Flora Tristán, mucho más que una residencia: un proyecto social que ve peligrar su futuro
- Más de 150 estudiantes y 10 trabajadores rechazan el cierre de la residencia universitaria por unas obras
- La universidad propietaria del espacio niega que sea un desalojo y lo achaca a obras por deterioro del edificio
La residencia universitaria Flora Tristán, ubicada en el Polígono Sur de Sevilla, afronta semanas de incertidumbre. Más de 150 estudiantes, la mayoría en situación de vulnerabilidad, han recibido una notificación de la Universidad Pablo de Olavide en la que se les comunica que el edificio, de titularidad pública, cerrará temporalmente a partir de agosto para acometer unas obras de mantenimiento. La decisión ha generado preocupación entre los residentes, que temen perder una de las pocas alternativas de alojamiento asequible existentes para jóvenes.
"Somos una comunidad con lazos estrechos con los habitantes de un barrio golpeado", reconoce Amanda Garrido una de las residentes. Porque la inquietud va más allá de una cuestión residencial. Desde hace más de dos décadas, la Flora Tristán se ha consolidado como un proyecto de intervención social vinculado al barrio con la renta per cápita más baja del país.
Sus estudiantes participan en actividades educativas, culturales y comunitarias junto a asociaciones vecinales y colectivos sociales. Por ello, muchos consideran que el posible cierre supone una amenaza para un modelo que trasciende la función de alojamiento universitario.
Jack, estudiante inmigrante de filología hispánica, asegura que muchos no disponen de otra alternativa habitacional y que el proyecto ha permitido a jóvenes con dificultades económicas acceder a estudios universitarios. "Este es mi hogar", afirma. Las cuotas rondan los 300 euros mensuales, una cifra muy inferior a la que se paga actualmente en muchas residencias universitarias.
La flora sigue viva
Desde el rectorado de la Universidad Pablo de Olavide se comprometen a que, una vez finalizada la obra, el centro seguiría abierto y en funcionamiento. Lamentan que por el estado de las instalaciones, las tareas no serían compatibles con la habitabilidad de los jóvenes. Aún así, el rector Francisco Oliva, asegura que "no habrá ningún tipo de privatización" aunque reconoce la falta de fondos públicos para acometer la reforma, por eso pide la ayuda de entidades sin ánimo de lucro que la financien.
Oliva asegura que estos estudiantes "recibirán una beca" para el tiempo que sean realojados. Una posible salida de los estudiantes que preocupa igualmente a numerosos vecinos del Polígono Sur. Muchos destacan el papel que desempeñan dentro de la vida cotidiana del barrio a través de programas educativos, actividades con menores y los vínculos comerciales. Manuel, vecino de la zona, considera que la residencia se ha convertido en un elemento fundamental para el entorno y defiende que continúe desarrollando la labor que viene realizando desde hace años.
Los colectivos vecinales también han mostrado su rechazo al cierre sin una alternativa clara para los residentes. Desde la plataforma Barrios Hartos, Juan García lamenta que "la situación vuelva a afectar a una zona obrera" de la ciudad. Considera que el acceso a la vivienda debería ser una prioridad para las administraciones y reclama soluciones que garanticen la continuidad de los estudios de los jóvenes afectados.
Los residentes se preguntan la urgencia de la intervención si el informe consta de 2024. La Universidad Pablo de Olavide sostiene que estudiará la viabilidad de mantener una zona abierta para los residentes. Además, lamentan, la reducción del número de becas y plazas a lo largo de los últimos años.
Un barrio que late gracias, en parte, a la Flora, y por eso, reclaman certezas sobre el futuro de una residencia que consideran una pieza clave tanto para el acceso a la universidad como para la vida comunitaria del Polígono Sur.