Deportados por EE.UU., sepultados en Venezuela
- Los 147 pasajeros del vuelo 164, deportados por el ICE de EE.UU., debían pasar 24 horas en un hotel de Venezuela
- El doble terremoto se lo impidió y solo doce sobrevivieron
Se llamaban Luis Alejandro, Yamil, Anderson… Eran 147 personas —120 hombres, 19 mujeres y 7 menores—. Habían buscado fortuna en Estados Unidos, pero los agentes antiinmigración de Donald Trump pusieron fin a sus sueños. En los últimos meses habían estado encerrados en los centros de detención del ICE. Por fin, el miércoles 24 de junio los subieron a un avión en Estados Unidos y ese mismo día llegaron a Venezuela. Parecían contentos de volver, al menos por ver a sus familiares. A algunos los fueron a buscar sus hijos.
Pero el encuentro no fue completo. Como en otros casos de deportación, a los pasajeros del vuelo 164 los enviaron del aeropuerto de Maiquetía a un lugar para procesarlos y pasar un reconocimiento médico. En su mayoría, acabaron en el hotel Santuario La Llanada, en La Guaira. Sólo iban a estar un día allí. Es –era- un local modesto, por el que ya han pasado cientos de deportados. La tarde del 24 de junio, cuando Venezuela tembló en plena fiesta de San Juan Bautista, fue la última en que estuvo en pie.
"No sé cómo pude salir de los escombros. Por un momento sentí que me iba a morir. Mi esposa todavía no sabe nada de mí", ha contado uno de los doce supervivientes de ese vuelo. Son los que pudieron salir por sus propios medios, o ayudados por vecinos o familiares que lograron llegar hasta el hotel derruido por el doble terremoto.
"Hay mucha gente viva", les insistían desde el lugar a las familias esperanzadas. Calculaban que unas sesenta personas podían haberse quedado en plantas no completamente aplastadas por los escombros.
Pero las máquinas excavadoras no aparecían. El hotel, ubicado en una zona alta, tenía un acceso aún más complicado que el de otras zonas igualmente devastadas.
"Mi hijo es alto, gordo, pesa 120 kilos… O menos, porque estuvo detenido por el ICE un mes y pudo perder peso", explicaba una madre desesperada por el infortunio de su hijo. Los parientes se han ido desplazando por los centros hospitalarios en busca de señales de sus seres queridos. Sin éxito.
Pero, al menos, todavía hoy, gracias a estas familias, la tragedia del vuelo 164 salió a la luz. Su tenacidad está permitiendo identificar y recuperar cuerpos, como el de Luis Ángel Gaitán Silva, quien finalmente descansa en la misma tierra de la que salió.