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Andy Burnham toma el relevo de Starmer: los desafíos que marcan su llegada a Downing Street

  • Cuenta con el apoyo casi unánime de los laboristas y promete "hacer las cosas de forma diferente"
  • Entre sus retos: relanzar la economía, sacar adelante los presupuestos, la inmigración y resistir a la extrema derecha
Andy Burnham toma el relevo de Starmer: los desafíos que marcan su llegada a Downing Street
El próximo primer ministro británico, Andy Burnham EFE/EPA/ANDY RAIN

"Cambiar de primer ministro no es la solución milagrosa. De hecho, puede que los problemas del Partido Laborista no hayan hecho más que empezar." Entre los emotivos discursos de despedida y otras palabras de reconocimiento que acompañaron el pasado miércoles la última sesión de control de Keir Starmer en la Cámara de los Comunes, la advertencia pasó desapercibida.

Quizás por eso, quien la formuló la acompañó de un recordatorio: "Nosotros ya hemos pasado por aquí," enfatizó la líder del partido conservador, Kemi Badenoch, en referencia al baile de primeros ministros que marcó la última etapa de los Tories en el poder. Hasta ahora ajenos a esta inestabilidad, los laboristas estrenan hoy un nuevo líder del gobierno, dos años y unos días después de la arrolladora victoria de Keir Starmer en las generales de 2024.

"Keir fue quien devolvió al Partido Laborista en posición de cambiar la vida de la gente", reconoció Andy Burnham el pasado viernes, tras ser proclamado líder del Partido Laborista. Un logro insuficiente, a todas luces, para los laboristas, preocupados por la falta de liderazgo y de resultados de Starmer y que acabaron forzando su dimisión el mes pasado.

Burnham, más carismático que su predecesor —no es difícil—, llega con la ambición de "devolver la esperanza a los británicos" y promete "hacer las cosas de forma diferente." Cuenta por ello con el apoyo casi unánime del Grupo Parlamentario Laborista y de todos los sindicatos afiliados a la formación. Este crédito político interno es un buen inicio, pero va a estar sometido a duras pruebas por los difíciles retos que enfrenta el exalcalde de Manchester.

Andy Burnham, la última esperanza de los laboristas británicos

Economía: ideas nuevas, mismo (escaso) margen fiscal

Relanzar la economía es la gran prioridad de Andy Burnham en Downing Street. En su última actualización, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevé un crecimiento del 0,9% del PIB este año y del 1,1% en 2027. La inflación se mantiene elevada, en un 3% en mayo, según la oficina británica de estadísticas, por encima del objetivo del 2% marcado por el Banco de Inglaterra.

Estas perspectivas económicas dificultan de antemano la voluntad del exalcalde de Manchester de "devolver más dinero a los bolsillos de la gente." "Tiene muy poco margen fiscal para cambiar las cosas," asegura a RNE Tim Bale, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Queen Mary de Londres: "Su capacidad para emitir más deuda o recaudar impuestos es muy limitada, y necesita tranquilizar a los mercados, mostrando que no va a solucionar los problemas subiendo los impuestos y aumentando el gasto".

"Tengo un plan", prometió Andy Burnham el pasado viernes. Entre sus prioridades, quiere impulsar un proceso de descentralización, transferir a las autoridades locales competencias en materia de sanidad, de transporte, de vivienda e incluso la capacidad de recaudar impuestos. El exalcalde de Manchester promete "lograr el mayor reequilibrio de poder que haya visto el Reino Unido."

Símbolo de este proceso, va a establecer parte de su oficina, el 10 de Downing Street, en Manchester. Este 'Número 10 en el norte' será el encargado de redistribuir los recursos en todo el país. Burnham quiere inspirarse en las políticas que desarrolló durante casi una década en la ciudad que dirigió. El 'manchesterismo', como lo ha definido, debe servir para fomentar la economía a nivel local, gracias al traslado de competencias, un mejor control de los servicios públicos y un partenariado entre los sectores privado y público.

"No va a poder replicar íntegramente este modelo", advierte Tim Bale. "El margen de maniobra no es el mismo en un ayuntamiento que a nivel de un país. De la misma forma, nos guste o no, somos un país muy centralizado, a nivel institucional y económico: cambiar eso puede tardar diez o veinte años."

Burnham no dispone de tanto tiempo. Su promesa de "cambio más importante para el Reino Unido en los últimos 40 años" –que incluye también un proceso de reindustrialización, una mejora de las infraestructuras, un impulso a la construcción de viviendas y un mejor control de los servicios públicos esenciales como el agua y la electricidad– tendrá que dar muy pronto sus resultados. "Hasta ahora, no ha especificado mucho cómo va a aplicar estas medidas", explica Tony Travers, politólogo de la London School of Economics (LSE): "Va a tener que presentar un plan claro y tendrá que hacerlo bastante rápido, para no perder el impulso de sus primeras semanas en el poder."     

Unos arbitrajes presupuestarios difíciles

Dentro del sudoku de las cuentas públicas británicas, la seguridad y defensa merecen un capítulo específico. Tras muchos meses de retraso, el ejecutivo de Keir Starmer presentó a principios de julio su plan de inversión en defensa, que prevé elevar el presupuesto del sector a cerca de 300.000 millones de libras, unos 350.000 millones de euros, para los cuatro próximos años.

La presentación del plan, que debe servir para modernizar el Ejército británico, provocó una crisis en el gobierno de Starmer. Su ministro de Defensa y su secretario de Estado para las Fuerzas Armadas dimitieron, acusando al entonces primer ministro de no dar los medios suficientes para la defensa del país. A Andy Burnham le toca ahora poner este plan en marcha, con una dificultad añadida: no todas las medidas que contiene el proyecto de inversión están presupuestadas.

Según los medios británicos, el plan de inversión en defensa cuenta con un déficit de financiación de casi 5.000 millones de libras. Eso va a obligar al líder laborista a unos arbitrajes presupuestarios difíciles nada más entrar en Downing Street.

En los últimos días, Andy Burnham ha insistido en su compromiso con la defensa y la seguridad. En un artículo publicado en el Times a principios de julio, prometía "reforzar el poder militar del país para enfrentarse a un mundo más peligroso." El líder laborista aseguró que aumentaría el gasto militar y respetaría los compromisos de Londres con la OTAN y, por lo tanto, el objetivo de elevar el gasto en defensa al 3,5% del PIB para 2035. 

Para conseguirlo, Andy Burnham podría verse tentado a reducir las ayudas sociales, una partida presupuestaria en constante aumento en el Reino Unido, pero es un movimiento peligroso. Su predecesor lo intentó, antes de tener que recular frente a la rebelión de sus diputados. El exalcalde de Manchester podría buscar otras fuentes de ingreso para cuadrar las cuentas: este fin de semana, la BBC avanzó que Burnham podría levantar las restricciones a la exploración petrolera en el mar del Norte. A corto plazo, le permitiría generar nuevos recursos y empleos, y aliviar la factura energética del país, pero también entraría en contradicción con el programa de gobierno que llevó al partido laborista a ganar las elecciones hace dos años. 

¿Una política exterior continuista?

Autorizar de nuevo la exploración de gas y petróleo en el mar del Norte tendría al menos una ventaja para Andy Burnham: ganarse el favor de Donald Trump, que reclama desde hace tiempo que el Reino Unido aproveche sus recursos energéticos.

En el escenario internacional, lidiar con el imprevisible presidente estadounidense va a ser uno de los retos principales de un dirigente sin mucha experiencia en este terreno. "Burnham va a tener que aprender muy rápido", anticipa el politólogo Tim Bale. "Frente a Trump, es probable que adopte un enfoque parecido al de Keir Starmer, intentando tranquilizarle y seducirle, aunque sabemos también que eso no siempre funciona." De momento, Burnham, como sus predecesores, ha insistido en la importancia de los vínculos entre el Reino Unido y Estados Unidos, "sobre todo en materia de seguridad y defensa."

La continuidad también podría marcar la relación entre Londres y Bruselas. Andy Burnham fue un 'remainer': hizo campaña en contra del Brexit en 2016 y se ha mostrado favorable, en los últimos años, a un mayor acercamiento a la Unión Europea. Lo repitió en el Times hace dos semanas, pero descartó una vuelta al club comunitario. "Respeto la decisión que se tomó en el referéndum", explicó el exalcalde de Manchester el mes pasado. Ha descartado además "volver a integrar el Reino Unido en el mercado único o en la unión aduanera", recuerda Tim Bale, que espera de Burnham "una continuación de la estrategia gradual de Keir Starmer con  Bruselas". Algo que, según el politólogo de la Universidad Queen Mary, "no ha aportado gran cosa hasta ahora."

Quizás Burnham no esté tan presente en los asuntos internacionales como lo fue su predecesor, apunta el profesor: "Es plenamente consciente de los reproches formulados contra Starmer por dedicar demasiado tiempo a los asuntos exteriores", analiza Bale: "Por eso, creo que tendrá cuidado de no exponerse a esa misma acusación."

Aun así, la actualidad internacional arrastra a veces a los líderes de gobierno. Con Starmer, fue el caso con Ucrania y el conflicto en Oriente Próximo. Si el compromiso de Londres con Kiev va a continuar –ya lo anunció Burnham–, el nuevo primer ministro podría exponer una nueva visión del ejecutivo sobre la situación en Gaza. En julio, el nuevo primer ministro explicó, en una entrevista a The Guardian, que los laboristas "no habían estado a la altura" cuando arrancó la ofensiva sobre la Franja. Burnham "sabe que Starmer perdió mucho apoyo de electores progresistas y musulmanes por no plantarse con Israel," recuerda Tim Bale. "Cabe esperar que sea más crítico con Tel Aviv, pero quizás no vaya más allá de la retórica."  

La inmigración, el otro gran asunto interno.

Junto con la economía, la inmigración se ha convertido en los últimos años en el otro gran motivo de preocupación para los británicos. Es también un tema peliagudo para los laboristas, acusados a menudo de laxismo por sus adversarios políticos, y a veces de ser demasiado punitivos en este asunto por parte de su electorado.

Aunque la derecha y la extrema derecha siguen agitando el asunto en el debate político, el Labour de Starmer puede presumir de haber mejorado los datos de los gobiernos anteriores. La aprobación de medidas muy restrictivas para los visados en estos dos años de ejecutivo laborista ha hecho caer el número de llegadas de migrantes regulares. El saldo migratorio se redujo en un 48% entre 2024 y 2025. También han bajado las llegadas de migrantes irregulares por el canal de la Mancha, y se han acelerado las tramitaciones de las solicitudes de asilo.

Hasta ahora, Andy Burnham ha sido bastante discreto sobre sus planes migratorios, pero ha respaldado en los Comunes los últimos cambios del gobierno en materia de asilo, a pesar de la oposición de varios diputados más a la izquierda de la formación. Presentado por la ministra del Interior, Shabana Mahmood, que suena como posible ministra de Economía en el ejecutivo de Burnham, el proyecto de ley prevé endurecer el sistema de asilo en el Reino Unido y hacer más complicado que los solicitantes puedan presentar recursos contra una decisión desfavorable de las autoridades.

A finales de mayo, consideró estos planes de Mahmood como "un enfoque acertado" sobre un tema, la inmigración, en el que el Labour "tiene que esforzarse mucho para encontrar el equilibrio adecuado."

¿Ganar al Reform UK de Farage?

La relativa discreción de Burnham sobre el tema migratorio tiene mucho que ver con la amenaza que representa para el laborismo el partido populista y antiinmigración Reform UK. Desde hace meses, la formación de Nigel Farage lidera todas las encuestas de opinión en el Reino Unido, con intenciones de voto superiores al 30%, más de diez puntos porcentuales por encima del Labour, de cara a las generales previstas en 2029.

La victoria del Reform UK en las elecciones locales el 7 de mayo y sus buenos resultados en las parlamentarias en Gales y Escocia organizadas el mismo día han precipitado la caída de Keir Starmer. Sin embargo, Andy Burnham llega a Downing Street con una ventaja: el mes pasado, consiguió imponerse al candidato de Farage en la legislativa parcial en la circunscripción de Makerfield, cerca de Manchester, que le permitió volver como diputado a la Cámara de los Comunes.

"No solo derrotó al Reform UK, sino que lo hizo haciendo lo que el Partido Laborista tiene que hacer", analiza Tim Bale: "Recuperó votantes de los Verdes, de los Liberal-Demócratas, y consiguió movilizar electores que no acuden habitualmente a las urnas".

El pasado viernes, Andy Burnham prometió aplicar la misma receta que en Makerfield para intentar recuperar el electorado a nivel nacional. "Marcaré un rumbo auténticamente laborista", aseguró. "No vamos a intentar ser más ecologistas que los Verdes, ni ser más populistas que Reform UK". De su capacidad de lograrlo y de solventar los numerosos y complejos retos que le esperan en Downing Street dependen la suerte y el futuro del Labour en el Reino Unido. "Es nuestra última oportunidad de cambiar las cosas", ha repetido Andy Burnham en las últimas semanas.