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¿Por qué es Ceuta una ciudad española? Recorremos su historia con ayuda del cronista oficial de la ciudad

  • Seis siglos de historia, tratados internacionales y la voluntad inequívoca de los ceutíes explican su españolidad
  • Del tratado de Alcáçovas a la Constitución de 1978: algunas pistas jurídicas e históricas del enclave norteafricano
Composición fotográfica del perfil de Ceuta
Composición visual que une el perfil urbano de Ceuta con fragmentos del Estandarte Real de Ceuta y las páginas del Tratado de Paz y Amistad de 1668, en el cual se ratifica la soberanía española de la ciudad. Diseño RTVE

Cada 2 de septiembre, el calendario oficial de la Ciudad Autónoma de Ceuta se viste de gala para celebrar su día institucional. Esta fecha rememora la jornada de 1415 en la que las tropas portuguesas desembarcaron en la península de Almina, incorporando la plaza a la Corona lusitana y marcando el inicio de su vinculación definitiva con la Península Ibérica.

El 2 de septiembre no se refiere directamente a la conquista de la ciudad, que tuvo lugar el 21 de agosto de 1415

José Luis Gómez Barceló, Cronista oficial de Ceuta

No obstante, José Luis Gómez Barceló, Cronista oficial de Ceuta y miembro del Centro de Estudios Ceutíes, precisa a RTVE Noticias el significado exacto de esta efeméride: "El 2 de septiembre no se refiere directamente a la conquista de la ciudad, que tuvo lugar el 21 de agosto de 1415, sino al día 2 de septiembre de 1415, fecha en la cual la flota lusa vuelve a la metrópoli y queda Pedro de Meneses como primer gobernador, al frente de la nueva población de Ceuta".

Más de seis siglos después, la pregunta sobre la naturaleza y soberanía de Ceuta sigue reapareciendo periódicamente en el debate geopolítico internacional, amenazada por el revisionismo de la diplomacia marroquí. Sin embargo, la respuesta a por qué Ceuta es española no reside en un dogma geopolítico ni en un vestigio colonial, sino en una sólida trama de continuidad histórica, acuerdos internacionales indiscutibles y, por encima de todo, el marco constitucional que ampara el sentir mayoritario de sus ciudadanos.

El origen de una singularidad geográfica e histórica

Para comprender la españolidad de Ceuta es imprescindible viajar en el tiempo mucho antes de que existieran los Estados-nación modernos. Situada en un enclave estratégico privilegiado sobre el estrecho de Gibraltar, la antigua Septem Fratres romana fue disputada y habitada por fenicios, cartagineses, bizantinos, visigodos y diversas dinastías islámicas. Su posición geográfica la convirtió desde la antigüedad en un puente natural entre el Atlántico y el Mediterráneo, así como entre Europa y África.

La inflexión determinante para su configuración política actual se produjo en el siglo XV. En 1415, el rey Juan I de Portugal conquistó la ciudad. Durante más de 160 años, Ceuta permaneció bajo administración portuguesa, periodo en el cual se transformó su estructura social, urbana y defensiva.

Estandarte Real de Ceuta con el que se tomó posesión de la Ciudad en 1580 en nombre de Felipe II

Estandarte Real de Ceuta con el que se tomó posesión de la Ciudad en 1580 en nombre de Felipe II. ARCHIVO GENERAL DE CEUTA

No obstante, el devenir de las dinastías europeas alteró de forma definitiva su destino en 1580, cuando Felipe II de España unificó las coronas española y portuguesa tras la muerte del rey Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir.

Durante seis décadas, Ceuta perteneció a la Unión Ibérica bajo el dominio de los Austrias. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo llegó en 1640. Cuando Portugal se rebeló contra la Corona española para recuperar su independencia bajo la dinastía de Braganza, las autoridades y la población ceutí tomaron una decisión histórica: decidieron voluntariamente mantener su lealtad al rey Felipe IV de España, rehusando sumarse al proyecto independentista portugués.

De la lealtad de 1640 a la ratificación de Lisboa

Esta elección de los propios ceutíes fue formalizada jurídicamente tres décadas más tarde. El Tratado de Lisboa de 1668, suscrito entre las coronas de España y Portugal para poner fin a la Guerra de Restauración lusitana, reconoció expresamente la soberanía española sobre Ceuta. Portugal cedió formalmente la plaza a España con la aprobación explícita de la Santa Sede y las potencias europeas de la época. "Desde entonces, Ceuta ha sido una ciudad más de España, con los mismos inconvenientes de extra-peninsularidad que tienen Melilla o los archipiélagos Canario o Balear, eso sí, con el inconveniente de tener una frontera terrestre con Marruecos", explica Gómez Barceló.

Portada del Tratado de Paz y Amistad entre España y Portugal de 1668 en el que se reconoce la incorporación de Ceuta a la Corona española.

Portada del Tratado de Paz y Amistad entre España y Portugal de 1668 en el que se reconoce la incorporación de Ceuta a la Corona española. ARCHIVO GENERAL DE CEUTA

Desde aquel tratado del siglo XVII, la soberanía española sobre Ceuta ha sido ininterrumpida y reconocida por los diferentes órdenes jurídicos internacionales que se han sucedido a lo largo de las centurias. Ni siquiera los prolongados e intensos asedios sufridos a lo largo de la Edad Moderna —como el histórico sitio de Muley Ismaíl entre 1694 y 1727, que duró más de tres décadas— lograron alterar la adscripción política del enclave.

"Las fronteras actuales de Ceuta se reconocieron de nuevo en el Tratado de Wad Ras en 1860, y durante el Protectorado marroquí siempre se mantuvo su administración separada, y reconocida su pertenencia a España con sus fronteras actuales en los documentos de refrendo de la Independencia marroquí", recuerda el cronista oficial de la ciudad.

Es en este punto donde la historia invalida uno de los argumentos más recurrentes de la propaganda revisionista: la asimilación de Ceuta a un proceso de descolonización. Ceuta pertenece a la Corona española más de un siglo antes de que naciera el Reino de Marruecos como Estado moderno independiente en 1956, e incluso varios siglos antes de que se estableciera el Protectorado franco-español sobre el imperio jerifiano en 1912.

Diferencias sustanciales con el fenómeno colonial

Las Naciones Unidas han abordado extensamente la problemática de los territorios no autónomos sujetos a descolonización a través de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, aprobada en 1960. Ceuta jamás ha figurado en la lista del Comité Especial de Descolonización (el denominado C-24) de la ONU.

La razón de esta ausencia es meridianamente clara desde el punto de vista del derecho internacional: Ceuta no es una colonia, sino un territorio integrado en la estructura plenamente nacional de un Estado soberano.

A diferencia de las situaciones coloniales clásicas, donde existía una potencia administradora que ejercía el dominio sobre un territorio discontinuo con una población privada de derechos de ciudadanía completa, los ceutíes han disfrutado históricamente de los mismos derechos y obligaciones que los habitantes de Madrid, Barcelona o Sevilla.

En la comparativa que frecuentemente se realiza con el caso de Gibraltar, los juristas señalan divergencias insalvables. Mientras que Gibraltar fue cedido a la Corona británica mediante el Tratado de Utrecht (1713) como una propiedad territorial con limitaciones de soberanía y está catalogado formalmente por la ONU como un territorio pendiente de descolonización, Ceuta forma parte del territorio integral de España por voluntad de sus habitantes y ratificación de tratados bilaterales previos a la era colonial.

La consolidación en el texto constitucional de 1978

La llegada de la democracia a España afianzó de manera definitiva el estatus jurídico de la ciudad. Durante el proceso constituyente de 1978, la representación política ceutí participó plenamente en el debate y redacción de la Carta Magna. El texto constitucional resultante reconoció la singularidad de las plazas norteafricanas y su perfecta integración en la organización territorial del Estado.

La Disposición Transitoria Quinta de la Constitución española de 1978 previó explícitamente el camino para que Ceuta y Melilla pudieran constituirse en Comunidades Autónomas. Este mandato se materializó en 1995 con la aprobación en las Cortes Generales de su Estatuto de Autonomía, otorgándole el rango de Ciudad Autónoma.

Este estatus brinda a Ceuta una capacidad de autogobierno con asamblea legislativa, presidente y competencias autonómicas adaptadas a su realidad territorial, al tiempo que garantiza su presencia directa en las instituciones democráticas del Estado: la ciudad elige a un diputado en el Congreso y a dos senadores en el Senado, participando de igual a igual en la soberanía nacional.

Integración plena en la Unión Europea

Con la adhesión de España a las Comunidad Europea en 1986, Ceuta pasó a formar parte del territorio oficial de la Unión Europea. Aunque la ciudad goza de un régimen fiscal y aduanero especial dentro de la UE —diseñado para compensar su insularidad efectiva y su escasez de recursos territoriales—, las leyes comunitarias se aplican en su término municipal y sus residentes son plenamente ciudadanos europeos.

La frontera terrestre de Ceuta no es únicamente el límite de la soberanía española, sino una de las fronteras exteriores del espacio de libertad, seguridad y justicia de la Unión Europea en el continente africano. Esta condición refuerza la dimensión internacional del enclave y compromete a las instituciones comunitarias en la defensa de su integridad territorial y estabilidad socioeconómica.

Las inversiones financieras europeas, el despliegue de agencias como Frontex y el respaldo explícito de la Comisión Europea ante crisis diplomáticas o migratorias han ratificado repetidamente que la seguridad y estabilidad de Ceuta son una prioridad estratégica para el conjunto de los Veintisiete.

Un crisol cultural fundado en el sentimiento común

Más allá de los títulos históricos, las decisiones jurisprudenciales y los tratados diplomáticos, la razón más profunda que explica por qué Ceuta es española reside en su paisanaje. Ceuta representa un modelo de convivencia singular donde conviven cuatro comunidades culturales y religiosas: cristiana, musulmana, judía y hindú.

A pesar de la heterogeneidad de sus orígenes y credos, existe un consenso identitario transversal: la abrumadora mayoría de la población ceutí, independientemente de su adscripción comunitaria, se siente inequívocamente española.

Los datos demográficos y demoscópicos reflejan de manera constante que las aspiraciones territoriales del vecino Marruecos no encuentran eco alguno entre la ciudadanía ceutí de origen musulmán, que valora y defiende el marco de libertades, derechos sociales y prosperidad económica que garantiza el Estado de Derecho español.

Como subraya el cronista oficial de Ceuta y miembro del Centro de Estudios Ceutíes, José Luis Gómez Barceló: "Dentro de la actual población ceutí nos encontramos muchísimas familias que han vivido y defendido esta tierra durante siglos, con un derecho indiscutible a ser respetados, como cualquier otro ciudadano en su ciudad o país".

El 2 de septiembre es, por tanto, una jornada para reafirmar esa cohesión social. La celebración del Día de Ceuta no es un acto de autoafirmación frente al vecino ni una mirada melancólica al pasado, sino el reconocimiento de un compromiso colectivo con los valores de la España democrática.

Retos de futuro para un enclave estratégico

En el siglo XXI, los desafíos de Ceuta no son tanto de definición de su soberanía —la cual resulta inobjetable bajo el derecho internacional y la Constitución—como de sostenibilidad económica y cohesión social.

El fin del comercio atípico con Marruecos, la reestructuración de su modelo económico hacia la digitalización y los servicios, y la gestión de la presión migratoria condicionan la agenda diaria de la Ciudad Autónoma.

Sin embargo, la respuesta del Estado español ante estos retos ha sido el fortalecimiento de su presencia institucional y el desarrollo de planes estratégicos de inversión estatal para blindar el desarrollo de la ciudad. Ningún gobierno democrático español ha puesto en duda jamás la integridad territorial de Ceuta, considerada un elemento irrenunciable de la geografía nacional.

La respuesta a la pregunta formulada en el título de este reportaje es, en última instancia, multidimensional: Ceuta es española porque así lo decidió su población en 1640, porque así lo ratificó el Derecho Internacional en 1668, porque la ONU no la considera un territorio a descolonizar, porque la Constitución de 1978 la ampara como parte indivisible de la nación y porque sus ciudadanos renuevan cada día, en las urnas y en las calles, su voluntad inquebrantable de seguir formando parte de ella.

Vestigios arqueológicos en Ceuta para visitar su historia*

  1. Yacimiento fenicio junto a la Catedral de Ceuta. Época fenicia (orígenes estratégicos del primer asentamiento).
  2. Basílica tardorromana y piletas de salazón romanas en el Museo de la Basílica. Época romana y tardorromana.
  3. Puerta Califal (dentro del Parador La Muralla) y Murallas Meriníes en Villa Jovita. Épocas califal y meriní, ligadas a las dinastías islámicas medievales.
  4. Foso Real y navegable. Construido en la primera mitad del siglo XVI por orden de Portugal.
  5. Conjunto monumental de las Murallas Reales. Su primera línea defensiva conserva los escudos del reinado de Carlos II (finales del siglo XVII) y la segunda línea cuenta con los escudos de los Borbones (siglo XVIII en adelante).

*Información facilitada por el Archivo General de Ceuta.