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Misioneras en Kinshasa: ayudar a las más vulnerables

  • Ángela Gutiérrez Bada es fundadora y directora de un hospital para personas con problemas de salud mental
  • Ana Gutiérrez Martínez dirige una maternidad que, además, atiende a víctimas de violencia sexual
Cuatro mujeres de piel oscura y una de piel más clara, sentadas alrededor de una mesa con mantel colorido, disfrutan de una actividad de manualidades con diversos materiales.
Mujeres acogidas en el centro Telema Kintambo de Kinshasa para enfermos mentales Carolina Pecharromán
Carolina Pecharromán

Objetivo Igualdad se emite los domingos a las 15:50h en el Canal 24 horas y después en RTVE Play

El hospital Telema Kintambo abrió hace 37 años en Kinshasa para atender a personas con problemas de salud mental. Desde entonces está al frente allí la asturiana Ángela Gutiérrez Bada, misionera de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús: "El cardenal nos llamó porque aquí nadie se ocupaba de los enfermos mentales. El enfermo mental aquí no es bien visto. Es un enfermo que trae mala suerte, que estorba en casa, que estorba en la familia y que estorba todo el mundo a la ciudad. Son maltratadas, las matan, las pegan, si son mujeres son violadas y las ves con niños...".

Rechazadas por todos

Sor Ángela es pequeña, delgada, de pelo cano y una energía inagotable. Recorre el hospital mostrándonoslo con agilidad y determinación, hablando con todo el mundo con una mezcla de amabilidad y firmeza. El programa Objetivo Igualdad visita el hospital gracias al apoyo de Casa África y la embajadora de España en Kinshasa, Carmen Díaz Orejas. Sor Ángela nos lleva por los pasillos donde los pacientes esperan a ser atendidos en las consultas, por la farmacia, por el laboratorio de análisis clínicos... Porque en este hospital se atienden todos los problemas de salud de los pacientes, que pueden tener hipertensión, o diabetes, o SIDA o cualquier otro problema físico además de los que afecten a su salud mental.

Vienen hasta con un golpe de machete en la cabeza. Es tremendo, tremendo...

Si los enfermos mentales en general son rechazados en República Democrática del Congo, las mujeres llevan la peor parte. Sor Ángela ha encontrado a mujeres arrojadas a las zanjas a cielo abierto que sirven de alcantarillado en Kinshasa, abandonadas allí, medio muertas: "Vienen hasta con un golpe de machete en la cabeza... Puedes meter las manos a veces en la herida de la enferma. Los pies quemados... Es algo tremendo, tremendo". Nos muestra a una mujer que llegó con medio pie arrancado por un machetazo. Otra llegó caminando y como pudo desde Goma, en el Este del país, a 2.500 kilómetros de Kinshasa. Su mirada está completamente vacía.

Sobrevivir y recuperarse

Muchas personas que llegan al hospital tienen epilepsia, una de las que se podrían llamar aquí enfermedades malditas. Sor Ángela nos explica que las cosas han cambiado a bien para los epilépticos: "Hay mucha gente con epilepsia: hombres, mujeres y niños. Y eso es una de las cosas que nos chocaron más a nosotras cuando llegamos aquí. Pero hoy día ya se sabe que es una cosa que se cura, la gente ya ha comprendido que es una enfermedad y no una cosa de diablos ni de malos espíritus".

Sor Ángela y el resto de enfermeras cuidan de las pacientes, las miman, les hablan, las escuchan hasta conseguir que se estabilicen. Si no pueden volver con sus familias o estas las han abandonado, las alojan y mantienen. Para eso necesitan muchos fondos. Sor Ángela cría patos y gallinas para el consumo interno y la venta. Su imaginación ha llegado a poner en marcha el programa "apadrina a una gallina".

Además, enseñan corte y confección a las pacientes que pueden desarrollar un oficio. Todas realizan labores de costura y manualidades para elaborar bolsos, muñecas, manteles y todo tipo de objetos que puedan vender para contribuir al mantenimiento de la residencia. "Hacemos todo lo que podemos para que cada chica pueda hacer algo y que se sienta valorizada y que sienta: esto soy yo, esto lo he hecho yo", nos cuenta con una sonrisa.

Sor Ángela Gutiérrez muestra algunos de los trabajos de artesanía de las mujeres acogidas en el hospital Telema Kintambo Casa África

Avances en salud reproductiva

En la maternidad de Lisungi, en el barrio de Pumbu, en la periferia de Kinshasa, trabaja Ana Gutiérrez, misionera de las Siervas del Sagrado Corazón. Ella fue fundadora de este centro, donde atienden también a todo tipo de pacientes y tienen 82 camas de hospitalización. A finales de los años ochenta, el hospital se fundó para atender a niños malnutridos. Desde 2023, el gobierno cubre la asistencia al parto de forma gratuita en lugares como este. "Hay dos cosas que se han consolidado en África. Las familias y las mujeres en concreto han entendido que las vacunas y el seguimiento prenatal son muy importantes. La mayoría de las mujeres hacen tres consultas prenatales", explica satisfecha Ana Gutiérrez.

No obstante, República Democrática del Congo es uno de los países con mayor mortalidad maternoinfantil. Ana Gutiérrez cuenta que esta tasa se debe principalmente a partos mal gestionados por falta de conocimiento, falta de medios o simplemente porque no hay un vehículo para trasladar a la mujer para ser atendida a tiempo. En las zonas rurales, el hospital más cercano puede estar a centenares de kilómetros. "Se reduce mucho la mortalidad gracias a la figura tradicional de las parteras, a las que se puede dar formación básica con la que se pueden enfrentar a problemas y salvar vidas", nos cuenta.

La embajadora española en Kinshasa, Carmen Díez Orejas, la periodista Carolina Pecharromán y la directora del hospital de Lisungi, sor Ana Gutiérrez Carolina Pecharromán

Víctimas de violencia sexual

Ana Gutiérrez nos explica que tienen una unidad de asistencia a mujeres y niños o niñas violadas, abierta por la congregación de dominicas que gestiona el centro. "Las más pequeñitas que yo he tenido han sido de tres o cuatro años... y mujeres adultas, claro", dice con una mueca de dolor. Todas las semanas ven varios casos, a veces cuatro o cinco en un solo día.

Las víctimas de violencia sexual más pequeñitas que yo he tenido han sido de tres o cuatro años.

Explica que la misma policía les lleva a víctimas que han presentado denuncia y se requiere un examen y atención médica. La mayoría de los casos son agresiones dentro de la familia, sobre todo por padrastros o los nuevos maridos de la abuela, etc. También hay agresiones en la calle o asaltos en las casas: "Varios delincuentes atacan una casa, algunos apartan a las mujeres y las violan, mientras los demás roban el televisor o lo que sea...".

Me duele muchísimo asistir a niñas de catorce años que van a dar a luz. Son niñas que a su vez van a tener un niño

"Esas mujeres y jóvenes llegan traumatizadas, les es muy difícil hablar. Hay que ganarse su confianza, hacerles sentir cómodas", explica la enfermera Therese Loshita. Al ser una maternidad, algunas de las pacientes que reciben han quedado embarazadas precisamente por agresiones sexuales. Estas mujeres también atraviesan heridas psicológicas, a veces incluso han sido rechazadas por sus familias. "Me duele muchísimo asistir a niñas de catorce años que van a dar a luz. Son niñas que a su vez van a tener un niño", afirma con pesar e indignación la matrona Yvonne Musumba. Todas reconocen que para las mujeres que reciben es necesaria una atención especializada.