La noche de San Juan en Cantabria: fuego, agua y memoria
- La madrugada del 23 de junio Cantabria recupera, con el fuego, el agua y el sol, una tradición de milenios
- Los rituales alrededor de las hogueras han permanecido durante siglos aún a pesar del paso de los distintos pueblos que han habitado Cantabria o la llegada del cristianismo
Tres elementos se reúnen esta noche en las playas de Cantabria: el fuego, el mar, y el sol. Los tres son núcleos de un ritual que, según el antropólogo Eloy Gómez Pellón, catedrático de la Universidad de Cantabria, «es muy similar en toda Europa y en la península ibérica», aunque, señala, en pocos sitios ha llegado hasta el siglo XXI con la vitalidad con la que se celebra en Cantabria.
El fuego es más que un simple símbolo, es un lugar de reunión. Según Marín Sánchez, autor de Las fiestas del solsticio de verano y de San Juan en Cantabria (Ed. Librucos), uno de los estudios más completos sobre estas celebraciones en la región, es un recuerdo de los fuegos domésticos, comunes, que durante siglos estuvieron en el centro de la vida de la gente. El hogar, asegura Sánchez, significa más que una casa: era el principal medio de calor e iluminación. La hoguera popular ampliaba ese fuego hasta llegar a todo el pueblo, convirtiendo, dice, lo cotidiano en sagrado, lo privado en compartido.
“Las hogueras de San Juan eran la versión comunitaria del fuego doméstico, que era el principal medio de calor e iluminación de los hogares“
El agua, representada en la costa, en el mar, en las playas en las que se encienden dichas hogueras, es por su parte una fuente de fertilidad y vida. Los baños rituales al amanecer del solsticio no son una moda reciente: forman parte de la tradición documentada que vincula el agua con la purificación, la salud y el renacimiento.
Y el sol, en su mayor momento de fuerza, da la fecha para la celebración. Es su solsticio, su llegada al cénit, lo que marca el momento en el que se celebra esta festividad. Antes de los calendarios, los pueblos más primitivos eran capaces de seguir, calcular y predecir el avance de los días. Por ello, dice Marín Sánchez, el astro tenía una importancia religiosa y simbólica enorme en las culturas precristianas. Del sol se creía que pasaba entre este mundo y el otro, llevando consigo las almas de los muertos. Por ello, el solsticio, el día con más horas de sol, se identificaba como el día con mayor vitalidad.
Historia y leyenda, antes del cristianismo o los romanos
Los ritos de la noche de San Juan han llegado a nosotros gracias a quienes trataron de suprimirlos, aunque, acabarían por asimilarlos. Según Marín, los padres de la Iglesia de los siglos IV al VI, como el obispo San Martín de Braga, documentaron con detalle estas tradiciones precisamente para criticarlas y acabar con ellas, calificándolos de paganismo y heterodoxia.
Sin embargo, la imposibilidad de acabar con estas creencias acabaron desembocando en un proceso de asimilación, que, según explica Gómez Pellón, es habitual en las religiones sincréticas. El cristianismo absorbió y doto de otro nombre, la fiesta de San Juan, lo que en su momento era la celebración del solsticio de verano, de forma deliberada, del mismo modo que la Navidad tomó el lugar del solsticio de invierno.
Y mientras este nuevo nombre y esta nueva identidad daban forma a la festividad, esta ha ido abandonando, poco a poco, el cuerpo de leyendas que se creo a su alrededor. Entre ellas, la de las Anjanas, hadas benévolas del folklore cántabro, que fueron documentadas desde los años treinta del siglo pasado por el escritor Manuel Llano, quien recogió los mitos que vinculan estas figuras con la noche de San Juan. Aunque, estos elementos han regresado. Gómez Pellón señala que incluso en sociedades como la actual existe la necesidad de dotarse de explicaciones y relatos, y que ello hace pervivir estas mitos, gracias también al atractivo cultural y turístico que generan.
“Se trata de una fiesta de antecedentes precristianos que el cristianismo atrajo y asimiló, un proceso muy común en las religiones sincréticas “
Aunque la de hoy es una celebración distinta a la que se llevaba a cabo en su momento: de una fiesta, la del solsticio, sustituida por otra, la de San Juan, ha dado paso una doble celebración. Marín Sánchez defiende que la noche, con sus hogueras, sus baños rituales y la recogida de plantas, pertenece a la tradición precristiana, mientras que al amanecer del 24, cuando sale el sol, los elementos paganos desaparecen y dan paso a la fiesta cristiana: misas, procesiones, ferias de ganado y romerías.
La fiesta hoy
La clave detrás de la supervivencia de esta fiesta, apunta Gómez Pellón, está más allá de la nostalgia o el folclore: es la identidad. Según el catedrático, para las culturas tradicionales, el solsticio es una eclosión natural asociada con el bienestar y el aprovechamiento de los recursos. Los ritos ahondaban estas raíces, y fortalecían los vínculos colectivos. Esto no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma.
En la sociedad contemporánea, la hoguera de San Juan sigue siendo un punto de encuentro, pero ahora convoca a personas de diferentes orígenes, clases y creencias en una sociedad globalizada. El disfrute ya no proviene solo del vínculo con la naturaleza, sino también del encuentro entre lo individual y lo común. La fiesta cumple hoy funciones de identidad, de ocio y de promoción económica, sin que ello reste profundidad a sus raíces.
“En Cantabria estas tradiciones llegaron al siglo XX con más fuerza que en otros lugares donde se habían desvanecido mucho antes “
Cantabria es, en este sentido, un caso singular. Marín Sánchez observó que estas tradiciones llegaron al siglo XX en esta región con más fuerza y vitalidad que en otros territorios donde se habían diluido mucho antes. La geografía montañosa, la dispersión del poblamiento rural y el mantenimiento de comunidades pequeñas y cohesionadas ayudaron a preservar una cadena de transmisión oral y ritual que en otras partes se rompió con la industrialización.