Expectación y escepticismo ante el decreto de vivienda en la tercera noche en Sol: "Esto no se acaba aquí"
- La plaza se llena, a pesar de la lluvia, en la víspera de un día clave para comprobar el éxito de la movilización
- Celebran que Maricarmen podrá volver a su hogar: "Ver que lo que hacemos tiene resultado devuelve la esperanza"
- Última hora de la acampada en la Puerta del Sol de Madrid contra los desahucios
Por una vez, las miradas puestas en las horas que marca el reloj de la Puerta del Sol nada tienen que ver con las campanadas de Nochevieja. En la noche de este lunes, la tercera de acampada en el kilómetro cero de Madrid, desde las tiendas de campaña se sigue con atención la cuenta atrás antes de la aprobación del decreto de vivienda del martes.
En la acampada se nota que es un día clave. La intención de elevar la presión sobre el Gobierno para sacar adelante un paquete de medidas realmente ambicioso ha contribuido a llenar la plaza a lo largo del día. Cerca de la medianoche, parece difícil que entre una tienda más. El número de acampados se ha multiplicado respecto al domingo, y no dejan de aparecer más y más jóvenes con sacos de dormir, esterillas y sillas plegables.
Lo hacen a pesar de la lluvia y de que es un día laborable, circunstancias que hacían pensar a algunos de los presentes que esta jornada no sería tan multitudinaria como la anterior, confiesan. Todo lo contrario. Son muchos los llegados de fuera de Madrid, mientras la protesta se extiende también a otros puntos del país.
A diferencia del 15M, con el movimiento que ha surgido ahora en Sol tiene en el horizonte una misión clara —la aprobación de medidas que frenen los desahucios y la especulación— y también una fecha límite para hacerlo, la de este martes.
Por ello, conscientes de esta presión, PSOE, Sumar y sus socios parlamentarios negocian contra reloj las medidas que incluirá el texto, con el que el Ejecutivo pretende dar respuesta a la ola de indignación desatada tras el desahucio de Maricarmen, de 87 años, la semana pasada en Madrid. Esa oleada, explosión de un hartazgo acumulado durante años por la situación de la vivienda, ha cristalizado en una acampada expectante, pero escéptica ante las soluciones que pueda adoptar el Consejo de Ministros.
¿Un decreto ambicioso?: "5% de probabilidades, 300% de esperanza"
El Sindicato de Inquilinas, gran protagonista de las protestas de esta semana, ha trasladado su propuesta de "decreto Maricarmen" que incluye una prórroga de los contratos de alquiler y su renovación automática. "No creemos que vaya a aprobarse el decreto tal cual, porque no han conseguido ponerse de acuerdo en ocho años de legislatura. Sería milagroso", responde Laura, una joven en su segunda noche de acampada, mientras dibuja una pancarta en uno de los pocos bancos secos tras la lluvia de la tarde.
A su lado, Gonzalo considera que lo que saldrá adelante será un "pseudo-decreto", una propuesta "descafeinada". En todo caso, "lo que sí vamos a hacer es ejercer toda la presión que podamos para que este decreto salga adelante lo más fielmente posible", apunta ella. Cerca, Estefanía, quien no está acampando, pero sí dando su apoyo, lo resume de otro modo: "5% de probabilidades, 300% de esperanza" de que se apruebe un texto ambicioso.
Cartes de protesta en la acampada de Sol Á.CABALLERO
Maricarmen podrá volver a su piso: "Ver que esto tiene resultado devuelve la esperanza"
El foco ha pasado de estar en la propia Maricarmen en los primeros momentos de la acampada a estar en la exigencia de dar una respuesta estructural a la crisis de vivienda. De hecho, son cada vez menos los carteles dedicados a esta vecina del barrio de Retiro. Pero justo esta noche se ha conocido que Maricarmen podrá volver a su casa tras un acuerdo con la empresa propietaria de su piso, Urbagestión, algo recibido con aplausos y vítores entre algunos de los asistentes.
"Justo lo acabamos de ver. Hace unas semanas teníamos una conversación sobre lo frustradas que estábamos y lo mal que nos sentíamos, y ver que se ha conseguido, ver que realmente la acción de todas las personas que estamos aquí está teniendo un resultado, devuelve un poco de esperanza", apunta Laura.
"Cada noche aquí es una victoria"
Aunque la mayoría de los acampados son jóvenes, con una media de edad más baja todavía que la del domingo, hay gente de todas las edades. Gracia, que ronda los 50 años, madre de cuatro hijos, ha venido con varios de ellos y otros amigos —son siete en su grupo— a acampar. Nos atiende mientras hincha su colchón en una de las esquinas de la Puerta del Sol todavía sin ocupar.
Vivió muy de cerca el desahucio de Maricarmen. Era vecina suya, y ofreció su casa, agua y comida a los manifestantes el pasado miércoles. Ahora ha venido a hacer presión para que no haya más casos como el de su vecina, pero también para hacer acto de presencia y evitar que desalojen la plaza. "Cada noche aquí es una victoria", reivindica.
Ve paralelismos entre la movilización popular por la situación en Gaza y la actual por la vivienda. Si las protestas propalestinas obligaron al Gobierno a posicionarse internacionalmente y a hablar de genocidio, "que no era nada fácil", ahora cree que se puede lograr que algo cambie en la lucha contra la especulación y los desahucios. "¿Quieren saber qué quiere el pueblo? Esto es lo que quiere el pueblo. Y si no, que convoquen elecciones".
““
Entre la "calle Rosa Luxemburgo" y la "plaza Huelga General"
La acampada se ha cubierto de toldos para protegerse de la lluvia, lo que provoca un efecto curioso: bajo las telas azules y entre decenas de tiendas, nadie podría asegurar que estamos en el corazón turístico de Madrid y no en cualquier festival.
Para dotar de una mayor organización a la acampada, se ha dividido en calles y plazas improvisadas: "Calle Lucha de clases, calle Rosa Luxemburgo, plaza Gaza, plaza Huelga General", se lee en carteles de cartón sobre las tiendas.
"Calle Lucha de Clases" en la acampada de Sol Á. CABALLERO
"A mí me ha sorprendido cómo se ha expandido y cómo continúa expandiéndose", relata Clara, de 30 años. Ella estuvo aquí la noche del sábado, aunque no durmió, confiesa, y vuelve para elevar la presión en la víspera de un día clave como el de mañana. "Yo creo que esta acampada va a ir para largo", vaticina.
En las asambleas que van surgiendo, se debate qué hacer con este campamento a partir de mañana, según las medidas que finalmente se aprueben en el Consejo de Ministros, aunque no hay ninguna decisión cerrada ni mucho menos unánime. "Hay mucha incertidumbre. De hecho, vas andando por la acampada y es lo que se escucha: ‘¿Qué va a pasar mañana? ¿Qué va a pasar mañana?", explica Laura.
"Esto es un punto de inflexión, pero tiene que ir hacia arriba"
Entre tanto, Sol sigue funcionando como experimento de una vida distinta, en comunidad, como ya ocurrió con el 15M. Se mantiene el reparto de comida, aunque ya no se aceptan más donaciones por el desbordamiento del primer día, y también siguen las labores de limpieza, todo a cargo de voluntarios,
Por la tarde, mientras el tiempo lo permitía, era el turno de las actividades más reivindicativas, como una concentración por el derecho al aborto. Ya de noche, el ambiente es más festivo. Hay un grupo numeroso saltando a la comba, otros tocan la guitarra y alumnos de la RESAD acampados representan una obra de teatro que se convierte en todo gran éxito de público, y bajo las miradas curiosas de los turistas.
Al término, una militante del Sindicato de Vivienda de Carabanchel anima a los asistentes a no apoyar solo "desde la lejanía", sino a "empezar a ir a las asambleas". "Esto ni se acaba ni ha empezado aquí. Esto es un punto de inflexión, pero tiene que ir hacia arriba", lanza.
En la misma línea, Clara opina que, pase lo que pase a partir de mañana, hay que seguir yendo a "apoyar a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, al Sindicato de Inquilinas, a parar desahucios a las 07:00 de la mañana".
Tensión con la Policía
Al otro lado de la plaza, una batucada y una fanfarria sacan a bailar a la gente, aunque el ambiente se tensa de pronto con la llegada de la Policía. Los agentes se han desplegado para poner un cordón de seguridad frente al edificio de la Casa de Correos, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Había jóvenes escalando y haciendo pintadas, justifica uno de los policías, mientras los manifestantes les increpan.
El tono es distinto cuando pasa un camión de la basura, que se recibe con aplausos. El conductor levanta el puño desde dentro.
El ambiente, bien entrada la noche, es tranquilo. Apenas se escucha algo de música. La cosa cambiará el martes, creen algunos. Dependiendo de las medidas que salgan adelante del Consejo de Ministros, llegarán celebraciones, o protestas. Pero la mecha, apuntan, ya está encendida.