Descontento, efecto grupo o el altavoz de las redes: qué hay detrás de la participación de menores en los disturbios
- Al menos diez personas, entre ellos el presunto cabecilla, han sido detenidas por crear canales de Blocus que incitaban al saqueo
- Los disturbios en Bilbao y en Barcelona dejan 19 y 128 detenidos respectivamente, muchos menores

Un joven pasa por delante de un fuego en plena calle durante las protestas de BarcelonaEFE / Alberto Estevez.
El llamamiento del movimiento Blocus este fin de semana en varios puntos de la geografía española ha encendido la preocupación social ante una nueva posible participación de cientos de jóvenes, muchos de ellos menores, en actos violentos o saqueos a comercios.
Esta nueva convocatoria, que coincide con la celebración de Halloween, llega una semana después de que una concentración de personas a través de redes sociales en Barcelona desembocara en caos, quema de contenedores, rotura de escaparates y la detención de 128 personas, 72 de ellas menores. Dos días después, en Bilbao, se repetían las imágenes y se producían 19 detenciones, de las que siete eran de adolescentes. Se desconoce, sin embargo, si ambos altercados están relacionados, ya que esta protesta siguió a la convocatoria de un acto en la ciudad del agitador Vito Quiles, que finalmente se canceló.
El foco se centra ahora conocer la finalidad de la protesta y en confirmar quién/es son los responsables, tras ser detenido en Picanya, Valencia, el presunto impulsor del movimiento Blocus, así como otras nueve personas, varias de ellas menores, en Bilbao, Barcelona, Lleida, Valencia, Málaga y Tenerife, por la participación o difusión en redes del movimiento.
Otra de las incógnitas es la finalidad de la protesta. Blocus es la etiqueta en redes que significa “bloqueo” en francés y que también se ha usado en las manifestaciones de educación en París. En España, el movimiento ha usado consignas “por un futuro digno”, la vivienda o los salarios en sus carteles, sin dar más especificaciones. En los canales en los que se difunden, no obstante, hay personas que han animado a ir con material escolar para simular protestas estudiantiles, según la Guardia Civil. A la espera de las conclusiones de la investigación, algunos partidos ya se han lanzado a ataques sobre a qué bloque político beneficia más la protesta, caldeando la precampaña.
RTVE Noticias recopila las claves de lo que se conoce hasta ahora y analiza con expertas qué envuelve la violencia juvenil, el efecto de las redes en los adolescentes y el papel de las familias y otras redes de apoyo. “Que los jóvenes salgan a las calles para este tipo de conducta no significa necesariamente que se hayan radicalizado ideológicamente, puede en muchos casos sí pero en otros puede que no tengan una tendencia política clara y que hayan salido porque simplemente lo han visto en redes, porque les ha parecido curioso, porque romantice la violencia…”, apunta la psicóloga especializada en infantojuvenil Sophie Álvarez-Vieitez.
¿Qué puede llevar a los jóvenes a unirse a los disturbios?
Sobre qué puede haberles llevado a unirse a este tipo de protesta, las profesionales consultadas coinciden en que es complejo apuntar a una sola causa debido a la diversidad de los participantes y a la falta de información concreta sobre sus perfiles.
Entre algunos de los factores, cuenta por su parte investigadora del grupo Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universitat de Barcelona, Laura Pascual, puede estar también el efecto grupo. “Hay personas que pueden unirse por estar con sus amigos, o porque considera que va a estar más valorado dentro de su grupo o en redes. También pueden optar por la violencia por frustración, falta de expectativa o tener problemas personales o en casa…”, enumera, aunque reconoce “cada persona es diferente y habría que escucharles para conocer los motivos”. Tampoco se pueden descartar motivaciones económicas en el caso de los pillajes o políticas.
En esta línea, incide también la profesora de Psicología Social de la Universidad Pablo de Olavide, Amapola Povedano. Apunta a que pueden interactuar “factores individuales, familiares, escolares y comunitarios” a la hora de entender los comportamientos violentos. Aunque “quienes se implican en estas conductas describen con frecuencia un clima familiar más negativo, peor comunicación profesorado y menor apoyo percibido”, afirma la experta, “lo contrario también es cierto: expresar las emociones abiertamente en la familia actúa como factor protector frente a comportamientos violentos”. Otra de las hipótesis, añade, puede ser “la desvinculación y el anonimato de la multitud disminuya la autorregulación y la responsabilidad personal” o que la propia incertidumbre vital (laboral, educativa, vivienda, etc.) "se canalice en hostilidad cuando faltan cauces para expresarla”.
Escuchar y medidas proporcionadas: recomendaciones a familias
En el caso de las familias en las que haya menores implicados en este tipo de dinámicas, las expertas piden individualizar cada caso antes de establecer medidas. “Lo primero es no reaccionar solo con alarma o castigo. Recomendaría mantener una comunicación abierta, escuchando sin interrogar ni sermonear y mostrando interés por con quién están y cómo se sienten; establecer normas claras, coherentes y razonadas, combinando afecto y supervisión, porque el estilo parental democrático es el que mejor protege”, considera Amapola Povedano, que apuesta también por supervisar el uso de redes y acudir a los profesionales en caso de “implicación en reiterada violencia, consumo de sustancias o aislamiento”.
Laura Pascual también defiende tener en cuenta el grado de participación (si han sido detenidos, si han robado o solo participado de manera pacífica, etc.) y trasmitirles “la gravedad de lo que han realizado”. “Es muy importante que comprendan realmente lo que implica, la gravedad que tiene y que esto tiene una consecuencia”, ha añadido.
Es muy importante que comprendan realmente qué implica lo que han hecho
Antes de llegar a estos extremos, la psicóloga Álvarez-Vieitez recomienda estar atentos a algunas señales sobre la normalización de la violencia en los jóvenes: “Se puede ver las noticias con ellos, preguntarles qué opinan, qué les parece y cómo creen que se pueden sentir estos chavales o qué consecuencias creen que debería haber. Es decir, darles la oportunidad una vez más de ser ellos quienes se expresen para ver qué pistas hay”. También, agrega Pascual, se debe estar pendiente por si "hay respuestas violentas que nos parezca desproporcionadas ante determinados momentos" "Esto no quiere decir que esté implicándose en conductas violentas, pero nos puede estar diciendo que a lo mejor tiene un problema con la frustración o con el control de impulso, o que está mal y está sufriendo porque tiene otra serie de problemas más allá de la familia”, señala a modo general.
La violencia no es nueva, pero puede amplificarse con las redes
Además de la presencia de menores, otro de los rasgos que ha llamado la atención de la protesta es su rápida convocatoria a través de redes sociales. “La violencia juvenil no es nueva y la influencia del grupo lo es. Lo que es nuevo es como la velocidad y el alcance a la que se mueve todo esto y más en un contexto polarizado, con las elecciones a la vuelta de la esquina”, señala Sophie Álvarez-Vieitez.
Respecto a esto, las psicólogas recomiendan a las familias prestar atención a los contenidos que consumen y producen sus hijos e hijas en ellas, ya que los contenidos violentos pueden llegar a viralizarse en minutos. “Al final un like o un comentario poniéndote ‘qué crack’ puede ser un chute de dopamina”, ha dicho sobre como las redes, en ocasiones, también pueden amplificar la visión de grupo o rellenar ese vacío.
Finalmente, las profesionales recuerdan que, aunque estos casos son preocupantes, conviene “evitar generalizaciones” en la juventud. “No hay que criminalizar a toda una generación porque 500 hayan salido a hacer lo que han hecho”, considera Álvarez-Vieitez. “La inmensa mayoría de las personas jóvenes (y no tan jóvenes) se manifiestan pacíficamente y reclaman derechos básicos, como es la vivienda, y no participa en estos hechos”, señala Amapola Povedano, y pide reflexionar también en el papel de la “escuela, la comunidad y las políticas públicas”. En esta línea, apunta asimismo Laura Pascual que pide esperar a los resultados de las investigaciones en curso antes sacar conclusiones.


