El Parlamento húngaro anula la ley de Orbán que relacionaba la homosexualidad con la pederastia
- Es el primer cambio significativo en las restricciones impuestas por Orban contra el colectivo LGTBI+
- El Tribunal de Justicia de la UE determinó que la ley infringía los valores fundamentales del club comunitario
El Parlamento de Hungría ha derogado este martes la legislación que prohibía hablar de relaciones homosexuales en los colegios y la programación infantil y que relacionaba la pederastia con la homosexualidad. El nuevo Ejecutivo del partido conservador Tisza ha eliminado varias disposiciones de la llamada Ley de protección del menor, que se aprobó en 2021 durante el Gobierno del ultranacionalista Viktor Orbán y que fue duramente criticada por la oposición de izquierdas.
La polémica normativa implicaba que películas o contenido televisivo que mencionara la homosexualidad pudiera estar recomendado solo para mayores de 18. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea consideró que la ley violaba los valores comunitarios y la Comisión Europea abrió un procedimiento contra Hungría por sacar la medida adelante. El año pasado, el Parlamento húngaro también aprobó una enmienda a la ley de reunión que prohíbe en la práctica la celebración del desfile del Orgullo LGTBI, con el argumento de proteger a los menores de edad.
Fidesz, el partido de Viktor Orbán, ha acusado al actual Gobierno de "neutralizar" la ley original por la presión ejercida desde la UE. El TJUE considera que la ley infringía los valores fundamentales de la Unión Europea, y falló que "estigmatiza y margina" a las personas LGTBI+.
La comunidad LGTBI+, objetivo de Orbán
Desde la llegada al poder del ultranacionalista Víktor Orbán en 2010, el colectivo LGTBI+ ha vivido un enorme retroceso en materia de derechos y libertades. Desde 2020, las parejas homosexuales ya no pueden adoptar hijos de acuerdo con una modificación de la Constitución que estipula que "la madre es mujer, el padre es varón" y establece que solo los matrimonios (según la Carta Magna húngara, la unión entre un hombre y una mujer) pueden adoptar. Asimismo, las personas trans ya no pueden registrar sus nuevos nombres.
Amnistía Internacional ha señalado que el nuevo Gobierno "merece reconocimiento" por revertir parte de las medidas implementadas por el anterior Ejecutivo. Sin embargo, subraya que tras esta votación en la Cámara se mantienen "intactas" otras disposiciones discriminatorias de la legislación húngara, por ejemplo, la Ley de Protección de la Familia, que también contiene restricciones similares sobre "representación" o "promoción" de la homosexualidad y la diversidad de género.
"El proyecto de ley tampoco aborda el lenguaje discriminatorio de la Constitución húngara ni las restricciones de la Ley de Libertad de Reunión que se han utilizado para prohibir el Orgullo y otras manifestaciones relacionadas con el colectivo LGBT", señala un comunicado de la organización, que insta al Gobierno de Tisza, con una amplia mayoría parlamentaria, a desmantelar el marco legal anti-LGTBI+ de la era Orbán. "Debe culminar lo que comenzó" y "enmendar las disposiciones discriminatorias restantes".
Una ley que "estigmatiza y margina"
La votación del Parlamento húngaro llega después de que en abril el TJUE considerara que el Gobierno de Orbán infringió los valores fundamentales de la Unión Europea con la 'Ley de protección del menor'. El Tribunal se pronunció a petición de la Comisión Europea, que calificó la sentencia de "histórica".
El fallo mencionó que el contenido de la norma "estigmatiza y margina a las personas no cisgénero, incluidas las personas trans, o no heterosexuales", a las que tacha de "perjudiciales para el desarrollo físico, mental y moral de los menores debido únicamente a su identidad o su orientación sexuales y (...) las asocia con la delincuencia pedófila, lo que puede reforzar esta estigmatización y fomentar comportamientos de odio hacia ellas".
Un mes después de ese fallo, se celebró la investidura del conservador y europeísta Péter Magyar como nuevo primer ministro de Hungría, lo que puso fin a los 16 años de gobierno de Orbán y abrió una nueva etapa en las relaciones con la Unión Europea, cuyos líderes celebraron el giro político del país. En su primer discurso como jefe de Gobierno, Magyar vaticinó no solo un cambio de Gobierno, sino un "cambio de sistema".