TDAH: El peso de no saber qué ocurre
- En torno a 6.000 personas viven con TDAH en Cantabria
- La Fundación CADAH lleva casi 20 años ofreciendo apoyo y asesoramiento
"Siempre he tenido el recuerdo de ser una niña muy absorta en sus pensamientos, muy desorganizada". Sofía Robles es una joven cántabra que tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Su vida ha estado marcada por los altibajos emocionales y por una sensación de quedarse paralizada ante tareas aparentemente sencillas como realizar un trabajo de clase o enviar un correo electrónico a un profesor. Fue a terapia psicológica para tratarse de ansiedad y depresión, pero la verdadera causa de su malestar no le fue diagnosticada hasta los 23 años.
Aún más tuvo que esperar Andrea Jorde, quien supo que tenía TDAH a los 27. Su historia vital ha corrido en paralelo a la de Sofía. Ambas tienen en común sus grandes dificultades para organizarse y establecer una rutina o unos hábitos. Esta situación se complicó con el paso a los estudios universitarios. "Entras en la vida adulta y yo me encontré haciendo aguas por todas partes", explica Sofía mientras, a su lado, asiente Andrea al verse reflejada en sus palabras: "El trabajo de fin de grado requiere mucha disciplina, las últimas asignaturas se me atascaron… me fue muy difícil terminarlo y empecé a tener muchos problemas emocionales, ansiedad y síntomas depresivos", recuerda. También recibió psicoterapia, pero no terminaba de dar con la tecla correcta.
Sofía y Andrea están entre las 6.000 personas que tienen TDAH en Cantabria. Al verlas compartir sus experiencias con tanta serenidad, pocos serían capaces de detectarlo. Eso tiene mucho que ver con la percepción extendida de que la hiperactividad está asociada, generalmente, a niños varones muy inquietos y con comportamientos disruptivos. Esta visión también está ligada al elevado infradiagnóstico y la detección tardía, que afecta principalmente a las mujeres, aunque la tendencia está cambiando: cada vez son más las que piden orientación, asesoramiento o una evaluación, como en su día hicieron las protagonistas de esta historia.
El diagnóstico como punto de partida
Andrea y Sofía llegaron a la Fundación Cantabria Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (CADAH) "confundidas". Allí encontraron la respuesta a qué era aquello que les pasaba y que no sabían expresar bien con palabras. Las mismas que ahora fluyen con la libertad que da haberse quitado un enorme peso de encima. "Suena exagerado pero para mí lo fue todo, me ha cambiado la vida porque gracias al diagnóstico entiendes mucho mejor quién eres, cómo funcionas y es parte de tu identidad también", asegura Andrea. Sofía recuerda el "tremendo alivio" por "poder ponerle nombre" a su malestar y "terminar con la incertidumbre de años en los que no sabes bien qué te ocurre".
Sofía Robles RTVE CANTABRIA
Con todo, un diagnóstico de TDAH no es el final de un trayecto, sino el punto de partida hacia una vida mejor. Las dos jóvenes admiten que el proceso que ha venido después no ha sido un camino de rosas. Sofía lo califica como "positivo, pero desestabilizante", con sensaciones "complejas", desde la tristeza por saber que tienes un problema para toda la vida hasta el enfado y la frustración por haber vivido más de 20 años con el trastorno sin que nadie fuera capaz de verlo antes. Para Andrea, lo que ambas han vivido se puede comparar con "un duelo" porque "tienes que aprender a aceptarlo, y eso cuesta".
Andrea Jorde RTVE CANTABRIA
La importancia de la detección temprana
La directora técnica de la Fundación CADAH, Sara Ortega, explica que los casos de Sofía y Andrea son habituales: chicas jóvenes que reciben el diagnóstico cuando llegan a una edad a la que deben empezar a funcionar de una manera más autónoma, como en la etapa universitaria, tras años acumulando sufrimiento y malestar.
Sara Ortega, directora técnica de CADAH RTVE CANTABRIA
Por ello, abordar el TDAH desde la infancia es clave para evitar la aparición de complicaciones añadidas en las etapas posteriores de la vida. Sara Ortega se refiere a la aparición de problemas de autoestima, adicción a las nuevas tecnologías o desórdenes de la conducta alimentaria, como los atracones o la bulimia, especialmente en chicas. "Hay que tratar de mejorar mucho los protocolos de detección para prevenir que un niño o una niña con este perfil pueda desarrollar dificultades, y las medidas más eficaces son en los centros educativos", enfatiza.
Sofía y Andrea, con la psicóloga sanitaria María Jesús Sánchez RTVE CANTABRIA
La responsable de la entidad da algunas pistas a las familias: un niño o una niña que tiende al desorden, que le cuesta seguir rutinas, que necesita que otros estén todo el tiempo detrás recordándole las cosas, de manera sistemática, podrían ser señales indicativas de TDAH y se recomienda pedir la ayuda de especialistas como las que trabajan en CADAH. Gracias a ellas, Andrea y Sofía pueden decir hoy que están "en paz" con su diagnóstico. Hoy, convertidas en profesoras, siguen yendo a terapia, pero en calma y mirando al futuro con optimismo.