo me queda. -Pero es tu personaje.

¿No lo ves? Tu personaje.

Mira, yo no puedo más, de verdad.

¿Sabéis cuál es vuestro problema?

Que os creéis que habéis nacido artistas

y no tenéis ni idea de lo que es el arte.

El verdadero arte es asumir la trascendencia

de los tiempos cambiantes.

Yo no me he "enterao" de "na". -Porque eres una ignorante, Rosita.

A ver, ¿quién fue el imbécil que te dijo que ibas para estrella

por cómo iluminas la escena,

si tú iluminas menos que una bombilla del árbol de Navidad?

Ha pasado un ángel. -Sí, ha pasado un ángel.

Se ha ciscado en tu puñetera madre. Este necesita

que le peguen un par de mandobles. ¿Perdón?

¿Quiénes sois vosotros?

Los nuevos. ¿Podemos ayudar en algo?

Tráeme un poco de agua, niña, y algo para la cabeza,

que me va a estallar con tanta mediocridad.

Apártese. No, yo estudio Medicina.

Que se aparte, por favor.

¿Dónde podemos llevarlo para que descanse?

A... mi habitación.

Estoy mareado, ¿eh?

¿Qué me ha pasado? Es diabético.

Debería hacer dieta e inyectarse insulina.

¿Eso qué es?

Nada. Usted descanse.

Perdone, ¿cómo...? ¿Cómo ha sabido que era diabético?

Aliento dulzón, sed, ganas de orinar, náuseas, pulso agitado,

debilidad y sobrepeso.

Yo también estudio Medicina.

Sí, y veo que está muy enterado de los avances científicos.

La insulina se ha comercializado este año en Alemania,

pero aquí no ha llegado. Intento estar al día, como tú.

(Puerta abriéndose)

¿Cómo está el enfermo?

Pues muchísimo mejor, y todo gracias a...

Julián, me llamo Julián.

Yo me llamo Silvia. Encantado.

Igualmente.

Bueno, me voy a ir tirando que mejor que quede en silencio...

Bueno, adiós.

¿Por qué me mira así?

¿Usted y yo no nos hemos visto antes?

No, no. Debe de confundirme con otra persona.

Me extraña.

Soy de los que cuando ven una cara no se olvida.

¿Encontráis algo? No.

Amelia.

Tenemos que volver al Ministerio. Voy a avisar a Julián.

El asunto es más grave de lo que imaginaba.

Eso pienso yo.

Esta foto tiene el sello del Ministerio.

¿Qué insinúa? No insinúo nada.

Me gustaría saber si tienen nuestra vida entera en fotos.

No, el Ministerio no tiene ningún archivo de este tipo.

El asunto es saber quién consiguió la foto,

porque falsa no es.

Es de 1883.

Y parece de su boda. No puede serlo.

¿Amelia?

No lo sé.

Es de un futuro que todavía no he vivido.

Tal vez sea el momento de contar algo, ¿no?

Estamos deseosos de escucharla.

En la misión del rabino Amelia tenía problemas con su madre.

La vigilaba y eso ponía en peligro la misión.

"Esto es personal. No tenía derecho a leerlo.

Mañana irás a casa de los Nadal a merendar.

Ya se lo he dicho a la madre. No".

Así que...

decidimos prometernos.

"Y tengo que decirles dos cosas muy importantes.

La primera es que Amelia y yo queremos casarnos

y espero que den su consentimiento".

¿Se prometieron? Sí, pero poco.

¿Me lo puede explicar?

"Lo otro que no les dije es que la boda no se celebrará de inmediato.

¿Y eso por qué?".

Era todo una mentira para que la dejaran en paz.

Por eso lo de la Guerra de Cuba.

Pensamos que la cosa volvería a la normalidad.

Yo mismo se lo propuse.

(ERNESTO) Parece que los que guardaban un secreto

eran ustedes, no nosotros.

¿De verdad no lo sabían?

Mujer, os habríamos regalado algo.

Y por algún motivo...

no sé, seguimos adelante con la mentira.

Ajá. ¿Está seguro? Segurísimo.

Tanto como que esta misión es una trampa.

¿Una trampa? Yo no lo entiendo. A ver,

aparece un cartel de la película con una "tablet" en 1924.

Vamos allí y sin venir a cuento encontramos esta foto.

Mucha casualidad, ¿no?

Estoy de acuerdo.

La cuestión ahora es saber quién está detrás de ella.

Ajá.

¿Alguna idea?

Hablar con todos.

Especialmente Dalí.

Él pintó la "tablet". Él sabrá dónde la vio.

Amelia, por favor, ¿no creerás que es verdad?

Acuérdate que fue todo un montaje para que tu madre te dejase en paz.

Para ser un montaje es muy creíble.

Esta foto es verdadera.

Mira, llevo la diadema de mi madre, algo prestado,

y la mantilla de mi abuela, algo viejo.

Igual tuvimos que seguir con el engaño y nos hicimos esta foto.

¿Quieres viajar a ese año

y lo comprobamos? No, mejor no.

¿Por qué no? No quiero saber de mi futuro.

(SUSPIRA)

Hay una cosa que tienes que tener muy clara.

Yo no soy tu marido ni el padre de tu hija.

¿Cómo sabes...?

Me seguiste al cementerio.

Sí, te seguí.

No podía dejarte sola.

¿Y por qué no me lo dijiste?

Porque tú nunca me contaste que habías ido a ver tu propia tumba.

Amelia, eres mi amiga y mi compañera de patrulla.

Tengo que cuidar de ti igual que tú lo harías de mí.

Pero esta foto es una farsa

para que tu madre te siguiera dejando en paz.

Amelia, yo te quiero un huevo.

¿Eso es mucho? Lo más.

Pero como amiga.

Yo solo querré a una mujer esta vida y esa mujer es Maite.

Es la única cosa de la que estoy seguro ya.

Es guapa esa muchacha.

(Ruedas chirriando y golpe seco)

(Murmullos)

Qué lástima.

Tan joven...

Es él.

Otra mala noche, por lo que veo. Sí.

Ya no distingo lo que es sueño de lo que es realidad.

Como ahora. Irene.

¿Qué tal? Cuánto tiempo.

Pues sí, desde que nos encerraron en la prisión de Argamasilla de Alba.

Por favor, no me lo recuerdes.

Teníamos que pasarle material de escritura a Miguel de Cervantes

o no terminaba "El Quijote".

Disculpe, ¿usted no es...?

No se fíe de las apariencias.

A veces engañan... y otras veces no.

Bueno, os dejo que llego tarde a la misión.

Suerte. Hasta luego.

Hasta luego.

O sea, que viaja en el tiempo.

No es el único personaje conocido que tenemos en nómina.

¿Y a qué misión va? Pues a grabar el concurso.

¿No es verdad, ángel de amor,

que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?

Seguid. Pasión, arte.

Sigue, venga.

Pero ¿por qué cortas, si está quedando perfecto?

A mí no me toca nadie si no es mi marido.

Cuando lo tenga. -Rosita,

el arte está por encima de la moral.

Soy una actriz. No soy una cualquiera.

Venga, cinco minutos de descanso.

¿Y a esto lo llamas trabajar? Nunca entenderé esto del cine, de verdad.

Yo no entiendo por qué se pone así esta criatura.

Qué manía con desnudarse.

Picasso tuvo su etapa azul y su etapa rosa,

y Buñuel está ahora en su etapa naturista.

Señores, me alegro de verlos.

Muchas gracias por lo de ayer.

Veo que la dieta no va con usted.

No, a mí no me hace falta dieta.

Me hace falta un apuntador. Tú mismo.

¿Yo? Ajá. Y alguien que vaya a por Dalí

para la siguiente escena. Voy yo.

Yo lo acompaño. -No, menor voy yo,

que me conozco bien el camino.

Como verás, a Julián le salen admiradores por todas partes.

Habla tú con ella y yo voy a consolar a doña Inés.

-¿Por qué le extraña que a Buñuel no le guste el cine?

No sé. Creo que le pega eso de estar detrás de una cámara.

Luis quiere ser ingeniero agrónomo, no artista.

A él el surrealismo le parece... una mariconada,

y yo un maricón, por supuesto.

Y no voy a negar que me gusten los hombres, pero...

odio las plumas, los marabúes y los afeminamientos.

Bien, me parece bien.

¿Está muy lejos la habitación de Dalí?

Quiero hablar contigo, Julián.

Y tranquilo, que no quiero nada de ti.

Yo amo a Salvador.

¿Y qué me quieres decir?

¿Tú vienes del futuro?

No, yo vengo de Carabanchel.

¿Por qué me preguntas eso?

Porque parece que vienes de allí,

de donde la gente corre con pijamas de colores.

Yo he soñado contigo, Julián.

Frente a nosotros corría una muchacha morena

que después aparecía tumbada en el suelo...

sangrando.

¿Has soñado tú conmigo?

(Pasos acercándose)

-Pues hala, a hacer el ridículo.

¿Vamos? -Vamos, sí.

Yo ahora voy, que tengo que ir al baño.

El baño está arriba. Vale, gracias.

(Puerta cerrándose)

Dicen que yo no valgo para ser actriz.

Pues yo me he hecho mis obritas y me he cantado mis cuplés.

¿Tú sabes que de mí se ha dicho que yo ilumino la escena?

Es que la iluminas, Rosa.

¿De verdad?

Como al parque la luna llena.

Huy, ¿y ahora qué te pasa, tonta?

Que lo que me ha dicho es muy bonito.

Pero ¿esto existe?

Pensaba que era todo imaginación de Salvador.

Oye, ¿y es de mucho valor? Bastante.

Descuida, que si sé de ella te informaré.

Julián y tú sois amigos, ¿no? Sí.

Y nada más que eso. No, nada más.

Debo de parecerte demasiado curiosa con tanta pregunta.

¿Por qué ibas a parecérmelo? Pues porque Julián me encanta.

He metido la pata.

No, no la has metido, pero vamos a sentarnos un momento.

Por favor, dime que no está casado.

No, no lo está. ¿Entonces?

Verás, Silvia, deberías centrarte en tus estudios.

Vas a ser mujer y médico, y no muchas pueden conseguirlo.

Ya, si mi madre siempre me dice lo mismo.

Ella también estudió.

Bueno, y mi abuela fue una de las primeras mujeres

que fue a la universidad. En Barcelona.

Y se llamaba igual que tú. ¿Amelia?

Ajá, Amelia Folch.

Siempre acaba apareciendo Lola Mendieta.

Nunca debieron haber pactado con ella.

Quiero que todo esto se corte de raíz.

¿Algo más? -Sí.

He investigado con Angustias las últimas subastas

por si había obras de Dalí. -¿Qué han averiguado?

Bien, se han vendido tres cuadros que los expertos dudan de su estilo,

pero no de su trazo.

Es como si el Dalí de los 40 hubiera pintado años antes.

¿Hace cuánto de eso? La primera hace un mes,

la última la semana pasada. -¿Un mes?

¿Y nos enteramos ahora?

¿No era Irene la que se ocupaba de estos temas?

Hablaré con ella al respecto.

Por cierto, ¿dónde está?

Se ha quedado en la residencia.

Cree que Rosa, la que hace de doña Inés,

puede tener pistas sobre la "tablet".

Irene, yo no sé si esto está bien.

¿Bien?

Pero si va a estar fenomenal.

(RÍE)

Mira, ¿sabes lo que te digo?

Que para una vez que alguien me trata con cariño,

yo me lanzo y que salga el sol por Antequera.

Esperemos que saque algo en claro.

Hay algo que no me cuadra.

Lola siempre suele moverse por interés económico.

¿Por qué dejó la foto de la boda de Julián y Amelia?

La mala gente hace cosas malas. Lo aprendí siendo pequeño.

O tal vez haya decidido dar un paso adelante

y conseguir que Amelia y Julián investiguen sobre su futuro

para cambiar el destino. No hay nada que investigar.

Eso espero, porque con el destino no se juega en este Ministerio.

Cuando terminen esta misión tendremos una reunión

y se van a acabar las tonterías.

Ahora centrémonos en el tema. Sí, será mejor.

Veamos el lado bueno del asunto.

Ah, pero ¿lo hay? Sí.

Si se ha subastado una obra de Dalí la semana pasada, Lola sigue cerca.

Está usted muy callada, Amelia.

¿Le pasa algo? No, nada.

Bien, entonces la clave está en Dalí.

Yo me encargo de eso.

(ROSA) (SUSPIRA) Estoy temblando...

de emoción.

Y de miedo. Tranquila,

que yo no se lo voy a decir a nadie.

No, no, si no es por eso.

Bueno, que también.

Pero me fío de ti.

Yo estoy acostumbrada a guardar secretos.

¿Y a qué más tienes miedo?

Mi madre...

decía de un mariquita que había en el pueblo...

que quien probaba con él luego ya no quería conocer mujer.

Y que eso siempre pasa cuando te acuestas con quien no debes.

Antes me has dicho que querías pedirme un favor.

Dímelo.

Yo por ti hago lo que sea.

Me parece que se ha sentado usted muy rápidamente.

Y perdone que sea descortés. ¿Tiene prisa?

Mucha. Tengo una reunión muy importante y no puedo llegar tarde.

Con su mecenas.

¿Y a usted qué le importa?

Me han dicho que una mujer le compra todo lo que pinta.

Ajá. Federico, ¿verdad?

Pero qué chismoso es. No, no ha sido él.

Y entonces, ¿cómo lo sabe?

Rumores.

Rumores...

No intente usted defenderlo.

Lo ha embaucado a usted también. No lo culpo, amigo.

Federico es capaz de venderle un bañador a un esquimal.

Es encantador y yo lo aprecio, pero es que él...

él busca algo que yo...

yo no busco.

¿Me entiende? Me hago una idea.

Y yo no sé qué hago hablando de estas cosas con usted.

Que tengo prisa, de verdad, ¿eh? Hábleme de esa mujer, por favor.

¿Y por qué quiere conocerla?

Bueno, yo... también pinto.

Ah. Razón de más para no presentársela.

Pero yo creo como usted en... en un nuevo arte.

Un nuevo arte.

Hay solo un arte,

y en pintura es el arte de Zurbarán y el de Velázquez.

Grande Velázquez.

Estoy pensando en dejarme el bigote como él,

a ver si así se me pega algo de su talento.

Todo el mundo hablando del nuevo arte para hacerse el interesante,

y lo peor es que tenemos que hacernos los excéntricos

para que nos consideren artistas modernos.

Qué harto estoy.

Pero ¿no cree usted en... en el cubismo?

No. ¿Y en el surrealismo?

Menos. ¿En qué cree entonces?

En lo que más dinero dé.

Has estado genial. No ha habido manera.

Amelia, ¿puedes venir un momento?

Yo también voy a empezar a prepararme.

¿Me acercáis el libreto de apuntador?

¿Qué es esto?

"Para Alonso".

¿Otra foto?

Es Blanca.

Mi mujer.

"Puedes evitarlo". Será miserable...

Y también lleva el sello del Ministerio.

Alguien va a pagar por esto.

Pero ¿dónde se meten ustedes por las noches?

Conozco un sitio con buen vino

y podemos hablar de nuestras cosas tranquilamente.

Y va a ser él.

¡Eh! Alonso, que te pierdes.

Así no se trata a las damas.

Mancillad su honor y os las veréis conmigo.

¿De qué siglo viene usted, amigo?

De uno en que los hombres se comportan con las mujeres

como caballeros; y si no es así, lo pagan.

Alonso, por favor, no es para tanto.

¿Me amenaza? ¿Se quiere batir en duelo?

¿Podríamos llegar a una acuerdo? Tú pides excusas y tú las aceptas.

Jamás. Nunca.

Me voy con Irene.

Si queréis un duelo, lo tendréis.

Elegid vos las armas.

Armas. A puño vivo, amigo, que lo mío es el boxeo.

¿Qué es eso?

El boxeo es un deporte de caballeros donde solo se usan los puños.

¿Solo los puños? Sí.

¿No se puede morder?

No.

¿Y arañar? No, claro que no.

¿Tampoco se pueden dar cabezazos? Tampoco, Alonso.

¿Y a eso lo llaman pelear?

Pues ya está.

¿Estás bien? Sí.

Solo hay una cosa más estúpida que el ser humano en general.

¿El qué? Cada hombre en particular.

(CARRASPEA) ¡Dormid!

¿Acaso les habéis pagado? ¿Qué broma es esta?

Broma ninguna con los muertos.

¿Quién sois? -Bien lo sabéis,

el fantasma del comendador.

Os advierto que si no sois el muerto fiambre saldréis de aquí.

Decidme, ¿qué queréis?

-Con vos quiero hablar, don Juan,

que vendréis conmigo para recibir castigo,

pues os reclama Satán. -¡"Vade retro".

-Eso es, don Juan, que se va concluyendo vuestra existencia,

y el plazo de la sentencia fatal ha llegado ya.

¿Qué queréis?

Os digo que hace poco perturbasteis a mi Inés,

que no hay mujer más santa.

Vuestra alma es condenada a vivir días malditos,

y por sus crímenes y delitos no tendrá gloria ni perdón.

Oh, esto un sueño ha de ser.

-Vuestra hora va a expirar

y doblando las campanas por vos están

y cavando la fosa en que os han de echar.

Acompañadme, rufián.

(DON JUAN) (ATERRADO) No, no.

¡No!

Cortamos.

No me digáis que no os ha gustado.

Es lo mejor que he visto en mi vida.

-Muy bien. Muy, muy bien.

Silvia, sube. Blanquea más a Pepín.

Vamos a la siguiente escena, ¿vale?

¿Julián? Dime.

He encontrado este sobre a su nombre.

Gracias.

-Más convulsión, más que estéis viendo ahí... todo.

Don Juan ha subido, ha bajado, ha vivido...

Lo ha hecho todo don Juan, ¿vale?

Tiene que ser...

grande.

(MASCULLA) Hijos de puta.

Tranquilo, tranquilo.

Me parece que Lola no va a venir.

Mejor volvemos a la residencia.

Vamos.

(Pasos acercándose)

¿Y Lola? No ha llegado a su cita.

(MUJER) (LLORA)

Esa es la joven de los "affaires". Esperad un segundo.

Amelia, por favor. Un segundo.

(MUJER) (LLORA)

¿Qué haces aquí escondida?

¿Sigue Julián sentado ahí fuera? Sí.

Bueno, pues no quiero salir hasta que se vaya.

Es que...

he sido tan tonta, Amelia.

Tenías razón. No puedo ilusionarme con ningún hombre.

Lo que tengo que hacer es terminar mis estudios.

Me alegra oír eso.

¿Por qué no me dijiste la verdad sobre Julián?

Me hubieras evitado el disgusto, ¿no?

¿Qué no te he dicho de Julián? Que le gustan los hombres, Amelia.

Lo que oyes. Esta tarde me lo he encontrado...

abrazado a Federico como una lapa y...

y te aseguro que Federico no es de los que les gustan las mujeres.

Es que... Es que no entiendo cómo los únicos hombres interesantes

o están casados o...

o son homosexuales. Es que no es justo, Amelia.

Es que...

ese hombre lo tiene todo, es...

educado, inteligente y...

y va a ser un médico estupendo,

porque no sabes cómo se las apañó el otro día con el director.

Además es tan guapo...

Sí.

Lástima que tenga el corazón en otros asuntos.

Vamos, anímate.

Esto es una tontería. Se te pasará enseguida, te lo prometo.

Gracias. ¿Por qué?

Bueno, por preocuparte por mí.

Nunca pensé que iba a decir esto.

Estoy decepcionado y mucho.

No encuentran a Lola Mendieta,

usted se pelea con Buñuel por el honor de su compañera.

Por Dios y por la Virgen, Alonso.

Estaba en 1924, no en su época.

Usted es una máquina de matar,

un soldado como no hay otro en el Ministerio.

Lo siento. No me pude controlar.

Después de ver esto tuve que sacar toda la rabia

que tenía dentro de mí. ¿Otra foto?

Y con el sello del Ministerio.

¿Qué pasa, que tienen un álbum de nuestras vidas?

Julián, ¿adónde va? Estoy harto de tanta mentira

y de jugarme la vida por el Ministerio.

Me importa una mierda la "tablet" que pintó Dalí.

Salvamos la vida del Empecinado,

cuando el rey se lo iba a cargar igual.

Lorca es de puta madre, pero no puedo evitar que lo asesinen

como no puedo evitar que mi esposa muera.

Julián, espera.

Creo que tenemos que hablar.

Y será mejor que lo hagamos fuera del Ministerio.

Si el objetivo de Lola Mendieta era minar la moral del Ministerio,

lo está consiguiendo.

Silvia es vuestra nieta. Sí.

¿Y por qué no nos lo habías contado antes?

Pensé que era casualidad, pero después de la foto de tu esposa...

No es la única foto.

Vos también.

Julián, no podemos dejarnos arrastrar por la rabia y el dolor.

Eso es precisamente lo que Lola está buscando.

Primero ataca al Ministerio con el cartel de esa obra de teatro

y nos hace estar allí.

Luego nos ataca a nosotros recordando nuestro pasado

para que nos rebelemos. No me faltan ganas de hacerlo.

¿Y vos qué decís?

No tengo claro que sea Lola.

No es de mi devoción, pero no para llegar tan lejos.

¿Y quién si no?

Aunque le agradezco una cosa.

Me ha abierto los ojos.

(Móvil, vibrador)

Quiere hablar conmigo mañana en la residencia.

A solas.

Os equivocáis de culpable y lo sabes, Amelia.

Si no, jamás habrías quedado conmigo a solas.

¿Y la "tablet"? Mía.

Me dejé el bolso en la habitación de Dalí

y el muy fisgón me lo miró todo.

Cuando me di cuenta ya estaba dibujada.

Entonces eres culpable,

tanto como de encargar a Dalí cuadros que subastas en 2015.

Sí, reconozco que he pagado a Dalí por dibujos y cuadros

y que he ganado mucho dinero.

Estados Unidos y Japón se vuelven locos con Dalí.

Pero de las fotografías que dices que habéis recibido yo no sé nada.

Eso te lo juro. ¿Y por qué creerte una cosa

y la otra no? Amelia, piensa.

Yo me estaba forrando con los dibujos de Dalí.

El día que Irene y tú lo seguisteis

me iba a entregar media docena de dibujos que ya no tendré nunca.

¿Nos viste? Siempre doy un rodeo

antes de llegar a mis citas.

Recuerda que fui espía. Sí.

Tan buena espía como para organizar algo así.

Yo no he sido, Amelia.

Sí, odio el Ministerio, pero no a los que lucháis en él.

Yo también lo hice... muchos años.

Lo siento, Lola.

(Puerta abriéndose)

Me has traicionado.

No, has traicionado tú al Ministerio.

Siempre me dices que nos engañan, pero la que me ha engañado eres tú.

No he sido yo. Por las veces que sí habéis sido.

Vamos.

Muy bien. Ahora me detenéis,

pero no tardaréis en traicionar al Ministerio vosotros también.

Tendrás noticias mías, Amelia. Dejad de amenazar ya

o el camino de vuelta al Ministerio

se os hará más largo de lo que pensáis.

Felicidades por su trabajo.

Por fin tenemos a buen recaudo a Lola Mendieta.

¿Dónde la van a llevar, al penal del Ministerio?

Ajá. Es lo que toca.

¿Le da pena Lola?

¿No recuerda al Empecinado?

¿O al sujeto que se fugó al futuro para ser corregidor de Salamanca?

¿O que por su culpa los nazis casi controlan este Ministerio?

Además, muy bien no os ha tratado, ¿no?

A ti te envía la foto de tu boda, a Alonso la de su mujer maltratada

y a Julián...

le recuerda el día más triste de su vida.

Se lo merece. Por Dios, Amelia,

¿aún queréis más razones?

Una mujer que ha luchado por la libertad no merece ese final.

Tal vez no lo merezca. ¿También usted ha sucumbido

a los encantos de Lola Mendieta? No, pero ella no es la culpable.

¿Y quién es, si no?

Tú.

¿Cómo sabías que recibí una foto? Aquí no lo he dicho.

Eso es cierto.

¿Y dónde encontramos Alonso y yo las fotos?

En el teatro. Exacto.

Y la última foto me la dio Rosita, la que hace de doña Inés.

La encontró en su libreto.

Y quien más contacto ha tenido con ella has sido tú.

Irene.

Dígame que no es cierto.

Lo es.

-Sabías que Lola subastaba dibujos de Dalí desde hacía un mes

y en vez de intervenir, lo silenciaste, ¿no?

Has trabajado como lo haría Lola para que creyéramos que era ella.

Pero todo el tiempo eras tú.

¿Por qué lo ha hecho?

Porque yo no soy la culpable de todo esto.

Es usted, Salvador.

Es por lo de Leiva, ¿no?

Usted permitió que nuestro mejor agente se pudriera en la cárcel

gracias a mí, que me infiltré entre los rebeldes.

Era tu obligación. Sí,

pero no a costa de tanta injusticia.

Porque ¿qué he ganado yo? Dígamelo.

He perdido mi vida y a mi pareja.

Todo esto es una mierda y usted lo sabe.

Yo solo sé que sois mi superior y que me habéis traicionado.

No me importa el castigo que os ponga el Ministerio.

No os perdonaré en la vida.

Esos rebeldes, Leiva, dieron la cara.

No urdieron un plan para culpar a otro,

no tiraron la piedra y escondieron la mano.

A lo mejor se me está pegando el estilo del Ministerio.

Ernesto.

Llévesela.

Cuidaos mucho, por favor.

El Ministerio trata a sus agentes como si fueran clínex.

Los usa y los tira.

Por favor.

Nunca me dolió tanto decir a alguien que ha hecho un buen trabajo.

Excelente.

Y ahora déjenme, por favor.

Necesito estar solo.

¿Y ahora en quién podemos confiar?

En nadie.

¿Qué hacemos?

Acabaré la película en la residencia.

Luego se toman una copa. Yo iré.

Y tú deberías ir. Así preguntas a tu nieta qué fue de tu vida.

Creo que prefiero no saberlo.

Gracias. Pues yo pienso ir,

a despedirme de Federico.

¿Federico? Cuidado, que os ha calado bien hondo ese poeta, ¿eh?

Y creo que quiere algo más

que una charla con vos. No.

Él está enamorado de Dalí y lo estará bastantes años.

Lo he leído.

Me he documentado mucho sobre él.

Escuchad este poema.

A ver si lo encuentro... Aquí.

"Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron".

Es estremecedor.

Y lo es más si sabes que lo escribió en 1930

en su libro "Poeta en Nueva York" seis años antes de que lo mataran.

Junto a otros dos hombres, dos banderilleros.

Tres esqueletos. Y a día de hoy...

todavía no se ha encontrado su cuerpo.

Lorca tenía sueños premonitorios. Este no es el único.

Quiero darle un abrazo. De la buena gente hay que despedirse.

Voy contigo. Quiero despedirme también de Silvia.

¿Y tú?

Lo mismo puedes pelearte otra vez con Buñuel.

Ya cometí un error, no volveré a cometerlo.

No, prefiero...

dormir.

Suerte, amigo.

Señores, quiero brindar.

Un brindis por la obra de arte que hemos hecho juntos.

Y por las que haremos. Un brindis por el futuro.

(TODOS) Por el futuro. -Y por el talento,

que sin él no hay futuro.

¿Estás mejor? Ajá.

Bueno, todavía duele un poco.

No puedo entender, con lo guapo que es, que le gusten los hombres.

(FEDERICO) Por el futuro. Y por el talento.

¿Y qué vas a hacer ahora? No pareces muy alegre.

No lo estoy.

Buñuel se va a París y Salvador se va con él.

Julián, ¿puedo hablar contigo a solas?

Claro. Pero lo importante es que ahora

te centres en tus estudios.

Sí, si tienes razón. Ya habrá tiempo.

¿Tiene un momento, señorita? Claro.

Es privado.

Madre mía, la de secretos que hay en esta residencia.

Usted dirá. Lola Mendieta

me dio un sobre para usted.

Me dijo que se lo entregara en caso de no estar aquí ella.

Gracias. Gran mujer esta Lola.

Debería haber muchos como ella

para que el arte de este país dejara de ser tan pueblerino y miserable.

Tal vez así no tendríamos que irnos todos a París.

¿Aplico los procedimientos habituales?

¿Con Lola? Por supuesto.

Y con Irene también, ¿no? -No, con Irene no.

La enviaremos a un centro de readaptación para que se reponga.

No podemos perderla.

-Sabe que soy el último al que le gustaría hacer esto,

pero ha atentado contra el Ministerio.

Y aunque niegue que ayudó a escapar a Leiva,

fue ella la última que lo vio antes de su fuga.

Seguro que le dio alguna droga para que pareciera que había muerto.

No lo reconocerá nunca porque no fue ella quien lo hizo.

¿Ah, no?

¿Y por qué está usted tan seguro?

Porque fui yo.

Así que si quiere aplicar el reglamento

es a mí a quien debe enviar al penal.

Así que fue usted.

Ajá.

Por eso Leiva me perdonó la vida cuando volvió al Ministerio.

"¿Vas a matarme? -No.

Voy a dejarte vivo por dos razones,

porque te lo debo

y porque quiero que vivas para ver cómo se derrumba este Ministerio".

Yo mismo le administré la droga.

Yo hablé con el director del penal.

Sí, ya sé que tenía que haberlo hecho hace tiempo.

Era nuestro mejor agente.

Nuestro amigo.

Y no había derecho a que se pudriera en aquel infecto penal.

¿Qué tiene este Ministerio que nos convierte a todos en hijos de puta?

¿Qué piensa hacer? -Sabe que le soy

y le seré siempre leal, a usted y a este Ministerio.

No quiero ni pensar qué sería de todo esto sin usted.

Gracias.

Bien.

¿Oficialmente qué hacemos?

Ya tenemos una culpable, ¿no?

Lola. -Sí, Lola.

¿Y qué le contamos a la patrulla?

La verdad.

Pero a su debido tiempo.

Tú también te vas, ¿verdad?

¿Por qué lo dices?

Porque tienes carita de adiós.

¿Tanto se me nota?

Pues sí.

Puede que no volvamos a vernos.

No estés tan seguro.

Aún nos quedan los sueños.

Anoche imaginé un poema.

"El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero...

Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño".

Pero ¿cómo puedes saber un poema que imaginé anoche?

Tú vienes del futuro, ¿verdad?

Federico.

Adiós, amigo.

Despídeme de los demás.

¡Julián! Tengo que hablar contigo. Tengo algo importante que hacer.

No debí venir. Total, ¿para qué, si no puedo salvarlo?

Estoy harto de que me manipulen,

de que me digan lo que debo o lo que no debo hacer.

Vas a salvar a Maite, ¿verdad? Sí.

Y no intentes impedírmelo. No te lo voy a impedir.

Te voy a ayudar.

Alto ahí.

(ASUSTADO) ¡Ah!

No puede ser.

Estáis muerto.

Lo estoy.

Y en cuerpo presente os digo

que hace poco perturbasteis a mi Blanca,

que no hay mujer más santa.

Si lo volvéis a hacer, habréis de venir conmigo

para recibir castigo, pues os reclama Satán.

No. "Vade retro".

Vuestra alma sin salvación,

que vivió días malditos de crímenes y delitos,

no habrá gloria ni perdón.

Os... Os juro que no lo volveré a hacer.

(MUJER) ¿Alonso?

Alonso, ¿eres tú?

Soy la sombra del que fue.

¿Vienes del cielo?

¿O del infierno?

Del cielo, mujer.

En el infierno no dan licencias.

Y volveré cada vez que sepa que sufrís.

¿Eres mi ángel de la guarda?

Sí.

Lo soy y lo seré.

De vos...

y de nuestro hijo.

Me gustaría abrazaros.

Pero sois un espíritu.

Volveré a serlo endespués de que me abracéis.

(Claxon lejano)

Ya has vivido esto más veces, ¿no? No me lo quito de la cabeza.

No debías haber venido. Quiero ayudarte.

Es la mujer de tu vida. Quiero que sea más que un recuerdo.

(Ruedas chirriando)

(Aviso sonoro para peatones)

¡Cuidado!

(Aviso sonoro para peatones)

Vámonos.

¡Vamos, Julián, estás a punto de llegar! ¡Vámonos!

(Sirena de emergencias)

Maite, no, no.

No, por favor.

¿Cuánto le durará el efecto del mejunje que le habéis dado?

Un par de horas.

Voy a tumbarme un rato al sofá.

Tranquila. Yo me quedo haciendo guardia.

Yo lo he conseguido, Julián.

He conseguido cambiar el destino de mi esposa.

Recé para que lo consiguieras vos también.

El Ministerio del Tiempo - Temporada 1 - Capítulo 8: La leyenda del tiempo - Ver ahora

Temporada 2: El monasterio del tiempo

Como olvidar a Angustias de abadesa del monasterio de Tordesillas, esa cena con Napoleón y a Pacino dando la misa del gallo. Pero inolvidable es también el Adestes Fideles que interpretó la secretaria del Ministerio en dicha eucaristía. Junto a Amelia, fueron hasta allí para que las tropas napoleónicas perdonaran la vida a tres hombres, entre ellos, un antepasado de Adolfo Suárez, algo que si así sucediera cambiaría la historia, ya que el ex presidente no nacería. Por eso, la abadesa debe cenar con el Emperador Napoleón, como cuenta la Historia, y convencerle de que no les ejecute.

Este capítulo es el favorito de la segunda temporada para los ministéricos con un 18%, seguido de Cambio de tiempo, el final de la tanda de episodios y votado por un 17% de los seguidores, y Tiempo de hidalgos, en el que conocemos a Cervantes y la patrulla salva al Quijote con un 11. Tienes todos estos capítulos en RTVE.es. 

No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - Temporada 2 - Capítulo 4: El Monasterio del Tiempo - Ver ahora
Transcripción completa

(RECUERDA) "(MUJER) Alonso, ¿eres tú?

¿Eres mi ángel de la guarda?

Sí.

Lo soy y lo seré.

De vos...

y de nuestro hijo.

Me gustaría abrazaros.

Pero sois un espíritu.

Volveré a serlo endespués de que me abracéis".

(ATERRADO) ¡Ah! ¡No!

¡No! ¡No!

Ah. No, no.

No.

¡No, no!

No, no.

No, no, no.

¡No! No, no.

¡No! Ah.

No, no, no. No, no, no.

No, no.

No.

¡Ah!

Lo siento.

Oí gritos y pensé que estabais en peligro.

¿Algún problema?

¿Un mal sueño?

Sí.

Es siempre la misma pesadilla.

(Disparo)

Mi padre.

Vos cambiasteis la historia.

Le salvasteis.

A veces lo dudo.

¿Nunca has pensado en que...

que pueda haber...

distintas líneas del tiempo?

Como mundos paralelos.

En uno mi padre sigue vivo

y en otro se suicidó.

Yo es que prefiero no pensar tanto.

Con un solo pasado ya tengo suficiente.

Lo que sí que he entendido es que la historia se puede cambiar.

Lo que no hay manera de cambiar son los recuerdos.

(Sintonía "Ministerio del Tiempo")

(Sirena, cláxones, tráfico intenso)

...Cristo.

En el nombre del Padre...

Ahí va. Perdón.

Bueno, no sabía que...

Tranquilo, ya había terminado.

¿Desayunamos o qué?

Ah, ah, ah.

No dejo de sorprenderme.

Qué maravilla. Tostadora, tostadora se llama.

Siempre hay algo que me sorprende en estos tiempos nuevos.

Y a mí.

Tú no sabes lo que han cambiado las cosas desde los 80, vamos.

El Internet, que todavía no sé muy bien lo que es,

los teléfonos móviles,

el... el mando a distancia.

Es que parecen inventos de "Star Trek".

Era una nave espacial

que iba investigando nuevos mundos. Sí, sí.

Alonso.

¿Qué te pasa?

Pues que yo no pinto nada en esta época.

Y en la mía ya no me queda nadie.

Soy un hombre de ningún sitio.

¿Por eso rezas? No.

Rezo todos los días, pero porque he combatido

en 1.000 batallas y sigo vivo. Doy gracias a Dios por ello.

Está muy bien eso, está muy bien.

¿Vos no rezáis?

¿Yo? Vamos. ¿Ni os confesáis?

Es que no le veo la gracia a contarle mi vida

a un señor con falda larga.

(Buscapersonas)

El curro.

¿Vamos? No, no, no. Tú te quedas aquí.

Tienes dos días por mudanza. ¿Cómo me voy a quedar?

Tú te quedas, que si no luego me toca a mí y me los quitan.

¿Sabes lo que vas a hacer?

Estúdiate esto, las instrucciones de la lavadora y del microondas.

Y luego me lo explicas, porque no me entero de nada. Venga.

Nos ha llegado un aviso de Tordesillas.

¿Se trata de Juana la Loca? No, por Dios.

Vaya follón que tuvimos con eso. No.

No es Juana la Loca.

Tienen que viajar a un año que la señorita Folch conoce bien,

1808. La Guerra de la Independencia.

¿Otra vez el Empecinado? No.

Se trata del mismísimo Napoleón Bonaparte.

¿Napoleón? Pero ¿no me dijo que no se puede viajar fuera de España?

Napoleón estuvo en España durante la Guerra.

De hecho estuvo en Tordesillas. Me encanta, lo sabe todo.

A ver, una cosa.

¿Sabes quiénes son los Beatles? No.

Eh... ¿Serrat?

¿Señor Spock?

Superlópez. ¿Quién?

¿Lo ves? No lo sabes todo.

Celebro su conocimiento de cultura popular,

pero tenemos un asunto importante que resolver.

Claro. Con permiso.

Sí.

Bien, en las Navidades de 1808, el ejército francés del mariscal Ney

apresó a tres españoles acusados de espionaje.

Uno de ellos era el mismo cura de Tordesillas.

Los encerraron en el monasterio de Santa Clara.

¿Y qué les sucedió? Palmaron fijo.

No, no. Una nevada hizo que Napoleón se quedara allí

y se hospedase en el monasterio.

La abadesa, María Manuela Rascón, habló con él

y consiguió salvar a esos hombres.

-"Madame".

Dime qué dice la carta, hija.

Resume, que hace un frío que pela.

Sí, señora abadesa.

Y entonces, ¿qué problema hay?

Napoleón exige alojarse en este convento, madre.

(SALVADOR) La que "palma fijo" es la abadesa.

¡Madre Manuela!

Madre Manuela, ¿está usted bien?

¡Madre Manuela, dígame algo!

Escúchenme con atención.

Hay que salvar a esos tres hombres

o la España que conocemos no existirá.

¿Tan importantes son? Ni se lo imagina.

Uno de ellos es antepasado en sexta generación de Adolfo Suárez,

presidente del Gobierno de España desde 1976 hasta...

Hasta el 21 de enero de 1981,

el día que dimitió.

Esa fecha no se me olvida en la vida.

Exacto, el día que entró usted por el maldito armario. Bien.

Ese antepasado se llamaba Rodolfo Suárez.

Se casó con una tal Rosa del Amo,

a la que conoció en el mismo convento.

Si les pasa algo, Suárez no nacerá

y la reforma, la transición política se irá al carajo.

Espere un momento.

¿Conocen a todos los antepasados de los presidentes?

Y de todo el que ha marcado la historia de este país.

El Ministerio vela por su seguridad y la de sus antepasados.

¿Y estas cosas pasan a menudo?

No mucho. La última vez fue hace cinco años,

que tuvimos que salvar a un antepasado de Iniesta.

¿Quién es ese? Ni idea.

Señores, centrémonos, que debemos resolver un asunto importante.

Por la fuerza es inútil. Napoleón vendrá con un ejército.

Salvemos la vida a la abadesa. No, eso no garantiza nada.

La abadesa murió de un infarto.

Si la salvamos, dudo que su corazón resista al verse ante Napoleón.

Solo nos queda una opción, sustituirla.

Pero ¿cómo vamos a sustituir a la abadesa?

Tiene 60 años, es más lista que el hambre,

tiene un desparpajo increíble. -Sé que hay que llamar,

pero solo tengo dos manos. O llamo o traigo el café.

¿Pasa algo?

¿Quiere dejar de teclear y hacerme caso, que soy su jefe?

He dicho que no y es que no.

A... Angustias.

Angustias, no, que... que le subo el sueldo.

¿Eh? Le doy una paga extra de Navidad.

¿Y para qué me serviría el dinero? Estaré más muerta que el pavo.

Oiga, ¿me ha oído usted suplicarle algo a alguien alguna vez?

No. -Bueno, pues se lo suplico.

Si es que no va a funcionar.

La única relación que he tenido con monjas fue en el colegio

y aún tengo marcas de pellizcos. -Si tratará con ellas lo justo.

Lo importante de la misión es la conversación con Napoleón.

Ah, bueno, me deja más tranquila.

Que me pide que vaya a ver a Napoleón, no al padre Damián.

No piense en él como emperador, sino como un hombre normal.

Además, no va a estar usted sola.

Y... Y habla francés, ¿no?

Bueno, lo del francés...

Quizás cuando puse en el currículum eso de "medio-alto",

quería decir "bajo-bajo", tirando a "ni pajolera idea".

Bueno, pues le ponemos un pinganillo, leches.

No insista, por favor.

Angustias.

Angustias, voy a serle sincero.

Usted es mi secretaria, pero...

yo la considero mi amiga.

Por eso me atrevo a pedirle que... que me ayude a...

a salvar a un amigo que ya no está entre nosotros.

Verá, el presidente Suárez siempre apostó por mí.

Y yo he apostado por usted.

Si a su antepasado le sucediera algo,

usted y yo no... no nos habríamos conocido...

y ni usted ni yo estaríamos hablando aquí.

Todo nuestro pasado...

se disolvería en el olvido.

Ay, Dios mío.

Gracias, José Carlos. (CARRASPEA)

Si me viera Alonso con estas pintas...

se partía de risa. ¿Por qué, por el pelo?

Así estás más guapo. No, no, por la sotana.

Nada, cosas nuestras. ¿Cómo lleva Alonso

vivir en este tiempo? Pues regular.

Si es difícil para mí, imagínese para él.

La gente más cercana que ha conocido

la tiene pintada en el Prado. Pobrecito.

Fría...

Caliente...

Qué maravilla.

Ahora iré a verlo. Quiero hablar con él, llevarle ropa y dinero actual.

Es un detalle precioso de su parte.

Bueno, sé por experiencia que la adaptación a una nueva época

es un momento muy delicado. ¿Usted no es de esta época?

No.

Y no me pregunte de qué época soy porque no pienso responder.

Mucho tarda el jefe en convencer a Angustias.

Eso si la convence. Parece que sí.

Por ahí viene sor Citroën.

No me digáis nada. Ya sé que parezco un pingüino.

(ERNESTO) Creí que ya no venía.

Es que tenía que vestirme y documentarme un poco.

¿Sabíais que Napoleón tuvo 13 hermanos?

Pobre madre. ¿Y que de pequeño

lo llamaban Nabulio? Pobre niño.

Bien, ya es la hora.

¿Tú no querías ir a ver a Alonso? Sí.

Pues ya los acompaño yo.

Gracias.

(ANGUSTIAS) Seguro que no sabéis el plato preferido de Napoleón.

Los chopitos. No, hombre.

Le encantaba "le poulet au vin avec pommes de terre".

Lo que yo decía.

Ya hemos llegado. No puedo.

Claro que puedes. No puedo, de verdad.

Lo harás muy bien, Angustias.

No irías si no fueras la persona idónea.

Más bien la única que hay. La mejor, aunque hubiera más.

De verdad, te lo prometo. Si tú lo dices...

¿Preparada? Repasemos. Nombres.

Amelia Ruiz.

Mi nombre es Carrasco, Rufino Carrasco.

Madre abadesa María Angustias de la Esperanza.

El antepasado de Suárez se llama Rodolfo y su futura esposa Rosa.

Muy bien. ¿Vamos allá?

Qué remedio...

Bienvenidos. Soy Rosa, la demandadera del convento.

¿Hermana María Angustias de la Esperanza?

La misma, para servirle a Dios y a usted.

Yo soy el padre Carrasco.

La hermana Amelia y yo venimos desde Valladolid

acompañando a la abadesa. Yo mismo soy secretario del obispo.

Gracias.

Lástima que vengan en un momento tan triste.

Pero los franceses tienen encerrados aquí a unos presos.

¿Están bien?

Todo lo bien que se puede estar cuando sabes lo que te espera.

(Puerta abriéndose)

María Paula y María Antonia les mostrarán sus celdas.

Acompañaré al padre Carrasco a la hospedería.

Es donde se aloja el obispo cuando nos visita.

¿Vamos?

(MUJER) Gracias a Dios que han llegado a salvo.

Nos han contado cosas horribles. -Los franceses entran en los pueblos

saqueando todo, degollando a cuantas personas ven.

Sin respetar ni a las religiosas. -No son hombres.

Son auténticas bestias.

Rezamos cada día para que Dios nos proteja.

Vengan por aquí.

Es una trampa, es una trampa.

(ROSA) Yo me encargo de los recados, de recibir a las visitas...

Pero no soy monja. ¿No?

No sabe lo que me alegra.

No me malinterprete, pero es que...

No hace falta ser monja para servir a Dios,

ya lo dijo el Señor. "Creced y multiplicaos".

Y siendo monja, pues... se multiplica poco.

No se crea, que alguna vez he pensado en tomar los hábitos.

Ah, ¿sí?

Pero es que tengo tantas dudas...

Sobre todo ahora. ¿Ahora?

Sí.

Uno de los apresados por los franceses es mi...

Su novio.

¿Cómo lo ha adivinado?

Dios... me guía.

Y me instruye.

Aún recuerdo la primera vez que lo vi.

(Música de violín)

Rosa.

Rosa. Rosa.

Ay, padre, es que es tan guapo...

Ya lo veo, ya.

Y lo quiero tanto que...

Dios mío, no sé qué voy a hacer si me lo matan.

Tranquila, hija, no le va a pasar nada.

Te lo aseguro.

(SUSURRA) Muchas gracias, padre.

"Bonjour".

"Bonjour".

"Bonjour". "Bonjour".

Él es el padre Carrasco. Se alojará con nosotros unos días.

Le presento al mariscal Ney.

"Enchanté". "Enchanté bocup".

Disculpe mi francés, pero no es muy bueno.

"C'est beaucoup mieux" que mi español.

No "pgoblema".

Su "fgancés mejogagá" con la "pgáctica".

"Au revoir".

O como dicen ustedes, nos vemos.

Nos vemos.

Parece que le ha caído usted bien. Sí, eso me temo.

(SALVADOR) Sí. Sí, pero cuídese, ¿eh?

¿Por aquí? Oh, vamos tirando.

(CARRASPEA) Sí, ahora mismo voy. Hasta ahora.

Sí, ahora mismo, sí.

Perdone que entrara sin llamar. Como no está Angustias...

Discúlpeme, tengo prisa porque...

Tengo una reunión en Presidencia de Gobierno.

Vengo a por la documentación de lo de Tordesillas.

Ya, pues debe de estar por ahí.

Si no le importa, búsquela usted. Claro.

¿Hay algún problema?

Con Susana Torres siempre hay problemas.

(Móvil)

¿Salvador?

(Timbre)

(Timbre)

¿Quién vive?

Soy Ernesto.

¿Qué pasa, hay algún problema?

Tenemos una importante misión.

Están buenísimos.

La hermana Antonia es nuestra cocinera.

El dulce que has presentado es una mezcla de tradición,

pero además tiene personalidad.

La forma...

La forma puede ser mejorable.

Tal vez te has pasado en la cocción.

Un poquito.

Pero el sabor es exquisito.

La textura, perfecta.

Felicidades. -Gracias.

Bueno, nosotras vamos a descansar, hijas.

Mañana nos vemos para los maitines. -¿Mañana?

Será esta noche, en la misa del Gallo.

Ay, la misa del Gallo, claro.

Con el ajetreo del viaje ya no sé ni en qué día vivo.

Cantaremos el "Adeste fideles".

-Y es tradición que la madre abadesa haga el solo.

Banco,

identificación, tarjeta sanitaria,

en mercado, supermercado.

¿Banco? Muy bien.

En lo de los autobuses y los trenes y...

Muy bien, ya es usted un hombre de nuestro tiempo.

Procure no perderlas, sobre todo esta.

Pero ¿esto...?

¿Esto es dinero? Sí.

Yo creo que me va a costar acostumbrarme, ¿eh?

Quizá esto lo ayude.

Hala. Bien empezamos.

Hala. Madre del amor hermoso. Bueno, guárdela para luego.

Ahora tenemos cosas más importantes que hacer.

A ver... Déjeme ver.

Eh...

Demasiado juvenil.

A ver. No.

A ver...

Alonso. He dicho que no.

No sea tan pudoroso, hombre.

Póngase este pantalón, más grueso.

¡Ah!

Sí, así.

No sé...

No sé, puede que lo que desentone sea su pelo.

Antes me cortaréis una mano que tocarme un solo cabello.

(Puerta cerrándose)

Ay. ¿Cuándo se nos llevará el Señor?

(Ladrido)

(Ladridos)

Espere. "Allez, allez".

"Bonjour", mariscal.

"Où allez-vous? Je vais visiter les prisoneres".

Oh, ¿no confía usted en nuestra "hospitalité"?

No hay nadie más caballeroso que un francés.

Esos hombres estarán bien, seguro. No les falta comida ni agua.

No solo de pan vive el hombre, sino también de amor de Dios.

Y yo soy su representante. Oh, "l’amour".

"Lamour est tojours" lo más importante.

Me alegra que me entienda.

Yo entiendo ciertas cosas desde pequeñito.

¿Y usted?

Yo...

entiendo ciertas cosas,

pero lo justo.

Y ahora, si me disculpa... Oh, por supuesto, "mon ami".

"Au revoir".

(ANGUSTIAS) (SUSPIRA)

Nos van a descubrir por mi culpa.

Si es que yo no valgo para esto.

Angustias, no sospechan nada. Pues ya verán cuando cante.

Pero si no me sé la letra ni del "Adeste 'fideo'".

"Adeste fideles". ¿Lo ves?

Leches, que si fuera un coro, podría mover los labios, como en la tele,

pero un solo... Tú no te preocupes.

He estado buscando en la biblioteca y aquí lo tienes.

Si lo de la letra es lo de menos.

Tú es que no me has oído cantar. Mujer, no será para tanto.

Adeste fideles,

laeti triumphantes.

Venite, venite

in Bethlehem.

Natum... (DESAFINA) ...Natum videte,

regem "angelorus".

Venite adoremus,

venite adoremus.

Venite adoremus,

"dominó".

Bien.

Bien.

¿A ver?

Muy bien. No.

Así parece usted un agente.

Sostenga. Agente...

A ver, déjeme.

No sé quién inventó este artilugio del demonio.

Quieto, que lo puedo ahorcar. Es que es inútil.

Ahí, ahora. Muy bien. Oh, oh.

No, no. Me aprieta todo. Yo no... No conozco nadie

tan exigente como usted. No puedo perder más tiempo.

Mire.

Tengo algo que seguro que le va a gustar.

Ajá.

¿Adónde vas?

A llevar agua a los presos. Te acompaño.

Déjame que te ayude.

Gracias. (DESAFINA) Laeti...

(CARRASPEA)

La abadesa, que está calentando la voz. Vamos.

(DESAFINA) Adeste fideles, laeti...

¿Nos van a ejecutar, padre?

La esperanza es lo último que se pierde, hijo.

Con los franceses, esperanza es justo lo que no se tiene.

Vamos a morir. Vamos a morir.

¿Te quieres callar? Quizá tenga razón.

El mañana todavía no está escrito.

¿Puedo pedirle un favor? Por supuesto.

Esta noche será la misa del Gallo y yo no podré oficiarla.

No se preocupe. Hablaré con el mariscal Ney

para que lo deje salir.

Usted y yo sabemos que en cuanto salga por esa puerta

no me van a llevar a misa precisamente.

Quiero que la oficie usted. ¿Yo?

Pero yo... No he traído mis cosas y...

Tranquilo. Las hermanas le darán todo lo necesario.

Será... algo muy íntimo para la congregación.

Y además, a las monjas les hace tanta ilusión cantar...

De acuerdo, padre. Para eso estamos.

(Puerta abriéndose)

Buenas tardes. Buenas.

(Puerta cerrándose)

Veo que ha llegado una nueva monja.

Sí, es sor Amelia.

¿Quién es Suárez? Creo que es ese.

Ay, Rodolfo. -No.

No llores.

Si he de morir, lo haré con honor.

Te puedo prometer y prometo

que tu bello rostro será lo último en lo que piense.

-Vamos a morir.

Es ese. Y además le gustas. Vamos a morir.

Vamos a morir.

Vamos a morir.

Pero ¿cómo le voy a gustar, si es la primera vez que me ve?

(Campanadas)

¿Y no me has dicho que se ha prometido con Rosa?

Por favor, que es un tío.

Los tíos somos así. ¿Cómo?

Tú no has estado con muchos hombres, ¿no?

¿Has estado con alguno? ¿Qué tiene que ver con la misión?

Dirás las misiones, que ahora tenemos dos,

salvar a Suárez y que siga con Rosa.

¿Qué he hecho para que se fije en mí?

Lo mismo que yo para que se fije en mí el mariscal Ney, nada.

¿Le gustas al mariscal Ney?

Conmigo, el mariscal Ney es el mariscal gay.

¿Le gustan los hombres? No lo sé,

pero yo desde luego que le gusto. (ANGUSTIAS) Natum videte,

regem angelorum. Joder. Tiene...

poquita voz, pero muy desagradable. Benite adoremus.

Benite adoremus. Vamos a montarla que ni Tip y Coll.

Que Angustias y yo somos un nuevo dúo cómico.

Ella tendrá que cantar,

pero yo tengo que dar misa. ...Dominum.

Adeste fideles,

laeti triumphantes.

Venite, venite

in Bethlehem.

(DESAFINA) Natum videte,

regem angelorum.

Venite adoremus,

venite adoremus.

Venite adoremus,

Dominum.

En el nombre del Padre,

del Hijo

y del Espíritu... Santo. (MONJAS) Amén.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo,

el amor del Padre y la confusión...

la... la comunión del Espíritu Santo

estén... con todos ustedes.

(MONJAS) Y con tu espíritu.

¿No está un poquito nervioso, madre?

Es muy joven.

Pero tiene una gracia divina.

Organiza la desaparición de un agente...

¿y luego nos encarga buscarlo?

Mañana mismo hablo con él. Será mejor que esperes.

Mañana estará ocupado con lo de Angustias.

¿Qué pasa con Angustias? Nada malo.

Es su primera misión, pero lo va a hacer muy bien.

¿Salvador va a enviar a una administrativa a una misión?

Buscábamos un agente con su perfil y ella lo cumple.

¿Perfil? Trabajar en el Ministerio es peligroso

y por eso se contratan agentes, no personas que den el pego.

Lo siento.

No es culpa tuya, tú no tomas las decisiones.

Pero me preocupa que justifiques ahora a Salvador.

Sabes que hay muchas cosas que no me gustan,

pero Salvador ha hecho mucho por este Ministerio.

Sí, pero su hora ha pasado.

(Música)

Es hora de desayunar.

¿Ya estoy muerto y estoy en el cielo?

O...

¿es solo un sueño?

No, no es un sueño. Son unas gachas. Están estupendas.

Las ha cocinado Rosa, una mujer extraordinaria.

Quien se case con Rosa, se lleva una joya.

No es una joya tan bonita como tú.

(Puerta abriéndose)

(Jarrón rompiéndose)

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Huy, qué mala cara traes, hija. ¿Qué ocurre?

El mariscal Ney nos pide 20.000 reales para las tropas.

Eso es mucho, ¿no? -Es la ruina.

¿Qué vamos a hacer, madre?

Si juntamos algunas alhajas, podemos reunir esa cantidad.

Los candeleros, vinagreras y ciriales sumarían algo.

Podemos entregar el incensario.

¿El que bendijo ayer el padre Carrasco?

Sí. -El incensario se queda donde está.

Ay, ¿qué nos va a quedar para los pobres?

¿Sabéis qué os digo?

No vamos a entregarles ni un real.

Ahora mismo voy a hablar con ellos. ¿Dónde está ese mariscal?

En la entrada, pero... ¿no está asustada, madre?

Cuando me ofrecieron el cargo de abadesa tuve miedo,

pero si he llegado hasta aquí, no pienso huir ahora.

Porque nos podrán robar la patria, pero no la dignidad.

Esta mujer los tiene bien puestos.

¿Ves que tenía razón? Eso no importa ahora.

Sí que importa. Hay que saber leer las señales de la calle.

¿Qué quieres decir? Pues que...

Por muchos libros que tú hayas leído,

si tú no sabes que con el semáforo en rojo no se puede pasar,

y pasas,

pues te atropellan y al carajo todo.

¿Ahora eres filósofo? Yo no soy filósofo,

pero tú eres una pardilla. ¿Que soy qué?

Una...

una ingenua, una pánfila.

A ver, te lo digo desde el cariño.

(Llaman a la puerta)

Pase.

Padre, ¿puedo hablar con usted?

Claro, hija, ¿qué quieres?

Confesarme.

¿Es usted el mariscal Ney?

"Oui, comment allez-vous?". -Yo, "tres bien".

Mire, escúcheme atentamente, porque solo se lo diré una vez.

Ave María Purísima.

Sin pecado concebida.

¿Cuáles son tus pecados, hija?

He deseado la muerte de mi novio.

Pidió mi mano, me engatusó...

(SOLLOZA)

Me hizo suya. (LLORA)

Y ahora coquetea con sor Amelia.

¿Te hizo suya? Sí.

(LLORA) Y ya tengo una falta.

(SUSPIRA)

Eh... Tranquila, hija, eso es bueno.

No sé qué tiene de bueno.

Tendréis un hijo

y ese, a su vez, tendrá otro.

Y perpetuaréis la especie.

Miel sobre hojuelas.

Padre, ojalá que Rodolfo salga vivo de esta,

pero, pase lo que pase, me meto a monja.

¿Cómo vas a ser monja? ¿Qué harás con la criatura?

¿Meterla en un hospicio? Nada de eso, todo se arreglará.

¿Cómo va a dejar pasar a una mujer como tú?

Rosa, eres preciosa y una gran mujer.

Yo te absuelvo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¿No me pone penitencia?

Sí, eh...

Tres "Dios te salve, María" y asunto resuelto.

Muchísimas gracias, padre.

La verdad, qué lástima que usted sea cura.

Sería un marido estupendo.

(RÍE EMOCIONADA) Ay.

Perdón.

¿Qué pasa?

La abadesa ha ido a enfrentarse a ese soldado francés importante.

¿Dónde está? En la puerta del convento.

Le he dicho que no pagamos y no pagamos.

Ustedes se creen muy diferentes con la "liberté",

la "égalité" y la "fraternité", pero luego son todos iguales,

unos tiranos. -Porque va a llegar el "empereur",

si no, la mandaba fusilar junto a los tres prisioneros.

Esto se nos va de las manos.

Mariscal.

"Je suis désolé".

"Parlaré lentament" para que usted me entienda.

Yo a usted lo entiendo... lo que haga falta.

Puedo asegurarle que yo mismo hablaré con el obispo

para pagar lo que ustedes piden.

De nosotras no conseguirá un real, eso que quede claro.

Tómeselo... como un favor personal

hacia mí.

"Parfait".

(Relinchos)

El que faltaba, Nabulio.

"Bonjour".

(Ladridos)

He metido la pata, ¿verdad? Hasta el corvejón.

¿Para qué te metes en ese lío?

Solo había que salvar a esas tres personas.

No podía dejar desvalidas a las monjitas.

Te entendemos, Angustias, pero debías hablar con Napoleón.

Exacto. ¿Qué tenemos ahora?

Al antepasado del futuro presidente lo matan mañana por la mañana.

Su futura esposa no quiere verlo porque le tira los tejos a Amelia.

¿Sí? Sí.

Para colmo le he tenido que pedir un favor personal a un pedazo de...

mariscal francés

que me tira los tejos a mí.

¿Sí? Sí.

Vaya vodevil.

Hablo con Napoleón ahora mismo. No, no, no.

No puedes. Ney te ha prohibido salir de tu celda.

Y entonces, ¿qué hacemos?

Organizar una fuga.

Es lo único que nos queda. ¿Una fuga?

Ahí fuera tenemos a medio ejército francés.

El monasterio tiene túneles subterráneos.

He estado investigando.

Siempre hay que ponerse en lo peor por si el semáforo está en rojo.

Muy bien.

Muy bien, bueno, vamos a organizarnos.

No, hay que llamar al Ministerio.

¿Sabemos algo de la patrulla?

No, pero cuando dice eso es cuando llaman,

como en las películas.

(Teléfono)

-¿Lo ve? -Sí.

(Teléfono)

Sí. Ah, hola, Amelia, un momento.

Pongo el teléfono en modo altavoz para que lo escuche Ernesto.

Hemos tenido un imprevisto.

Napoleón ha adelantado su encuentro con la abadesa

y no ha salido como habíamos previsto.

Ya. ¿Qué ha pasado?

Ha habido un conflicto con las monjas.

Ney y Napoleón han encerrado a Angustias en su celda.

O sea que la ha liado Angustias. ¿Y tienen algún plan?

Organizar la fuga de los presos, solo nos queda eso.

Ya, pero eso puede ser peligroso. Nada es nunca fácil.

Es una frase suya.

El monasterio tiene túneles subterráneos.

Vamos a utilizarlos. Estoy orgulloso de ustedes.

No hagan nada hasta que les envíe refuerzos, ¿de acuerdo?

Es hora de que Alonso vuelva al trabajo.

Tengan cuidado.

Lo tenemos crudo, ¿eh?

Voy a buscar a Alonso.

¿Viene Alonso? Sí.

La orden es esperarlo.

Mientras hablaré con los presos.

Mujer, anímate. Saldremos de esta.

Es culpa mía, lo siento.

Tenía que hablar con Napoleón y he fracasado.

Con todo lo que me había estudiado su vida en Internet...

Este atuendo es mucho más de mi agrado.

Un enlace del Ministerio lo espera a su llegada.

Le entregará un carro con comida para los oficiales franceses.

Debe dejarlo en el monasterio.

Ya dentro, contacte con sus compañeros.

Entendido. Bien, aquí es.

Toma. Ah, gracias.

Escúcheme.

Usted acompañará a los presos hasta el punto de extracción.

Sus compañeros permanecerán en el monasterio

para mantener su coartada. Muy bien.

Alonso.

Buena suerte. La buena suerte no existe.

Solo existe la mala suerte.

Procuraré esquivarla. Vaya, vaya.

(Bisagra chirriando)

(Puerta cerrándose)

So. "Arretez".

¿Qué lleva aquí? Comida para Napoleón.

Abajo.

Dejadme marchar, Napoleón está esperando este cargamento.

Napoleón... "À la merde Napoleón".

Esta comida es nuestra.

Así que vais a robarme.

A mí.

En fin, ¿qué le vamos a hacer?

(Graznidos de ánsares)

(Ladridos)

¡Ah!

(SUSPIRA) Lo siento, jefe, he fracasado.

Lo siento, jefe,

¿ve como no era buena idea que viniera a esta misión?

Ay...

Lo siento, Salvador, la he cagado del todo.

Allá voy.

(Llaman a la puerta)

Pase.

¿Puedo hablar con usted?

Siéntate.

¿Qué puedo hacer por ti?

Verá, madre,

venía a agradecerle en nombre de las hermanas

lo que ha hecho por nosotras ante los franceses.

Su llegada ha sido un rayo de esperanza.

Gracias por animarme, pero nos lo quitarán todo igual.

Van a fusilar a los presos. He fracasado.

Tengo menos autoridad que usted,

pero soy más vieja.

La vida me ha enseñado una cosa.

Solo fracasa

el que no lo intenta.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede, madre abadesa? -Adelante.

Huy, ¿qué te pasa, hija?

Es Napoleón.

Quiere que vaya a verlo.

¿Sabéis cómo salir de aquí? Sí. Este es Suárez.

¿Qué queréis, hijo?

Me gustaría confesarme con usted, padre.

Claro. Me extraña que estando aquí el padre Víctor

no te haya confesado él. ¿Me va a negar la confesión?

Rodolfo, no la líes.

Tranquilo.

Si él quiere que yo lo confiese, yo lo confesaré.

Ave María Purísima. Sin pecado concebida.

¿Cuáles son tus pecados, hijo?

Quiero matar a un hombre.

Aunque sean tiempos de guerra, no hay que odiar al enemigo francés.

Es que no es francés, es español, y es un sacerdote.

Ah, ¿sí?

Lo han visto abrazar a Rosa en la capilla, ¿me lo va a negar?

Las monjas lo andan diciendo por ahí y aquí nos llega todo.

No te lo voy a negar, pero no es lo que tú piensas.

Ah, ¿no? No.

Se aprovecha de mujeres inocentes.

Querría saber qué piensa Dios de eso.

Dios, no sé,

pero de aprovecharse de mujeres sabes tú más que yo,

de aquí a Cuenca ida y vuelta. Si no llevara sotana...

Si no llevara sotana, ¿qué? Rodolfo, has venido a confesarte,

pero vas a salir comulgando de la hostia que te vas a llevar.

Además, no he venido a hablar de tonterías.

Vengo a deciros que os sacaremos de aquí.

Como sea otra mentira...

No es mentira ni una cosa ni la otra.

Si quieres, cuando estés libre, tú y yo nos damos una vueltecita.

¿De verdad huiremos de aquí? Sí.

Dile al padre Víctor que cuando sor Amelia le haga un guiño,

debe fingir un infarto. El otro, que se prepare también.

¿Entendido? Gracias, padre.

Te perdono en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Para no ser creyente os dais muy buena maña.

Luego nos vemos.

"Abbesse, maréchal Ney a dit

que vous refusez de contribuer à notre cause.

Cest vrai?".

No sé lo que ha dicho.

Dígale que no tenemos dinero para pagar lo que nos pide.

"Elle dit que...".

"Je l'ai compris".

Lo sé, usted hablaba italiano de pequeño.

Italiano y castellano, primos hermanos.

"Comme fai a sapere che io parlo italiano?".

Huy, si solo supiera eso...

De niño le gustaban las matemáticas, tuvo 13 hermanos.

Cinco murieron de pequeños, Dios los tenga en su gloria.

¡Es una espía! -Déjese de tontunas.

Don Napoleón es un hombre conocido en todo el mundo.

No, no, no. "Mi piace molto sapere questo".

¿Qué ha dicho exactamente?

No sé, no comprendo italiano. -Pues estamos cojonudos.

Tranquila, también "parlo" un poquito español.

Hablo español en la intimidad.

Quiero hacer un pacto "avec vous", con usted.

¿Un pacto?

"Oui".

Yo "perdonar" a usted el pago de los 20.000 reales.

"Mais...".

A cambio de una sola cosa.

¿Cuál?

Que me acompañe a cenar esta noche de Navidad.

De niño, siempre era un día especial con mi familia en Córcega.

¿Acepta?

Yo le propongo otro pacto.

Cenamos esta noche

y me perdona la deuda.

Y comemos mañana y perdona a los tres presos.

No, no, no, esos hombres son espías.

Un espía sabe lo que ocurre cuando es apresado.

Esos hombre morirán "demain", al amanecer.

¿Te han dejado salir de la celda? Ya ves.

Quiere cenar conmigo, como dice la historia.

¿Me ayudas con las cebollas?

Córtalas muy finas y pequeñita, pequeñita.

A ver qué hacemos, el plan está en marcha.

Mejor, porque yo ya lo he intentado.

Cuando le he dicho de liberarlos, se ha puesto como un "obelisco".

Ah, me he tenido que poner a cocinar.

Ney me ha puesto un soldado en la puerta,

por si me da por envenenar a Napoleón.

Desde luego, se nota que no has cortado una cebolla en tu vida.

¿Puedo ayudar en algo?

Traemos la cena.

Gracias.

Feliz Navidad, padre.

Feliz Navidad, hermana Amelia.

¡Ayuda!

¡Ayuda! ¡Ayuda!

¡Ayuda!

¡Por favor, avisen al padre Carrasco!

Avise al padre Carrasco.

¿Tú "comprenez"?

¡Avise al cura!

"Monsieur". "Qui?"

Vamos, aprovechemos el cambio de guardia. ¡Vamos!

Vamos, vamos.

Rosa os guiará por los pasadizos del convento.

No, de eso ni hablar.

Es muy peligroso, puede costarte la vida.

No me importa.

No sé si mi hijo tendrá padre,

pero nacerá en una España sin franceses.

¿Me estás diciendo que estás...?

Dejemos las discusiones familiares para más adelante.

Vamos a buscar a Angustias. Vamos.

(Música de violín)

Bueno, ya lo hemos rellenado con el sofrito

y frotado bien con aceite de oliva. -Ajá.

Ahora viene el toque final:

el romero.

¿Romero? -Ah, es mi secreto.

Le da un sabor y un aroma que ya verá, rico, rico.

¿Cocina usted... "souvent"?

"Souvent" no,

pero hago unos suflés que tiembla el Misterio.

No, no, quería decir si cocina usted a menudo.

Ah, sí, me gusta mucho, siempre que puedo.

Pollo con patatas no sé cuántas veces lo habré hecho.

Era el plato preferido de mi marido.

¿Su marido?

Perdón, mi novio, quería decir.

Uno que tuve cuando era joven, antes de vestir el hábito.

-Ah.

¿Qué ocurrió? -Me engañaba.

Oh.

Sé que, a su manera, él me quería,

pero yo no era feliz.

Yo necesitaba un hombre que me hiciera sentir especial,

que sin mí la vida no tuviera sentido.

Cuando lo dejé, traté de comprender si era culpa mía.

Quizás hice algo mal.

Y buscando respuestas recibí la llamada de Dios.

¡Bastardo!

Por su culpa usted está aquí.

Usted estaba para él, a su disposición,

y él la traicionó.

Imperdonable.

(Llaman a la puerta)

Pase.

¿Puedo hablar con usted?

Sí, sí.

Mañana he de marchar.

Bueno, es lo que tiene querer conquistar el mundo,

es un no parar.

Nunca vivas los momentos apasionantes de la historia.

Bonita frase. La decía mi abuelo.

Los libros dirán que el Ejército francés

era el más poderoso, pero no hablarán...

de la soledad de...

de tantas noches sin compañía.

Bueno, tiene que ser duro no estar con la familia,

y más en estas fechas.

Ni se lo imagina.

No se crea, me... me hago una idea.

Me hago una idea.

Ah, lo siento, lo siento.

Eh... Yo me quiero confesar.

¿Es usted católico? Sí. Siento que vivo en pecado.

Está bien, yo lo confesaré.

Ave María Purísima. "Conçue sans peché".

¿Cuáles son sus "pechés"?

Os deseo.

Gracias, es un halago, pero...

Nadie lo sabe, pero os deseo a vos y a muchos hombres.

"Moi...".

"Moi...". "Toi" queda perdonado.

No hay nada que perdonar. Es más pecado matar a una persona

que desear a un... hombre o a una mujer o a un...

mariscal.

"Vraiment?". "Vraiment!".

¿Quién soy yo para criticarlo?

Lo perdono en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen

¿Puedo daros...

un abrazo?

Sí, pero de "amis".

Sí.

Vamos por aquí.

Ya podéis seguir por vuestra cuenta. Valladolid está en esa dirección.

Muy bien, pues vamos. Esperad un momento.

Volveré a por ti, Rosa.

Por favor, no hay tiempo que perder.

Adiós. -Adiós.

Adiós.

Me enamoré de Josefina nada más verla.

Era la mujer...

más hermosa del mundo.

Yo aún era joven.

Qué bonito.

La próxima primavera hará 12 años que nosotros...

"mariés". -Que se casaron.

Lo hicimos el día antes de partir a la "guerre, on Italie".

Así que ni viaje de novios ni nada. -No, no, no.

Apenas la veo ya.

Tanto "voyage", tanta "guerre"...

Ahora sé que me engaña con otros. -Claro.

Un matrimonio hay que cuidarlo día a día

y usted va de guerra en guerra y así no puede ser.

Hay que estar más en casa y batallar menos.

Su marido... -Mi novio.

Era mi novio. -Su novio...

era un necio.

Es usted... encantadora.

Ay, gracias, muy amable.

Pídame lo que quiera.

¿Lo que quiera, lo que quiera?

¿Napoleón va a liberar a los presos?

Sí, y me ha nombrado abadesa emperatriz.

Ha donado al convento un baúl con 1.000 monedas de oro, un fortunón.

¿Cómo lo conseguiste? Todas las personas,

por muy célebres que sean, nos parecemos.

Tenemos recuerdos, penas, alegrías.

Y en Navidad, ya se sabe, todos nos ponemos un poquito moñas.

Ay, he conseguido que la historia no cambie

y esta vez me alegro de ello.

¿Se puede saber qué os pasa?

Si la cago, me miráis mal y ahora que lo he arreglado todo...

Angustias, has estado estupenda.

Pero nosotros sí hemos cambiado la historia,

hemos liberado a los presos.

Si Napoleón sabe que se han fugado antes de irse del convento,

tomará represalias con las monjas, con el pueblo, con todos.

Ay, Dios mío.

Con la emoción se me había olvidado lo otro.

Tenemos que conseguir que vuelvan de inmediato.

(Graznido de ave nocturna)

(Vibración de móvil)

(Vibración de móvil)

¿Qué pasa?

¿Qué?

Está bien, está bien, hablaré con ellos.

Pero necesito que me hagáis un favor, si no, nunca me creerán.

Por Dios, ¿cómo que volvemos al convento?

Nos acabamos de escapar. -Estarás de broma.

Ahora somos libres. Si volvemos, nos matarán.

Napoleón ha ordenado liberarnos. Os ha perdonado la vida.

A ver, explícanos eso, porque yo no lo entiendo.

Mientras nosotros preparábamos nuestra huida,

la abadesa negociaba con Napoleón para liberarnos.

Y lo ha conseguido. ¿Cómo lo sabes,

si no te has separado de nosotros? Le pedí al padre Carrasco

que si ocurría, nos enviara una señal.

Mirad.

Mirad.

Esa es la señal convenida.

No me fío. Puede ser una trampa. No lo es.

Solo el padre Carrasco y yo conocíamos esta artimaña.

¿Qué hacemos? ¿Cómo que qué hacemos?

Esto no es una democracia. ¿Democracia?

No tengo tiempo de explicarlo. Hay que volver y volveremos.

¿Preferís que saqueen el convento, que violen a las monjas

y que arda Tordesillas? Tiene razón.

Haced lo que queráis, yo vuelvo con Alonso.

Si es mentira y mañana me fusilan, moriré con honor,

por salvar la vida de la mujer que quiero y de nuestro hijo.

Así se habla. ¿Volvemos?

Volvemos, volvemos. Vamos.

Vamos a morir.

Vamos a morir. Sí,

pero del mandoble que os voy a dar. ¡Arrea!

Buen golpe le disteis, aún no ha despertado.

Le he tenido que dar alguno más. Huele a vino de mesa.

Sí, lo he rociado un poco para que no sospechen.

Sospecharán igual. El mariscal Ney no es fácil de engañar.

De eso me encargo yo. (NEY) "C'est pas vrai".

Viene alguien, vamos. Adentro, vamos.

"Monsieur".

"Monsieur, monsieur, monsieur".

¡Mariscal! ¿Qué está pasando aquí?

Mariscal, mariscal.

No sé, me lo encontré así. Creo que ha bebido un poco.

¿Solo un poco?

Veo que atiende muy bien a esos hombres.

Es mi obligación darles consuelo,

sobre todo cuando en unas horas van a morir.

No, no van a morir.

Napoleón los ha perdonado.

Bendito sea el emperador.

Salid, sois libres.

"La prochaine fois" no tendréis tanta suerte.

No vamos a morir, no vamos a morir.

Hay una cosa que no entiendo.

Usted los podía haber liberado.

Yo solo me ocupo...

de las cosas... del espíritu.

Respecto a la conversación que tuvimos...

Mariscal, eso...

es secreto de confesión.

No se preocupe.

Puede usted estar tranquilo.

Ah... Siempre nos quedará París.

Mariscal,

presiento que esto es el comienzo de una hermosa amistad.

Ha habido cambios en el registro de Tordesillas, nada importante.

El padre Víctor escribió que, al parecer, nuestra abadesa

cocinó pollo con patatas con el emperador.

Hubo un cuarto preso que se liberó. -Perfecto, todo arreglado.

No sabe lo feliz que me siento.

Aunque la felicidad siempre es efímera.

Tengo que hablar con usted.

A solas.

Por favor.

Usted dirá.

Me temo que las noticias que trae no serán nada buenas para mí.

Desde este instante

queda relevado de sus funciones al cargo de este ministerio.

¿Cómo?

Deduzco por su silencio que no tiene nada que decir.

Y ahora, ¿qué?

En recompensa por los servicios prestados

se le ofrece un puesto en el consejo asesor de una compañía energética.

Puede elegirla usted mismo.

Gracias.

Prefiero jubilarme. -Piénselo.

Solo tendrá que ir a un par de reuniones al año.

Deje de preocuparse por mí.

Permítame adivinar quién me va a sustituir.

Enhorabuena.

Ya ha conseguido usted lo que quería.

Fuera lo espera un chófer con un coche oficial.

Gracias.

Prefiero ir en metro.

De verdad, todas rezaremos para que su tía mejore.

Madre, la echaremos mucho de menos.

-Gracias, hermanas.

Sor Flora, será una magnífica abadesa, estoy segura.

No quiero irme sin deciros que conoceros y estar con vosotras

ha sido una experiencia inolvidable.

Me llevo más de lo que traía, gracias de corazón.

Como le gustaron tanto, le he preparado unas yemas.

También hay queso y pan

por si les entra hambre en el camino.

Sois un cielo.

Cuidaos mucho y tened muchos hijos. (RODOLFO) Se hará lo que se pueda.

Gracias por todo, padre.

Y siento lo de... Nada, nada, nada.

Lo importante es que está todo solucionado.

Tenemos que irnos.

(Ladridos, graznidos)

(Música de violín)

(RODOLFO) El padre Carrasco es un gran hombre.

Sí que lo es.

(ANGUSTIAS) Para ser mi primera misión no ha estado mal.

Nada mal, ¿verdad, jefa? Has estado excelente, Angustias.

¿Sabéis de lo que más me alegro? De no fallarle al jefe.

Salvador tiene sus cosas, pero... es un gran hombre.

Y os voy a decir una cosa.

Una tontería, ¿eh? Pero yo, así vestido, siento cosas.

¿De verdad?

Felicidades por el éxito de su misión.

¿Qué hace usted aquí? Usted es...

Susana Torres, la nueva subsecretaria.

Tengo que decirles que a partir de ahora

van a cambiar muchas cosas en este ministerio.

¿Adivinan dónde los voy a mandar?

Pues hombre, yo me hago una... ligera idea.

Irene, ¿de verdad estás bien? (TOSE)

(ERNESTO) Son síntomas de gripe española.

(SUSANA) No dejaremos a Irene allí. -Se arrepentirá de esta decisión.

¿Cómo que no podemos volver?

¿Sabes el frío que hace en el Paleolítico superior?

(SUSANA) Se han suspendido todas las misiones.

Queda prohibido salir o entrar del edificio.

¡Eh, matasanos! ¡Sacadme de aquí!

Esa gripe mató a 50 millones de personas en un año.

Nunca vi morir a tanta gente en tan poco tiempo.

(ANGUSTIAS) ¡Don Diego!

Angustias, es muy peligroso. -No voy a dejarlos solos.

Ese tío esconde algo, lo sé.

Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.

Después de tanto luchar,

ahora me voy a morir sin pintar "Las meninas".

Cuánto tiempo ha pasado. Toda una vida.

Doctor, tenemos una insuficiencia respiratoria aguda.

-Ese virus se extenderá por el planeta en menos de 24 horas

si cae en las manos equivocadas.

-Le traigo un traje, a ver qué maña se da.

No habrá que ir a Harvard para ponérselo.

¿Qué hacemos?

Encontrar el virus y destruirlo. Nos ha jodido mayo, ¿cómo?

Aquí morimos, tío.

¿Qué tendrá este país que cuanto más tonto eres, llegas más alto?

El Ministerio del Tiempo - Temporada 2 - Capítulo 4: El Monasterio del Tiempo - Ver ahora

Temporada 3: Tiempo de esclavos

Tiempo de esclavos es la despedida de Amelia del Ministerio. Después de salvar la vida del rey Alfonso XII descubrir que su tío está detrás del intento de asesinato, la vida de la joven cambia por completo, teniendo que abandonar el Ministerio para permanecer al lado de su madre

También es, con un 17% de los votos, el favorito para los ministéricos de esta tercera temporada, y que puedes volver a ver en nuestra web. Le sigue el final de la temporada, Entre dos tiempos, con un 14%. Tiempo de esplendor es el tercero más votado con un 10%.

No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - Temporada 3 - Capítulo 6: Tiempo de esclavos
Transcripción completa

(SPÍNOLA) "Necesito que mande una patrulla al 1605 a Valladolid".

"Es el año de la firma del Tratado de Paz entre España e Inglaterra

y han intentado envenenar al inglés".

Pero este tipo es...

El del "walkman". -Mándeselo ya a Amelia.

¿Pero quién te va a querer con 27 años?

Algún viudo quizás.

Necesito una misión ya.

¡Exijo ver al Rey! Soy el Duque de Lerma.

El Duque me tiene apartada...

"y hace creer a todos que soy una celosa enajenada".

(VARIOS) ¡"Cheers"!

(LERMA) ¿Me podéis explicar qué mierda de obra estáis ensayando?

¡Levantaos, inglés!

¡Estáis haciendo trampas, tunante!

No venimos aquí para que nos insulten.

¿Qué anulemos la firma del tratado?

Si guerra quieren esos infames ingleses,

guerra tendrán.

¿Y este quién es?

William Shakespeare.

(Ladridos)

Quieto, cabrón.

Es el anillo del Ángel Exterminador.

Creía que ansiabais paz para vuestro imperio, vuestro pueblo.

"Ya hay suficientes frentes abiertos".

Una emergencia, jefe.

Lola ha huido del Ministerio.

"Y al parecer, han desaparecido del almacén

cuadros que se recuperaron del Alcázar".

(ELENA) "Me pasaré a las 09:00 para recoger mis cosas

y devolverte las llaves".

"¿Qué será de mí?".

"Ahora solo quedo yo".

(HOMBRE) Qué navío más hermoso.

-Es el vapor Alfonso XII.

Orgullo de mi naviera

y de toda la marina mercante española.

El resto son el Santander, Coruña,

Habana y Ciudad Condal.

Ya veo que durante la República

prefería usted usar nombres de ciudad.

(HOMBRE) Hay que vivir al ritmo que marcan los tiempos.

No era época para poner nombres de reyes y santos.

Usted lo sabe bien, majestad.

Prometo mi mayor esfuerzo para no tener que volver a tiempos pasados.

Lo sé, majestad.

-Nunca le agradeceré lo suficiente

que nos invitara a pasar aquí las vacaciones.

Mi familia se lo está pasando en grande.

Si no fuera así, estaría cometiendo un pecado imperdonable.

Vamos, marqués, seguro que tiene usted pecados más graves.

(MARQUÉS) (RÍE) Sin duda.

Y espero que Dios me los perdone. -Bueno,

Dios no lo sé, pero el rey sí, se lo aseguro.

La Corona le debe mucho, señor marqués de Comillas.

Y yo no lo voy a olvidar nunca.

-Gracias, señor.

Un brindis por el rey.

¡Por el Rey! (MUCHOS) ¡Por el Rey!

(Copas brindando)

¡Justicia!

¡Justicia!

(Disparo)

(HOMBRE) ¡Por Dios!

(Murmullos)

(MARQUÉS) ¡Dios mío! Aún vive.

¡Que venga el médico real!

(El Ministerio del Tiempo)

(SALVADOR) Claro.

Dígale al general Martínez Campos que impida toda comunicación

y que declare el estado de emergencia.

No, no podemos permitir que se propague la noticia.

Sí.

Gracias, señor presidente.

¿Era el presidente en persona?

Sí. Sí, pero no Rajoy.

Ah. Era Sagasta,

el presidente de su época.

Llamaba desde 1881.

Don Práxedes Mateo Sagasta.

¿Qué ocurre? Un atentado.

Alfonso XII está en coma, al borde de la muerte.

¿Han atentado contra un rey? (ERNESTO) Sí.

Por suerte, el médico real es un agente

del Ministerio de la actualidad.

Se lo asignamos al rey tras dos atentados anarquistas

de los que salió ileso.

1881...

Aún no había concebido a Alfonso XIII.

Y si muere, no nacerán Juan Carlos I ni Felipe VI

ni esas niñas tan monas...

Hay que salvar la vida del rey

para que nuestra historia no se convierta en un correcalles.

Ah, y averiguar quién está detrás del atentado.

Vale.

¿Adónde vamos? A Comillas, pueblo de Cantabria.

Allí se iba a celebrar un consejo de ministros con el rey.

(SALVADOR) Donde la señorita Folch encontrará gente conocida.

Tal vez demasiado conocida.

¿Está segura de poder participar en la misión?

Por supuesto.

Nadie conoce la época mejor que yo, es la mía.

Y ese marqués de Comillas, gano muchas batallas, ¿no?

No, pero ayudó a ganarlas.

¿Y eso cómo se hace? Es naviero.

Gracias a sus flotas,

se pudieron enviar tropas a las revueltas en Cuba y Marruecos.

El hombre más rico de su época en España.

¿Por qué dijo Salvador que puedes encontrarte gente conocida?

En Comillas no solo estuvieron los ministros,

también empresarios que acudían a pedir favores.

¿Y qué tiene que ver contigo?

La mayoría de esos empresarios que sostienen al rey son catalanes,

amigos de mi padre y mi familia.

¿Qué pasa?

Creo deberías pensar seriamente si venir a esta misión.

No hay tiempo, el rey se muere.

Tiene razón.

¿Cómo os atrevéis a dudar de Amelia?

¿Han traído lo que pedí?

Pues vamos. Nosotros nos quedamos,

investigando a ver qué ha pasado. Rápido.

Vamos. Vamos.

¿Qué pasa?

¿Qué tal se te da el catalán?

"Molto bene".

Ven.

(EN CATALÁN)

¡Amelia!

(LA BESA)

Señor Méndez,

quiero presentarle a mi tío, Pere Folch.

¿Su tío?

Encantado de conocerle. Igualmente.

Discúlpeme, ¿no habla usted catalán?

No mucho.

La señorita Amelia Folch, mi sobrina.

Don Eusebi Güell, un buen amigo.

Es un honor conocerle, señor Güell.

Admiro mucho su labor por las artes.

Muchas gracias, señorita.

Las gracias habría que dárselas a usted

por apoyar a un joven genio como Gaudí.

Me fascinan sus motivos naturalistas.

Si me disculpan...

Está muy afectado por lo que ha ocurrido.

¿Y usted no?

Sin duda.

Pero yo no soy yerno del marqués.

¿Y tú qué haces aquí?

¿No trabajabas en Madrid para una viuda rica?

La señora... Larra. Irene Larra.

(CARME) ¿Y qué haría exactamente Amelia para usted?

Ordenar y clasificar mi biblioteca.

Mi difunto marido era un santo, pero tenía un vicio:

comprar muchos más libros de los que podía leer.

Mudarse a Madrid, y soltera.

¡Qué barbaridad!

No, no tiene por qué preocuparse. Yo... me ocuparé de ella.

¿Que no me preocupe?

Con tanta dedicación a los estudios y a los libros,

mi hija se va a quedar para vestir santos.

Estoy convencida, señora, de que Amelia

tiene cosas mucho más importantes que hacer en la vida.

Entonces, ¿qué dice?

¿Qué más da lo que yo diga?

Si, total, tu padre siempre te consiente todo.

Pero no me dedico solo a eso.

Publico artículos en "El Imparcial",

bajo pseudónimo masculino, por supuesto.

No se lo digas a nadie.

¿A estas alturas dudas de mí?

¿Me reciben?

(ERNESTO) "Sí, perfectamente".

Le escucha también el neurocirujano.

-"Antes de seguir, reitero mi desacuerdo".

"Soy médico de 2017, pero esta no es mi especialidad".

Ya lo he apuntado en su expediente, señor Morales:

valor se le suponía.

La diferencia está en que usted es agente del Ministerio,

y nuestro invitado, no.

Enfoquen al paciente, por favor.

Nunca debí pedir una excedencia en el INSALUD.

Si es Alfonso XII de verdad...

¿Qué se creía, que era un chiste?

Le recuerdo que ha firmado un acuerdo de confidencialidad.

Así que... adelante, por favor.

(CARRASPEA)

Proceda a lavar la herida.

-Gasa y suero.

Y coloque la batea del riñón sobre el paciente.

¿Esto? Eso, sí.

Y cierre los ojos si quiere. Esto va a ser de todo menos bonito.

Tranquilo, ya he visto muchas carnicerías.

¿Fue un criado del marqués quien disparó al rey?

Sí, pero lo pagó con su vida.

Tu compañero es un buen periodista.

Muchas gracias. ¿Por qué?

Porque sabe lo del criado y el disparo al rey.

De hecho, se supone

que la residencia estaba cerrada a cal y canto, y habéis podido pasar.

Tenemos buenos contactos.

Siempre supe que tenías talento y que ibas a triunfar.

Se os ve muy compenetrados en lo profesional...

e intuyo que también en lo personal.

No.

No, solo somos compañeros de trabajo.

Por supuesto.

Ella quería venir y yo decidí acompañarla.

No es bueno que una señorita viaje sola.

Cierto, pero aquí no corre ningún peligro.

Somos gente de bien,

la "crème" de la "crème" del mundo político y empresarial.

Me fío más de carteristas y chirleros

que de políticos y prebostes...

Ya que tu compañero nos considera poco menos que unos ladrones,

voy a presentarle al jefe de la banda.

"Madre del amor hermoso,

se le va a escapar el alma por ese agujero".

Vamos a por la durotomía.

"Le agradezco que sea tan didáctico,

pero dígame qué debo hacer y punto".

"¿Pinzas y tijeras?".

Sí.

Haga una pequeña incisión en la duramadre

y continúe con las tijeras.

-Dios. Dios mío.

Pare, pare.

No hay remedio. El cerebro está muy inflamado, por eso supura.

"Hay que intentarlo, hay que sacarle la bala".

-Si lo hace, solo conseguiría acelerar su muerte.

Vuelva a colocar el cuello cabelludo y vende.

"No hay nada más que podamos hacer".

¡Mierda! Mierda.

Comparto vuestra rabia.

Pero uno tiene que saber cuándo ha perdido la batalla.

¿Cuánto tiempo le queda?

Horas, un día como mucho.

Tiene las funciones vitales afectadas.

(SALVADOR) Bien.

Alonso, hable con sus compañeros

y céntrese en la investigación del atentado.

A ver si podemos encontrar una solución.

"Es la única opción que tenemos".

Sí, señor.

Una de las primeras mujeres universitarias.

Le doy la enhorabuena, señorita,

en el nombre del gobierno y en el mío propio.

Esa es la España que quiere mi gobierno:

ciudadanos cultos que trabajen sin descanso

por la ilustración general.

Tal vez ayudaría

si facilitasen el acceso de las mujeres a la universidad.

O incluso si pudiésemos votar, como los hombres.

Tomaremos medidas, se lo aseguro.

He ordenado una comisión al respecto.

Pero paso a paso, señorita.

España todavía no está preparada para tantos cambios de golpe.

Ha salido el médico.

Tengo la satisfacción de informarles

que... la operación ha sido un éxito.

Su majestad el rey está muy débil,

pero da muestras de una pronta recuperación.

¡Viva el Rey!

(MUCHOS) ¡Viva!

Al rey le queda un día de vida, como mucho.

¿El rey se muere?

Salvador ha sido muy claro:

debemos encontrar alguna pista. Me alegra oír eso.

Ya hemos encontrado muchos amigos;

ahora vamos a hacer unos cuantos enemigos.

Hemos tenido mucha suerte.

Ha estado al borde del infarto. No le exagero un ápice.

Su majestad es fuerte como un roble.

Por fin le encuentro, presidente. ¿Podría hablar con usted?

¿No ve que estamos hablando?

Me envía el subsecretario Martí.

Disculpe, señor marqués.

¿Por qué no me lo dijo antes?

Debe averiguar quién ha hecho esto.

Trabamos en ello.

Ahora le voy a pedir que haga uso de su autoridad.

¿Cómo iba a desconfiar de mi criado?

Tomasín era leal hasta el extremo.

¿Y cómo llegó a su casa?

Era un pobre huérfano.

Le recogí en Santiago de Cuba cuando tenía cinco años.

Yo viví allí más de una década,

y después me lo traje a la Península.

¿Y alguna vez lo vio en compañías extrañas?

Llevaba una vida muy tranquila.

Estaba volcado en su trabajo. El trabajo le hacía feliz.

Llevaba 30 años con nosotros.

30 años.

O sea que usted le regala 30 años de felicidad a Tomasín

y él se los devuelve atentando contra el rey.

¿Y todavía pretende que yo me lo crea?

Yo he sido como un padre para mis empleados,

y para Tomasín más que para ninguno.

Si yo mismo le enseñé a leer.

Claro, y seguro que le iba a casar con una de sus hijas.

Hacía mucho tiempo que nadie me hablaba así,

y el último recibió un navajazo en la tripa.

Por eso tuve que embarcarme para Cuba sin una perra en el bolsillo.

Yo no nací marqués, ¿sabe?

Yo tampoco.

Pero de navajazos sé lo suficiente.

Y ahora, antes de que el señor marqués saque la cheira,

me va a enseñar la habitación de Tomasín.

Ya la vieron los escoltas del rey.

Pues ahora la voy a ver yo.

Está casi vacía.

¿Qué esperabas, que hubiera una tele y un radiocasete?

A ver si estamos un poquito a lo que estamos, ¿eh?

¿Qué quieres decir?

Me parece muy bien que te reencuentres con tu pasado...

Mi presente.

Bueno si, tu presente.

Pero te recuerdo que estamos aquí para investigar un atentado.

Ya veo que tu tío es muy importante para ti.

Ni te lo imaginas.

(VOCALIZANDO) "¿Cómo estáis,

Rocinante,

tan delgado?".

Am... Amelia.

¿Sabes quién es Rocinante? ¡Sí!

Es un burrito pequeñito, flaco, flaco, flaco.

Sí, otra vez, va.

"¿Cómo es...?".

Le debo mucho a mi padre,

pero sin mi tío, no sé si sería la que soy hoy.

Y poder volver a verle, aquí, rodeado de gente tan importante...

Esa a la que una mujer de mi época no tiene la oportunidad conocer.

Ninguno de los de aquí es tan importante como tú.

Todos existen porque has salvado la historia 1000 veces antes.

Como la intentamos salvar ahora.

Mira.

Parece que el marqués los trata como una familia.

No te fíes de las apariencias.

Anda, mira, se les ha pasado una costurita aquí.

Esta gente no ha visto "Colombo" en su vida.

¿El qué? Da igual.

Está fechado en Santiago de Cuba en 1851.

El destino es Guantánamo y el buque, el General Armero.

Antonio López y hermano. Pero este tipo es...

El señor marqués, antes de ser marqués.

¿Ven esa lista de números, sexo y edad?

Son esclavos.

Eso es un contrato de compraventa y transporte de esclavos.

A ver, señores,

que el marqués se hizo rico a costa de la venta de esclavos

es algo que sabemos todos. Sí, pero ahora viene lo bueno.

Ahí dentro hay una cédula de identificación de esclavos.

Aparece un nombre de mujer, Rosario,

y un tal Tomasín como su hijo.

Sí, el criado que disparó contra el rey.

La pregunta es:

¿y si Tomasín no sabía que había nacido esclavo?

Pacino, no se ponga retórico. ¿Qué quiere decirnos?

A ver, imaginemos por un momento

que Tomasín adoraba al señor marqués

porque durante 30 años

le había dado trabajo y comida siendo huérfano.

Imaginando.

Pero un día, cotilleando en los papeles del marqués,

se da cuenta de que ha sido comprado como esclavo

y separado de su madre.

Seguramente me entrarían ganas de matar al que me compró

y que luego vendió a mi madre. -Así que el tal Tomasín

a que quería matar era al marqués y no al rey.

Ajá. Y entre el pánico y que no era buen tirador,

le dio al rey por error. Pues joder con el error.

Tenemos que actuar urgentemente.

Alonso seguirá en Comillas protegiendo al rey.

Ustedes dos irán a la Cuba de 1851 a liberar a la madre de Tomasín.

Suprimiendo el motivo de la venganza,

evitaremos que esta se ejecute 30 años más tarde.

Ya, pero eso cambiaría la historia.

-A veces hay que cambiar algo para que todo siga igual.

Hombre, igual, igual...

Al rey le quedan horas de vida.

Si muere, las consecuencias serán irreparables.

(Cánticos, algarabía)

Madre mía, aquí te caes al suelo y te sirven a la plancha.

Tranquilo, ya llegamos. Creo que es ahí.

Recapitulemos.

A ver, eh... tu hermano, que es mi cuñado,

tiene un negocio azucarero en Guantánamo,

y yo soy su nuevo administrador. Muy bien.

De todas maneras, aquí, si les das la pasta,

les da igual tu árbol genealógico, ¿eh?

Pues aquí es.

Adelante, señorita. Gracias.

Buenos días. Buenos días. ¿Qué desean?

Soy el cuñado del señor Feliú.

Venimos a comprobar la calidad del material.

Yo no puedo ayudarlos.

Necesito el permiso del dueño. Soy solo el capataz.

Bueno, pues... búsquelo y pídale permiso, ¿no?

A estas horas estará almorzando.

No va a querer, ya se lo digo yo.

Pero habrá que preguntarle, ¿no, figura?

(Pasos acercándose)

(HOMBRE) ¿Qué pasa, Neluco?

Muy buenas días, señores. Menudo calor, ¿eh?

Y tanto. Buenos días. Venimos de parte del señor Feliú.

Ah, sí.

¿Qué tal las cosas por Guantánamo?

Bien, estamos ampliando el negocio y necesitamos mano de obra.

Quedé en enviárselos la semana que viene.

Compré el cargamento hace seis días,

según salió del golfo de Benín.

Son negros lucumíes, grandes trabajadores,

y están sanos y fuertes. Aun así, nos gustaría verlos.

¿No se fían de mí? Hombre...

Si compro un caballo, le miro los dientes.

Y ya que venimos de Guantánamo... Déjalo, Jesús.

Buscaremos una casa de comercio más amable.

No se moleste, señora, es que no me parece lugar adecuado para usted.

Póngame a prueba.

Como desee.

Neluco, acompaña a los señores al barracón.

-Síganme.

(Toses)

Míralos, qué caritas...

A estos los tenemos juntos porque son familia. No se querían separar.

Hola, peque...

(NELUCO) Dios, qué paciencia.

¡Ah!

No aprendes, ¿eh, Tomasín?

¿Tomasín?

Bueno, ellos le llaman Fopi.

Pero le hemos puesto un nombre cristiano.

Este es el más rebelde, y eso le gusta al señor López.

Se lo va a llevar a su ingenio.

¿Quieren algo más? No. Vámonos.

No sé, creo que se nos está yendo de las manos.

Alfonso XII a punto de morir, Lola desaparecida,

las malditas sociedades secretas...

y ahora Amelia y Pacino cambiando la historia por orden de Salvador.

¿Qué harías tú en su lugar?

Está en juego la vida de un rey y su descendencia.

Habría hecho lo mismo, pero esa no es la pregunta.

La pregunta es: ¿qué no habría hecho?

No lo sé, dímelo tú.

Pues mira, habría sancionado a Pacino.

Dejó escapar a Marta, y todos lo sabemos.

Todos hemos fallado alguna vez, mejor verlo así.

Ernesto, por favor.

Pacino es demasiado buen policía como para cometer ese fallo.

Ya habríamos atajado el problema de las sociedades secretas.

Bien. ¿Segundo?

Jamás habría reclutado a Lola Mendieta de nuevo.

Ya.

Pensar que esta Lola no tiene nada que ver

con la Lola que conocemos es una ingenuidad

que un subsecretario no se puede permitir.

No, te equivocas, Irene.

Tenía órdenes de Salvador de matar a Lola

si la veía hundirse en los interrogatorios

en el campo de concentración.

Pues a lo mejor no era tan mala idea.

Sabes que supondría eliminar todas las misiones

que en el futuro iba a resolver.

Solucionar ese problema es más fácil

que lo que se nos vendrá encima. Ya la encontraremos.

Ah, ¿sí? Dime cómo.

Es muy lista, sabe escabullirse. Lleva haciéndolo desde niña.

Además, ese no es el principal problema,

aunque a todos nos dé miedo a hablar de ello.

Salvador ha roto una regla sagrada de ese ministerio:

no reclutar dos veces a la misma persona.

Viajar por el tiempo genera demasiadas paradojas

como para provocar otra más.

¿Y si las dos Lolas se encuentran en un viaje por el tiempo?

Al llegar al río, cruzaremos el puente.

Pues claro que sí, lo cruzaremos.

Y lucharemos por el Ministerio, como siempre.

El Salvador de toda la vida habría tomado otras decisiones.

No sé, tenía...

tenía otra intuición, otro olfato.

¿Qué quieres decir? No lo sé.

Supongo...

Supongo que todos nos hacemos mayores.

Y Salvador, también.

(Pasador corriéndose)

(Puerta abriéndose)

(MUJER) (RESPIRA NERVIOSA)

(EN OTRO IDIOMA)

Eh, tranquilo.

Que solo he venido a divertirme un rato.

¿Por qué no te diviertes conmigo?

Ven aquí.

Vamos, vamos.

Vamos. Pacino.

Pacino, ¿qué haces?

¿Cambiamos la historia por un rey, y no por esta gente?

Date prisa.

Vamos.

(GRITAN EN OTRO IDIOMA)

Si mi abuelo supiera que estoy velando a un rey...

madre mía,

se levantaría de su tumba y me daría una colleja...

¿No le gustaban los reyes? No.

Era republicano.

Decía que en un mundo moderno nadie debería heredar el poder,

sino ganarlo en las urnas.

Pues yo he dado la vida 1000 veces por un rey.

Y bien orgulloso que me siento.

Me lo imaginaba.

Sois de los Tercios viejos.

A veces hasta renunciabais a vuestra soldada

para que los mercenarios pudieran cobrarla.

¿Y vos cómo sabéis eso?

Me gusta leer libros de historia.

Quizá por eso, al contrario que a ti,

no me gusten los reyes, como a mi abuelo.

Ya.

Y sin embargo, os habéis dejado el alma

para intentar salvarle la vida.

Es mi misión y es mi paciente,

y no hay nada que duela más a un médico que ver morir a quien cuida.

Para mí es tanto dolor como para un rey perder su reino.

(Golpe lejano)

¿Qué ha sido eso? Tranquilo.

Será el cambio de guardia. No me fío de nadie.

Deja, ya voy yo. Así, de paso voy a mear.

(Golpe seco cerca)

¡Quieto! ¡Quieto ahí!

¡Trágala, perro!

¿Qué ha pasado?

Mis compañeros lo han conseguido, han cambiado la historia.

Podrían haberla cambiado antes y me hubiera ahorrado el chichón.

¿Y el rey? Vamos a buscarle.

Parece que le gusta a usted el barco, majestad.

Mucho.

Y no solo porque se llame como yo.

¿Por qué se ríe, señor?

Mañana va a ser un gran día para España...

y para usted, don Antonio.

¿Ocurre algo?

No, majestad.

Solo... Solo quería comprobar que estaba bien.

¿Y por qué no iba a estarlo?

¿Quién es este hombre?

Es mi nuevo ayudante.

Mi nombre es Alonso de Entrerríos, majestad.

Siempre a vuestro servicio.

Pues si quiere seguir sirviéndome, córtese el pelo.

Parece usted un bandolero de Sierra Morena.

(SUSPIRA) Ay...

El rey está sano y salvo gracias a ustedes, pero hay novedades.

No sé por qué me da que no van a ser buenas.

-No. Alonso nos ha informado de que peleaba

con dos tipos que querían matar al rey

justo cuando ustedes reiniciaron el tiempo.

Se volatilizaron.

¿Como el asesino de aquellas mujeres?

Exacto. El tiempo se reinició

como si el rey nunca hubiera sido herido.

Tomasín nunca estuvo en Comillas, no hubo disparos... Nada.

Pero si esos desaparecieron ante las narices de Alonso...

Es que son de 1881, o incluso antes.

O sea que no hemos conseguido nada.

Esa gente seguirá ahí y volverá a intentarlo.

-Por eso deben volver allí.

Alonso está protegiendo personalmente al rey.

¿Tienen alguna pista sobre quién puede ser?

-Uno de los tipos con los que estaba peleando Alonso

dijo: "Trágala, perro" al intentar matar al rey.

Hombre, a lo mejor con el calentón...

Peores cosas se me han escapado a mí

en algún interrogatorio chungo.

El "Trágala, perro" fue una suerte de himno

durante la revolución liberal de 1812.

Se refiere a cuando Fernando VII

se vio obligado a firmar la Constitución.

Vamos, que un absolutista jamás lo usaría.

No, claro.

-Por eso deben volver y saber quién está detrás de todo esto.

Ah, y recuerden...

deben actuar como si fuera la primera vez que van a Comillas.

¿Perdón? (ERNESTO) Verán,

el tiempo se reconstruyó

a partir de la liberación de los esclavos en Cuba.

El atentado nunca se ha producido,

así que nadie los recordará.

O sea, como si le dieras para atrás a la cinta.

Sí, exacto.

Es que no vean las charlas que nos pegan para explicar algo, ¿eh?

Hasta luego.

(Pasos acercándose)

Al final vamos a tener que darle las gracias al destino.

¿Y eso por qué?

Si el criado no dispara al rey por error,

nunca hubiéramos averiguado que otros querían matarle.

Pues ya que el destino nos ha ayudado por una maldita vez

vamos a cazar a esos hideputas. Ya he informado de todo a Sagasta.

Es genial esto de pedirle plenos poderes a un presidente

y que te los dé dos veces. ¿Por dónde empezamos?

Repetiremos lo que hemos hecho. Tú, vigila.

Ven, voy a volver a presentarte a mi tío.

Muy bien.

¿Qué haces en Comillas? Crónicas políticas.

Colaboro con un diario nacional bajo pseudónimo masculino,

por supuesto. Por supuesto.

Y usted no será... Compañero del periódico.

He querido acompañarla. No está bien que una señorita viaje sola.

No, aquí está segura. No encontrará lugar en España

con más guardias vigilando, aunque no se note.

Y tus padres, ¿cómo están? Hace semanas que no hablo con ellos.

Tampoco los veo mucho ahora que estoy en Madrid,

pero están bien de salud. Por cierto, no saben que estoy aquí.

Me gustaría que... Seré una tumba.

Así que crónicas políticas, ¿eh? Sabía que llegarías lejos.

Si nos perdona un momento... ¿Qué ocurre?

Bueno, el trabajo es el trabajo.

¿Nos disculpas? Por supuesto.

Acabo de ver al alabardero que intentó matar al rey.

Ahora va vestido de criado.

Hay algo que no me cuadra. ¿El qué?

No sé, a lo mejor son tonterías mías.

Vamos.

Cuanto más os mováis, más apretaré.

Vos sabréis si queréis volver a caminar.

El que no va a volver a caminar eres tú.

¿Qué es esto?

Ya sabemos quién quiere matar al rey.

Es tu tío, Amelia. Tu tío viene del futuro.

No digas tonterías.

Tiene razón, Amelia.

Yo también viajo por el tiempo

por cortesía de los nuevos Hijos de Padilla.

Pero ¿cómo supiste...?

La primera vez que nos vimos primero habló en catalán

y luego en castellano por cortesía conmigo.

La segunda vez, directamente en castellano.

Ni siquiera preguntó por tu trabajo en Madrid.

Estoy empezando en esto de los viajes por el tiempo

y aún me despisto.

Yo no me despistaré cuando os esté cortando el cuello.

¿Quiénes son los Hijos de Padilla? Unos pirados,

como los del Ángel Exterminador. No, no somos lo mismo.

Ellos quieren que España viva siempre

en la oscuridad de sus viejos fueros;

nosotros, que la luz de la revolución la ilumine.

Pues eso, unos pirados.

No podía creer que estuvieras implicada en esto,

pero cuando te vi con ese tipo,

Él vigilaba al rey

e impidió que mis hombres le mataran.

Por eso utilicé a uno de ellos como cebo.

Sabía que le reconocería. Picó él y vosotros dos también.

Vinimos aquí a matar al rey

y ese criado casi hace el trabajo por nosotros.

Luego, cuando fuimos a rematarle,

cambiasteis la historia, ¿cómo lo hicisteis?

A ti te lo voy a contar, no te jode.

¿Por qué a mí no?

Escúchame bien, Amelia.

Quiero que te unas a nosotros.

España se merece una historia mejor.

Y nosotros vamos a dársela con nuestras ideas.

Me estás hablando de ideas.

Matar a un hombre por defender una idea no es defender una idea,

es matar a un hombre. Sebastián Castellion.

Quizá tu madre tenía razón.

Únete a nosotros, Amelia.

No.

El destino de mis compañeros será el mío.

Asegúrate

de que ella no sufre.

Es la señorita Folch.

¿Una videollamada?

¿Señorita Folch?

"Me temo que la señorita Folch no se puede poner en este momento".

Oiga, pero ¿qué es esto? ¿Quién es usted?

Contésteme.

¿Quién es usted? Pero ¿qué pasa?

Déjeme ver.

"No soy, somos los Hijos de Padilla y van a comprobar con sus ojos

de lo que somos capaces".

Pero oiga, oiga, escuche, escuche. Vamos a hablar.

Creo que podemos encontrar una solución.

"Pero hablemos". "Algo tenemos que hacer".

Matar embozados es de cobardes. (HOMBRE) No.

Es de quienes no quieren ser reconocidos.

Me cago en tu puta madre, cabrón de mierda.

Aquí les traigo los informes que me habían pe...

¿Qué está pasando?

Dios mío. Disparad de una vez.

¡Disparad, hideputas!

Tus deseos son órdenes. Acabad con ellos.

Angustias, venga.

Venga.

No puede ser. Lola.

¿Lola? Lola.

Que sí, que sí, que soy yo, Lola.

Ya sé que me dijo que hiciera prisioneros, jefe,

pero eran ellos o nosotros. "No os lamentéis".

"Bien muertos están, pardiez".

Suscriba lo que dice Alonso.

Sabía que podía contar con usted, Lola.

"Es mi trabajo".

Y no está terminado, no tenemos tiempo que perder.

El objetivo ahora no es solo el rey,

es todo el Gobierno.

¿Nos puedes ir desatando mientras se lo cuentas?

Claro, perdona. -Bien, ahora corran, corran.

Si necesitan apoyo logístico, llamen de inmediato.

"Sí, señor".

Creo que nos debe una explicación.

Y como subsecretario que soy de este ministerio, se la voy a dar.

Recibí una alarma de 1821.

Un intento de liberación de un preso anarquista condenado a muerte

llamado Simón Cascajosa Sañudo. ¿Sañudo?

Ese es el apellido de Marta. De Marta.

La mujer que Pacino dejó escapar

en el caso de Hitchcock en San Sebastián.

El condenado a muerte era su padre.

Envié a Lola a investigar el caso.

Pase.

¿Qué ha averiguado?

Viajé al día en que intentaron liberar al tal Cascajosa

y coloqué una cámara.

Fueron estos hombres y esta mujer.

Marta.

Y no es la única del grupo que ha trabajado para el Ministerio.

Este también es agente nuestro, concretamente de 1982.

Se llama Luis Cejudo y es conocido por sus ideas radicales.

¿Y cuál sería su plan?

Viajar hasta allí e infiltrarme.

Pero eso es peligroso. Si la descubren...

Estoy preparada, se lo aseguro.

Bien.

Los documentos que tenemos aún no han dado sus frutos.

Necesito saber quiénes son

y cuántos agentes del Ministerio están implicados.

Sí, señor. -Y otra cosa.

Nadie debe saberlo.

Nadie. -Absolutamente nadie.

Entonces nadie lo sabrá.

La ha infiltrado en los Hijos de Padilla sin decirnos nada.

Pero si hasta lanzamos una alarma intertemporal.

Un secreto deja de serlo cuando lo comparten demasiadas personas.

Y ustedes deberían saberlo mejor que nadie.

Ahora nos toca esperar.

¿Se encuentra mejor? -Sí.

Pero otra como esta y la espicho. -Venga.

Muchas gracias. Es un honor ser compañero vuestro.

Entonces, ¿sabes qué pretenden? Sí.

Matar a todos, al rey, al consejo de ministros en pleno...

¿Cómo?

Han puesto una bomba en el sótano del palacio.

La harán detonar en pleno consejo de ministros.

¿Cuánto falta para eso?

30 minutos.

Una bomba en el sótano, ¿sabes dónde está colocada?

Claro, vi cómo la ponían.

¿Sabes desconectarla? ¿Yo?

Ni idea. Fue Pere Folch. Tenías razón, viajaba a su futuro.

Porque esa bomba no es ni siquiera de mi época.

¿Y si desalojamos el palacio? Tardaríamos demasiado

Llamad al Ministerio, que avisen a un experto.

¿Adónde va? A buscar al médico.

Él tiene esa cámara del demonio.

Hay otro asunto que resolver. Lo sé.

Cuando lleguemos, busca a mi tío.

Consigamos evitar o no esta masacre, tiene que pagar por esto.

Buenos días a todos.

(VARIOS) Buenos días, majestad. -Por favor.

Antes de comenzar este consejo de ministros,

quería dedicar unas palabras a nuestro magnífico anfitrión.

Don Antonio López, marqués de Comillas.

Para mí es un placer y un honor

que nos haya acogido tan generosamente en su morada.

(DISTANTE) Y ahora tiene la palabra don Fernando León y Castillo,

ministro de ultramar.

(FERNANDO) Majestad, señores ministros, señor marqués.

Vamos.

No tendrías que estar aquí.

Esto no es tu misión. Si algo sale mal...

Nada va a salir mal

si consigo ponerme este dichoso bonete.

Si algo sale mal, ¿qué?

Eres demasiado joven para morir.

Pues anda que tú...

Es la primera vez en mi vida que estoy a punto de morir

dos veces en el mismo día.

A mí me ha pasado ya varias veces.

Tomad

Listo.

Nosotros también.

Tenemos aquí a don Gaspar Antuña, TEDAX y agente del Ministerio.

Siento no estar para presentaciones,

pero estamos a punto de saltar por los aires.

(GASPAR) Vamos con calma.

Acérquese a la parte superior y busque el mecanismo de apertura.

"¿Esto? Esto, ¿no?". Sí, eso es.

¿Tiene un destornillador o algún objeto punzante?

Sí.

¿Esto serviría?

Vale.

Lo primero que tenemos que hacer es abrir la tapa del cilindro

que contiene el detonador.

Hágalo muy despacio

¿Te vas a perder los fuegos artificiales?

Estás vivo.

No sé si por mucho tiempo por culpa de vuestra puta bomba,

pero por si muero me gustaría cumplir un último deseo.

¿Cuál?

Para leer tanto ya te lo podías haber imaginado.

(Pitido intermitente)

Madre del amor hermoso.

Estese quieto, por favor. Sí, sí, perdón.

Tiene suerte de que sean cables.

No, suerte sería no estar aquí, caballero.

"A la derecha del temporizador hay un pistón cromado

del que salen cinco cables".

La derecha, esto será el pistón cromado.

Bien, pues hay que cortar el marrón.

A ver, a ver, a ver. Cinco cables.

¿Será esto? Sí.

Sí, y el marrón...

Este.

¿Estáis seguro?

Todo lo seguro que puedo estar desde aquí.

Tras escuchar las palabras del señor ministro de ultramar,

pasamos a someter la propuesta a votación.

A favor.

Se nos acaba el tiempo.

Por Santiago y por España.

(LOLA) Ay. Ha funcionado.

Ha funcionado.

Ha funcionado.

Ya está, ya está.

Traidora.

No consiento que nadie me llame así.

Nunca lo he sido y nunca lo seré.

Dejemos de discutir y volvamos al Ministerio.

Muy bien, id tirando vosotros.

Todavía tengo que arreglar unos asuntos con el señor marqués.

Vamos. ¿Estás segura de lo que haces?

Más que nunca.

Te arrepentirás de haberlo hecho.

Te arrepentirás toda tu vida.

Cerrad la boca si no queréis que os corte la maldita lengua.

(LOLA) Vamos.

Que conste que le recibo

porque me lo ha pedido el propio presidente Sagasta.

Debe de ser usted una persona muy importante.

No, solo soy un funcionario

que viene a hablar con usted del pasado.

Bien, supongo que no tiene sentido negarlo.

¿Qué es lo que quiere?

Dinero a cambio de su silencio. ¿Es eso?

No.

No todos hacemos todo por dinero, no todos somos como usted,

señor marqués. ¿Qué quiere que le diga?

En aquel momento era legal.

Esclavizar seres humanos ni era, ni es, ni será ético,

aunque las leyes se redacten a conveniencia.

Eso no me lo negará.

Si ha venido a darme lecciones de moral, puede ahorrárselas.

Escúcheme bien.

Yo he financiado la futura universidad de Comillas,

he patrocinado a cientos de artistas

y he ayudado a tanta gente que no puedo contar.

Para limpiar su nombre. Para limpiar mi conciencia.

Dios

me castigó quitándome a mi hijo mayor.

El menor va a recibir un legado manchado de sangre.

¿Cree que no me arrepiento cada día de lo que hice,

que no me gustaría poder cambiar el pasado?

Me temo que eso es imposible, señor marqués,

aunque hay algo que sí que podría hacer.

¿Al final pudo hacerme el favor que le pedí?

Por supuesto. La madre y el niño ya están allí.

No creo que cambie mucho más la historia

después de la que hemos liado. No.

No insista.

Nunca venderé a mis compañeros.

¿Sabe en qué nos diferenciamos usted y yo?

Ilumíneme.

Usted no tiene ideales, yo sí. Ah, ¿y cuáles son?

La restauración es un régimen corrupto.

El Gobierno en pleno está pasando las vacaciones

en casa de un empresario

al que van a enriquecer a golpe de decreto.

La justicia no es igual para el rico que para el pobre.

Y dos partidos políticos se reparten el poder y los beneficios.

Parece que estoy hablando de su época, en vez de la mía.

Piénselo bien.

Si nos dejan arreglar el pasado,

el futuro sería mejor.

Al futuro se llega segundo a segundo,

no asesinando a gente.

La historia está llena de violencia.

Desde Esparta, Roma,

hasta las guerras mundiales.

Son errores de los que hay que aprender.

No, eso son injusticias que no hay que olvidar.

Ustedes me recuerdan

a los reaccionarios del Ángel Exterminador.

Intentan evitar que cambie el pasado, la historia,

pero si está llena de errores,

¿por qué no corregirlos?

¿Le ha explicado a Amelia lo que pasará?

¿Lo que pasará?

Lo que ha pasado, imbécil.

¡Lo que ha pasado!

Adelante.

¿Qué van a hacer con mi tío?

Atentar contra el rey está penado con la muerte,

pero el Gobierno de Sagasta

inventará cualquier motivo para detenerle.

¿Y llevarle al castillo de Loarre?

Pocos lo merecen más que él.

Lo sé.

Si no tiene más que decirme, necesito ir a ver a mi familia.

De eso quería hablarle.

Y no será fácil, se lo aseguro.

Siéntese, por favor.

Como usted sabrá... No solo hemos cambiado la historia

sino también la historia de mi vida.

Exacto.

La reclutamos en 1880,

justo hace dos años.

Esta misión tuvo lugar en 1881.

¿Qué me voy a encontrar cuando llegue a casa?

Cuando vuelva,

su padre llevará muerto un año.

Cuando detuvieron a su tío,

el Gobierno incautó todas sus empresas,

empresas de las que su padre también era socio.

No lo pudo superar y, bueno,

sufrió un infarto.

Lo siento.

(LLORA)

Cuando...

Cuando acepté formar parte de este Ministerio,

lo hice creyendo que era lo correcto.

Pero nunca pensé que eso iba a destrozar a mi familia.

No creo que pueda seguir adelante como si eso no hubiera pasado.

Necesito elegir entre...

el Ministerio y mi familia y...

voy a elegir a mi familia.

Entiendo.

Hay dos maneras de sacar a su familia de la miseria.

Casarse con un rico heredero

o levantar el negocio familiar usted sola.

Yo prefiero esta segunda.

Porque eso significa que algún día

podrá volver al Ministerio.

Tenga.

¿Qué es esto?

Bueno, es... (CARRASPEA) cierta información

sobre dónde puede invertir en Bolsa en los próximos años.

Mi padre quería invertir en globos aerostáticos.

¿Zepelines? No, mal negocio, no.

Es mucho mejor invertir en telefonía o electricidad.

Siempre da beneficios.

Y en su época es un negocio creciente.

Gracias.

Amelia.

¿No quiere despedirse de sus compañeros?

Ahora no, no puedo.

(Pasos acercándose)

¿Dónde estabas?

Volviendo de Madrid.

¿En el aniversario de la muerte de tu padre?

¿Sabes lo difícil que es esta fecha para mí?

No sé cómo puedes dejarme sola. No volverá a ocurrir, madre.

No volverá a ocurrir.

Estoy sola.

Pobre y sola.

Y así me voy a morir.

Ojalá sea cuanto antes.

Saldremos adelante, madre.

Y lo haremos juntas.

¿Qué hacéis aquí?

Acompañaros en el duelo, aunque sea un año tarde.

Como te fuiste sin avisar...

Lo siento.

No me gustan mucho las despedidas.

¿Quién ha dicho que esto es una despedida?

Para nada.

Si nos queremos ver, nos hacemos unas puertas y ya está.

Yo me fui

y luego regresé.

Y tú tienes que hacer lo mismo.

Acabo de irme y no puedo pensar en otra cosa.

Os echaremos de menos.

Y yo a vosotros.

Tenemos que viajar a 1961 para salvar "Viridiana"

y conseguir que Buñuel gane el festival de Cannes para España.

Se harán pasar por productores cinematográficos norteamericanos.

Salvador ni ha nombrado a Amelia.

En este Ministerio no hay tiempo para sentimentalismos.

Eres la única persona en la historia de este Ministerio

que ha sido reclutada dos veces.

Salvador se ha saltado todas las reglas contigo.

¿Cómo has sabido que estaba aquí? ¿Quién era ese?

Mi marido. Pitaluga al aparato.

Nos enfrentamos a una más que posible guerra civil

a lo largo de todos los tiempos.

Mira.

Ese soy yo.

Jugar con las personas tiene su precio.

Lo siento, pero no sé hacerlo mejor.

Veo que tenéis alguna cuenta pendiente.

No te imaginas cuántas, Alonso.

Nunca, ¿me oyes?, nunca te engañes a ti mismo.

Cine, cine, pero yo lo que quiero

es estrenar "Viridiana" de una puta vez, coño.

"Viridiana" es una blasfemia.

Si usted acierta 14 con este boleto que yo le doy,

me ayuda a que "Viridiana" pase la censura.

Me declaro objetor de conciencia.

Pero ¿sabes lo que es eso? Sí, me lo explicó Julián.

¿Yo he muerto? -Hace unos meses.

¿Por qué no me lo ha contado antes?

No hubiera querido tener que decírselo nunca.

¿Por qué lo ha hecho ahora? -La historia de España

está a punto de estallar y este Ministerio, de derrumbarse.

¡Suéltame!

¡Suéltame! ¡Irene!

El Ministerio del Tiempo - Temporada 3 - Capítulo 6: Tiempo de esclavos

¿Cuál será el favorito de la cuarta temporada? Queda muy poco para poder disfrutar de los nuevos episodios. Mientras, nos conformamos con el aperitivo de este lunes, Antes de que no haya tiempola precuela que se estrena a las 14 horas el 20 de abril

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