'Adamuz, el último tren': la superviviente herida Elena Fragío publica un libro sobre la tragedia ferroviaria
- La criminóloga, de 28 años, volvía a Huelva en el vagón 1 del tren Alvia tras examinarse en Madrid
- Cuenta que ha escrito su testimonio como terapia y para ayudar a víctimas de cualquier trauma
Elena Fragío sobrevivió con graves heridas a la tragedia ferroviaria del 18 de enero de 2026, en la que murieron 46 personas. Cinco meses después, publica un libro con su valioso testimonio: 'Adamuz, el último tren'. Nos hemos reunido con ella en Huelva, su ciudad, antes de la presentación de la obra, editada por el sello Niebla.
Esta criminóloga de 28 años cuenta que aquella noche volvía a casa tras examinarse en Madrid en una oposición para cumplir su sueño de ser funcionaria de prisiones. Su vida cambió, dice, en "seis segundos": el tiempo en el que el tren Iryo 6189 Málaga-Madrid descarriló a la altura de Adamuz (Córdoba) y chocó con el Alvia 2384 Madrid-Huelva de Renfe donde viajaba ella, en el vagón 1.
En el hospital los psicólogos le recomendaron que escribiera su experiencia, como terapia para enfrentarse al trauma. Mientras otros preferían olvidar, ella prefirió contarlo todo. Durante los 103 días en los que permaneció encamada, convaleciente de sus operaciones, Elena escribió su testimonio con detalle a modo de diario. Quiere que sirva también como apoyo para otras víctimas.
Atrapada en el vagón y las vías
"Esa hora y media que yo estuve atrapada hasta que a mí me sacaron del vagón, esas cuatro horas y media que yo estuve tirada en las vías hasta que me evacuaron a la ambulancia... Eso fue lo primero que escribí", explica la joven superviviente, sentada en la silla de ruedas en la que se desplaza mientras recupera poco a poco la capacidad de caminar.
Además de las secuelas físicas más o menos visibles, como la pérdida del 40 por ciento de audición, la simbólica cicatriz en la mejilla derecha y, sobre todo, las fracturas de la pelvis, el hueso sacro y un pie, señala que aún sufre, como tantos pasajeros supervivientes, daños mentales y emocionales. Las imágenes del desastre la acucian como pesadillas recurrentes y la agobia una constante sensación de culpabilidad, solo por haber sobrevivido. ¿Por qué yo sí y otros no?, se pregunta.
Ha dedicado el libro al policía y los pasajeros de su tren que la ayudaron esa noche. "Son mis ángeles de la guarda".
Caminar de nuevo
Dos momentos reflejan la impresión de irrealidad de lo vivido. La voz de una chica que le preguntó "¿estás viva?" mientras le daba la mano en la oscuridad del vagón la ayudó a resistir. Y horas después, cuando llegó al hospital de la Cruz Roja de Córdoba, sus padres, venidos desde Huelva, no se dieron cuenta de que aquella mujer con la cara ensangrentada era su hija. "No fueron capaces de reconocerme", dice mientras a unos metros la escucha su madre, Fátima.
Elena Fragío abre el libro y lee su prólogo: "Hierros, cristales, gritos, oscuridad, un instante que partió mi vida en dos. La Elena que salió de aquel vagón ya no era la misma". Añade que ha aprendido mucho. Como que "sobrevivir no es solo salir con vida de un accidente, sino aprender a levantarme cada día con heridas visibles e invisibles". Luego, apoyándose en sus muletas, se yergue de la silla de ruedas, se pone de pie y camina unos metros.