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El Príncipe, el estigmatizado barrio ceutí que navega entre la solidaridad y el cansancio: "Nos han quitado un mes de vida"

  • Esta barriada fronteriza con Marruecos es considerada uno de las más vulnerables de España
  • Un grupo de vecinos se ha ocupado del refugio de cientos de mujeres y niñas migrantes
Vista de una calle residencial en Ceuta, con edificios de dos tonos, ropa tendida y coches aparcados. Tres hombres jóvenes transitan por la acera en primer plano.
Una calle del barrio del Príncipe, en Ceuta Rodrigo García

Con una amplia mayoría de población musulmana, sus estrechas calles fueron la zona cero del desembarco de los migrantes que entraron en Ceuta a finales de julio. Es el barrio del Príncipe, junto a la frontera. Un lugar con 'mala fama' que no escapa de los primeros puestos en las listas de barrios más peligrosos de España. Diríamos que es un lugar estigmatizado, pero Fátima cambia la palabra por "marginado". La misma que usa Said para denunciar el olvido de los gobiernos. Ambos son directivos de la asociación de vecinos que, ante el desborde de las instituciones, ha acogido en un pequeño campo de fútbol a cientos de menores y mujeres: "Nos han quitado un mes de vida", dice él.

"Yo llevo toda mi vida aquí y somos lo mejor. Nos ayudamos. Mira... hay gente aquí deambulando y nadie les está pegando ni maltratando. Al contrario, los estamos ayudando. Porque nosotros tenemos el deber de socorrer. ¡Imagínate si a esta gente tú no le das de comer! ¿qué hubiera ocurrido aquí? En toda Ceuta... porque estamos parando un impacto en toda Ceuta". Así lo cuenta Fátima, con su hiyab en la cabeza en pleno corazón de la barriada. Nos acompaña -por seguridad- Said, a quien hemos conocido en el polideportivo que en las últimas semanas ha acogido a medio millar de mujeres y niñas que llegaron, como los demás, tras echarse al mar en Marruecos y llegar a nado a la costa ceutí.

Justo en la mañana de este sábado, el campo de fútbol devenido en albergue, en el que los vecinos voluntarios han dado refugio y comida con ayuda de oenegés, ha quedado vacío. Las autoridades han trasladado a las 300 menores no acompañadas que aún alojaba a un centro de acogida temporal oficial, hasta que se determine si son o no trasladadas a la península. "Yo estoy muy feliz porque ahora van a estar en un sitio idóneo, donde van a tener un poquito de dignidad, van a estar en sus camas, duchas, baños", destaca Ahmed Enfed-dal, presidente de la Asociación de Vecinos del barrio.

Solo quedaban ellas, puesto que el lunes pasado las alrededor de 200 adultas, incluidas embarazadas y madres con sus pequeños, fueron ya trasladadas a otro centro en las inmediaciones de La Hípica de la ciudad autónoma. El líder vecinal es tajante con el dispositivo policial encargado del último procedimiento: "Nos han tratado fatal. Han golpeado a los voluntarios, han venido de unas maneras asquerosamente maliciosas. Y no sabemos el porqué", sentencia. Y eso que hasta ahora, asegura, el trato había sido bueno.

"Aunque hayamos quitado el campamento, vamos a seguir luchando por estos migrantes, niños y niñas que están en la calle. Que esto lo sepan ellos y todo el mundo, y nos da igual lo que nos quieran hacer", agrega.

En el campo de fútbol del barrio del Príncipe ya no quedan menores migrantes Rodrigo García

"Tirabas un alfiler de costura y se caía encima de la cabeza de alguien"

El 30 y 31 de julio son ya dos días marcados en el calendario de la historia de los alrededor de 84.000 habitantes de Ceuta. En esas jornadas, una cifra similar de personas llegaron a nado desde el país vecino a la fronteriza playa del Tarajal, en la bahía sur de la ciudad, junto a una de las zonas con mayor densidad y población de la periferia, el oficialmente llamado Barrio del Príncipe Alfonso, adonde fue a parar en masa miles de los recién llegados.

Allí se habla castellano, pero sobre todo darija, el dialecto marroquí. Un lugar cultural y socialmente ligado al país vecino por cercanía y por el origen de muchos de sus vecinos, en situación regular o no. Muchos de los marroquíes que se lanzaron al mar siguiendo la pista de algún familiar en Ceuta.

"Tú tirabas un alfiler de costura y se caía encima de la cabeza de alguien", recuerda sobre esos días Nora, una vecina a quien vemos barrer la puerta de su casa. Dice que había familias enteras pidiendo de comer y durmiendo en las aceras y destaca que, ante todo, hay que tener "humanidad". "Yo entiendo que ha entrado mucho malo y mucho bueno, porque hay de todo, igual que nosotros, que hay de todo. Pero claro, yo personalmente no puedo negar agua y comida a nadie".

Y todavía son multitud los que continúan deambulando y durmiendo en las calles del barrio, que según Nora "está un poquito dejado de la mano de Dios"... o "de los políticos, mejor dicho". "Tardarán mucho en volver a poner orden Ceuta. Todo lo que estamos exigiendo todos los vecinos no lo van a hacer", recalca.

Una calle del barrio del Príncipe, en Ceuta Rodrigo García

El Príncipe tiene alrededor de 12.000 habitantes y arrastra altas tasas de desempleo y fracaso escolar. Con históricos problemas de narcotráfico, violencia callejera y exclusión social, pero con una fuerte identidad vecinal. La última versión del Catálogo de Barrios Vulnerables ubica a esta barriada ceutí, junto con el Virgen del Remedio II, en Alicante, y Los Rosales, en Murcia como las peor paradas teniendo en cuenta el indicador de la renta, al estar más del 60% de su población por debajo del umbral de pobreza. Asimismo, la pone en segundo lugar, con La Paz-Rey Badis, de Granada, en lo que respecta a la tasa de desempleo, que también supera el 60%.

"El barrio está muy estigmatizado porque en realidad aquí han ocurrido muchas desgracias. Han utilizado la pobreza de estas personas para delinquir, para cometer barbaridades, y yo lo que quiero recalcar es que los mafiosos, los poderosos, esos están en los chalés, en los áticos del centro, no están aquí", asevera Enfed-dal. "Tiene muy mala fama, sí, pero en general es un barrio tranquilo, nos conocemos todos. Hay gente que tiene rencillas, problemas entre ellos y eso, pero en general es un barrio tranquilo", afirma Suhaina, otra vecina.

También con su pañuelo en la cabeza, esta joven de 33 años, española musulmana, como la mayoría del barrio, recuerda cómo el primer día de la llegada masiva abría la puerta de su casa y se encontraba a niños llorando de 8 o 10 años y sin ropa, empapados. "Ayudé lo que pude, pero claro, ¿cuánto vas a ayudar? Eran muchas personas. En mi vida había visto algo así. Intentaba ayudar, pero es que llegó un momento en el que dije: No puedo más. Y esto psicológicamente, te afecta", reconoce.

Sobre si la religión mayoritaria de los vecinos lleva a empatizar más con lo ocurrido, Suhaina es clara: "Yo creo que eso depende de cada persona. Porque tengo vecinos que no han ayudado y se niegan a hacerlo. Conozco a gente que es cristiana, que ha ayudado desde el primer momento y están involucrados al 100%", detalla. Y reflexiona sobre la ayuda que se está dando a los migrantes: "Pienso que si siguen ayudando, por desgracia esto va a ser como un sinfín. En plan como que los que siguen en Marruecos ven que aquí les dan soluciones, entonces cuando tengan la posibilidad... volverán a hacerlo".

En la zona del barrio donde vive, ella no ha sentido conflictos desde que están los migrantes: "pero en el periódico a diario salen trifulcas, peleas con cuchillos, botellazos", matiza, y la "mayoría de las veces" por problemas entre ellos.

El Gobierno continúa la búsqueda de espacios para los migrantes en Ceuta

"El barrio está masificado"

Más de un mes después, las calles del Príncipe siguen siendo un ir y venir de quienes llegaron a nado al Tarajal. "El barrio está masificado. Nosotros lo notamos en la basura porque ya se ha triplicado", dice el presidente de la asociación de vecinos, que no nos deja adentrarnos solos en el corazón del Príncipe.

Es un lugar de por sí delicado y más ahora, en una coyuntura marcada por las tensiones con la prensa. Pero todo va bien si vas acompañado de un lugareño de confianza. Said se ofrece a llevarnos. Lleva un café en la mano pese a que no habitúa a tomar. Se cae de sueño por el trabajo que todos vienen arrastrando con la ayuda a las mujeres y niñas.

Pasamos por otro pequeño campo de fútbol. Está lleno de jóvenes. Afirma que son todos marroquíes de los que entraron a nado, muchos menores. "La mayoría duermen en la calle". Uno ha instalado una peluquería callejera y le corta el pelo a otro. A la pregunta de cómo ha cambiado esta situación al barrio, no duda: "A nosotros nos han quitado un mes de vida, la verdad. Han quitado la feria, las vacaciones, muchas cosas", resume. "Hemos tenido miedo por nuestros familiares, por los niños...", reconoce.

"Hemos recogido a todas las niñas para meterlas en un sitio, tenerlas bien vigiladas, que no les pase nada, su comida, su agua. Y estando vigilando toda la noche... Yo he estado un mes así con ellas", confiesa. "El problema estaba encima de nosotros y nos hemos puesto a intentar solucionarlo de la mejor manera posible protegiendo a las menores, que estaban siendo violadas por los mismos inmigrantes. Y luego también a las mujeres adultas, las más vulnerables", agrega Fátima cuando nos la encontramos.

"Aquí hay dos Ceutas. Una de primera y otra de segunda. También los han echado de los otros lugares donde no quieren tenerlos y los han echado para acá", sentencia. "Ellos y nosotros somos víctimas del Estado", agrega.

Fátima, secretaria de la Asociación de Vecinos Príncipe Alfonso de Ceuta Rodrigo García

"Han hecho un apartheid"

Said nos cuenta que se encarga del área de deportes de la asociación, en la que intenta "quitar a los niños de la calle y meterlos en el deporte, enseñarles un buen camino". Su lema es "De la calle a la cancha".

"Abrirles un camino. Porque aquí lo que hace falta es eso: que la gente se involucre más, el Gobierno se involucre más, el Ayuntamiento, porque esta barriada la tiene marginada", señala.

Llegamos a la calle san Daniel, columna vertebral del barrio. Nos detenemos a la altura de la iglesia de San Ildefonso, el único templo católico construido en un barrio eminentemente musulmán. Justo enfrente está la tienda de ultramarinos de la hija de Sigari, que de vez en cuando le echa una mano. "Ellos van buscando un futuro mejor", afirma el hombre respecto a los migrantes.

Iglesia de San Ildefonso del barrio Príncipe de Ceuta Rodrigo García

"Ha desbordado al barrio porque no se esperaba esa cantidad de gente. Pero se ha dejado de la mano de los gobernantes, porque al mismo tiempo podían haberlos alojado o atenderlos, y no dejarlos sueltos a su a su antojo, porque ellos han venido sin dinero, sin ropa, sin calzado, sin nada", reprocha Sigari. "Han venido por toda la comunidad de Ceuta. Por todas las barriadas buscando cobijo. En el bosque, detrás de los camiones, en coches vacíos... han buscado por todos los sitios...", enfatiza.

¿Cómo es para usted su barrio? Le preguntamos: "Está muy dejado por la comunidad (de Ceuta). Ellos han hecho, para decirte la palabra exacta, un apartheid, un gueto. Sí, hay gente de todas las clases, hay gente de todas las especies, pero cuando se deja es que... uf", concluye.