Homenaje en Gernika al lehendakari Agirre y al primer Gobierno Vasco en su 90 aniversario
- El acto ha tenido lugar en el mismo escenario donde juró su cargo, la Casa de Juntas de la villa foral
- Pradales asegura que quienes justificaron la violencia terrorista tienen una deuda moral pendiente
"Ante Dios humillado. En pie sobre la tierra vasca. Con el recuerdo de los antepasados. Bajo el árbol de Gernika. Juro cumplir fielmente mi mandato". Las palabras del juramento de José Antonio Agirre han resonado 90 años después en la Casa de Juntas de Gernika, el mismo lugar en el que tomó posesión de su cargo como lehendakari del primer Gobierno Vasco, el 7 de octubre de 1936. Este miércoles se ha rendido homenaje a aquel Ejecutivo en un acto solemne.
Han participado los lehendakaris Imanol Pradales, Iñigo Urkullu, Patxi López y Juan José Ibarretxe, así como descendientes de Agirre. También representantes políticos e institucionales. La acción política de Agirre nos deja dos enseñanzas, ha dicho el lehendakari Pradales: "Una sociedad democrática no se construye ni sobre la imposición ni sobre la negación del otro". "Por ello, quienes alentaron, ampararon o justificaron la violencia terrorista tienen todavía hoy una deuda moral pendiente con este pueblo. Porque una sociedad democrática no puede construirse sobre el olvido y la falta de reconocimiento y reparación del daño causado injustamente".
La segunda enseñanza, según el lehendakari, es la justicia social "que es una prioridad en toda sociedad avanzada". "No puede haber dignidad de las personas sin cohesión social. Esto significa luchar contra las desigualdades y las injusticias, reducir las brechas sociales y reforzar la solidaridad y los vínculos comunitarios".
Un Gobierno de concentración
El Gobierno presidido por José Antonio Agirre se constituyó poco después de comenzar la guerra civil. Era un hombre joven, 32 años, al igual que sus once consejeros. Desde sus ideas nacionalistas y su profundo catolicismo fue capaz de formar un Ejecutivo de concentración. Llegó a acuerdos con Indalecio Prieto, socialista, a pesar de que nacionalistas y socialistas "se llevaban muy mal, socialmente, ideológicamente y religiosamente". Lo cuenta el catedrático de Historia de la Euskal Herriko Unibertsitatea Mikel Aizpuru. También acordó con comunistas y republicanos. Pese a todo, trabajaron juntos con sus tensiones y sus diferencias.
Lo primero que dice el programa de gobierno, destaca este historiador, es que hay que respetar los derechos individuales y sociales de las personas. "Es una muestra muy clara de esa voluntad de integración, porque hay elementos que responden claramente a una voluntad nacionalista vasca, como la defensa del euskera o las características nacionales vascas. Pero luego hay elementos como la posibilidad de que los caseros se conviertan en propietarios de las tierras, que los trabajadores puedan acceder a los beneficios de la empresa, que puedan participar en su dirección. Una política de obras públicas, de vivienda. Es un programa amplio, visto desde la perspectiva de hoy es normal, pero en el 36 no lo era tanto" destaca Aizpuru.
Actividad en el exilio
Agirre se exilió en julio de 1937, tras la caída de Bilbao durante la guerra civil. Desde entonces, toda su actividad persiguió dos objetivos, según este historiador: mantener el Gobierno como representación del pueblo. Y contribuir a que la oposición democrática expulsase a Franco. "En todo momento intentó generar nuevas estrategias para mantener vivo el Gobierno y conseguir volver a Euskadi después de la guerra". Y todo ello a pesar de que desde el punto de vista legal, el estatuto de autonomía no preveía un Gobierno en el exilio.
Estos objetivos, según Aizpuru, marcaron la trayectoria de José Antonio Agirre hasta el final. Falleció en París a los 59 años, sin haber podido volver a Euskadi. Hoy, 90 años después de su juramento como lehendakari, su sucesor Imanol Pradales ha apelado a su humanismo y a su espíritu de diálogo para construir la Euskadi del futuro.