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JFK, icono cultural: de Andy Warhol a Marilyn Manson

  • El arte ha reflejado su magnetismo y sus contradicciones
  • Su muerte eclipsa su figura como presidente
  • El asesinato de Kennedy, en nuestro especial interactivo

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'Flash' November 22, 1963',  Andy Warhol,1968 (53.3 x 53.3 cm.) The Andy Warhol Museum, Pittsburgh.
'Flash' November 22, 1963', Andy Warhol,1968 (53.3 x 53.3 cm.) The Andy Warhol Museum, Pittsburgh.

John Fitzgerald Kennedy, guapo, triunfador, carismático, mujeriego. Un cadáver hermoso asesinado en uno de los acontecimientos más impactantes del siglo XX. Uno de los presidentes más famosos de la historia de EE.UU. que, en poco más de tres años, vivió la carrera espacial, la mayor tensión de la guerra fría y la lucha por los derechos civiles. ¿Qué ha representado el icono Kennedy en la cultura durante estos 50 años?

Por un lado, es la quintaesencia del sueño americano, idealizado como cualquier fallecido. Su imagen absorbe la proyección de una América que nunca fue. Por el otro, simboliza el vacío tras la iconografía. Porque JFK es más imagen que relato, más paisaje que retrato. En cuanto a películas, por ejemplo, está, lejos de los dos presidentes más representados: Abraham Lincoln y Richard Nixon, es decir, el héroe y el villano. Lincoln fue asesinado tras completar su labor. JKF es un presidente interruptus, eclipsado por una muerte que ha ejercido más fascinación que su figura.

Ejemplo perfecto es JFK, la película de Oliver Stone que es una declaración de amor hacia Kennedy, pero en la que su personaje es prácticamente un figurante, un McGuffin tiroteado. Pero, como icono mayúsculo de su siglo, la fotografía, pintura, literatura y el cine, han retratado sus contradicciones y dibujado su magnetismo.

Fotogenia americana

Tan solo seis días antes de tomar posesión, JKF se dejó fotografiar con su mujer e hijos por Richard Avedon, el gran maestro del retrato. Seis fotografías se publicaron en el Harper's Bazaar. El resto, permanecieron inéditas hasta 2007. Era el inicio de la combinación más efectiva y glamurosa de presidente-primera dama. El propio Avedon sucumbió a los encantos de esa corte presidencial, bautizada 'Camelot' por ser el musical de Broadway preferido de JFK. "Los Kennedy y mucha de la gente a la que ellos atraían estaban llenos de promesas y orgullo como no he vuelto a ver en los políticos estadounidenses", dijo años después el fotógrafo.

El reverso irónico de tanto papel couché lo plasmó el pop-art, con obras tan importantes como Retroactive I, de Robert Rauschenberg. Como toda celebridad de los 60, JKF tuvo su serie de cuadros del inevitable Andy Warhol: Flash-November 22, 1963, realizados cinco años después del asesinato. El artista, obsesionado con el cruce entre tragedia y fama, declaró: “Era guapo, joven e inteligente, pero no me molestó mucho que muriera. Lo que me molestó fue el modo en el que la televisión y la radio programaron a todo el mundo para sentirse triste. Por mucho que lo intentaras, no podías escapar de eso”.

Liderazgo y poder

El 22 de octubre de 1962 Picasso, a sus 81 años, presenció el discurso de Kennedy alertando del descubrimiento de misiles soviéticos en Cuba y se encerró 10 días para completar su serie sobre El rapto de las sabinas, que simbolizaban el enfrentamiento y la destrucción entre las dos potencias.

Mientras Picasso pintaba en el sur de Francia, el mundo contenía la respiración. Bobby Kennedy escribió Trece días, un libro sobre el momento definitorio del mandato de su hermano que ha dado lugar a dos películas: Los misiles de octubre, telefilme de 1974 con William Devane como JFK y Martin Sheen ya merodeando por la Casa Blanca. Y en al año 2000, Trece días, una revisión que incluía documentos desclasificados, con Kevin Costner repitiendo en el universo JKF y Steven Culp interpretando al presidente aprovechando sus credenciales: ya le había interpretado telefilme Norma Jean & Marilyn.

Ambas retratan que su mejor legado para evitar el holocausto inminente fue, sencillamente, no hacer nada. En la historia, un hecho vital; en la ficción, un personaje pasivo. La reciente El mayordomo, James Marsden, toca otro de los sucesos de su breve mandato: la lucha de los derechos civiles.

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Lado oscuro y maldición

Tras la fachada de sonrisa perfecta se esconde el personaje con aristas. La miniserie The Kennedys, en la que Greg Kinnear daba vida a JFK, era un acercamiento a la publicitada ‘maldición familiar’ y al destino trágico de los patricios americanos. Los ocho episodios no fueron bien recibidos. Ted Sorensen, el cerebro que escribía los discursos de JFK, describió la serie como un “asesinato de personajes”. El affaire con Marilyn Monroe, nunca confirmado, es más una cuestión de probabilidad: cuando dos promiscuos se cruzan, rara vez se ignoran.

El propio Kennedy obtuvo un premio Pulitzer en 1957 por su libro de biografías Perfiles de coraje (tres años después del Nobel de literatura de Churchill; una época de peloteo político). Ted Sorensen reconoció en 2007, pocos años antes de su muerte, su “papel decisivo en la escritura”. Traducción: Kennedy recogió el Pulitzer que escribió su negro.

Dallas: Asesinato y conspiración

Los hechos del 22 de noviembre en Dallas, la espectacularidad de su asesinato, potenciado por la ya consolidada era televisiva, superan a su labor presidencial en la memoria colectiva.

El escritor Don DeLillo fue el primero en fijar una ficción que cuestionaba la versión oficial en su novela Libra. Inspirándose en parte en Libra, Oliver Stone construyó en JFK (1991) los mejores minutos de su filmografía, una lección de montaje alrededor de aquel día, en donde todo parece conjurado para, prácticamente, un ajusticiamiento público.

El maestro de la novela negra James Ellroy se sumó a la moda consprianoide en 1995 con la novela American Tabloid (que James Franco proyecta llevar al cine ahora).

Parkland, película presentada en el último Festival de Venecia que todavía no ha llegado a España, presenta una visión calidoscópica situando la acción el Hospital Parkland de Dallas, donde jefes del servicio secreto, agentes del FBI, los doctores que certificaron la muerte de Kennedy y diversos personajes son testigos del acontecimiento. Zac Efron, como uno de los doctores que atendió al presidente, y Paul Giamatti, como Abraham Zapruder, figuran en el reparto.

El coche descapotable, el traje rosa de Jackie Kennedy mientras se aúpa al maletero buscando ayuda, la cabeza reventada de JFK… Las vívidas imágenes registradas en la cámara de Zapruder son constante inspiración. Marilyn Manson buscó y encontró la polémica en 1999 con su videoclip 'Come White', en el que recreaba el asesinato. El lanzamiento coincidió además con la matanza de Columbine y el accidente mortal de John F. Kennedy junior.

¿Y si Kennedy no hubiera muerto?

Stephen King publicó en 2011 22/11/63, una novela en la que un viajero en el tiempo evita el magnicidio. Cuando regresa, descubre una distopía de tomo y lomo. No era la primera vez que la ciencia ficción salvaba el presidente. Profile in silver, uno de los mejores episodios de la gran serie ochentera The twilight zone, coincidía en el argumento de que cualquier tiempo cambiado no tiene por qué ser mejor. Un historiador del siglo XXII, descendiente de Kennedy, viaja a Dallas dentro de un programa para recabar datos de hechos históricos pero, en un arrebato familiar, impide el asesinato. ¿Resultado? Kruschev es asesinado una hora después, la URSS invade Berlín occidental, la Guerra nuclear y la destrucción de la raza humana es inevitable. Así que Kennedy, héroe una vez más, tiene que retrocedes en el tiempo para recibir un balazo que salve el mundo. Solo que al final, retrocede en el tiempo el propio historiador sacrifircándose. Y Kennedy viaja al futuro, al siglo XXII, para continuar soltando discursos inspiradores. Eso sí, sin Ted Sorensen.