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Detrás de la residencia de Shakira y otros macroconciertos: escuchas 'online', fiebre por las experiencias y mucho negocio

  • La música en vivo multiplica su facturación desde el fin de la pandemia, con público y precios al alza
  • Preguntamos a la industria musical qué ha impulsado esta tendencia y cómo impacta dentro y fuera
El negocio de los macroconciertos: Shakira a su llegada a Madrid
Shakira a su llegada al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, el 14 de septiembre de 2026 Hernando/Europa Press via Getty

Shakira ya está en Madrid. Su residencia europea comienza este viernes con 12 conciertos en cuatro fines de semana por los que podrían pasar, si quisieran, todos y cada uno de los habitantes de la ciudad de Málaga, unos 600.000 espectadores. La cantante no girará por otras ciudades del continente, los fans viajarán para verla a ella.

En el Macondo Park, estadio construido ad hoc en homenaje a Gabriel García Márquez y la "nación latina", el espectáculo en vivo es el centro de la experiencia, que se trufa con restaurantes, tiendas, exposiciones… todo cabe bajo el paraguas de la gira Las mujeres ya no lloran. Y mientras tanto, Shakira —como otros grandes artistas internacionales antes que ella— factura.

El negocio de los macroconciertos: Macondo Park, la ciudad planteada por Shakira

Macondo Park, la ciudad planteada por Shakira en el Ibedrola Music de Madrid para su residencia europea EFE/ Borja Sánchez-Trillo

De coleccionar discos a comprar entradas

Cuando Shakira lanzó "Antología" como single en 1997, sus fans se acercaron a una tienda, compraron el álbum Pies Descalzos, que se había publicado internacionalmente el año anterior, y poco a poco apoyaron la carrera de la entonces nueva estrella colombiana. Ahora, la mayoría preferirá escuchar "Hips Don’t Lie" en una plataforma de internet, con menos réditos directos para la cantante, que, aun así, sigue siendo una de las privilegiadas por el alto volumen de escuchas en todo el mundo.

"El streaming por sí solo es una vía cada vez más difícil para obtener ingresos significativos. La diversificación hacia los ingresos por conciertos, merchandising, sincronización y ventas directas a los fans no es opcional para garantizar la sostenibilidad", apunta el ejecutivo musical JC Sanchez en un informe para su compañía, Orphiq, sobre las tendencias de una industria que conoce bien tras pasar por Sony o Spotify.

Preguntado por este axioma, el presidente de la patronal discográfica Promusicae, Antonio Guisasola, advierte a RTVE Noticias que los conciertos siempre han sido el "gran negocio" de la música, pero reconoce que el streaming "difumina" el consumo.

"Antes sacabas un disco y prácticamente tenías la exclusiva de las ventas durante un par de semanas. Ahora compites con lo que se lanza esa semana y con lo de hace 25 o 30 años. Hay una mayor atomización del consumo, aunque los grandísimos artistas siguen concentrando un porcentaje", explica.

Según Guisasola, en un mar de "millones de peces", hay que "llamar la atención", y los grandes espectáculos se cuelan en la agenda mediática, generan ingresos directos por las entradas y suponen un repunte de las escuchas de las canciones.

El negocio de los macroconciertos: Bad Bunny actúa en Madrid

Bad Bunny actúa durante su último concierto en el Metropolitano, el 15 de junio de 2026 en Madrid Rubio/Europa Press via Getty

La fiebre de la experiencia

La tendencia de los grandes conciertos se apoya en otros cambios en la demanda. La sociedad ya estaba ávida de experiencias antes de la pandemia, pero desde el fin del confinamiento vive un momento dulce con los espectáculos.

"Hay mucha oferta cultural y el público reserva una parte importante de su presupuesto para acontecimientos especiales. No quiere asistir a un concierto, sino que quiere formar parte de un gran acontecimiento", señala a RTVE Noticias el presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), Pascual Egea.

De acuerdo con los datos de la APM, el sector de la música en vivo en España ha duplicado su facturación desde la prepandemia, al pasar de 382,6 millones de euros en 2019 a 807,2 millones 2025. Entre medias, se sufrió el hundimiento de 2020, pero ya en 2022 se habían recuperado los niveles previos.

"En un mundo de pantallas infinitas y en el que todo está generado por inteligencia artificial, lo único que no se puede copiar es estar allí", destaca el máximo ejecutivo de la promotora global Live Nation, Michael Rapino, en la nota que informa del último incremento de ingresos.

Esta fiebre por la experiencia convive con otras tendencias, como la nostalgia —que se aplica en parte a Shakira— y la del "superfan". Es la persona que siempre compra los discos, viste el merchandising e incluso puede ir más de una vez al concierto, según apunta Guisasola, de Promusicae. Son también las que están dispuestas a pagar la entrada vip y un encuentro con el artista, con un mayor margen de beneficio.

El negocio de los macroconciertos: Fans de Taylor Swift antes de uno de sus conciertos en Madrid

Fans de Taylor Swift en las inmediaciones del Estadio Santiago Bernabéu, antes del segundo concierto de Taylor Swift, el 30 de mayo de 2024 Luengas/Europa Press via Getty

¿Una burbuja de precios?

El paradigma de los precios lo apuntaló Taylor Swift con su Eras Tour entre 2023 y 2024. Asistieron más de 10 millones de personas, que pagaron de media 204 dólares, según confirmó al New York Times la compañía que organizó la gira, un precio muy por encima de los 131 dólares que anotaban entonces en promedio las principales giras mundiales, según la revista especializada Pollstar.

"Cuanto mayor es el espectáculo, mayor es el coste y el riesgo", advierte Egea, de la Asociación de Promotores Musicales, que reconoce que las residencias como las de Shakira o Bad Bunny permiten "amortizar" mejor la inversión, porque no hay que ir montando y desmontando la infraestructura en cada cita.

Pero Egea no cree que los precios vayan a subir "de manera ilimitada" y señala que el tope lo pondrá el "bolsillo del público": si se dejan de comprar las entradas, no será rentable organizar macroconciertos. En su opinión, el principal problema está en las reventas que especulan con los tickets a precios muy por encima del canal oficial.

El filón económico alrededor

Pero, de momento, grandes conciertos y festivales son un filón para los negocios, y no solo de la industria musical. La residencia de Shakira incluye tiendas y food trucks dentro del recinto que firma el estudio de arquitectura danés Bjarke Ingels Group (BIG). Cientos de personas trabajarán estos días allí, con diferentes funciones, desde la técnica a la atención al público. Además, las zonas vip están en manos de Match Hospitality, que tiene una larga trayectoria organizando la hostelería y restauración de ocho Mundiales de Fútbol. Esta multinacional con sede en Suiza vive un idilio con Madrid, involucrada en otros de sus grandes eventos, como la Fórmula 1.

"No es lo mismo si al evento van las mismas marcas de siempre o si se apuesta por marcas locales. También importa la calidad del trabajo, no solo la cantidad", apunta la responsable de producción freelance, Beatriz Cort, cuando le pedimos una valoración general del impacto económico de estos formatos.

Mientras tanto, no cabe duda de que el gran concierto "activa una cadena económica" hacia el exterior. "Los espectadores viajan de una ciudad a otra, pagan un hotel, comen en un restaurante, utilizan un taxi y compran en comercios", señala Egea, de la APM.

La desventaja del modelo de macroconciertos es que priva a otras ciudades de esa tracción, más repartida cuando se trata de giras con muchas paradas, al tiempo que concentra los problemas de gestión del tráfico, seguridad o saturación, que han denunciado grupos vecinales en Madrid.

Vecinos se quejan del ruido durante el concierto de Ed Sheeran en Madrid

El hueco de los artistas emergentes

Ni Promusicae ni la APM consideran que la apuesta por los grandes conciertos vaya en detrimento de artistas con menos público, más independientes o emergentes, porque estos tienen sus propios circuitos en salas y otros bolos de pueblos y ciudades. Pero algunos afectados sí lamentan el coste de oportunidad. Sobre ello se pronunció el grupo madrileño Rufus T. Firefly, en una entrevista con TVE en su Aranjuez natal.

"En este momento tan bueno, en el que se está invirtiendo incluso mucho dinero público en festivales masivos para que vengan grupos muy grandes, imagínate que se invirtiera en una red de conciertos en toda España para que la gente pudiera ir a verlos en ciudades donde no suele haber, a precios populares y donde artista estuviera un poco protegido, (dado) de alta…", expresó el vocalista y guitarrista Víctor Cabezuelo, con el deseo de crear una "buena cantera".

En paralelo, la profesional de la producción Beatriz Cort reflexiona sobre la presión sobre los grupos nacionales por ir escalando en el circuito de salas y saltar cuanto antes a plazas más multitudinarias como el Movistar Arena. La medalla del gran concierto es también una cuestión reputacional, aunque no sea tan fácil colgar el cartel de "entradas agotadas": "Es como Nueva York. La isla se está hundiendo un milímetro cada año por los rascacielos, pero da igual: se siguen construyendo para demostrar quién puede hacerlo más grande".