Día Internacional del TDAH
"Siempre he tenido el recuerdo de ser una niña muy absorta en sus pensamientos, muy desorganizada". Sofía Robles es una joven cántabra que tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Su vida ha estado marcada por los altibajos emocionales y por una sensación de quedarse paralizada ante tareas aparentemente sencillas como realizar un trabajo de clase o enviar un correo electrónico a un profesor. Fue a terapia psicológica para tratarse de ansiedad y depresión, pero la verdadera causa de su malestar no le fue diagnosticada hasta los 23 años.
Aún más tuvo que esperar Andrea Jorde, quien supo que tenía TDAH a los 27. Su historia vital ha corrido en paralelo a la de Sofía. Ambas tienen en común sus grandes dificultades para organizarse y establecer una rutina o unos hábitos. Esta situación se complicó con el paso a los estudios universitarios. "Entras en la vida adulta y yo me encontré haciendo aguas por todas partes", explica Sofía mientras, a su lado, asiente Andrea al verse reflejada en sus palabras: "El trabajo de fin de grado requiere mucha disciplina, las últimas asignaturas se me atascaron… me fue muy difícil terminarlo y empecé a tener muchos problemas emocionales, ansiedad y síntomas depresivos", recuerda. También recibió psicoterapia, pero no terminaba de dar con la tecla correcta.