Marta P. Estarellas, CEO de Qilimanjaro Quantum Tech: "Queremos ser una empresa mundial de cuántica"
- Europa debe evitar ser "el supermercado de propiedad intelectual" de las grandes corporaciones extranjeras
- La tecnología cuántica puede ser la respuesta al gasto energético de los centros de datos y gigafactorías
Una llamada telefónica cambió su vida. La oportunidad era irrechazable. Lo que hacía en Japón, podría tenerlo más cerca de casa. Así que hizo las maletas y se instaló en Barcelona. Marta P. Estarellas empezó como responsable de tecnología. Ahora es la consejera delegada de Qilimanjaro Quantum Tech, uno de los diamantes tecnológicos que hay en España. La compañía ha construido ocho ordenadores cuánticos y prepara una ronda de inversión de unos 100 millones de euros para competir en el mercado internacional. Marta vive en el futuro. en uno muy inmediato, predice que la industrialización de la tecnología cuántica llegará alrededor de 2030. Al mismo tiempo, defiende que Europa debe evitar ser "el supermercado de propiedad intelectual" de las grandes corporaciones extranjeras.
Habla de ordenadores cuánticos con la naturalidad de quien lleva años construyéndolos. La consejera delegada de Qilimanjaro Quantum Tech insiste en que no hace falta comprender la mecánica cuántica para entender por qué esta tecnología es tan relevante: basta con conocer los problemas que promete abordar, desde el consumo energético de la inteligencia artificial hasta la simulación de nuevos medicamentos y materiales. Fundada en Barcelona en 2019, la empresa quiere ampliar su presencia en Asia y Estados Unidos y dejar de ser solamente "la empresa española de cuántica" para disputar una carrera mundial en la que sus competidores manejan inversiones mucho mayores. Hablamos con Marta P. Estarellas durante el pasado Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones celebrado en Santander.
Marta P. Estarellas, CEO de Qilimanjaro Quantum Tech
Qilimanjaro Quantum Tech nació en Barcelona. ¿Cómo llegó usted a dirigir la compañía?
La empresa surgió de tres centros académicos de Barcelona y de cinco personas que compartían la idea, entonces bastante loca, de construir un ordenador cuántico español. José Ignacio Latorre impulsó el proyecto junto con antiguos alumnos y profesionales con experiencia empresarial y jurídica. Uno de los fundadores visitó el grupo en el que yo trabajaba en Tokio y me contó que estaban creando la compañía. Su visión tecnológica coincidía mucho con la mía, así que durante la pandemia regresé a España y me incorporé como una de sus responsables técnicas.
Entré cuando éramos seis personas. Formé equipos y trabajé en la estrategia tecnológica, la teoría y las aplicaciones. Poco a poco empecé a ocuparme también del mensaje, el posicionamiento y el crecimiento. En 2022 me propusieron asumir la dirección y mi primera respuesta fue que no: yo era técnica y quería seguir en el laboratorio. Finalmente, me convencieron de que trasladara al conjunto de la empresa la cultura y la forma de trabajar que habíamos desarrollado en el equipo tecnológico. Asumí el cargo en 2023. Entonces éramos entre 20 y 25 personas; hoy somos 80. Hemos crecido mucho, aunque necesitamos más recursos para avanzar con mayor rapidez y competir en una carrera que ya es global.
El equipo al completo de Qilimanjaro Quantum Tech
La empresa cumple siete años. ¿En qué momento se encuentra?
Somos ya 80 personas, todos ingenieros apasionados por las tecnologías y la computación cuánticas. Hemos construido ocho ordenadores cuánticos, facturado más de 20 millones de euros y conseguido más de ocho millones en subvenciones europeas competitivas. También hemos levantado diez millones de euros de inversión privada. Digo "solo" porque otras compañías europeas o estadounidenses dedicadas a fabricar ordenadores cuánticos obtienen rondas de cientos de millones y no necesariamente facturan mucho más. Me gusta poner en valor nuestra capacidad de hacer mucho con poco, optimizar los recursos y no sobredimensionar gastos que no contribuyen a construir producto, propiedad intelectual y tecnología.
Ya hemos instalado tres prototipos en un entorno de producción en el Barcelona Supercomputing Center y contamos con un laboratorio de 2.000 metros cuadrados en el distrito 22@ de Barcelona, donde estamos construyendo el primer centro de datos cuántico multimodal. Allí tenemos cuatro máquinas. Después de una etapa muy centrada en la tecnología y el producto, queremos dar un salto: estamos preparando una ronda de inversión de alrededor de 100 millones de euros y trabajando para abrir mercados en Asia y Estados Unidos. Nos preguntamos qué queríamos ser de mayores y decidimos que no queríamos ser únicamente la empresa española de cuántica, sino una empresa cuántica mundial. Queremos estar en la primera fila de esa carrera global.
Marta P. Estarellas durante el encuentro de Economía Digital y las Telecomunicaciones v
¿La empresa sigue apostando por crecer desde España pese al interés que despierta su tecnología?
Esa visión está alineada con los fondos soberanos y las instituciones que nos han respaldado. El objetivo es conseguir que las compañías surgidas de la transferencia tecnológica de nuestros centros de investigación y universidades puedan crecer aquí, y que el talento formado con el dinero de todos permanezca en el país. No queremos convertirnos en el supermercado de propiedad intelectual de las grandes corporaciones estadounidenses. Hay empresas conscientes del talento y de la tecnología que generamos y que pueden interesarse por una adquisición o un cambio de control, pero no está en nuestros planes a corto plazo. En el futuro quizá necesitemos alguna reestructuración para crecer, pero nuestra visión actual es construir desde aquí.
¿Por qué la computación cuántica ha ganado tanta atención coincidiendo con el avance de la inteligencia artificial?
La IA nos ha hecho conscientes del enorme coste energético de la computación. Cada vez que hacemos una consulta, aunque sea tan sencilla como pedir una receta, consumimos recursos que no están en una nube abstracta, sino en máquinas físicas. Esas máquinas se apilan y se multiplican, pero la forma actual de escalar ya no es sostenible. Estamos construyendo grandes centros de datos y gigafactorías que requieren cantidades enormes de energía y tensionan las redes eléctricas. De ahí surge una pregunta: ¿Existe una manera más eficiente de computar? La tecnología cuántica aparece como una de las grandes promesas para responderla.
Pero no se trata solo de sostenibilidad. La computación cuántica nació también para ampliar los límites de nuestro conocimiento. Es una herramienta que habla el mismo idioma que los átomos y los electrones y que, por tanto, puede ayudarnos a simular la naturaleza: comprender mejor el universo, buscar nuevos fármacos, estudiar reacciones relacionadas con enfermedades que hoy no tienen cura o diseñar materiales más eficientes. Muchas veces se presenta desde el punto de vista de la amenaza que supone para la criptografía. A mí me gusta mirarla en positivo: puede cambiar el mundo a mejor si hacemos bien las cosas.
Barcelona Supercomputing Center (BSC) t
¿Llegarán a existir centros de datos exclusivamente cuánticos?
No creo que exista un núcleo completamente cuántico. El futuro de la supercomputación será híbrido. No tiene sentido utilizar un ordenador cuántico para ejecutar un procesador de textos o resolver un problema que no es propiamente cuántico. Del mismo modo que las unidades de procesamiento gráfico, las GPU, se incorporaron para acelerar determinadas tareas de los procesadores tradicionales, las máquinas cuánticas se integrarán como aceleradores para trabajos concretos. Veremos centros de datos y gigafactorías muy híbridos, con capacidad clásica y cuántica.
Ya estamos viendo esa integración en centros europeos de supercomputación. En España, el nodo cuántico está conectado con el superordenador MareNostrum 5 y con la fábrica de inteligencia artificial del BSC. Si el país construye una gigafactoría de IA, me gustaría que se diseñara pensando en que su vida útil será de unos diez años y que durante ese periodo deberá incorporar máquinas cuánticas. No digo que tenga que hacerlo ahora ni el año que viene, pero sí que debemos planificar con visión de futuro, como están haciendo otros países.
¿Cuándo se producirá el salto definitivo hacia la industrialización?
Mi predicción sigue siendo 2030. No la he cambiado en los últimos años. Estamos en un punto de inflexión: las máquinas están alcanzando tamaños mayores, mejoran su capacidad para resistir y corregir errores y comienzan a salir de los laboratorios. No queda tanto tiempo. Para ciertas tareas, especialmente la optimización de procesos o la simulación de sistemas naturales, la aceleración puede ser exponencial. No hablamos de hacer en un día algo que antes llevaba cinco, sino de abordar en un día cálculos que con los medios actuales podrían requerir millones de años. Eso puede tener un impacto vertiginoso en la medicina, la investigación científica, el desarrollo de materiales y la optimización de las empresas.
¿Qué les diría a quienes todavía consideran que la computación cuántica es ciencia ficción?
Que observen el progreso. Cuando empecé en este campo, era casi una curiosidad científica y trabajábamos con el primer cúbit o con grupos muy pequeños. El cúbit es la unidad básica con la que un ordenador cuántico maneja la información. Ahora vemos chips con cientos e incluso miles de cúbits y máquinas diseñadas, ensambladas y puestas en funcionamiento fuera de los laboratorios. La instalación del Barcelona Supercomputing Center no es un laboratorio, sino un centro de datos: existe, se puede acceder a ella y ya permite realizar cálculos. También están apareciendo resultados científicos y proyectos de innovación que utilizan estos equipos para resolver problemas reales.
El escepticismo es positivo, porque un buen científico debe poner en duda lo que observa. Pero esas dudas deben confrontarse con las publicaciones, los avances de ingeniería y las máquinas que ya funcionan. Siguen existiendo enormes limitaciones: debemos escalar los equipos, protegerlos mejor frente a los errores y encontrar aplicaciones más concretas y eficientes. No afirmo que todos los problemas estén resueltos. Lo que digo es que existe un progreso constante y mucho más rápido de lo que yo misma imaginaba cuando entré en este sector.
¿Qué falta para que una máquina cuántica se convierta realmente en un producto?
No basta con aumentar el número de cúbits o fabricar mejores chips. También hay que industrializar la tecnología y conseguir que funcione fuera del lugar donde fue creada. Si una máquina solo puede ser operada y reparada por un doctor en física cuántica que permanece constantemente a su lado, nunca llegará al mercado. Qilimanjaro es una empresa, no un grupo académico que investiga por el descubrimiento en sí mismo. Nuestro mandato es fabricar producto, sacarlo del laboratorio y conseguir que pueda funcionar en una organización que no disponga de sus propios ingenieros cuánticos. Esa transferencia de conocimiento, la capacitación y la autonomía del cliente han exigido un esfuerzo enorme, pero son tan importantes como el desarrollo del procesador.