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2016: el año de la victoria del Brexit y la de Donald Trump

  • El perfil de quienes votaron abandonar la UE en el Reino Unido y quienes eligieron a Donald Trump en EE.UU. se parecen
  • El 23 de junio se cumplen 10 años del referéndum en el Reino Unido sobre la Unión Europea
El brexit y Trump
Manifestación en Londres a favor del Brexit, cuando se hizo efectivo, el 31 de enero de 2020. Jeff Mitchell Jeff Mitchell/Getty

Hagamos un flashback, retrocedamos diez años y recordemos el ambiente social, económico y político de 2016. Se había superado lo peor de la crisis de las hipotecas, de la burbuja inmobiliaria (2008), pero teníamos aún abiertas las heridas que provocó: el empobrecimiento, las deudas, los recortes en prestaciones sociales.

En Europa, a la crisis económica le había seguido la llamada crisis de los refugiados (2015), cuando más de un millón de personas, en su mayoría huyendo de la guerra en Siria, llegaron a las fronteras de la Unión Europea pidiendo asilo. Su procedencia, de países musulmanes, desató una reacción xenófoba en buena parte de los países. En los Estados Unidos terminaban ocho años de presidencia de Barack Obama, el primer presidente negro del país. Un hito digno de celebración para la mayoría de la sociedad, pero que hizo morderse la lengua y tragar saliva amarga a otra parte. La negritud de la "primera familia", como se denomina a la familia del presidente, y la aprobación de leyes progresistas en cuestiones como el matrimonio homosexual alimentaron un resentimiento importante contra lo políticamente correcto.

Esa combinación de frustración por la pérdida de poder adquisitivo y calidad de vida, más la impresión de ir perdiendo también en el terreno cultural, de los valores, un sentimiento de incertidumbre y miedo respecto al futuro, que debidamente azuzado con un racismo latente se convierte en odio al otro, al diferente, hizo que la población de 2016 fuera especialmente permeable a discursos contra un chivo expiatorio, un punching bag, un sacos de boxeo, al que aporrear.

En ambos casos, Brexit y Trump, se señalaron como culpables del retroceso que percibían esos ciudadanos a los inmigrantes y al orden financiero global; y presentaron su opción como un David contra el Goliat de un establishment complaciente y alejado de las penurias de la gente corriente. En el Reino Unido ese sistema contra el que se quería reaccionar lo encarnó la Unión Europea; en los Estados Unidos, la clase política imperante. Portazo a la UE, elijamos un no político en los EE.UU.

Basta. El voto como un puñetazo en la urna

"¡Estoy harta! Los dos últimos años han sido terribles. ¡Estoy harta de los de la gran ciudad, de que me manden callar, de no poder hablar de según qué, de que me llamen racista; de sentir que no soy nada, que no tengo nada, que no sé nada. Estoy harta!". Es el estallido de una británica blanca y rubia, de clase trabajadora, que forma parte de un focus group, un grupo con personas que representan la diversidad de la sociedad británica, a quienes pretenden transmitir las ventajas factuales a favor de seguir en la Unión Europea.

No es una escena de la vida real, sino una ficción creada para contar algo muy real: cómo fue la campaña del referéndum de 2016 en el Reino Unido, en un ejemplo magnífico de "docuficción", Brexit: The Uncivil war (Brexit, la guerra incívica), realizada en 2019. La ficción recrea, a partir de hechos reales, las estrategias de los dos bandos, a favor de seguir en la UE y a favor de salir, planteándolo como una derrota del cerebro frente al corazón (o las tripas), una derrota de la razón frente a la emoción.

Esa mujer imaginaria, llena de frustración y resentimiento, que se siente rechazada por el discurso público imperante, refleja por qué miles de británicos votaron contra la Unión Europea: quitan el trabajo, saturan la sanidad y los servicios públicos, erosionan su poder adquisitivo y reducen sus aspiraciones. Un sentimiento que se impone a cualquier cifra o dato contrastado. La emoción vence a la razón. La escena de esa ficción británica es una metáfora de la victoria del Brexit y podría serlo también de la del movimiento MAGA (trumpistas) en los Estados Unidos.

Trump llega a la cumbre del G7 en Evian, Francia

Trump llega a la cumbre del G7 en Evian, Francia DPA via Europa Press Isabel Infantes/PA Wire/dpa

La era de la emoción: miedo y rabia

Un estudio de la Universidad de Oxford se centró precisamente en analizar cómo se manejaron e influyeron ambas emociones en el referéndum sobre la permanencia en la UE y en la elección presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump. Los autores del estudio tomaron como datos las publicaciones de las dos campañas en Twitter y en los medios de comunicación. Partieron de la premisa de que quienes defienden el statu quo (seguir en la UE, votar por Clinton) apelan al miedo, el miedo al cambio; y que quienes abogan por ese cambio se dirigen a la rabia contra el orden vigente.

Llegaron a la conclusión en que en ambos casos se explotaron ambos sentimientos, pero con algunas diferencias. "En el caso del Brexit, los datos confirmaron nuestras expectativas, para decirlo coloquialmente, los partidarios de seguir en la UE fueron el 'Proyecto miedo', mientras que los partidarios de abandonarla fueron el 'Proyecto rabia'". En cuanto al impacto social, hallaron un dato clave que ayuda a comprender el resultado: "El miedo subió entre febrero y abril de 2016, pero decayó entre mayo y junio". El referéndum se celebró el 23 de junio, cuando prevalecía la rabia sobre el miedo.

En el caso de la elección entre Hillary Clinton y Donald Trump, sin embargo, se encontraron con que ambos campos hicieron un uso similar, usando mensajes de miedo y de rabia. "Por ejemplo, la rabia entre los simpatizantes del Partido Demócrata se disparó cuando Trump pidió que se prohibiera la entrada a musulmanes en el país; entre los del Partido Republicano, cuando Clinton calificó de "deplorables" a los simpatizantes de Trump". Su conclusión es la que pudo percibir cualquiera que siguiera aquella campaña, "fue una competición en términos negativos. Cada bando reforzó las emociones negativas del otro".

El estudio se publicó en 2023, con lo cual pudieron observar la primera presidencia de Donald Trump y el post-Brexit en el Reino Unido, y eso los llevó a la siguiente reflexión: "Cómo la competición entre el miedo y la rabia se mantiene cuando los populistas están en el poder, esta es otra cuestión interesante para futuras investigaciones".

Activista pro-UE Steve Bray con sombrero

El activista pro-Unión Europea Steve Bray se encuentra cerca del Parlamento mientras el primer ministro británico asiste a la sesión semanal de preguntas al primer ministro en Londres. Kirsty Wigglesworth Kirsty Wigglesworth

Perfil del Brexiteer y del MAGA

Brexiteer es como denominan en el Reino Unido a los partidarios del Brexit; y MAGA es el acrónimo del lema trumpista Make America Great Again (Devolver la grandeza a los Estados Unidos). Además del peso que tuvo la emoción, Brexiteers y Magas comparten también un perfil sociológico similar. Parecidos, según el sesgo racial, generacional y, sobre todo, cultural.

En el caso británico, salir de la UE fue la opción mayoritaria entre los blancos, entre los mayores de 65 años y, sobre todo, entre las personas con menos formación académica y con trabajos poco cualificados y con bajos salarios. "Los grupos en riesgo de pobreza eran más proclives a votar por el Brexit. La edad y el sueldo influyeron, pero el factor decisivo fue la desigualdad educacional (académica)", explica la Fundación Joseph Rowntree. "En aquellos grupos marginados por el cambio de modelo económico, que se sentían apartados del consenso general había más probabilidades de apoyar el Brexit. Se enfrentaban a un doble maleficio: por su falta de cualificación estaban en desventaja en la economía moderna, y además los marginaba la falta de oportunidades en sus barrios".

En Estados Unidos, el porcentaje de blancos y de hombres que votaron por Donald Trump fue superior al de quienes votaron por Hillary Clinton. Como en el Brexit hubo una brecha generacional, la media de edad de los votantes de Trump fue superior a la de los de Clinton. Y, también como en el Brexit, los votantes de Clinton tenían una formación académica superior a la de los de Trump. Según datos del Pew Research Center, "un 43% de los votantes de Hillary Clinton tenían un título universitario, entre los de Trump solo un 29%. Los blancos no titulados fueron la gran mayoría de los votantes de Trump, un 63%; en el caso de Hillary, alcanzaron solo un 26%". De ahí que la desafortunada expresión de "deplorables" de la candidata demócrata no hiciera más que echar sal en la herida de esas clases que se sentían apartadas, ninguneadas por parte del sistema imperante, y eso aumentara su rabia.

Cualquier tiempo pasado fue mejor, o así me lo parece

Un lema de campaña puede ser a menudo clave en una victoria electoral. Clave e ilustrativo de lo que funciona en un momento determinado. Mucho se criticó la vacuidad de los lemas Hope (esperanza) y Yes, we can (traducción del hispano "Sí se puede"), en la primera campaña presidencial de Barack Obama (2008), pero funcionaron y tenían algo en común: apelaban a un futuro. La esperanza por definición es a futuro y la ilusión de hacer cosas también.

Donald Trump y su equipo, sin embargo, detectaron la frustración y la rabia en un sector importante de la sociedad y apelaron al pasado, a la nostalgia: Make America Great Again. Devolver la grandeza a los Estados Unidos. Su vaguedad era parecida a la de Obama, tal y como evidenciaron sus críticos, en especial mujeres y afroamericanos. ¿A qué grandeza pasada pretende Trump volver? ¿A la época en que las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres? ¿A cuando los negros estaban segregados y el matrimonio interracial era delito? En el metalenguaje que habita toda sociedad con tabúes, el Make America Great Again se interpretó en la sociedad negra como un eufemismo de Make America White Again, que los Estados Unidos vuelvan a ser blancos. El lema funcionó y sigue funcionando en los EE.UU.

La misma estrategia nostálgica la aplicó la campaña para salir de la Unión Europea: Take Back Control. Retomar el control. En el caso británico, la tesis es que la maléfica Unión Europea había usurpado la soberanía nacional británica, y eso había desencadenado todos los males. La generación que más apoyó la salida de la UE fue la generación que vivió el desmoronamiento del Imperio británico: la independencia de las colonias y la jibarización de la diplomacia británica en el mundo.

Es la generación que tuvo que asimilar, a regañadientes, que ya no eran un imperio, y algo de esa nostalgia imperial implícita hubo en la campaña contra la Unión Europea y entre sus votantes. De nada sirvieron los argumentos de quienes recordaban la penosa situación económica en que se encontraba el Reino Unido en la década de los 70, cuando decidieron ingresar en la entonces Comunidad Económica Europea.

Brexit: diez años de caos político en el Reino Unido

Un hombre participa en una protesta contra el Brexit en el Reino Unido.

Facebook, la desinformación, la posverdad y la "realidad alternativa"

En 2008 solo hacía dos años que Facebook, aquel invento de unos estudiantes de Harvard para estudiantes como ellos, había pasado a ser una plataforma de comunicación digital abierta a cualquiera. Al equipo de campaña del joven senador Barack Obama, que aspiraba a ser candidato a presidente, se le ocurrió usar ese instrumento para movilizar al electorado joven, tradicionalmente abstencionista.

Fueron a por ellos en Facebook, para que ayudaran con pequeñas cantidades de dinero a financiar la campaña electoral, para que se convirtieran en activistas voluntarios y para que el día de la votación votaran. Fuera de ese círculo reinaba el escepticismo, pero los resultados les dieron la razón. La estrategia funcionó.

Ocho años después, en 2016, ya nadie en el mundo del marketing comercial o político dudaba de la influencia que tenía esa plataforma que se había transformado en un foro planetario de millones de adultos, y no solo para compartir fotos y actividades personales, sino como fuente de información. Los equipos electorales aplicaron en Facebook la técnica del microtargeting, es decir, identificar a las personas susceptibles de ser convencidas en favor de tu causa, para bombardearlas con mensajes. Optimización de recursos, no perder el tiempo con ya convencidos o con claros oponentes; y optimización de resultados, persuasión con menos esfuerzo.

Aquella campaña digital es el argumento principal de la recreación libre que hace la película citada al inicio, Brexit: the uncivil war. Dos años después de aquel 2016, se conoció públicamente cómo fue la manipulación de la actividad en Facebook y la empresa de análisis de datos que lo hizo: Cambridge Analytica, que recopiló datos de más de 50 millones de personas. Se trata de una empresa vinculada a Steve Bannon, el entonces asesor de Donald Trump. Cambridge Analytica es uno de los nexos entre las campañas exitosas a favor del Brexit y de Donald Trump.

En campaña las partes siempre han manipulado los hechos en interés propio, las declaraciones de los políticos están llenas de inexactitudes, medias verdades, o directamente mentiras. Siempre ha ocurrido, pero las redes sociales han facilitado una difusión de una rapidez y una dimensión inimaginables antes. Es otro factor común en aquellas dos votaciones trascendentes de 2016: el alud de informaciones engañosas, acusaciones falsas, invenciones, bulos que llegaron a millones de pantallas de ordenador, de tableta digital o del teléfono para alimentar la indignación, la rabia, respecto al orden vigente y empujar a votar en su contra.

Diez años después, las promesas de riqueza de los Brexiteers no se han materializado en el Reino Unido; los británicos están descubriendo los perjuicios de salirse de un club de 28 países y, según las encuestas, el referéndum hoy daría el resultado contrario. En los Estados Unidos, Donald Trump vuelve a ser presidente, en esta ocasión con una victoria más clara que la de 2016. Y la frustración y el desapego de la ciudadanía, el electorado, respecto a las instituciones del sistema se mantienen, y la desinformación y los bulos campan a sus anchas.