El clamor de los mensajes del papa León XIV en Barcelona: "No podemos creer en Jesús y promover la guerra"
- León XIV insistió en la unidad, la dignidad humana y la esperanza como respuesta a las divisiones sociales.
- Ante reclusos y agentes de pastoral social recordó que ninguna persona queda definida por sus errores.
- Sigue minuto a minuto la visita del papa a Canarias
Desde el balcón central de la fachada de la abadía de Monserrat, uno de los grandes símbolos espirituales de Cataluña, el papa León XIV lanzó el miércoles 10 de junio un mensaje de unidad y pidió, ante los miles de fieles que lo escuchaban, vivir “todos unidos en una sola familia”, una imagen que se convirtió en una de las claves de su paso por Cataluña.
Unas palabras improvisadas que retomaban lo que había subrayado, justo antes, en su homilía tras el rezo del rosario en la abadía benedictina. Poniendo de modelo a Jesús, que “muestra el camino de la misericordia”, abogó por desenmascarar “la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes”, e invitó a “reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido”.
Constructores de unidad frente a la polarización
La llamada a la unidad estuvo presente desde sus primeras palabras, el martes 9 en la catedral de Barcelona, tras aterrizar para comenzar su periplo catalán. Retomando unas palabras de san Juan Pablo II, reivindicó a quienes “se entregan para construir armonía y comunión más allá de toda polarización”. Un encargo de calado en el momento actual, recordando que, para la Iglesia, “trabajar juntos no es una elección de estilo, sino una necesidad fisiológica”. En ese contexto animó a ser constructores de unidad, concordia y paz, ante la situación de “guerras y divisiones en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista”.
Búsqueda de sentido en tiempos de incertidumbre
En la vigilia del Estadio Olímpico, celebrada esa misma tarde, pidió construir una sociedad en la que “la salud mental se ve cada vez más amenazada”. El papa vinculó ese malestar a una cultura centrada en el rendimiento, la productividad y la imagen. Alertó contra una sociedad que empuja a las personas a "producir siempre y ser vencedores" y reivindicó la necesidad de recuperar espacios de silencio, interioridad y búsqueda de sentido.
Miles de fieles escuchan al papa en el Estadio Olímpico David Zorrakino
Por eso alertó de “cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales”. Fue en ese encuentro multitudinario donde dialogó con varios jóvenes que compartieron experiencias vitales especialmente duras. Ante ellos advirtió sobre los “modelos culturales que nos quieren siempre vencedores y perfectos”, y clamó contra “la idolatría del beneficio y del rendimiento”.
El pontífice no eludió tampoco otras heridas de la sociedad actual. Al responder al testimonio de una joven marcada por la violencia familiar, denunció los abusos contra las mujeres y los feminicidios, y reclamó afrontar esta realidad "en todas sus dimensiones", tanto a nivel personal como social.
En la vigilia de oración, utilizando la figura evangélica de Nicodemo, León XIV invitó también a mirar con esperanza las "noches" personales y colectivas. Las definió como espacios de búsqueda, de renovación y de crecimiento, rechazando una visión derrotista de las crisis personales, eclesiales o sociales.
Una Iglesia junto a los más vulnerables
Una de las constantes de esta visita está siendo el deseo del pontífice de encontrarse con quienes sufren y viven en situaciones de exclusión, como puso de manifiesto en los emotivos encuentros mantenidos el miércoles 10 con los internos del centro penitenciario Brians 1 y con las realidades de caridad del barrio del Raval.
Si la dignidad humana está siendo uno de los ejes en los discursos de León XIV, ante los reclusos del centro penitenciario, explicó el origen, desde la perspectiva cristiana, de esa dignidad: “Todo ser humano es digno por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios”. Tras escuchar el testimonio de dos reclusas, el Pontífice les invitó a recordar que “los errores de la vida no determinan la identidad de una persona”. Poniendo como ejemplo a San Agustín, y su proceso de conversión, subrayó cómo “en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”.
El Papa, en este centro penitenciario, volvió a hacer una llamada a la esperanza, pues ser humano, dijo, no consiste en “no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse” y enmendarse porque, como recordó a los internos, “Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”.
En el encuentro con las entidades de caridad y asistencia de la archidiócesis de Barcelona, celebrado en el Raval, León XIV volvió a insistir en una de las ideas centrales de su pontificado: la dignidad inalienable de toda persona. Recordó que esta no depende de las capacidades, de la posición social o de las riquezas, sino del hecho de haber sido creada y amada por Dios. Por ello animó a las comunidades cristianas a acercarse a los más vulnerables y a hacer visible el amor de Dios en medio de la historia para que “la soledad y el abandono” no se normalicen en la vida.
Una sociedad en construcción
En la misa celebrada en la Sagrada Familia, uno de los momentos más emblemáticos de su estancia en Cataluña, León XIV volvió sobre algunas de las grandes ideas que han marcado su viaje. Utilizando el simbolismo del templo de Gaudí, recordó que la basílica sigue siendo una obra en construcción y la presentó como una imagen de la propia vida cristiana y de la sociedad: “No habitamos una obra acabada, sino un templo aún en construcción”. Una tarea colectiva que exige compromiso, coherencia y la voluntad de colaborar juntos en un proyecto común.
León XIV oficia la Eucaristía en la Sagrada Familia Casa de S.M. el Rey
El pontífice insistió también en la necesidad de poner a la persona en el centro y rechazó cualquier compatibilidad entre la fe y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. “No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”, afirmó. En continuidad con el mensaje que ha repetido durante toda su visita, presentó la cruz de Cristo como un “signo de esperanza” capaz de iluminar las heridas de nuestro tiempo y llamó a construir una sociedad más fraterna, comprometida-especialmente- en “levantar el rostro de quienes yacen en el polvo”.