El queso suizo o cómo la tragedia de Los Rodeos explica en el teatro la naturaleza de un accidente como el de Urda

  • Nave 10 Matadero estrena en Madid Take off, de Jose Padilla, sobre la catástrofe de 1977, la mayor de la historia de la aviación
El Teatro Español estrena Take off, de Jose Padilla

El Teatro Español estrena Take off, de Jose Padilla

Esteban Ramón
Esteban Ramón

Para el dramaturgo tinerfeño Jose Padilla, el accidente del Aeropuerto de Los Rodeos de Tenerife -el peor de la historia de la aviación civil con 583 víctimas- tenía un componente casi mitológico que flotaba en el inconsciente colectivo. Sucedió en 1977, cuando el autor teatral solo tenía un año, pero creció oyendo sus ecos en la isla, pese a que las víctimas de la catástrofe fueron todas extranjeras (esencialmente las 335 estadounidenses y 248 neerlandesas de los dos vuelos que colisionaron mientras circulaban por la pista).

Hace años, al ver que un capítulo de Breaking Bad el mismísimo Walter White mencionaba Los Rodeos durante un monólogo, Padilla sintió que la trascendencia del hecho quizá podía ser contada por alguien más cercano. El resultado es Take off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido), una pieza teatral sobre la anatomía de un accidente en la que cinco actores (Almudena Puyo, Carlota Gaviño, Kevin de la Rosa y Lucía Trentini) recrean en 25 personajes el antes, durante y después de la tragedia de Los Rodeos. La obra se representa en la Nave 10 Matadero de Madrid del 5 al 15 de noviembre.

“Fue un hecho planetario, porque afectó de lleno a Estados Unidos, Países Bajos y España en menor medida”, cuenta Padilla (ganador del Premio Max a mejor obra juvenil en 2019 por Dados). “Vinieron a morir en Tenerife en un aeropuerto en el que se preveía que no pasase absolutamente nada. Fue completamente azaroso”.

En una desconcertante sincronía, Padilla y sus actores ensayaban este miércoles la obra cuando tuvieron conocimiento del accidente ferroviario de Urda. “Es una coincidencia y no lo es”. Y desarrolla: “El teatro siempre está dialogando con los espectadores, siempre tiene una experiencia con el espectador, que obtiene respuestas o más preguntas en función de su propio devenir. Obviamente, el público acudirá con una capa de más”.

Su conocimiento del accidente ya es enciclopédico, pero su cometido como autor es otro. Padilla define su obra como un cruce entre el “thriller, la poesía, el teatro documental y la comedia”. Explica que es un escenografía mínima, apoyada en el videoarte, con el objetivo de contar no la cronología de lo "meramente factual", sino el mecanismo que propicia que pequeños errores desencadenen el cataclismo.

Explica que se le encendió la bombilla al conocer la teoría del ‘modelo de queso suizo’, acuñada por el psicólogo James Reason sobre la causalidad de los accidentes. La metáfora láctea de Reason consiste en cortar un queso con agujeros en rebanadas: cada sección es una capa de seguridad y sus agujeros las debilidades. Cuando los agujeros de todas las capas se alinean ocurre el accidente. Para Reason, los agujeros pueden ser ‘fallas activas’ -que incluye los errores humanos- o ‘condiciones latentes’, es decir, riesgos de un sistema deficiente, falta de mantenimiento y un contexto de amplios factores socioeconómicos.

“Si uno solo de los muchísimos factores que entraron en juego no se hubiera dado, no hubiese ocurrido el accidente. Hay un momento que para mí alberga un nivel de tragedia enorme que es tontísimo: el avión de KLM estaba repostando, el avión de Pan Am, detrás, pide adelantar y le dijeron que no cabía. Bajaron y lo midieron con cinta métrica: no cabía por seis metros. Que es nada hablando de estos dos mastodontes (los dos Boeing 747 implicados tenían un ancho de unos 70 m). Me parece una ironía trágica brutal porque en el escenario mostramos lo poco que son seis metros”.

Otra capa, la más difusa y menos obvia, es el contexto político, social y económico en el que sucede el accidente. “Desgraciadamente era muy fértil para que ocurriera. Era enrarecido: la Guerra Fría y la Transición. Literalmente la mezcla de las dos cosas fue lo que en una gran escala posibilitó que sucediera”, afirma.

Aquí entra en juego la bomba atribuida al Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) en el aeropuerto de Gran Canaria que propició que los dos Jumbos fueran desviados al pequeño aeropuerto tinerfeño envuelto en la niebla. “Contamos, según lo que se sabe, lo que tiene que ver con cómo potencias extranjeras estaban sufragando bajo cuerda a grupúsculos terroristas para obligar a España y al gobierno de Adolfo Suárez a que entrara en la OTAN. Es algo muy loco que sigue pasando: cómo esos sistemas enormes a nivel socioeconómico y político se relacionan. Y, de nuevo, si no hay financiación, no hay bombas, no hay desvíos y no hay accidente”.

Sin tantas complicaciones geopolíticas, el propio impulso económico tuvo su papel. “En Holanda existían leyes que multaban a los pilotos si había retrasos en el despegue. El nivel de presión que tenían era increíble. Fue otro de los muchos factores”. Porque el título de la obra Take off (Despegue) remite directamente a la deficiente comunicación entre el piloto holandés de KLM y la torre de control. El accidente cambió para siempre los estándares mundiales de dominio del inglés y de vocabulario permitido y prohibido (por ejemplo, take off).

Tanta fatalidad le remite al fatum del teatro griego y su destino inexorable. “Está muy dentro de lo que contamos, algo que viene y no lo puedes evitar. No fue buscado, pero está. Hay personajes que tienen algo del profeta ciego de Tiresias”. Y defiende la emoción en juego en su obra: “Nos interpela porque nos habla de algo que nos atraviesa como humanidad, que tiene que ver con el error, con lo falible: lo poco seguros y perecederos que somos”.